Capitulo XVII
"Cuidados intensivos Parte II"
El domingo traía un clima más prometedor. Desde la última semana el paisaje de Karakura lucía gris, húmedo y fresco. Aquella mañana, por fin, los negros y altaneros nubarrones abrieron una extensa brecha celeste en el firmamento. El sol se hizo presente entibiando la mañana y los corazones entumecidos de los ciudadanos.
Inoue se desparramo en la cama. Podía sentir la más increíble y cálida sensación en su interior. Ulquiorra la había llamado por su nombre; esta era la primera vez que lo escuchaba pronunciarlo.
Abrió a penas los ojos pero aún hacia frío como para salir de debajo de sus cobijas. Suspiró con ímpetu mientras se colocaba boca a bajo sobre su cama. El beso de la noche acaricio sus pensamientos y su cuerpo reaccionó con una potente descarga eléctrica que le tensionó cada musculo. Volvió a suspirar para liberar aquella rígida energía de su ser.
Su anaranjado cabello se desparramaba sobre su espalda y en parte sobre la almohada. Abrazó aquel suave cojín deseando con todo su ser que, aquel, fuera el chico que ocupaba últimamente sus pensamientos. Tenía razón cuando le confeso a Tatsuki que Ulquiorra despertaba en ella a una Orihime que le costaba controlar, una mujer más atrevida y sexy que en esos momentos tenía todas y cada una de sus hormonas alborotándole el cuerpo.
De pronto, una a una, imágenes inquietantes le turbaron la mente con pensamientos eróticos y carnales. Esta nueva Orihime no estaría satisfecha con tanta facilidad, no como lo estuvo con Ichigo; está nueva mujer deseaba poseer y ser poseída con extrema urgencia. ¿Acaso este era el pecado llamado lujuria? ¿Podría contenerlo?
Se acarició el cuerpo mientras se tumbaba de costado. Podía sentir sus dedos resbalar y contonearse por su cintura y sus pechos. Había hecho "eso" muy pocas veces, quizás por mera curiosidad o autoexploración o recordando el rostro de Ichigo en más de una oportunidad, pero esta vez, la única persona que acudía a su ser era él, Ulquiorra Shiffer.
Su carcelero sin duda había despertado muchas emociones en ella, miedo, terror, ira, dolor, pánico, ansiedad, nerviosismo, felicidad, celos, deseo, lujuria. Sin duda estos últimos eran los que más frecuentemente la asaltaban.
Se mordió los labios para evitar gemir demasiado fuerte. Se volteo boca arriba y fijo su mirada al techo de la habitación. Ahora podía tener un mayor contacto con su cuerpo y con sus partes más intimas. Deslizo con suavidad la mano derecha hacia su ropa interior acariciándose con delicadeza.
¿Qué rayos estaba haciendo? ¿Estaba volviéndose loca o ya lo estaba? Otro intenso suspiro la hizo contonearse sobre la cama. Respiraba con dificultad. Un potente calor la envolvía y la sacaba de quicio.
-¡Ulquiorra! –exclamó a media voz retorciéndose de placer.
-¿Por qué haces eso mujer? –Dijo una voz omnipresente lo que llegó a sacarla de transe.
-¡ULQUIORRA! –grito sentándose sobre la cama y descubriendo la figura estática del joven sentado en el piso y apoyado sobre la puerta de su habitación. -¿QUÉ HACES AQUÍ? –grito jadeando.
-Desperté hace un rato y no sabía que hacer.
-¿Y VINISTE AQUÍ? –intentando cubrirse con las cobijas el torso y su camisolín algo desgarbado por aquel jugueteo.
-Si… -contesto él con normalidad aún sentado a unos cuantos metros de la cama de la chica.
-¡Ahh! Por que no vas a tú cuarto yo… luego te prepararé algo para que desayunes. –Dijo respirando dificultosamente y bastante avergonzada. Ella aún se encontraba algo "Indispuesta" necesitaba deshacerse del chico cuanto antes o enloquecería.
-¿Por qué lo haces? –inquirió él nuevamente.
-¿QUE COSA? –tratando de obviar el tema.
-No es la primera vez que te veo hacerlo –Ulquiorra se paro con algo de dificultad. Inoue pudo contemplarlo aún vestido con su pijama.
-¿De que hablas? Será mejor que te retires…
-Habló de aquella vez en el parque y…
-¿En el parque? ¡¿ENTONCES LO HICIMOS? –grito algo abrumada y avergonzada.
