Antes de leer.
cursiva: Flasbackak.
Negrita cursiva: pensamientos.
Pérdidas.
Masato Katsuki y Petrov Nikiforov son los patriarcas de sus respectivas familias, además de grandes amigos.
Se conocieron por mera casualidad.
Masato llegó desde su natal Japón para erradicarse en New York después de la pérdida de su esposa gracias a un parto complicado, y con un recién nacido Toshiya a cuestas. Quiso alejarse de todo lo que le recordaba a su amada, por lo cual aceptó la oferta de su tío Takao Katsuki de ser entrenado para heredar la automotora que fundó al llegar al Estados Unidos, porque él nunca tuvo hijos para poder traspasar la compañía a uno de ellos.
Algo que Masato siempre le agradecería porque jamás tuvo en cuenta que era solo un beta, quien se haría cargo de la empresa.
A pesar de ser ellos quienes predominaban en la sociedad. La minoría Alfa eran quienes siempre triunfaban en todo ámbito.
Aun así, Katsuki Company prosperó bajo su mando y se ganó a pulso su lugar como líder allí.
Cuando tuvieron que hacer a fuerza unas remodelaciones en la empresa, Masato se topó con un estudiante de arquitectura inteligente y asertivo, que estaba a punto de graduarse. No lo pensó dos veces y le contrató para que se hiciera cargo de la obra a pesar de su edad.
Petrov Nikiforov era realmente inventivo. Con ideas innovadoras no solo remodeló la compañía, sino que también le dio un nuevo ambiente a los ejecutivos y trabajadores del lugar.
Y también conoció a un gran amigo.
Petrov quedo huérfano a temprana edad. Por ser un niño de 10 años tuvo que vivir en orfanatos, pues quienes pretendían adoptar, solo se interesaban en bebes… o en niños que tuvieran nacionalidad estadounidense. Él era ruso y siempre se enorgulleció de ello, a pesar de ser casi una paria entre los demás integrantes de los orfanatos por su marcado acento al hablar inglés.
Eso no le impidió salir adelante. Solo él era dueño de su destino.
Tuvo que crecer rápido para no ser devorado por una sociedad clasista.
Aunque eso cambio después de que se presentara como alfa. Solo un poco.
Después de salir de la Universidad, y con la ayuda de Masato; Petrov pudo hacer su sueño realidad. Comenzó un pequeño negocio de compra de casas en mal estado para restaurarlas y después venderlas a mayor valor. De a poco se fue trasformando en "Dom&Zhizn`" una inmobiliaria y constructora vanguardista altamente cotizada en todo el país.
Los dos se trasforman en figuras reconocidas en la economía estadounidense sin proponérselo. Ellos, quienes en un principio fueron vistos con recelo por la sociedad.
New York – 24 de septiembre de 2016 / alguna calle de la ciudad.
Petrov se asombró al encontrarse con Masato en la gala conmemorativa que se realizaba cada año por el atentado a las Torres Gemelas. Mejor para él, así no se aburriría de ver como intentaban adularlo sin éxito alguno.
Como era costumbre cuando estaban juntos, se la pasaron muy bien. Pero como los años no pasaban en vano, se retiraron relativamente temprano y llegaron a la conclusión de que estos menesteres se los dejarían a sus hijos Matvey y Toshiya.
Quienes a pesar de ser invitados no pudieron asistir porque el papeleo se los estaba comiendo vivos. Ser empresarios de elite a veces tenía sus desventajas.
Como tampoco estaban e edad de manejar y no querían molestas a sus choferes, se decidieron a tomar un taxi juntos. De todas maneras vivían en el mismo edificio. Dieron la dirección y se relajaron contra el asiento trasero del vehículo.
– Sin duda alguna, esos cuervos no descansan ¿eh? –susurro Masato aflojándose el corbatín.
–Pobre Leroy. No sé cómo los aguanta. –contestó Petrov, refiriéndose al amigo de su nieto, Viktor–. ¿Qué te han preguntado esta vez?
–Lo de siempre. –Masato sonrió ante la carcajada de Petrov–. Esta sociedad no puede ver a dos magnates viudos, sin hacer especulaciones. –ironizó.
El taxi se detuvo su marcha al ver luz roja.
