Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.

Capítulo 33: Viernes en la noche con los Cullen

BPOV

El jueves llegó y se fue con la misma inquietud. Hice mi trabajo con los niños de día y con los adultos de noche, pero a penas y me podía concentrar. Estaba ansiosa, más de lo que estaba dispuesta a admitir, por la noche del viernes.

No tenía idea de en qué me estaba metiendo, pero estaba segura de que la agónica espera lo valdría. La idea de estar con otros que eran como yo era tentadora, y no estaba segura de si podría contener el entusiasmo que amenazaba con estallar.

Conduje al trabajo en el Volvo de Edward y mi mente viajaba hacia tiempos mejores. Habíamos pasado tanto tiempo en su auto... le encantaba conducir, y ahora yo lo conducía, debido a su insistencia. Suavemente acaricié el volante, la tapicería y la palanca de cambios y recordé la lección que me había dado el día anterior.

Llené mis pulmones con su divino aroma, incluso después de todos estos años, él olía exactamente igual para mí, si no mejor. Ese aroma maravilloso me tranquilizaba, me estimulaba y me atraía hacia él inexplicablemente... flotaba a mi alrededor mientras me sentaba en su asiento de conductor, empapándome la ropa y la piel, lo que provocó una sonrisa involuntaria en mi rostro.

Me obligué a pensar en el día de trabajo que me esperaba. Viernes... ¡ugh! Hay una reunión de personal todos los viernes por la mañana... aunque la mayoría de personas esperaba con ansias el último día de la semana de trabajo, yo les temía. Esas reuniones en la mañana siempre habían sido terriblemente aburridas y luchaba contra la necesidad de poner los ojos en blanco cada vez que Gerry miraba en mi dirección intentando coquetear conmigo mientras otros hacían lo posible por ignorar sus inapropiadas acciones. Mi mejor defensa era garabatear furiosamente en mi libreta, sin levantar la vista, a menos que se dirigieran directamente a mí, lo que rara vez sucedía.

Cuando entré en el estacionamiento para empleados ubicado al este de la entrada de la escuela primaria tenía la intención de usar ese mismo plan de ataque para la reunión de esta mañana. Gerry se detuvo justo antes de mí y cuando salió de su vehículo, se giró para mirar en mi dirección.

Entré en mi lugar y la expresión de su rostro mostró confusión cuando se dio cuenta de que era yo detrás del volante de un automóvil que definitivamente él reconoció. Parqueé el auto y salí del Volvo de Edward, saludándolo como una profesional.

–Buenos días, Gerry

La mirada de desilusión mezclada con ira regresó a sus rasgos, era la misma expresión que había puesto en mi casa dos noches antes. Levantó las cejas antes de responder.

–Beth

–Es una linda mañana, ¿no te parece? –el aroma de Edward que todavía estaba en mi cabello ayudaba a mi buen humor.

No respondió de inmediato, ya que sus ojos excesivamente inquisitivos captaron cada detalle del Volvo antes de volverse a mí.

–¿No es este el auto de tu amigo? –su tono me decía que no estaba nada satisfecho con mi elección de vehículo.

Como si fuera asunto tuyo...

Puse una de esas pequeñas sonrisas profesionales en mi cara.

–Sí. Mi amigo tuvo la amabilidad de prestarme su vehículo para ahorrarme el costo de rentar uno –traté de mantener mi tono ligero, mientras intentaba avanzar hacia la entrada principal del edificio, ansiosa por escapar del interrogatorio que sabía que se avecinaba.

–Sabes, Beth, no confío en tu amigo, ese tipo Ed. Si me preguntas parece insistente y un poco posesivo. No estoy seguro de que tenga buenas intenciones contigo –pronunció su patético razonamiento, mientras daba un paso frente a mí, obligándome a detenerme y hablar con él.

¡No tienes idea de lo que estás hablando! Edward posesivo conmigo? Ya quisiera yo...

–Su nombre es Edward, y ni siquiera lo conoces. Él podría decir lo mismo de ti, pero ya que apenas te conoce, es lo suficientemente caballeroso como para guardar ese tipo de juicios para más adelante cuando te conozca mejor. Tal vez podrías hacer lo mismo –terminé y mi tono era severo mientras intentaba caminar alrededor de él y seguir adelante con mi día.