-¿Te refieres a tener sexo? –inquirió él parándose junto a su cama.
-Si… ¿A que más me referiría? Es decir lo recuerdo claramente, tú, yo… en la sala de los espejos. –Inoue bajó la mirada unos instantes.
-Eso fue una ilusión…
-¡ILUSION!
-Fue una proyección creada por Nurielle para probarte y probarme. Ella quería saber que sentías en verdad por mí.
-¿Y tú la observaste? –Inquirió espantada.
-Si… -respondió con total indiferencia.
-¿Por qué? –Inoue se sintió abochornada y se dejó caer sobre la cama con pudor.
-Por curiosidad…
-¡A excelente! Y debió parecerte gracioso ¿Verdad? –La chica aparto su rostro mirando un punto perdido de la habitación.
-Luego lo hiciste con aquel sujeto, mi copia… -Ulquiorra asió con ímpetu la manta de la cama y la aparto estirándola con fuerza hacia atrás.
-¿QUÉ HACES? –inquirió espantada.
-¿Por qué lo haces mujer? –el chico le acaricio la entrepierna con rapidez y zambullo su mano bajo la rosada ropa interior de Orihime.
-¡Espera que haces! N-no –La muchacha pudo sentir los dedos del muchacho acariciarla con intensidad. -¡DETENTE ULQUIORRA! –intentando detener aquella arrebatada acción por parte del joven.
-¿Por qué? ¿No es lo que deseas? ¿No es lo que hacías hace solo un instante? –penetrándola.
La muchacha sujeto con su mano la del chico intentando retirarla de sus partes intimas pero por alguna razón no tenía la fuerza para luchar contra aquel adversario y por otro lado sentía que el calor de su cuerpo se acrecentaba aun más.
Tiró su cabeza hacia atrás sumergiéndose en su almohada mientras percibía aquella intromisión en su interior desprender un dolor agudo que le carcomía el alma.
Respiraba agitadamente. Por un momento su mente se tornó en blanco. No pensaba, no hablaba, solo balbuceaba sonetos incomprensibles acompañados de quejidos y ronroneos.
Su cuerpo se aflojó poco a poco. Soltó la mano del espada y se aferró ahora a sus sabanas. Podía sentir aquella penetración con más libertad y brío.
¿Acaso estaba soñando? Esta debía de ser alguna tonta jugarreta de su imaginación ¿Por qué Ulquiorra le haría todo eso? ¿Por qué el chico respondería con tal acto descabellado para alguien sin sentimientos? ¿Por qué a ella le gustaba tanto?
Volvió a retorcerse y a jadear con fuerza. Se había convertido en una criatura presa de la lujuria y el deseo que solo respondía al tacto de aquel despiadado tirano, quien la miraba con curiosidad mientras sumergía sus dedos en el interior de su sexo.
Ulquiorra se sentía extraño. Estaba aún mareado y confuso. No entendía por que le hacía eso a la mujer humana pero de alguna manera sentía cierto gozo o disfrute al tenerla nuevamente bajo su merced.
No se había sentido así por nadie más desde que era un espada. Ninguna arrancar le había nublado el juicio y la mente como lo hacía esta humana.
Aumento el ritmo solo para verla retorcerse con más ahínco sobre la cama. Mientras Inoue jadeaba, él, podía escuchar un claro pálpito en su interior. ¿Qué era eso? ¿Un corazón? ¡IMPOSIBLE! Él no tenía corazón.
Se sentía más mareado y aturdido pero no estaba dispuesto a liberar a su presa con tanta facilidad, no esta vez.
Inoue acaricio su mano, introduciendo la suya junto a la de él. Ulquiorra la miró perplejo pero la chica parecía estar fuera de si. Presionó con fuerza los dedos del joven sintiendo una más exquisita y clara penetración.
Inoue casi no podía respirar solo se contorneaba sobre la cama ante aquella perturbadora pero reveladora experiencia. Lo gozaba cada segundo y en ese momento no quería que todo aquello se esfumase; si aquella experiencia era recreada por su vívida y fantasiosa imaginación, deseaba con toda su alma que prosiguiese hasta las últimas consecuencias.
-¡Ulquiorra! –Jadeo –No puedo… no… puedo… más… Ulquiorra –balbuceo a media voz.
El chico pudo sentir la contracción y el apretón de sus dedos, seguido de un pegajoso liquido. La miró con naturalidad mientras la chica respiraba agitadamente.
