Antes de leer
Cursiva: Flasbackak.
Negrita cursiva: pensamientos.
Capítulo 4: Impulsos.
.-.-.-.-.
Yuuri estaba impaciente y Viktor no se dignaba a pronunciar palabra alguna. Después del chasco que se llevó con el testamento de su abuelo, lo único que deseaba era llegar a casa y dormir. Pero ahí estaba el alfa, deteniéndolo de lo que era su propósito.
Su humor se agrió mucho más, en lo que llevaba de mañana nada había salido como lo esperaba y no ayudaba que su omega se mostrara ansioso por complacer el pedido de Viktor y estar cerca de él. Más que nunca odiaba la naturaleza dócil de su casta. Al ser destinados, prácticamente saltó ante la posibilidad de compartir unos minutos más con "su alfa".
–¿Te quedarás parado observándome o hablarás? –espetó Yuuri ya cansado de ese mutismo.
–No, solo… –Viktor tragó–. No sé qué decir. –dijo sincero.
–Entonces puedo marcharme. –respondió el omega viendo su vía para salir de la habitación.
–¡Espera! –Viktor tomó al adolescente de la muñeca, los dos temblaron ante el contacto.
Yuuri se alteró y quitó su mano bruscamente del agarre del alfa, mirándole mal.
–No vuelvas a hacer eso. –murmuró peligrosamente–. No te tomes atribuciones que no te corresponden.
–Pero… somos destinados. –replicó Viktor sin entender.
–Claro, y eso te da todo el derecho de hacer lo que quieras ¡Oh, gran alfa! –ironizó Yuuri–. No nos vemos desde hace más de dos años Nikiforov.
Viktor hizo una mueca, el omega volvía a emplear ese tono resentido al llamarlo. Jamás entendió que le hizo para merecer ese trato.
–¿Por qué siempre eres así? –preguntó el alfa–. Por lo visto es solo conmigo…
–No necesito explicarte nada. –espetó el omega.
–Insisto.
Se quedaron observando intensamente. Viktor necesitaba entender todo lo que sucedía con Yuuri. Quería saber las razones de su trato para con él.
El menor de los Katsuki siempre le intrigó. No tenía idea de lo que pudo suceder para que la personalidad cándida que tuviera de niño se convirtiera en la que era ahora. La última vez que lo vio antes de su paso correspondiente a la milicia fue en casa de su abuelo, derrochando ternura. Para la siguiente, él ya era alguien recatado y tranquilo, rayando en lo introvertido. Y qué decir de sus encuentros, lo trataba fríamente cuando era imprescindible hablar con él o no podía esquivarlo.
En esos tiempos no comprendía la fascinación por el niño.
Ahora tenía su respuesta.
Su alfa reaccionó al pequeño niño aunque este estuviera a años de presentarse.
Yuuri no podía creer la desfachatez de este sujeto. No solo olvidó aquel encuentro que fue tan trascendente para él, sino que también esperaba que lo iluminara al respecto.
–Realmente eres un bastardo. –Yuuri escupió las palabras–. Haces daño y ni siquiera eres capaz de acordarte de ello.
Viktor le miró confundido. Parecía que estuviera hablando en frecuencias diferentes porque no entendió nada del mensaje.
–Si fueras tan amable de explayarte… – murmuró.
–Ah… o sea que no solo traumatizas a niños, sino que también olvidas que lo has hecho –espetó el adolescente molesto–. Que conveniente ¿no?
Ahora sí que estaba totalmente perdido. ¿Qué tenía que ver aquello con su actitud con él?
–No entiendo de que me hablas. –respondió.
–Sabes… la última vez que te vi con admiración fue a mis siete años. –Yuuri le miró con el ceño fruncido y Viktor se sorprendió–. Yo quería ser como Petrov, y siendo tú con quien más compartía debido a Ania, cuando te presentaste como alfa eso reafirmó mi deseo.
–¿Y eso que tiene que ver con tus esquinazos hacia mí? –preguntó Viktor, Yuuri le lanzó una mirada ácida.
–Para ustedes fue fácil olvidar ese día. Pero no para mí. –replicó molesto– Jamás me importaron las burlas en mi escuela por querer ser alfa cuando creciera… pero el hecho de que una de las personas que admiraba lo hiciera, me destrozó.
Viktor quedó sin palabras. Visto así el hecho se veía terriblemente mal, no se imaginaba lo que había sido para la mente infantil de Yuuri.
