Buenas noches… Yo sé que la positivity week ya terminó hace tiempo, pero quiero terminarlo igualmente para no dejarlo inconcluso. Espero que no me odien tanto, en serio hago lo que puedo beibis, todo por la otepé.
Advertencia: Posible OoC no intencional, errores ortográficos leves.
Renuncia: Todo pertenece a Hori-sensei.
~Disfrute su lectura~
Día 2: Rosas.
"La niña de las rosas blancas"
Era una estúpida molestia para él, pero él no dejaba de pensar en ella.
.1.
Bakugou Katsuki había estado corriendo esa tarde como lo hacía en cada crepúsculo. Ese día iba a un ritmo un poco más rápido de lo habitual pues llevaba sobre sí el efecto de una ira incontrolable en su interior, fruto de una pelea que había tenido más temprano. Llevaba los auriculares puestos, absorto de la realidad y, realmente, menos podía importarle lo que pasaba a su alrededor en ese momento.
Cuando dobló en una de las esquinas de la ciudad fue cuando la vio de lejos.
Ochako Uraraka estaba de perfil, ligeramente inclinada hacia adelante, apoyándose con las manos sobre las rodillas para mantener el equilibrio y los ojos cerrados, con el rostro casi metido en un arbusto. Seguía con la mochila cargada en las espaldas y el uniforme escolar puesto a pesar de que el sol ya se estaba poniendo.
Pero nada de eso le interesó.
Bakugou chasqueó la lengua restándole importancia y desvió la vista hacia un costado, solo para volver a fijarlos en ella segundos después; como si ese ritual que vislumbraba fuera un imán para el metal que representaba sus ojos.
Y, además, él estaba casi seguro de que no pasaría por ahí porque siempre giraba una cuadra antes. No debía cruzar por ahí.
Pero ahí estaba él, con la marcha rezagada y una actitud letrada que traicionaba sus más profundos pensamientos, encaminándose hacia ella sin querer hacerlo. Yendo irremediablemente hacia un destino que podía ser evitado, pero que no era sorteado pese a su razonamiento.
(No buscó ir por ahí, en serio.)
Cuando estuvo más cerca de ella, enlenteció la marcha hasta un trote lento que le permitiría saciar su, recientemente descubierta, curiosidad.
— Oh… ¡Es Bakugou-kun! —Uraraka gira la cabeza hacia un costado al ver una figura acercarse con un poco de velocidad, y sonríe ampliamente cuando lo nota.
La maldijo a ella, a su jovial personalidad y a su malditamente asquerosa forma de no leer la situación. Y también a su forma tan directa de hablar con las personas. ¡Mil veces maldita!
En ese segundo, decidió actuar acorde a la situación, y solo atinó a chasquear la lengua mientras miraba por el rabillo del ojo percibiendo colores en tono de rojo que parecían ser flores normales. No se detuvo a hablar, pero alcanzo a darse cuenta de como la castaña se ponía de pie silenciosamente y le seguía con la mirada por un buen rato mientras él se alejaba del cielo todavía siguiendo su ritmo de trote.
— ¡Buen trabajo! —escuchó con el tono agudo de la chica, ella lo tuvo que decir bastante fuerte para que sonara encima de la música que escuchaba.
Esa chica, pensó Bakugou, tratando de entender su nueva curiosidad por ella.
Por qué.
.2.
Katsuki estaba un poco consternado, aunque no estaba de seguro de cómo se sentía. Tal vez, era la idea de estar equivocado lo que le molestaba o, tal vez, se sentía ignorado y eso le que le creaba un ligero remolino en el pecho. –Decidió inclinarse por la primera opción-
Estaba completamente seguro de que Uraraka le haría un escándalo en la hora de la mañana por haberse cruzado con ella y haberle hecho el vacío sin siquiera devolverle el saludo.
Equivocado, ella ni siquiera parecía tener una mirada de esos que uno mantiene cuando tiene un secreto.
