Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.

Capítulo 31: Colisión de dos mundos

BPOV

Edward condujo el Volvo mientras todos manteníamos una conversación superficial durante los últimos minutos que tardamos en llegar a mi casa. Hicimos el último giro hacia la entrada y gruñí audiblemente cuando vi lo que me estaba esperando.

Lo primero que notó Alice fue mi estado de ánimo.

–Bella, ¿qué pasa? –y Jasper rápidamente agregó:

–¿Y quién es ese?

Estacionado al frente de mi casa, esperando impacientemente fuera de su auto estaba mi jefe, Gerry Goodwin. Vio el Volvo y la expresión de confusión era evidente en su rostro, sus ojos hicieron contacto con los míos y pude ver cómo las feas olas de celos se empezaron a mostrar en su expresión y su boca se apretó en una delgada línea.

De todas las noches en las podría haber venido aquí... Hablé rápida y suavemente:

–Ese es mi jefe de la escuela primaria. Me desharé de él lo más rápido posible, solo déjenme hablar

Edward detuvo el auto por completo y salió caminando hacia el lado del vehículo en el que me encontraba. Abrió la puerta y me ofreció su mano para ayudarme, lo cual, aunque era innecesario, era entrañable.

Fue entonces cuando noté la expresión de Gerry y me di cuenta de qué tanto malinterpretaría este simple acto de caballerosidad. La cara de Gerry era de puro odio y pude ver en sus ojos la forma en que pensaba de las acciones de Edward, estaba suponiendo que había algún tipo de relación romántica entre nosotros.

Aunque podría haberme preocupado menos por lo que él pensara de mis relaciones personales, no necesitaba problemas con Gerry en el trabajo.

Esto no va a ser nada agradable...

Todos salimos del auto cuando Gerry se nos acercó. Él estaba haciendo todo lo posible para mantener una expresión calmada, pero estaba fallando miserablemente. Parecía que estaba haciendo una mala actuación de Clint Eastwood. Si no se hubiera visto tan patético, me hubiera reído. En todas las veces que él había venido a "visitarme", yo había estado sola. Ahora, aquí estaba, con tres acompañantes, uno de los cuales aún me tomaba de la mano y eso lo molestó. Pude ver los engranajes de su cabeza moviéndose rápidamente debajo de su pelo empapado de gel mientras intentaba dar sentido a la situación.

–Gerry –lo saludé, tratando de sonar profesional, pero sin llegar a ser abiertamente amistosa.

–Hola Beth. ¿Quiénes son tus amigos? –dijo con desprecio y su tono era oscuro y antipático.

Oh demonios, ¿qué se supone que debo decir? Pero antes de que pudiera decir algo, mis acompañantes, o más bien uno de ellos, hizo exactamente lo que les pedí que no hicieran.

–Edward Cullen y ella es mi hermana Alice y mi hermano, Jasper –su tono fue muy hostil y tendió una mano en señal de saludo.

Gerry tomó su mano y pude verlo hacer una mueca de dolor ya que Edward la apretó demasiado fuerte. Estúpida testosterona que los hacía sentir competitivos...

Jasper estrechó la mano de Gerry también, aunque no dijo una palabra, al menos alguien me había escuchado. Sentí la necesidad de acelerar las cosas y deshacerme de mi jefe antes de que sucediera algo aún más desagradable.

–¿Qué te trae por aquí, Gerry? ¿Olvidé algo en el trabajo?

–No Beth. Me preguntaba si ya habías cenado. Olvidé que tenías clases nocturnas y no esperaba que tuvieras compañía

Aun sosteniendo mi mano, Edward me puso un poco detrás de él, cambiando su posición para que estuviera casi directamente frente a mí.

–Ella ya comió –el tono de Edward era casi amenazador, aunque su rostro no mostraba nada.

Me moví ligeramente hacia un lado, ya que Edward había ocultado por completo a Gerry de mi visión.

–Tiene razón, ya comí algo esta tarde con mis amigos –mentí –ellos son los mismos amigos que me enviaron ese arreglo floral ayer ¿recuerdas? –respondí, desesperada por aclarar la situación.

