Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Marathon Media que a su vez los tomó de un cómic italiano.
Epílogo
Martin y Diana volvieron a la academia con una sensación amarga en el estómago, cada uno con sus respectivas razones para experimentarla. Aquel fin de semana se sintió especialmente vacío y el ánimo los abandonó casi por completo, especialmente a Martin, quien parecía actuar por inercia. Los habían suspendido momentáneamente del Centro como castigo por su actuar así que no debían preocuparse de tener que lidiar con misiones, lo cual resultó inesperadamente conveniente dado el estado mental de Martin.
No podía quitar a Caitlin de su cabeza, pensar que cuando volviese a verla sería un completo desconocido para ella le generaba a Martin un dolor inmenso. Jamás podría olvidar todo lo sucedido entre ellos ni lo eventos ocurridos en la vida de Caitlin durante esa semana que, aunque no vivió a su lado, pudo conocer gracias a su relato. Se prometió a sí mismo no olvidarlo nunca, después de todo nadie más podría ser capaz de recordarlo salvo él. Aquella Caitlin era suya, su amor secreto que sólo viviría en sus recuerdos.
El lunes llegó a la academia junto con un radiante sol que parecía burlarse con su brillo de los sentimientos melancólicos que inundaban la mente de Martin. Compartía la primera clase de la mañana con Caitlin y no sabía si estaba listo para enfrentar la realidad de toparse con su inevitable indiferencia.
Entró al salón tarde como siempre, se excusó con el profesor con una falsa alegría y mientras caminaba en dirección a su puesto junto a Diana observó rápidamente el salón: Ahí estaba ella, mirando despreocupada por la ventana, probablemente fantaseando con aquellas aventuras que él secretamente sabía que amaba y desconociendo totalmente todo lo que había sucedido.
Las clases de la mañana fueron un calvario para Martin, sin embargo se negaba a dejar que el resto lo supiera. Hoy actuaría feliz, quizás incluso eufórico, se negaba a permitir que los demás descubriesen su tristeza y, por sobre todo, el secreto que ocultaba.
- Martin, no necesitas esforzarte tanto sabes…- Le dijo Diana mientras lo observaba perseguir chicas en la cafetería.
- ¿Esforzarme? ¿Y en qué se supone que me estoy esforzando más de la cuenta, hermanita? Si te refieres al arte de conquistar chicas uno jamás se esfuerza lo suficiente.- Martin había vuelto a tomar su actitud usual, aunque quizás exageradamente enérgico esta vez. Diana lo observó intentando evitar hacer obvia su preocupación, era fácil notar cuan dolido estaba su hermanastro y como se esforzaba en ocultarlo, después de todo exagerar su actitud usual era lo que siempre hacía cuando estaba triste y no podía estar solo.
Los días pasaron hasta que poco a poco ambos chicos fueron acostumbrándose a la realidad. El exagerado apego que Martin había desarrollado hacia Diana durante la primera semana comenzó lentamente a calmarse hasta volver a la normalidad, lo cual fue un alivio para la chica, quien estaba harta de tener que aguantar el doble de bromas de lo usual y a casi tenerlo viviendo en su habitación con la excusa de querer usar su televisor para jugar videojuegos. Había llegado a pasar tanto tiempo de estudio resguardada en la biblioteca que parecía como si su habitación se hubiese trasladado a ella.
- ¿No te sientes vacía sin ninguna misión? ¡Ya quiero que M.O.M. nos levante el castigo!- Exclamó Martin en el tono de un niño que se queja porque su madre le restringió la computadora, dando la imagen de que las misiones del Centro eran casi un juego para él.
- No te preocupes Martin, ya tendremos todas las vacaciones de verano para dedicarlas al Centro.- Comentó Diana aún sin poder creer que aquel castigo fuera verdad.- así que si yo fuera tú procuraría concentrarme de lleno a mis estudios por ahora.
- ¡Bah, aburrido!- Refunfuño Martin mientras se acomodaba en su silla levantando los pies para ponerlos sobre la mesa que ocupaban en la cafetería.- Ni siquiera planeo ir a la universidad, cuando salga de aquí seré un agente de tiempo completo, ya verás.
