Antes de leer
cursiva: Flasbackak.
Negrita cursiva: pensamientos.
Capítulo 2: Retazos.
Pasado – niñez
Yuuri a los siete años era un niño bajo para su edad, además de estar un poco pasado de peso, a él, esas cosas no le importaban, su mamá siempre le decía que era adorable y muy lindo de esa manera así que esperaba no cambiar mucho al ir creciendo. Siendo adorable, podía obtener un dulce de su madre o abuelo, además de ayudarle a que su hermana no lo sermoneara por las travesuras que hacía.
Pero, las cosas nunca permanecen de la manera que se espera.
Ese era el día de Yuuri y su abuelo. Era sagrado que un fin de semana al mes lo pasara con él. Admiraba a su abuelo, ya que él había criado a su padre solo, mientras dirigiría una compañía gigante. Esa que su tío le había regalado.
En esos momentos estaban en el departamento del amigo de su abuelo. Petrov también era entretenido y como este le había pedido que fueran a visitarlo, se encontraban en estos momentos ahí. A él le encantaba ir porque siempre había maqueta de lugares que construía y eso a Yuuri le gustaba.
En estos momentos lo habían dejado al cuidado de la enfermera que tenía el abuelo Petrov, mientras ellos mantenían una plática fuera del alcance de oídos infantiles.
–Las cosas que hace el abuelo Petrov son muy lindas. – le contaba Yuuri a la Señora Jones.
–¿Te gusta lo que él hace? –preguntó la enfermera.
–¡Mucho! –Yuuri estaba emocionado por los modelos a escala que veía en esos momentos–. ¡Lo admiro! –se sonrojó ante ello.
–Oh… –sonrió enternecida.
–¡Sí! Cuando sea grande quisiera ser un alfa tan exitoso como él.
Una carcajada se escuchó detrás de ellos; Yuuri divisó a un chico con una larga cabellera platinada. Era Viktor, el nieto del abuelo Petrov.
–Joven ¿Se le ofrece algo? –preguntó la enfermera preocupada al ver esa sonrisa desdeñosa dirigida al niño.
Viktor se había presentado como alfa hace dos años. Todavía conservaba algo de la soberbia característica de esa casta. Algo que no se notaba mucho si estaba de buen humor. Lo cual no era el caso.
El chico ignoró la pregunta, solo se recargó en la puerta.
–¿Así que el pequeño Yuuri quiere ser alfa? –Cuestionó burlón.
–¿Qué tiene de malo? –replicó la señora Jones–. Es un deseo normal.
Otra carcajada resonó en la habitación.
Yuuri no entendía que tenían de malo o gracioso sus palabras, desde que vio el trabajo tanto de Petrov, como de su abuelo le encantó lo que ambos hacían, pero secretamente el del abuelo de Viktor le gustaba más.
Cuando visitaba a su abuelo siempre le pedía venir a verlo y Petrov siempre contestaba todas las preguntas que le hacía sobre sus proyectos.
– ¡Solo mírate! –espetó Viktor despectivo–. Alguien así, jamás podrá ser un alfa…
La señora Jones le miró impactada, no creyendo que le dijera esas palabras tan crueles a solo un niño. Yuuri sintió como algo se rompía dentro de él. Si un alfa le decía aquello… eso quería decir que ¿su sueño no se cumpliría?
–Cómo estas, ni sueñes en ser alguien como mi abuelo. Eso jamás pasará.
– ¡Viktor! –la potente voz de Petrov se escuchó.
El joven le miró avergonzado. Sobre todo porque estaba desquitando su mal humor con un pequeño Yuuri que nada de culpa tenía sobre su estado de ánimo.
–Las castas no importan, seguimos siendo personas… el éxito depende de quienes somos, no de nuestro género. –Masato pasó a Viktor sin dedicarle una palabra, solo tomó a Yuuri y se fue de allí.
Tres adultos olvidaron el episodio.
Un adolescente ni siquiera le prestó la importancia necesaria.