Ignoró mis comentarios mientras miraba a su alrededor y de repente, fue como si una luz se encendiera en la cabeza de Gerry.

–Beth, ¿dónde está tu auto?

De todas las veces que hubiera podido ser observador, tenía que elegir este momento.

–Bueno... –comencé, antes de que Edward me interrumpiera nuevamente.

–Estábamos siguiendo a Elizabeth a casa cuando atropelló a un venado, la grúa se llevó su auto y la trajimos a la casa –una vez más, su tono era casi peligroso, pero su rostro era tan suave como la piedra.

¿Qué diablos está haciendo? ¿Qué demonios está pensando Gerry como para que reaccione así?

–¿Estás bien, Beth? ¿Necesitas ir al hospital? puedo llevarte –ofreció Gerry, mientras se acercaba a mí y sus ojos buscaban si había alguna herida o lesión, aunque su mirada se detuvo en lugares que no debería.

Sentí que Edward se ponía rígido junto a mí, respiró profundamente y pude escuchar cómo se empezaba a formar un gruñido en lo profundo de su pecho.

–Estoy bien. Solo se rompieron algunos vidrios, pero gracias… –le aseguré, antes de susurrarle a Edward –Basta –lo suficientemente fuerte como para que él lo oyera.

Alice miró a su hermano y pude ver su pequeña mano tocar su espalda, fuera de la línea de visión de Gerry. Él nunca rompió el contacto visual con Gerry, pero lo que sea que ella le dijera en sus pensamientos parecía estar funcionando.

Edward dejó escapar el mismo respiro que había tomado anteriormente, obviamente molesto.

–Haremos que Carlisle te revise, solo para estar seguros

¿Por qué demonios necesitaría que Carlisle me revisara? Estoy perfectamente bien. ¡Seguramente ahora Edward debe entender eso!

–¿Quién es Carlisle? –preguntó Gerry y no parecía dispuesto a darse por vencido.

Logré poner una pequeña sonrisa, antes de continuar.

–Carlisle es el padre de Edward, es un médico en el hospital. Es bueno tener contactos –le respondí, tratando desesperadamente de mantener el ambiente ligero.

La cara de Gerry se tensó antes de responder.

–Beth, ¿estás segura? Creo que deberías ir ahora mismo. Vamos, te llevaré y aclararemos todo –comenzó, mientras caminaba hacia el asiento del copiloto de su auto, abriendo la puerta para mí.

Fue entonces cuando lo sentí... una tremenda ola de... ¿miedo? ¿Ansiedad? Se me retorcieron las entrañas cuando mi mano voló hacia mi estómago y si aún hubiera sido humana, habría sentido como si estuviera a punto de vomitar.

La expresión de Gerry se torció cuando comenzó a doblarse. La expresión de su rostro era de confusión e incomodidad, además de pánico. Cerró la puerta y regresó para mirarme.

Con el rostro enrojecido y una gota de sudor en la frente, habló, aunque sus palabras no eran más que un susurro y respiró varias veces tratando de mantener el control.

–De repente Beth, no me siento demasiado bien. Si este Carlisle va a chequearte, me iré. Supongo que no irás a trabajar mañana –dijo y sonaba incómodo.

Luché contra el impulso de rodarle los ojos.

–Planeo estar allí mañana, esto solo fue un pequeño accidente –le expliqué.

Gerry se giró para mirar a Edward, sin siquiera intentar ocultar su desprecio

–Espero que cuides bien de mi –luchó mientras intentaba describir mi inexistente relación con él, –... colega. Asegúrate de que un médico evalúe su estado de salud

–Lo haré, ella estará muy bien cuidada. Espero que te mejores –terminó Edward con una pequeña sonrisa presumida en su boca.

Con eso, Gerry nos dio las buenas noches y saltó a su auto, arrancando casi demasiado rápido. Estuvo a punto de destruir mi buzón mientras se alejaba a toda velocidad, su auto levantó una gran cantidad de polvo mientras su motor trabajaba a toda la capacidad que podía alcanzar.

Cuando estuvo fuera de vista, me volví hacia mis tres acompañantes. Alice y Jasper estaban intentando reprimir risitas sin éxito, así que empecé con Edward.