- Disculpa ¿Eres Martin Mystery verdad?- Ambos adolescentes se voltearon impactados al reconocer aquella voz ¿Realmente era posible lo que estaba sucediendo? Martin sintió un nudo en la garganta que se le hacía difícil de controlar.
- Sí, soy yo.- Martin fue incapaz de decir más que eso, su fachada se había hecho pedazos al momento de oír su voz y sabía que si intentaba seguir hablando probablemente terminaría llorando. Ahí estaba Caitlin, frente a ellos usando la misma ropa del día en que se vieron por primera vez durante el caso de Barok el sin rostro.- ¿Necesitas algo?
- N… no, sólo quería confirmarlo, tenemos algunas clases en común después de todo.- Caitlin titubeó levemente, no parecía nerviosa, su gesto más bien era indiferente.- Supongo que debe ser extraño que alguien se acerque a ti a preguntar si eres alguien sin ningún motivo.
- ¡No te preocupes, a Martin no le importa! ¿Verdad Martin?- Diana sonrió nerviosa, intentando ayudar a Martin frente aquel momento difícil.
- ¡Claro que no, especialmente si lo pregunta una chica linda!
- Bueno, pues me alegra oír eso.- Contestó Caitlin con una sonrisa.- En fin, nos vemos en clase, Martin.
Caitlin se alejó de ellos con una extraña mezcla de sentimientos en su interior, no los conocía, pero por algún extraño motivo sentía que debía hablarles aun sabiendo que tal vez no era lo correcto. Llevaba un buen tiempo hundida en una nebulosa mental que parecía alejarla de la realidad y sin importar cuanto se esforzaba no conseguía quitársela de encima.
- ¿Estás bien Cat? Te noto ida últimamente.- Preguntó su amiga Lizzy mientras comían el almuerzo en la cafetería.
- Sí, estoy bien.- Comento Caitlin.- aunque no sé qué me pasa, por algún motivo siento como si algo me impidiese conectar con la realidad.
- Quizás te raptaron los grises una de estas noches.- Lilith dejó escapar una leve risa al terminar la frase.
- Por primera vez creo que tienes razón, Lilith.- Dijo Caitlin.
- ¡Yo siempre tengo razón!- Respondió Lilith con aires orgullosos.
- Imposible, tendría alguna marca en el cuerpo y no hay nada, ya sabes que ellos siempre dejan marcas en los abducidos.- Comentó Lizzy.
- Mmm… si, tienes razón.- Las tres chicas se quedaron pensativas intentando encontrar otra explicación.
- ¿Cuándo comenzaste a sentir esto?- Preguntó Lizzy.
- No lo sé, no lo recuerdo, pero no hace mucho.
Mientras recordaba aquella conversación, Caitlin abrió la puerta de su casa y se dirigió directamente a su habitación. Sabía que su actuar tal vez no había sido el correcto, pero no era alguien particularmente apegada a las reglas y no hubo momento de su vida en que no lo supiera, por lo que de seguro aquello no estaba tan mal, o al menos eso fue lo que pensó mientras abría un cajón con llave y sacaba de su interior algo que parecía ser un sobre abierto.
- ¿Caitlin? ¡Que alegría me da ver que estás a salvo!- Caitlin la miró con extrañeza, jamás había visto antes a esa mujer, sin embargo la saludaba con total familiaridad. -Veo que lograste librarte de esos sujetos.
- Disculpa ¿Nos conocemos de alguna parte?- La sonrisa desapareció del rostro de la mujer al oír las palabras de Caitlin, dibujándose un gesto de tristeza en su lugar.
- Bueno… algo así… supongo.- La mujer intentó sonreír sin mayor resultado mientras hablaba.- Sabía que esto iba a suceder, pero no puedo negar que tenía algo de esperanzas, ya sabes, es lo último que se pierde después de todo… ¡Oh! Soy Paige por cierto, nos conocimos en donde trabajo hace unas semanas.
Caitlin observó sorprendida la mano de la mujer, la que se encontraba frente a ella en espera de una respuesta a su saludo.
- Mucho gusto Paige, disculpa que no te recuerde.- Respondió Caitlin mientras estiraba su mano para corresponder al gesto.- mi cabeza ha sido un caos últimamente.
