Antes de leer

cursiva: Flasbackak.

Negrita cursiva: pensamientos.


Capítulo 3: Rechazo.

New York 10 de octubre 2016 – Hewlett High School. /Clase de Yuuri.

Yuuri estaba ofuscado y aparentemente nada lo haría salir de ese estado.

A sus compañeros les parecía demasiado extraño, porque Katsuki acababa de perder hace poco a alguien importante en su familia y su estado de ánimo no era para nada igual al que tuviera días anteriores. O lo descrito como la conducta omega "estándar" que les fue enseñada en sus clases de biología.

Pero no irían a preguntárselo directamente, ninguno era tan valiente para enfrentarse a ese chico con el humor que se traía. Sobre todo algunos alfas en su clase. Ellos ya habían probado lo que el omega podía hacer si lo molestaban demasiado. No por nada el omega había logrado el cinturón negro en karate en tan corto tiempo. Un gran logro según quienes no sabían la razón verdadera de lograr aquella hazaña, ellos solo lo veían como la disciplina y competitividad que poseía.

Yuuri se encontraba ajeno a todo esto, solo pensaba en la solicitud de apelación que presentaría su familia en unos días para impugnar el testamento de su abuelo. Yakov ya les había explicado que aquella clausula final no fue idea de ellos, sino del tercero que firmó el documento como testigo. Fue lo único que pudieron decirle en la notaria en donde lo redactaron. Y como ni su abuelo ni Petrov se acordaban quién era y en el testamento solo aparecían sus iniciales, nada sacaban con continuar ese plan de acción. Yakov ya lo había intentado y estaba tan cerca como en el principio de hallar al responsable.

Y no le extrañaba que sucediera aquello. Después de todo, así como buenos conocidos ellos se habían ganado algunos enemigos a lo largo de su carrera empresarial. Seguramente uno de tantos aprovechó la oportunidad sin saber qué consecuencias traería aquello.

Y rumiaba su enfado, porque Viktor dejó clara su negativa de apoyarlos, y junto a él la familia Nikiforov debió restarse. Si el principal involucrado en esto no cooperaba, ellos no serían de gran ayuda.

Odiaba a Viktor, la naturaleza que fue a tener y a su cuerpo traicionero. Nunca antes le había molestado tanto ser omega.

Llegó a la primera clase que le correspondía sin contratiempos, –no se percató de que todos le esquivaron en su camino– arrojó su mochila, importándole poco el salto asustado que dio su mejor amiga. Lo lamentaba por Yuko, pero hoy no estaba de humor para ser amable con nadie.

–¡Yuuri! No me pegues esos sustos. –reclamó indignada. Él solo bufó frustrado, no viendo la mirada sorprendida que ella compartió con su novio Takeshi.

Estos se quedaron viendo unos segundos antes de que Takeshi asintiera y se fuera a su propio lugar. Yuko era mucho mejor lidiando con el estado de ánimo de Yuuri que él.

–Desembucha. –espetó, poco importándole la nula reacción de su amigo–. No quiero hacerlo por las malas Katsuki.

Este solo le lanzó una mirada molesta.

–Hace cinco días fue la lectura del testamento de mi abuelo. –murmuró escueto.

–Oh Yuuchan… –Le tomó una de sus manos–. No sabes…

–No te lamentes. –cortó el omega–. En estos momentos estoy tan enojado con mi abuelo que no he podido siquiera pensar en la pena de ya no tenerlo conmigo.

Al ver la cara confusa de Yuko, suspiró. Su amiga no se quedaría conforme con solo decirle eso.

–En el receso de almuerzo Yuko… ahí podremos hablar más cómodos y se los diré a ti y a Takeshi.

No pudieron hablar más ya que llegó el profesor.

Sin duda serían unas largas horas.


Hewlett High School. /Azotea.

Yuko estaba tan impaciente por saber que le pasaba a Yuuri, que al momento de sonar el timbre para el tan esperado receso, solo dejó que su amigo y su novio ordenaran sus cosas antes de arrastrarlos hacia la azotea de la escuela.

El único lugar que sabían era el más privado que podrían encontrar para tener una charla tan importante.

Intuía que necesitarían toda la privacidad posible.

Yuuri ya se esperaba un movimiento de ese estilo de su amiga. Habiendo compartido años con Ania, algunas manías se le habían pegado. Y sobre todo siendo Yuko una chica que se sabía todas las primicias de todo el High School. Sí, eso no debía sorprenderle para nada.

