Capítulo 3
Suspiró largamente y se acarició la sien, recargándose un momento en la mesa mientras sentía el punzante dolor arremeter contra su ser. El sonido no se detuvo por supuesto y una maldición escapó de sus labios sin desearlo, era inevitable, sin embargo. Anduvo entonces de nuevo hasta la dueña de aquel irritante sonido y trató por enésima vez consolarla, fracasando olímpicamente, recibiendo sólo otro grito por parte de aquella bebé.
Era claro que a pesar de ser ciega Toph podía hacer muchas cosas, era tan autosuficiente e independiente que no habría pensado necesitar de nada. No hasta ahora, claro estaba. Maldijo una vez más y dio suaves palmadas a la pequeña Lin, quién manoteó al contacto y Toph dejó ir un suspiro hastiado.
Tenía claro que ser madre no sería fácil pero jamás había imaginado lo difícil que sería, sinceramente. Se dejó caer en el sillón, como si se diera por vencida, y tal vez lo hacía esa tarde, como algunas otras, cansada de lidiar con un bebé que no la entendía y no lograba congeniar.
Amaba a Lin, por supuesto, pero eso no hacía más fácil las cosas, seguía sin saber que quería o qué tenía qué hacer cuando lloraba de esa forma, sin parar, y terminaba agotada y con dolores de cabeza incesantes, con una bebé en brazos tan exhausta como ella, inconforme, demasiado gastadas en el día para lidiar más y ambas pasaban la noche dormidas ininterrumpidamente, en paz, sólo para al día siguiente tener que volver a caer en esa fastidiosa y desgastante convivencia, tan repetitiva que terminaba en lo ridículamente absurdo. Menuda situación.
Esa tarde sin embargo, a mitad de sus lamentos y de la fastidiosa realidad de tener que lidiar con su pequeña hija, lo sintió venir, como muchas otras veces. No supo si sentirse feliz o fastidiarse más, pero lo dejó pasar y no se movió de su sitio sobre su cómodo sofá, cerrando los ojos mientras aguardaba por él y dejaba que los lloriqueos de Lin lo guiaran hasta ellas.
— ¡Voy a entrar! — gritó desde la entrada pero su voz se escuchó apenas, silenciado por el llanto del bebé.
Sokka negó con la cabeza una vez estuvo en la sala y miró la escena que se pintaba frente a sus ojos, lanzando una mirada desaprobatoria a Toph que por supuesto esta sintió sobre de sí.
—Ya, no me digas nada — su voz sonó irritada y frunció el ceño, Sokka apretó los labios ahorrándose alguna reprenda que por supuesto iba a darle después, andando de largo hasta Lin y tomándola en brazos de aquella alejada cuna de madera.
—Toph, ¿Cómo puedes estar sólo ahí mientras la pobre Lin llora tanto? — la bandida ciega rodó los ojos, sin moverse de su posición desparramada en el sillón.
—Intenté por todos los medios y simplemente no se calló, así qué sólo dejé que llorara, eso la hará tener buenos pulmones — rió con verdadera malicia y Sokka le dio otra negativa silenciosa, arrullando a la bebé mientras soltaba algunas palabras aniñadas de amor que a Toph le revolvieron el estómago.
—Pero mira, sí es tan linda, ya está tranquila... — Toph frunció al escuchar como Lin menguaba su llanto y percibiendo su corazón calmarse poco a poco al compás del pecho de Sokka, complacida con su respiración.
—Mnh — Toph giró el rostro para evitar que Sokka pudiera notar el disgusto que seguramente se le filtraba en la cara, unos celos silenciosos que siempre sentía cuando su propia hija prefería a Sokka -y a casi cualquier otro- que a ella. —Bien entonces, ¿Quieres cenar? — propuso, poniéndose de pie y andando a la cocina sin esperar una respuesta.
Sokka la siguió con el bebé en brazos hasta que ambos estuvieron en la cocina de la mujer, donde algunas cosas ya se cocinaban en el fuego de su elegante estufa.
—Toph, deberías poner más atención a Lin, es tu hija — murmuró, preocupado, tomando asiento en un banco mientras miraba la espalda de la jefa de policía.
— ¿Crees que no sé qué es mi hija, capitán estúpido? — Sokka puso los ojos en blanco y Toph pudo sentir la irritación en la respiración de él ante su forma tan infantil y nada seria de tratar el asunto. No habría querido pelear o decir algo porque se sentía realmente exhausta, pero la situación lo exigía, últimamente las cosas se estaban nublando cada vez más respecto a todo y Toph se estaba quedando sin paciencia. — ¡Ya, Sokka! ¿Crees que no lo intento? Salgo mucho antes del trabajo para estar con ella, incluso ahora la nana se va cuando yo llego para que Lin y yo conectemos pero... no soy perfecta, ¿sí? Y esto no es en absoluto fácil — se giró a él mientras lo decía, mostrando sus dientes apretados y el notorio cansancio debajo de sus ojos.
—Lo sé, Toph, lo siento — Sokka siseó y arrulló a Lin que se había asustado un poco por los gritos de su madre. —Sé que te esfuerzas, es solo que... bueno, ojalá realmente pudieran llevarse mejor — se encogió de hombros y miró a la niña que para su suerte no había sacado nada de su padre biológico, y que hasta ahora había sabido ganarse el corazón del guerrero de la tribu agua. Toph se cubrió el rostro con las manos y respiró profundo para tratar de calmarse, había sido un día jodidamente largo y lo último que quería era caer en lo de siempre.
—Bien, lo intentaré — sacudió la cabeza y tomó aire, como si fuera a asfixiarse en cualquier momento por toda la situación. — ¿Podemos comer ahora? — pidió para poder terminar de una vez el tema y descansar un poco finalmente. Sokka asintió y se levantó con la bebé en brazos, -quién ya dormitaba-, andando hasta donde estaba la cuna movible en la sala, depositándola dentro y deslizando el artefacto de madera de regreso a la cocina con la bebé, a su vez, Toph servía los platos y los colocaba en sus respectivos lugares, tomando asiento una vez había terminado con su labor de acomodar la comida en la mesa.
Cuando Toph había estado embarazada y había dado recientemente a luz todos los días eran así, Sokka salía del trabajo y llegaba con ella, charlaban, cenaban, hacían alguna cosa o directamente se iban a la cama. Los rumores no se habían hecho esperar y la gente en Ciudad República solía decir que la pequeña Lin Beifong era hija del General Sokka, después de todo ellos prácticamente vivían juntos y más de un día se les había visto andar del brazo por los campos mientras paseaban a la recién nacida.
Era bien sabido también que Sokka había estado cuidando de Toph mientras ella estaba embarazada y a muchos no les quedaba duda de que era esa la razón por la que el jefe concejal había terminado su relación con Suki. Habían sido el centro de especulaciones y cotilleo en la Ciudad un buen tiempo, pero finalmente las cosas se enfriaban casi al año de haber tenido a Lin, y junto con las habladurías, su relación parecía también enfriarse lentamente.
Las visitas de Sokka eran menos frecuentes y sus encuentros íntimos también habían disminuido, Toph temía cada vez a que fuera a ser la última y la sensación de que estaba llegando al final de aquel episodio la enojaba y frustraba tanto como la entristecía.
— ¿Vas a quedarte? — preguntó casi sin querer, tratando de sonar casual para que la preocupación y la decepción no se filtrara entre sus palabras.
— Eh... — Toph supo la respuesta con ese simple sonido, ese que conocía demasiado bien para entender que su compañero estaba buscando un buen pretexto que poner para negarse nuevamente. —No puedo, haré algunas cosas, tal vez mañana — trató de comer a prisa para cortar la conversación, sonriendo como solía hacer siempre que se hacía el tonto.
—Lin la pasa mal cuando no estás — comentó y al instante se arrepintió de hacerlo. Sokka le había prometido que no la dejaría sola con su maternidad, pero ahora que lo estaba haciendo había tratado de no echárselo en cara con todas sus fuerzas. No tenía derecho para reclamarle en realidad, ni posición, ni razones para hacerlo. Lin no era su hija y realmente Sokka ya había hecho bastante en ese tiempo, aunado a eso, su relación ambigua y grisácea no le daba el mínimo poder de victimizarse y obligarlo a cumplir un papel que por supuesto no le correspondía.
—Lo siento — Toph negó ante la disculpa de Sokka y ambos supieron que no había más por decir.
Fuera de la cama, fuera de los momentos de locura en donde sus bocas y sus cuerpos terminaban juntos, su relación no había cambiado nada. Él era un idiota en general y ella era sarcástica y agria en todo momento. Reían por las mismas cosas y soltaban chistes tontos que a ningún lado iban a parar. Eran los mismos amigos de antes, no había palabras de amor ni promesas fantasiosas, tampoco había caricias o besos fuera de la desnudez. Una amistad, nada más.
Sokka se fue esa noche y Toph durmió en su cama al lado de Lin. Al sentirla a su lado, al saberla tan pequeña y débil, tan dependiente de ella y dejando su vida en sus manos, Toph se sentía absurda, se sentía mareada y muchas veces quería escapar. No se sentía lo suficientemente valiente para estar completamente sola, no quería que Lin tuviera una vida dónde lo único que recordara era una madre tonta e insuficiente, una madre que no daba el ancho para ser madre. La idea la desesperaba y quería llorar, estaba perdiendo a Sokka, -o quizá es que no lo había tenido nunca-, y los arrepentimientos llegaban filosos a su cabeza.
La derrota era algo que no quería admitir y no poder mantener al Guerrero de la tribu agua a su lado la hacía de nuevo dudar de su entereza y de su fortaleza, la confianza y el autoestima se esfumaban de su cuerpo y se sentía insegura, debilitada.
Odió el hecho de tener que vivir así, de que no pudiera tener una relación amorosa normal con el hombre al que amaba, que incluso no pudiera decir en voz alta que lo hacía. Las cosas pendían de un hilo y con ella su cordura, ¿Qué estaba pasando? ¿Qué estaba haciendo mal? ¿Cómo podía lograr que las cosas no cambiaran? ¿Qué había de mal con ella?
Trató de mirarlo fijamente al siguiente día que estuvo de nuevo en su casa -paseando a Lin de las manos para que esta tratara de dar sus primeros pasos- luciendo disperso, tan ajeno como siempre, tan testarudo y tan libre que Toph lo envidiaba en secreto, que añoraba la ligereza con la que parecía tomarse entera la vida.
— ¿A dónde vas, Cabeza de carne? — preguntó de pronto, tan bruscamente que Sokka tardó un momento en entender que de verdad le hablaba a él.
— ¿A dónde voy? Ya te dije que hoy me quedo — levantó una ceja, extrañado, diciendo aquello como si fuera obvio mientras cargaba a Lin entre sus brazos para depositarla de nuevo en aquella moderna carriola a su lado.
—No me refiero a hoy — aclaró, cruzándose de brazos mientras buscaba poner sus ojos sobre aquel hombre. —Me refiero a todos los otros días, ¿Qué es eso tan importante? — " al menos más que yo" completó en su mente la premisa, dejando sus ojos quietos donde sabía que estaba moreno, quién arrugó la frente y apretó los labios, sin estar seguro de qué decir ante la vacía mirada de la chica.
— No se te escapa nada, ¿verdad? — Toph rió suavemente ante eso y Sokka se encogió de hombros, resignado, caminando hasta ella y sentándose a su lado en el sofá. —No había querido decirte porque no es nada seguro aún, pero, eres mi mejor amiga así que supongo que puedo decirte — soltó, tranquilo, como si estuviera contando cualquier otra cosa cualquier día, como si Toph no hubiera sentido toda la sangre irse de su cuerpo y tambalearse como hoja al viento. Trató de calmarse y de aparentar que eso no le había dolido e insultado en lo más profundo. No esperaba que la tuviera en posición de cónyuge pero oír de sus propios labios que la seguía llamando "mejor amiga" la descolocó y decepcionó, formó sobre su cabeza de inmediato la clara y obvia conclusión de que lo que seguía sería sin duda peor.
—Ve al grano — presionó la jefa de policía, ya sin poder resistir estar a su lado, conociendo bastante bien a Sokka para saber qué le encantaba alardear y decir estupideces siempre que iba a soltar alguna de sus anécdotas o divagaciones absurdas, y ella no podía aguardar más.