–Ya… eso explica tu cambio de actitud, pero no que te desparecieras de mi vista por dos años.
–¿Todavía no te entra Nikiforov? –Yuuri inconscientemente se acercó–. Tú te burlaste de mí por mi deseo y años después resulto ser un jodido omega ¿Dónde me deja eso? –le preguntó.
El alfa le miró estupefacto. Si seguía esa línea de pensamiento significaba que Yuuri tenía prejuicios contra su propia casta.
–No puedes hablar en serio. –le recriminó.
–Claro que lo hago. –el omega se alejó y comenzó a pasearse por la habitación–. Serlo fue un golpe bajo para mí en ese entonces.
–¡Solo estas lleno de prejuicios! –Viktor estalló, molesto–. Aun siendo un omega los ves… te ves cómo alguien inferior.
–¡No he dicho eso! –gritó Yuuri–. Soy capaz de hacer de todo, como cualquier ser humano, mi segunda naturaleza no es impedimento para ser quien quiera ser.
–Pues no parece. –le picó Viktor–. Con tus palabras solo me demuestras a un ser con trabas y prejuicios bastante estúpidos.
–¡No me puedes decir eso cuando tú eres un alfa! Ustedes también están tan llenos de prejuicios sobre las castas como toda esta sociedad. –atacó el adolescente–. Por lo menos tu tenías a Petrov para enseñarte ¡En mi familia todos son betas! Además, ¡Tuve que soportar que mis compañeros alfas descerebrados, quisieran sobrepasarse conmigo! Hasta que les dejé bien claro que con los omegas no se juega.
Viktor gruñó ante lo último, nadie tenía derecho a hacerle pasar malos ratos a "su omega".
–¿Y eso que tiene que ver conmigo? –el alfa no entendía como una conversación que el pretendía fuera tranquila, se había trasformado en esto.
–Eres un alfa. Si te burlaste en el pasado, nada te impide hacerlo de nuevo. –argumentó Yuuri–. Solo previne eso alejándome de ti.
–Eres tan… –el alfa no sabía que decirle.
–¿Que? –increpó Yuuri.
–¡Idiota! Yo jamás haría eso. –espetó Viktor molesto.
–¿Y qué me lo aseguraba? –el adolescente estaba frenético, su omega aullaba por mostrarse más dócil ante su alfa, pero el jamás fue como los demás, no se doblegaría ante nadie, y menos ante Viktor.
–¡Me conoces desde que naciste! ¡Era obvio! –se acercó a Yuuri y le tomó de la muñeca. Muy pocas veces su alfa interno se alteraba, pero que SU destinado estuviera cuestionando su moralidad, le ofuscaba.
–¡Suéltame! –el omega intentó zafarse del agarre, pero Viktor era mucho más fuerte.
–Oh, no lo creo…
–Me irritas… –exclamó Yuuri en un tono molesto, sus niveles de estrés estaban llegando a su límite, algo que fue notado por el alfa.
–Lo mismo digo.
–¡Vete al infierno! –espetó el omega furioso.
–¡Con mucho gusto! –gritó Viktor antes de acercarse más a Yuuri y besarlo con rabia.
Yuuri se quedó estático, sin saber cómo reaccionar. Hasta que comenzó a forcejear para liberarse, y Viktor solo atinó a apresarle ambas muñecas y estamparlo contra la pared más cercana.
El adolescente se desesperó, pero su omega poco a poco fue cediendo, eufórico por este acto. El aroma de Viktor le aturdía y no le dejaba actuar con libertad… se sentía humillado; ser esclavo de sus instintos no era para nada grato. Sobre todo por estar permitiendo –en parte– que lo sometieran a voluntad.
Por ser destinados este alfa tenia demasiado control sobre él.
Viktor soltó las muñecas de su omega y lo aferró por la cintura, no quería soltar a la criatura que se estremecía entre sus brazos, soltando jadeos por la falta de aire. Se aventuró un poco más mordiéndolo.
Yuuri sintió como unos dientes abusaban sus labios indiscriminadamente y gimió. Cuando una lengua trataba de adentrarse en su boca, reaccionó horrorizado por permitir aquello. Con una fuerza que no sabía que poseía –más que nada por la ira que sentía– le propinó un rodillazo en la entrepierna, seguido de uno en su quijada, agradeciendo sus clases de autodefensa que tomó por petición de su abuelo.