Ulquiorra se recostó a su lado. Le dolía mucho la cabeza, estaba mareado y por un momento su respiración se sentía como pesada. Inoue pudo percibir la mano del chico liberarla y acostarse a su lado respirando dificultosamente.
-¿Ulquiorra? –Acariciándole la frente y notando el calor de la misma. –Tienes fiebre otra vez ¿Cuánto hace que estas fuera de tú cama?
-No lo sé… -Dijo él susurrando en su oído.
-El doctor Isshin dijo que debías permanecer recostado y sin tomar frío –Besándole la frente.
-gracias… por cuidarme… mujer… -tras esta frase entre cortada se desvaneció sumiéndose en un profundo sueño. Inoue lo cubrió con sus cobijas y se acurruco a su lado.
-Gracias a ti… Ulquiorra… -acariciándole el cabello.
En la sociedad de almas…
Rukia había permanecido la última semana en la casa Kuchiki. A pesar de sus intenciones, y de intentar salvaguardar la integridad de todo el Sereitei, sus acciones no eludían el traicionero acto de evitar a toda costa su casamiento con Ashido.
La muchacha rodo bajo sus cobijas y entre abrió los ojos con dificultad al oír el claro gorgojeo de las aves en el jardín de la mansión.
Se levanto con pereza; acomodó su cama, y termino de vestirse y asearse. Abrió la portezuela que separaba su habitación del jardín permitiendo que la luz del sol invadiera de lleno su habitación y su rostro. Le costo unos cuantos segundos acostumbrarse a la brillantes del sol cuando una alta sombra se dibujo sobre ella.
-¡Onii-chan! –exclamó espantada.
-Buenos días Rukia… -habló la alta figura de cabello negro y semblante rígido.
-¿Hay novedades acerca de los espadas? ¿Los 46 decidieron algo? ¿Cuándo podré volver al mundo Humano?
-Volver… creo haberte dicho que tratarás de no volver aquí hasta que las cosas entre la familia Kano y los ancianos Kuchiki se calmaran.
-Lo se Onii-chan pero no podía permanecer impasible y no avisarles todo lo que esta aconteciendo en el Hueco Mundo.
-Entiendo… -Byakuya comenzó a caminar por el ancho pasillo de madera que lo adentraba al interior de la mansión. –Sin embargo tú presencia aquí es arriesgada e innecesaria, podrías haber enviado a alguien en tú lugar.
-¿Acaso ya no soy libre de ir y venir por la sociedad de almas y el mundo humano?
-Me temo que la familia Kano ha pedido que permanezcas en la Sociedad de Almas hasta que el asunto del casamiento sea completamente solucionado.
-Lo siento onii-chan… lo que menos hubiese deseado era traerte más problemas…
-Pues si es lo que querías no te hubieses fugado con el humano Kurosaki Ichigo.
-Yo… lo amo onii-chan…
-Aún así es una bajeza y un acto deshonor el que te hayas escapado de tu propio casamiento. Si fuésemos castas sin importancia no habría problema Rukia, pero somos Kuchikis, una de las familias nobles más respetadas de todo el Sereitei.
-No tengo intenciones de seguir huyendo de esto Onii-chan, pienso enfrentarme a quien sea, incluso hablaré con los ancianos y con el propio Ashido para intentar disculparme pero no me casaré solo por que otros así lo dispongan.
-Creo que no entiendes Rukia… -Parándose frente a la puerta de la sala de estar, cuya perilla sujeto. Byakuya la miró con atención. Rukia pudo notar cierta preocupación en él, que ella, había aprendido a identificar hacía muchísimo tiempo. –No tienes otra opción Rukia… -profirió él a media voz.
-¿A que te refieres? –Interrogó con preocupación.
En Karakura…
Ichigo permanecía sentado en el marco de la ventana de su habitación. Su vista yacía inmersa en el horizonte. Hacía un buen rato que no se había movido de aquel lugar y no importaba cuanto lo había llamado Yuzu, para que se alistara a cenar, el muchacho, parecía extraviado en el espacio tiempo inmerso en sus propios pensamientos.
La puesta de sol aún lucía fulgurosa y esplendida, engalanando el cielo con tintes dorados, cobrizos, rojizos y violáceos. La mente de Ichigo no pudo evitar vislumbrar el rostro de la pelinegra fundido en una de aquellas nubes del atardecer. Apretó con fuerza la mandíbula y cerró el puño con fiereza estrujando su camisa color azul.