—Bien, bien — se recargó para buscar comodidad, mirando a Toph fijamente mientras se decidía a continuar, sonriendo casual, inmerso en su tren de ideas. —He estado saliendo con una chica — la calma con la que dijo aquello le heló la sangre a Toph y una sensación de Deja vú invadió su pensamiento. Aun cuando se esperaba lo peor, aquello pareció una bofetada, la más tenebrosa de las cosas. —Ella realmente me gusta, así que, supongo que pronto comenzaremos a salir... — Toph se levantó efusivamente ante aquello, mareada, andando rápidamente a la cuna de la pequeña Lin, a quién tomó en brazos con presura casi peligrosa.
—Será mejor que te vayas, Sokka — su voz pareció hielo y piedras sin poder siquiera ocultarlo.
No podía creerlo, pero era verdad. No importaba cuánto tiempo o cuántas cosas hubieran pasado entre ellos, el temor que había tenido desde el principio, aquel presentimiento era verdad y finalmente se hacía presente, partiendo aquella burbuja perfecta en dos, terminando tan bruscamente el sueño en el que fingía vivir que el cuerpo le dolió vívidamente.
El frágil hilo que sostenía la situación se rompió y el telón cayó pesado sobre sus cabezas. La obra se había acabado finalmente.
A ojos de Sokka nada había cambiado de verdad, para él seguramente que las cosas no tenían por qué ser diferentes. Él seguía sin verla como una mujer, no al menos como quisiera, seguro que para su cabeza lo ocurrido entre ellos era algo normal, todo lo que habían hecho había sido como amigos, al final.
— ¿Pasa algo? — Sokka se puso también de pie y la miró con el rostro desencajado, sorprendido y un tanto abrumado por el cambio repentino de actitud.
— ¿Qué si pasa algo? — su voz sonó sarcástica y la ironía le destiló por la piel. Sus labios se apretaron sin embargo, ¿qué iba a decirle de todos modos? ¿Qué estaba celosa? ¿Qué ella lo veía como algo más? ¿Qué era un imbécil por no darse cuenta de lo que pasaba entre los dos? ¿Iba a reclamarlo como suyo cuando en todo ese tiempo ella misma había aceptado la incertidumbre y ambigüedad de su relación? ¿Con qué derecho lo haría? Volteó el rostro a otro lado y sintió repulsión, se sintió patética, sintió que la situación de años atrás se repetía y de nuevo quedaba como la estúpida que era, como la ilusa, una boba en una situación unilateral. ¿Cómo había podido permitirse ser tan tonta? —No, no pasa nada... — respondió, quebrando el silencio incómodo que había salido a flote con sus palabras anteriores que habían dado la impresión de que continuaría con un voraz reclamo. —Sólo estamos cansadas — se dio la vuelta, con miedo de que las lágrimas se salieran de sus ojos y él pudiera verlas.
— ¿Mañana paso por ustedes para ir al parque? — preguntó a tientas, sabiendo que la respuesta seguramente sería una negativa, pues Toph se había enojado de pronto y él no lo entendía.
—Sólo vete, Sokka — el hombre no tuvo tiempo de decir nada más, Toph se fue a prisa por el pasillo de su casa hasta encerrarse con su hija en su habitación.
Él tenía llaves de la casa por lo que decidió partir, sin atreverse a decir nada más al respecto.
Una parte de su cabeza le reclamaba y le decía que era un idiota, que volviera sobre sus pasos y que le pidiera perdón. Pero no, él no podía hacerlo porqué se había mentalizado a tal punto que las cosas con Toph eran así de ligeras y superficiales al respecto de su enredo sexual que no tenía por qué escatimar en seguir su búsqueda muy a parte del amor.
No entendía por supuesto lo que pasaba porque todo ese tiempo había temido tanto quererla y perderla como había pasado ya una vez que se había acostumbrado a la idea de que Toph no era suya, que ella no quería serlo. Era demasiado necio, demasiado testarudo y orgulloso para admitirlo quizá, para entenderlo.
Tiempo después, años después, probablemente lo entendería, ahora mismo se enojó con ella por su actitud y sin ninguna clase de vacilación o remordimiento partió de vuelta a su hogar, a mirarse con aquella mujer, a tocarla, a susurrarle palabras melosas, exageradas y falsas de amor, a besarla por lo bajo y a jugar al enamorado entre las calles de la ciudad, a fingir que no sentía nada por su mejor amiga con quién había compartido el lecho por más de un año, a jugar al fuerte y a darla por sentado, a pensar que podían tenerlo todo y no tener nada y todo estaría bien, a ignorar las consecuencias, a creer que ella se quedaría ahí, a equivocarse, por supuesto, una vez más.
[...]
Dejó ir el aire pesadamente y se recargó en su cómodo y elegante asiento, estirando los brazos mientras disfrutaba del aire fresco de la noche que pocas veces se sentía en su nación. Iba a darse por vencido ya ese día, cansado con los papeleos y obligaciones estaba dispuesto a partir temprano a su cama y dejar de pensar en todos los conflictos sociales y económicos que frecuentemente saltaban a la vista en regiones bajo su reinado.
Se puso de pie y al andar al pasillo escuchó el llanto lejano de un bebé, haciéndolo mirar a uno de sus guardias que le hacía escolta y este se encogió de hombros, igual de ignorante que él. El soldado hizo amago de ir a ver quién andaba sin autorización por el palacio del Señor del fuego, pero Zuko estiró su mano a su guardia y lo detuvo antes de que hiciera algo, negando suavemente mientras dejaba ver una sonrisa.
—Seguramente es el Avatar, no hay problema, déjenos solos — los dos guardias asintieron y tras una reverencia dejaron partir a Zuko, quién anduvo a prisa por el pasillo, esperando ya ver a su mejor amigo Aang que muy a menudo llegaba volando con el pequeño Tenzin pegado a él y disfrutaban de buenas charlas y a veces incluso de buenas batallas y enseñanzas si se quedaba por más de un día.
Giró por el pasillo de dónde provenía el suave sollozo infantil y su rostro se entumeció al tiempo que su sonrisa se retorcía en una mueca que ni él mismo hubiera podido entender. Frente a sus ojos, Toph estaba de pie a mitad del pasillo, arrullando a una bebé inquieta sobre sus brazos que luchaba con el agarre que tenía sobre de ella. Zuko quiso tallarse los ojos para saber si no estaba mirando un espejismo, o quizá es que había caído dormido y estaba en un muy extraño y repentino sueño del que pronto despertaría.
Toph sonrió incómoda en su dirección y la sangre de Zuko pareció volverse a mover entre sus venas, como si la vida le hubiera vuelto de golpe y su sonrisa se ensanchó en sus labios, emocionado sin poder evitarlo.
— ¿Toph? — preguntó, vacilante, como si aquella fantasía se fuese a desvanecer y sus ojos dejarán de inventarse cosas, como si no fuera real y tuviera que asegurarse de que lo era.
—Zuko... — la chica lo llamó suave y apenas pudo oírla por la lejanía y los quejidos suaves de aquel bebé.
Ni uno de los dos se movió en un largo momento, como si meditaran, como si tuvieran que caer en cuenta de que realmente estaban ahí, uno de pie frente a otro con la casualidad que por supuesto no portaban. El Señor del fuego fue el primero en moverse, lento y silencioso, con aplomo, como si hacer un movimiento demasiado brusco la asustaría y cual pequeño y tímido animal saldría corriendo de entre sus dedos.
— ¿Cómo...? — intentó preguntar, mirándola aún con escudriño, con la sorpresa que aún no se desvanecía y la latente ansiedad por saber que ocurría.
—Dejé mi nave en la orilla de la isla, no quería que tus hombres me detectaran así que los burlé — rió con esa forma ácida y satírica, ganándose la risa genuinamente divertida de Zuko, la mujer jamás terminaría de sorprenderlo. —Por cierto, que mala seguridad tienes, profesor calor — agregó con malicia y victoria al haber traspasado las puertas de Azulón sin ser vista, regodeándose en esa sensación de estar rompiendo las leyes y los límites que demostraban los demás.
— Eres increíble Toph — la chica se encogió de hombros ante el elogio y Zuko bajó la mirada un momento, suavemente avergonzado con sus palabras. — Espera, entonces... ¿caminaste desde el puerto hasta aquí? ¿Incluso cargando a... tu bebé? — Zuko miró a la pequeña niña de ojos verdes, quién también lo miraba al tiempo, un tanto indiferente al punto que no pudo evitar soltar una risa por el parecido que encontró con su mamá.
—Se llama Lin — soltó Toph, sonriendo, levantándola más entre sus brazos como si quisiera mostrarla y hacer énfasis en su punto. —Y no es tan pesada, además creo que ambas necesitábamos esa caminata... — la charla que hasta el momento había sido amena y meramente como un encuentro y saludo casual luego de que dos personas no se veían en mucho tiempo se pintó oscura y el gris que ocupaba las orbes de Toph se ensombrecieron.
Zuko tragó duro y recordó la primera vez que ella había ido a ahí, recordó la razón y temió que los motivos de su visita fuera nuevamente por las mismas razones. No era un secreto para nadie del equipo Avatar que había algo entre Toph y Sokka, siempre lo había habido, y con la forma en que ambos parecían vivir juntos en Ciudad República, con discreción y apartados, Katara, Aang y él habían hecho sus propias especulaciones y conclusiones. Los tres daban por sentada su relación y aunque sus dos amigos estaban felices por ellos Zuko había tenido que ocultar su clara irritación.
Pero ahí estaba ella de nuevo, con ese bebé de su primera relación fallida y con sus pálidos ojos entristecidos en demasía. Sí Toph no era capaz de cubrir sus sentimientos, sí estaba ahí de pie una vez más a mitad de la noche, si había caminado tanto y había querido discreción sólo para verlo, entendió y aseguró para sí mismo que la razón de su presencia de nuevo era ese estúpido de Sokka.
— ¿Ahora qué hizo? — no pudo evitar soltar aquello con remarcado rencor y furia, y al verla temblar suavemente y encorvarse ligeramente quedó en evidencia que sus suposiciones eran correctas.
— ¿Podemos ir a otro lado? — ni siquiera negó nada o puso resistencia, Zuko la había leído de inmediato y no estaba de humor para andar con rodeos, había vuelto ahí, sobre sus pasos, como aquella vez que se había sentido derrotada y humillada, y ahora que la situación se repetía ella nuevamente imitaba también sus acciones, todo en lo que parecía una terrible y dolorosa burla que se movía en un tedioso y lastimero círculo.
— ¿Mi señor? — la voz de un hombre tronó detrás de Toph y llamó la atención de ambos. El joven se acercó a Zuko y miró por el rabillo a Toph, como si buscara una explicación a su presencia, pues atraído por las voces del pasillo había decidido ir a investigar para asegurarse de que todo estuviera bien. Zuko agradeció en su fuero interno que el hombre llegara, pues quería tener una charla larga que seguramente no sería fácil completamente a solas con Toph.
— Toph, él es Kim Soo, mi mano derecha — el mencionado agachó la cabeza a modo de saludo hacía la bandida ciega, quién apenas asintió en respuesta. —La Jefa de Policía de Ciudad República está aquí por algunos asuntos, Kim, ¿podrías cuidar un momento a la pequeña Lin? — pidió, aunque de inmediato se giró avergonzado a la Jefa de Policía por haber dicho aquello sin siquiera consultarle —Bueno, sí estás de acuerdo, Toph — la chica asintió con calma y agradeció aquel ofrecimiento, seguramente que el fastidio se le notaba en la cara aunado al cansancio y todas las malas cosas que se le venían encima, quería estar a solas con Zuko también, incluso si Lin no lo entendía aún, no quería quebrarse y mostrar debilidad enfrente de su hija.
—Ah, sí, claro, como usted ordene — Toph levantó los brazos con su bebé en ellos en la dirección de Kim, quién de inmediato recibió a la niña y esta ni siquiera reprochó estar con un desconocido, sólo mandó otra mirada a Zuko, quién le sonrió mientras la veía partir, agradecido con que su odio por Kanto no se hubiera transmitido a esa niña cómo tantas veces había creído que pasaría.