Ella ni siquiera parecía estar ignorándolo. Parecía "normal".
Por qué.
Como él no era del tipo de dar importancia a las cosas que se supone que no son importantes, decidió ignorar la situación. No era nada, solamente se había cruzado con ella mientras él hacía sus ejercicios. Ni siquiera recordaba qué estaba haciendo ella más que estar con la nariz hundida de un sucio arbusto callejero.
A la tarde volvió a trotar a la misma hora, de la misma manera, y por el mismo lugar. Se sintió molesto, no pudo evitar gruñir mientras apagaba la ruidosa música de fondo que esta vez lo irritaba más en vez de distraerlo. ¿Por qué siquiera pensó que un montón de basura auditiva podría calmar sus neuronas? Se sentía totalmente idiota.
A lo mejor fue inercia, costumbre o algo intuitivo, pero miró la hora de paso.
— No es nada —murmuró cerrando los ojos suavemente, tratando de acallar las voces de su mente que parecían estar al máximo para su descontento.
Y cuando los abrió, la vio de nuevo. Uraraka estaba con el mismo uniforme, con la misma pose con el tronco semi inclinado y con el mismo semblante que lo asqueó anteriormente.
Bakugou supo que no era normal en él, el estar desviándose del camino y atrasando su rutina, mirar la hora, ese cosquilleo que lo hostigó al abrir los ojos. Él no era ese. Algo no lo dejaba ser.
Pero, cuando su rostro se giró lentamente hacia él como si estuviera en la parte decisiva de una película, percibió casi como si su corazón se hubiera detenido por ese segundo.
— ¡Baku…—
— ¡Cállate! —le cortó en seco, sintiendo un ligero rubor que se encargó de esconder mirando hacia otro lado. Se detuvo a unos pasos de ella, y ella la miraba con los ojos bien abiertos y sorprendidos.
— ¿Hoy no escuchas música? —preguntó luego de unos segundos, ladeando ligeramente la cabeza. Le sorprendió, no pudo negarlo, y de un impulso se estiró los auriculares desde el cable.
— Lo apagué —respondió con un poco de chispas brillando por su creciente (e inexplicable) ira.
— Ahhh… —Uraraka soltó una carcajada sonora, unió sus manos por las yemas de los dedos mientras seguía sonriendo—, ayer fui brutalmente ignorada, pensé que hoy pasaría lo mismo.
Lo atrapó y no supo cómo, solo tuvo el gran impulso de disculparse o algo para remediar lo que había hecho, pero no lo hizo. Bakugou dio unos pasos acercándose y ella solo pudo retroceder nerviosa mientras se sentía amenazada por alguna razón.
— ¿Qué es lo que haces? —preguntó finalmente para satisfacer su curiosidad, se detuvo luego de un par de pasos más y giró el cuerpo en dirección al montón de hojas que notó tanto el día anterior como el de ahora. Las flores rojas que pensó haber visto resultaron ser dos rosas enormes, elegantemente brotadas y gotitas de agua adornado como si se trataran de joyas exóticas—, ¿eres una friki de las flores o algo así?
— Eso es cruel, Bakugou-kun —respondió rápidamente con la frente un poco sudorosa por el nerviosismo—, solo estaba aprovechando que prendieron para contemplarlas, no es nada friki o algo.
Desvió la mirada desde las rosas hasta su rostro, y cuando la vio haciendo pucheros con el rostro, sintió unas horribles ganas de sonreír. (pégate, mátate, pero no sonrías como idiota)
— Eres la friki de las rosas —añadió divertido—, no me digas que recién vas saliendo del colegio… Tiene algo que ver con esto, ¿verdad?
— Yo… —Uraraka agachó la cabeza mientras tenía una visión completa de su uniforme y se daba palmaditas en las zonas arrugadas—, estaba viendo unas plantitas que planté por allí —murmuró con la voz tremendamente baja y las mejillas completamente sonrojadas—, ¡Pero no soy ninguna Otaku o algo!