- Puedo imaginarlo- Contestó Paige.- Por cierto ¿Tienes tiempo hoy? ¿Quieres ir a tomar algo? Yo invito.
- Pues… sí, no tenía nada planeado para esta tarde, así que supongo que estaría bien.- Contestó Caitlin aún confundida ante lo que estaba sucediendo.
Ambas chicas fueron a una heladería ubicada a unas cuadras de donde se encontraban, era tarde, por lo que Paige hubiese preferido ir por algo de otro tipo, pero Caitlin era menor de edad y no tenía intenciones de ser el tipo de persona que incentiva el alcoholismo en los adolescentes, a lo que Caitlin respondió riendo que de seguro tenía más resistencia que ella.
- ¿Es acaso un desafío?- Preguntó Paige entre risas.
- ¡Por supuesto! Ya te lo cobraré un día.- Contestó Caitlin antes de tomar una nueva cucharada de helado.
Conversaron sobre temas cotidianos, ninguna de las dos parecía querer preguntar mucho por la otra, había cierta tensión en el aire que daba la sensación de haber más de un secreto rondando, secretos que sólo una de ellas conocía y que no parecía tener intención de revelar, no al menos por ahora.
- Fue divertido conversar contigo. Antes de que te vayas ¿Me acompañarías a casa?- Preguntó Paige.
- Espera ¿Es esto acaso una cita? No tengo intenciones de despedirme con un beso.- Respondió Caitlin a la defensiva.
- ¡Claro que no!- Dijo Paige entre risas.- Digamos que le hice una promesa a una vieja amiga y necesito de tu ayuda para cumplirla.
Caitlin acompañó a Paige hasta su casa, una vivienda pequeña pero acogedora ubicada a unos quince minutos caminando del lugar en que se encontraban. Al entrar pudo sentir un ambiente muy pacífico rodearla ¿Por qué se le hacía familiar?
- Aquí está.- Dijo Paige mientras bajaba las escaleras con una caja de zapatos entre sus manos, la cual le entregó a Caitlin.- Oficialmente he cumplido con mi promesa.
Intrigada por las misteriosas palabras que acababa de oír, Caitlin sintió la tentación de abrir la caja frente a Paige pero ésta la detuvo, diciéndole que no era el momento adecuado para hacer algo como eso, lo que había dentro no debía ser visto por nadie más que ella, era parte de la promesa que había hecho, así que el contenido de la caja tendría que esperar hasta llegar a casa.
Se fue caminando a paso rápido por entre las calles con la curiosidad carcomiéndola por dentro, lo que sea que estuviese dentro de esa caja era importante y tenía la sensación de que debía protegerlo a toda costa.
Abrió la puerta y corrió a toda velocidad por la escalera hasta llegar a su cuarto, cerró la puerta con pestillo y se lanzó sobre la cama con la caja bajo el brazo. Quitó la tapa impacientemente ¿Cómo era posible que no conociera a una mujer que parecía tener tanta confianza con ella y por qué todo parecía tan confuso en el último tiempo? Sintió que todas las respuestas probablemente estuviesen bajo la tapa de aquella caja que parecía ser tan importante.
En su interior habían un par de zapatillas y una muda de ropa ¿Eso era todo? Retiró los artículos de la caja, había pasado bastante tiempo desde la última vez que recordaba haber visto esa ropa, jamás se había preguntado dónde estaban esas prendas hasta ese instante. Mientras revisaba las cosas algo cayó del interior de la polera con estampado ¿Un sobre? Lo recogió del suelo y comenzó a revisarlo, estaba sellado y en la parte trasera tenía escrito su nombre. Rompió el envase con cuidado y retiró las hojas de su interior.
"¡Saludos Cat!
Si estás leyendo esto significa que yo dejé de existir y que te dejaron a ti en mi lugar. No te asustes, técnicamente somos la misma persona, tan sólo olvidaste todo lo que me trajo hasta donde me encuentro en este instante y sin ello difícilmente podría considerar que eres la misma persona que escribió estas palabras.
Paige cumplió su promesa por lo que veo ¡Que suerte que haya resultado ser una chica tan comprometida con la causa a pesar de apenas conocernos! Jamás podré agradecerle lo suficiente por ello. Espero que consigan llevarse bien (estoy segura de que así será).
