Uno de mis ballets favoritos es Giselle, si pueden googleen sobre la historia para comprender un poco mejor este primer capítulo de la historia. Igual, siempre he pensado que Jill y Wesker comparten el amor al arte, pero no lo saben.
Capítulo 1. Giselle y Albrecht
Oficina de los S.T.A.R.S., viernes, 8:40 pm
La luna llena estaba en su apogeo, todo el equipo Alfa se alistaba para disfrutar del viernes por la noche. Una de las ventajas de ser del equipo élite de la RPD era que rara vez debían cubrir guardias como los demás policías, claro siempre debían estar disponibles en caso de una emergencia.
— Jill, me dirijo a casa, ¿quieres que te dé un aventón? — Chris le preguntaba a su compañera quien revisaba unos papeles con gran concentración.
La castaña de grandes ojos entre verdes y azules levantó la mirada hacia Chris Redfield y como despertando de un lapsus mental parpadeó y le sonrió ligeramente.
— No, creo que estoy a punto de encontrar una pista en este caso y preferiría quedarme un poco más de tiempo. — Jill contestó de manera casi robótica, pero al notar la cara de decepción de su compañero, agregó — Pero gracias por el ofrecimiento, soy una mal educada por no agradecerte, creo que me desconecté por unos momentos, lo siento Chris, el próximo viernes te lo compenso. —
El moreno sonrió, tomó su chamarra con aquella frase de su banda favorita y regresó la mirada a Jill — Vale, pero no te quedes tan tarde que luego te convertirás en Wesker y comenzarás a utilizar lentes de Sol... sospecho que le arden los ojos de tanto trabajar y no quiere que nadie se de cuenta. — Todos los S.T.A.R.S. sabían que Wesker parecía un adicto al trabajo y compartían rumores de que el capitán usaba lentes por alguna irritación que tenía en los ojos de tanto trabajar.
Jill soltó una pequeña risa, afortunadamente el capitán de los S.T.A.R.S. acababa de salir de la oficina. — Calla, no te vaya a escuchar, tonto. Disfruta de la noche y saluda a Claire de mi parte. Escuché que vino de visita. —
Chris revisó su reloj y la cara le cambió. — Demonios, casi olvido que llega al apartamento a las 9 en punto y ella es muy puntual e impaciente. — Dicho esto, salió casi corriendo de la oficina.
Sólo quedaba Barry quien se despidió de Jill, haciéndole una broma con las manos, utilizándolas como si fueran gafas en los ojos, Jill sólo movió la cabeza riendo un poco y se despidió de Barry. El lugar quedó en silencio. Jill regresó la mirada a los papeles que tenía en la mano y volteó hacia el equipo de comunicación que había en la oficina. Suspiró y pensó. — Chris... me has quitado la concentración. —
En ese momento entro Albert Wesker con una taza probablemente con café. Se detuvo a dos pasos de la entrada y se ajustó los lentes, extrañado por la presencia de la joven S.T.A.R.S. dijo — Jill, creí que habías partido como los demás. —
A Jill le ponía de nervios quedarse a solas con Wesker. Se sentía como una colegiala a lado del profesor atractivo con quien todas tenían soñaban estar. Su seriedad, facciones, voz masculina y hasta su diferencia de edad le atraían. Claro que profesionalmente, debía evitar actuar como una tonta.
— Sí, lo que pasa es que creo que he detectado una anomalía en las declaraciones de la madre del ex-soldado que agredió al alcalde de Racoon. — Jill compartía sus descubrimientos, a su vez que demostraba las razones del por qué decidió quedarse más tiempo en la oficina. Jill no se dio cuenta de que él se acercó a ella y puso las manos en los papeles de la castaña.
Wesker le indicó con el rostro que le prestara aquel expediente del caso que discutían. Lo leyó, mientras su subordinada lo observaba. Finalmente, regresó la mirada a la chica.
— Tienes razón, la madre intenta ocultar algo. Es un poco incongruente lo que mencionó sobre la hora en la que su hijo visitaba el gimnasio. — Jill recibió de vuelta los documentos y suspiró, — Creo que checaré de nuevo las cámaras de seguridad del gimnasio y de la calle donde está la casa del alcalde... —
— Bien, seguramente encontrarás algo. — Wesker regresó a su escritorio y siguió con la tarea que había interrumpido por salir por café. Debía seguir firmando expedientes que como capitán tenía que revisar y aprobar.