Un niño quedó con sus ilusiones hechas añicos y un sutil cambio comenzó a gestarse en él.
Pasado – adolescencia.
Yuuri regresó fastidiado de la escuela, no solo por el malestar que comenzó a gestarse transcurridas las horas de clase, sino más bien por el altercado que tuvo con uno de sus compañeros.
Él era conocido por ser alguien aplicado, disciplinado y tranquilo –no por nada era el primero en su clase–,y que hoy le llegara una amonestación por culpa de un compañero alfa celoso, era el colmo de su pésimo día.
¿Por qué siempre se metían con él? Que hubiera preferido estudiar en vez de jugar en su niñez solo se debía a su excesiva timidez. El que ahora fuera más inteligente que el promedio de sus compañeros solo se debía a su tenacidad y a los hábitos de estudio que se forjó desde pequeño. Nada tenía que ver sus oportunidades al nacer en la familia que nació. Todos en ese colegio tenían fortunas similares a la suya. ¿De qué se quejaban entonces?
Yuuri se preguntó porque tenía la culpa de que Sara le haya rechazado por tener sentimientos hacia él? ¡Ni siquiera la alentaba! Además, nunca vio necesario decirle algo sobre eso, después de todo a él no le interesaban las chicas.
De hecho, no le interesaba nadie. Jamás le llamó la atención alguno de sus compañeros.
– ¡El mundo está plagado de idiotas! –murmuró contra su almohada.
Se quedó dormido después de despotricar a gusto y algo intranquilo por culpa del malestar que parecía venir desde su vientre. Tenía un cosquilleo que no le dejaba en paz y le abrumaba.
Despertó sobresaltado a la hora de la cena cuando su madre vino a ver porque no bajaba, encontrándolo en posición fetal ardiendo en fiebre.
Y no paraba de quejarse.
– ¡Cielos, Yuuri! –Exclamó Hiroko alarmada– ¡Iré a llamar a Celestino!
Yuuri casi no registró aquello, solo sentía ardor en todo su cuerpo. Un ardor asfixiante que le sofocaba. Quería quitarse las prendas que llevaba porque solo el roce de ellas le molestaba, pero no tenía fuerzas para levantarse de su cama.
– ¿Qué me está pasando? –se preguntó en medio del delirio.
La llegada del médico tampoco dio indicios de ayuda. Celestinó observo solo por cinco minutos al adolescente antes de retirarse del lugar, haciendo una mueca.
Yuuri no entendió su comportamiento, ¿Sería muy grave lo que tenía? Él creía que sí, pues ese calor infernal lo estaba matando. Entonces ¿Por qué no lo estaban llevando de inmediato a una clínica?
Cuchichearon algo por mucho tiempo más. Algo que él no pudo entender. Su cerebro estaba bastante obnubilado con la fiebre. Y después Celestino se retiró.
Su madre le acompañó las siguientes horas junto a paños fríos que de nada servían para aplacar el estado febril en el cual se encontraba.
Aunque pudo conciliar el sueño, este fue intranquilo e inmerso en un calor abismal.
No fue hasta el día siguiente, que se dio cuenta de que realmente estaba sucediendo. Menos mal que su madre no se encontraba en esos momentos. Estaba empalmado y muy sensible, un solo roce con sus sábanas le hizo gemir de placer y querer restregarse contra su colchón.
Solo dos cosas pasaron por su cabeza.
Un vago recuerdo de su niñez con un excéntrico alfa de cabellos plateados y la certeza de saber que su segundo género resultó ser de un omega.
–Odio mi vida… –murmuró lastimeramente.
Los sueños de demostrar su valía fueron desdibujándose como una pintura a la cual le han echado agua. Viktor tenía razón. El jamás debió siquiera atreverse a soñar en ser un alfa.
Ese fue el último resquicio de lucidez que tuvo antes de que su celo lo golpeara fuertemente
–Ciertamente eso podría ser factible. –murmuró Celestino observando atentamente un genograma.