¿En este momento sientes un vacío en tu cabeza no es así? Imaginé que estarías muy confundida, por lo que decidí dejar esto como último recurso para no desaparecer del todo, ya sabes que soy un hueso duro de roer.
No puedes recordarlo, pero hace un tiempo conociste al chico de tus sueños en circunstancias que de seguro escapan a tu imaginación y ambos comenzaron a salir. Pero un día ese chico te dejó plantada por cosas que no podías comprender en ese momento y lo dejaste, y como no soportabas la idea de haber sido engañada por alguien tan importante para ti comenzaste a investigar, esa investigación te llevó a un misterio que jamás podrías haber imaginado que estaba sucediendo justo bajo tus narices ¡El chico era un agente secreto! ¿Puedes creerlo? Y pensar que la vida parecía tan aburrida.
El chico trabajaba para una organización ultra secreta llamada el Centro que investiga fenómenos paranormales, el problema es que te descubrieron husmeando y le pusieron precio a tu cabeza, o más bien a tu cerebro.
Mientras escribo estas palabras estoy escondida en casa de la chica que te entregó esta carta, ella valientemente me escondió donde trabaja y me ayudó a llegar hasta aquí. Sí pudiese seguir existiendo amaría que fuésemos amigas ¿Puedes cumplir ese deseo por mí? También hay algo más que quiero en este momento, algo mucho más grande en lo que no puedo permitirme fallar, pero temo que la probabilidad de no lograrlo es muy alta y me siento mal por ello.
Quiero decirle al chico que amo todo lo que siento, decirle que ya se la verdad y despedirme como corresponde. Hay algo más que necesito decirle, creo que no está siendo honesto del todo con sus sentimientos, sé que hay otra chica que le gusta y quisiera que tuviera el valor para aceptarlo. Debes pensar que soy una tonta por estar dispuesta a dejarlo ir pero no tengo alternativa, después de todo no podré existir por mucho tiempo y tengo que asumirlo.
Sé que estas palabras no te harán sentido en lo absoluto ni significarán nada para ti, pero quiero que sepas que existí, que conocí al amor de mi vida y que él me quiso de vuelta, que por más que todos te digan lo contrario él es una persona maravillosa y aunque se esfuerce en ocultarlo tras una fachada de inmadurez, en el fondo es un chico valiente y gentil que tan sólo tiene demasiado temor de ser visto por quien realmente es.
El nombre de ese chico es Martin Mystery.
Se despide con cariño.
Caitlin.
P.D: No intentes acercarte a Martin después de que leas esto, probablemente él ya sepa lo que pasó conmigo cuando esta carta llegue a ti y no quiero que sufra, para ti el será sólo un extraño más en la academia pero para él fuiste su primer amor, tratar contigo ahora que no lo recuerdas le partiría el corazón."
Luego de releer la carta, volvió a guardarla en el cajón donde la mantenía oculta para cerrarlo nuevamente bajo llave. Al fin sabía cómo se veía el chico que había amado aquella parte de sí que sólo permanecía viva en un pequeño trozo de papel, oculta bajo un puñado de palabras que resumían lo que había sido su existencia.
Se dirigió a la ventana para tomar algo de aire mientras observaba la calle.
- Por fin se quién eres Martin Mystery, prometo que no voy a olvidarlo.
La niebla que inundaba su mente finalmente había desaparecido.
- Fin -
Nota del autor:
¡Y llegamos al final! Han pasado varios meses desde que escribí este capítulo y volver a leerlo revive en mi lo que sentí al escribirlo. No shippeo a Martin y Caitlin, pero a pesar de ello el final de esta historia me sigue conmoviendo. Espero que les guste tanto como a mí.
Al principio pensé que este episodio fuese parte del capítulo seis, pero una vez escrito me pareció que quedaba mucho mejor aparte. La carta aclara el motivo tras las acciones de Caitlin en el capítulo anterior, por si alguien consideraba demasiado raro que actuase tan resignada en el sexto capítulo después de encontrarse con Martin.
Muchas gracias por haber seguido esta historia.
¡Nos vemos en el siguiente fic!