–¡No vuelvas a hacer eso en tu vida Nikiforov! ¡EN TU VIDA! –gritó el omega antes de salir hecho una furia de la oficina.
El muy maldito le robó su primer beso real.
.-.-.-.-.
–¡Mi hermano se merecía eso y más! –espetó Ania enojada–. ¡Eso fue barbárico!
–Lo odio. –murmuró Yuuri–. Me reconcilié con la idea de ser como soy, había aceptado mi condición como omega, después de todo es un parte de mí… pero ahora… –dijo apenado.
Las palabras no dichas le dolieron a los tres, porque todos aquí sabían del acoso que sufrió Yuuri por culpa de alfas con el orgullo herido. Y si bien este no era el caso, esta dualidad de pensamiento entre él y su omega lo estaba matando. No quería comenzar a odiar lo que su abuelo tan amablemente le ayudó a aceptar.
Ania quería ir donde su hermano y golpearlo un poco, para ver si así le entraba algo de sentido común ¿Cómo se le ocurría asaltar a Yuuri de esa manera?
–Solo hay que esperar a que las cosas se resuelvan a tu favor. –Yuko todavía no quería dejar morir la esperanza de que todo se anulara.
–Ya lo hablamos, eso no se hará. –Yuuri estaba consciente de que nada se resolvería en el juzgado. No solo por sus castas, sino por quienes eran. La fama precedía a ambas empresas a nivel mundial. Un arreglo de esta envergadura beneficiaría a la economía del país–. Deberé casarme con Nikiforov antes de un año. –afirmó.
–Pero… sabes que a pesar de no estar de acuerdo con la anulación él no te obligará a casarte sin quererlo. –Ania quiso tranquilizarlo.
–Es cierto Yuuchan. –murmuró Yuko–. No creo que los señores Nikiforov lo hagan, menos tus padres.
–No importan las pérdidas que ello nos genere, se puede volver a empezar. –dijo Ania pensativa.
–No solo se trata de eso. –contestó Yuuri–. Estamos hablando de quienes están a cargo de nosotros… de las empresas y algo mucho más grande. –las muchachas no comprendieron aquello–. No es el legado que dejaron nuestros abuelos Ann. –Yuuri lucía todo lo calmado que podía estar al decirlo, lo había analizado hasta el cansancio–, sino de todas aquellas personas detrás de él. Nosotros podríamos reponernos, pero y ¿los trabajadores? Ellos tendrían que ser despedidos al disolver todo. Y muchos de ellos llevan años trabajando para cada firma y ya pasaron la edad óptima de contratación.
Entonces las chicas entendieron el peso que Masato Katsuki y Petrov Nikiforov pusieron en los hombros de Viktor y Yuuri.
No sería fácil y mucho menos grato formar una relación que era inexistente. Pero tendría que hacerlo, porque Yuuri no dejaría a nadie a la deriva por un deseo tan egoísta. No sería ni el primero ni el último en efectuar unas nupcias arregladas dentro del círculo social por el cual se movían.
Ania al mirar a su amigo pensó que el ser destinado solo les complicaría aún más las cosas, sabiendo cual era la perspectiva de cada uno respecto al tema.
Manhattan – 24 de octubre de 2016 – Oficinas Dom&Zhizn` / One World Trade Center
Christophe Giacometti cuando aceptó esa gira que lo mantendría alejado durante un poco más de un mes de su prometida e hija, solo pensó que lo único que lamentaría era ausentarse de las salidas al parque y el placer que le ocasionaba ir a buscar a Larissa a la escuela. Después de mucho cavilar y gracias a la intervención de Mari, decidió que era una tremenda oportunidad para su carrera.
Jamás pensó que no podría estar ahí para Mari y la pequeña en los momentos dolorosos que vivieron.
Fue un shock tremendo enterarse que Masato y Petrov habían sido participes de un accidente mortal, y por más que trató de volver cuanto antes a Estados Unidos para confortar a su novia e hija, o siquiera escuchar despotricar a Viktor –su mejor amigo– no pudo largarse de Australia como era su intención. Por más que peleó, insultó y amenazó a los encargados, la respuesta siempre fue un rotundo "No".
Le dolió no poder consolarlos más que por llamadas de Skype o telefónicas, pero era eso o perder su trabajo. Y a pesar de que su familia era acomodada, no todos se apellidaban Nikiforov o Katsuki para prescindir de una fuente de ingresos. Tenía que trabajar para vivir y con una hija de cinco años, quedar sin empleo no era una opción. Sobre todo cuando recién comenzaba en la industria y de a poco se hacía renombre entre el ambiente del modelaje y la alta costura.