Lo hizo, soltó una risa en el mismo momento en que notó que ella estaba tratando de excusarse tan torpemente como lo hacía. Le divertía, no podía negarlo, y ni siquiera entendía por qué ella estaba tratando de hacerle entender algo que definitivamente no le interesaba.
— ¡No está bien reírse de los gustos ajenos! —
— Me río de lo que quiero y cuando quiero —murmuró provocándola, con un esbozo de sonrisa maliciosa.
— Pues no está bien, Bakugou-kun.
— No me importa si no está bien —su media sonrisa se iba prolongando mientras más le hacía levantar la voz.
— ¡Tiene que importarte!
— No podría importarme menos lo que dices.
— Eres… Eres… muy… cruel.
— Me lo dicen a menudo —Exhaló, aunque quisiera pegarse un tiro antes de admitirlo, lo estaba pasando bien allí viendo las reacciones de la castaña—, bueno. Te dejo para que sigas con tus… cosas de frikis…
Empezó a correr sin más, tratando de escuchar igual cada cosa que decía. Alcanzó a ver cómo le sacaba la lengua y le decía algo más, aunque no importaba… Una vez que empezó a caminar decidió que no habría vuelta atrás.
Y Uraraka lo vio marchar a toda prisa, quedó a solas tratando de enterrar el sentimiento de desilusión que la embargó al ver su espalda alejarse.
Bakugou se giró automáticamente, traicionándose una vez más, y ella le dedicó una sonrisa tan brillante como el jodido sol que se escondía, él le mostró el dedo del medio y luego giró el tronco de nuevo hacia adelante.
Por qué, pensó mientras corría.
.3.
A Bakugou le agarraba un maldito sentimiento de dejavú cada vez que trotaba por esa calle y alcanzaba a ver a Uraraka de perfil en su ya típica posición inclinada hacia las rosas.
Lo molestaba, ciertamente, pero cada vez le daba menos vuelta a ese asunto porque no llegaba a nada, aunque se rompiera la cabeza pensando por horas. Era un desperdicio de tiempo.
Le preocupaba mucho más el hecho de que se le había hecho costumbre encontrarse con ella en ese lugar en tan poco tiempo y que cada vez se le hacía más difícil retomar su carrera dejándola atrás.
El hecho de sentirse como si tuviera un cita no hablada ni pactada todos los días a la misma hora en el mismo lugar le hacía tener un remolino de ira dentro suyo que lo descargaba en las noches dándole puños cerrados a todo poder a su almohadón antes de dormir.
Incluso una vez habían entrado juntos al minisúper a hacer compras. Bakugou quiso matarse más de una vez en esa tarde.
— ¿Bakugou-kun?
Él no respondió, miró fingiendo distracción los distintos bloques del minisúper mientras ella se encargaba de hacer todas las compras que debía hacer para mantener su casa cargada. Ella no decía nada, pero estaba segura de que lo molestaba.
Cuando salieron de allí pareció esfumarse ese sentimiento, y ambos continuaron hablando por un rato más antes de separarse a seguir sus respectivos caminos.
— ¡Nos vemos mañana! —Uraraka se despedía agitando la mano y una sonrisa tan amplia que no le cabía en la cara.
— Sí, sí, cómo sea. —fue lo que dijo, antes de empezar a caminar hacia el lado contrario. Se le cruzó por la mente cómo haría ella para llegar a su casa, pero no hizo nada al respecto, siguió su camino en solitario como el resto de los días.
.4.
A Bakugou no le sorprendió cuando no la encontró en ese lugar. Era el curso natural de las cosas. Las rosas se desecan y marchitan, el tiempo que permanecen aun cuando no se cortan representa todo lo efímero per sé.
No le sorprendió, pero no pudo evitar sentir que ese ligero remolino, que le era habitual para ese momento, le tomara por completo. No se detuvo, continuó corriendo echándole una mirada al rosal con el rabillo del ojo, con el fantasma de una nostalgia abrazándolo todo el camino.
