Buen día Nina! ¿Cómo está usted?

-Buen día Señor!. Muy bien, gracias. ¿Le sirvo su desayuno? en un momento estará listo.

-Llévemelo a la habitación... No, mejor no…Disculpe…sírvalo aquí.

-¿Aquí?- preguntó con asombro la empleada- Señor, ¿la cocina?

-¿Qué de malo tiene Nina? la cocina es como cualquier otro lugar de la casa. Es más es un lugar importante para mi familia, aquí usted cocina los alimentos para mis hijos y, si es porque soy el patrón de ésta casa despreocúpese, no soy ese tipo de personas.

-¡Esta bien Señor!

-Gracias, además que no quiero estar solo en aquel enorme lugar- el reloj marcaba las 9 de la mañana.- por favor que sea algo liviano.

-Como usted guste señor…enseguida!- Nina le preparó frutas, jugo y un poco de cereal-¿ Está bien así Señor?

-Si Nina- Terry a duras penas comió las frutas y el jugo de naranja fue lo que más ingirió.

Después de desayunar Terry se dirigió a la Terraza. se sentó y tomó el diario que todas las mañanas se colocaba en ese lugar. No tenía ánimos ni siquiera de leer, lo cerró y su mirada se perdió a la distancia. Pensaba en todo y en nada

-¿Será que sea mi oportunidad?- se pregunta Julia quién se acercaba lentamente - ¡Buenos días Señor!

-¡Buenos dias!, ¿se le ofrece algo? ¿Algún problema con los niños?-Terry se mostró molesto. Cuando se aislaba de esa manera no le gustaba ser interrumpido. No precisamente tenía que encerrarse para querer estar a solas. Además que cualquier cosa que necesitara, ella debía comunicárselo a Nina.

-Oh, no Señor, solo es…. decirle que los niños han hecho su merienda y ahora están jugando.

-¡Bien!- exclamó un poco desconcertado, no le gustaba la manera que la mujer lo miraba- dejaré que jueguen un poco más y luego iré a verlos. puede retirarse y muchas gracias- Al ver que la mujer no daba indicio- volvió su mirada a ella- ¿Le sucede algo?

-Bueno…Eh, también venía por si se le ofrece algo….no sé, ¿Desea que le traiga un jugo o algo de comer?.- Terry se había puesto de pie y entonces ella se acercaba aun mas. Deseaba despertar en el castaño su ansiedad y para eso había descubierto su escote desde que lo había visto ir hacia el lugar. Terry, apartó el rostro pensando que había sido un "descuido" de una blusa semiabierta aunque una falda que se ajustaba a sus delineadas curvas, no eran tanto un descuido.

-Señorita Julia...usted- dijo señalando su pecho y ella fingió desconcierto, puso sus brazos en cruz sobre este.

-¡Oh, perdóneme usted!...¡Que vergüenza!

Julia no era una belleza de mujer, pero si elegante y poseedora de sus encantos. Tenía estudios de Psicología infantil, pero al no conseguir trabajo en su rama y ver el anuncio y la buena paga que ofrecían por cuidar niños, la oferta le pareció tentadora. Además de lo tentador que es el patrón, a quien solo lo había visto a varios metros de distancia.

-Sabe?, quiero un poco de Té- dijo para alivianar el bochorno por el que aparentemente estaba pasando la mujer- por favor dígale a Nina que lo prepare y que me lo traiga. Ella sabe cómo me gusta.

-¡Si Señor!- Julia fue de inmediato a la cocina y le indicó a Nina lo que el Señor pedía.

-¡Esta bien!, en cuanto lo tenga listo se lo llevo. Incluso sabiendo que le encanta estaba preparando todo para cuando me lo indicara.

-¡Oh, no!- Nina se sorprendió por lo abrupto de sus palabras- el señor solicita se lo lleve porque ha de hablar conmigo sobre los niños.

La mujer mayor la observó con cierta desconfianza. El Té siempre se lo ha servido ella, pero y ¿si era verdad que iba a hablar con ella sobre los niños?. Después de todo Julia era la encargada de los gemelos y con justa razón el Señor Terry desearía hablar sobre el comportamiento de ellos.

-Bien…toma Julia está listo! Aquí está el azúcar y el limón, pero esta taza servida esta lista al gusto del Señor. Le gusta con una de azúcar y dos de limón.

Julia entonces tomando la charola con el té preparado se dirigió de nuevo a la Terraza, se sorprendió ver a la muchacha.

-Señor Granchester! Nina está muy ocupada y yo le ofrecí mi ayuda, si no le molesta.

-No, no me molesta!- dijo con seriedad mientras ella le ofrecía la taza con el contenido- pero sabe que usted es exclusivamente para los niños, no para tomar el lugar de Nina. Sin embargo entiendo que si Nina se lo pidió es por algo urgente.

-Así es Señor! – Julia fingió sentir mucho calor. Se movía de un lugar a otro, Terry tomaba su taza con la bebida y observaba cada paso de la mujer, si, era hermosa y ella supo que había captado su atención.- Será mejor que me retire, voy con los niños. Con su permiso.