–¿Qué diablos estás haciendo? él es mi jefe. Puedo manejarlo yo sola, como dije que podía en el auto ¿No puedes escucharme por una vez? ¿Siempre tienes que hacer las cosas sin pensar?

Dio un paso hacia mí y su cuerpo estaba tenso, obviamente estresado.

–Bella, no tienes idea de cuáles son sus pensamientos hacia ti... –Edward respondió en voz alta y sus ojos se oscurecieron, mientras su mandíbula se apretaba. Di un paso hacia él, sin querer retroceder.

–Edward, no necesito de tu don para saber exactamente cuáles son los pensamientos de ese hombre hacia mí. No soy idiota. Ha intentado todo para acercarse a mí, pero no es una amenaza. Tienes que empezar a entender que puedo cuidarme sola ahora –respondí, esta vez la agitación en mi voz comenzó a mostrarse. Por alguna razón, esto hizo que las risitas de Alice y Jasper aumentaran. Podría haber jurado que Jasper dijo que Emmett que se arrepentiría de haberse perdido esto, pero como en ese momento estaba concentrada en dejarle un punto claro a Edward, lo dejé pasar.

Después de que las risas disminuyeron, la voz tranquilizadora y el don de Jasper nos llamaron mientras hablaba.

–Bella, Edward tiene razón. Ese hombre solo quiere hacerte daño, quizás no pueda leer sus pensamientos, pero las emociones de... bueno, lujuria y posesión hacia ti es un poco desconcertante. ¿Con qué frecuencia simplemente te visita? ¿en tu casa? –preguntó y tres pares de ojos me miraron esperando una respuesta.

Genial. Realmente no quería hablar de esto y ahora, no parecía tener otra opción.

–Viene de vez en cuando, la mayoría de mis interacciones con él son el trabajo. Puedo cuidarme sola, no es como si fuera más fuerte o más rápido o, Dios no lo quiera, más inteligente que yo. Es una molestia, pero necesito mi trabajo, estas pequeñas interrupciones son solo parte del juego. ¿Podemos dejarlo así?

Edward suspiró, molesto, antes de que Alice hablara por primera vez.

–Bella tiene razón, ella puede manejarlo. No está bien que nos metamos en su vida a la fuerza y opinemos sin más. Ella estará bien, ¿verdad, Bella? –ella me miró esperando una confirmación.

–Gracias Alice –al fin... alguien con sentido común. Me volví para mirar a Jasper antes de dirigirme a él directamente –¿Lo asustaste? ¿Ese miedo venía de ti? –Jasper me miró tímidamente, antes de asentir.

–Sentí la necesidad de hacer algo para sacarlo de aquí. Si seguía insistiendo en llevarte al hospital, no estoy seguro haber podido convencerlos de que no estabas muerta al no sentir signo de vida alguno tuyo. Parecía la clase de persona que se asusta fácilmente –explicó.

Reí en voz alta, finalmente sintiendo que el estrés comenzaba a desaparecer.

–Es un poco gallina, tienes razón y te deshiciste de él, así que gracias –continué riendo antes de añadir –¡La expresión en su rostro no tenía precio!

Para entonces, todos se estaban riendo. Incluso Edward, cuya expresión comenzó a relajarse finalmente.

–Bueno, ya estamos aquí. ¿Todavía quieren entrar? –les pregunté, señalando hacia mi casa.

Alice estaba más que ansiosa. Sin decir una palabra, se adelantó a todos nosotros, mientras corría hacia la puerta de entrada, apenas a un ritmo humano, por si alguien estaba mirando. Ella nos devolvió la mirada con una amplia sonrisa y agitó las manos exigiéndonos desesperadamente que nos diéramos prisa. Me reí al verla. Obviamente, ya estaba más que recuperada del accidente.

Edward y Jasper me siguieron, mientras yo los guiaba hacia la entrada de mi casa. Tomé mis llaves y abrí la puerta, me hice a un lado y Alice entró corriendo. Hice un gesto para que sus hermanos se unieran a ella antes de entrar cerrando la puerta detrás de mí. Mire fijamente a Edward, para ver cuál sería su primera reacción, curiosa por lo que pudiera estar pensando. ¿Por qué me preocupaba lo que él pensara?

