El tiempo pareció detenerse por unos instantes mientras la pelinaranja reflexionaba sobre todo lo que le acontecía. Primero que nada había ingresado indiscretamente a la habitación del pelinegro con quien no tenía una muy buena relación últimamente. Segundo se había dormitado o eso le parecía; todos aquellos destellos de colores y la escenita protagonizada por Nurielle le sonaba de muy mal gusto y bastante descabellada ¿Realmente Nurielle se atrevería a atacarla en su morada? Tercero Ulquiorra la había vuelto a salvar de una muerte segura; y por último tras vivir una escena dolorosa pero sexy, su rescatador le proponía, súbitamente, ser suya.
Mientras Ulquiorra parecía sumergirse aún más en aquel descabellado acto de intentar besarla, Inoue, cavilaba confusa ante el seguro avance del chico.
¿Por qué Ulquiorra querría que ella y él fuesen un solo ser? En las últimas semanas el chico había logrado audazmente eludirla descaradamente. Los rumores románticos que circulaban en la escuela, eran rápidamente cercenados por el pelinegro produciéndole un fuerte desengaño amoroso.
¿Y si todo lo que vivía era producto de una loca fantasía? Esta idea pareció cuadrar en su mente y darle rienda suelta a sus ideas superfluas sobre un amor no correspondido.
-¡NO ME TOQUES! –grito imprimiéndole un fuerte cachetazo.
El rostro de Ulquiorra dio un medio giro tras recibir tan fuerte reprimenda. Luego la miro desconcertadamente y se aparto de ella con rapidez.
-¿Qué te crees que caeré nuevamente en ese jueguito? ¡NO LO HARÉ! –La chica se aferro a su sabana cubriendo su rostro contra la almohada. – Desaparece… DESAPARECE ¡DESAPARECE! –grito finalmente.
Inoue respiró profundamente y tras no oír ningún tipo de ruido se giro para ver el contorno de toda la habitación. Tal como lo había pensado, Ulquiorra no se hallaba en ella. La puerta de su cuarto estaba cerrada y todo parecía de lo más normal.
-Era un sueño… -Suspiró.
Esa noche durmió algo estresada y contrariada, necesitaba quitarse esa tensión del cuerpo y todo el estrés emocional que Ulquiorra le había ocasionado en el último mes.
La chica se levanto con pereza de su cama tomó un toalla del armario y se dirigió al cuarto de baño donde se dio una merecida y necesitada ducha. Esa mañana no había logrado desperezarse con facilidad seguramente producto de aquel letárgico sueño de la noche anterior. Se cepillo el cabello, se lavó los dientes, se envolvió en su toalla y se escurrió como zombi fuera del baño para posicionarse junto a la puerta del mismo donde suspiró.
-Buenos días… -Esbozó una voz particular que la chica supo identificar al instante.
-¡Perfecto otra alucinación! –murmuro suspirando mientras agitaba su bonito cabello anaranjado intentando desperezarse.
-¿Cómo estas mujer? –balbuceo el espada.
-Pues para tu información estoy muy bien sin ti, así que por que no te esfumas como siempre haces. –Dijo malhumorada mirándolo a la cara.
-¿Eso es lo que deseas? –Inquirió él con indiferencia mientras la observaba impostar una figura autoritaria con sus manos sobre las caderas y envuelta solamente en su toallón.
-¿Acaso crees que necesito de tu presencia? ¿Crees que no podría vivir sin ti? ¡Escúchame bien amigo! –Exclamó encarándolo acusadoramente con su dedo índice apuntando al pecho del espada. –¡Eres como el capitán frío!
-¿Quién? –Ulquiorra la miro confuso.
-El capitán frío. Eres cínico, cruel, insensible, despiadado, egoísta –Decía golpeándolo en el pecho –Y además eres una criatura sin corazón. Si piensas que estás alucinaciones me afectarán estas muy equivocado ¡Yo las creo, YO LAS DISIPARE! –sentenció increpándolo una vez más.
-Creo que estás averiada mujer… -profirió el muchacho llevando sus manos a los bolsillos.
