Antes de leer

cursiva: Flasbackak.

Negrita cursiva: pensamientos.


Capítulo 05: Encuentro.

New York – 10 de noviembre 2016 – Feltsman Abogados / 154 Grand Street

Yakov les había llamado a su oficina. Después de semanas esperando la resolución, está por fin estaba dictada y en manos del abogado.

Viktor a pesar de no hacerse parte de la demanda, era uno de los involucrados así que debió asistir. Lo hacía con una presión en el pecho, porque a pesar de que estaban todos seguros que esto no resultaría, la incertidumbre estaba sembrada en sus cabezas. Y si esa ínfima posibilidad daba a favor de Yuuri, el alfa solo tendría que hacer que el adolescente lo aceptara de alguna manera.

Al llegar pudo ver que solo Yuuri estaba en el lugar –aparte de Georgi, pero en este caso no contaba– lo cual le extrañó, se suponía que Toshiya lo acompañaría, el mismo se lo había dicho. Es más, estaba contando con eso para que su alfa no se inquietara al tenerlo tan cerca.

–"Que conveniente es tener a alguien a quién culpar… aunque estos sean mis propios instintos" – pensó–. Buenas tardes… –murmuró conteniendo un gruñido al ver como Yuuri se acercaba a Georgi al escucharlo hablar.

–Hola Vitya –saludó el abogado, nervioso.

El adolescente solo asintió en reconocimiento.

–¿Tu padre? –preguntó Viktor mirando intensamente al omega. Yuuri se removió incómodo.

–Hablando con Yakov. –dijo escueto.

Un pesado silencio se instauró en la oficia. Yuuri aparentando que Viktor no existía, doblegando sus ansias de acercarse para calmarlo y el alfa fulminando a Georgi, quien solo sonreía forzosadamente.

Menos mal que las partes faltantes no tardaron en hacerse presente.

A Yuuri solo le bastó ver la expresión de su padre para entender que el resultado no era favorable. No le extrañaba, pero aun así un nudo se formó en su garganta.

Ante la certeza de que en menos de un año, estaría casado con Viktor Nikiforov.

–Yo… –tragó grueso–. Creo que te esperaré en el auto papá. –informó antes de salir precipitadamente de la sala.

Viktor hizo amago de seguirlo, pero la mano en su hombro de Toshiya lo disuadió, el pobre solo negaba con un gesto de resignación.

–Todos sabíamos el resultado de esto aunque albergáramos las esperanzas. –susurró bajo–, mi hijo comprende… solo dale tiempo para que lo asimile mejor, Viktor.

El alfa quedó taciturno ante lo dicho, analizando su comportamiento.

–Quizá si me hubiera sumado a la demanda…

–No. –negó Yakov–. Nada cambiaría. Por ser quienes son y su naturaleza. Estrategia política estándar, lástima para ustedes que quedaron atrapados en medio de un juego de poder. Creo que ni sus abuelos pensaron en esto.

Viktor le miró sin entender.

–Es un tanto injusto que nuestra casta y nuestro alcance económico sea lo que nos coarte la oportunidad de elegir.

–La cual perdieron al momento de encontrarse –Habló Georgi–. No entiendo porque ahora estás haciendo berrinche cuando por lo menos, eras el único que lo deseaba.

–Puede ser, pero estoy pasando a llevar el derecho de Yuuri de decidir algo. De poder decir cuándo, cómo y porqué hacer esto. Siento que le estoy imponiendo a mi omega todo esto y no es un sentimiento agradable. –replicó Viktor, recién sintiendo el peso de lo que sus abuelos habían firmado sin saber.

–La unión de ambas firmas puede que traiga un realce a la economía, eso es lo que les importa a ellos, –dijo Yakov molesto–. Y ya expusieron su parecer al rechazar la demanda. Ahora solo nos queda ver cómo hacer todo esto sin que ustedes salgan perjudicados.