A dos días de terminado el celo de Yuuri, este se encontraba con su médico de cabecera –y el de la familia completa– quien por suerte era un beta, para comenzar con los controles respectivos que le correspondían a su casta.
Se estaba estresando de solo pensar en lo que conllevaría la presentación de su segundo género. Tendrían que reacondicionar su cuarto, las paredes debían revestirse con un inhibidor de olores hacia el exterior, además de algo que la silenciara. Fue muy incómodo el comprender tres días después que su familia lo había escuchado gemir y clamar por alivio de una manera tan necesitada. Era algo que estaba dispuesto a NO pasar otra vez.
Y a eso se le sumaba tener que rellenar los papeles correspondientes para autorizarle el uso de supresores e inhibidores que debía portar en todo momento desde ahora. No era mucho, pero junto a su cambio de aroma, sutil para sus familiares betas, pero no para sus compañeros alfas. Los próximos meses, serian un infierno.
También, era de esperarse que algo tan común para los adolescentes se trasformara en una odisea para un Katsuki… ya se veía los titulares en los programas de farándula. Después de todo eran una familia influyente y los reporteros siempre buscaban una primicia para poder colocarlos debajo de los reflectores, y esto sería como darle miel a las abejas. Si, veía nubes de tormenta en el horizonte.
Era obvio que sería expuesto… ya lo había visto antes con otros jóvenes reconocidos por sus familias que habían resultado ser lo mismo que él. Después de todo, los omegas solo equivalían al diez por ciento de la población. Aunque igual hacían más algarabía por quienes resultaban Alfas. Entendible hasta cierto punto.
–Si nos basamos en esto que me has entregado Hiroko, dentro de tu familia solo han nacido mujeres ¿cierto? –preguntó el médico.
–Así es Celestino. Que Yuuri naciera varón fue una tremenda sorpresa para mi línea familiar, que solo tuvo mujeres.
–Si tu bisabuelo era un omega hombre no me extrañan estas circunstancias. –Se sujetó la barbilla–. El gen estaba latente, es normal que Yuuri lo heredara al ser varón. En el linaje de Toshiya solo hay betas por lo cual nadie pudo aportar el cromosoma necesario.
Yuuri solo suspiró, a él poco le importaba quien aportó el gen, cromosoma, ADN –lo que fuera– para su condición de omega. Lo relevante aquí, era que tendría que pasar por una tortura por culpa de su casta. Lo cual le parecía algo aberrante.
Dejar de ser persona para transformarse en un animal cada tres meses era demasiado abrumador. No le agradaba en absoluto esto.
Se volvería más sensible en todo sentido. Las cosas le afectarían más aunque él no lo quisiera. El poder percibir los olores de sus compañeros ya sería todo un reto. ¿Cómo hacerle frente a todos esos alfas mimados? Cuando no tenía casta se trasformaba en toda una odisea, venciendo su timidez y ansiedad. Ahora siendo así, se volvería más complicado. La naturaleza sumisa del omega le traería más fuentes de estrés que él no pidió.
–Hay que informar a la escuela también. –Murmuró Celestino y Yuuri aguantó un gemido de frustración. – Es el protocolo a seguir para evitar situaciones extremas entre castas.
Hiroko asintió, y Yuuri se horrorizó de solo pensar en lo que enfrentaría al regresar a clases.
Aunque para él había algo más importante.
Por nada del mundo se volvería a cruzar con Viktor Nikiforov. No quería ver su reacción al saberlo omega. La cara de superioridad que se apoderarían de sus facciones al sentirse superior a él. Ese alfa no volvería a pisotear su autoestima y le demostraría que la casta omega no necesitaba ser protegida. Que no eran desvalidos y poco le importaba el que dirán de la sociedad.
Haría que todos se dieran cuenta –en especial Viktor– que no por ser omega, se había trasformado en una damisela en apuros. Sobre todo, demostraría que un omega no necesitaba de cuentos de hadas para vivir.
Yuuri todavía no comprendía que era el único en recordar aquel suceso.