-¡Claro que no! El único averiado aquí eres tu Ulquiorra Shiffer ¡Entiendes! –La chica noto la contemplación algo desorbitada de aquella aparición, sin duda, era la copia más fiel creada por su mente, pero claro esta las anteriores también lo fueron. –¡Solo eres un estúpido Hollow! –refunfuño dándole la espalda. –Esas criaturas deberían ser destruidas completamente, de la primera a la última, solo son escoria. –La chica cerró los ojos mientras formulaba aquella frase; estaba tan dolida que proferir aquellas sílabas le traían una falsa paz a su corazón.
-Eso crees… -Dijo una voz masculina algo tenebrosa. –Entonces esta criatura debería despedazarte y luego devorar tú alma.
Orihime sintió un duro apretón contra la pared de aquel pasillo y un fuerte golpe en su frente la trajo a la realidad. Esta era la alucinación más real que jamás haya tenido.
Intentó moverse pero ahora pudo sentir el cuerpo del chico comprimirla más contra aquella pared y su respiración tibia rozar su oído izquierdo.
-¿Qué me impide matarte? –Recito en su oído.
-¡SUELTAME!
Ulquiorra la giro con rapidez para quedar ahora frente a frente. La chica pudo percibir como los ojos de espada se tornaban rojos como la sangre dándole un aspecto más diabólico.
-Tú… no eres él… -Dijo algo agitada. Si todo aquello era una fantasía por que su cuerpo reaccionaba acaloradamente.
-Tal vez… -Los ojos de Ulquiorra volvieron a tomar su tinte normal. Otra vez le refregaban en la cara su falsa identidad
-Eres una alucinación…
-¿Una alucinación? –el chico la miró confuso sin soltarla.
-Si… creada por mi mente. Una alucinación que aviva un sentimiento sin razón… -La chica se torno cabizbaja. –A Ulquiorra no le preocupo; por que habría de hacerlo, solo soy una simple humana… -Ulquiorra la miró impávido mientras la chica escabullía su mirada. –Él solo quiere morir, por que le preocuparía un sentimiento tan absurdo como el que le puedo ofrecer. Yo no soy como Nurielle… ella es como él… es… es… una espada. –Mirándolo a los ojos. -¿Entiendes?
-Mujer…
-Yo solo soy… una estúpida… -dijo lloriqueando. –Por eso te creo a ti, una aparición que es completamente opuesta a él, alguien que me ve como una mujer y no simplemente como a un estorbo. Alguien que me amaría tanto como yo a él, sin reticencias ni dubitaciones, sin pensar en morir mañana, solo un chico para quien sería su estúpida razón para vivir ¡PERO ESO NUNCA SERÁ VERDAD! ¡NUNCA!
La chica se soltó con fuerzas y corrió hasta su cuarto dando un fuerte portazo y tumbándose en la cama mientras lloraba desconsoladamente.
Después de unos escasos minutos pudo sentir un peso en uno de los lados de su cama ¿Acaso la alucinación la había seguido?
-No soy una alucinación ¿Por qué crees que lo soy? –inquirió con tranquilidad.
-¡POR QUE LO ERES! Ulquiorra no ha venido aquí desde hace más de tres días, me grito en el colegio como si fuera basura. –Decía mientras lloraba y se atragantaba con su propia saliva. –Para él solo soy un estorbo… -Aferrándose a su almohada compungida.
-Urahara me pidió que lo asistiera en la tienda por que Tessai estaba enfermo… -dijo con serenidad –Por eso me quede allí el fin de semana. En cuanto a lo de ayer a la mañana… no tengo excusa mujer… es solo que tú me confundes. –Llevándose la mano al rostro ocultando su cara a la joven quien ahora lo miraba estática.
-¿Te confundo? –Orihime se seco rápidamente las lagrimas ¿Acaso había cometido un error? -¿Eres Ulquiorra? –Inquirió incorporándose, acariciándole el rostro y escudriñándolo minuciosamente. La chica toco sus labios, le tiro de los cabellos mientras el joven la miraba con parsimonia ante sus atolondrados actos.
-Lo soy… -contesto él con prudencia. El chico noto como aquella toalla de baño parecía acortarse con las maromas de la pelinaranja.
-¡NO PUEDE SER! –grito espantada.