–Déjalos, viejo amigo… nada de lo que digamos les hará refrenar su lengua…
El semáforo dio luz verde.
El vehículo avanzó y otro les impactó.
Lo último en escucharse fue la risa de Masato Katsuki.
-…-…-…-…-…-…-…-…-
Los servicios de emergencia se arremolinaron en la escena.
El Taxi quedo destrozado, la parte trasera fue la más perjudicada y la que le dio mucho trabajo a bomberos para poder sacar a los ocupantes. Algo normal tomando en cuenta la cantidad de volteretas que dio el vehículo después del impacto de alta energía al cual fue sometido.
Los policías tuvieron que redoblar esfuerzos para detener a la prensa cuando se filtró quienes iban en el taxi siniestrado. Todos ellos tratando de obtener la primicia sin importarles lo que mostraran.
Lamentablemente, no se pudo hacer nada por Masato. Perdió la vida de inmediato, ya que el impacto le llego de lleno a su cuerpo.
Petrov pereció poco después en la ambulancia que iba camino al hospital, uno de los fierros del automóvil se le incrusto en su cuerpo y la pérdida de sangre fue muy grande para soportarla.
Increíble lo que puede suceder cuando un conductor borracho toma el volante.
En dos lugares distintos se dio la misma noticia. Era necesario que algún familiar se presentara para reconocer el cuerpo de la persona.
La incredulidad llegó, negando lo sucedido y la posibilidad de que su padre estuviera muerto. Seguramente seguía en la fiesta.
Matvey y Toshiya se estrellaron con la dura realidad. Masato y Petrov habían dejado este mundo trágicamente. Y ellos debían continuar su legado.
New York – 26 de septiembre de 2016 – Casa Katsuki / West Village.
Los funerales no eran nada gratos, sobre todo si tenías que encabezarlo. Muy bien lo sabía Toshiya.
¿Cómo enterrar a la persona que se sacrificó y enfrentó a muchas personas por ti?. Por estar contigo aun sabiendo que tenía miles de cosas por hacer. Que jamás te dejo solo con alguna niñera por algún compromiso. Una persona que a pesar de convertirse en alguien importante, nunca se olvidó que era padre antes que empresario.
Le debía demasiado a su padre y le afectaba tener que enterrarlo. Sin duda la vida era injusta, se llevaba a los buenos y dejaba a los malos.
Unos toques en su puerta lo sacaron de su ensoñación.
–Adelante. –murmuro.
–Es hora cariño. –dijo Hiroko a su esposo–. Debemos partir ya.
Suspiro, esto sería muy duro de soportar, especialmente para Yuuri. Su abuelo era su adoración y la noticia lo tenía bastante mal; la pena no le sentaba bien a su omega y ellos como betas, no comprendían del todo esta naturaleza como para hacer algo que alivianara la tristeza a su hijo.
Todo el camino hacia el cementerio fue un espectáculo. Su padre, al igual que Petrov Nikiforov era reconocido tanto por su empresa como por su filantropía. Empresarios reconocidos dentro de la creme Neoyorkina.
Muchas personas quisieron estar presentes aunque fuera un funeral cerrado al público. Agradecía aquellas muestras porque eso le decía que su padre seria recordado por muchos.
A parte de la policía, quienes vigilaban a la caravana que les acompañaría, tuvo que contratar una empresa externa que evitara que los reporteros llegaran hasta ellos. Masato Katsuki antes de empresario era familia, así que dejo de lado las protestas de varias personas conocidas en el círculo en el cual se movían sobre su negativa a abrir el funeral a todos. Era su padre y solo él como hijo que era, sabía lo que esperaba para su funeral.
Ver a su familia completamente de negro le caló muy hondo a Toshiya. Viendo como Mari trataba de aparentar fortaleza delante de su pequeña de cinco años. Le dolía ver como su nieta tenía que enfrentase a la muerte de un ser querido a temprana edad. Lamentaba que Christophe estuviera de gira, Mari le necesitaba. Y Yuuri estaba ahí, con la mirada enrojecida mirando algún punto inexistente en el horizonte, sin hablar, aunque Yuko y Takeshi trataran de hacerlo responder
Hoy sería un día muy largo.