Presente
New York – 05 de octubre de 2016 – Feltsman Abogados / 154 Grand Street
Viktor vio como Yuuri despertaba y se alejaba lo más posible de su presencia, una mueca disconforme apareció en su rostro y el desconcierto se reflejó en los demás. Solo Georgi comprendió lo que sucedido en esos momentos, pero prefirió guardar silencio.
La reacción de Yuuri le preocupó. Sobre todo porque el contenido del testamento le afectaría directamente y poco podrían hacer. Debió haber convencido a su tío Yakov de aplazar la lectura una semana más, sabiendo cómo era el trato de Yuuri hacia su amigo. Continuar con esto solo estresaría a ambos si el aroma de Yuuri era un indicador.
El abogado solo negó cuando Viktor hizo el amago de querer acercarse al omega que lo miraba con la incredulidad pintada en su rostro. Las cosas solo se tensarían desde aquí y dado el estado de Yuuri solo empeoraría.
–¿Puedes continuar? –preguntó Yakov mirando analíticamente al chico–. Sino, podemos aplazar esto
Yuuri asintió, incapaz de omitir palabra. No confiaba en que su voz saliera lo suficientemente segura para que le creyeran. No soportaría ver a Viktor de nuevo de ser el caso. Lo miró de soslayo, el rictus amargo en su cara le dio ganas de acercarse a él y abrazarlo, pero refrenó aquel impulso. Su omega estaba muy disconforme con su proceder.
–Bien… estamos todos reunidos para dar a conocer la última voluntad de Masato Katsuki y Petrov Nikiforov… –leyó Georgi.
–La estupidez retratada en palabras. –murmuró Yakov muy bajo, todavía no creyendo lo que esos dos viejos tontos dejaron estipulado.
–Como verán, se citó a ambas familias porque los patriarcas de cada una decidió hacer un documento en conjunto. Redactaron un testamento unificado, en el que se dice lo siguiente… –Georgi fue interrumpido.
–Primero. –Habló Yakov–. Les pido que traten de escuchar todo esto hasta el final, y después les daré las explicaciones pertinentes.
Todos asintieron intrigados por aquello.
–Nosotros, Masato y Petrov decidimos lo siguiente. –Georgi carraspeó–. Siempre han sabido que para nosotros las posesiones que tenemos no importan. Son solo cosas insustanciales. Cada quien tiene un fideicomiso que no pretendemos tocar, así como los respectivos sueldos de quienes están presentes en cada empresa. Pero las empresas nadie las heredará mientas no se concrete un matrimonio que unifique a ambas familias…
Un silencio incómodo se formó en la sala.
–Nuestro anhelo más grande se vierte aquí y pensamos que la mejor solución a ello es que los herederos de nuestros hijos sean quienes lo concreten. Cada primogénito deberá desposar al otro en un plazo no mayor de un año y otro para obtener un heredero, solo así, Toshiya Katsuki y Matvey Nikiforov tendrán pleno acceso a las fortunas. Queremos ver a nuestras familias unidas médiate un heredero.
Viktor y Mari se miraron horrorizados ante aquello. No solo por el hecho de que ella estaba comprometida con el mejor amigo del Alfa, sino también porque ellos tenían ya, una niña de cinco años.
¿Cómo le explicarían a Chris aquello? ¿Cómo le dirían a una niña que sus padres ya no se podrán casar?
–Aunque esto excluye compromisos pactados. De ser así, esta cláusula pasará a la siguiente generación.
El silencio en la sala se hizo sepulcral.
Todos aquí sabían que Mari Katsuki y Christophe Giacometti, después de saber que Larissa venia en camino, firmaron un acuerdo pre nupcial. A ese acuerdo llegaron los involucrados con Masato después de que este se enterara de lo sucedido. Al Abuelo le agradaba mucho el novio de su nieta, pero esa fue su manera de asegurarse que el chico no fuera un arribista. Si aceptaba el acuerdo, eso quería decir que amaba más a su nieta que la posibilidad de ser parte de su familia y reconocido por ello.