Transcurrió una hora y Jill reunió todos los datos que necesitaba para seguir con la investigación el lunes. Comenzó a guardar sus cosas y curiosamente volteó la mirada hacia atrás, hacia el escritorio de Wesker.
Albert Wesker lucía concentrado, la mano izquierda en la barbilla y el codo recargado en el escritorio, mientras la mano derecha sostenía la pluma fuente que siempre utilizaba.
Jill analizaba sus facciones, el cómo fruncía las cejas mientras enfocaba su mirada en los innumerables papeles. Su respiración relajada le daba armonía a su pecho que se movía ligeramente. Entonces las diversas preguntas en su cabeza comenzaron a aparecer:
¿Será soltero? Nunca lo he escuchado hablar sobre alguien especial. ¿Cómo sería de novio? La verdad que no lo imagino. Dios de tan sólo pensarlo siento que me sonrojo.
Jill se volteó abruptamente hacia el frente por los nervios. — ¿Todo bien? — Wesker se percató de su brusco movimiento. La joven del equipo Alfa respiró hondo y profundo, intentando estabilizar sus emociones y lucir tranquila.
— Sí, quería despedirme, pero no quería interrumpirte. — Jill logró excusarse.
Wesker se separó de su escritorio, empujándose levemente con los pies para mover la silla hacia atrás y cruzando los brazos dijo — Y... ¿qué planes tienes para hoy, Valentine? —
Jill jamás pensó que su capitán se interesaría en su vida... al menos de cosas tan triviales como los planes de un viernes por la noche.
— La verdad que... me da un poco de pena, pero bueno. Hoy en el Centro de Artes de Raccoon City estará el ballet de Nueva York presentando — fue interrumpida — Giselle — terminó la oración Albert Wesker.
La experta en abrir cerrojos afirmó con la cabeza y una expresión sorprendida.
— Pues yo también iré, ¿irás sola? Perdón si sientes que me entrometo mucho. — Wesker volteó a la pared izquierda como retractándose de sus palabras.
— Así es, iré sola. Traje mi ropa par asistir al evento. Pensaba cambiarme aquí. Está en los casilleros, ya que supuse que no me daría tiempo de llegar a casa y cambiar de ropa para el evento. — Jill le contestó.
El evento comenzaría a las 10:30 y ya iban a dar las 10 de la noche. Jill prefirió hacer tiempo en la comisaría, no sólo por el caso sin resolver, sino por el ballet del cual habría comprado los boletos unos meses atrás.
— ¿Te gustaría que fuéramos juntos? Pensaba moverme de aquí al igual que tú. — Wesker le preguntó. La joven sonrió y respondió. — Sí, eso sería magnífico, sólo debo cambiarme. —
— No se diga más, nos vemos en la entrada en 10 minutos. — Wesker se levantó y caminó hacia la salida de la oficina de los S.T.A.R.S., Jill como siguiendo la orden camino junto con él-. Se separaron en el pasillo.
En la entrada de la estación de policía de Raccoon City, 10 minutos después.
Wesker se acomodaba la camisa de vestir negra que ahora portaba y se quitaba las gafas de sol, metiéndolas dentro del saco, cuando escuchó el sonido de unos tacones que se dirigían hacia él, entonces volteó hacia la dirección de donde provenía el sonido, no pudo evitarlo y levantó las cejas al ver a la joven S.T.A.R.S. quien portaba un conjunto muy armónico confirmado por una falda semicircular con estampado Marimmeko a la cintura, ésta le llegaba a la rodilla y una blusa blanca sin mangas fajada. Su cabello ahora lucía más alborotado, pero a su vez arreglado. Sus accesorios constaban simplemente de unos aretes pequeños y una pulsera estilo Swarovski. Sus ojos tenían un ligero delineado en los párpados y su labial era rosa, perfecto para su tono de piel.
— Valentine, nunca creí verte así. — Wesker no pudo evitar admitir su admiración. Jill se sonrojó un poco.
— A veces los hombres piensan que las mujeres somos o no femeninas, pero no sólo por tener entrenamiento militar, significa que no disfrute de la moda o del arte. Probablemente por eso me da inseguridad mostrar este lado de mí, ya sabes, podrían pensar que soy débil... Aunque, creo que pensar eso, también le estoy dando la razón a ese cliché de mujer marimacho militar. — Jill soltó una pequeña risa al terminar de hablar.