Al día siguiente se encontró con ella en la escuela. Se deshizo como pudo de sus amigos, (le llevó un buen tiempo lograr distraer a Kaminari y a Kirishima lo suficiente como para escabullirse de ellos) y se decidió por buscarla durante el recreo para poder hablar con ella, aunque sea por un solo segundo.
No fue fácil, ella estaba todo el tiempo con el idiota de Deku regalándole las sonrisas que hasta la tarde antes de ser plantado, le pertenecían. (Se grabó mentalmente que tenía que matar a Deku de alguna manera). Cuando ella se separó de sus amigos, fue que él aprovechó.
Se acercó caminando hacia ella, con las manos empuñadas y el remolino en su pecho.
Y, en vez de saludarla o decirle algo como había planeado, fijó su mirada en ella. Una mirada dura, sin duda. Después de unos segundos en que sus ojos lograron conectar, él desvió sus ojos, y cuando estuvo en frente suyo siguió caminando pasando de largo a un costado.
Quiso gritar, explotarse la cara y llenarse de golpes con esas manos que seguían empuñadas.
Y luego de eso, no volvió a encontrarse con ella por el resto de las tardes del año.
Se sentía… Nostálgico.
¿Por qué le parecía que había pasado por ese proceso antes?
Por qué.
Era todo lo que podía preguntarse cada vez que se trataba de Uraraka.
.5.
Uraraka solo pudo mirar el suelo con tristeza cuando sentía como él caminaba a su lado sin siquiera decirle nada.
.6.
Pero… Ella no lo soportó más y una tarde decidió que hablaría de nuevo con él. No dejaría que las cosas terminasen en nada, no de nuevo. Su primera opción fue esperarlo en la salida del colegio para poder caminar junto a él, pero lo descartó totalmente cuando pensó en que la odiaría si lo hablaba abiertamente en el momento en que todos los demás alumnos del colegio estaban cerca.
Así que su segunda opción era incierta, pero esperó toda la tarde al lado de la planta de rosa que lo había llevado a él hasta ella. Ella creía en ese poder, las rosas podían unir almas.
Lo sabe porque ella lo recuerda por los dos.
.
Bakugou había cambiado su ruta de trote, a partir de esa misma tarde había decidido que ya no pasaría por ahí. Esas estúpidas tardes con la cara de ardilla no significaban nada, así que esas rosas tampoco significaban nada en la mente del rubio.
Tal vez habrá sido el flujo del viento, pero en esa tarde se encontró realizando el viejo recorrido.
Cuando visualizó la figura de la castaña para a metros de él, sintió el mismo paro en su corazón que la primera vez que sus ojos se habían encontrado. Frunció el labio molesto, apresuró el paso y avanzó con grandes zancadas hasta quedar finalmente en frente suyo.
— ¡Baku-
— ¡Déjame hablar primero! —Su voz era impaciente y alta, asustándola y silenciándola en seguida. Se quedó encogida mientras esperaba a que él recuperara el ritmo de su respiración y volviera a hablar—, no puedes aparecer como si nada y fingir que somos amigos, maldición.
— ¡Pero somos amigos! —respondió rápidamente ella, con la voz decidida—, yo no finjo nada.
— ¿Ahh no? —preguntó frunciendo cada vez más el ceño—, ¿Crees que puedes reclamar amistad cuando se te plazca? ¿Crees que somos amigos?
— ¡Perdón? ¿No fuiste tú el que me estuvo ignorando todo este tiempo? —bufó con evidente indignación, con la mano en el pecho calmando su agitación—, ¿tienes la cara para decirme esto?
— ¿Yo? —Bakugou tenía las palmas temblorosas que humeaban cada vez más—, fuiste tú la que decidió que esto se acabó de la nada.
Ochako no entendió el significado de aquellas palabras, solo miraba con las cejas levantadas y los ojos como platos, esperando algo más para comprender lo que quería decir.