–Sus castas fueron la condena… a ellos solo les interesa el poder que pueden adquirir con su matrimonio, nada más. –Georgi se sentía mal por su amigo, jamás esperó que todo esto se saliera de sus manos– Lo único que puedo decir es, lo siento.

El joven abogado jamás se esperó que las cosas resultaran de esta manera.

–Después del matrimonio podrán hacer los arreglos necesarios para que todo funcione tal como está, –dijo Toshiya–, pero solo después de la concepción de su hijo o hija, podrán hacer esos arreglos permanentes, como albaceas del heredero de ambas firmas.

–Todo esto se trata del poder adquisitivo a nivel país. –informó Georgi. –Siendo los exitosos empresarios que fueron Masato y Petrov, que no te quepa duda que las hienas trataran a todo momento de llevarse una tajada –se pasó una mano por la cara–, pero mientras no se enteren de la debacle interna que se originó con el testamento, no le veo el problema de poder seguir tal cual estamos.

–Entonces tenemos dos años o menos para ver cómo arreglar este enredo. –dijo Yakov pensativo–. Algo se nos ocurrirá.

Viktor se desplomó en una silla cercana, abrumado por todo esto. No solo debía lidiar con un compromiso arreglado en donde una de las partes estaba poco dispuesta a realizarlo, aunque fuera obligatorio, sino que también lidiaría con personas molestas.

Como harían que los reporteros no se enterasen de todo esto si cuando se anunciara el matrimonio ellos andarían escarbando cualquier cosa que les sirviera para hacer un escándalo.

Tendría que hablar con Jean y Cao para que lo ayudaran con esto.

–¿Y que hay con el derecho tuyo y de mi padre como hijos de ellos? – le preguntó a Toshiya.

–Somos betas… –respondió sereno–, siempre estuvimos conscientes de que cuando ellos fallecieran se nos vendrían un par de problemas con los accionistas. Sonará mal pero su compromiso nos quitará ese peso de encima.

Viktor se desordenó el cabello. Bien que no había prestado la atención necesaria a los aspectos legales, por estar embobado con Yuuri en la lectura del testamento.

Esto le parecía demasiado.

Siempre esperó heredar la Constructora inmobiliaria de su padre. Y lo peor era para Yuuri porque prácticamente le arrebataba la posibilidad a Mari de heredar la compañía automotriz.

–Se nota que mi abuelo y Masato no estaban en sus cabales al firmar ese chiste de testamento –Viktor suspiró.

–En el estado etílico que debieron encontrarse, esto claramente les pareció una humorada. –Yakov intervino–. Pero ya está hecho y no podrá deshacerse, solo queda continuar.

El silencio reinó nuevamente. Cada quien pensando en lo que venía y en el papel a asumir una vez que una parte de esto saliera a la luz pública.

–¿Qué sucedido con F.G? –Preguntó Toshiya–. ¿Has podido identificarlo?

–Estamos en punto muerto. –Georgi se apresuró a decir–. La notaría no puede revelarlo a menos que el testigo quiera ser encontrado.

–Mi sobrino tiene razón. –murmuró Yakov–. He estado investigando a algunas personas que tuvieran altercados con ellos, pero todavía no encuentro a alguien con esas iniciales en su nombre.

–¿Sería factible contratar a un detective? –preguntó Viktor, y Georgi le miró alarmado.

–Eso no sería posible por el momento –El abogado mayor contestó–. Estoy tramitando una solicitud que nos pidió Yuuri. Después deberemos comenzar con los acuerdos pre-matrimoniales. Estarán muy ocupados de aquí en adelante tú y Yuuri.

–Además un detective puede levantar sospechas en ciertos sectores. –Georgi continúo–. Pueden llegar a conclusiones precipitadas.

–¿Qué les ha pedido mi hijo? –preguntó Toshiya intrigado.

–Documentos de confidencialidad para quienes vieron su caso en el juzgado –respondió.

Tanto Viktor como el padre de Yuuri asintieron en comprensión. Después de todo, ya se habían visto casos en donde información delicada se filtraba desde los tribunales. Muy acertado el hacerlos porque había detalles que eran preferibles que quedaran fuera de la prensa. La reputación de Masato y Petrov se verían un tanto perjudicadas y estando sus muertes recientes, seria doloroso ver aquello en los medios.