Nadie entendía que estaba pasando. ¿Cómo era posible que Masato y Petrov hayan redactado semejante documento? ¿Pasando a llevar las voluntades de los presentes? Ellos que siempre mostraron su descontento por la cantidad de matrimonios arreglados en su ambiente para alcanzar alianzas económicas poderosas.
Viktor suspiró aliviado ante lo dicho por Georgi, no tendría que explicarle a Chris por qué debía casarse con la chica que amaba. Pero esto no pintaba nada bien, porque el matrimonio automáticamente pasaría a Yuuri y el solo era un adolescente. ¿En que estarían pensando su abuelo y el señor Katsuki?
Por mucho que no le incomodara demasiado la idea de hacer realidad la petición.
Yuuri estaba horrorizado ante lo último. Según las palabras antes dichas, debería ser él, quien se casara con Nikiforov. ¡Por Dios! Que solo tenía diecisiete años. Ni siquiera había terminado la escuela. Él debería estar pensando en la universidad que elegiría ¡No en matrimonio!
–De no cumplirse nuestras demandas, se venderá todo patrimonio y será donado a las instituciones benéficas que cada uno patrocina.
Un balde de agua fría cayó sobre todos. Porque aquello no se trataba de mantener un estatus dentro de la sociedad. Sino de todo lo que había construido para miles de familias que estaban a su cargo.
Trabajadores de años que se quedarían sin nada si eso llegara a suceder.
–No puedo aceptar eso. –Gritó Yuuri– ¡Es barbárico! No puedo creer que mi abuelo no pensara en todos quienes trabajan en la automotora!
–Mi hermano tiene razón. –murmuró Mari–. Mi abuelo no haría algo así estando cuerdo… ¿Hay alguna manera de impugnar esto?
–Podría haberse hecho y cambiarlo por los borradores que tengo en mi poder, si los involucrados fueran tú y Viktor. –respondió Yakov–. Pero estamos hablando de una pareja Alfa/Omega; puede que la corte no tome en cuenta aquello… hay leyes que son exclusivas para las castas, y algunas no se han revisado hace años.
–Mi abuelo no habría hecho esto estando cuerdo. – dijo Ania–. ¿Qué pasó?
–Tienes razón. –dijo Georgi–, pero ellos no estaban en su juicio al momento de…
–¿Como? –preguntó Toshiya–. Si es así, ¿Por qué el testamento es legal entonces?
–¿Recuerdas que hace un año tu padre tuvo que ir a firmar unos contratos a Las Vegas? –preguntó Yakov.
–Lo recuerdo, tuvo que ir él porque otros compromisos me atraparon aquí. –respondió Toshiya.
–¿Y que Petrov fue a comprar propiedades allí? –Yakov se dirigió a Matvey y este asintió– por mera coincidencia fue en la misma fecha.
Ambos hombres le miraron asombrados.
–¿Pero eso que nos dice sobre todo esto? –preguntó Hiroko, quien estaba tratando de calmar a Yuuri.
–Quienes estaban encomendando sus respectivas salidas por la ciudad los llevaron a Las Vegas. Y como sabrán… –el abogado dejo la frase inconclusa–. El resto solo lo puedo conjeturar, porque ninguno de los dos recordaba haber realizado aquello. Y aquí es donde yo debo asumir mi parte de culpa.
–¿A qué te refieres? –Katya le miraba confundida–. Si todo eso fueron acciones de mi suegro y Masato, bien es sabido que a pesar de su edad, ellos juntos parecían niños.
–No revisé bien los documentos al parecer. Ese testamento estaba mezclado con los contratos que fue a firmar Masato, si no fuera porque hace unos meses quiso modificar el suyo para incluir a Larissa en su testamento, jamás nos habríamos dado cuenta de la existencia de esos papeles.
El entendimiento corrió por la sala. Como había dicho Katya, ellos dos juntos no se medían en nada y varias veces sus hijos eran quienes los frenaban. No es que les gustara la situación, pero ¿Qué más les quedaba por hacer?