Terry no dijo nada y siguió tomando su bebida. En unas cuantas horas iría por su hija al colegio, el segundo día que Candice asistía y había sido para la niña una experiencia maravillosa, pues no paraba de hablar de todo. Amante de los libros Candice había aprendido a leer muy prontamente y era el orgullo de sus padres. La creatividad de la niña era extraordinaria le gustaba leer, crear historias, dibujo y pintura sus padres se sentían muy orgullosos y decían que la niña posiblemente sería una escritora, quizás una muy famosa, pero era muy pronto para saber que eso fuera posible. Llegó a la puerta del colegio, Candice entonces al divisarlo a la distancia corrió a sus brazos, la maestra la llamaba por su reacción abrupta, no se había percatado que el padre estaba allí y que la niña se volvía loca de verlo.

-¡Disculpe maestra! Candice ¿Qué se debe decir?

-Por favor señorita maestra discúlpeme- mencionó apenada- ¡No volverá a pasar!- Tanto Terry como la maestra sonrieron de escucharla.

-Lo siento mucho Maestra, también me disculpo con usted por la manera de actuar de mi hija.

-Scarleth, soy la profesora Scarleth Brooks y no se preocupe Señor Granchester. Los niños son así, sus reacciones espontáneas son lo más bello que podemos apreciar. Ellos lo hacen de manera natural, porque lo sienten desde el fondo de su corazón y su hija lo adora.

- Yo adoro a mi princesa!...pero también debe obedecer...¿Vedad Candice? - la niña asintió- Bien maestra nos retiramos y mucha gracias.

-¡Adiós señor! Hasta luego.

Padre e hija abordaron el auto. La niña estaba feliz por asistir al colegio, cosa que a muchos niños les resulta tedioso, pero para ella era un mundo maravilloso porque aprendía muchas cosas.

-Y dime amor, ¿cómo te fue en el colegio?

-Muy bien papi, la maestra nos contó una historia que me gustó mucho.

-Ah, sí? Y se puede saber cuál es esa historia que te encantó?

-Romeo y Julieta Papi, la has escuchado?...¡tú nunca me la has contado!- Terry se sorprendió. Por supuesto que conocía la historia si él fue uno de los que en su época de actor protagonizó la obra en cine siendo un éxito rotundo su primer protagónico. Ahora su hija le interesaba esa historia, si, es verdad que nunca se la leyó porque considera que el lenguaje poco le entendería su hija, pero al parecer su maestra se las había contado de una forma que los niños pudieran captar.

-Claro que la he escuchado mi amor, Romeo y Julieta es una hermosa historia, si gusta te la cuento o prefieres que la maestra lo siga haciendo.

-La maestra en el día y tú por las noches.- Terry sonrió por las ocurrencias de su hija.

-Muy bien, entonces así será….tu maestra en el día y yo te la contaré por las noches.- la niña asintió alegre y su padre la observaba maravillado.

Al menos el almuerzo lo haría en compañía de su hija y los gemelos. Su padre había solicitado comer con sus hijos, quienes se les educaban para sentarse a la mesa. Pocos minutos de haberlos acomodado, candy hizo su aparición.

-¡Buenas tardes Familia!... ¿Cómo pasaron el día?- preguntó con alegría al ver la escena de Terry con los niños.

-¡Buenas Tardes amor!...llegas a tiempo para la comida- le dio la bienvenida con un beso- ¿iras a cambiarte?

-No, lo haré de una sola vez…ahora lo que quiero es estar con mis amores- dijo mientras abrazaba a los niños y les depositaba besitos en sus frentes.

-Bien entonces Nina, por favor puede servirnos.

-Sí, Señor- Nina sonrió porque la Familia estaba completa, pero también se alegró de ver la hermosa sonrisa en el rostro del Señor.

A la distancia Julia los observaba. Sin tener derechos a sentirlo, se llenó de celos, cuando el hombre en cuestión no le pertenece. Había terminado de almorzar y se despediría de los señores.

-¡Perdón!, siento irrumpir de esta manera, señora me retiro. Hasta mañana.

-Oh, sí Julia…. ¿ya almorzó?- dijo levantándose de su silla.

-Si Señora.

-Julia- se detuvo- a partir de mañana usted se sentará a la mesa.

-¿Cómo?- preguntó Julia y Terry también se lo preguntó internamente.

-Usted cuida de mis hijos. Los niños empezarán a comer con nosotros y la quiero a usted igual si estoy o no, para ayudarle con los niños.- Julia quedó en silencio, pero después de meditarlo pensó que era una nueva posibilidad- por favor no se sienta incomoda y después de eso usted puede irse dejando a los niños con su padre.

-Sí, está bien…como usted diga. Mañana mismo empezaré...permiso.