Llegaron al lugar y buscaron un lugar que los protegiera del viento que corría en ese momento.

–Me puedes explicar ¿Por qué he sido literalmente arrastrado a este lugar? –preguntó Takeshi confundido.

–Detalles… –desestimó Yuko, con su mirada clavada en Yuuri.

–Como te dije antes, hace cinco días fue la lectura del testamento del abuelo. –contestó con un suspiro–.Nada salió como pensábamos.

–¿A qué te refieres? –cuestionó la chica extrañada.

–No solo estuvimos nosotros, sino también Ania y su familia.

Takeshi y Yuko compartieron una mirada, sopesando las palabras adecuadas para seguir con la conversación. Yuuri al ver el gesto, solo bufó.

–Sí, "él" también estuvo allí. –resopló con desdén–. Pero no estamos desviando de lo importante aquí…

–Sin duda el abuelo Masato era muy unido al patriarca Nikiforov. –Takeshi no comprendía el detonante del mal humor de Yuuri, si bien encontrarse con el alfa después de poco más de dos años evitándolo. No lo veía para esa reacción–. No me extraña que las familias se hayan reunido.

Yuuri solo se le quedó viendo un tanto molesto.

–No, no es extraño. –corroboró–. La situación de por qué fue, si…

La cara de confusión de sus amigos aumentó aún más, cada quien analizando la información que recibieron y esperando lo que diría.

–Deja los rodeos y habla ya –pidió Yuko impaciente–, presiento que esto será grande.

–Como no tienes idea… –Yuuri se acomodó mejor en su sitio y fijó su vista en el cielo–. Tenemos un gran problema, y nada podrá cambiar lo que mi abuelo y Petrov estipularon en el testamento.

–Nos estas asustando, –Takeshi observando mejor a su amigo se dio cuenta de tenia ojeras muy grandes.

–Si no se logra anular ese documento… deberé casarme con Viktor Nikiforov

–¡¿QUÉ?! –gritaron al unísono los novios, impactados.

–¡Ustedes se odian! –puntualizó Takeshi–. ¿Cómo es eso posible?

–No nos odiamos… solo me molesta su… sola presencia, y de Viktor no tengo idea. –el omega se pasó una mano por la cara–. En cuanto a cómo sucedió eso es algo complicado.

–¿Qué tan malo es? –preguntó Yuko.

–Hace un año Petrov y mi abuelo coincidieron en un casino en las Vegas. Se encontraron, se pasaron de copas y llegaron con un testamento de vuelta a New York.

–¿Como? –cuestionó Takeshi–. ¿Podrías explicarte mejor?

Yuuri vio como sus amigos no estaban entendido nada, suspiro. Trató de pensar en las palabras que ocuparía. Porque sus amigos no necesitaban enterarse de todo lo que encerraba esa cláusula de matrimonio.

–No sé qué razón los motivó a entrar a una notaría dentro del casino, pero al final terminaron formalizando un documento que valía como testamento… Bien sabido es por todos que ellos eran inseparables. –la tristeza se reflejó en su cara–. Solo quisieron hacer eso más permanente con la unión de sus herederos.

–Pero… si ese es el caso, Mari debería ser la comprometida ¿no? –dijo Yuko.

–Si, pero ella y Chris firmaron un acuerdo. Recuerda que eso fue lo solicitado por Masato al enterarse que estaba esperado un bebé. –contestó Takeshi–. Y a eso suma a Larissa. Dudo que Nikiforov haya siquiera considerado la posibilidad de casarse con tu hermana.

–Exacto… –afirmó Yuuri–. Eso la excluye. Pero el testamento estipulaba que si eso no podía ser, pasaba a la siguiente generación. De haber estado Viktor casado o comprometido eso pasaría a Ania y a mí, lo cual es incompatible siendo yo omega. Habría pasado a Larissa y algún hijo de ellos… pero como no lo está, nos vemos en este embrollo.

El silencio se instauró entre ellos. Ninguno quiso cortarlo por temor a que las palabras fallasen. Tanto Takeshi como Yuko estaban al tanto de la animosidad que sentía Yuuri contra Viktor, desde infantes que eran amigos. Siendo ellos quienes escucharon las primeras quejas sobre el alfa. Sabían de la huella que un escueto encuentro entre ellos, había marcado a su amigo. Y el cambio que sufrió en su personalidad por ese hecho.

