Orihime Inoue
Un niño pequeño de pelo naranja y ojos color chocolate estaba abrazando a su hermana mayor que se encontraba en cama. El Niño acariciaba el brazo de su hermana.
-. Debes levantarte hermana, hoy es ese día - le dijo su hermano moviéndola levemente, la chica se giró y le sonrió a su hermanito haciéndolo sonrojar.
-. Lo sé Ryu, gracias por despertarme - acarició su mejilla y El Niño salió disparado del cuarto.
Orihime se quedó en su cama boca arriba, su teléfono estaba en su mano y la alarma en el sonaba. La apago sin siquiera mirar y luego estrujó sus ojos color plata. No quería pararse de allí, era sábado. Tenía dolor abdominal, ganas de vomitar y se sentía exhausta. Respiro profundo y se sentó en la cama. Estaba segura de que iba a llegar tarde si seguía posponiendo su separación de su cómoda cama.
Ya en el baño tomó una píldora para el dolor y la trago sin agua, iba a morir si el dolor continuaba. Mientras se bañaba empezó el efecto de la pastilla lo que agradeció mentalmente. Su periodo se había adelantado y en el peor momento. Sabia que se pasaría con esos dolores todo el día -en menor intensidad por la pastilla- y un poco irritable.
Salió de su casa con una manzana en los labios y a penas y llego al lugar a tiempo. Al entrar todos los niños del lugar la abrazaron y cuando la liberaron fue a su encuentro con el dueño de ese lugar. Un hombre de una perfecta melena castaña, bastante alto y unos ojos color azul cielo, tenía una expresión perezosa y la miraba algo divertido.
-. Buen día Starrk-San - saludó ella.
-. Orihime ya te he dicho que me llames Coyote - le repitió a la chica, ella se sonrojó ante esto y cuando iba a responder apareció una niña de al menos 15 años, delgada con el pelo verde lima muy pálido y ojos color rosa.
-. ¡Ori-Chan tardaste! - dijo La Niña abrazándola por atrás, era la hermana menor de Starrk, o al menos eso decían ellos.
-. Lo siento mucho Lilynette - se disculpó y cada quien se separó, los tres tenían cosas que hacer y aún faltaban los que grabarían el comercial.
Orihime jugaba con algunos niños y a lo lejos veía a Coyote y a Lilynette. El hombre de aproximadamente 30 años estudió con su hermano mayor en la infancia, infancia que fue dura. Pasó de casa adoptiva en casa adoptiva y en una de esas conoció a Lilynette. A ninguno los adoptaban y eso los hizo más unidos, no son hermanos de sangre pero en su corazón si lo eran. El adoptó a la pelo verde cuando tuvo la edad legal y así no permitiría que nadie más le hiciera daño, de igual forma ella lo cuidaba a él que en ocasiones metía la pata por estar de perezoso. Eran feliz uno al lado del otro, tal vez ninguno de ellos conoció a sus verdaderos familiares pero la vida les regaló hermanos.
Gracias a todo eso que pasaron habían puesto su propia casa adoptiva, por ahora era pequeña y solo tenían a unos 9 niños pero crecería, tendría más niños y estos niños serían adoptados, Orihime estaba segura de eso y ayudar a Coyote y a Lilynette era como su proyecto personal.
Alguien tocó la puerta y eran los encargados del comercial, Coyote presionó un botón quitando el seguro de la puerta para así poder abrirla.
Entraron tres hombres y Orihime reconoció a dos con los que ya había trabajado antes en otras cosas de la empresa de su familia y al tercero lo reconoció de la escuela, era el chico de hermosos ojos color esmeralda.
Rápidamente todos tomaron su lugar, se disculparon por llegar tarde y pusieron en orden algunas ideas que tenían para el comercial. Aquella casa de adopción era prácticamente nueva, anteriormente habían trabajado con ellos por otros refugios de animales que Coyote tenía. Era su primer proyecto con personas.
Todo estaba en su lugar, Orihime no pudo evitar sentirse mal así que le indicó a Starrk que se iría a su oficina y este le pasó la llave, sabía lo sensible que era la chica.
Al cabo de un rato alguien tocó las puertas, Orihime le indicó que pasara sin alzar mucho la voz. Era el chico de hermosos ojos y por alguna razón que ella desconocía tembló al verlo.
-. Starrk quiere el sobre del segundo cajón - dijo inexpresivamente, Orihime se mordía el labio mientras rebuscaba el sobre. -Gracias - respondió y se marchó.
Orihime pasó el tiempo intercambiando mensajes con su novio.
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Estaba del brazo de su padre, un hombre de cabello castaño y ojos grises. Estaban en un evento de caridad al cual ella le había insistido ir con todo su ser, lo único malo era que se cansaba de estar sonriendo y saludando a todas las personas que su padre conocía.
-. Hola Inoue - saludó alguien a su padre, ambos se giraron y vieron dos caras conocidas para la chica.
-. Hola Sōsuke, ¿ese es tu hijo? - preguntó el padre de Orihime viendo al chico de ojos verdes.
-. Así es, Ulquiorra Cifer. - explicó el hombre que giró su vista a Orihime.- Pequeña princesa, mira que grande estás.
-. Dice eso cada vez que me ve - dijo sonrojada, Sōsuke Cifer era amigo de su padre hacía tiempo y acostumbraba a verlo en compañía de su esposa o de su hija Tier. Pero no sabía que tenía un hijo.
-. Hijo, ¿podrías cuidar a la señorita Orihime mientras su padre y yo hablamos? - sugirió y el pelinegro asintió. Le extendió el brazo como todo un caballero a la chica de hermoso cabello y ella lo tomó temblando.
¿Por qué se ponía así cerca de él?
La guió hasta el jardín, el estaba harto de saludar personas y dedujo que ella también. Estuvieron un rato en silencio.
-. Que hermosa noche... - dijo Orihime, la noche era hermosa y el silencio incómodo para ella.
-. Así es mujer. - y de nuevo, esa voz la hizo estremecerse.
-. Mi nombre es Orihime Inoue.
-. Lo sé.
-. Entonces úsalo. - el no respondió, ambos estaban ahí mirando la noche.
Ya el silencio no era incómodo, era una noche calurosa así que Orihime puso su largo cabello hacia un lado para que a su espalda llegara un poco de la brisa. Ulquiorra veía sus movimientos atentamente.
Sintió como el tocaba la piel desnuda de su espalda con sus dedos y su piel se erizaba. Luego tomó un mechón de su cabello en sus dedos y lo miró dijo.
-. Su color es hermoso - susurró.
-. Gracias - respondió con el rostro rojo, no solo por el cumplido sino por su toque.
-. Estas roja mujer, ¿tienes fiebre