Tal vez no había sido tan buena idea dejar que Rukia se marchase. Aún que la pelinegra le juro que regresaría quizás esa acción no le fuese permitida o peor aún, quizás alguno de esos locos ancianos Kuchikis se la arrebataría tras alguna engañosa estratagema.
La extrañaba, tanto, que jamás pensó que la muchacha se convirtiese en una parte tan indispensable para él ¿o quizás siempre lo fue? pero su orgullo, su afición por las peleas y el tratar de salvaguardar su vida y la de sus amigos, lo había conducido a una desesperante lucha sin fin en la cual su vida solo discurría de un conflicto en otro.
¿Por qué Rukia no había vuelto a su lado? Ya había pasado una semana de su partida y esta interrogante lo mantenía inquieto.
La idea de ir a buscarla había acudido a su mente reiteradas veces ¿Pero cómo? El único que tenía una forma segura de entrar era Urahara, y éste, se había dado misteriosamente a la fuga desde hacía más de una semana. Tampoco había tenido mucha suerte con aquel tipo afro que resguardaba su zona en la ciudad. Si hubiese podido echarle mano, seguramente, lo forzaría a abrirle una puerta Sekai escabulléndose así al Sereitei. Su padre por otro lado no había sido muy cooperativo al respecto; tenía la estúpida idea de dejar que las cosas simplemente se amoldasen ¿No entendía ese viejo que el esperar podría ser la peor idea del mundo? ¿Por qué los adultos se tomaban las cosas con tanta calma?
Ichigo suspiro frustrado y sujeto con ambas manos su cabeza con fuerza. ¿Donde estaría Rukia? ¿Acaso había cambiado de idea? ¿Quizás había preferido contraer matrimonio con ese idiota de Ashido y él esperándola como marmota? ¿Pero Rukia no haría eso o si?
-¡Maldita sea Rukia, regresa pronto! –Gruño sumido entre ambas manos.
-¿Te gusta hablar solo Kurosaki Ichigo? –Exclamó una voz burlona que el muchacho supo identificar casi inmediatamente.
-¡Grimmjow! ¿Qué haces tú aquí? ¿Cómo es que…? –mirándolo flotar unos cuantos metros por delante suyo
-¿Que hago?… pues simplemente te hago una visita de cortesía. En cuanto a como es que me acerque a ti sin que te percatases, pues puede ser por dos razones; una que eres un idiota, lo cual seguramente sea tú respuesta, y lo segundo, que el ser una copia de Grimmjow me da cierta ventaja táctica podría decirse.
-¿Acaso quieres luchar? ¿Es por eso que estás aquí? –Poniéndose rápidamente en guardia.
-Estúpido humano… si hubiese querido enfrentarte no estaríamos hablando.
-¿Entonces que quieres? –chisto.
-Hablarte acerca de un secretito que incluye al Sereitei y al capitán Aizen.
-¡Aizen esta prisionero! –balbuceo con recelo.
-Pues no estará así por mucho tiempo sabes…
-¿Por qué lo dices? ¿Qué planean?
-Digamos que Nurielle tratará de liberar a su señor a como de lugar y se valdrá de cualquier método para lograrlo ¿Entiendes?
-Esa mujer no puede ingresar a la Sociedad de almas –Acoto con severidad.
-¿Cómo crees que ingresan Hollows allí? –Grimmjow sonrió cínicamente.
-¿Estas diciendo que lo hará? –mirándolo fijamente. –De todas formas ingresar allí sería un suicidio los capitanes no son piezas tan fáciles de abatir.
-Crees que los Espadas no podremos enfrentarnos a los altos mandos del Sereitei ni siquiera sabrán los que los golpeo. –Grimmjow echó a reír a carcajadas.
-Si es así por que me lo dices. Sabes que informaré a la sociedad de almas.
-En parte por que quiero que lo hagas. Nurielle no es más que una zorra con un extraordinario poder, y al igual que Aizen, tiene cierta influencia manipuladora sobre los revividos espadas y sobre otras criaturas que ahora mismo esta creando. No tengo la más mínima intención de servir a otro señor. Es el momento oportuno para que me haga con el poder y el trono del Hueco Mundo y que mejor forma que sacar a esa mujercita del medio. Cuento con la fuerza de los capitanes para plantarle batalla y así deshacerme fácilmente de esa escoria y de los espadas que la apoyan.