¿Acaso había actuado tan estúpidamente con el verdadero Ulquiorra? Podía sentir la vergüenza agolparse en su estomago. La muchacha quizá soltar sus cabellos y apartarse de la esbelta figura del espada pero el chico le sujeto con fuerza las muñecas. Pudo escuchar un claro zumbido en sus oídos mientras Ulquiorra la desnudaba con la mirada. En su estomago unas enormes mariposas revoloteaban atolondras y un intenso calor se dibujo en sus mejillas.
-Tú me confundes… mujer… -Ulquiorra la trajo hacia si y la beso con intensidad.
Inoue no podía creer lo que ocurría ¿Ulquiorra la besaba? Sin duda era el verdadero pues noto sus labios algo inexpertos, como la primera vez que se besaron en el jardín de la escuela. La chica gimió algo excitada; ahí estaban nuevamente sus hormonas alborotadas.
El chico al notar aquella entrega simplemente la soltó y la empujo sobre la cama. Ambos se miraron por un instante. Inoue sujeto sus cabellos con la mano izquierda mientras que la derecha le acarició la mejilla con deleite. Ella podía sentir su excitación; si bien el espada parecía calmo e inmutable como siempre, algo en su interior lo estaba consumiendo, era como si una gélida fachada estuviera a punto de desmembrarse dándole paso a un ser preso de la lujuria y el placer.
-Ulquiorra… -Suspiró ella mientras lo miraba a los ojos.
-Mujer… yo… no he hecho esto… desde… –El chico la miró incomodo.
-Yo te ayudaré… Ulquiorra…
Tras pronunciar esta frase la chica lo atrajo hacia si besándolo con intensidad. El joven pudo sentir un incontenible calor envolverlo completamente como si fuese devorado por un poderoso zero disipando su alma en el olvido.
Orihime se sentía a gusto; la chica lo giro con rudeza sobre la cama, esta vez él era su presa. Se posicionó sobre él con rapidez, de ninguna manera le permitiría escapar esta vez. Ambos se miraron por un instante mientras internamente sus pensamientos los consumían en esplendorosas llamas de deseo y éxtasis.
La chica miró el reloj despertador sobre su mesa de luz; el mismo, marcaba la siete y cinco de la mañana, solo faltaba una hora para el colegio y no estaba dispuesta a limitar su tiempo.
Tomó su celular y marco un numero. Ulquiorra la miró impávido mientras por su cabeza rondaban las imágenes de aquel indecoroso video ofrecido por Urahara.
-Hola –Profirió una voz al otro lado del tubo.
-Tatsuki…
-Buen día Orihime –Replicó la chica contenta. –Justamente iba a pasar a tu casa para ir juntas a la escuela.
-No vengas Tatsuki… -La chica contuvo el aliento. Ulquiorra había desenvuelto su toallón el cual rodo hacia sus caderas.
-¿De que hablas no irás a la escuela? –Insistió la chica mientras la pelinaranja solo podía concentrarse en el jugueteo de la lengua del pelinegro en su pezón.
-No iré… -dijo conteniendo un gemido al sentir un leve mordisquito en el pezón izquierdo y las manos del pelinegro ganar carrera hacia sus muslos.
-¿Por qué no irás? Sabes que los chicos se preocuparán… -Insistió Tatsuki.
-Inventa algo Tatsuki… después hablamos…
-Pero… -La pelinegra no pudo decir más, la muchacha colgó, y arrojo con rudeza el teléfono celular a un lado de la cama, mientras suspiraba extasiada tras sentir el jugueteo de las manos y la lengua de Ulquiorra.
-Ulquiorra… -jadeo.
La chica cerró los ojos por un instante dejándose llevar por aquella sobredosis de placer al cual se veía sometido su cuerpo. Inoue pudo sentir el cuerpo del chico reaccionar a todo aquel subidon de calor y sentir una urgencia crecer en su entrepierna, eso pareció volverla un poco en si, después de todo, por una vez al menos, ella deseaba tener el control.
Volvió a empujarlo contra la cama con algo de rudeza; el espada respiraba muy agitado mientras la contemplaba en todo su esplendor moverse levemente sobre sus caderas. Parecía que sentir aquel contacto de su virilidad contra su femineidad la estaba sacando completamente de quicio.
-Mujer… -Jadeo. Ulquiorra la sostuvo de las caderas con fuerza antes de que aquel suave movimiento lo consumiera completamente.