—Ven, vamos — Zuko giró para dirigir el camino, deteniéndose tres pasos delante cuando notó que Toph no se había movido un ápice de su lugar. — ¿Ocurre algo? — preguntó extrañado, sin saber si la chica había cambiado de decisión al respecto de estar ahí o charlar, pero la miró bajando la cabeza y mostrando un sonrojo que caía fuertemente en lo infantil y lo tierno.
—Yo... me lastimé un pie cuando venía aquí — admitió su torpeza y maldijo que el dolor fuera demasiado fuerte como para seguir callándolo y aguantando, había sido realmente difícil recorrer todo lo que había caminado así y ahora su cuerpo no parecía querer dar un solo paso más.
Zuko apretó el rostro ante aquello, que Toph fuera incapaz de ver algo que le hiciera daño sobre el suelo era casi imposible, así que la única opción y verdad es que estaba tan distraída y afectada que había sido incapaz de concentrarse en el camino.
—Ven, apóyate en mí — Zuko se paró a su lado y extendió su brazo, Toph lo sujetó fuerte y se pegó a él, comenzando a caminar lentamente con ayuda de su compañero.
Ambos recordaron muchos años atrás el mismo día, soleado y ajetreado, pero no por eso menos memorable, alocado, al límite y juvenil. Ya ni siquiera tenían claro como había sido que en la Isla Ember a Toph se le había ocurrido ir con Zuko a buscar a Aang y se había colgado de su brazo como hacía ahora. Los dos rieron y por alguna razón supieron que a sus mentes había llegado el mismo día, parecía tan lejano ahora, pero siempre estaba ahí, detrás de ellos, detrás de sus pieles.
Toph recargó suavemente su cabeza en el brazo de Zuko y este la sujetó de la mano dentro del agarre de sus brazos para dale más apoyo.
Llegaron en una calma que no se creían hasta la habitación de Zuko, quién había elegido sin pensar ese lugar, siendo el más cercano y más privado que se le había ocurrido, sin querer hacer a Toph caminar de más o exponerse a que alguien pudiera oírlos hablar.
Zuko entró y con un movimiento de su mano prendió los candelabros incluso si no eran necesarios, sosteniendo aún del brazo a Toph, quién con prisa anduvo a la cama, dejándose caer sin delicadeza en el borde, soltando un suspiro y bajando los hombros, como si finalmente pudiera relajarse y bajar la guardia.
— ¿Quieres que llame a alguien para que venga a revisarte? — conocía bien a Toph para saber que recibiría una negativa, pero estaba dentro de su ética y caballerosidad ofrecer aquello de todos modos, sinceramente preocupado por su situación.
—He estado peor, pantalones calientes — la sonrisa cretina de Toph le dio a entender que hablaba de aquella vez que le había quemado los pies y gruñó por lo bajo, aún avergonzado por lo ocurrido accidentalmente en el pasado.
—Bueno, entonces... — Toph asintió y Zuko tomó lugar a su lado, dispuesto a escuchar y recibir todo el vómito verbal y sentimental que Sokka había generado en ella.
— Él está saliendo con otra chica — Zuko parpadeó muchas veces, atónito, negando suavemente mientras buscaba en el rostro de Toph alguna señal de que lo que decía era una broma porque sinceramente no podía creerlo.
— Pero, ¿ustedes dos no estaban...? — la risa seca de la chica lo interrumpió y la forma tan tétrica y vacía en el que había sonado le dio una idea rápida de lo que seguramente ocurría.
— Al parecer todo era en plan de amigos — su sonrisa sin gracia se pegó en sus labios y Zuko maldijo por lo bajo, apretando los ojos mientras llevaba una mano a su rostro y masajeaba el puente de su nariz en exasperación e irritación.
— Es una tontería, Toph, ¿cómo demonios podían estar en plan de amigos? ¿Qué acaso ustedes dos no...? — su lengua se trabó y no pudo terminar su cuestión, aunque por supuesto la bandida ciega lo había entendido perfectamente.
—Sí, sí lo hacíamos — respondió a la brevedad la pregunta incompleta, bajando su rostro en vergüenza y derrota. —Lo hacíamos... pero, al parecer incluso eso no cambió lo nuestro... — el odio que se había apaciguado con los años hacía Sokka renació efusivo en el pecho de Zuko, deseando fuertemente poder enfrentarlo de hombre a hombre y hacerlo entender... o desaparecer.
— Yo... para ser sincera, ya me lo esperaba... — giró su rostro a Zuko y este encontró sus ojos cargados de lágrimas que se notaba estaba intentando suprimir. —Él... se había estado alejando lentamente... — la fortaleza de Toph lo hizo admirarla más de lo que ya lo hacía, era claro que las cosas le dolían pero que aquella tortuosa lentitud en el que Sokka se había tomado la desfachatez de lastimarla le había servido para estar ahora aún en una pieza, sin querer derrumbarse aún. —Y en estos últimos meses de alguna manera me fui haciendo a la idea de que todo eso se iba a terminar — pasó una mano por su rostro y limpió las lágrimas que ya comenzaban a caer, hablar de ello le dolía y la hacía traer sus sentimientos afuera, pero guardarse las cosas solo la haría sentir peor después. —No sabía la razón, no quería imaginar la razón... pero cuando me lo dijo...
—Espera — cortó Zuko, procesando todo, demasiado sorprendido e indignado con las cosas que le contaba Toph que había querido que eso de verdad fuera una pesadilla, a sus ojos cada vez se ponía peor. — ¿Estás diciéndome qué él te dijo directamente que estaba saliendo con otra mujer? — preguntó aunque él ya sabía la respuesta y el silencio de unos segundos de la chica le dio la razón. — ¿Cómo demonios pudo hacerlo? ¿Por qué diablos tiene que ser tan idiota? ¿Qué carajo estaba pensando que no tomó en cuenta tus sentimientos? ¡Sólo a él se le ocurre semejante estupidez! — Toph asintió dándole la razón y su espalda se tambaleó un poco, haciéndola sollozar suavemente.
— ¿Por qué, Zuko? ¿Por qué dice toda esa mierda? — sus manos se fueron de nuevo a sus mejillas intentando frenar sus lágrimas inútilmente, dejando fluir de una vez el llanto que ya picaba fuertemente en su garganta.
— No sé, Toph, es... un imbécil, sí él sabía lo que tú sentías como se atrevió a...
—No lo sabía — interrumpió forzadamente, tallándose el rostro insistente. —No lo sabe — soltó una risa ahogada por su llanto, claramente producto de la ironía y lo absurdo.
— ¿Qué no sabe qué cosa? ¿Quieres decir que nunca... no le dijiste que tú... que lo quieres? — no pudo decir la palabra "amar" por alguna razón, celos, muy probablemente.
—No, no pude... era como... como si no me dejara hacerlo, y yo no insistí — Zuko se levantó y avanzó por el cuarto, dándole la espalda mientras cerraba los ojos y se acariciaba la nariz pensando en lo que tenía que decir, meditando la situación que le contaba la Jefa de policía mientras el cuarto se ahogaba en sus suaves hipeos que apenas se asomaban en su intento inútil de detener su llanto.
—Lo siento, Toph — soltó brusco, como una especie de advertencia. —Pero tú tienes la culpa — se giró a ella a tiempo para mirar su rostro triste alterarse en sorpresa ante sus palabras, pues Zuko era por sobre todo un caballero, suave y comprensivo. —Te diste cuenta que no sentía lo mismo... y te quedaste ahí... — continuó su argumento y Toph sintió dolorosamente que él tenía la razón. —Y permitiste que todo se saliera de tus manos, y te entregaste, y decidiste fingir que no estaba mal mientras él jugaba y tú lo amabas — Toph apretó los labios mientras las palabras frías de Zuko entraban en su pecho y la herían, la verdad dolía. — Ese ha sido siempre el problema, Toph, contigo, con ustedes dos — regañó, veraz, tanto que él mismo se preocupó al sentir su sangre hervir de esa manera.
— ¿Qué hay de malo conmigo, Zuko? — su voz salió apenas de sus labios, sonando tan herida como podía. — ¿Por qué a pesar de todo él no pude quererme? — la forma patética en que lo dijo la hizo odiarse más, pero la pregunta era totalmente fidedigna. No lo entendía. No comprendía, ¿cómo alguien podía pasar lo que habían pasado ellos y luego decir que no sentía nada, que estaba buscando a alguien más?
—Ese es tu problema, Toph... — reiteró Zuko, bajando la voz y caminando de vuelta a ella hasta quedar de pie justo enfrente. — ¿Por qué apoyaste la industria constructora de tu padre sólo cuando estuvo en el polo sur?— Toph se encogió de hombros y bajó el rostro, apenada. — ¿Por qué te volviste Jefa de Policía exactamente en Ciudad República? — Toph arrugó el entrecejo ante aquellas ácidas verdades que le estaba echando en cara, sintiendo casi literalmente como le ardía la piel. — ¿Por qué no en Gaoling, Ba Sing Se, cualquier otro maldito lado? ¿Fue por tu academia a las afueras de Yu Dao o en realidad fue porque justamente ahí decidió quedarse el estúpido de Sokka? — Toph quiso defenderse, pero no pudo, sí lo hacía, sabía que estaría mintiendo. — ¿No te das cuenta? Has pasado años esperando por él, incluso cuando él se casó te quedaste ahí, no tuviste el valor de hacerte a un lado... ¿Sabes cuál fue la razón por la que Suki dejó a Sokka? — Toph levantó el rostro de nuevo en su dirección, extrañamente interesada con eso, con el tono en que lo decía, tan acusador. —Ella no soportó más la idea, la forma en que ustedes dos se deseaban y aun así se atrevían a llamarse amigos como un par de estúpidos — en otro caso y momento Toph habría golpeado a Zuko por el insulto, pero ahora mismo no le podía reclamar, era verdad. —Y todos sabíamos lo que sentías, lo que ahí había... ¿Crees que Sokka de verdad no lo sabe? Vamos, sé honesta contigo misma — Toph cerró los ojos y apretó los labios, saboreando las lágrimas que empapaban su rostro.
—Yo... no lo sé — Zuko bufó y Toph gimoteó más, decepcionada de sí misma.
—No puedo creer que aún lo defiendas — murmuró, pasando su mano por su rostro para volver a colocar sus dedos en el puente de su nariz. — ¿Qué vas a hacer ahora, Toph? ¿Vas a hacer lo mismo, volver y perdonarlo y jugar a los amigos con derecho? ¿Ser su juego libre de compromisos? ¿Vivir en tu fantasía? — Zuko quiso frenar su lengua, ya había sido demasiada tortura para con la chica, cada una de sus palabras -aunque ciertas- estaban tocando fibras delicadas en ella y temía que esta fuese a caer en la necedad y voltearse contra él. No quería herirla por supuesto, pero Toph necesitaba la verdad vista desde afuera, a alguien que se lo dijera tan bruscamente que le doliera para que finalmente lo entendiera.
Y Toph pudo sentir la honestidad en las palabras del hombre, la necesidad de hacerla saber su situación de forma brutal y realista, de sacarla de su ensoñación y su autocompasión. Y lo agradeció. Porque no había nada en el mundo que Toph apreciara más que la verdad, y más cuando con esta la hacían mirar a través de una mentira. Una tan obvia y tan dolorosa que una parte de ella hubiera preferido no saber. Y quizá esa negación había sido la principal causa de haber terminado cayendo en ella.
— No sé qué voy a hacer... — Zuko bajó los hombros y la miró desde su altura, tan incrédulo de su estado como la primera vez.
— Por favor, Toph, no vayas detrás de alguien que ya sabe dónde estás — si las palabras pudieran herir, lo supo, estaría llena de cicatrices. No había más realidad que esa, y las palabras que le había dicho Sokka ese mismo día eran las responsables de su más grande herida justo en la yugular. ¿Cómo perdonarlo? ¿Cómo volver a estar frente a él? ¿Cómo aceptarlo después de semejante estupidez?