Saliendo del despacho de Yakov, Viktor recordó un detalle que se le pasó por completo al estar inmerso en la conversación. Masculló un insulto y salió disparado hacia el auto de Toshiya.

–¡Espere! –gritó a segundos de que el vehículo arrancara.

–¿Qué sucede? –preguntó el beta bajando la ventanilla.

–Disculpe… Yuuri –murmuró Viktor y el omega se tensó–. Me preguntaba si podrías darme tu número. –pidió.

Yuuri le miró de reojo antes de suspirar y hablar.

–Puedes pedírselo a Ann. –dijo y le pidió a su padre que avanzara, dejando a Viktor solo en el estacionamiento de edificio.


New York – 15 de noviembre 2016 – Casa Katsuki / West Village.

Yuuri se estaba arreglando para salir, pero después de ver casi todo su vestuario, nada le convencía.

Tomó un par de prendas al azar y se las midió. Suspiró frustrado por no encontrar que colocarse.

Sintió unos toques y al voltearse y vio a su hermana parada en la puerta

–¿No deberías estar en la universidad? –preguntó el omega extrañado.

–Debería decir lo mismo. –contestó Mari–. A estas horas estarías tomando tu clase de idiomas junto a tus amigos.

–Pedí el día libre a Minako. –murmuró incómodo.

–Mamá dijo que irías donde Viktor ¿es así?

–Si…

–¿Iras solo? –preguntó la chica intrigada.

–Si…

–¿Estás seguro? –cuestionó Mari preocupada–. La única vez que los dejamos solos, Viktor terminó con una extraña cojera.

Yuuri se ruborizó ante esto. A nadie de su familia le dijo que ocurrió aquel día, solo a la única parte de sus amigos que podría entenderlo.

–Solo iré a entregarle la invitación a mi cumpleaños por petición de mamá –expresó el adolescente–. ¿Qué podría pasarme?

Claramente los dos sabían, aunque no lo dijeran, que podrían pasar muchas cosas. Yuuri porque sabía que sus instintos tendían a revelarse con Viktor cerca y Mari porque nadie le quitaba de la cabeza que algo ocurrió ese día en la Lectura del testamento. La mirada enigmática que le dio Chris al preguntarle se lo confirmó.

–Dímelo tú –objetó Mari– Tu solito irás a meterte en la boca del lobo.

Desde que la demanda no fuera como lo esperaban la mayor de los hermanos Katsuki estaba bastante inquieta. Muy en el fondo guardó la esperanza de que todo pudiera solucionarse y el testamento quedase impugnado, pero nada ocurrió como se lo imaginó.

Las leyes no eran muy condescendientes con los alfas y omegas, aun estando en una sociedad moderna.

Agradecida haber nacido como alguien común aunque lo sucedido a su hermano la llenara de culpabilidad.

–No tienes por qué sentirte así, hermana. –dijo Yuuri a través del espejo–. Puedes culpar a cualquiera menos a ti.

–¿Cómo soportas una presión así? No me involucra directamente y me siento fatal. –dijo la chica.

–Sentido de la responsabilidad, supongo. –contestó Yuuri–. Simplemente lo acepté. De nosotros no solo depende el legado de ambas familia, sino que también todos los trabajadores que son parte de ese legado. Viéndolo así, un matrimonio es tan solo el mal menor de todo esto.

–Tienes la mente de un anciano. –murmuró Mari tratando de disimular cuanto le afectaron estas palabras.

Ella estaba segura que de estar en los zapatos de Yuuri, jamás hubiera hecho ese sacrificio. Aunque Chris y Larissa no estuvieran involucrados.

–¿Otra vez con eso? –Yuuri la miró mal–. Solo soy práctico.

Mari solo lo observó unos momentos antes de estallar en carcajadas. Su hermano podría decir lo que quisiera, pero ella no era tonta. La bondad que poseía era ilimitada.