Por más que Yuuri tratara de oír lo que decían sus amigos, no podía. Se sentía pésimo, su omega no sabía cómo lidiar con el dolor que la pérdida de un ser querido le ocasionaba en estos momentos, eso le volvía loco. Amaba a su abuelo y aquello lo estaba llevando a una espiral depresiva y ansiosa a la cual no entendía como abordar.
Había pasado llorando día y noche desde que se enteró de la noticia aborreciendo con toda su alma a quien, por un estúpida imprudencia le había arrebatado a quien fue su pilar en cada una de las crisis nerviosas que tuvo después de convertirse en omega.
–Si les das en el gusto, ellos habrán ganado. –La voz de su abuelo se escuchó desde la puerta de su habitación, Yuuri se secó rápidamente las lágrimas que derramo desde que volvió de la escuela–. Ellos son jóvenes y no entienden el significado de lo que tú eres.
Desde que se presentó como omega, había tenido un pequeño infierno en su escuela. No porque fuera menospreciado –o gran parte no era por eso–, sino más bien porque todos esos alfas ególatras se creían con el derecho de propasarse con él solo por ser como era.
Y porque creían que con eso, él los aceptaría y formarían parte de una de las familias más prestigiosas del país.
Agradecía profundamente a Takeshi por no dejarlo solo y a su cuñado Chris, quien lo habían salvado varias veces de esos acosos.
–No sé qué más hacer abuelo. –murmuro apenado–. Nada de lo que haga parece ser suficiente. No estamos en una época opresora y aun así me siento ahogado. Odio ser un omega.
–Es parte de lo que eres. –contestó Masato, sentándose al lado de Yuuri–. Solo le estas dando en el gusto y negando algo que es parte de ti. –le acaricio el cabello–, Nunca te dejes amedrentar por eso. Si, eres un omega ¿y qué? Eso no les da derecho a nada. Solo están ardidos porque no creen que un omega les supere. No por nada el orgullo y arrogancia alfa es bien temido.
Yuuri recordó a cierto alfa e hizo una mueca, eso lo sabía muy bien.
–¿Cómo puedo lograr aquello? –pregunto apesadumbrado–. Nada de lo que hago parece ser suficiente para espantarlos.
–Por lo pronto, ir a clases de defensa personal. –Masato sonrió–. Después patearles en los huevos.
–¡Abuelo! –Yuuri grito escandalizado, y Masato rió.
–Lo siento chicos. –murmuró Yuuri–. No debo ser una compañía muy grata…
–Yuu-chan, no digas idioteces. –contesto Yuko, una efímera sonrisa aprecio en el rostro del omega al escuchar el apodo que habían acunado ambos al comenzar sus lecciones de japonés.
–Estamos aquí para acompañarte a ti. –dijo Takeshi–. Como tus amigos… en las buenas y en las malas ¿Recuerdas?
Yuuri asintió sin decir nada más.
Era hora de partir a decirle adiós por última vez a su querido abuelo Masato.
New York – 26 de septiembre de 2016 – Casa Nikiforov / Upper East Side.
Matvey observaba una foto de él junto a su padre cuando solo era un niño. Acababan de llegar del entierro y él se había encerrado en su despacho.
Todavía aquello le parecía irreal. No podría creer que el duro e imponente Petrov Nikiforov estuviera tres metros bajo tierra y que nunca más lo vería atravesar su despacho con ese eterno ceño fruncido, per que ocultaba un corazón muy noble.
–Papá… no entiendo esto tan repentino. –se sirvió un vokda, poco le importaba lo que su médico le hubiera dicho.
Seguía sin creer que nuevamente un accidente de automóvil le arrebató a un ser querido. Justo como sucedió con su madre y hermano.
Continuo observando la fotografía recordando todo lo que su padre le había dado e inculcado.
Así encontró Viktor a su padre, mirando una vieja imagen junto a un vaso de alcohol en la mano. Frunció el ceño ante eso.
–Papá… sabes que te prohibieron tomar bebidas tan fuertes. –le regañó.
–El vodka no me matará hijo. –replicó Matvey, aun así dejo el vaso a un lado. Miro a Viktor, quien era el fiel reflejo de su padre cuando joven–. Es irónico que lo haya perdido de la misma manera en la que él perdió a sus padres.