Estaba harta, de ella, de él, de la forma en que sentía que podía usarla y estar juntos y pasearse después con otras, sin compromiso, sin repercusiones, como si ella no valiera, no fuera lo suficiente, no para él. El desplante y su claro juego de entregarse el cuerpo sin involucrar sentimientos la tenía casada, Zuko tenía razón y ella había estado arriesgando su estabilidad sentimental a cambio de migajas, a sabiendas que se terminaría, ¿Qué esperaba de todos modos? ¿Qué creía que iba a pasar?
—Yo, sé que hay muchos hombres que te amarían por quién eres. No copias estúpidas de Sokka como el idiota de Kanto, hombres que sepan valorarte, que te respeten y te admiren... hay más... — pausó brevemente, dando medio paso a ella. —Estoy yo... — al momento que lo dijo se arrepintió, pero no había tenido control de sus palabras dentro de su discurso cargado de honestidad y eso sólo había sido otra de tantas verdades. Apretó los labios y retrocedió medio paso, no quería parecer que se quería aprovechar de la situación, y tampoco quería confundirla más de lo que ya estaba. Toph, con la punta de sus pies pegados al suelo de la habitación, sintió la verdad en las vibraciones de Zuko y su corazón saltó, herido y exigente.
Negó para sí misma, sin embargo, ¿Qué clase de persona sería ella si terminaba buscando refugio en los brazos de otro hombre siempre que resultaba herida?
—Lo siento, Toph, yo no quise... — comenzó, tratando de calmar todo y también de retractar sus palabras para que no pareciera que la estaba presionando u orillado a algo, pero la chica negó efusiva, tratando de ponerse de pie duramente.
—No, tienes razón, no te disculpes — sonrió sin verdadera gracia, girando el rostro al hombre. —En todo tienes razón... — agregó, tragando sonoramente mientras colocaba ambos pies en el piso.
Su gesto se torció en una mueca dolorosa acompañada de un quejido y en menos de un parpadeo Zuko estaba a su lado, sosteniéndola y destilando preocupación por cada pedazo de su piel.
—Déjame verte, tranquila... — Toph no opuso resistencia cuando Zuko le indicó sentarse de nuevo, arrodillándose frente a ella y levantando su pie derecho hasta donde él pudiera verlo claramente. No era una herida profunda pero sí bastante larga, nada peligroso pero seguramente incómodo para caminar, imaginaba que había sido con el filo de algún vidrio o una piedra, en un par de días estaría bien sin duda.
Hubiera seguido cavilando al respecto y quizá hubiera ido de inmediato por algunas vendas y agua para limpiar, probablemente incluso hubiera dado por terminada la charla y hubiera quitado su presencia de en medio de aquel lío sinsentido, la habría dejado ir si ella quería.
Pero Toph no quería.
Él, un Rey, arrodillado frente a ella, consolándola y queriéndola, preocupándose por su bienestar. Nadie podía ser tan fuerte para resistirse a esa atención, a ese calor que necesitaba un cuerpo frío, a la desesperación de sentirlo ahí, de quererlo cubriendo cada parte de sí.
Zuko sintió sus dedos en su cabello y miró arriba, encontrando sus vacilantes ojos grises sobre de él, moviéndose suavemente por su persona como si quisiera encontrar el punto exacto de sus orbes para unir sus miradas. Zuko se encogió en su lugar cuando ella lo logró y por un segundo estuvo seguro de que lo veía, que podía ver en él más de lo que cualquiera entendía, como si lo leyera, como si sus ojos discapacitados tuvieran la habilidad de mirar a través de él.
Pero era quizá esa firmeza y seguridad que siempre portaba Toph, una mujer de metal, de la piedra más fuerte, lo que daba en él esa impresión de ser atravesando, era su forma tan especial de ser. La contempló con el brillo naranja de los candelabros de aquella amplia y ostentosa habitación y la miró -al contrario de sus ojos fieros que tanto destilaban su personalidad- hermosa y debilitada. Su rostro pálido resplandecía y parecía brillar, resaltando cada rasgo delicado y femenino, cada trazo precioso de su piel, de su ser, tuvo miedo de verla ahí, como si estuviera a su alcance, como si fuese a romperse sí osaba posar sus manos en aquel rostro que parecía de porcelana, de suave e inmaculado cristal.
Su visión se nubló de pronto cuando aquella muñeca, esa que sus apagados ojos lo miraban sin mirar, comenzó en su intacto y nulo movimiento a llorar, silenciosa, pausada, casi sin mover el rostro y creando en él la verdadera sensación de que estaba hecha de arcilla, de que no era real, de que no estaba viva.
— Zuko — lo llamó de entre su par de temblorosos labios rosas y ambos percibieron el ruego arrastrado en su disfrazada súplica.
El hombre apretó los ojos, pensativo, dubitativo, considerando lo siguiente que haría puesto que comprendía de inmediato su llamado, su necesidad. Habían cambiado muchas cosas desde aquella y vez y estaba claro para ambos que en esta ocasión no serían sólo besos. Ella lo necesitaba completamente y él no estaba seguro si debía o no enredarse en ese fuego, dónde muy probablemente se iba a quemar y resultaría herido.
Sintió entonces los dedos de Toph moviéndose hasta que sus yemas tocaron su mejilla y acarició con cuidado aquella cicatriz, haciéndolo estremecerse y sentir esa combinación entre miedo y excitación.
Supo entonces que él tampoco era fuerte, que llevaba años esperando volver a tenerla a su merced, que no la había olvidado un día y que seguía enamorado y encandilado con su belleza y personalidad. Quiso entonces arder en esa llama que era ella, quemarse en el fuego del evidente peligro que significaba llegar más allá. Se quedaría y moriría en medio de su impetuoso y tenebroso remolino si era necesario, porque así quería, porque así valía la pena morir, hundido entre sus brazos.
Se incorporó y con ello no tardó un segundo más en irse sobre de aquella rota mujer, buscando torpemente repararla.
Toph lo recibió con sus brazos abiertos y se hundieron en un beso mucho más atrevido y experto que aquella primera vez, tan intenso que temieron, que se quemaron ahí mismo de formas que no creyeron posibles.
Zuko la recostó y ella se dejó hacer por ese par de labios que la devoraban, pero por sobre eso, qué la mimaban, que la hacían vibrar y sentir calor, sentir cariño hecho carne, en forma de dedos, de piel, de caricias y de suspiros que ella jamás había sentido.
Más que tener sexo, más que abrir sus piernas, Zuko le dio el corazón, le entregó todo lo que era sin restricciones, sin darse cuenta. La quiso como nadie habría podido hacerlo sobre la tierra, por primera vez, ese hombre la amó más que nadie en un sólo día... en unas horas, en un acto carnal que parecía más bien una sedosa y delicada caricia sobre su piel, el viento cálido y reconfortante del día sobre sus mejillas.
En el éxtasis ella lloró una vez más, sólo que en está ocasión por la epifanía y sobreexcitación al sentirse amada a ese punto. Al saber que las veces anteriores habían sido siempre unilaterales y al entender finalmente el verdadero y desinteresado deseo de otro ser sobre ella. De sentir que tenía valor en las manos de alguien más.
Zuko la recostó en su pecho y la abrazó con vehemencia casi demencial, con miedo, con temor, con duda, pero con amor. Toph no protestó, Toph conoció ahí mismo también lo que era hacer el amor sin hacer nada más que sujetarse las manos en la desnudez del lecho. Supo, entonces, escuchando el corazón de aquel hombre contra su oído, que ya no quería irse de ahí, no quería estar lejos de esa llama, entendió no quería estar sola.
Al día siguiente cuando tuvo que volver a Ciudad República de inmediato para no dejar desatendidas sus responsabilidades, Zuko la llevó en una de sus carretas hasta la playa, donde su nave área aguardaba por ella. La pequeña Lin descansaba plácida en los brazos de su madre cuando la despedida de ese primer día llegó, el Señor del Fuego, tentado y dolido, demasiado joven aún para intentar disimular su falta de confianza y su anticipada decepción, abrazó a Toph fuertemente con la pequeña bebé en medio de aquel posesivo agarre, como si dejarla ir una vez más no fuera una posibilidad, quizá esta vez no sería tan fuerte para mirarla partir y sólo quedarse de pie contemplando su espalda. Esta vez sentía que si ella se iba, entre sus alas de cristal se llevaría algo que probablemente no podría recuperar.
—Tranquilo, profesor calor — ella palmeó su espalda para que él terminara de una vez con el agarre, sonriéndole ampliamente cuando él se irguió y la contempló a su altura. —Esta vez voy a volver — Zuko sintió que ella había leído sus pensamientos, muy cercanamente a eso ella pudo sentir el temor en el ritmo de su corazón.
Sin anticipación y sin esperarlo, Toph se paró en puntillas y juntó su rostro con el de él, besando castamente sus labios sin vacilación o duda. Zuko amplió los ojos ante eso, pues había guardias acompañándolos a quién por supuesto aquel acto no pasó desapercibido. Al segundo siguiente de entender que ella con aquello estaba dando pie a algo mucho más serio, a seguir conservando una posibilidad libre del escabroso juego de "amigos", de dejar ser el chico al que ella sólo acude cuando está destruida, entonces pudo relajarse y corresponder apenas, por lo fugaz y casi imaginativo que fue.
Toph, en el breve instante en el que se había decidido a hacer aquello, a arriesgar todo y atreverse a besarlo y con ello lanzar su premisa, lanzar su invitación carnal y sentimental hacia Zuko, temió que estuviese a punto de equivocarse gravemente. ¿Por qué lo hacía? Se preguntó, asustada, demasiado dolida con su reciente roce con Sokka como para sí quiera poder imaginar que sentía algo por el maestro fuego. ¿Entonces por qué? Volvió a cuestionarse y el peso entre sus brazos le dijo la respuesta.
Tenía miedo de estar sola. Tenía miedo de dar un paso y no tener en quién apoyarse, de no tener alguien que le cuidara las espaldas... de qué Lin creciera sabiendo que era una mala madre. Necesitaba una mano, lo sabía, y Zuko la noche anterior le había extendido un lugar en su lecho que en su situación no se podía permitir rechazar. Lo necesitaba, incluso si aceptarlo ahora era una locura, estaba aterrada de la soledad.
— Cuídate, Señor de los pantalones calientes — rió tan satírica como siempre, divertida con haberlo puesto tan nervioso. Golpeó su brazo con la mano libre y luego avanzó a paso lento por la rampa de su nave, donde ella y Lin partieron a la brevedad.
Zuko se quedó de pie en la costa lo que pareció una eternidad, girándose y subiendo a su carruaje real una vez la había perdido de vista, sintiéndose en una nube, como si acabara de entrar en una especie de sueño, peligroso, rocoso y fogoso, pero un sueño al final. Sonriendo por la ventanilla y demasiado inmerso en sus pensamientos no fue consiente cuando sus guardias murmuraron cosas al respecto, pues hasta ellos sabían que la legendaria maestra metal tenía un enredo con el héroe del equipo Avatar, el General Sokka, y haber visto aquello, que ellos lo hicieran frente a sus ojos sin vacilar los llenó de dudas y suposiciones que no se hicieron esperar.
Aquel rumor llegó a Ciudad República más rápido de lo que cualquiera hubiera pensado, era tarde por supuesto para Sokka, quién había sido el primero en darse cuenta de aquello que comenzaba a desfilar entre boca y boca. Toph cambió la cerradura de su puerta sin avisarle, salía de su oficina por la ventana para no topárselo en ningún lugar, y más que nada, miró en la lejanía la nave de la jefatura de policía partir en el puerto a la Nación del fuego en más de una ocasión.
No hizo ningún reclamo por supuesto, ¿Cómo iba a hacerlo? Él mismo había comenzado a salir con alguien más y no dudaba que Zuko era un buen tipo para ella. Aun así, como aquella vez que sintió que la perdía en manos de Kanto, cuando se embarazó de Lin, la sensación asfixiante lo golpeó gráficamente.
Intentó hablar con ella en más de una ocasión, salir, pasear a Lin, ir a peleas de Pro-control, cualquier cosa que fuera estaría bien para él. Toph se volvió escurridiza entonces y llena de pretextos, pasando de él con menos consideración de lo que le habría gustado soportar. Al final de los días fue su turno de darse por vencido, mirándola casi todas las tardes partir de Ciudad República y volver al amanecer, incluso muchas veces volvía acompañada de alguna nave escolta de aquella Nación vecina.
