Tenía un corte en el rostro, producto de la bala de ayer. Ardía como los mil demonios, pero la lectura leve de un libro desconocido me había alejado de este infierno. Estaba más calmado que de costumbre, mientras mis hijos dormían sobre mis piernas.

El señor había salido a hacer unos negocios con los vecinos, y se había llevado al idiota mayor, Kakarroto, con él. Al parecer, en esta parte los francotiradores no disparaban a sus propios vecinos, pues, tenían la bandera neutra; como nosotros.

Estaba calmado, mirando como ambas esposas jugaban con el bebé, Goten, si mal no recuerdo. De apoco comencé a conocer a esa familia, no éramos muy distintos. Querían vivir y salir adelante por sus hijos, como nosotros; Pero yo si estaba dispuesto y listo para sobrevivir solo.

¿Cómo sobrevivieron tanto tiempo? Me preguntaba constantemente. Deje mi libro sobre mi regazo, el protagonista se había enamorado, y yo había perdido el interés.

La puerta se abrió estrepitosamente, sobresaltándome. Kakarroto entro junto con el anciano, sonrientes.

— ¡Hay un lugar donde podemos ir!— Dijo el señor. Esparció un mapa sobre la mesa de café y observamos— No está muy lejos, hay un rumor que aún está abierto y en funcionamiento.

— ¿El hospital?

—Correcto, Vegeta.

Conté las cuadras y el camino hacia él, había que actualizarlo. Algunos sectores ya estaban cerrados por las fuerzas armadas o por mismas personas, de las cinco manzanas que eran tradicionalmente. Ahora había unas diez, con algo de suerte. Un kilómetro.

—Iremos.

—No, Goku. Tú te quedaras— El señor estaba serio— Tardaremos más en volver, es mejor que te quedes protegiendo con Trunks y Gohan la casa.

— ¿Usted por qué? —Interrogo— ¡Podría lastimarse!

—Soy médico, sé que tenemos que traer—

Kakarroto se cruzó de brazos desilusionado, pero acepto. Era obvio.