Eran años de recelo y molestia contra Viktor, y esta situación traería problemas para solventar una relación cordial entre ellos.

–¿Qué harás? –preguntó Takeshi.

–Si mi padre junto a Yakov no pueden anularlo… deberemos cumplir con lo estipulado.

–¡No puedes! –gritó Yuko– No serán felices…

–Es eso o perder todo. –respondió Yuuri–. Y con ello, muchas personas quedarían sin empleo.

–Es injusto. –se lamentó la chica–. ¿Crees que se pueda hacer algo? –preguntó esperanzada.

–Será casi imposible lograr algo. – manifestó Takeshi, y el omega asintió.

–¿Cómo puedes estar seguro de ello? – dijo ella con el ceño fruncido–. Yuu-chan todavía puede librarse de ello.

–Piensa Yuko. –le amonestó su novio–. Siendo quienes son, es poco probable que la corte falle a su favor. Sobre todo porque Nikiforov no se sumará a la demanda.

–No comprendo…

–Somos un apareja Alfa/Omega. –contestó Yuuri. –Todos sabemos que hay leyes que solo conciernen a nuestras castas.

Yuko asintió pensativa, recordando sus clases de ciudadanía. En ellas les explicaron que si bien había leyes generales para todos, sin importancia de tu segundo género, había unas que solo concernían para alfas y omegas. Y no es que fuera por prejuicios, sino más bien debido al índice poblacional de estas castas.

De una pareja conformada por un alfa y un omega, raras veces nacían hijos betas, a no ser que fueran del sexo puesto (padre omega gestando una niña o viceversa), ese hijo o hija podría ser alfa o beta dependiendo de la pareja del omega en cuestión. Siendo así, estas castas eran muy codiciadas por los gobiernos a pesar de ser la minoría (Solo el treinta por ciento de la población) Era por ello que algunas leyes, que venían de décadas pasadas y no fueran muy duras, eran inamovibles para ellos.

A no ser que ocurriera la excepción de ser destinados, un caso extraño dentro de las castas. Para ellos no valían las leyes. Debían comprometerse porque una vez encontrados, dejaban de ser compatibles para los otros géneros y sus hijos solo nacían omegas o alfas. Y la sociedad buscaba eso.

Al final, todo se trasformaba en un juego político.

–Y no es solo por eso… –murmuró Yuuri–. Según Yakov, el caso está perdido, solo será una mera formalidad.

–¿Cómo puede ser tan pesimista? –preguntó Takeshi molesto, ¡estábamos hablando de la vida de su amigo!

–No es eso. –replicó–.¿Recuerdan que desde que me presenté como omega no había visto a Viktor? –les cuestionó.

Yuko observó a su amigo, y un nudo se instaló en su estómago. ¿Qué tan descabellado podría ser aquello que se formaba en su mente?

–No me digas que… –fue interrumpida.

–Somos destinados.

Los novios se dieron cuenta que nada salvaría a Yuuri de ese matrimonio.


Manhattan – 14 de octubre de 2016 – Empire State Building /Oficinas Katsuki Company

Matvey seguía a la secretaria que lo guiaba a las oficinas de Toshiya. Mera formalidad, habiendo recorridos miles de veces ese pasillo. Así como en su momento sus padres fueron grandes amigos, ellos eran como hermanos. Solo se separaron unos años cuando él se fue a Rusia y después regresó con esposa e hijo. Sin duda aquellos años no enfriaron su amistad para nada y Katya se hizo muy amiga de Hiroko con el tiempo.

Pero ahora, todo aquello peligraba gracias a Masato y su padre. Llegaron y Toshiya inmediatamente se acercó para darle un abrazo.

–No son las circunstancias por las cual me gustaría visitarte, pero no hay de otra. –murmuró Matvey al separarse de su amigo.

–Créeme, lo sé. –contestó, haciendo gestos para que tomara asiento.

–Lamento interrumpir tu trabajo, pero es necesario que hablemos. –dijo y Toshiya asintió.

–He hablado con Yakov al respecto y está viendo como solucionar las cosas. –murmuró el japonés.

–¿Cómo está Yuuri? –preguntó Matvey preocupado.