-No es justo… -refunfuño ella.
La pelinaranja se inclino sobre él besándolo con premura. La chica abrió su boca permitiendo que sus lenguas rozaran y juguetearan endulzando aquella extasiante entrega. Orihime beso su barbilla, su cuello, relamiendo cada centímetro de aquella pálida piel, mientras podía oír con total claridad los suspiros enajenados, liberados por el pelinegro, mientras ella le propinaba pequeños mordisquitos en aquella zona.
-No es justo que solo yo esté desnuda… -dijo incorporándose un poco y subiéndole el suéter.
Ulquiorra se incorporó un poco para permitir que la chica lo desvistiera, pero en aquel proceso podía sentir un potente fuego carcomerlo desde su pelvis. Era la primera vez, desde que tenía memoria, que se sentía de esa manera. Jamás en su vida como espada se había visto relegado de esa manera por nadie y menos por una mujer.
Orihime le quito el suéter, la camisa y volvió a arrojarlo sobre la cama. Se sentía nada más y nada menos que una diosa, "Su" diosa. Sentía ansias incontenibles por ser suya pero no deseaba que aquel jugueteo erótico acabase vertiginosamente; después de todo, hacía tiempo que deseaba esto y no permitiría que expirara en algunas cortas piruetas.
Relamió su pecho, mordisqueo sus pezones, su abdomen. Cada beso que le daba parecía infundir en Ulquiorra una intensa llamarada que lo hacía retorcerse sobre la cama.
-Mujer… -profirió excitado tras sentir las manos de la chica desabrochar su cinturón y el cierre del pantalón del instituto.
-No me digas mujer… -Inoue volvió a besarlo con intensidad. –Dime Ori- hi –me… -balbuceo graciosamente manteniendo a su presa amordazada entre sus piernas.
-Pero mu… -El chico no pudo terminar la frase ya que sintió un brioso agarre en sus partes íntimas que le hizo contener la respiración.
-ORI… HI… ME –deletreo la chica con altivez y gracia. Jamás se había sentido tan poderosa como hasta ese momento. Si se enfrentará a un poderoso arrancar estaba segura de que lo vencería con la mirada, o al menos eso creyó, pues el pelinegro la giro con rudeza sobre la cama posicionándose ahora sobre ella y mirándola a los ojos con cierta picardía que la joven no terminaba de creer.
-Orihime… -balbuceo a media voz besándola con rudeza mientras terminaba de acomodarse entre sus piernas.
-Hazlo Ulquiorra… -Lo increpó. –Hazme tu mujer…
-Orihime… -Ulquiorra volvió a besarla mientras que se introducía en su interior. La chica gimió con fuerza, algo adolorida, al sentir aquella dura penetración.
-¡Ulquiorra! –La chica se sacudió un poco, pero el pelinegro volvió a besarla y acariciarla de manera que aquella odisea no le resultara tan brusca. –No me dejes Ulquiorra… -dijo acariciándole el rostro mientras lo miraba dulcemente.
-Sabes que yo hice una promesa con Urahara… -contesto él mirándola a los ojos.
-Pero también hiciste una promesa conmigo… -suspirando.
-¿Una promesa? –Observándola confuso.
-Si, prometiste que te quedarías para siempre a mi lado.
-Yo no soy un ser humano como tú, llegará el día en que esas diferencias se noten, llegará el día en que ya no estés aquí…
-Entonces te encontraré… te lo juro Ulquiorra… ¡Yo te encontraré! –La chica volvió a besarlo –Por favor… muévete –le suplico ella.
El chico la sujeto con su mano izquierda de la cadera mientras que su mano derecha se aferraba a las sabanas. Una vez que estuvo firme comenzó a moverse en su interior. La chica gimió adolorida; ralentizo un poco aquella penetración para darle algo de tiempo para lubricarse.
-¡ULQUIORRA! Te amo Ulquiorra…
Las embestidas fueron aumentando, consumiéndola en una deliciosa agonía que le provocaba un intenso fuego expelido por su garganta en forma de quejidos y suspiros.