Viktor hizo una mueca, seguramente no era la primera copa de su padre si estaba filosofando de esta manera.
–No más alcohol para ti. –murmuró cerrando el mini bar y escondiendo la llave–. Vamos, necesitas descansar.
En momentos así, su madre seria quien lidiaría con él, pero ella estaba en la habitación de su hermana, consolándola.
–Todavía no entiendo cómo fue que tu abuelo me acepto después de prácticamente arrancarme a Rusia y volver dos años después, casado con Katya y un bebé a cuestas. –Viktor se preguntaba lo mismo. Su abuelo era muy estricto en cualquier ámbito–. Seguramente fue al verte, él siempre se jactó de que eras una calcomanía suya. ¡Hasta alfa saliste! –dijo asombrado.
Viktor sonrió, siempre le gustó que Petrov alardeara de ello, sobre todo cuando Matvey estaba presente y quería molestarlo.
Llevo a su padre a la habitación y lo acompañó hasta que lo vio dormido, ahí fue hasta la sala, encontrándose con su madre leyendo el periódico.
–Deberás esconderle las llaves del bar por un tiempo. –dijo mientras se las pasaba–. Y abastecer la reserva de vodka.
Katya frunció el ceño, no le agradaba para nada como sonaba eso.
–¿Bebió mucho? –preguntó preocupada.
–Solo un par de vasos… sabes que papá no tolera la bebida.
Ella asintió, mañana llamaría a Celestino para que lo revisara.
–Podrías… –comenzó Katya, dudando si pedirle ese favor a su hijo.
–¿Hacerme cargo de la constructora? –preguntó Viktor y su madre asintió–. Pensaba hacerlo de todos modos. Sin duda eso será un caos.
Tendrían mucho que hacer. Al morir su abuelo, un alfa y la cara visible de la empresa, muchos estarían reticentes en que su padre tomara el control de ella, después de todo era un "simple beta". No importaba que dicho "beta" llevara haciéndose cargo del negocio cinco años, a veces Viktor odiaba lo retrograda que podía ser la sociedad aun en el siglo XXI.
–Dile a papá que quiero que descanse la semana completa… si algo necesita su firma lo traeré aquí.
Viktor se despidió de su madre, rechazando la oferta de quedarse en la casa. Así como el resto de los integrantes de su familia, el también necesitaba un tiempo a solas para recordar.
New York – 30 de septiembre de 2016 – Feltsman Abogados / 154 Grand Street
A Georgi no le gustaban las noticias que le estaba dando su tío Yakov, quien hace 15 años era el abogado de las familias Katsuki y Nikiforov. Quien después de ver el chiste de testamento que tenían redactado Petrov y Masato, entre los tres estuvieron haciendo un borrador con respecto a lo que querían para ambas familias.
–No es una broma, el notario fue tajante en eso… eso son los últimos cambios que valen. –dijo apenado–. El que lo hayan firmado y legalizado estando ebrios poco importa. Después de todos Las Vegas es conocida por tener sus propias reglas.
Georgi hizo una mueca, el panorama no se veía para nada bueno.
–Es que… la idea es un tanto descabellada. –Georgi estaba confuso–. Ellos nunca fueron así… jamás quisieron imponerle algo a los tíos, mucho menos se lo harían a sus nietos. Y sé de alguien que pondrá el grito en el cielo cuando se lea.
–Estando cuerdos, calor que no. Pero las personas borrachas cometen muchos disparates. –contestó Yakov–. Ahora no es queda ver como arreglamos este embrollo.
–¿Y si vemos a otro notario?
–Eso ya lo veremos cuando el testamento sea leído y se trate de impugnar, O se pueda cambiar por el boceto que estuvimos redactando estos meses. –respondió Yakov–. Asumiré la culpa que me corresponde también, como su abogado debí darme cuenta antes de lo sucedido.
–¿Por qué se perdió tanto tiempo? –pregunto Georgi aun incrédulo.
–Confundí los documentos y nos dimos cuenta cuando quisieron modificar su testamento. Por mucho tiempo estuve diciéndoles que viéramos eso para el testamento conjunto e hicieran uno por separado, pero en muy pocas ocasiones pudimos reunirnos para redactar un borrador decente que se pudiera legalizar.