— Sí, tú fuiste la que decidió dejar de venir porque al parecer solo te importan las estúpidas rosas de mierda.
— ¿Qué? —Su voz usualmente calmada estaba levantándose cada vez más, producto de la rabia que le daba ver la rabia de Katsuki—, ¡Y no son rosas de mierda!
Iban a seguir peleando y gritando en medio de la calle, de no ser porque un grupo de personas se amontonó a su alrededor mientras los miraban con desaprobación y empezaban a farfullar chismes y rumores bajos de los alumnos de la UA.
Entonces se detuvieron necesariamente, Uraraka se disculpó con los vecinos de la zona con mucha torpeza y nerviosismo, mientras Bakugou se encargaba de ahuyentar de mala gana, vociferando un millón de groserías, a los chismosos que se habían juntado por allí.
— Solo para dejar las cosas claras —Bakugou empezó a hablar después de aclararse la garganta—, no te soporto. Eres una friki de las rosas.
— Tampoco te soporto, tienes esa malísima costumbre de ignorar a las personas que conoces.
Bakugou mantuvo esas palabras en su mente, rondándole en la cabeza por todo el resto del tiempo, tratando de entender. Ese sentimiento de nostalgia se volvió a apoderar de él y decidió, en medio de todo el desastre que era su vida, que ese era el momento de saber quién demonios era ella.
.7.
Uraraka se detuvo a observar una pequeña rosa blanca que empezaba a prender, a su lado la pequeña rosa tenía más rosas blancas enormes y elegantes adornando el lugar. Estaba en un gran centro comercial, pese a ello, el local tenía varias plantas en su inmensidad y había encontrado su favorita en el momento en que estaba por florecer. Estaba feliz.
Tan feliz que olvidó el miedo que sentía por haberse perdido de sus padres.
Mientras intentaba inclinarse hacia la rosa para percibir su aroma, sintió la fuerza un hombro chocarla y hacerle perder la estabilidad; finalmente terminó estrellándose en el piso. El niño cayó al lado suyo, se cubrió la cara para evitar raspones, pero ella pudo verlo para recordarlo, completamente.
Era el demonio. Uno de ojos rojos y pelo rubio, y una actitud molestosa.
— Es tu culpa por ponerte en mi camino, estúpida.
Quiso golpearlo. No lo hizo porque llevó su mano a su muslo para masajearlo e intentar hacer que el dolor menguara de esa manera. Tampoco lloró, delante del niño molestoso no lo haría, así que tenía que tragárselo todo por un rato.
— Oye… —Ochako se puso de pie, se dio la vuelta para no verle, esperando que se fuera y la dejara llorar en paz—, oye, niña estúpida, ¿estás sola?
— No puedes llamar así a las personas —Ochako se llevó una mano en la mejilla, cerca de los ojos, tratando de evitar sobárselos para no terminar llorando—, y no estoy sola, cuando mi papá venga te hará pagar por haberme echado.
— ¡Ja! Si estás sola acá es porque te han abandonado. Eso debe ser. Pobre niña.
— No digas eso —No pudo detenerlas más, las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas y pronto fue una mezcla de lágrimas, mocos y cachetotes sonrojados.
— Agh… No… N-no llores —Katsuki temió por unos segundos, si la niña hacía más ruido y su mamá se acercaba, sin duda lo culparía y le daría unos golpes por aquello—, mejor dime qué estabas haciendo. ¿Te gustan las rosas? ¿Mirabas esta?
— Sí, estaba viendo esa rosa blanca, se ve muy bonita.
Ochako dejó de llorar en seguida, las lágrimas terminaron secándose solas y fueron reemplazadas por grandes carcajadas cuando escuchaba las ocurrentes historias absurdas del niño que en un comienzo pensó que sería un demonio.
Detrás de aquel demonio, sin duda, estaba un ángel, aunque estaba demasiado bien escondido, pensó.