A Terry no le agradó mucho la idea no por la razón que pudiera creerse.."Menospreciar a las personas", no, Terry no era así y lo demostró con Nina al comer en la cocina en donde además de eso conversó y conoció un poco más de las personas que le rodeaban. Consideraba que la muchacha debía sentir que trabaja en un lugar agradable, siendo que es el cuido de sus hijos en sus manos y el solo hecho de eso, Julia tenia valor en la familia, el problema es….si Julia está tomando en cuenta ese valor que tiene como persona de confianza. Terry no era tonto, no para nada…la intención de Julia cuando se acercó a la terraza, su vestimenta, ya eran varios encuentros de ese tipo…. Cualquiera hubiese aprovechado lo que estaba al frente, comportarse como el macho y saciar sus instintos salvajes, más en la condición de abstinencia que Candy lo ha llevado, Terence Granchester, un hombre que ama a su Esposa. Había soportado la tentación, si a eso Terry lo puede considerar una tentación. Esta locamente enamorado de Candy, que no había vuelto a su vida pasada, pero era un ser humano y aunque su hombría estaba más allá de estar dentro de las faldas de una fémina. No se puede predecir las artimañas que una mujer como Julia pueda utilizar. La pregunta ahora es….¿Julia trataría por otro medio hacer que el hombre caiga? ¿Hasta dónde sería capaz de soportarlo Terry?.

La había extrañado todo el día, ahora la caída de la noche volvía y la extrañaba más aunque estaba a solo poca distancia de ella. Lo observó y le sonrió.

-¡Te extrañe mucho Terry!

-Yo…también te he extrañado más.

-¿Cómo te has sentido?

-Muy bien amor. El dolor de la espalda poco a poco ha ido disminuyendo. Con los ejercicios que realizo por las mañanas me he sentido mucho mejor y con tus masajes por supuesto.

-¡Qué bueno por ti!. ¡Quiero que te mejores amor!- Le volvió a sonreír y en su sonrisa iba un cargamento de seducción.

-Vamos Candy… ¿Qué pretendes?

-¡Quiero que lo hagas!

-¿Hacer qué?- pregunto asombrado. La seducción de Candy lo tenía embobado, no sabía que responder. Ella se acercó a Terry sin desviar la mirada, con movimientos tortuoso empezó a desvestirlo lentamente. Cuando una vez sin sus ropas, sus manos finas y delicadas delineaba cada trazo del cuerpo masculino, su pecho, sus hombros, su cuello, sus ojos, ¡que ojos! y sus labios. Obviamente que Terry estaba como hipnotizado de las sensaciones exquisitas que estaba sintiendo en esos momentos. Ver a Candy acariciarlo de esa manera tan sensual y provocativa. El panorama de la mujer con sus cabellos sueltos y largos, la blancura de su cuello, el color de esos ojos que lo miraban con deseo, le provocaba besarla hasta hacerla desfallecer, sentía más sus caricias sus manos recorrer su cuello y entrelazar sus dedos en su nuca. Lo seguía observando, su ancha espalda provocaba ser besada y acariciada.-¡Candy!- dijo casi en un jadeo víctima de la tortura de caricias que estaba padeciendo- creo….creo que deberías de parar porque después….

-Shhhh. Calla- puso un dedo en los labios masculinos. Continuó y lo escuchó gemir.

-¿Que te ha hecho cambiar de actitud?- preguntó con sus ojos oscuros llenos de deseos -Dímelo Candy!, ¿por qué de pronto? …no quiero hacer nada si después me detendrás.

-No amor! disfrutemos de este momento- continuaba acariciándolo y besando su pecho.

-No, no puedo si después me vas a dejar….

-No, no lo haré. ¡Lo prometo!, no te detendré amor. ¡Esta vez no lo hare…!

-¡Candy!. ¡Me estás volviendo loco!- la beso apasionadamente

¿Tú me amas Terry?- sus miradas se anclaron.

-¿Qué si te amo? De más está responderte, claro que te amo!, aunque te has portado mal conmigo- prosiguió después de un beso- ¡Te amo y lo haré toda la vida con todo mi corazón y con todo mi amor.- seguía acariciándole ya completamente desnudo haciendo que el hombre quisiera estallar en ese momento, Candy se detuvo en sus caricias, y él pensó de nueva cuenta que solo estaba jugando con él- ¿otra vez Candy?- preguntó decepcionado.

-¡No desesperes!, no es el momento.- Terry dió por hecho que Candy se estaba burlando de él.

-¡Sabes que!- Candy seguía sobre su cuerpo.

-Shhhh. ¡Dije que calles!- se separó de él y entonces de pie empezó a despojarse de su ropa, primero su falda, blusa hasta quedar en interiores. El cuerpo de ella con solo verle lo sumergía a los placeres más profundos y a los pensamientos más abruptos de como poseerla. Se levantó y fue acercando a ella, quitó el sostén para ver esas montañas preciosas que aun emergían. Las tocó a placer sabiéndose su dueño. Con sus dedos largos y suaves realizaba caricias en esos botones que le conectaban con su centro íntimo. Después de tocarlos una y otra vez, los saboreó con su lengua uno por uno por largos y tortuosos momentos. Los tocaba y apretujaba, los lamia y mordía queriéndolos devorar. Candy no podía más con todo lo que estaba sintiendo y ¿Terry? que se podía decir de ese hombre que por casi dos semanas no la había degustado a placer. La condujo al lecho y en éste siguió con las mismas caricias. Ella gemía y vibraba por cada mordida, por cada roce de su lengua, por cada lamida.