— Yo no pienso eso. — Wesker se limitó a decir sólo eso y le señaló con la mano hacia donde debía dirigirse para encontrar su auto.
— Quizá exageré o... me proyecté. Lo siento, a veces siento que es complicado ser la única mujer de S.T.A.R.S. — Jill comentaba un poco avergonzada y decidió cambiar el tema. — Tú no tienes los ojos irritados. — Wesker se mostró confundido con la declaración de la joven. — ¿Disculpa? —
Jill se puso muy roja. — Lo que pasa es que... pensaba que usabas lentes oscuros por algo en los ojos. Soy una irrespetuosa. Deja replanteo lo que iba a decir. — aclaró su garganta — Yo jamás pensé verte sin gafas, tienes unos ojos muy expresivos. — Jill Valentine, lo miró directamente a los ojos e imaginó ver un ligero rubor debajo de los ojos azules de su capitán.
La pareja llegó al auto de Wesker, una camioneta Mercedes-Benz, negra. Wesker abrió la puerta del copiloto para permitir que Jill subiera, ella agradeció el acto de caballerosidad con una sincera sonrisa.
El trayecto hacia el Centro de Artes fue rápido, había Valet Parking, así que no se preocuparon mucho por buscar estacionamiento. Bajaron de la camioneta y caminaron hacia el complejo.
En el lobby del Centro de Artes de Raccoon City.
— ¿Quisieras beber algo antes de que comiencen con la primera llamada? — Jill le preguntó a su capitán, mientras escaneaba el lugar y a la gente a su alrededor.
— Claro, ¿por qué no? — el capitán de los S.T.A.R.S contestó mientras sacaba la cartera. La mano de la joven Valentine tomó su cartera, haciéndole entender que la regresara a su bolsillo.
— Deja que te invité, tú me trajiste y quiero invitarte. — Jill retiró la mano de Wesker y se acercó lentamente a la barra junto con el rubio. — ¿Qué quisieras tomar? — volteó a verlo al llegar al bar.
— Whisky en las rocas, por favor. — Wesker contestó y su subordinada se dirigió a la chica que recibiría la orden. — Dos copas de whisky en las rocas, por favor. —
Jill pagó y recibió las copas, ambos se alejaron del bar y ya con bebida en mano, fueron interrumpidos por un saludo inesperado para Jill.
— ¡Albert, qué sorpresa! — un rubio intelectual con su elegante esposa rubia se acercaron al rubio y a la castaña. — Creí que no llegarías y... — volteando a ver a Jill — mucho menos acompañado de una linda... —
Fue interrumpido por su esposa. — William, no seas grosero. Mucho gusto, soy Annette Birkin y él es mi esposo William. Y tú, ¿eres? — La rubia mujer le extendió la mano a la joven castaña, Jill confundida la aceptó. — Jill, Jill Valentine. — y como queriendo argumentar la razón por la estaba con Wesker, agregó — Soy integrante del equipo Alfa de los S.T.A.R.S. —
— ¡Oh! Así que S.T.A.R.S., ¿eh? — William quería seguir hablando, pero Wesker habló antes. — Así es Jill es mi subordinada, quien no sólo es una excelente agente sino que es amante de las Bellas Artes. — Wesker comentó a la pareja de casados que parecía entusiasmada por Jill.
De repente, la voz de un hombre se escuchó de fondo. — Primera llamada, primera llamada. — alertó a los visitantes.
Los cuatro se voltearon a ver entre ellos, sabiendo que cada uno quería hacer algo antes de que comenzara la función. Los primeros en hablar fueron los Birkin.
— Bueno, iremos al tocador porque bebimos unas cuantas copas de champagne y no quisiéramos que el alcohol nos arruinara la función. — William Birkin hizo ademán de despedida y Annette agregó. — Jill, estás más que invitada a nuestro palco. En fin, nos vemos al rato, Albert. — Se alejaron de la pareja S.T.A.R.S. después de decir esto.
— Es cierto, yo debería ir a buscar mi lugar. Creo que no platicamos sobre dónde se encontraban nuestros lugares. — Jill alzó la voz mientras veía a los Birkin desaparecer entre la multitud. Su capitán le dio un gran trago al whisky que tenía en su mano para terminarlo y volteó a ver a la joven. — Iba a extenderte la invitación, ya que el palco es para 6 personas y somos 3. —
— Había comprado abajo, en el centro de la fila F, me gusta analizar la técnica de los pies de los y las bailarinas, aunque en el palco podría apreciar mejor a la orquesta... — Jill parecía hablar como si pensara en voz alta. Después volteó a ver a Wesker quien sólo la observaba.