Sokka decidió ignorar aquel hecho, totalmente convencido de que todo estaba bien, logró engañarse y vivir tranquilamente los primeros meses de aquel hecho, con calma y naturalidad, incluso feliz por ellos. El tiempo le pasó la cuenta y se encontró a sí mismo en soledad, extrañándola más de lo que incluso podía imaginar. No era indiferente a las críticas y comentarios ácidos que algunos soltaban disimuladamente frente a él, sintió sobre su orgullo la verdad, Toph lo había botado como si nada en la mejor oportunidad posible. Con una opción mucho mejor que él.
No quería pensar en ella como una posesión, como una amante -como en realidad había sido-, pero aquello fue inevitable y sus manos comenzaron a extrañar demencialmente las de ella. Se dio cuenta entonces que la extrañaba en todo sentido, que no solo añoraba las salidas y las charlas, extrañaba su sonrisa, su voz, sus caricias, sus besos, su piel, todo lo que le había entregado un día a él.
Intentó -confundido y reacio a una realidad tan obvia-, olvidar aquello, deshacerse de los sentimientos que él no creía posibles, no con Toph, no con su mejor amiga. Ninguna mujer del numeroso desfile qué pasó por sus sábanas fue lo suficientemente buena, ni siquiera se acercaban a la pasión que probó un día en aquella pálida piel.
Terminaba andando solo entre las calles, en bares viejos o lugares de peleas clandestinos, pero incluso eso ya carecía de verdadero valor, le faltaba ya a todo algo, le faltaba ella para que todo tuviera significado.
La extrañaba más de lo que había extrañado a Suki y entre sus sueños y cavilaciones entendió lo que había pasado. Las palabras de su ex esposa se repitieron tan vívidamente en su memoria que le pareció volver a escuchar su voz.
Tenía razón, él ya había elegido a la mujer indicada, ya había elegido a Toph, por más razones que él intentara disfrazar de simpatía.
Se odió como el idiota que era, entendiendo que ella no lo había dejado sino que él la había orillado a irse de su lado. Pero, con la cabeza gacha y herido fuertemente en su orgullo, entendió que ya no había más por hacer, la había tenido y no había sabido entenderla, entenderse, incluso aún admitía que no estaba claro lo que sentía, que estaba confundido, pero que sin duda alguna la necesitaba, de todas las maneras posibles.
En la Nación del Fuego, por su parte, la situación giró vertiginosamente. El palacio nunca había tenido tantas risas y tanto ruido desde hacía incluso generaciones enteras. Zuko no había tenido la mejor infancia y todos los días que tenía la oportunidad de estar con Lin se esforzaba porque fuesen únicos. Toph seguía en incredulidad incluso después de los primeros meses, tan abrumada y sorprendida por tanta atención y cariño que le había costado acostumbrarse a esa calma, a poder recargar la cabeza en su hombro y saber que todo estaba tranquilo, que todo estaba bien. Lin había aprendido a caminar más rápido de lo que creyeron posible y sus hábiles pies llenaban de ruido los pasillos del palacio. Zuko paseaba con ellas cada que tocaban su nación, iban a la playa, a los bosques, a los mercados o incluso a su cabaña a la mitad de la montaña.
Todas las veces que estaban a solas Zuko la amaba en la desnudez con la misma pasión que lograba eclipsarla e incluso se atrevía a decir que enamorarla. Zuko, en su ensoñación, la amó enteramente sin restricciones, fascinado con su espontaneidad, con su ruido y su forma de hacerlo irritar. Se reía de cualquier cosa y lograba siempre sacarlo de sus casillas para luego apaciguarlo con un beso, era la tempestad y la calma, la brisa y el mar, la tierra y la luz del día. Prontamente su enamoramiento pasó a algo más y entendió que la amaba con la desfachatez de la imposibilidad, la necesitaba y tanto ella como Lin eran las únicas capaces de hacerlo sentir que estaba vivo.
Toph encontró en Zuko la seguridad que necesitaba, la sensación de estar protegida y ser querida, encontró seguridad, compañía, un refugio caliente a su corazón que prontamente su cuerpo quiso adaptar como su hogar, complacida con sus caricias y agradecida con su compañía.
Los años pasaron más rápido de lo que hubieran querido. Con el tiempo la Jefa de Policía comenzó a tener sus cosas ahí, Lin se quedaba casi toda la semana y comenzó a tomar lecciones propias de la Nación del Fuego, y aunque al principio había rechazado la propuesta terminó por vestirse con los atuendos de la realeza, y en más de una ocasión era tratada por las mucamas como la reina, incluso había oído de boca de más de un guardia llamar a Lin "Princesa". Toph había temido fuertemente pero las consecuencias de todo estaban saliendo a la luz y tenía que poner los pies en la tierra, ser lo suficientemente madura para comprender las cosas y asumir las responsabilidades, con todo y los riesgos y los miedos que esto pudiera llevar.
Lo escuchó por el pasillo y se puso de pie, andando anticipadamente a la puerta para toparlo cuando este abriera, pensando en hacerle alguna pesada broma como solía hacerle, aprovechándose de su habilidad para sentirlo y disfrutando de la forma tan inocente y un poco testaruda de él. Desistió cuando con él sintió algo más entre sus manos y su rostro se endureció en su lugar, quedándose quieta cuando Zuko abrió la puerta y la encontró velozmente con sus ojos dorados, iluminados cuando la contempló en aquel vestido de seda carmesí.
—Ey, linda — se dio pasó a la habitación, soltando aquel apelativo cariñoso con casualidad -el único apodo que Toph le había permitido usar con ella que no la hiciera vomitar-.
—Zuzu — saludó usando aquel apodo que tanto lo irritaba sólo para molestar y también en un intento por calmarse y relajarse. Zuko rió brevemente ante la mordaz sonrisa de ella, negando suavemente mientras andaba hasta poder abrazarla.
—Espero regresar pronto — Toph asintió en el abrazo, respondiendo al acto con una de sus manos. —Ojalá puedan quedarse estos días, volveré pasado mañana — Zuko se separó de ella y la miró, sonriente.
—No es como si tuviéramos otro lado a donde ir — sonrió de vuelta y luego golpeó su brazo tan suavemente que se asemejó más a una caricia. —Sino vuelves pronto Lin te extrañará mucho — advirtió, entre bromista y sería, sacando una risa floja de los labios de Zuko.
— ¿Y tú? ¿No vas a extrañarme? — preguntó, queriendo sonar divertido y un poco juguetón. Toph suspiró y dejó que su sonrisa maliciosa se disipara, sonrojándose suavemente para asentir una vez.
—Ya empiezo a extrañarte y aún no te has ido — Zuko se sonrojó suavemente también, a pesar del tiempo que llevaban juntos aún lograban ponerse nerviosos con las palabras de afecto pues ambos tenían una personalidad entre tímida y agria, pero era precisamente eso una de las cosas que había mantenido prendida la llama de su relación.
—No puedo creer que seas tan linda — soltó sin pensarlo, acariciando suavemente su mejilla.
—No puedo creer que quieras una paliza — Zuko rió ante su amenaza, fascinado con que ella actuase tan reacia al respecto. Toph, al contrario de sus palabras que iban más a juego, posó también sus manos en el rostro de Zuko, acariciando sus mejillas y apretando ligeramente hasta atraerlo a ella y besar cortamente sus labios.
—He traído algo para ti — Toph disimuló el disgusto en su rostro y quitó las manos de Zuko, siseando con discreción y maldiciendo que no hubiera olvidado aquello. —Es... algo que quiero darte — sonrió nervioso y apenado, sin saber que Toph ya sabía de sobra que era.
— Oye, Señor pantalones calientes, no tenemos tiempo para eso ahora mismo, tienes que llegar a Ba Sing Se — bromeó para fingir ignorancia al respecto, haciendo alusión a que Zuko estaba proponiendo tener sexo en ese momento.
—Yo... — la risa de Toph tronó ante su evidente nerviosismo y Zuko apartó el rostro completamente sonrojado. —No me refería a eso, lo sabes — carraspeó, tratando de calmar su corazón, no entendía cómo era posible que Toph pudiera seguir jugando con él a esas alturas. —Es un regalo... — volvió al tema, eludiendo la sonrisa pícara de la chica que incluso lo hizo considerar la opción de hacer el amor antes de irse.
—Bien, ¿qué es? — Zuko finalmente sacó aquella pieza de metal que llevaba en su ropa, tendiéndola frente al rostro de Toph como si hubiera olvidado que ella era ciega, por supuesto que ambos sabían que podía sentir lo que era con su habilidad de control metal. —Es... para tu cabello... — dijo como si de verdad no tuviera impacto lo que le estaba dando, esperando la reacción de ella, que no sabía en realidad cuál de todas sería.
—Oh... — Toph quiso sonar alegre o decir algo dulce, pero tener esa diadema de metal frente a ella la hizo temer. Zuko lo había hecho adrede sin haberle preguntado en absoluto pero ella sabía de sobra la responsabilidad, el compromiso y el peso que aquella aparentemente insignificante decoración metálica llevaba a cuestas. —Bien... — respiró profundamente, ignorando sus ganas de rechazar aquel regalo, levantando sus manos para quitar su habitual diadema y levantando el rostro al hombre, que tembloroso sostenía aquello con ambas manos. — ¿Qué esperas? Pónmela... — pidió y sonrió ligeramente, creando en el hombre un alivio y una satisfacción inmediata con esas palabras.
Zuko la acomodó sin miramientos sobre su cabeza, exactamente dónde siempre llevaba Toph aquel pedazo de joyería que adornaba su tan particular peinado.
—Te queda perfecto — aduló, contemplándola con verdadera admiración y encandilamiento por unos momentos significativos para ambos, por desgracia, en sentidos opuestos.
— ¿Te vas a quedar ahí todo el día mirándome como bobo o vas a ir a esa estúpida reunión? — Zuko apartó los ojos de ella y miró al suelo con vergüenza, Toph sólo volvió a reír entre dientes con malicia.
—Aang debe estar esperándome en el puerto, así que entonces me voy yendo — anunció repuesto, llevando sus ojos sin poder evitarlo a aquella tiara dorada sobre la cabeza de su amante.
—Me sorprende que Pies Ligeros no haya querido viajar en Appa y vaya contigo en una nave — Zuko asintió, dándole la razón, aunque no fuera algo que le pareciera verdaderamente importante.
—Creo que Katara usa a Appa para ir de la isla del Templo del Aire a Ciudad República con sus hijos, al menos eso me dijo Aang, seguro que estaría más cómodo en su bisonte pero no tuvo más opción — Toph se encogió de hombros, restándole importancia al asunto y dando un apretón al brazo de Zuko.
—Es tarde — advirtió y el hombre asintió, pegándose a ella y besándola suavemente en los labios, sonriendo a gusto frente a su rostro incluso si ella no podía presenciar ese acto, sabía que su felicidad estaba ahí, sobre su rostro.
—Espero volver antes — Toph asintió y Zuko la miró, dudoso. —Te quiero — soltó, vacilante como cada una de las veces que esa palabra salía de entre sus labios, temeroso de no obtener nada como respuesta, pero totalmente seguro y sincero con lo que decía.
—Si no te vas ahora la nave va a partir sin ti — el maestro fuego apretó los labios con disgusto ante la evasiva, pero terminó por asentir, dándose la vuelta sobre sus talones entre resignado y decepcionado. —... yo también lo hago, profesor calor, así que cuida ese trasero tuyo — soltó un tanto avergonzada antes de que Zuko atravesara la puerta y eso bastó para que su ánimo y su corazón saltarán alegremente dentro de su pecho, dando una última mirada afectiva a la chica antes de finalmente salir corriendo por el pasillo, sonriente y entusiasmado por volver, enamorado como la primera vez.