Agarró bruscamente mi antebrazo y me volví para mirarlo a los ojos, mi mirada amable forzada fue reemplazada por una que rápidamente se estaba convirtiendo en enojo. ¿Cómo se atreve a agarrarme?

–Gerry, esta conversación ha terminado. Tengo cosas que hacer y tú también, supongo

Aflojó su agarre, pero no me soltó. En todo caso, intentó acercarme más a él, pero me negué a ceder. Su sonrisa segura perdió toda confianza, su expresión mostró sorpresa por la fuerza que tenía lo que me hizo sonreír internamente, sabiendo que no estaba haciendo nada de esfuerzo o estaría gritando por la muñeca rota que le habría dejado.

Soltó su agarre, sabiendo que había perdido esta ronda, pero no antes de tener la última palabra.

–Beth, no toleraré a nadie que intente... interferir contigo. Espero que lo entiendas –me dijo aterradoramente posesivo cuando se hizo a un lado, su tono era oscuro y su rostro estaba deformado con una expresión que me hizo sentir incómoda.

Me alejé de él y entré corriendo por la puerta principal. Llegué a mi salón y me senté en mi escritorio tratando de calmar mis nervios. Sabía que Gerry no podría lastimarme, que podía defenderme fácilmente si se trataba de eso, pero la forma en que me habló hizo que se me encogiera el estómago y comencé a preguntarme si posiblemente había subestimado qué tan oscuros eran sus verdaderos sentimientos hacia mí. Mi inquietud continuó creciendo y mi mente trajo el recuerdo de un día que me recordó un apretón similar en mi estómago. Estaba en Port Angeles y me había perdido, entonces, de repente, fui perseguida por hombres despiadados, Edward me salvó ese día, pero no necesitaba un salvador ahora. Podría cuidar de mí misma, tendría que manejar esto yo misma, antes de que se saliera de control.

Aparté los incómodos sentimientos y alisté mis cosas para la reunión de esta mañana. Eché un vistazo al reloj y supe que tenía pocos minutos antes de que empezara y pensé fugazmente en no asistir. Podía fingir alguna excusa de una llamada con un padre de familia, pero sabía que, si no aparecía, Gerry lo tomaría como una muestra de debilidad y no podía permitir eso. Recogí mi libreta y mis archivos y caminé hacia la biblioteca, donde la reunión ocurría todas las semanas.

Entré por las puertas y me senté cerca de la parte de atrás, ocupándome de los archivos que había traído para evitar cualquier tipo de interacción con alguien. Nadie miró en mi dirección y hoy no fue diferente. Gerry comenzó la reunión, pero me negué a mirarlo y esperé con la esperanza de que nadie me hablara mientras terminaba.

La reunión avanzó y cuando finalmente terminó, agarré mis cosas e hice una salida apresurada, yendo directamente a mi salón de clases. Pude olerlo mientras me seguía y me obligué a caminar normalmente, a un ritmo humano, aunque la idea de tener que volver a hablar con él era repulsiva. Llegué a mi puerta cuando me llamó.

–Beth, espera un minuto por favor –comenzó y su tono era profesional.

Reprimí un suspiro y me volví para mirarlo, esperando que mi cara, que no era de póquer, no delatara la inquietud que sentía.

–Sí –mi voz sonaba dura, lo cual no era para nada sorprendente.

Sus ojos todavía se mostraban duros y parecía que luchaba por encontrar las palabras correctas.

–Beth, me disculpo si me pasé de la raya. Solo espero que... entiendas que estoy preocupado por ti, y no quiero verte lastimada

Su tono y expresión facial lo traicionaron. No se preocupaba por mí, sino más bien por lo que pensaba que podría perder si no se salía con la suya. Reprimí un escalofrío de disgusto y luego me relajé un poco, sabiendo que él nunca tendría la oportunidad.

–Bueno, gracias por la preocupación, pero puedo asegurarte que Edward Cullen no es una amenaza para mí –le dije en un tono que indicaba que ya no quería discutir el tema.