Se percató del gesto frustrado de Yuuri al dejar de reír. Recién ahí se dio cuenta del estado de la habitación.

–¿Por qué parece que pasó un tornado por aquí? –preguntó.

–No encuentro que ponerme. –respondió el omega desalentado.

–¿Estas escogiendo que ropa usar? –cuestionó Mari.

–Si ¿Algún problema? –dijo desdeñoso.

–¿Para ir a la casa de Viktor Nikiforov?

Yuuri al darse cuenta de ese detalle, se sonrojó furiosamente. ¡Maldito omega y sus instintos! Lo hacía actuar sin pensar. Ni siquiera se había cuestionado lo que estaba haciendo, inconscientemente dejó que su naturaleza omega se revelara.

Mari no podía parar de reír. A pesar de las circunstancias, ver a su hermano en ese predicamento le calentó el corazón.

Después de su presentación, supo de inmediato que Yuuri jamás seria el omega típico. Tanto su carácter como visión del mundo eran atípicas para integrarlas en la concepción de lo que un omega debía ser según la sociedad. Y se alegraba por eso, su hermano nunca dejó que su casta lo condicionara o intimidara.

Una almohada en su cara la sacó de su ensoñación.

–¡Vete de una vez! –gritó Yuuri.

Ella solo se rio una vez más antes de cerrar la puerta.

Cinco minutos después se oyeron los pasos de Yuuri por las escaleras.

Hiroko, quien estaba ayudando a su nieta con unas tareas en la cocina, sonrió. Mari ya le había platicado sobre el pequeño predicamento de su hijo.

–¡Ya me voy! –se oyó el grito desde el vestíbulo.

Y la señora Katsuki solo rogó para que la visita saliera bien.


New York – Departamento de Viktor / 432 - Park Avenue.

Viktor estaba un poco inquieto.

No. si era honesto consigo mismo, esa palabra no reflejaba el estado en el cual se encontraba.

Pero no podían culparlo cuando hace dos horas recibió una llamada de Yuuri diciéndole que iría a si departamento porque debían hablar.

Desde ese día en el despacho de Yakov, habían comenzado un tentativo canal de comunicación mediante whatsapp. Aunque este solo fuera recibir monosílabos o frases cortas por parte del omega. Se asombró bastante al recibir la inesperada llamada.

Poco le importó que su madre lo fuera a ver aprovechando que su hijo tenía su día libre en la empresa. Su mente andaba en cualquier lugar menos en el presente, después de escuchar la voz de Yuuri a través del celular.

No sabía que podría querer hablar, pero aquello era lo de menos. Con tenerlo en su espacio era más que suficiente para él. Después del desastroso primer acercamiento –por el cual ya se había disculpado mediante la aplicación de mensajería–, necesitaban realmente una conversación decente.

–Cariño, por más que mires la vereda no verás nada. Vives en el piso 38. –murmuró Katya al ver como su hijo trataba de distinguir algo entre los puntos que pasaban por el lugar.

–¡Lo sé! Pero estoy tan ansioso que no sé qué más hacer. –contestó Viktor pasándose las manos por el cabello–, no quiso decirme a que vendría.

–No será nada alarmante Vitenka. Tranquilízate –le reprendió la mujer.

–Mamá ¿qué querrá? –dijo preocupado el alfa.

Katya, quien sabía por su hija que Yuuri iba a invitarlo a su fiesta de cumpleaños, solo sonrió en respuesta. Seguramente vendría a eso.

Se alegraba que el chico estuviera dispuesto a pasar por todo este circo que montaron Masato y su suegro, algo a destacar cuando solo era un adolescente; tomar tal responsabilidad en sus manos…

Por otro lado, se alegraba de ver como la cara de su hijo se iluminaba a la sola mención de Yuuri, sin atisbo de amargura. Eso la tranquilizaba. Ya lo había comentado con Hiroko, las dos sabían –a pesar de ser betas– que todo esto saldría bien. Instinto de madre. Aunque no le quitaba que todo sería difícil. Mal que mal el comienzo de su historia era algo singular, y su estatus como destinados solo agravaba en demasía lo que estaban viviendo. Tanto para su amado Viktor, como para Yuuri. El reconciliar sus experiencias de vida, con lo que sucedía seria complejo.