Ulquiorra intentaba concentrarse en aquella fragua infernal, pero los balbuceos de la peli naranja lo descontrolaban; llegó un punto en que solo podía concentrarse en el goce que aquel vaivén, provocado por su cuerpo falso, le ocasionaba a la sexy peli naranja quien lo apresó aún más entre sus piernas.
Ambos se besaban desenfrenadamente mientras las embestías los consumían en calor y deseo. La cama rechinaba sin cesar mientras sus cuerpos desnudos rozaban enardecidos uno con el otro.
El chico se detuvo súbitamente; se incorporó hasta sentarse sobre sus piernas. Orihime lo miró absorta. Ulquiorra jadeaba y sus ojos habían enrojecido nuevamente. El chico trato de dominarse, era como si sus poderes Arrancar no pudiesen ser contenidos dentro de aquella figura falsa creada por Urahara.
Jamás en su corta vida como espada había perdido el pleno control sobre su potencial, pero ahora lo sentía, en su interior, aquel juego iniciado con la mujer humana lo sacaba completamente de su eje; a tal punto, que ahora sentía que debía enfocar su atención en el control de aquel poderoso reiatsu capaz de destruir a la frágil criatura que ahora yacía completamente desnuda y jadeante sobre la cama.
-No te detengas Ulquiorra… -le suplico ella, pero pudo notar como el chico cerró sus ojos y respiraba hondo intentando mantener el control.
Inoue se incorporó un poco, le acarició el torso y se acercó a su barbilla la cual comenzó besar con intensidad. Ulquiorra abrió sus ojos con premura, aún sus poderes Arrancar yacían desbocados, al igual que las sensaciones que la muchacha le ocasionaba.
-No puedo hacerlo… -Balbuceo él.
-Si puedes… solo enfócate en mi Ulquiorra –La chica le acaricio el rostro con ternura
Ambos se miraron por un instante consumiéndose mentalmente el uno al otro; aquella relación no solo era física, espiritualmente sus almas vibraban fundiéndose en un solo individuo, en un solo ser.
Ulquiorra la empujo sobre la cama y la sujeto ahora por las caderas con ambas manos; no sabía si la chica tenía razón, pero aquella extraordinaria recreación no podía ser detenida así como así.
Inoue volvió a gemir al sentirse penetrada nuevamente. El pelinegro solo cerró sus ojos moviéndose rítmicamente en su interior. Sentía cada dura penetración volverla completamente loca. Ella se sujetaba con fuerzas de las sabanas mientras su cuerpo era conducido hacia la gloria.
-¡ULQUIORRA! –grito.
El chico pudo sentir como su miembro era apresado por la lujuria. La chica jadeaba intensamente, jamás en su vida había tenido un orgasmo y ahora entendía por que todas las mujeres buscaban alcanzar aquel subidon hormonal que ahora colmaba todo su cuerpo y su espíritu de una sensación mágica, de un frenesí escandaloso que solo le pedía más.
-Mujer… -Ulquiorra aún intentaba calmarse. Según Urahara este tipo de actividades debería evitarle el sentirse a punto de explotar, pero otra vez el rubio le había tomado el pelo.
-Aún no te has venido Ulquiorra… -susurro jadeante.
La chica se incorporo sonriente y lo insto a recostarse sobre la cama. Los ojos del espada aun brillaban enrojecidos y sus pupilas titilaban intensamente. El pelinegro cerró sus ojos llevando una mano sobre su frente e intentando respirar pausadamente ¡Necesitaba retomar el control de su reiatsu! Pero parecía que su pelinaranja acompañante no pensaba darle esa tregua.
El joven sintió cierta frescura en su miembro eréctil seguida de cierta calidez y humedad. El chico abrió sus ojos desconcertado contemplándola sonreír como una niña.
-¡Siempre quise hacer esto! –replico sonriente mientras volvía a su inacabada tarea.
-Mujer debes… -Sintiendo la lengua de la chica juguetear con su virilidad –de… bes… deten- ner- te… -balbuceo tragando saliva mientras su cuerpo comenzó a tiritar por la excitación.
-Llámame por mi nombre… Ulquiorra…
-¡Orihime! –grito arqueándose sobre la cama después de unos minutos.
El chico sintió una explosión calorífera recorrer su cuerpo y su miembro; un cosquilleo en la pelvis, casi alucinógeno, lo aflojo y relajó a tal punto que sus ojos volvieron a la normalidad.