–Me alegro de hayamos aclarado eso. Te dejaré para que te prepares para el día –terminó, cuando vio a Mandy entrar al salón.

–Buenos días, Elizabeth... Gerry... ¡Gracias a Dios que es viernes! –exclamó y era difícil no sonreír ante su entusiasmo y saber que había terminado, sin darse cuenta, una conversación de la que yo no quería formar parte.

Gerry dio media vuelta y se fue y Mandy y yo preparamos el salón para los estudiantes que no tardaban en llegar.

El día avanzó y terminó con la misma rutina que todos los viernes, Mandy se preparó para irse y le deseé un buen fin de semana.

Había planeado quedarme y trabajar en mis clases, pero rápidamente decidí no hacerlo, en un esfuerzo por no darle a Gerry otra excusa para hablar conmigo.

–Mandy, espera un momento

–¿Claro, que pasa?

–Me iré contigo. Solo dame un segundo y podremos irnos juntas

Ella me sonrió, mientras se alisaba levemente su camisa, que hoy tenía un hermoso estampado abstracto azul y negro, que resaltaba el color de sus ojos.

–Absolutamente. ¿No vas a trabajar esta tarde? Por Dios... ¡Creo que el infierno se ha congelado oficialmente! –ella soltó una risita.

–Muy graciosa... de hecho, iba a llevar mi trabajo a casa esta noche antes de comenzar mi fin de semana

Reuní mis cosas, y ella esperó cerca de la puerta del salón, mirando el arreglo de flores que todavía estaba en mi escritorio.

–¿Alguna vez conoceré a estos 'amigos' tuyos? –ella preguntó suave pero curiosamente.

Me detuve en seco, hice que mis manos dejaran de temblar antes de que pudiera responder.

–Yo... no sé. Tal vez... –no tenía idea qué más decir ante esa declaración.

–Bueno, cualquier amigo tuyo definitivamente es amigo mío. ¿Cuáles son tus planes para el fin de semana? –preguntó ella casualmente, mientras terminaba de poner mis cosas en mi bolso. Sin pensarlo, le respondí.

–Iré con los Cullen en unas pocas horas –¿Acabo de decir eso en voz alta? Oh mierda…

Me miró con curiosidad, mientras inclinaba la cabeza hacia un lado.

–¿Los Cullen? ¿La familia que te envió esto? Vaya –respondió.

–¿Vaya? –¿Qué quiso decir ella con eso?

–Elizabeth, no me vayas a malinterpretar, pero por lo general nunca visitas a nadie. En realidad, estoy encantada de que tengas planes para esta noche. Tendrás que decirme todo el lunes por la mañana... Quiero todos los detalles sucios –dijo mientras me sonreía dulcemente. Maldita sea, ella tenía una de esas miradas de complicidad en sus ojos.

Puse los ojos en blanco, incapaz de sofocar la risa que surgió de mi garganta.

–Mandy, si hay detalles sucios, serás la primera en saberlos... ¿te parece? –traté de reprimir la esperanza que surgió en mi corazón. No podía dejar que nadie supiera cuán desesperadamente me gustaría que hubiera algún tipo de detalle sucio.

–¡Es un trato! –su suave acento sureño calmó mi elevado nivel de estrés y nuevamente le agradecí a mis pocas estrellas de la suerte por ella.

Salimos juntas y nos deseamos un buen fin de semana, antes de entrar en el Volvo y conducir hacia la casa. Entré rápidamente, dirigiéndome directamente a mi oficina, terminando el trabajo que había traído a casa conmigo. Revisé los correos electrónicos de la universidad, terminé de responder unas preguntas y califiqué los ensayos que me estaban esperando. Las mariposas en mi estómago se negaron a ausentarse mientras miraba ansiosamente el reloj. Solo media hora más y podría irme hacia la casa los Cullen... pero luego ¿qué? ¿Qué diablos haríamos esta noche?