En la habitación, dentro de su soledad, Toph bajó los hombros y consideró todo al respecto. Una de sus manos se levantó y tocó aquella tiara, confirmando con la punta de sus dedos lo que ella ya sabía, y por supuesto, entendía. Años atrás ella misma había asistido a la coronación de Zuko y sabía cómo lucía aquella forma que portaba siempre sobre su cabeza. El símbolo de la realeza, aquello que sólo portaban los afortunados de compartir sangre o lecho con la familia real. Hacía un par de meses Zuko le había dado una pieza parecida a Lin, y según lo que había oído entre las sirvientas y allegados, la pequeña Lin lucía igual a Zuko y a Azula cuando eran niños, por lo que terminó por entender el completo significado de aquello, Lin llevaba el símbolo de la princesa y ella mismo ahora tenía sobre su cabeza el símbolo de la reina.
Suspiró y salió de la habitación, tratando de calmarse y tomar las cosas con una calma que por supuesto no tenía, andando hasta el patio donde su pequeña hija de ahora cinco años jugaba con Kim Soo, molestándolo con su inexperta tierra control y persiguiéndose en el patio central del palacio, infantiles y divertidos.
En otro momento se les hubiera unido o hubiera apoyado a su pequeña en su intento por capturar a Kim en su juego, pero ahora mismo su cabeza era un completo embrollo.
Hacía dos semanas había escuchado por accidente la conversación de Zuko con los sabios de la Nación del Fuego, y ahora todo aquello que la había tenido preocupada finalmente se filtraba y la acorralaba.
"— Entiende lo complicado que es esto, ¿verdad? — había dicho uno de los sabios, con la voz llena de tanta seriedad que ahí dentro parecía un sepulcro.
—Lo entiendo, pero ustedes necesitan entenderme también — refutó el Señor del fuego, lanzando su voz con voracidad.
—Lo entendemos, mi señor — soltó otro de los sabios, mucho más tranquilo y comprensivo que el anterior. —Pero la situación no deja de ser menos... arriesgada — soltó por lo bajo su apoyo al comentario anterior y Zuko gruñó, visiblemente enfadado.
— ¿Y por qué exactamente esto es arriesgado? — un suspiro cansado salió de la boca de más de uno de los sabios y Zuko chasqueó la lengua en disgusto.
— Las tradiciones de la realeza dictan que ambas partes del matrimonio real deben pertenecer a la Nación del Fuego, tener a alguien del reino Tierra como su señora es algo...
— Imposible, inaceptable — interrumpió el primer sabio, totalmente irritado y claramente en contra de lo que ahí se discutía. Toph no necesitó pensar ni un solo segundo para entender que hablaban de ella.
— Los tiempos cambian, no tiene porqué ser imposible — replicó Zuko, un tanto agresivo.
—De todos modos, dudo que la señorita Beifong quiera consumar su relación en matrimonio, así que todo esto es una pérdida de tiempo... Usted sólo está perdiendo el tiempo — señaló aquel agrio sabio con saña, y Toph escuchó a Zuko levantarse e intentar lanzarse sobre de él agresivamente, detenido por su propia cordura y sensatez a la mitad.
— ¡No estoy perdiendo nada! Me importa poco las costumbres estúpidas que tuvieran mis ancestros en esta nación, con la guerra se acabaron muchas cosas, ¿por qué no también esa absurda regla? Me quedaré con Toph porque la amo y eso es todo lo que necesitan saber — Zuko giró sobre sus talones y Toph temió que al salir fuese a encontrarla ahí, pero otro sabio lo detuvo con sus palabras.
—Debe saber que aunque cumpla con su capricho de unirse a esa mujer, la joven Lin no puede ser heredera al trono, no comparte su linaje y además es una maestra tierra — sonó duro pero certero, dejando a Zuko estático en su lugar unos segundos, como si considera toda la situación.
—Lo sé, y sé también que Toph y que Lin lo entenderán. Sólo es cuestión de que ella y yo tengamos un heredero, es el menor de los problemas — incluso Toph siendo ciega y estando al otro lado de la puerta pudo sentir las miradas desaprobatorias de todos los sabios en general.
— ¿Y si ese dichosos heredero resulta ser un maestro Tierra? — preguntó uno de ellos, ganándose la atención inmediata de Zuko.
— ¿Y eso qué? Sería de mi sangre, entonces estaría en su derecho de exigir el trono — uno de los sabios rió mordaz y el Señor del fuego soltó un gruñido de irritación.
— Creo que no entiende, mi Lord, un maestro Tierra no puede ser el Señor del Fuego. ¿Acaso no lo entiende? Esa mujer es fuerte, probablemente su primogénito herede el poder y voluntad de su madre — se escuchó un suave susurro por parte de otros sabios dándole la razón.
— ¿Qué estás insinuando? ¿Qué no soy lo suficientemente poderoso como para qué alguno de mis hijos herede a mí y sea un maestro fuego? — Toph sintió a la mayoría de los sabios temer, seguramente que aunado al tono agresivo de Zuko les estaba mirando amenazante.
— ¿Hace falta que le recuerde que su habilidad de control del fuego dejaba bastante que desear en comparación a la princesa Azula? — las manos de Zuko se azotaron contra la mesa fuertemente, cualquiera pensaría que hubiera estado a nada de atacar.
— ¿Y hace falta que yo te recuerde tu posición? ¡Soy el Señor del Fuego y el actual maestro fuego más poderoso en todo el mundo! ¡Tendré un heredero digno del trono y de la Nación! Que ella sea tan fuerte sólo hará a un niño mucho más poderoso — hubo unos segundos de silencio antes de que un sabio con mucha más calma tomara la palabra.
—No es que no tenga lo necesario para tener hijos maestro fuego, incluso el Avatar tuvo una pobre descendencia con sólo un maestro aire, es sólo que se está poniendo demasiado en juego, parece bastante riesgoso — Zuko soltó un suspiro hastiado y cansado, seguido de un gruñido gutural, bastante animalesco, como si tuviera que usar todo su auto control para no desatar toda su furia ahí mismo.
—Entonces lo intentaré hasta que alguno de mi descendencia sea digno, ¿Eso es lo quieren, no? ¡Bien, entonces! — los pasos de Zuko volvieron a aproximarse a la entrada pero el primero de los hombres volvió a tronar, con un dejo de satisfacción y claro amago de ofensa, se notaba demasiado que tenía alguna especie de recelo hacia el gobierno de Zuko y más aún parecía bastante ofendido con su posición.
—No se esfuerce, Lord Zuko, esa mujer no aceptará unirse a usted, es demasiado necia y voluntariosa, así que demos por terminada esta tontería — aquel hombre se puso de pie y anduvo a la salida, pasando al lado de Zuko, a quien ignoró, andando hasta la puerta con aire estoico y victorioso, se podía sentir muy claramente que estaba totalmente seguro de tener razón.
Toph apenas tuvo tiempo de andar de puntillas hasta girar en el pasillo antes de que aquel anciano saliera, seguido por el resto de los sabios, quienes prácticamente indiferentes a su Señor abandonaron el cuarto en segundos. Zuko se quedó de pie en el mismo lugar por varios minutos, Toph, desde su posición, pudo sentir el latido de su corazón e incluso pudo escuchar su respiración entre cortada. Estaba furioso y frustrado, pero también estaba temeroso, parecía que una parte de él entendía que aquel sabio tenía razón, destilaba indecisión y duda, todo rozando la tristeza y decepción. Entonces todo tembló dentro de la chica, igualmente temerosa, vaciló entre sí aquel sabio tenía o no razón."
Estiró los brazos y se sentó en la escalerilla, tratando de considerar adecuadamente lo qué ahora haría. Había aceptado aquel símbolo sobre su cabeza aún de manera no oficial pero sabía que la pregunta llegaría más temprano que tarde y ella ya debería tener una respuesta. Se puso nerviosa de ante mano y quiso salir corriendo para no tener que pasar por eso, pero considerar escapar siquiera era una tontería, luego de tanto tiempo y tantas cosas era algo que ya tendría que saber.
Zuko le pediría matrimonio en los próximos días, estaba más que segura y se daba cuenta cada vez que él se quedaba pensando o ella lo sentía poniéndose nervioso a su lado, como si ensayara las palabras en su mente y temiera a lo que pasaría.
No había habido preguntas o compromisos verbales cuando ellos comenzaron su relación hacía unos años, pero Zuko no escatimaba en presentarla a sus allegados como su novia y entonces de a poco ambos se acostumbraron a aquel título y sentirse de esa manera, a saber que uno era parte del otro, a saberse en una relación donde la pregunta terminaba sobrado, ambos preferían demostrar que eran participes y consensuaban aquella unión, las palabras siempre carecían de significado cuando existan los hechos.
Y ella lo quería, por supuesto, ¿Cómo no hacerlo cuando él le había dado tanto, en todo sentido? Le había hecho tener confianza de nuevo en ella misma, le había dado valor, fuerza, entereza y mucho cariño. Se complementaban, sacaban lo mejor de ellos y cada día eran mejores personas si estaban juntos, incluso, por más terribles o desastrosas que fueran las cosas, por más necia, testaruda y absurda que pudiera ser, Zuko le daba la mano y la ayudaba a seguir adelante, le ayudaba a seguir siendo ella, tan libre incluso con él, tan llena de todo a un punto rebosante donde podía sencillamente saber que si llegaba a caer los brazos de él estarían ahí para amortiguar su caída. Era feliz a través de él.
Y aun así, había una gran parte en su pecho que temía, que no quería.
¿Por qué? Se preguntó, con miedo, con decepción de sí misma de no poder ser valiente y arriesgar todo como él lo estaba haciendo con tal de estar con ella.
¿Era su trabajo? Meditó, ella amaba ser la jefa de policía y también adoraba patear y golpear delincuentes, mofarse y regodearse en sus tan aduladas habilidades, patrullar, mandar, gritar, todas las pequeñas cosas que eso llevaba la llenaban de vida, la hacían ser quién era.
Y tenía genuino miedo de dejar ese estilo de vida, de dejar de ser la jefa Beifong y de arriesgar el todo cada día, tenía miedo de volverse impropia, de tener que abandonar Ciudad República definitivamente y quedarse ahí, en el palacio, como la reina de una Nación a la que no pertenecía, teniendo hijos, resistiendo la desaprobación de muchos, sin demasiada acción, sin más aventuras sólo el de ser una esposa. Maldijo y se odió por ser tan testaruda, por ser siempre caprichosa y estúpida, por haber sido demasiado rebelde y detestar la calma y tranquilidad, odiaba obedecer reglas e incluso comportarse como la realeza, se sentía acorralada.
¿Iba a dejarlo todo por él, por Zuko? La obviedad decía que sí, que tenía que hacerlo, él no merecía su rechazo y por supuesto que ella no le concedería la razón a ese sabio, sí lo hacía, entonces tendría razón y todos esos años habrían sido una pérdida de tiempo, una mentira.
Casarse siempre había sido la última de sus preocupaciones, y jamás había imaginado que casarse con el Señor del Fuego sería posible, con todas las responsabilidades y decretos que eso conllevaba habría querido estar lo más lejos de ahí.
Pero, ¿acaso su amor no era suficiente? ¿No amaba a Zuko lo suficiente? ¿... amaba a Zuko?
Tembló en su lugar y se abrazó a sí misma, Zuko lo había admitido delante de los sabios sin duda y ella había sentido la verdad en él. La amaba incluso si nunca se lo había dicho, pero, ¿ella lo hacía? ¿Podía arriesgarse a decir algo como eso? Tragó duro y se vio a sí misma en la indecisión, él le había dado tanto, en tanto tiempo, ¿Por qué no podía decir que sí y acabar con todo de una maldita vez? Deseaba que la respuesta fuera un sí, con todas sus fuerzas, quería amarlo y casarse y darle un heredero y tener un final feliz, ¿entonces porque no podía? ¿Por qué tenía tanto miedo? ¿A qué le temía?
Había una voz dentro de su cabeza que le advertía que si ella aceptaba aquel matrimonio no había vuelta atrás, que entonces realmente no habría modo de terminar lo que había entre ellos, que estaría con Zuko para siempre, y aunque eso debía estar bien, no lo estaba, su corazón parecía reacio, como si al casarse se estuviera engañando y traicionando ella misma, traicionando sus verdaderos sentimientos, y Zuko no merecía eso, ni ella tampoco.