— Capitán, ¿qué hago? — Jill le preguntaba sonriendo, esperando que Wesker le dijera qué hacer, como si esperaba escuchar una orden de su capitán.
— Segunda llamada, segunda llamada — la voz de fondo de nuevo dio el aviso y ahora más gente se movía hacia las puertas para encontrar su lugar.
Wesker debía admitir que le gustaba dar órdenes. — Ven conmigo, la próxima vez yo compro los boletos abajo. —
Jill quería escuchar eso, por lo que simplemente afirmó con la cabeza. Wesker le retiró la copa vacía y dejó ambas copas en una mesa cercana al bar.
Instintivamente, le ofreció el brazo a Jill, quien ligeramente sonrojada, le paso el suyo entre el espacio que había de su cuerpo y brazo.
Definitivamente sería una gran noche. Ambos entraron por la puerta que les correspondía, al mismo tiempo que se escuchaba la tercera llamada.
Dentro del teatro,dos minutos después.
Tomaron asiento dentro del gran palco. Los Birkin lucían contentos al ver que Jill se les unió. Las luces se apagaron y Wesker miraba hacia el escenario en donde el telón se abrió, dejando a la vista una gran escenografía y Jill sólo se preguntaba dos cosas.
¿Por qué tendrán acceso a ese palco? ¿Por qué los 3 son rubios? Sabía que esta última pregunta era algo tonta, pero es que se preguntaba si a su capitán le atraerían más las rubias.
Jill decidió olvidar sus preguntas, agradeciendo mentalmente la invitación y aceptó que preguntarse de sobre los por qué del palco era rudo.
El primer acto transcurrió rápidamente, la prima ballerina hizo una excelente representación de la muerte de Giselle. En el intermedio Jill fue al baño, dejando a los rubios solos.
— Es bonita, ¿sabes? ¿Será que Albert Wesker quiere, sentar cabeza ya? — Annette picarona, le preguntaba a Wesker. Él la volteó a ver de lado y suspiró. — Mi trabajo no me lo permite... — William decidió replantear la pregunta de su esposa. — Bueno, pero, ¿te gusta? Creo que Annette olvidó que contigo hay que partir con preguntas algo más directas, pero creo que tanto a ella como a mí nos ha sorprendido verte acompañado, cuando llevas 10 años solo. — Ahora William volteó a ver a Wesker de lado con una mirada un poco retadora.
Wesker dirigió su mirada al frente y suspiró. A veces odiaba que el rubio lo conociera tanto. — En otras circunstancias, probablemente intentaría algo, más conociendo los gustos de la señorita Valentine, gustos que poco a poco ha permitido que yo conozca de manera aleatoria, que de hecho, me agrada descubrirlos casualmente. Ella es diferente a otras, no anda alardeando lo que le gusta, lo que sabe hacer, al contrario. ¿Sabían que toca el piano? Por supuesto que no me lo contó... sólo se acercó a un piano en una salida en conjunto con el equipo, fue un desayuno y había un piano, pero bueno eso es otra historia. Regresando a la pregunta, por ética profesional el capitán no puede tener una relación con sus subordinadas, sin olvidar nuestros planes a futuro sobre Umbrella y la mansión en Arklay. — terminó de hablar el capitán de los S.T.A.R.S.
— Podrías salvarla, de alguna forma... — Annette dijo mientras veía como Jill a los lejos caminaba hacia donde ellos se encontraban, esquivando a las personas y la rubia regresó la mirada al rubio. — No creo que te gustará verla como una Giselle, quien después de la muerte se le aparecería a Albrecht como una de las wilis, demostrándole el amor que le tenía, sin importar que él fue la causa de su muerte, de cierta manera... Mira Albert, no te diría nada si no viera la conexión que tienes con ella, simplemente las miradas que intercambian lo dicen. — la mujer concluyó.
— En eso tiene razón, Albert. A lo mejor nosotros nos hemos emocionalmente debilitado desde que decidimos comenzar una relación, casarnos y tener a Sherry. — William agregó a las palabras de su esposa. Wesker ya no dijo nada porque Jill legó.