-Veo que has cambiado mucho Grimmjow en tiempos pasados tu mismo le hubieses hecho frente… -Ichigo lo miró con seriedad mientras el espada se giraba en el aire pero volteaba a mirarlo antes de partir.
-Tú lo has dicho, el verdadero Grimmjow hubiese actuado arrebatadamente, pero yo aprendo de mis errores Kurosaki Ichigo. –El espada esbozó una amplia sonrisa en su rostro y se marcho esfumándose en el aire.
-Supongo que deberé molestar al viejo… -suspiró rascándose la cabeza.
En casa de Inoue…
La pelinaranja llegaba a casa abarrotada de víveres para la cena y para reservar en la alacena. Empujo con el pie la puerta de madera hasta que la cerró tras de sí. La sala estaba casi a oscuras. Tanteo como pudo la mesa de aquella habitación y deposito las bolsas con mercadería sobre la misma, mientras se quitaba una gruesa bufanda de su cuello, y colgaba las llaves cerca de la puerta donde encendió la luz.
La casa estaba en un completo y absoluto silencio. Parecía que la soledad otra vez la aguardaba en aquel hogar; la misma sensación que la acompañaba desde la muerte de su hermano Sora. Inoue suspiró y acomodó unas cuantas cosas en los muebles de la cocina mientras intentaba rehuir a ese insistente sentimiento de soledad. De pronto, recordó al joven espada. Ya no estaba sola en la casa y de seguro Ulquiorra le haría compañía durante un largo periodo o al menos era lo que esperaba.
-¡Ulquiorra ya estoy en casa! –grito con alegría correteando hacia la antigua habitación de Sora donde descansaba el pelinegro.
Por un momento se sintió feliz de no ser el único ser viviente en aquel departamento y aquella felicidad la desbordaba y le hacía casi flotar en puntillas de pies hasta la habitación del chico; mientras, podía recordar aquel gozoso despertar de hacía una semana. ¿Podría ocurrir algo más intenso entre ella y el pelinegro? Esta imagen pareció saturarle la mente de ideas incongruentes y acaloradas.
-¡Ulquiorra! –Tomando la manija de la portezuela e ingresando a la habitación.
Para su espanto, el joven espada, no se hallaba en el cuarto. Encendió la luz y lo busco con la mirada pero solo encontró la cama desarmada y la habitación aseada.
Corrió hasta su dormitorio abriendo con brusquedad la puerta del mismo, pero el resultado era tan evidente que en su rostro se dibujo una mueca de dolor e inconformismo. Ulquiorra se había ido.
Inoue recorrió todo el apartamento pero no había ni señales del muchacho ni de una posible nota que le indicara su paradero; simplemente se había esfumado. ¿Cómo podía haberse marchado tras unas pocas horas de ausencia?
Orihime tomó la bufanda la cual envolvía con rapidez en su cuello, y las llaves de la casa, y escapo con prisa tras la puerta.
La oscuridad ya se había hecho presente en la ciudad y sin duda ese factor no le permitiría encontrar con prontitud al huidizo pelinegro; sin contar, que quizás, cabría la posibilidad de que, el joven, hubiese abandonado Karakura. ¿Pero por que ahora? Con todo lo que habían vivido en la semana se marchaba así sin más.
Las mejillas de la muchacha se ruborizaron con rapidez por el increíble frío invernal ¿Dónde podía estar Ulquiorra con ese clima?
La chica se dirigió a casa de Urahara pero lo único que encontró allí fue la tienda cerrada y vacía. Corrió hasta la escuela pero era domingo así que la misma estaría cerrada. Reviso la casa de sus amigos, las cuales, avisto desde la vereda pero tampoco pudo percibir el reiatsu de Ulquiorra y por otro lado era ilógico que el chico estuviese allí ¿Dónde se había metido y más tras padecer el resabio de una fuerte gripe? Finalmente y algo exhausta decidió volver a su hogar.
¿Y si Ulquiorra había corrido a brazos de Nurielle? Eso no podía ser cierto y más tras prometerle que permanecería a su lado ¿Por qué Ulquiorra le mentiría así? Por otro lado el chico no era muy consciente de aquel juramento hecho bajo circunstancias poco habituales en él.
-¡Pero una promesa es una promesa! –grito en medio de la oscuridad mientras caminaba por los poco alumbrados senderos del parque.