Una risa tronó al frente y sintió a Lin correr cerca de ella, con esa ropa de la Nación del Fuego, su pequeño chongo sobre su cabeza agitándose en el aire con cada paso y su corona metálica como cereza del pastel. Sonrió ella misma sin notarlo y su cabeza la obligó a recordar todo lo que Lin había aprendido y disfrutado en esos años, todo lo que Zuko la había ayudado, todo lo que parecía querer a su hija y el acompañamiento y la ayuda que había recibido de él.
Con una sonrisa apretada entendió que tenía que hacerlo, si no era por ella, sería por Lin, incluso por Zuko, no podía quitarle eso a su hija, ¿Qué iba a hacer sino? Lin terminaría creciendo sola si ella se rehusaba y continuaba con su trabajo en Ciudad República, y la pequeña necesitaba una madre, necesitaba un hogar, uno de verdad.
— ¡Mi señora! — uno de los guardias del palacio llegó agitadamente hasta ellos, llamando la atención de Toph y de Kim Soo, quienes de inmediato giraron a él, expectantes. — ¡Los hijos del Avatar Aang están aquí, dicen que necesitan su ayuda urgentemente!— gritó, alterado, dejado a los otros dos en unos segundos de incredulidad.
— ¿Qué dices? — preguntó Toph en el shock, sintiendo su rostro apretarse en preocupación.
— ¡Al parecer están atacando Ciudad República! — Toph se puso de pie y espabiló de inmediato, mostrando un rostro alterado y asustado.
—Kim, cuida a Lin — indicó al hombre que ya había andado hasta ella, echando a correr inmediatamente a donde le indicó el guardia.
En la entrada del palacio Appa aguardaba con dos niños sobre su espalda, los dos claramente asustados y escandalizados. —Mi mamá nos mandó por ti, tía Toph, hay un hombre malo atacando por todas partes — comunicó Bumi una vez que la bandida ciega llegó de un salto a la montura.
— ¿Un hombre malo? ¿Qué clase de hombre malo? — cuestionó, tratando de averiguar que pasaba y quién podría estar atacando la Ciudad para planear una estrategia al respecto.
— No sé, pero lanza piedras con fuego... es como... lava— indicó el adolescente, conmocionado y frunciendo en incertidumbre.
— ¿Lava? — Toph repitió aquello, extrañada, pensando si el chico estaría diciendo tonterías pero ya era demasiado mayorcito para estarse con estupideces, así que aquello la movió de inmediato, logrando ponerla nerviosa.
— ¡Y le está dando una paliza a mi tío Sokka! — agregó Kya en un agudo grito, casi parecía emocionada al respecto.
— ¿Qué...? — Toph parpadeó muchas veces para centrarse, pero escuchar aquella información casi le detuvo el corazón y su nerviosismo se transformó en terror puro.
— ¡Quise ayudarle pero insistió en ponerse al frente de la defensa! ¡No creo que mi tío resista mucho sólo con su bumerang! — Toph chasqueó y soltó una maldición, caminando de inmediato sobre la espalda de Appa para colocarse en la cabeza con presura casi demencial.
— ¡Vamos, Appa, yip yip! — el bisonte volador se elevó de inmediato, girando sobre de sí para andar de vuelta a Ciudad República. — Eres un grandísimo estúpido... — siseó ella, como si de alguna manera le estuviera hablando a Sokka dentro de su cabeza. —Sólo aguanta un poco... ya voy...
[...]
— ¡Katara! — la voz de Toph tronó de pronto y la maestra agua giró a un lado desde su atrincherada posición. — ¿Qué demonios está pasando? — llegó hasta ella de un impulso con su tierra control, sintiendo con sus pies unos grandes edificios destruidos y desparramados sobre el suelo, había mucha gente, la mayoría de ellos completamente bien. Arrugó la frente sin embargo cuando no detectó a ni uno de sus hombres a la redonda, y con ellos, tampoco estaba Sokka.
— No lo sé, Toph, ese tipo llegó atacando la ciudad, debió saber que Aang y Zuko se reunirían con el Rey Tierra en Ba Sing Se, nos tomó desprevenidos — Toph gruñó ante eso y siseó, mostrando sus dientes apretados en una mueca indescifrable, envuelta en una sensación de ira asesina y preocupación, en duda y angustia. Se recriminó un segundo el no haber estado ahí para defender su ciudad, eran más desastres en las viviendas de lo que hubiera podido contemplar.
— ¿Dónde está Sokka? — preguntó con fortaleza para que Katara no leyera la evidente y personal preocupación, pero desde que los niños le habían dicho que estaba enfrentando él a un maestro de ese tipo no podía pensar en otra cosa, tan bien como lo conocía posiblemente iba a querer jugar al héroe y en una de esas todo podría salir mal. Los labios de Katara se fruncieron en una mueca triste y maternal, una cargada de impotencia y miedo que Toph leyó sin problemas desde las plantas de sus pies, frunciendo el entrecejo y girando su rostro a la maestra agua en busca de una respuesta verbal, aquel silencio la estaba llenando de nervios y dudas.
—Yo... no lo sé — dejó ir, tragando fuertemente, visiblemente culpable y bañada en una inquietud compartida — Hace rato que se fue con el resto de tus hombres... me quedé aquí a ayudar a los civiles… pero ni uno de ellos ha vuelto — Toph se mordió el labio inferior y volteó su rostro al frente, tratando inútilmente de sentirlo, de escucharlo en algún lado dentro de la lejanía.
Pensó el crear una estrategia, en pedir detalles del enemigo o buscar refuerzos, pensó en llamar a las fuerzas de la Nación del Fuego o cualquier otro lugar, muchas posibilidades saltaron a su mente una a una, todas igual de importantes que la anterior. Hubo una sin embargo que le creó un escozor y sencillamente no pudo dejar de pensar en los cortos segundos que se detuvo a meditar. Sokka. Su mente le exigía encontrarlo, algo más grande que eso aún le picaba fuertemente en el pecho y la sangre se le iba a la cabeza hasta darle la impresión de que iba a estallar. Entendió entonces que no podía hacer más que ir a buscarlo, a rescatarlo, a ayudarlo, o solo a asegurarse de que estaba bien, de que seguía de pie. Era necesario, incluso parecía una necesidad.
Sintió a Katara mirarla y encontró en sus ojos una súplica que no necesitaba expresar en palabras. Toph asintió y Katara supo que le había llegado el mensaje. Aun si Katara no se lo hubiera pedido, ella lo sentía como su responsabilidad, como su más grande deseo en ese momento. Maldijo de nuevo mientras comenzaba a avanzar por los estragos de una batalla a lo largo de unas pocas calles de la ciudad, sintiendo los bordes irregulares de las casas quemados y a muchos civiles escondidos en los alrededores. Sintió un dolor en el estómago cuando entendió que gran parte de todo eso era su culpa, que ella había abandonado la Ciudad y como Jefa de Policía debía ser la primera que estuviera al frente de una ardua batalla, y ahora había involucrado gente inocente, había comprometido a sus hombres y había puesto en peligro a Sokka.
Negó, moviéndose por otra cuadra, palpando con su habilidad los alrededores en aquella irremediable búsqueda. Quiso convencerse de que era su deber buscarlo, que él era un concejal y que debía proteger su bienestar como parte de su trabajo. Sin embargo y contradictorio a su premisa, cada segundo que transcurría se convertía en un suplicio para ella, en un ahogado y doloroso grito interno, en un desgarrador golpe en el alma. Tenía miedo, tenía mucho miedo y la duda comenzó a invadirla hasta hacerla flaquear.
La culpa fue lo primero en apretar su garganta y pronto se volvió en arrepentimiento y sofocante preocupación que en segundos ya no le cabía en el pecho, que sentía que explotaría. Sus manos temblaron desesperadas y la ansiedad se apoderó de su pensamiento. La lógica y la realidad la abandonaron ante tantos negativos pensamientos, ante la premisa que pintaba delante de ella y que la volvía loca, que la hizo dejar de sentir que era la Jefa de Policía en su deber de buscar un concejal del gobierno. Era ella, Toph, en bruto, buscando a su viejo mejor amigo, a esa risa al fondo de sus pensamientos, al tonto que la había hecho reír y también llorar, era ella buscando a su otra mitad.
Se detuvo cuando la carretera se cortó bruscamente y sintió unos pasos a unos metros de ella andando a prisa en su dirección. — ¡Jefa Beifong! — llamó aquel hombre, apresurado, pero ella no se movió de su lugar, demasiado inmersa en lo que haría, en lo que sucedía.
— ¿Dónde están los demás? — preguntó a Saiko -su segundo al mando-, girando suavemente su rostro en su dirección.
— Ese tipo... convirtió el piso en lava y después abrió un hoyo en la tierra... cayeron por ahí pero...
— ¿Y el general Sokka? — interrumpió a su segundo al mando, ya sin disfrazar su interés y nerviosismo.
—No sé... estaba aquí conmigo cuando todo eso pasó... probablemente lo arrastró hasta ese hoyo, no pude verlo porque el edificio me cayó encima — Toph asintió ante esa información y trató de concentrarse en ese agujero en el piso, un boquete demasiado grande y caliente, no debía haber pasado demasiado tiempo desde que lo había hecho. Aún tenía tiempo.
—Busca a Katara y ayuden a la gente, yo me encargo del resto — su segundo al mando apenas asintió cuando Toph saltó directamente al hoyo, sin ninguna clase de vacilación o duda, parecía estar dando el todo por el todo. Y tal vez en realidad así era.
Cayó sobre una rocosa superficie, claramente de lava seca, sintiendo su corazón agitarse fuertemente al sentir aquel lugar vacío. Un incesante ruido en su corazón se hizo grave y tuvo mucho miedo, quiso largarse a llorar, quiso correr muy fuerte hasta poder encontrar paz, hasta encontrarlo, y la idea contradictoria de estar perdiéndolo la azotó y la puso nerviosa. Sentía que el tiempo pasaba y que cada segundo era una pérdida de tiempo, que cada instante era fundamental y no podía darse el lujo de fallar, sus pensamientos le repetían constante un pitido alarmante y recriminatorio. Estaba a punto de volverse loca. Sentía que iba a fallar.
— ¿Toph…? — la voz, su voz, se escuchó a su lado y cortó su impetuoso tren de ideas. Parpadeó varias veces y giró sobre sus talones un par de veces, sintiéndose extraña cuando notó que de hecho no podía sentirlo, dudando un segundo si había sido su imaginación traicionándola y su voz llamándola era solo el producto de su mente, una de tantas alucinaciones suyas jugándole una mala broma en el peor de los momentos posibles. Sin embargo, rompiendo ese silencioso preámbulo unos pies sonaron en las rocas y finalmente el cuerpo de ese hombre fue visible para la chica, quien pudo percibir su vibración y saber con esto el lugar exacto donde se encontraba. —Yo… estaba tratando de subir por esas maderas pero…
No terminó su explicación, los brazos de Toph lo rodearon sorpresivamente con una posesividad que no creyó posible. El lugar estaba endemoniadamente oscuro y húmedo, ajeno y lejano, tan profundamente silencioso que la quietud lograba abrumarlos y ambos pensaron casi convencidos que lo que estaba ocurriendo era parte de su imaginación, que era un sueño, uno retorcido y que pronto terminaría, que ambos despertarían sobre sus camas una vez más, en soledad. El latido de él contra su rostro fue suficiente para saber que no era un sueño, para reconocerlo y entenderlo, para suspirar en alivio y en calma, aun temblando por la conmoción y la reciente desesperación que culminaba en un cruce de emociones endemoniadamente fuerte.
—Estaba tan preocupada — susurró sin querer hacerlo, las palabras se habían escapado como seda fina de entre su boca, con tanta crudeza y veracidad que le picó la lengua, que golpeó los oídos de él con la fuerza de todo aquel revuelto sentimiento, de las sensaciones a flor de piel que la chica destilaba y él prácticamente podía acariciar entre sus dedos. Se aferró a ella con la misma fuerza, con la misma necesidad, con el mismo sentimiento de encontrarse y saberse completos, saberse ahí, de pie, como antes, como siempre, como nunca más.
—Estoy aquí… tranquila — susurró él en su oído y pegó sin alguna clase de vergüenza o vacilación su rostro a la frente de ella, posando sus labios tan suavemente en esa descubierta piel que aquello parecía un bello gesto, limpio y puro, más que un crudo y frio beso en su rostro.