Guarde mis cosas y me dirigí a mi habitación, sabiendo que debería ponerme algo más informal antes de salir a la noche. Miré cada prenda en mi armario, que no eran muchas y mis pensamientos volvieron a mis días humanos, cuando estaba en la escuela secundaria y todavía tenía a Edward en mi vida. Solía preocuparme por la ropa entonces ... ¿Le gustaría esto? ¿Pensaría que este tono de azul se ve bien con mi piel?

Ahora nunca usaba el azul oscuro. Por alguna razón, me había apartado instintivamente de ese color y nunca volvió a entrar en mi armario.

Negué con la cabeza y luché para volver al presente, mientras elegía una blusa negra simple y un par de pantalones caqui delgados y de corte fino. Me cambié rápidamente y me peiné con el pelo en una coleta alta antes de deslizarme sobre un par de cómodas bailarinas negras. Estaba poniendo mi ropa sucia en la cesta cuando oí un suave golpe en la puerta. Las mariposas se cuadruplicaron al instante en mi estómago.

¿Quién podría ser? Agarré mi bolso y bajé las escaleras hacia la puerta principal. No me molesté en preguntar quién era ni en mirar por las ventanas al lado de la entrada principal de mi casa, mientras quitaba el seguro y abría la puerta.

Parado enfrente de mí estaba la única persona que nunca esperé conscientemente.

–Hola –Edward estaba parado allí tan guapo que me debilitó las rodillas, con esa hermosa sonrisa torcida que nunca dejó de dejarme sin aliento. Me quedé allí, con la boca abierta, incapaz de responder, mientras su sonrisa se ampliaba –¿No vas a invitarme a pasar?

Negué con la cabeza, tratando de aclarar un poco mis pensamientos.

–Oh, por supuesto, lo siento... entra –forcé una risa ligera. ¿Alguna vez podré actuar de forma normal cuando él esté cerca?

–¿Cómo estuvo tu día? –preguntó cruzando la puerta y sus intensos ojos color miel se clavaron en los míos, antes de que pudiera apartar mi mirada de él y entrar en la sala de estar.

–Bien. Pero antes de preguntarte por el tuyo, ¿puedo preguntarte primero qué estás haciendo aquí? Iba de camino a tu casa, ¿o me perdí de algo? –me volví para mirarlo, pero luché por mantener el nivel de calma en mi voz, esperando que mi cara hiciera lo mismo. Las legiones de mariposas que ahora ocupan mi cavidad estomacal estaban causando estragos en mi compostura.

–Bueno, para responder a tu primera pregunta, estoy aquí para llevarte a la casa. No estábamos seguros de sí podías encontrar el camino de regreso y Jasper se dio cuenta de que no te dio nuestra dirección. Para responder a tu segunda pregunta sin formular, mi día estuvo bien. Todos hemos estado esperando ansiosamente tu llegada, especialmente Alice. Hoy le tomó a Jasper todo el poder de su don para evitar que corriera a la escuela y te secuestrara temprano. Ella quería venir conmigo, pero todos pensamos que podría asustarte con su entusiasmo

No pude evitar sonreír, imaginando a Alice recorriendo la casa todo el día y mirando repetidas veces el reloj, frunciendo el ceño, decepcionada al ver que la manecilla de los segundos no se movía a la velocidad que ella quería. Si había algo con lo que Alice tenía problemas, era la paciencia, lo recordaba muy bien.

–Bueno, será mejor que no la hagamos esperar más o nos matará –me reí.

Salimos por la puerta principal y la cerré detrás de nosotros, dirigiéndonos hacia los vehículos en la entrada de mi casa. Me dirigí hacia el Volvo, cuando sentí que sus largos dedos me tocaban exactamente en el mismo lugar que me había tocado Gerry temprano ese día. La sensación era completamente diferente, pero no pude evitar estremecerme. Edward captó mi expresión y nos detuvo a los dos con sus ojos llenos de preocupación.

–Bella, ¿qué pasa?

–Nada –mentí. Mierda, él sabe que soy terrible mintiendo.

Se acercó a mí y soltó mi brazo y la intensa corriente de electricidad se detuvo.

–Te toqué y te estremeciste. Lo vi en tus ojos. ¿Te lastimé?