Sobre todo cuando todo esto lo harían con los preparativos de una boda concertada por dos viejos borrachos. Ella no se engañaba. Sufrirían, y bastante… pero solo los sentimientos que nacían de la convivencia diaria, harían que este matrimonio surgiera. No había amor, pero estaba esperanzada de que este pudiera nacer cuando el adolescente se diera cuenta de cómo era Viktor en realidad.

Que no era como la mayoría de los alfas con los que convivía en la escuela.

Sonó el timbre y Viktor se petrificó mirando a su madre aterrorizado. Katya solo rio de lo infantil que podía ser su hijo a sus 27 años.

–¡Yo abro! –dijo jocosa acercándose a la puerta.

Cuando lo hizo, pudo observar la expresión pensativa del pequeño frente a ella.

–¡Tía Kat! –murmuró el omega cohibido.

–Hola Yuuri. –se quitó de la puerta–. Viktor está en la sala…

El adolescente asintió y se dirigió hacia el lugar donde la madre de su amiga le había indicado. Al entrar, encontró a Viktor viendo por la ventana. Al sentirlo, se giró; la expresión en su rostro era ilegible pero el aroma delataba lo extrañado que se encontraba con su visita.

–Eeh… hola. –susurró Yuuri tímidamente.

–Es bueno verte. –murmuró Viktor escueto. Le hizo señas para que se sentara y tomó el lugar a su lado.

El omega se incomodó, no esperaba ese acercamiento repentino. Mucho menos poder oler ese aroma tan cerca otra vez.

–Bien… tú dirás. –el alfa le miró tan intensamente que tuvo que desviar la mirada.

–Esto… verás… –Yuuri se trabó, tragó saliva e intentó calmarse–, he venido a entregarte esto. –dijo sacando algo de su mochila.

Viktor observó curioso la tarjeta que le entregaban hasta que la leyó. Ahí se emocionó. Que Yuuri lo quisiera en su fiesta de cumpleaños era un paso para su inexistente relación.

–Mi mamá me dio la idea. Puede parecer una nimiedad pero creo que podría ser un buen comienzo expresó vacilante.

–No minimices el gesto –objetó el alfa–. Estaré encantado de asistir.

Se quedaron en un incómodo silencio hasta que Viktor decidió romperlo,

–Creo que te debo una disculpa…

–Sí, me la debes –corroboró Yuuri.

El alfa solo le miró, no esperaba esa respuesta. Carraspeó apenado.

–Ese no es para nada mi comportamiento habitual… no sé qué me sucedió ese día. –declaró.

–Eres un alfa –rebatío Yuuri– Para mí, ese es un comportamiento esperable.

Viktor le miró molesto, hasta que unas palabras de Chris de hace unos días, calaron en su mente Yuuri ya ha tenido bastante de alfas y betas estúpidos, no te sumes a mi lista.

–No sé con qué clase de tipos de has topado antes, pero déjame decirte que no soy como ellos. –argumentó. Al ver como Yuuri alzaba una ceja en signo de incredulidad solo suspiró. Aquello sería más difícil de lo que esperaba.

–No puedo creer eso cuando te me lanzaste sin contemplaciones. –replicó el adolescente–. ¿Acaso es algún tipo de costumbre tuya el besar a alguien sin preguntarle?

–¡Claro que no! ¡No soy un acosador! –reclamó Viktor. –Todo fue llevado a que somos destinados… además, me correspondiste.

Yuuri frunció el ceño.

–Ah, claro… eso lo soluciona todo ¿no? –respondió el omega enojado.

–No, pero… –a un ademán de Yuuri, Viktor se calló.

–No me interesa eso del destino y bla, bla, bla.