-Terry!- gimió su nombre- Terry! -otra vez y una tercera vez- adoraba que ella mencionara su nombre justo cuando la llevaba al cielo- con sus manos y apenas con la fuerza que tenía tomó la cabeza del castaño, adoraba sentir lo que con su boca le regalaba. Seguía mordiéndolos con suaves estiramientos. El gemía y su miembro se presenciaba al filo. Su espada estaba lista y poderosa. Empezó a frotarlo, quería regalarle las delicias de las caricias que ella había sentido. Le besó, era la primera vez en 7 años de matrimonio que sucedía. Le daba suaves lamidas que el hombre se sentía flotar. Terry estaba sorprendido por lo que hacía, pero estaba sumergido en las sensaciones de placer que le estaba regalando su Esposa. Mientras ella lo hacia lo observaba retorcerse bajos sus labios, su respiración era rápida y sus ojos oscuros brillaban.- ¡Te gusta amor!

-¿Qué si me gusta?... me estas matando Candy….¡Me encanta!...- siguió haciendo la operación hasta verlo casi convulsionar, sabía bien hasta donde lo estaba llevando, pero no se apartaba, sin embargo Terry también sabía que estaba cerca, no quería ser desagradable con ella, no así, quizás no por el momento…así que levantó el rostro de ella y la llevó a sus labios.- Me has regalado las caricias más divinas, pero no, en tus labios no mi amor. – siguieron besándose con pasión, su lengua entraba degustando toda su boca, ambos se mordían y se succionaban con caricias lentas. –Quiero hacer lo mismo amor, se que es nuevo para ti, pero me has sorprendido con lo que has hecho que lo menos que puedo hacer es devolverte lo que me has dado.- bajó a su intimidad y ella sintió su aliento cálido y jadeante en su interior, su lengua actuaba de maravilla succionando el néctar de mujer. Las estrellas estaban tan cercas, tan cercas con tan solo estirar las manos podía tocarlas y entonces.

-¡Terry!..- gimió de nuevo su nombre- ¡no puedo soportarlo más!- deseaba llevarla al límite y lo estaba logrando, ella lo arrastró a sus labios y su espada quepo perfecto dentro de ella entrando y saliendo cuantas veces para hacerla delirar. Terry jadeaba y su cuerpo estaba perlado de sudor- ¡Terry!... te amo.

-¡No sabes cuánto te extrañé Candy!.

-¡Lo siento Terry!, pero...

-Shhhh, no necesito saber que me amas, lo sé mi amor, ahora solo quiero amarte. ¡Dejame amarte Candy!- besaba su labios, su cuello hasta llegar a sus montañas erguidas volviendo a succionar una y después otra, mientras seguía clavado y moviéndose dentro de ella. Un ritmo de movimientos que se acrecentaban paulatinamente, sus uñas arañaban en su espalda y le indicaban que estaba cerca y entonces él, sintió un cosquilleo en su estómago que bajó hasta su miembro y el orgasmo se produjo. Entrelazó sus piernas alrededor de la cintura de Terry atrayéndolo a su interior, quería sentirlo hasta lo más profundo de su ser y en esa posición seguían los movimientos de ambos hasta que sobrevino otro jadeo en ella.-¿Qué tienes mi amor?- preguntó con dulzura besando sus ojos y luego sus labios. Una vez mas había sido su mujer- Temblaban convulsos y exhaustos. Luego encima del cuerpo masculino realizó movimientos hasta que alcanzaron juntos una explosion de sus cuerpos, la danza completa. Ella tenía sus cabellos esparcidos en el rostro de Terry, después que fraguaron los ímpetus de deseos y pasión incontrolable llego un reposo de sus cuerpos victimas del cansancio proporcionado. Candy quería saber cómo se encontraba su esposo.

.

-¿En qué piensas Candy?-dijo mientras acariciaba sus rizos dorados

- En tu salud, ¿Estás bien?- yacía recostada en el pecho de Terry su brazo extendido sobre éste y él, la abrazaba, levantó su mirada para observarlo y entonces, busco sus labios y la beso nuevamente..

-¡Como nunca antes!, mírame estoy bien, estoy feliz, no me ha pasado nada…por favor amor, ya deja de pensar en eso. ¿Sí? Haremos algo. Visitaremos juntos al médico y ya nos dirá, estoy seguro que esto no me hace mal. De lo contrario no me sentiría así cada vez que estamos juntos.

-Terry, lo lamento mucho!, por…por mi comportamiento, no he sido la esposa que debo ser contigo.

-No digas eso amor, Claro que ha sido una buena esposa, te preocupas por mí, eres la mejor esposa del mundo y mi amante inigualable. -Candy sonrió y sin pensar lo que este gesto causaba en su marido mordió su labio inferior.

-No, no hagas eso….

-¿Qué?- no dio tiempo de responder porque volvió a besarla y el fuego de la pasión se volvió a encender. Le había parecido una eternidad no volverlo a sentir. Sintió su excitación y un calor de nuevo en su vientre….la entrega se completó otra vez.

La mañana siguiente la luz del sol se colaba por la ventana. Se preparaba para ir al trabajo. Al no sentirla en la cama despertó. Estaba en la ducha.

-Candy, no me digas que hoy sábado irás a la Agencia- la rubia asintió y se acercó a la cabecera de la cama-. Por favor ¡quédate aquí conmigo!, un día que no vayas no se caerá la empresa- su tono era suplicante mientras la tomaba de las manos y permaneciendo aún acostado.