A su mente acudieron aquellas sombrías y turbadoras imágenes vividas en la sala de los espejos en donde Nurielle y Ulquiorra se besaban apasionadamente. Las manos de pulpo de la rubia le ponían la piel de gallina. Tenía un fuerte rencor acumulado en su interior que seguramente descargaría sobre cualquier pobre criatura que se cruzara a su paso.
Si Ulquiorra realmente la había dejado para volver con aquella protuberante, desabrida y agria rubia; de seguro, era por que la amaba ¿Pero realmente era capaz el chico de sentir amor por una mujer?
Esta ultima idea le dio un súbito arranque de ira pateando con fuerza una latita de gaseosa que yacía arrumbada junto a un cesto de basura; alzándola por los aires hasta golpear, estridentemente, contra un farol de calle, el cual, parpadeo amenazante tras el zarandeo.
-¡Ulquiorra Idiota! –grito exasperadamente mientras se frotaba las manos para recuperar el calor perdido.
-¿Qué parte de no quedarte sola no comprendes aún mujer? –Interrogó una voz masculina apareciendo en escena.
-¡Ulquiorra! –mirándolo anonadadamente -¿Realmente eres tú? –inquirió.
-Si, lo soy… -dijo el chico mirándose con rapidez.
-¿Cómo se que eres el verdadero? –retrocediendo varios pasos ante el lento avance del muchacho y conteniendo el ardiente deseo de abrazarlo.
-No tienes manera de saberlo... –Dijo el chico deteniéndose súbitamente.
-¿Por qué te fuiste? Aún no estas curado completamente y esta mañana tenías fiebre. –dijo sonrojándose un poco, pues se sentía nada menos que su mujer.
-Ya estoy mejor, no necesito que cuides de mí. –Contestó con indiferencia.
-No seas infantil. No estas del todo sano, así que vuelve ahora conmigo –demando la pelinaranja.
-No soy tu juguete mujer y tampoco soy tu súbdito. A la única persona a la que le debo lealtad es a Nurielle no a ti. –contestó descaradamente.
-¡Entonces la prefieres! ¡Prefieres a esa mujer!
-Si tuviera que elegir entre Nurielle y tú la elegiría a ella, eso debe quedarte muy claro mujer. Yo soy un Espada y quiéralo o no estoy a su servicio.
-¡PERO A ELLA NO LE IMPORTA EN LO MÁS MINIMO QUE ESTES CONGELANDOTE AQUÍ! –grito tras ver algunas pertenencias del chico junto a un árbol cercano.
-Nurielle respeta mi decisión de perecer y es por eso que estoy aquí no lo olvides –alejándose y perdiéndose detrás de unas matas.
Inoue permaneció taciturna mientras algunos copos de nieve comenzaban a caer sobre su largo y precioso cabello. Frunció el seño compungida ¿Por qué Ulquiorra era tan cruel con ella? ¿Por qué si después de lo vivido en aquella extraña mañana, él, la había hecho tan feliz? Hacía tantos años que no se sentía realmente acompañada. A pesar de que el muchacho solo estuvo una semana en su casa; ese tiempo, basto para que ella creara aquel lazo y sensación reconfortante de no estar sola nunca más.
Si bien, tenía a sus amigos, cada uno de ellos disponía de su propia vida, sus familias e intereses; y al volver a casa, la misma y monótona rutina la aguardaba detrás de aquellos muros forjados de soledad.
Orihime junto algo de valor y coraje; recogió las pertenencias del chico y lo siguió.
-¡No puedes dormir a la intemperie podrías volver a enfermarte! –Exclamó tratando de contener una mota de angustia acumulada en la garganta. Ulquiorra quien yacía sentado a los pies de un desojado árbol la miró con recelo.
-Largo…
-No tiene sentido que estés aquí ¡Ya vámonos! –dijo tras tironearle de un brazo intentando moverlo de aquel caprichoso y gélido lugar que el chico había adoptado.
-Suéltame… -dijo con indiferencia batiendo su brazo con fuerza y arrojando a la pelinaranja unos cuantos metros más adelante.
Orihime pudo sentir el escalofrío y el duro golpe tras caer redonda en el piso. Por un instante había olvidado que clase de hombre era Ulquiorra. No trataba con un niño ni mucho menos con un hombre corriente; el muchacho era una poderosa espada que había hecho sudar a más de un arrancar; y sin duda, había sido un formidable contrincante para Ichigo, tras la incursión de éste en el Hueco Mundo.
