Disclaimer: Todo pertenece a George R. R. Martin.
Esta historia participa en el reto 90 del foro Alas negras, palabras negras.
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La llama de la pasión
Capítulo 2
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Robert Baratheon se había encontrado a lo largo de su vida en numerosas situaciones extrañas, la mayoría por causa del alcohol, pero esta superaba con creces a todas las demás.
Todo había empezado la noche en que Cersei había hecho aquellas terribles declaraciones que habían dejado su corazón, o más bien su ego, hecho pedazos. Desde entonces había buscado la forma de hacerla cambiar de opinión. Había intentado de todo, incluso había hecho un gran esfuerzo y había consultado un libro procedente de Las Islas del Verano que le había ofrecido el maestre Pycelle y que debía ser muy antiguo porque estaba manoseado y pegajoso en algunos lugares.
No obstante, nada de esto funcionó. Decidió entonces probar a pedir consejo a Renly: un hombre joven y guapo como él, que no es que Robert no fuera joven y guapo también, sin duda debía saber lo que había que hacer para complacer a una mujer. Fue su hermano, en su infinita sabiduría, quien le dio el consejo que lo había llevado a esa situación: escuchar a Cersei.
Robert sabía por experiencia que nada bueno salía de escuchar a Cersei. Para muestra el nombre que ella había elegido para los niños. No obstante, decidió hacerle caso a su hermano y preguntarle a su esposa que deseaba en la cama.
–Hombre, pues ya que lo preguntas. . . podrías dejar de roncar y de moverte tanto. Sería mucho más cómodo.
Robert se armó de paciencia y repitió la pregunta aclarando a qué se refería. Cersei se quedó pensativa un instante antes de añadir.
–Quizá podríamos probar a hacerlo con otra persona.
Sorprendentemente tratándose de su esposa, a Robert le encantó la idea. Hacerlo con dos mujeres le parecía un gran plan. La propia Cersei se ofreció a traer a la otra persona y Robert se quedó muy contento esperando la noche con expectación.
Robert no sabía qué esperar de la mujer escogida por su esposa, pero desde luego que no esperaba que fuera caballero, miembro de la guardia real y su cuñado, es decir, que no fuera una mujer, sino el mismísimo Jaime Lannister.
Lo más extraño de todo fue que Robert disfrutó la experiencia. Por primera vez Cersei y él disfrutaron de algo por igual y cuando terminaron y él volvió a formular la pregunta que había iniciado todo aquello ella contestó que sí, que esta vez sí.
–Yo también –aseguró Robert –De hecho creo que podemos probar a hacerlo con otras personas más.
–¿Tienes a alguien en mente? –Preguntó Cersei, por primera vez interesada en una idea de su marido.
–Sí, pero antes tengo que conseguir traerlo a Desembarco. El puesto de mano está libre ahora ¿no?