-¡No puedo Terry!. Hoy tenemos una exposición de anuncios de uno de nuestros clientes más importantes. No puedo dejarlo de lado. Por favor amor no me mires así, sé que me dirás que los chicos pueden hacer todo eso y si, lo sé, lo se amor, pero te prometo que solo será un par de horas. Ahora bajo a ver a los niños y a Julia que me imagino ya habrá venido.

-¿No crees que deberías darle libre a Julia los sábado?, quizás tenga familia que desee ver.

-Sí, es decir ella fue la que me solicitó trabajar los sábados y le pagaría un extra por supuesto, me dijo que necesitaba mucho el dinero, además que prefería pasar más tiempo con los niños que estar sola en su departamento. Así que ella me dirá si no puede venir ese día.

Días posteriores las cosas seguían igual en el matrimonio, todo marchaba de maravillas. Habían visitado un médico un par de días después de su digamos "reconciliación" y el galeno les dejó claro que no había ningún problema, que más bien eso ayudaba a que su stress disminuyera pues su presión arterial mejoraría al realizar el ejercicio físico al que se somete el cuerpo en estos casos, y que resulta ser un entrenamiento muy eficaz para los músculos.

Transcurría la semana entre el trabajo y la casa. Terry al sentirse mucho mejor se daría descanso un par de semanas más y consideraría quizás regresar pronto. Además que, hacía mucho tiempo que no visitaba su otro patrimonio, el que le heredó su madre, la tienda de ropa de diseños exclusivos. Sabía que la persona encargada era eficiente y que no requería mayor atención como la Empresa de cine, pero en unos días se daría una vuelta por el lugar. Aún mantenía su asociación con Albert en cuanto al negocio bancario en Chicago. Siempre estaba al tanto de todo, que entre el cine, los bancos y su familia había colapsado su salud. Se encontraba como todas las tardes solía hacerlo en su despacho. De pronto sintió la necesidad de querer montar a caballo así que primeramente fue a su otro negocio de crianza de caballos pura sangre, el cual iba muy bien. En Londres, durante su niñez y parte de su adolescencia iba al Wellington Riding Center siempre fue una de sus pasiones, la equitación. Cuando recién había dejado Inglaterra y se estableció en Nueva York solía visitar el club de equitación en Central Park, pero después de su matrimonio con Candy se había desconectado de ese deporte que tanto le encantaba, por su trabajo entre otras cosas. Después de haber visto a sus caballos pura sangre y constatado que todo marchaba bien, se dirigió al club en Central Park a practicar un poco de equitación.

-Buenos días señor Granchester!

-Buenos días Mauricio, ¿cómo estás?, pensé que quizás ya no estarías aquí.

- Como verá, pude continuar con mi trabajo- Mauricio se encargaba de la supervisión, que en el club los caballos fueran bien cuidados en su alimentación y que tuvieran los mejores cuidados veterinarios. Le había comentado a Terry que se iría a su país natal por problemas legales en el país, sin embargo al encontrarlo allí era evidente que el asunto se resolvió

-¡Me alegro mucho por ti!

-Gracias Señor…. En que puedo servirle?

-Por favor quiero el mejor caballo que este en forma y el equipo de entrenamiento.

-¡Enseguida!

Paso varias horas en el lugar. Se sentía bastante relajado. Sin querer los recuerdos de su niñez volvieron a su mente cuando vivía en casa de su padre y era sobajado por su madrastra y los hijos de ella. Sus hermanos y demás lo miraban como algo sucio por haber sido el hijo de la otra mujer de su Padre, aquella mujer que abandonó. Había recibido noticias de su padre un mes atrás, pero no lo comento con nadie, ni siquiera con Candy. Richard Granchester le enviaba saludos y le pedía conocer a sus nietos, por supuesto que el Duque había indagado sobre la vida de su primogénito. Le pedía que le perdonara por todo, por no haber sido el padre que él necesitaba y sobre todo por su madre. Terry por supuesto que sentía aún mucho dolor por ese pasado, pero según él, ya lo había enterrado aunque no olvidado. Quería continuar así sin remover viejos recuerdos. La nueva vida que había formado junto a Candy era grandiosa y era feliz.

-Candy, amor…

- ¿qué pasa Terry?

-En tres días se realizara la convención de la Asociación Nacional de Dueños y productores de Cine, asistirán diseñadores y artistas locales. Autoridades importantes de la ciudad…Será un gran evento. Así que como dueño de La Compañía de Cine Granchester tenemos que asistir.

-Tendré que hablar con Julia. No sé si….

-Si le interesa ganar más dinero no habrá problemas Candy, por ese tiempo le pagaremos obviamente.

-Sí, pero no sé si ella ya tenga algún plan personal. De todos modos debo consultárselo.

La noche era un viernes y la hora las 6:00pm. Invitados importantes harían su presencia en dicho lugar, el Madison Square Garden.- Debo buscar el vestido que amerite la ocasión, no soy dada a estos lugares, pero lo haré por ti Terry.

-Por favor amor, por la ropa no te preocupes, vamos a la tienda y escoges lo que tú quieras.

-mmmm, está bien, pero no es necesario que vayas conmigo, conozco el camino, puedo ir sola. Además me sentiré más libremente- Candy sabía que ir con Terry significaba que estaría al pendiente de lo que se pondría. Además que, es verdad que Terry podía tener un gusto exquisito para vestirse, pero ¿Que podría saber Terry de gustos femeninos? No era por nada que en la tienda ni se le miraba llegar.