La más joven de los cuatro, le sonrió y los tres le sonrieron. ¿Sería Jill su Giselle?
El ballet llegó a su fin. Después de los aplausos, las dos parejas salieron al lobby.
En el lobby del Centro de Artes de Raccoon City.
William y Annette Birkin se despidieron de Wesker y Jill. Los integrantes de los S.T.A.R.S. se quedaron solos.
— Vivo a dos cuadras caminando de aquí. — Jill le comentó a Wesker, antes de que él se ofreciera a llevarla en su auto. Ella no quería que él se sintiera con obligación de llevarla.
— Pues vamos. Quisiera caminar después del largo tiempo sentados. — El rubio se acomodaba el saco al decir esto. — Bueno, si no te molesta, vayamos, afuera te diré hacia dónde debemos caminar. — Ambos salieron del recinto.
En las calles de Raccoon City.
— Vamos que es por acá. — Jill lo tomó del brazo unos segundos para dirigirlo hacia la calle que los llevaría a su apartamento. Al soltarlo, Wesker sólo observó su brazo, donde segundos antes estaba la mano de Jill, como si observándolo pudiera explicarse la sensación que le dejó el toque de Valentine.
— Me la he pasado muy bien, aunque todo fue inesperado, me alegró saber que compartimos gusto por el ballet. —Jill cortó el silencio. Wesker sonrió con una mueca sin apartar la mirada del frente.
— Yo también, Jill. Ahora sé a quién decirle cada vez que haya eventos como éste. — Wesker ahora volteó a ver a la más joven.
La noche era hermosa, la luna llena se parecía a la que representaron con la escenografía del segundo acto. Wesker se imaginaba a Jill con el vestido de wili que portaba Giselle. Al verla, recordó que algo que le llamaba mucho la atención en ella, era su rostro angelical que si no la conociera, jamás pensaría que tendría un entrenamiento militar.
Ah, ahora entiendo el porqué su comentario sobre el cliché de las mujeres militares... Wesker pensó, mientras soltaba una ligera carcajada.
Los ojos entre azul y verde de Jill, dirigieron su mirada al capitán, preguntándose qué pensaba el rubio. Jill regresó la mirada al frente, señalando el edificio de la esquina, aquel donde vivía.
Se detuvieron frente a éste. — Bueno pues... aquí es. — Jill se puso de frente a Wesker al decir esto. La pareja se quedó mirando fijamente los ojos del otro. Cristales azules mirando los cristales azules/verdes. Parecía que conversaban con la mirada.
Wesker se tomó su tiempo para recorrer el rostro de la chica, se detuvo en su boca de tono rosáceo por el maquillaje. Jill hizo lo mismo con los labios de Albert Wesker. Para ella, Wesker era muy varonil, pero a su vez tenía una belleza admirable.
Ambos sentían la necesidad de tomar el rostro del otro, pero los dos compartían una ética profesional inquebrantable, así que decidieron seguir con la conversación que mantenían con la mirada. Hasta que... Jill rompió el hielo.
— Muchas gracias por hoy. Ojalá saquemos provecho de algún otro ballet, una ópera o algún concierto en el futuro, capitán Wesker. — Jill se acercó un poco a Wesker algo dubitativa y decidió darle un rápido beso en la mejilla.
— Lo mismo digo Valentine, descansa. — Wesker se volteó hacia atrás, encaminado hacia el Centro de Artes para ocultar su expresión sorprendida y rostro ruborizado. Sólo levantó el brazo para despedirse.
Jill observaba como se alejaba, suspiró y sacó las llaves para entrar a su edificio.
Wesker disfrutó del camino de regreso, mientras se tocaba la mejilla besada por Jill. Sacó sus gafas y se las puso. En su mente sólo estaba Jill, su rostro, la historia de Giselle y las willis, los labios de Jill y pensaba en lo irónica que era la vida.
Faltaban 4 meses para llevar a cabo su plan.
Esta historia se llama ironía por obvias razones, el hecho de que a lo mejor puedes encontrar a tu alma gemela, pero no podrás estar con ella/él por el simple hecho de las circunstancias de tu vida.
Probablemente agregue más capítulos separados de los encuentros de Jill y Wesker post-mansión para agregarle más ironía a su relación. Al final del día, todos sabemos lo que pasa en RE5, en donde pues Jill sí muere. También, por esto último quise hablar sobre Giselle.
Espero les haya agradado.