-Bien… -levantándose con algo de dificultad. El golpe, había sido más severo de lo que parecía. –No voy a forzarte a que me acompañes… -aproximándose a él rengueando un poco pues le dolía el tobillo –pero al menos trata de cuidarte –Exclamó con tristeza.
Inoue se quito con lentitud la bufanda y la ato al cuello del muchacho y con su abrigo lo cubrió para que no tuviese frio. Ulquiorra la miró pasmado ¿que clase de actitud delirante llevaba a cabo esta mujer humana?
-Al menos así no tendrás frió… -sonrió – Si cambias de opinión te espero en casa…
Inoue le beso la mejilla con ternura y se levantó con rapidez ¿Por qué cometía tantas locuras cuando estaba con él? ¿Acaso no le importaba en lo más mínimo su propia vida? Sabía que Ulquiorra podía arrebatársela sin esfuerzo pero lo único que ocupaba su mente era aquella segura afirmación en la cual el muchacho le dejaba bien en claro que solo Nurielle llevaba las de ganar.
La muchacha regreso con lentitud al hogar. Tenía la esperanza de que el chico la siguiese pero tras varios reojeos sobre su hombro no pudo distinguir ni una pisca de la silueta del apuesto pelinegro. Ingreso a su casa bastante triste y contrariada. Se sentía al igual que un niño a quien le ofrecen un dulce y luego se lo arrebatan. Se hallaba vacía, ingrávida, y juraría que aquella figura inmaterial a la cual llamaban alma se había desquebrajado, otra vez, en innumerables trozos.
Abrió la ducha, se quitó la ropa, y se sumergió con lentitud en la bañera. Se dejó arrastrar por el vapor del agua, el cual, flotaba apaciblemente en el ambiente. Suspiró esperando que sus sentimientos y sus sueños fuesen a parar a un profundo olvido; con suerte, la ducha la ayudaría a calmar el dolor y la pena que la carcomía por dentro. Mientras, silenciosos testigos cristalinos, se escabullían lentamente por su rostro.
Todo aquel contraste la sumió en un suave letargo el cual fue interrumpido tras sentir la irrupción en la bañera de una figura algo gélida, la cual, la trajo en si con rapidez.
-¡ULQUIORRA! –Exclamó sorprendida y abochornada tras ver la desarropada figura masculina. La muchacha aparto la mirada pero pudo sentir la intromisión del chico en la bañera.
-No quise hacerte daño mujer… -Sentenció respirando junto a su oído lo que acelero el corazón de la pelinaranja.
-¿Por qué volviste? –Exclamó ella casi tartamudeando.
-No iba a hacerlo pero… -el muchacho callo súbitamente y pareció extraviar su mirada en los protuberantes senos de la pelinaranja quien noto aquella acción e instantáneamente se los cubrió con ambos brazos.
-¿Pero que? –Inquirió agitada al sentir el cuerpo desnudo del pelinegro acomodarse sobre el suyo.
-Pero no puedo dejarte… no aún… -el chico suspiró junto a sus labios. Esta vez no podía alegar fiebre o cualquier otro raro síntoma. Esta vez era él quien deseaba poseer a la mujer humana y estando en su sano juicio, el deseo y el calor generado en su interior, parecía apagar aquella frialdad asidua de su falso cuerpo y hacerlo reaccionar como si fuese un verdadero ser humano.
Ulquiorra se apartó un poco ¿Acaso lo que deseaba hacer era lo correcto? Inoue lo miró con ansias ¿Por qué el chico tardaba tanto? ¿Por qué ella solo podía pensar en "Eso"? ¿Por qué el cuerpo le temblaba?
-¿Me tienes miedo mujer? –inquirió él apaciblemente mirándola a los ojos tras notar el temblequeo.
-¡ULQUIORRA! –exclamó ella abalanzándose sobre su boca.
Un fuerte golpe en el living la trajo a la realidad. La Joven se sacudió en la bañera algo aturdida. Miró en todas direcciones pero no había rastros de Ulquiorra ¿Acaso había sido victima de una fantasía? ¿Otra vez era atormentada por aquellos deseos estimulantes consumiéndola en un mundo irreal?
-Ulquiorra… -profirió llorisqueando. –Prefieres a Nurielle… ¿tanto la amas?
La chica se frotó el rostro con fuerza, como intentando sustraer aquellas incomodas lagrimas en su rostro. Otro golpe en el living la puso alerta ¿Acaso no estaba sola? ¿Venían para hacerle daño o quizás?
