Podría jurar que nuestra mirada generaba una tensión que sobrepasaba los límites conocidos por el hombre, mas allá de que solo sean mis ojos los que notaban eso. Mientras el, ignorante ante todo, se acercaba con una sonrisa y con la mano extendida de manera de un saludo cordial.
— ¡Hola! —Se paró frente a mí, observe su mano y lo volví a ver—Ah… ¡Soy Goku! Es un gusto cono…
—No me interesa.
Me aleje del hombre rápidamente, tenía que tratar la herida de Bulma antes de que contrallara una infección. Ciertamente esa familia me era indiferente, solo tenía que tratar a la mía. Ese hombre habría traído algunas latas de comida del supermercado, mientras comíamos contaba animado la experiencia.
—Habían sido muy amables— Termino las lentejas en aceite, su uniforme de bombero tenía la palabra "Kakarroto", aún seguía sin dirigirles palabra— ¡Que suerte que así fuere!
Su relato, ciertamente, me tenía sin cuidado. Cada tanto observaba la puerta, vigilando que nadie entrara o se acercara a nuestro refugio. ¿Valía la pena ser el único cuidando el refugio? No teníamos que confiarnos, habían sido buenos una vez; Pero habían intentado robarnos cinco más.
El señor rompió el silencio— ¿Quiénes irán a buscar comida hoy?
Dude por un momento si ir o no. Tal vez era mejor quedarme a vigilar— Vegeta y yo iremos, ¿Verdad? —Sonrió el hombre detestable.
—Maldito Kakarroto— Pensé, con el ceño fruncido me levante con la escopeta en la mano. Agarre mi mochila vacía del suelo y lo observe— ¿Te vas a quedar ahí todo el día?
Recorrimos las calles, aun con autos esparcidos y mal estacionados, el asfalto estaba destruido en ciertos lugares. Las señales de la guerra eran menos visibles que en otros lugares, las señales de explosiones y disparos en las casa, callejones llenos de sangre, desagradables.
Incursionamos una casa vacía, yo me quede en la cocina buscando algunas latas o comida. El subió a la segunda planta, hacia el baño y el botiquín de primero auxilios. Rápidamente agarre seis latas de atún y conservas desconocidas, fui a la sala a esperarlo al lado de la escalera. Aproveche para guardar algunos libros.
Pero un disparo me sobresalto, levante la vista hacia la segunda planta. No había sonidos, me relamí los labios desdiciendo si subir o no. El disparo había sido de advertencia, pero desconocía quien lo había hecho.
Escuche pasos apresurados, y vi a Kakarroto estrellarse contra el suelo, al lado de mis pies. Se levantó y me tomo del brazo, unos tres disparo se hicieron oír, nos rozaron apenas los rostros. En segundos estábamos recorriendo el camino a casa entre insultos de mi parte hacia él, y disculpas como respuesta.
Bulma estaba preocupada frente a mí, solo conteste:
—La casa no estaba tan vacía como pensábamos— Y observe el disparo en mi cuerpo.