Si la apelación que presentarían no salía como esperaban, la parte más difícil se la llevarían Viktor y Yuuri en todo este asunto. El sentido del deber era demasiado alto en ambos, así que cumplirían con aquello pensando en los demás.
No era lo óptimo, ya que como padres esperaban que sus hijos se enamoraran de alguien antes de tomar este paso tan importante. Pero la suerte ya estaba echada.
–Solo nos queda ver cómo nos va en la demanda de impugnación, o si podemos cambiarlo por los borradores que estuvieron redactando antes de morir. –dijo Matvey analizando las opciones.
–De todas maneras esto se puede tomar como una señal del destino. –Viktor intervino por primera vez–. Sin duda alguna.
Yuuri se tensó ante esto, esperaba cualquier cosa del alfa, menos que soltara palabras como aquellas. Sobre todo cuando ni siquiera habían tenido un momento para conversar a solas de ese detalle. Todavía les quedaba la opción de apelar, pero si el divulgaba esa información, no habría manera de impugnar el testamento.
–¡Nikiforov, no te atrevas! –gritó Yuuri alarmado.
–¿Por qué debería? Esto simplemente acelera las cosas. –replicó un poco dolido al ver el rechazo en la mirada de su omega.
–¿Acelerar? –preguntó Yuuri extrañado –¿Qué cosas estúpidas te estas imaginando? – cuestionó burlón– Eso jamás pasará. Todavía hay posibilidades de impugnarlo… me atengo a eso.
Viktor le miro incrédulo y se acercó a él. El adolescente solo desvió la mirada. La sola presencia del alfa lo estaba alterando, tenerlo cerca hacia eso mil veces peor.
–No puedes ocultar el llamado del destino… –Viktor acarició la mejilla de Yuuri y este solo cerró los ojos con fuerza, deseando que esto que sentía fuera solo una pesadilla.
Jamás quiso que algo así le sucediera a él, y menos con el alfa que tenía enfrente.
–Desde ahora les digo. –dijo Viktor mirando a todos–. No ayudaré con la demanda si eso me aleja de mi destinado…
Todos jadearon, ahora les hacia sentido la actitud de Yuuri momentos antes de que Viktor entrara en el despacho, su colapso y el gruñido que salió de los labios del alfa cuando Toshiya y Georgi se acercaron a ayudarlo con el omega desplomado en sus brazos.
–Entonces el matrimonio es irrevocable. –sentenció Yakov–. Ninguna ley ayuda a los destinados.
Yuuri sintió como su mundo se quebraba de nuevo gracias a Viktor Nikiforov.
Aquí de nuevo, pensaba traerle el capítulo ayer, pero me dejaron sin wifi todo el día.
Y como veo que los días de semana no funciona actualizar para mí, esperen que actualice sábado o domingo.
Si no se me olvida.
CASTAS
ALFA (α)
Petrov Nikiforov.
Viktor Nikiforov.
Jean Jacques Leroy.
Georgi Popovich.
Minako Okukawa.
Cao Bin.
Seung Gil Lee.
BETA (β)
Matvey Nikiforov.
Toshiya Katsuki.
Leo de la Iglesia.
Emil Nekola.
Yakov Feltman.
Christophe Giacometti.
Otabek Altin.
Kenjirou Minami.
Nikolai Plisetsky.
Phichit Chulanot.
Takeshi Nishigori.
Masato Katsuki.
Yuri Plisetsky.
Hiroko Katsuki.
Katya Nikiforova.
Lilia Baranovskaya.
Mila Bavicheva.
Sara Crispino.
Mari Katsuki.
Ania Nikiforova.
Yuko Nishigori.
OMEGA (Ω)
Yuuri Katsuki.
Guang Hong Ji.
Michelle Crispino.
Isabella Yang.
Como ven, las casta predominante en la historia es Beta.
Todos los personajes nombrados apareceran en mayor o menor medida.
Eso es todo por hoy
/Cambio y fuera/
Min Akane 🌸
08 de agosto de 2018.