Pasaron los minutos mientras hablaban de superhéroes y cosas sin sentidos, de cómo la luna los perseguía de noche (fue una pelea porque perseguía a ambos), cómo esperaban a Santa en Navidad y de cómo los padres los obligaban a abrigarse para el frío, a bañarse varias veces en el calor, entre muchas otras cosas más.
— Katsuki —había dicho él, mirando hacia la rosa blanca—, Me llamo Katsuki.
— Yo soy…
Pero nunca pudo completar la frase. La figura de su madre apareció detrás de Katsuki y ella se apresuró a correr con toda velocidad hacia ella mientras dejaba escapar su llanto infantil por el alivio de encontrarla. Katsuki la vio de lejos y, antes de que pudieran decir nada más, su madre apareció y le agarró del brazo, estirándolo hacia el lado contrario.
.8.
— Eras tú, idiota, el niño que me tiró al piso.
Ambos caminaban lento, uno al lado del otro, sin ninguna prisa detrás suyo. Bakugou sostenía su cabeza con una mano, había tenido un montón de recuerdos aparecer en su memoria mientras escuchaba la historia que la castaña le comentaba. Y no lo podía creer.
— Eras tú, la niña de la rosa blanca —murmuró, como si fuera una ensoñación
Uraraka giró el rostro hacia él y le dedicó una sonrisa amable.
— Yo soy Ochako —dijo extendiéndole la mano. Bakugou la miró con los entrecerrados.
— Ya lo sé, idiota.
— ¿Nunca lees el ambiente? —preguntó resignada rodando los ojos. Bakugou soltó una carcajada que la hizo reír también a ella.
Extendió su brazo y apretó su mano, sintiendo el remolino de su pecho por fin desvanecerse. La soltó después de un rato, ambos se pusieron rojos en seguida, y solo atinaron a continuar la marcha hasta la estación.
Uraraka sintió el corazón a punto de salírsele por la boca y, con la poca razón que le quedaba, extendió lentamente sus dedos hasta tocar el grueso tacto de los dedos de Bakugou. Él se dio cuenta, y sin siquiera dirigirle la mirada, procedió a atrapar sus finos dedos.
— Así que… niña friki de las rosas… Si te regalan una rosa cortada, ¿lo aceptas o lo tomas como burla?
Uraraka lo miró disimuladamente y luego de unos segundos pensando respondió: —Seré egoísta, pero si está destinada a marchitarse, preferiría que lo hiciera a mi lado.
— Demasiado egoísta.
— No eres nadie para reclamarme nada —murmuró por lo bajo, estaba acostumbrándose al calor de sus mejillas por todavía tener sus manos juntas.
Él no respondió nada, solamente atinó a seguir caminando disfrutando del poco camino que le quedaba.
No podía hacer nada, para ese momento no podía sino aceptar lo mucho que disfrutaba de su presencia.
— Oi… Cara redonda.
— ¡No me llames así!
— Para dejar las cosas claras, sigo sin soportarte.
Estaban ya cerca de la estación, cuando él se detuvo ella lo siguió y ambos estuvieron de pie al frente del otro, todavía con las manos juntas por los dedos que sostenían mutuamente. Ella sonrió negando con la cabeza, no teniendo más remedio por la actitud del rubio.
— Lo entiendo —indicó Uraraka.
Katsuki estiró su mano, atrayéndola repentinamente hacia él y, aprovechando el desequilibrio, se inclinó hacia ella uniendo sus labios con los suyos. La atajó por la cintura, rodeándola, y recorrió sus labios saboreándola con el corazón palpitando al cien.
No la soportaba…
… Porque estaba demasiado cómodo al lado suyo.
Y eso le incomodaba.
Estúpida niña de las rosas blancas.
.
.
.
[fin]
Deje su comentario para saber lo que piensa. Una historia larga porque no se me ocurrió otra forma de escribir con esta temática, espero que no les cansara.
Un poco de fluff viene bien, ¿verdad?
Perdón si hay OoC.
¡Nos leemos en el siguiente!