Jadeaba intensamente intentando calmarse por completo; para su fortuna su reiatsu se aplacó y doblegó ante su mente consciente mientras permitía que la pelinaranja lo acariciará y se sentara nuevamente sobre él.
La chica se acarició los labios y luego sacudió con fuerza su bonito cabello anaranjado suspirando profundamente intentando contener el calor que aquel jugueteo le había propinado indirectamente a su organismo.
-Te dije que podías hacerlo Ulquiorra –La chica sonrió feliz. -Iré a preparar el desayuno.
-Esta bien… -susurró él cerrando sus ojos algo exhausto.
Inoue lo beso con ternura mientras el chico descansaba. Se levanto con ansias buscando un bonito camisolín en su armario, con el cual se vistió.
La muchacha salió eufórica de su habitación. No podía creer lo que había ocurrido, su mente se resistía a aceptar esa realidad, por fin ella y Ulquiorra habían dado rienda suelta a sus instintos amándose con ímpetu.
En la cocina preparó algunas tostadas, mermelada, jugo y té; lo coloco sobre una bandeja prolijamente y se dirigió contenta a su habitación, sin dudarlo ese día el pelinegro sería su prisionero; éste pensamiento le robo otra bonita sonrisa de su rostro.
La joven giró con dificultad la perilla de su habitación e ingresó a la misma trayendo consigo aquel exquisito pero pesado desayuno. Grande fue su sorpresa cuando al cerrar la puerta del cuarto tras de si pudo ver al espada abrochándose la camisa del instituto y con los pantalones puestos.
-¿Qué haces? –Dijo anonadada.
-Debemos ir a la escuela… -comentó él con indiferencia.
-Pero… yo creí que estaríamos aquí… solos… todo el día… -¿Qué rayos estaba pasando acaso en diez minutos sus planes se habían ido al tacho?
-Tú amiga dijo que debemos ir –Sentenció tomando el celular de la joven de encima de la cama y entregándoselo.
-¡Que! –depositando la bandeja sobre la cama y mirando aquel aparatejo parpadear. -¿Hablaste con ella? –inquirió mientras el chico se ponía el suéter.
-Si… apresúrate o te dejaré –caminando hacia la puerta con parsimonia.
-Pe-ro… yo… quería… -La chica lo vio salir de la habitación. -¡Rayos! –gruño fastidiada.
Orihime caminaba rezagada por las frías calles de Karakura. En su cuello una preciosa bufanda se agitaba por la gélida ventisca que le hacía más dificultosa caminar con rapidez por aquella subida. ¿Por qué rayos Tatsuki tenía que arruinarle el día? Se sintió furiosa tras éste pensamiento, pero al recordar el rostro del pelinegro y sus gemidos al amarse, le proporcionó un calorcillo remolón que le hizo sonreír estática en medio de la acera.
-Apresúrate mujer… -Dijo Ulquiorra desde lo alto de aquella subida mientras la miraba impasible sonreírle a la nada.
-¡Ya voy! –grito la chica apresurando el paso.
En ese instante Ulquiorra pudo sentir un leve reiatsu. Esa débil firma energética solo podía provenir de un arrancar, de uno capaz de pasar completamente desapercibido por los shinigamis. El muchacho busco con la mirada y no muy lejos, detrás de unos árboles, pudo distinguir una fugaz sombra que se oculto tras los mismos al ser descubierta fisgoneando; sin duda Nurielle ya había dado su paso.
-¿Qué ocurre Ulquiorra? –Inquirió la muchacha confusa al verlo estático mirando la nada.
-Nada… -contesto con frialdad.
-¡ehh! –El chico continuo el paso. -¿Qué raro? Juraría que sentí algo –murmuro centrando su vista en unos árboles cercanos. –La chica no pudo instigar mucho con la mirada aquel paraje pues sintió un jalón en su mano derecha.
-Vámonos… se hace tarde… -insinuó él apresando su mano con la suya.
Inoue al percibir este acto sintió un profundo calor brotar hasta sus mejillas, dándole un bonito color rosado. Sintió por primera vez que ella y Ulquiorra eran algo más, algo que se había forjado incluso desde su estadía en las noches y que ahora se consumaba incluso con ese simple apretón de manos, seguramente las cosas cambiarían y esa ansiedad provocaba en ella un gran cumulo de felicidad.