–¡Bella, es encantadora! –exclamó Alice con los ojos llenos de asombro al ver el primer piso. No pude evitar devolverle la sonrisa mientras ella asimilaba todo lo que veía.

–Bueno, es pequeña, pero es mía ¿Te gustaría un gran tour ahora? –bromeé, devolviéndole la sonrisa a mi pequeña amiga.

Ella continuó mirando a su alrededor, y respondió sin mirarme.

–Oh, sí, por favor –su entusiasmo era contagioso, ya que rebotaba de un lado a otro apenas haciendo contacto con los pisos de madera.

Dejé mi bolso y pequeños pedazos de vidrio cayeron de mi manga.

–Oh, demonios. Realmente necesito cambiarme de ropa. Alice, ¿te gustaría que te preste algo para cambiarte?

–Bueno, en realidad tengo una muda de ropa en el baúl del auto de Edward. Podría ir por ella, lo que realmente necesito es una ducha para quitarme todo este vidrio ¿Te importaría? –preguntó.

–No, por supuesto que no. Tengo un baño de invitados en el piso de arriba. No es tan elegante como el tuyo, pero debería funcionar –le respondí.

–Alice, yo iré por tu ropa. Bella, tal vez te gustaría tomar una ducha también y luego podremos continuar con nuestra noche –sugirió Jasper.

Podía sentir el vidrio sobre mí. Una ducha era exactamente lo que quería y ya que tenía la oportunidad de hacerlo, no la desperdiciaría.

–Edward, ¿te importa si los dejamos solos a ti y a Jasper por unos minutos, mientras Alice y yo nos limpiamos? No deberíamos tardar, aunque no puedo hablar por Alice –bromeé, mientras miraba en su dirección.

Sus ojos se centraron en los míos y Edward respondió.

–Bella, toma todo el tiempo que necesites, tengo tiempo de sobra –ahí está esa mirada en su cara otra vez. Respira, Bella. Creo que necesitaré una ducha fría.

–Bueno, relájate. Puedes usar el estéreo y todo lo demás. Sólo tomará unos minutos y luego podremos continuar el tour –respondí tratando de mantener mi voz calmada y mis ojos lejos de la emoción que no quería que él percibiera.

Subí las escaleras hasta el segundo piso, donde le mostré a Alice el baño de visitas. Tomé toallas limpias para ella y le mostré dónde encontrar el champú y todas las demás cosas que podría necesitar. Escuché que la puerta de entrada se abría abajo y me di cuenta de que Jasper debía haber salido para ir por la ropa de Alice.

–Estaré justo al lado, Alice, si me necesitas –ella asintió y yo salí del baño de invitados, cerrando la puerta detrás de mí.

Eché un vistazo hacia el primer piso y vi a Edward mirando a su alrededor, dando vueltas suavemente por la sala, con expresión de asombro. Tocaba suavemente los muebles, miraba los pocos libros que había en la mesita de café, antes de encontrar la variedad de CD que había organizado prolijamente en un pequeño estante unido a la pared. Tocó cada caja mientras leía su contenido antes de seleccionar uno y deslizarlo en el modesto estéreo que había comprado hace un tiempo.

Parecía tan cómodo y a gusto en mi casa, mucho más de lo que yo alguna vez me sentí. El tirón de vidrio en la parte delantera de mi blusa me devolvió a la realidad y me apresuré hacia el otro baño, ansiosa por tomar esa ducha.

Entré en mi habitación principal, caminando hacia el armario, buscando algo casual para ponerme, tomé un par de Jeans y un suéter verde claro. Cerré la puerta detrás de mí, cuando entré en el pequeño baño que estaba en mi habitación sin usar. Encendí la ducha, antes de quitarme la ropa y en el proceso sonaron varios fragmentos de vidrio que caían sobre las baldosas de cerámica, tendría que limpiar eso más tarde.