Orihime se levanto con rapidez de la bañera. Le latía el corazón con fuerza provocando un estruendoso sonido en el interior de su pecho. Se envolvió en un toallón rosado con algo de torpeza, tragó saliva y abrió con ímpetu la puerta del baño. Camino por el corto pasillo que comunicaba con los dormitorios. Podía sentirlo; le ardían los ojos por tanto llorar, le temblaban las piernas por el nerviosismo y su mano izquierda sujetaba fuertemente la parte superior del toallón.
Se asomó en el living, casi con brusquedad y sin pensar en lo más mínimo en su bienestar. La apuesta figura masculina la miró atónito.
La muchacha jadeaba, su cabello y cuerpo estaban humedecidos y desde su posición notaba el temblequeo de su frágil pero protuberante silueta.
-Ul… quio… -los labios le temblaban incontrolablemente. La inundaba una indescriptible felicidad, mayor a cualquiera que haya sentido en su vida.
-Me quedaré un tiempo más aquí mujer… -dijo él con parsimonia.
-¡ULQUIORRA!
Inoue echo a llorar y corrió junto al muchacho arrojándose a sus brazos de un arrebato. En el trayecto soltó la toalla que cubría su cuerpo, la cual rodó hacía sus pies y fue abandonada en el camino.
La muchacha se aferro con fuerza al cuello y espalda de Ulquiorra. Por alguna razón necesitaba sentirlo contra su cuerpo. Comprobar que realmente todo aquello no era producto de su imaginación; de otro divague psicológico martirizante que asiduamente la asaltaban.
-Ulquiorra… -abrazándolo con fuerza y llorisqueando en su hombro.
-¿Por qué lloras mujer? –inquirió algo descolocado el apuesto espada.
-Abrázame fuerte Ulquiorra… -sumiendo su rostro en el hombro de éste.
-mujer… -balbuceo.
-Solo hazlo… aun que sea por esta vez, aun que sea por compasión ¡Abrázame!
Al chico le tomó unos instantes más decidirse a tomar aquella iniciativa; y el cuerpo desnudo de la mujer aferrado contra sus fríos ropajes, de alguna manera, le inhibía más allá de un simple abrazo.
-Por favor… -le suplico ella aún más compungida.
Ulquiorra dejo de resistirse a los encantos de la hermosa muchacha y la rodeo entre sus brazos. Despacito, y con suavidad la atrajo aun más hacia él tomando un contacto más íntimo con su húmeda y tersa piel.
-Aún tengo restos de nieve sobre mi ropa… -aclaró él algo nervioso. ¿Acaso un espada de su talla y de su carácter podía sentirse así? ¿Sería toda aquella disparatada acción producto de otro mal funcionamiento de su gigai?
-¡Te amo! –mirándolo a los ojos. –Estoy enamorada de ti Ulquiorra Shiffer… -acariciándole el rostro.
-Mujer… sabes que no soy él… -apartando su rostro.
-¡Lo eres! Eres más Ulquiorra que aquel chico cuya mano no pude sujetar, eres más Ulquiorra de lo que crees… eres él y eres tú por que estoy segura de que descubrirás lo que es tener un corazón… -Tomando la mano izquierda de Ulquiorra, apartándola de su espalda, para conducirla a la altura de su propio corazón.
Orihime lo apreso con fuerza nuevamente y lo besó. Por primera vez en mucho tiempo entendía que su paso por Las Noches, no había sido por meras circunstancias o casualidades de la vida y mucho menos por que a Aizen le resultase interesante su poder, e incluso, iba más allá de ayudarle a sus amigos; ella, había acudido a Las Noches para descubrirlo a él y para enseñarle, posteriormente, que sin importar lo que pasará, él, la había cautivado, embelesado e incluso había causado un severo embrujo en su alma.
Descubrirás que ya posees ¡Mi corazón!
Muchísimas gracias a todos los que me han dejado sus comentarios especialmente a:
* Orihime Sweet Princess
* Chikytina
* Hime Phantomhive
* Megami Mars
* EldaCifer07
* LuFer Gosh
Muchas gracias chicas por tomarse el tiempo de comentar eso me alienta a seguir escribiendo como siempre digo por que al menos se que a alguien le llega este fan fic.
Se aceptan sus críticas y comentarios, eviten los tomatazos por que ensucian mi monitor jejej saluditos