–¿Por qué? –preguntó el alfa curioso–. Cualquier omega estaría alegre de estar en tu lugar. – dijo sin pensar y se arrepintió en el acto.

Yuuri le lanzó una mirada asesina.

–Tú no lo entiendes…. Nadie lo hace. –dijo abrumado.

–¡Explícamelo! –Viktor enarcó una ceja, odiaba esta actitud de Yuuri, el querer negar lo que estaba sucediendo entre ellos. – ¿Cómo siquiera esperas que te entienda si no me lo dices?

–Jamás esperé encontrarte –estalló Yuuri–. ¡Jamás quise encontrarte!

Ese fue un tremendo golpe bajo para Viktor.

–Somos destinados ¿Cómo puede decir eso? –preguntó alarmado –Se supone que estamos hechos el uno para el otro… fuimos bendecidos al poder encontrarnos…

–Por favor, eso es mucho más infantil que los cuentos de princesas de mi sobrina. –rebatió Yuuri y el alfa le miró incrédulo.

–Cuentos o no, eso es lo que sucede aquí Somos las mitades del otro ¡Almas gemelas! ¿Por qué reniegas de eso?

–No te amo –expresó Yuuri sin emoción–. Odio lo que provocas en mí; odio sentirme atraído hacia ti, odio que mi cuerpo reaccione a tu cercanía. ¡Odio que mi raciocinio se vaya al carajo por tu culpa! –espetó con toda la furia que fue capaz de reunir– No tolero ser inconsciente de mis acciones cuando invades mi espacio personal.

–Y planeas culparme de todo eso –se mofó Viktor– ¡Son nuestros instintos! Yo no controlo eso.

Sus aromas se intensificaron, demostrando que estaban bastante cabreados. Esta situación era muy estresante.

Yuuri solo pensaba. Viktor en un arrebato ya le había robado su primero beso real –por mucho que odiara sentirse impotente por algo tan pequeño–, además… dentro de unos cuantos meses le quitaría otra cosa. Algo que jamás pensó en entregar de esta manera tan bizarra. Y no decir que tendría que llevar la marca que incuestionablemente lo señalaría como suyo. Se atarían para siempre. Mucho más de lo que ya lo hacían siendo solo destinados.

En estos momentos odiaba haber refrenado los avances de Sara al presentarse como omega (realmente la casta en ese sentido le importaba un pepino), pero estaba tan empecinado en demostrarle a Viktor –quien estaba totalmente inconciente del hecho– que un omega podía triunfar como cualquier alfa; que no le tomó importancia cualquier avance romántico de alguien.

Irónicamente, la vida de Yuuri había girado en torno a Viktor desde su niñez.

–"Pude haber experimentado con ella todo esto pero, ¿No sería mucho peor esta situación si estuviera involucrada? Aunque al menos Sara tendría todo lo que este idiota obtendrá de mí" –pensó el adolescente desalentado.

–Quizá si nos hubiésemos visto después de tu presentación, las cosas serían diferentes. –Viktor suspiró al ver como Yuuri fruncía el ceño–. Pero tú te escurrías como el agua…

–Nos habríamos evitado una escena muy vergonzosa en la lectura del testamento –murmuró el omega para sí.

–Mira, soy consciente de que todo esto sale de lo normal. –dijo el alfa, pasándose la manos por el cabello–, pero es lo que hay... y el ser destinados nos facilitará algunas cosas

Yuuri hizo una mueca. Le molestaba que Viktor siendo el adulto aquí, se la pasara nombrando eso. Sobre todo él siendo alguien lógico y práctico en todo sentido.

También le fastidiaba que, viendo el porcentaje poblacional de alfas y omegas y que las probabilidades de encontrar a tu destinado fueran por demás escasas; les hubiera tocado justo a ellos dos.

Y a él, a quién poco le importaba aquello.

–Aunque lo sigas repitiendo, eso no hará que me simpatices más, Viktor. –dijo desdeñoso–. Que importa ser destinados si ninguno se ama.