Eso fue sin embargo lo que los despertó a los dos de su ensoñación, lo que les recordó lo sucedido y los jaló fuertemente de vuelta al presente, al dolor, al abandono, a la separación. Parecieron conectados en el momento en que se soltaron y retrocedieron un par de pasos, incluso lucieron sincronizados a la hora de tomar aire fuertemente y preferir girar a otro lado la cabeza, con negación.
A la cabeza de Toph le llegó todo tan vívidamente con esa caricia que sintió el dolor agobiarla nuevamente, tenía tanto tiempo que no estaba así de cerca de Sokka que la impropiedad había ganado ante aquella caricia tan conocida y secretamente añorada en un ahora al que ya no pertenecía. A su mente vino Zuko y se regañó a sí misma, por haber sido demasiado débil y haberse dejado guiar y dudar tan fácilmente, por no haber mantenido firme sus prioridades y dejarse llevar por sentimientos del pasado, por cosas que ahora se suponía que ya no tenían significado. Frunció, y junto a la calma de saberlo bien y la tranquilidad que le dio aquel breve abrazo, volvió a su mente el rencor y los problemas pasados, colocando su rostro serio al sentirse patética por haberse preocupado tanto, por haber estado histérica todo ese tiempo hasta hallarlo.
Sí, Sokka era su amigo y parte del equipo Avatar, pero entendió también que aquella preocupación no había sido normal y se decepcionó de sí misma, se incomodó y se sintió absurda. Sokka tragó fuertemente y llevó sus ojos a donde sabía que estaba ella, aun sin poder verla por la oscuridad. Sintió una revoltura parecida a la de Toph, aquel abrazo y aquella sinceridad después de tantos años que la maestra tierra se la había pasado tratándolo mal e ignorándolo le hizo traer sentimientos del pasado que también creyó abandonados, o más bien, que intentó desechar.
La intimidad de aquel sintió los envolvió en incomodidad, en un aura llena de tensión, de palabras que debieron haber salido hacía mucho tiempo y de vastos arrepentimientos. Toph apretó los labios y suspiró hondo por la nariz, no quería seguir ahí porque estar así de cerca y a solas con él le traía demasiados recuerdos y sensaciones, demasiada tristeza y reclamos que no dijo en su momento y no quería repetir en su mente ahora, ya no tenía caso, nada de eso lo tenía, toda esa atmosfera estaba fuera de lugar. No era momento para sentir de nuevo cosas que habían terminado, se había dejado llevar por la añoranza de los buenos tiempos y la preocupación, nada más, se dijo, convencida, ahí ya no había nada más. No, no quería, nunca más.
— ¿Nos vamos? — murmuró Toph, bastante nerviosa y con una renovada presura y frialdad, una que aunque había usado los últimos años, a Sokka pareció dolerle, como la primera vez, como cada vez.
No respondió con palabras, solo camino un poco hasta ella y se quedó quieto, esperando por la acción de su tierra control. El suelo tembló suavemente y se desprendió el pedazo de superficie donde ambos estaban parados. Sokka se balanceó un poco ante las vibraciones y el movimiento a lo que Toph se mantuvo indiferente, incluso aceleró el movimiento adrede, queriendo lucir ajena a él, mostrando fortaleza y rechazo para contradecir su corazón que aun latía más fuerte de lo que debía ante su cercanía.
Los ojos de Sokka la miraron de reojo, con curiosidad y el sentimentalismo fresco reflejado en ellos, percibiendo apenas su figura cuando la luz comenzó a llegar hasta ellos, quedándose con sus ojos pegados a esa mujer, aguardando porque la luz se hiciera presente y poder finalmente mirar aquel tan conocido rostro. El trozo de tierra llegó a la superficie casi al mismo tiempo que Sokka pudo contemplarla completamente, sin embargo, lejano a la idea que él esperaba, su quijada se apretó con demencia que incluso fue capaz de lastimarse. Sus ojos se abrieron grandes y el aire se le fue de los pulmones, algo endemoniadamente duro aprisionó su garganta y el color se le fue de toda la piel, no podía creer lo que veían sus ojos, no quería creer lo que había ahí.
Toph notó aquel cambio brusco en el ritmo cardiaco de Sokka y entendió que estaba alterado por alguna razón. Se preguntó si algo malo estaba pasando pero al tener una imagen de su silueta a su lado comprendió que de hecho el guerrero la estaba mirando. Frunció ante aquello y giró suavemente el rostro a él en interrogativa, sin entender por supuesto que en realidad los ojos del jefe concejal estaban puestos sobre su cabeza, más específicamente en aquella pequeña y dorada pieza que brillaba sobre su abultada cabellera negra.
El enojo se intensificó en el guerrero del sur y la palidez en su rostro fue reemplazada por un rojo vivo, la sangre bombeaba desenfrenada a su cabeza por la ira y el arrebatador sentimiento de furia destructiva que nacía en él. Toph frunció al sentirlo aún más agitado y trató de poner sus ojos en los de él para hacer más clara su duda ante su reacción. Sin embargo, al verla mirarlo con esa expresión de no entender nada sólo creó más caos dentro de la mente de Sokka, quien sintió un sinfín de palabras aglomerándose en la punta de su lengua, todas reclamos filosos, tonterías cargadas de recelo y groserías que no supo ni siquiera de dónde venían.
La odió mientras sus ojos brillantes la recorrían y la encontraba cubierta por esas telas finas y elegantes de acabado rojo, cada centímetro de su piel que destilaba pertenecer a otro. ¿Cómo se había atrevido a decir que estaba preocupada por él cuando se paseaba por ahí con todo eso puesto? ¿Cómo fingía interés por su bienestar cuando al mismo tiempo le restregaba que ya estaba y era de alguien más? ¿Con qué derecho lo había abrazado y confundido? ¡Él no había pedido ser rescatado en primer lugar! ¡Hipócrita!
— ¡Sokka! — la voz de Katara lo distrajo y enseguida notó que los hombres de Toph junto a su hermana estaban llegando a ellos con prisa. — ¡Estaba tan preocupada por ti! — soltó conmocionada y trató de abrazarlo, siendo rechazada al instante por el hombre, quien pasó de ella y dio largas zancadas para tomar distancia.
—No necesito que me cuides, Katara. No soy tan débil o tan idiota cómo crees — soltó aquello con irritación, y aunque claramente no estaba enojado con su hermana, la indirecta llegó a donde quería y Toph frunció los labios en molestia, ahora se sentía aún más tonta por haberse preocupado por ese imbécil mal agradecido, ni siquiera entendía que le estaba molestando, así que decidió pasar de él, no tenía caso y no era su problema los asuntos con el jefe concejal, de todos modos.
— El enemigo escapó, Jefa — dijo uno de ellos y Toph asintió, cruzándose de brazos, pensativa.
—Vamos a la oficina de policía, hay muchas cosas de qué hablar y demasiado por hacer. Manden un halcón a Ba Sing Se y avisen al Avatar, que vuelvan de inmediato — ordenó y los tipos asintieron velozmente. — Me quedaré hasta resolver todo esto. Necesitaré que nos acompañen a la comisaria — les habló a los hermanos de la tribu agua, con tanta seriedad producto de lo recién acontecido que Katara por un momento se sintió bajo arresto.
— Bien, te alcanzaré allá, primero necesito llevar a Kya y a Bumi al templo del aire… ¿Lin vino con ellos? — preguntó con amabilidad, lanzando sutilmente su invitación a cuidar a su hija.
—No, ella está en la Nación del Fuego, es mejor que se quede allá, está en buenas manos — le sonrió suavemente al rechazar su oferta y Katara asintió más para sí misma.
— ¿Podemos ir de una maldita vez? — Sokka gruño a su lado y rompió la amable y amistosa atmósfera que había entre ellas, ganándose un rostro de desagrado por parte de las dos.
—Los espero allá, me voy yendo — apenas dijo eso se impulsó con su tierra control y salió de ahí a gran velocidad, dejando al par de hermanos en un momento de tensión y de extrañeza, en un silencio que no uno de los dos parecía lo suficientemente valiente para romper.
— ¿Cuál es tu problema? — soltó finalmente Katara luego de que ni uno de los dos se moviera de su lugar por varios minutos.
—No tengo ningún problema, ¿cuál es el tuyo? — trató de voltearle las cosas pero la morena negó, girándose a él y colocando las manos en jarras, totalmente maternal.
—Sólo admite que te molestó verla así… — Sokka bufó y se dio media vuelta para quitarse los ojos recriminatorios de la otra de encima.
— ¿Por qué me molestaría? Todos sabemos que anda con… con él… — dijo, agitando su mano al decir aquello en el aire, con toda la ironía que el cuerpo le permitía.
— ¿Ni siquiera puedes decir su nombre, Sokka? ¿De verdad? — el mencionado gruñó y se pasó una mano por la cara, cansado de las palabras de su hermana. —No seas infantil, eso solo era cuestión de tiempo, tienes que dejar a un lado tus problemas…
— ¿Yo? ¿El del problema soy yo, Katara? ¡Ella fue ahí dentro y me abrazó como si le importara todavía! ¡Y luego va por ahí con esa corona estúpida anunciando a los cuatro vientos que es la esposa de Zuko! ¡¿Qué mierda tiene en la cabeza esa mujer?! — gritó, ya sin poder contenerse, girándose a la maestra agua con violencia que de nuevo no iba dirigida hacia ella.
— ¡No, ¿Qué mierda te pasa a ti, Sokka?! ¡Es obvio que ella estuviera preocupada y por eso lo hizo cuando te encontró! Que lo de ustedes haya terminado no significa que no puedan ser amigos, además, seguro que aún no se casan, tal vez solo están anunciando su compromiso, y sobre eso, ¿a ti qué demonios te tiene que importar? — Sokka gruñó y dejó ir un suave grito frustrado al aire, en el fondo sabía que su hermana tenía razón.
—Sólo, no entiendo porque tiene que venir así a Ciudad República — Katara rió por lo bajo y aquella risilla descolocó al moreno, quien le lanzó una mirada furiosa.
—Ella no tiene por qué contenerse, Sokka, mucho menos por ti. Seguramente no tuvo tiempo de cambiarse, esto era una emergencia. Ya basta Sokka, supérala de una vez — el guerrero negó fuertemente ante aquello y volvió a lanzar sus ojos fieros sobre su hermana.
—Yo no tengo nada que superar, no había nada entre ella y yo desde el principio — intentó refutar, tontamente.
— Deja de fingir que no la quieres, admite que la perdiste y que eso te duele, acepta que ya es feliz con alguien más. Olvídala y déjala seguir con su vida, sigue también tú con la tuya de una maldita vez — Sokka apretó los labios y la miró con furia y reclamo, no podía creer que su dulce hermana estuviera diciéndole esas cosas a él. — Deja de actuar como un tonto cretino, y si tanto te molesta, ¿por qué no le reclamas? ¿Por qué no le dices algo a ella directamente? — Katara se cruzó de brazos y frunció la frente, furiosa con la actitud de su hermano mayor. —Quizá, no eres lo suficientemente valiente, ¿no? — se burló con clara intención de causarle dolor, provocándolo justo en el orgullo, donde sabía que más le dolía.
—Tú no sabes nada, Katara, así que no te metas — su voz sonó dura y fría, decidiéndose a marcharse finalmente, pasando de ella y empujándola suavemente a un lado con el brazo para quitarla de su camino.
Se marchó entre las calles, hecho una furia, con demasiados sentimientos frescos y viejos sobre él, y en su dudoso y furioso andar, una parte de su mente le dijo que Katara tenía razón, que quizá, realmente necesitaba decirle algo a ella. Y esta vez, parecía que era su última oportunidad.
NA. Se supone que iban a pasar más cosas pero me extendí más de lo que pensé, y también se supone que solo faltaría un capítulo luego de esto pero supongo que serán dos porque la idea se volvió a extender xd
Ah, sé que parece que Sokka está actuando "sin justificación" pero al respecto de eso quiero que se hable en el siguiente capítulo, además, creo yo que todos hemos conocido a alguien que quiere esos beneficios de amigos sin compromiso y luego anda de arrepentido (?
En fin, gracias por leer, saludos!