A veces se preguntaba como Toshiya y Hiroko lo dejaron seguir con su hija y comprometerse con ella después de dejarla embarazada cuando ella solo tenía veinte años y recién comenzaba su carrera. Sabiendo que él en esos momentos no tenía nada sólido para su novia siendo solo un simple beta estudiante de fotografía.
Sus suegros valían oro.
Aunque eso no era lo que le traía a la inmobiliaria de los Nikiforov a solo cuatro días de haber llegado a casa, sino el enterarse de la otra parte del chisme que Mari le contó a su regreso sobre el testamento de quienes hasta hace un mes, fueron los cabecillas de los emporios Katsuki y Nikiforov.
Era un chismoso, lo sabía. No podía decir nada en su defensa excepto que debido a su entorno laboral se le acentuó esa vena cotilla que tenía ya desde antes. O quizá Jean le pegó eso después de comenzar sus prácticas en ese programa de farándula.
Creía que debía hacerle una advertencia a su querido amigo. Después de todo, solo le bastó una hora en la casa de sus suegros, para darse cuenta que su adorable cuñado actuaba muy raro. Sabía que Yuuri era introvertido en cuanto a sus asuntos se trataba y estaba sujeto a demasiado estrés, pero lo que vio rallaba en lo inverosímil. Y pensaba que cierta situación que Mari no supo cómo explicarle tendría respuesta si interpelaba a Viktor.
Tenía la marca Nikiforov por donde se viera.
Tocó aquella puerta de cristal recibiendo las señas de Viktor al reconocerlo. Entró a la oficina y abrazó a su amigo de toda la vida. Se le notaba desanimado y un poco pálido. Lo encontró extraño.
–¿Cómo te encuentras? –preguntó aun abrazado a Viktor.
–Saldremos de esta. –murmuró el alfa–. Solo me gustaría que los inversionistas soltaran un poco la soga.
Chris hizo una mueca. A esos carroñeros poco le importaba la situación que estaban viviendo como familia, mientras pudieran sacar un pedazo de ello.
–¿Y tu padre? –cuestionó al percatarse de que no lo vio al dirigirse a la oficina de su amigo.
–Ha quedado en casa –respondió Viktor–, después de funeral casi se tomó una botella de vodka el solo. Eso le ha afectado bastante por lo que no viene siempre, Celestino y mi madre lo tienen bien regañado por eso… Y lo prefiero así. Si yo siendo alfa he tenido que lidiar a diario con problemas a causa de los inversionistas, no me imagino la que le armarían a mi padre.
Viktor hizo un gesto para que tomara asiento mientras él preparaba algo de beber para ambos. Ya intuía como se llevaría a cabo la conversación, no por nada Chris había venido a la oficina importándole poco el horario laboral siempre ajetreado en la inmobiliaria.
–¿Cómo están Mari y Larissa? –preguntó el alfa–, desde la lectura de testamento que no las veo.
–Aunque ambos sepamos que no te interesa como están… te puedo decir que Yuuri se ve bastante retraído. –replicó Giacometti–, no sé qué le has hecho pero eso lo tiene al parecer, bastante trastornado.
–¿Qué te hace pensar que pude hacerle algo? –Viktor frunció el ceño.
–Vamos Vitya, aquí ambos sabemos que de todos quienes conocemos a Yuuri, eres el único que jamás lo vio como un simple amiguito de tu hermana a pesar de llevarse varios años.
–¿Y crees que no me sentí como un pedófilo al pensar de ese modo? ¿De un niño que me lleva diez años? –le espetó–. Creo que si no fuera porque Yuuri me rehuía como la peste, hubieras visitado a tu amigo en la cárcel. –se carcajeó sin humor.
Chris le miró con tristeza. Jamás se esperó que todo aquello que Viktor hablara sobre Yuuri fuera cierto. Y que ellos no tomaran en cuenta lo que ocultaban esas palabras.
–Lo que decías siempre ¿era en serio? –cuestionó y su amigo asintió.
–Tomando en cuenta las circunstancias… –Viktor quedó pensativo–, ahora comprendo mucho y es mejor esta situación que haberle saltado encima cuando tenía quince.
–¿De qué hablas? –preguntó Chris extrañado.