Viktor solo le mandó una mirada que le confundió.

–Creo que lo primero que deberías hacer es dejar los rencores atrás. –murmuró el alfa–. Todo ese embrollo sucedió hace diez años.

–A ti no fue a quién le machacaron sus sueños sin misericordia, pedazo de idiota. –respondió Yuuri–. ¿Cómo crees que me sentí al ser un omega después de tus palabras?

Viktor no recodaba nada de aquello y eso le frustraba. Si tan solo supiera las palabras exactas que le dijera a Yuuri de niño, entendería el resentimiento que este le guardaba hace mucho. O al menos le daría la chance de poder defenderse y no sentirse culpable cuando lo mencionaba.

En esa época todavía poseía la arrogancia típica de los alfas después de su presentación. Algo que le costó mucho desaparecer de su personalidad. Seguramente en ese tiempo le pareció irónico que alguien tan adorable como Yuuri de niño quisiera ser un alfa y no lo expresó de la manera correcta.

Por eso había tenido a un niño u adolecente a la defensiva desde entonces. Hasta verlo desaparecer totalmente de su visión cuando su casta se reveló.

–¡Lo lamento! –replicó Viktor molesto–. No fue mi intención ¿vale?

–Eso no quita que…

–¡BASTA! –gritó el alfa, sobresaltando a Yuuri–. Si seguirás crucificándome por eso, es mejor que dejemos esta conversación hasta aquí.

Viktor se dio cuenta que era muy pronto para que una interacción entre ellos no detonara en una discusión sin sentido.

–¿Qué? –Yuuri estaba atónito–. ¿Me estas echando?

–Si así te lo tomas, pues sí –respondió.

–No puedes hacer eso –rebatió el adolescente. Su omega aullaba lastimeramente al sentirse rechazado.

–Puedo y lo haré. –dijo exasperado el alfa.

Viktor lo jaló con demasiada fuerza cuando trató que Yuuri se levantara del sofá. Este se estrelló contra el pecho del Alfa desestabilizándolos a ambos, cayendo al piso. El omega a horcajadas de Viktor.

Solo se observaron unos instantes antes de que el embriagante aroma del otro se colara por sus fosas nasales.

Eso les hizo perder toda estabilidad mental que tenian.

Viktor sujetó al omega y le besó sin pensar en siquiera refrenar el impulso que llevaba teniendo desde que vio aparecer a Yuuri.

Se besaron, no tan abrumante como el primero y esta vez la participación del adolescente fue instantánea. Viktor se enderezó y pegó a Yuuri más a su cuerpo, quien por respuesta le cruzó los brazos por el cuello.

Esta vez el alfa pidió permiso para adentrarse en la boca de Yuuri, lo que le fue concedido sin miramientos. Escuchó como un gemido salió de esos labios al comenzar a jugar con la lengua del omega, Viktor sonrió sin darse cuenta.

No supieron cuánto tiempo estuvieron así, devorándose ambos. Tratando de aguantar con el escaso aire que les quedaba.

Cuando se oyó un estruendo de vasos quebrándose es que Yuuri se separó asustado del alfa, agazapándose en un lateral de sofá.

El omega vio a la asombrada Katya, quien les miraba con sus ojos bien abiertos. Solo atinó a recoger su mochila y salir disparado de la casa sin siquiera despedirse.

En el pasillo, apretó el botón del ascensor frenéticamente, aliviado y desilusionado por no tener a Viktor tratando de alcanzarlo. Cuando se halló en la seguridad del elevador, botó todo el aire que estaba conteniendo, estupefacto.

–¡Malditos instintos! – gruñó para sí.

En el departamento, Viktor fue ayudado por su madre a levantarse del piso y dejado en el sofá.

Katya al ver la expresión obnubilada de su hijo, solo suspiró. Buscaría algo para limpiar el desastre que dejó antes de charlar con él.


No tengo nada que decir.

Mi tardanza no tiene perdón

Espero que les haya gustado.

/Cambio y fuera/

Min Akane.

01 octubre 2018.