-¡Como gustes!

La solicitud de asesoramiento de un abogado sobre la situación del matrimonio entre Laya y D'angelo empezaba a tomar giro. Ambos necesitaban saber las condiciones en que ese matrimonio se sostenía dado el caso que Laya había sido declarada muerta hace más de un año atrás. Los casos de disolución matrimonial cuando se comprueba la muerte o se presume en el caso de Laya y que quedó cerrado sin fundamentos ni argumentos que lo ameriten, tienen que ser detenidamente investigados. Laya se había casado solo por el civil, gracias a Dios le daba que por lo menos pudo decidir eso en su vida. no hubo una acta de defunción ni nada parecido. Lo significaría que legalmente Laya sigue viva.

-Esto resultará un poco difícil en el sentido que necesito hacer varias consultas y averiguaciones desde acá es complicado, pero no imposible. Hay que saber si el señor Conte se ha vuelto a casar, pues al saber que usted esta muerte, bien pudiera hacerlo. Su muerte declarada judicialmente no disuelve por sí el matrimonio, sino que constituye una causa de disolubilidad del mismo. La disolución en estos casos, puede provenir de una segunda declaración judicial y la sentencia de presunción de muerte posee el efecto de disolver, más no es el divorcio en sí. Si usted reaparece reclamando sus derechos de esposa y él se ha vuelto a casar o tiene una nueva pareja, puede solicitar el divorcio por infidelidad. Además tendría que averiguar la situación legal de su desaparición. Si existe algún documento de defunción. Hablaré con un abogado de Roma para que se encargue de llevar el trámite y que ese abogado se apersone con el señor D'angelo para el divorcio unilateral.

-Y si lo enfrento? Si viajo a Roma y le pido el divorcio?

-Pero que estás diciendo Laya?, es ponerte de nuevo en las manos de ese asesino- hablo molesto Andrés- es meterte en la boca de lobo y ¡no puedo permitir que ese desgraciado vuelva a ponerte una mano encima!.

-No, si antes hablo con las autoridades. Es momento que tome el valor y lo haga. Nunca lo hice por vivir encerrada, pero ahora, puedo ir a la policía de Roma me identifico y todo saldrá a luz. Quizás no me encuentre con policías corruptos que se dejen comprar.

-No, mejor esperemos que pasa con lo que el abogado sugiere. No sabemos si esas autoridades aún siguen compradas por D'angelo- comento Andrés.

Mientras Andrés y Laya conversaban con el abogado alguien esculcaba en el departamento, entre sus pertenencias... ¿Que buscaba?... quizás algún indicio del por qué Andrés había cambiado tanto. Anteriormente tuvo la impresión de que había alguien en el departamento así que esperó un día de tantos. Esa mañana antes de entrar al lugar sigilosamente se encontraba escondida tras un vehículo justamente frente al departamento. ¡Al fin la espera rendía sus frutos!. Los vió juntos del brazo y ahora no podía negar nada, la había cambiado por otra.

-¿Pero quién será esa mujer? venida de la nada-se preguntó con curiosidad y miedo …-¡ juro que me las pagaras Andrés!.

Aprovechando que los había visto salir entró al departamento. Tenía que averiguar lo que sea. Se dirigió sin pensarlo a la habitación y entre gavetas y puertas -¡Aquí esta!- emitió un grito al encontrar algo como si se tratara de un tesoro- …..Ropa de mujer unas cuantas piezas. Llena de rabia siguió con su búsqueda. -¡Sorpresa!- se detuvo en seco, en el buró encontró un pasaporte, lo tomó y entonces pudo ver a quien pertenecía una tal "Laya François Badalyan".- esta es la mujer que me robó el amor de Andrés no había dudas la fotografía en el pasaporte era de la misma mujer que acababa de salir de su brazo. -Reviso mientras daba un vistazo hacia la calle. Con esa información quizás pudiera saber quién era esa mujer, en la internet habían algunas formas de hacerlo, bastaría poco tiempo para saber sobre ella, una búsqueda por imagen o una por su nombre completo. ¡Listo!. Anotó todo lo que pudiera ser útil. No le llamaba tanta la atención de saber quién era ella, pero de algo servirá, le bastaba saber que era la mujer de Andrés y lo que le provocaba era arrastrarla por los pelos.

-Buenos días Señora Granchester.

-Buenos días Linda, ¿cómo va todo por aquí?.

-Muy bien Señora, el Señor nos avisó que usted vendría y nos ha pedido atenderla muy bien.

-Agradezco mucho su atención.

-Sabe han venido recientemente unos diseños preciosos. Sé que le va a encantar, venga por acá por favor…-caminaron un trecho pues la tienda era bastante grande- ¡Mire que belleza de piezas!, este vestido a usted le queda perfecto- dijo tocando uno hermosamente de color magenta que le quedaría perfecta a su figura –Usted es una mujer preciosa, le va el color verde, azul y el rosa.- Candy pensó indecisa e incómoda- Bueno creo que mejor la dejo para que pueda escoger el que le guste, por favor no dude en llamarme si necesita algo señora Granchester.