Me duché rápidamente, lavé mi pelo y enjuagué cada centímetro de mi cuerpo en agua fría, hasta que estuve segura de no tener más vidrio en mi cuerpo. Dejé que el agua fresca fluyera sobre mí mientras trataba de apagar los sentimientos en mi interior. Salté fuera y me apresuré a peinarme, poniendo ese desastre húmedo en una cola de caballo y vistiéndome, para no dejar desatendidos a mis invitados por más tiempo. Rápidamente recogí los trozos de vidrio, arrojé mi ropa sucia al cesto y ordené el baño, antes de regresar al primer piso. Edward estaba allí solo.

Él me sonrió brillantemente mientras bajaba las escaleras.

–¿Te sientes mejor? –él preguntó.

–Mucho mejor, gracias. Supongo que Alice todavía se está duchando –respondí.

–Sí, Jasper está allí con ella ahora –respondió con una mirada sugerente en sus ojos dorados, cuando escuché una risita procedente del mismo baño en el que la había dejado.

–Oh, Jazz –escuche la voz coqueta de Alice que venía a mí desde el baño de arriba.

Miré a Edward y mis ojos se abrieron con horror.

–¿Él está allí arriba, con ella? –pregunté, y mi voz mostró mi súbita inquietud con la situación que estaba sucediendo en mi baño de visitas.

–Sí. Están casados, ya sabes –respondió Edward y su sonrisa era un poco perversa.

–Lo sé. Simplemente no esperaba... no importa. ¿Te pusiste cómodo mientras yo no estaba? –se giró para mirarme directamente a los ojos con esa sonrisa deslumbrante que siempre había hecho que mis rodillas temblaran. Genial, ahora necesito otra ducha fría.

–Tengo la sensación de que cualquiera que entre a tu casa se sentirá cómodo, Bella. Toda la casa se siente como tú

Le sonreí, sin saber qué decir. La ducha se apagó y hubo más risitas, antes de más silencio que me hizo sentir incómoda. No podría soportarlo por más tiempo, me volví hacia Edward antes de hablar.

–¿Te gustaría salir para darles un tiempo a solas a tus hermanos? –pregunté, mordiéndome el labio inferior en un intento de ocultar mi obvia vergüenza. Los sentimientos de anhelo estaban fuera de control, tenía que alejarme de los sonidos que salían de ese baño antes de hacer algo estúpido.

–Eso sería encantador, te sigo –respondió en voz baja.

Lo guie a través de la casa, a la cocina, donde abrí la puerta trasera y salí al cálido aire de la tarde. Edward estaba justo detrás de mí y cerró la puerta detrás de nosotros. Me di vuelta para mirarlo cuando me di cuenta de lo cerca que estaba de mí.

No hizo ningún intento de alejarse de mí, obviamente disfrutaba al estar en mi espacio personal. Parecía cómodo... casi demasiado cómodo.

Ojalá pudiera haber dicho lo mismo, pero todo mi cuerpo ascendió rápidamente al modo de pánico. Me alejé de él para seguir caminando hacia el centro de mi patio trasero, pero sentí su mano en mi hombro, un toque ligero pero insistente.

Su toque me hizo estremecer, aunque esperaba desesperadamente que no se hubiera dado cuenta.

–Bella, ¿podríamos tener esa conversación ahora? –preguntó suavemente. Me volví hacia él antes de responder.

–¿Conversación? ¿Qué conversación? –lo miré con curiosidad, sin entender lo que estaba preguntando.

Dio otro paso hacia mí, con los ojos ardiendo mientras me miraba a los ojos. Pero sus ojos también parecían ... ¿nerviosos?

–Necesito explicarte algunas cosas. Estamos aquí solos y es un momento tan bueno como cualquier otro –comenzó, antes de que escucháramos a Alice y Jasper reír suavemente en la sala.

–Um... perdón. Iré por tus hermanos y luego podremos comenzar el tour –murmuré, antes de comenzar a pasar a su lado. Estar a solas contigo no es una opción en este momento, aunque me gustaría que lo fuera.

–Bella, por favor. Esto es importante –suplicó Edward.

–Edward, hay mucho tiempo para hablar. Vuelvo enseguida –terminé, mientras me abrí paso por la puerta y volví a la sala donde Alice y Jasper estaban abrazados y besándose suavemente.