No había caso de preguntar por Viktor. Todos sabían que desde que reconoció al chico como su destinado andaba inmerso en una nube rosa. Matvey solo veía a su hijo en la inmobiliaria y era difícil estar cerca de él, parecía derramar corazones por donde pasaba. Era entendible, después de todo encontrar a tu destinado era algo improbable.

Por otro lado, a Yuuri si le había afectado. Si bien jamás comprendió esa animosidad al ver a Viktor, era de perfecto conocimiento que al omega le disgustaba su heredero. Hecho que se corroboró aún más a la negativa de este de estar compartiendo espacio con Viktor después de la presentación de su casta.

Pero para él era preferible así. Los medios no les dejarían en paz cuando se enteraran, la diferencia de edad era notoria y aunque las castas se vieran beneficiadas en algunas cosas, eso no los salvaría de la polémica y los comentarios malintencionados. El haber crecido con un padre alfa le abrió un poco los ojos a lo que representaba aquello, aunque no lo entendiera del todo, pero no todo el mundo tenía esa comprensión.

Si bien a ellos no les importaba la prensa, estos no serían benevolentes ahora, mucho menos lo hubieran sido con un omega recién presentado de quince años. El estrés ocasionado por eso sería muy malo, ya que era bien sabido que los primeros meses después de la presentación, los omegas se volvían extremadamente sensibles.

–"Aunque si ellos hubieran convivido antes, esto no estaría pasando" –Matvey sacudió la cabeza. De nada le servía pensar eso ahora, las cosas eran como eran y solo les quedaba recurrir a la única salida que tenían. No deseaban imponerle nada a sus hijos.

Además, así Viktor y Yuuri tendrían más tiempo para relacionarse. Siendo destinados, el matrimonio sería a lo que llegarían eventualmente en un futuro.

–Está mejor. – Toshiya lo sacó de sus pensamientos–. Después de lo ofuscado que salió del despacho, creí que sería más complicado calmarlo –murmuró pensativo–, pero después de llegar a casa y casi destruir su habitación al completo, se calmó.

Matvey hizo una mueca. Yuuri se caracterizaba por ser alguien calmado y centrado la mayoría del tiempo –no por nada era el mejor de su promoción, tapándole la boca a todos sus compañeros alfas–, pero cuando el temperamento le ganaba, era peor que una fiera.

Por más que le preguntó a Viktor que había hecho para ponerlo así, algo obvio viendo su cara golpeada y su rengueo al caminar, este no le dijo nada.

–¿Crees que Yakov pueda hacer algo? –preguntó– Sabes que no lo digo por el tonto de mi hijo, esta encantado con la idea que no se ha puesto a pensar en lo que significa para Yuuri, murmurando idioteces cada tanto… sino más bien por tu hijo.

–Lo dudo Matvey –Toshiya dijo serio–. Si bien la apelación se hará a pesar de la negativa de Viktor de sumarse… los del juzgado querrán que se sometan a estudios para ver la compatibilidad –se pasó una mano por el cabello–. Y todos sabemos qué arrojarían esos exámenes.

Dos suspiros frustrados escaparon. En el predicamento que lo habían puesto sus padres.

–Lamento tanto no poder ayudarlos…

–No te preocupes, es comprensible su reacción. Me extraña la de mi hijo. –respondió el japonés–. Solo me queda confiar en que el lazo como destinado pueda hacer feliz a mi hijo. –murmuró Toshiya desolado–. En estos momentos es lo único que mantiene mi esperanza viva.

Eran conscientes de que el comienzo sería bastante complicado, sobre todo tomando en cuenta lo analítico que era Yuuri al respecto. Él hasta ahora no creía en ese cuento de los destinados, y estaba reacio a aceptarlo como tal. Pero ellos vieron actuar el lazo ese día.

No por nada eran sus padres y conocían a sus hijos.

Por más que trataron de enmascarar las caras de ansiedad que los consumió a estar tan cerca, no pudieron. O el espiarse de soslayo cuando creían que nadie los veía. No pudieron ocultarlo de ellos.

–Esperar… –suspiró Matvey–. Que difícil es hacerlo cuando la felicidad de ellos está en juego.

Toshiya no tuvo como rebatir aquello.


New York – 17 de octubre de 2016 – West Village / Casa Katsuki.

Llevaban un buen tiempo realizando su trabajo, pero tanto Yuko como Ania le tenían los nervios de punta. Yuuri juraba que si no dejaban de mirarle de esa manera, explotaría. Cuando sintió que la presión era demasiada para su ya alterado malhumor, decidió intervenir.