-En realidad no sé qué escoger que vaya de acorde a la ocasión. Es una noche de gala en el Madison Square Garden, se imaginará la gente tan estirada que debe llegar y yo que solo quisiera andar como me plazca, si por mi fuera me iría descalza y con Jeans, pero eso será el grito en el cielo para mi marido que está acostumbrado a ese tipo de lugares y personas- comentó sonriendo cosa que le hizo gracia a Linda. El carisma de la Señora Granchester era sin lugar lo que la hacía única.

-¡Entiendo!. Bueno estaré muy cerca si me necesita….permiso.

Mientras miraba una prenda por aquí y otra por allá a unos cuantos pasos se encontró con alguien que ya había visto en las grandes marquesinas de cine de la ciudad y que habría querido conocer en persona, a la gran actriz Karen Claise, si bien su marido era el dueño de la compañía donde trabajaba nunca había tenido la oportunidad de conocerla.

-¿Karen? Es usted Karen Claise

-La misma…Señora Granchester, ¿cómo está usted?- Candy extendió su mano y la actriz le contestó de buen agrado.

-Primero, deja de llamarme Señora Granchester.

-Entonces también debería tutearme. Aunque en realidad yo no podría, usted es la esposa de mi jefe.

-¡Por Dios!, ser la esposa de Terry no me hace más que nadie, Odio ser tratada con mucha diferencia. Me hacen sentir una persona anormal…

-Disculpa entonces!.. Candice

-¡Candy!, por favor llámame Candy.

-Está bien….. Candy, es un gusto de conocerte, ya me habían hablado mucho de la Esposa de mi jefe. Todos dicen que eres una mujer muy agradable y que no es en vano que el señor Granchester este tan enamorado. También lo sabemos por información directa.

-¡Supongo entonces cual es la información directa!.

-El Señor Granchester habla mucho de ti y su familia. Ustedes forman una pareja hermosa.

-Muchas gracias Karen!, pero considero que solo somos una pareja como cualquier otra. También tenemos problemas y momentos muy felices... Y dime, tú tienes novio o esposo?

-No- contesto pensativa- en realidad estoy tan sumergida en mi carrera, mi trabajo, que no me he dado tiempo para tener un amor. ¡Quiero ser una de las mejores actrices y sé que lo puedo conseguir! para eso necesito estar 100 por ciento concentrada en esto y en lo que quiero.

-Te felicito que pienses de esa manera. Fundamentar un buen futuro es bueno, sin embargo también deberías pensar en tu felicidad personal o afectiva. Respeto tu postura, pero ya verás cuando te llegue el amor. Tendrás que combinar el amor y tu profesión que perfectamente se puede hacer.

-¡Es posible!... no me cierro a esa oportunidad en realidad. Tendrá que llegar cuando sea su tiempo.

-¿Has venido por lo del evento de mañana?.

-Sí, y no me importa gastar todo mi pago en este vestido.- dijo enseñando uno que tenía en manos de color Vino.

-¡Esta precioso! yo sin embargo aún no me decido, es que todos se ven bastante….

-Provocativos- irrumpió- apuesto a que el señor Granchester no sabe de qué se trata la nueva línea que ha venido.

-Seguro no, pero alguno debo llevar ¿no es así?- Candy rio con malicia, se imaginaba ver la cara de Terry cuando llevara uno de esos vestidos puestos.- No me iré con las manos vacías

-Sabes que no deberías sentirte cohibida por mostrar tus encantos- por favor no me veas así….-sí, yo sé que no necesitas mostrarte a nadie porque eres una mujer casada, pero no tiene nada de malo que una vez en tu vida te aprecies bella, hermosa y deseada. A las mujeres nos encanta sentirnos de esa manera….¿no me digas que tú no? Claro todo eso que sea con tu marido. Vestirte hermosa solo para él.

-A decir verdad muy poco me ha interesado mi apariencia personal. Cuando voy a la agencia con mi traje de ejecutiva es lo más sexi que he tenido ja ja ja y es que no necesito más nada.

¡Te equivocas otra vez!... ¡mira este vestido azul! Esta divino y el escote esta precioso y no deja ver más allá, es sexi, pero no atrevido, ve pruébalo y me dirás que es lo que miras.

Se fue al probador. Se puso el vestido azul. Se vió distinta y consideró el escote un poco atrevido a los que solía usar, sin embargo le gustó ver la mujer en el espejo.

-¿Esa soy yo?- se preguntó- Me gusta. Me quedo con él.- era un vestido azul precioso que se pegaba a sus curvas dejando ver la forma o silueta de su cuerpo, el vestido llegaba un poco antes de la rodilla, sin mangas y con un escote poco pronunciado, bello, pero discreto y se moldeaba a su cintura dejando un derriere bastante visible y atractivo.

-Oh, te queda precioso Candy. Te ves hermosa! Granchester quedará impactado de verte- ambas rieron de imaginárselo.

Esa tarde Candy y Karen habían dado comienzo a una amistad.

Al día siguiente cuando Terry se dirigía a su despacho. Se asomó al cuarto de juegos, pero no había nadie. Subió a la habitación de los gemelos y los encontró tranquilos a punto de dormir después de la comida. Candy esa ocasión no pudo llegar a la hora, por lo que solo lo hicieron los niños, el señor y Julia como lo había solicitado Candy. Bajó de nuevo y salió un rato al jardín que estaba bien fresco se sentó por un rato. Esperaba por su esposa. La había llamado.