–¿Mari no te lo dijo? –al ver la negativa de su amigo el alfa resopló, eso era típico de ella–. Yuuri y yo somos destinados…
–¡¿Qué?! –gritó Giacometti conmocionado.
–Lo que oyes. –contestó Viktor–. Jamás esperé encontrarlo y aquí me ves, con un omega que aparentemente me odia.
–Oh amigo, aparentemente no. Yuuri en verdad te odia. –se carcajeó Chris, viendo el ceño fruncido del alfa–. ¿Cómo fue que no te diste cuenta antes?
–Creo que mi alfa lo intuía. –dijo pensativo–. No por nada esta fijación por él ha durado tanto… además, recuerda que después de su presentación no volví a ver a Yuuri. –sus ojos se ensombrecieron–, hasta hace unas semanas.
Christophe captó el ambiente, y decidió que era momento de ponerse serios.
–¿Qué pasará ahora?
Todavía recordaba lo que Mari le dijo sobre el testamento. De la suerte que pudo correr al no tener ese acuerdo pre matrimonial firmado. Si bien en ese momento lo vio como la manera de demostrarle a Masato que el amor por su nieta era verdadero, ahora agradecía aquella acción, pero eso no cambió que se sintió muy mal cuando el alivio lo embargó al saber que el acuerdo de compromiso había pasado a Yuuri.
–La demanda para anular el testamento fue presentada por los Katsuki y Yakov. –respondió–. Mi padre y Toshiya todavía albergan esperanzas, pero yo sé que esto es solo un mero trámite.
Chris asintió comprendiendo el significado de aquello. No solo estaba el obstáculo que sus familias eran reconocidas económicamente, sino que también que la relación que se pretendía anular al impugnar el testamento era alfa/omega. Si a eso le sumábamos los exámenes que revelarían su condición de destinados al ver la compatibilidad…
De nada serviría, si se acogía la demanda, solo les daría más tiempo a ellos para hacerse a la idea de comprometerse en un futuro. Después de todo, una vez encontrabas a tu destinado, dejabas de ser compatible con alguien más. Tu cuerpo solo aceptaría el de tu pareja.
–Pues como el cuñado de Yuuri que soy –murmuró Chris–. Te advierto que lo trates bien y no te propases, muy su alfa serás, pero él todavía es un adolescente que no entiende muchas cosas.
Al ver el ceño culpable y el imperceptible sonrojo de Viktor, le miró mal.
–¿Qué hiciste Nikiforov? –preguntó.
–¿Puedo fingir demencia?
–No. –replicó Chris–. Dime ahora qué le hiciste a Yuuri para que su comportamiento haya cambiado. –demandó–, no sabes lo preocupado que están sus padres y Mari… prácticamente tuvieron que reemplazar todo el contenido de su cuarto y soportal el mal genio de su hijo. Ellos creen que en cualquier momento el estrés que está sufriendo puede llevarlo al colapso.
–Yo… –el alfa carraspeó– Yo lo besé.
–¡¿QUÉ TU HICISTE QUE?! –gritó el beta enojado– ¡Tu bastardo impulsivo!
–¡Ay! Fue solo un simple beso –se defendió Viktor.
–¡Para ti, idiota! –le amonestó–¿Se te ocurrió preguntarle a Yuuri si había besado a alguien antes?
El alfa hizo una mueca y gruñó irritado de solo pensar que alguien hubiera tomado esos labios antes que él. Hasta que se dio cuenta de un detalle.
–¿Fui el primero? –preguntó casi eufórico, recordando los movimientos inseguros de Yuuri al momento de besarse.
–Depende… ¿Qué tipo le diste?
–Fue uno arrebatador. –de solo recordar la intensidad de ese beso, el alfa suspiraba queriendo repetir la experiencia.
–Sí, de ese tipo ja…
–¡Hubo otros entonces?! –Viktor cuestionó enojado.
Christophe guardó silencio, no era él quien le correspondía contar esas experiencias de Yuuri. No cuando aquello se quedó guardado entre ellos, como un secreto.
–De todas manera… Yuuri jamás había besado a alguien. –cambió el tema–, y los dos aquí sabemos que los omegas son bien sensibles respecto a aquello, lo quieran o no. Aunque mi cuñado diste de ser un omega convencional, eso igual se aplica a él. Está en su naturaleza.
Viktor quedó en shock después de aquello… eso era demasiado bueno para ser verdad.