Muchos problemas le traería el chiste de documento que poseían, porque la última voluntad de Petrov y Masato tenían que ver con sus anhelos más que con los acuerdos adecuados para cada familia.
Ahora, tanto los Nikiforov, como los Katsuki, debían asumir las consecuencias de las acciones de sus patriarcas. Solo esperaba que las cosas no se complicaran aún más y pudieran hacer algo para salvar a dos personas de un deseo loco.
New York – 05 de octubre de 2016 – Feltsman Abogados / 154 Grand Street
Lectura del testamento.
Toshiya y su familia llegaron puntuales al despacho de Yakov. Hace unos días les habían notificado de la apertura del testamento, pero le extrañaba la actitud intranquila de su amigo y abogado. Y le extrañaba que la lectura no haya comenzado al momento de su entrada en la oficina.
–¿Por qué no hemos comenzado? –preguntó Hiroko.
–Faltan personas. – y Yakov lució mas preocupado.
Al cabo de unos minutos vio aparecer a Matvey junto a Katya y Ania. No se sorprendió en verlos, después de todo su padre y Petrov y eran tan unidos que no le extrañaba que decidieran hacer algo así.
Francamente estaba intrigado en lo que sucedería.
–¿Y Viktor? –preguntó Georgi.
–No debería de tardar. –murmuró Ania–. Se quedó atascado en el tráfico.
Ante aquel nombre, el más joven del clan Katsuki se tensó. Si había algo que evitó a toda costa después de su presentación era el encontrarse con Viktor por cualquier medio. Y justo hoy, cuando su omega seguía afligido por la pérdida de su abuelo, debía encontrarse a ese alfa arrogante.
Por mucho que Ania le hablara bien de su hermano, que haya cambiado esa estampa orgullosa típica de los alfas después de un tiempo o su impersonal trato años anteriores. Nada le haría olvidar las crueles palabras que le brindó siendo él solo un niño.
A Yuuri le molestaba las miradas preocupadas que Georgi le lanzaba desde el otro extremo de la habitación. Siendo este un alfa obviamente se había percatado de su estado alicaído, sus feromonas prácticamente gritaban lo deprimido que encontraba, y ahora se le sumaria el estrés de ver al idiota de Viktor cuando no quería verlo.
En parte agradecía que su familia completa fueran betas, ellos no tenían el sentido del olfato tan refinado como un omega o alfa, así que no los había preocupado demás. Si de por si lo estaba haciendo con sus problemas al dormir desde el fallecimiento de su abuelo.
De pronto, un aroma intenso… amaderado, parecido al roble con toques a duraznos invadió sus fosas nasales, mareándolo. Sin fijarse en nada mas, se levantó de su silla buscando la fuente de ese hipnotizante aroma.
Viktor iba cabreado, había salido con tiempo desde la oficina y aun así se retrasó por el endemoniado tráfico de New York. Si había algo que odiaba, era llegar tarde a alguna reunión o cita.
Después de media hora de tardanza estaba entrando al edificio. A metros de las oficinas de Yakov, pudo sentir un aroma dulce a berrees, cerezos y canela además de toques amargos que eclipsaban el atrayente aroma. Quien fuera el omega, se notaba lo deprimido que estaba… de manera inconsciente aceleró en paso e incrementó sus feromonas, tratando de brindarle algún consuelo a aquella criatura tan desdichada. Su alfa estaba removiéndose eufórico al oler más intensamente aquel deliciosa esencia. Solo quería llegar para proteger a la persona que estaba sufriendo tanto.
Al abrir la puerta se encontró cara a cara con Yuuri Katsuki, y jamás una persona le pareció tan hermosa. Una gran certeza se formó en su mente.
–¡No puede ser! – gritó Yuuri alarmado.
Una sensación indescriptible lleno el pecho de Viktor. Su corazón estaba acelerado y una sonrisa boba se instaló en su cara.
–Te he encontrado. – murmuro maravillado.
Yuuri, al no soportar la tensión, se desmayó debido al shock, cayendo en los brazos de su destinado.
Después de meses planeando esta historia, por fin puedo publicar su primer capítulo.
Espero les guste y me comenten.
/Cambio y Fuera/
Min Akane.
31 julio 2018