-Candy, amor como estas preciosa?

-Terry amor, mucho trabajo cariño, pero no te preocupes que llego a tiempo para el evento.

-Bien, te espero, ¡no tardes mucho!

Regresaba a su recamara, pero antes de entrar Julia salía de la habitación de los niños, la muchacha estaba llorando al verla en ese estado, Terry se sorprendió.

-¡Señorita Julia!. ¿Qué Le pasa?

-Oh, disculpe Señor Granchester, no es nada que no se pueda resolver- habló mientras se le acercaba. Terry sin embargo retrocedía en sus pasos.

-Si necesita algo no dude en pedírnoslo

-Lo tendré en cuenta…muchas gracias.

Terry entro en la recamara y se recostó un momento en la cama, observaba hacia el techo. Se había quedado pensando en Julia que lloraba, pero había dicho que no era nada importante.

Terry estaba un tanto enojado porque eran las 4 de la tarde y Candy no llegaba, al aparecer en su auto como por arte de magia se le pasó todo el enojo que cargaba encima. Con solo el hecho de verla calmaba sus ansiedades.

-¡amor perdóname!- exclamo yendo a sus brazos y besarlo con tanto fervor. ¡Alistare tu traje!.

-¡Ven acá!, aún hay mucho tiempo.- la atrajo hacia su cuerpo y beso sus labios.

-¡Terry!, a las 6 es el inicio, mira son las 4 de la tarde, me quiero dar un baño y luego arreglarme, por favor apenas tenemos tiempo amor.

-¿Un baño? Me parece buena idea!- dijo de manera intencionada. se ducharon y aunque Terry estaba con ganas de hacerla suya, se contuvo….mejor calmar sus ímpetus, ya la noche o el momento que fuese seria toda para ellos- quedando un común acuerdo entre ellos. Después de todo Julia dormiría en casa en la habitación contigua a la de los menores. Candy y Terry se disponían a arreglarse. Ella salió de la ducha y cada movimiento de la Rubia era grabado en su mente, tenía una sensualidad que lo volvía loco. La situación era un peligro y a esas alturas llegarían tarde. Así que Candy espero que el terminara mientras se secaba el pelo y se maquillaba cosa que con un poco se hacía ver hermosa, su nariz pequeña, sus labios rosas en un rostro fino y sus ojos verdes que parecían luceros en la noche. Luego que terminó ella por arreglar la corbata, Terry bajó para esperarla mientras le asignaba a máximo, el chofer que alistara el auto, pero esta vez conduciría él mismo y le solicitó junto con Mario el cuido de la gente que quedara en el interior de su Residencia. Una vez que candy preparó su hermoso peinado su cabello largo recogido de un lado dejando caer sus rizos en el otro y el vestido dejaba su cuello al desnudo con el escote en V que remarcaba su cuerpo y su pecho, era simplemente hermosa, al bajar de las escaleras Terry quedo boquiabierta… era su Candy algo diferente, pero era ella. Poco a poco quedo frente a su marido quien observó de inmediato su escote.

-Candy ¿No me digas que irás con ese vestido?- Señalaba su pecho

-Sí, que tiene de malo?...¿está muy lindo verdad?, dejame decirte que lo encontré en tu Tienda.

-Demasiado hermoso diría, pero…..no, no. no puedes ir con ese vestido - Candy le observaba seriamente, pero con una sonrisa interna que amenazaba con explotar. Ver la cara de Terry era algo que le hubiese gustado enmarcar para la posteridad - Está bien!- exclamó a regañadientes al ver que el semblante de Candy no cambiaba- dejaré de comportarme como un estúpido celoso.

-Como se ve que hace mucho que no estás en tu tienda. Llegó una línea de hermosos vestidos y este me gustó, Terry...me he vestido así para ti, únicamente para ti mi amor. Terry, hago este sacrificio por ti, lo menos que puedes hacer es permitirme portar este vestido.

- ¡Estás bellísima amor!, pero pienso en todos esos hombres que voltearán a verte- dijo mostrándo molestia y una sonrisa de medio lado que a Candy le encantaba

-Yo no le pondría atención a todos ellos. Solo me importa que tú me veas.

-Me provoca en este mismo instante hacerle muchas cosas Señora Granchester- dijo abrazándola por la cintura y depositando un beso en su cuello- ¡Te amo!

-Lo sé, pero tendrá que esperar hasta que todo esto termine Señor Granchester- dijo fingiendo molestia y su ceño fruncido.

La tomó por la cintura de nuevo y la beso dulcemente. Tomaron sus abrigos y salieron para abordar el auto. Julia desde cierta distancia observaba la escena.

-Max, le encargo a todos por favor

-¡Claro que sí Señor Granchester!, entre Mario y yo nos encargaremos de todo.

La hora del evento comenzó pero antes de todo Terry saludo a todo su personal que como actores fueron invitados. A unos pasos estaba Jones y Karen quienes al parecer habían estrechado "lazos de amistad".

continuara..

A todas gracias por sus bellos comentarios.