-Te quiero Ulquiorra. –sentenció a media voz mientras caminaba arrastrada por su mano.
Los dos llegaron a las corridas a la escuela. No hubo disculpa que evitará las amonestaciones y amedrentamiento por parte de los profesores. Tras pasar media mañana en el salón de disciplina por fin pudieron unirse al revuelto grupo de estudiantes que ahora se agolpaba en cerca del pizarrón principal mientras una larga lista de afiches con nombres ocasionaban alegrías y espantos.
-Tranquilos los nombres ya fueron sorteados y no pueden ser cambiados. –refunfuño el presidente estudiantil.
-Pues yo me rehusó completamente a formar parte de esta estupidez. –sentencio Ichigo de mal humor.
-¡De todas formas participarás Kurosaki! –bufó el profesor.
-¿y quienes hacen del pastor y de Orihime? –inquirieron algunos estudiantes inmersos en el tumulto.
-¿QUE PASA AQUÍ? –pregunto Inoue al entrar al salón, más fue recibida por miradas confusas, iracundas y otras un tanto lujuriosas.
Inoue se sentó pesadamente en el reborde de de la azotea. Hacía frío pero prefería comer allí que soportar las frías y despiadadas miradas de sus compañeras tras enterarse que ella sería una de las protagonistas de la obra de teatro.
-No puedo creer que me odien tanto… -Refunfuño tomando un jugo.
-Seguramente es por Ulquiorra –río Tatsuki –su club de fans esta muy activo últimamente.
-¡Pues que se las aguanten! –gruño.
-¿A propósito que paso entre tú y Ulquiorra Orihime? –Inquirió la chica con suspicacia.
-Lo amo Tatsuki… -la chica sonrió mirando al cielo mientras imaginaba la escena matutina.
-Seguramente ha de haber sido movidito ¿verdad?
-Fue genial… no se como explicarlo…
-Bueno no entres en más detalles por la cara que traes lo has dicho todo. Lamento haberte hecho venir, pero el profesor nos quería ver a todos y los chicos preguntaban algo inquietos, sobre todo al no verte ni a ti ni a Ulquiorra.
-Comprendo… -la chica suspiro.
En otro lugar de la escuela…
Ulquiorra salto desde un sector de la azotea del campo de deportes, hasta unos árboles cercanos. Se había pasado los últimos diez minutos esquivando a mujeres extrañas que al parecer lo asechaban más de lo usual.
El chico bajo de un solo salto al jardín posterior de la escuela y allí se aproximo hasta una zona poblada de pinos cubiertos por una capa blanca de una prematura nieve invernal.
-¿Por qué estas aquí antes de tiempo? –Inquirió mirando hacia uno de aquellos árboles mientras mantenía las manos en los bolsillos.
-Mi señora Nurielle quería tener noticias suyas Ulquiorra-sama. –Una mujer de cabello semilargo castaño y vestida con una túnica blanca se asomo detrás de un enorme pino.
-Ya le dije a Nurielle que cumpliría con mi parte… por que no deja de atraer la atención hacia mí. Si Kurosaki Ichigo o Inoue Orihime se percatan de algo sus planes se desbaratarían irremediablemente.
-Mi señora no desea que usted olvide quien es… y por que ha vuelto.
-No lo olvido Salen –Dijo dándole la espalda. –Solo espero que ella recuerde sus propias promesas –dijo con el rostro de lado observándola de reojo antes de marcharse de aquel lugar. –Díselo…
- Se lo diré Ulquiorra-sama. –La chica hizo una reverencia y se marchó con una increíble rapidez.
Muchísimas gracias a todos los que me han dejado sus comentarios especialmente a:
* Orihime Sweet Princess
* Chikytina
* Hime Phantomhive
* Megami Mars
* EldaCifer07
* LuFer Gosh
* JIMEOTAKU
* Orihime No Miko
Muchas gracias chicas por tomarse el tiempo de comentar eso me alienta a seguir escribiendo como siempre digo por que al menos se que a alguien le llega este fanfic.
Se aceptan sus críticas y comentarios, eviten los tomatazos por que ensucian mi monitor jejej saluditos