–Quita esa sonrisita estúpida de tu rostro y dime como sucedió todo. –pidió Chris.
–Mmm… –el alfa organizó los dispersos detalles que se le quedaron–. Realmente ni yo entiendo cómo pasó. –dijo confundido–. Solo recuerdo estar discutiendo con él, pero mi alfa se sentía irritado con eso. En un arrebato lo besé para que se callara y dejara de recriminarme.
–"Valla instintos se gastan estos alfas… por lo menos fue un beso y no un golpe" –pensó Chris.
–Igual pagué con creces aquello –murmuró Viktor– Cuando reaccionó, no solo le bastó con golpearme en la cara si no que uno fue directo a mis partes nobles.
Giacometti después de esas palabras solo pudo largarse a reír escandalosamente. Imaginarse a alguien tan menudo como Yuuri golpeando a Viktor, quien le sacaba fácil como quince centímetros de estatura, rallaba en lo hilarante.
Y se sintió orgulloso, ese movimiento se lo enseñó él, para que nadie más pudiera hacerle daño por no poseer la fuerza necesaria para enfrentarse a ellos.
–Merecido te lo tenías –espetó riéndose–. Solo espero que a la próxima puedas controlarte mejor. –dijo serio.
–Esperemos… –Viktor suspiró–. Pero no lo sé. No sé qué es lo que pasa, pero con Yuuri no puedo controlarme. Mi alfa simplemente me arrebató el control e hizo lo que quiso. No sé qué pueda pasar más adelante.
–Si lo dañas te mato. –Afirmó Christophe–. Lo sabes ¿cierto? Me prometí que nadie pisotearía el orgullo de Yuuri de nuevo. Por muy amigo mío que seas, planeo cumplir eso.
–Lo sé. –Viktor asintió sin entender.
–Más te vale. –dijo Chris antes de retirarse.
Cuando pudo ver a su amigo desaparecer por el pasillo, Viktor se acercó hacia la ventana donde podía observar todo Manhattan, pensando.
Para él fue muy difícil aceptar que le gustó desde mucho tiempo antes de darse cuenta. Se sintió un maldito pedófilo, pues en ese tiempo Yuuri tenía catorce años y no se había presentado. Además de ser un masoquista si lo meditaba, por el trato que recibía del chico.
Esa bola de nieve creció demasiados años sin que se diera por enterado. Aun sabiendo que eran destinados ahora, no cuestionaba sus sentimientos creyéndolos el causante de lo que guardaba. Pero reconocía que eso no sería igual para Yuuri. Si llegaba a decírselo en algún momento ¿Qué le impediría al omega creer que solo era su instinto hablando?
Al comprender lo que eran, él también se lo planteó dudando de lo que sentía. Pero había pasado demasiados días reflexionando, por lo cual se dio cuenta que sus sentimientos por Yuuri iban más allá que una mera atracción de sus castas o de su estatus como destinados. Y eso le desestabilizó. Si ya se sentía de aquella manera cuando nunca tuvo un contacto directo o ameno con Yuuri ¿Qué pasaría ahora que obligadamente tendrían que convivir?
Además ¿Cómo hacer que Yuuri viera sus sentimientos como algo verdadero y sin la venda de su título como "destinados"?
Curiosidades:
Estudios: Viktor, Georgi, Cao, Jean, Chrisphe, estudiaron en "Dalton School" queda en Upper East Side.
Universidad:
Viktor, estudio Arquitectura en la Universidad de Columbia, y ademas tiene una maestria en Diseño Arquitectonico Avanzado.
Georgi, estudio para abogado igual en la Universidad de Columbia.
Jean Jaques, estudio Periodismo en la Universidad de Fordham y ademas posee una maestria en Artes y Medios Públicos.
Christophe, estudio Fotografía en el Fashion Institute of Technology (FIT) y posee un postitulo en Presentación Visual y Diseño de exposición.
Cao Bin, estudio Periodismo en la Universidad de Fordham y posee un postitulo en Grado de Locución.
Otabek estudio Música en la Universidad de New York (NYU) posee una maestria en Música y Tecnología, ademas de perfeccionar su técnica como DJ con variados cursos.
Perdoón la demora, un resfrio me Botó en cama y recin hasta ahora pude sentarme en mi computador a subir el capitulo.
Ya la siguiente entrega de esta historia, espero que les haya gustado y nos veremos en otra actualización.
/Cambio y Fuera/
Min Akane
01 de septiembre de 2018.