–¿Podrían dejar de crisparme los nervios? –cuestionó a sus dos amigas–. Quiero terminar este proyecto hoy, por cierto.

Las dos chicas se ruborizaron, incómodas.

–Perdón Yuu… –murmuró Ania–, pero desde hace días que no te veo de buen humor y estoy preocupada.

–Lo mismo digo. –comentó Yuko.

Yuuri suspiró. Si no las calmaba no podrían terminar el bendito trabajo en paz. Habían pasado casi dos semanas desde lo del testamento, y si bien estaba soportando un tanto de presión extra, podía controlarla si ellas no lo estuvieran mirando de esa manera. En sí, su situación actual no era la principal causa de su irritación, sino lo que pasó después de la lectura.

–"No debí aceptar quedarme a solas con él" –pensó Yuuri– A decir verdad, no estoy tan molesto con lo que ha pasado. –dijo pensativo–. Después de todo nuestros abuelos eran humanos, y como tales, propensos a equivocarse. Además los dos sabemos que se colocaban cuando bebían demasiado –miró a Ania–. El problema fue no saber que andaban sueltos en Las Vegas, supongo…

Las chicas quedaron en silencio, analizando sus palabras.

–Entonces ¿Por qué estas de tan mal humor? –preguntó Ania.

Yuuri se sonrojó. No quería recordar aquello y mucho menos pensar en el causante de su molestia. Ambas chicas se le quedaron viendo extrañadas.

–Sabes… todavía no me dices porque saliste tan apresurado del despacho de Yakov. –dijo Ania–. El golpe que le diste a mi hermano no se desvanece del todo ¿sabes? Y han pasado muchos días.

Yuko clavó sus ojos anonadados en Yuuri. Algo extremo tuvo que suceder si su amigo usó los conocimientos de karate que poseía para eso. El omega se ruborizó completamente.

–Ah… eso.

–Sip. –replicó la menor de los Nikiforov–. Se nota que se lo plantaste bien, el color tardo en desvanecerse.

–Yuu-chan ¿Qué ocultas? –preguntó Yuko–. Jamás harías algo así sin justificación.

Yuuri se quedó allí, mirando a sus amigas sopesando si era buena idea contarles. Bufó, tanto si se los decía como si no, seguirían incordiando con el tema. Tenía que dar gracias a que por lo menos, Takeshi no se encontraba con ellos.

–Bueno… eso fue… –se estremeció al recordar el hecho– tu hermano… –Ania le miró intensamente a la mención de él–. Viktor… él… me besó.

–¡¿QUEEEEEÉ?! –gritaron las dos chicas al unísono.


¿Qué tal?

Espero que les haya gustado el capitulo de hoy.

Como ven, es lunes, y prometi que actualizaria el fin de semana, lo siento por eso pero realmente mi memoria de Dory reluce mucho ultimamente. Y eso que me acordaron ayer temprano de que debia actualizar 😓

Pregunta: Hasta el momento ¿Qué les parece la historia?


Curisidades: Viktor.

Familia.

De Matvey no es necesario hablar, ya conocen a su padre Petrov y de donde proviene el apellido Nikiforov.

Si leyeron anteriormmente mis curisodiades, se daran cuenta que Katya Nikiforova, la madre de Viktor era antes una Plisetsky (y si nos vamos al agregado ruso hacia los apellidos para mujeres seria Plisetskaya).

Nikolai Plisetsky es el padre de Katya, por lo tanto, Viktor, Ania y Yuri son primos.

Amigos.

Chistophe Giacometti, Jean Jaques Leroy y Viktor Nikiforov se conocieron desde pequeños ya que asistieron a los mismos colegios, con el tiempo se les une Georgi Popovich, quien es el sobrino de Yakov Felstam.

En sus años universitarios, primero se suma al grupo Cao Bin. Lo trajo J.J, ambos estudian periodismo y a Otabek Altin lo encuentran en una fiesta universitaria donde fue contratado como Dj. Con el tiempo también se une a ellos.

El único que tiene pareja es Chris, quien tiene una relacion hace siete años con Mari Katsuki y una hija de cinco años, Larissa. No se casarán hasta que Mari salga de la universidad.


Eso es todo

/Cambio y fuera/

Min Akane 🌸

20 de agosto de 2018.