–¿Ya todo volvió a la normalidad? –pregunté, ya que mi repentina reaparición obviamente los tomó por sorpresa. Se separaron, pero solo ligeramente. Jasper continuó sosteniendo su mano, mientras ella lo miraba cariñosamente. Ninguno de los dos estaba avergonzado, pero era obvio que Jasper se había unido a ella en la ducha, ya que su cabello todavía estaba mojado, muy parecido al de ella.

–¿Puedo traerles un secador de pelo? ¿Alice? ¿Jasper? –bromeé.

–No, estaremos bien. Podemos secarnos al aire libre esta noche – ella se rió entre dientes y su mirada cariñosa todavía estaba fija en su apuesto compañero.

Edward se había unido a nosotros para entonces y su expresión era solemne. Alice y él se miraron por un momento y me di cuenta de que estaban teniendo otra conversación silenciosa.

–¿Algo que quieras compartir con el resto de nosotros? –pregunté

–No.… solo le estaba diciendo que me sentía mejor –respondió ella, aunque sus ojos tenían una emoción diferente, una que no pude determinar.

–Bueno, si estás lista ahora, estaré encantada de mostrarte todo –le dije.

Mientras les mostraba toda la casa, Alice observó cada habitación y sus pequeñas manos tocaron las paredes, los cuadros, los muebles, mientras comentaba acerca de la personalidad de cada habitación, así lo llamaba ella.

–¿Tú misma hiciste esto, Bella? Es increíble ¿Cuándo se construyó la casa? –preguntó ella con sus ojos curiosos aún fijos en cada detalle de mi casa.

–Por lo que dicen los papeles de la casa, en algún momento de la primera parte del siglo XX, tal vez alrededor de 1915 –le contesté.

–Durante mi vida humana –comentó Edward con su mirada fija en mí, mientras que sus ojos de repente se veían tristes.

–Sí, supongo que sí. Lo siento, no pretendía hacerte recordar cosas dolorosas –le dije con la esperanza de que esa mirada triste abandonara sus ojos.

–No, Bella, estoy bien. Es increíble que esta casa siga en pie después de más de cien años – respondió Edward, mientras forzaba una sonrisa en su rostro.

Entramos en mi oficina y Alice chilló.

–¡Dijiste que mi habitación era peor que tu oficina! Creo que tienes razón –exclamó y su sonrisa era brillante, su entusiasmo era evidente mientras se movía rápidamente a través de la pequeña habitación, sus ojos captaban cada detalle mientras Jasper miraba mi pequeña colección de libros.

Terminamos el tour y nos dirigimos hacia las escaleras.

–¿Quieren ver el exterior? Edward y yo empezamos por ahí antes de darnos cuenta de que ya habían regresado de su pequeña cita –me dirigí a Alice y a Jasper. Ambos me devolvieron la sonrisa y asintieron, y una vez más, me dirigí hacia la puerta trasera de la casa.

Una vez que estuvimos afuera, Alice y Jasper se adelantaron, tomados de la mano, mirando los enormes robles y arces que crecían en mi patio trasero. Comenzaron a correr, aún tomados de la mano, hacia la parte exterior de mi propiedad, mientras Edward se quedaba conmigo.

El crepúsculo estaba descendiendo. Mis recuerdos volvieron a mí y me dirigí a Edward sin pensar.

–Sabes, Edward –comencé, manteniendo mi mirada al frente –tenías razón sobre el crepúsculo, ahora entiendo lo que querías decir con que es el momento más seguro del día. Me encanta verlo llegar y aunque me recuerda que otro día ha terminado, también me asegura que otro está a punto de comenzar

–Sí, Bella. Todos los días se extienden al día siguiente. En los días interminables de nuestra existencia, el crepúsculo es ese momento, esa fracción de segundo que los divide

Ambos nos quedamos allí perdidos en el momento. Uno al lado del otro, pero muy lejos el uno del otro. Ninguno de nosotros habló o se movió ¿era pacífico? La intimidad del momento me puso nerviosa.

–Tal vez deberíamos volver con Alice y Jasper –sugerí rompiendo la atmósfera con mi voz. Sin más palabras, Edward y yo corrimos a su encuentro sin tocarnos, pero al unísono.