Lo miré a los ojos y si no hubiera sido tan consciente de sus verdaderos sentimientos, podría haber jurado que estaban llenos de afecto por mí.

–No, no me lastimaste. Todo está bien. Deberíamos irnos...

–Bella, ¿cuál es el problema? Tu no reaccionas así sin razón. ¿Qué pasó?

Me mordí el labio inferior, tratando de encontrar alguna forma de cambiar el tema y esperando que él captara la indirecta, pero ya había demostrado que sería difícil, si no imposible. Volví la cabeza hacia un lado y miré al suelo antes de hablar.

–¿Puedo decírtelo en el camino? No quiero que tu familia se quede esperándonos toda la noche

–Bella, pueden esperar. ¿Qué no me estás diciendo? –me di cuenta por su tono que no lo dejaría pasar, así que decidí terminar con esto de una vez. Además, si seguía mirándome con tanta atención, me derretiría.

–Si te digo, ¿lo dejarás ir? –Lo miré y mis ojos se clavaron en los suyos. Deseé una vez más todavía tener su corazón, lo que estaba a punto de decirle sería mucho más fácil de esa manera y sería capaz de controlar la reacción exagerada que sabía que tendría. Afortunadamente, no había puertas que pudiera arrancar cerca.

–Está bien. Lo prometo. Pero no te puedo prometer que estaré feliz por eso –respondió. Tomé una respiración profunda antes de comenzar.

–Esta mañana, antes del trabajo, Gerry... –busqué la mejor palabra para no iniciar una reacción en cadena –me detuvo en el estacionamiento de la escuela y me acordé de eso. No me hizo nada. Ahora, ¿Podemos irnos por favor?

Tal como esperaba, los ojos de Edward se oscurecieron y su boca se tensó en una línea recta, mientras luchaba contra el gruñido que crecía su pecho. ¡Sabía que no lo tomaría bien!

–Edward, está bien. ¿Y por qué estás tan molesto? ¿Qué diferencia hace? –ahora estaba molesta. Sabía que ya no le importaba de esa manera, pero ¿tenía que hacer parecer como si así fuera constantemente? ¿Mi pobre corazón tenía que tener esperanzas solo para que se hicieran añicos cuando volviera a la realidad?

Sus ojos todavía mostraban dureza, mientras trataba de calmarse.

–Bella, ¿cómo puedes pensar que no me importa... o a alguno de nosotros?

¿De qué está hablando? Ah... él dijo "nosotros". Ves corazón, no es nada personal, es una preocupación grupal en general.

Él se apresuró y sus palabras salieron tan rápido que tuve problemas para entender todo.

–Y tu explicación no explica el estremecimiento. ¿Qué más pasó? ¿Qué más no me estás diciendo?

–Dijiste que, si te lo decía, lo dejarías ir. No estás cumpliendo tu promesa –respondí. Cerró los ojos y respiró hondo antes de continuar.

–Estás editando lo que pasó. No me has dicho todo. No nos iremos hasta que me digas el resto –Oh, en serio... así que él quiere pensar que él tiene el control... ¡mira esto!

–Bien. Voy a entrar, y puedes explicarles a tus padres y hermanos por qué no pude asistir a mi cita para verlos esta noche. ¿Qué te parece? –giré sobre mis talones y comencé a caminar de nuevo hacia la casa, mi pelo se movía con mis pasos rápidos, pero podía escucharlo justo detrás de mí.

–Bella, lo siento –su tono se suavizó, y por el tono de su voz me di cuenta de que estaba muy cerca –¿Qué te parece esto? Vamos a ir juntos, me explicas por qué te sientes incómoda y lo dejaré... Mantendré mi promesa ¿Trato?

¿Promesa? Ni siquiera quería hablar de ese tema, pero me detuve en seco, todavía de cara a la casa, de espaldas a Edward. Estaba irritada, pero necesitaba una noche con los demás. No podría enfrentarme a otra noche completamente sola. Lentamente volteé a verlo y simplemente asentí. Estaba demasiado cerca para confiar en mi voz.

Volvimos al Mercedes que había conducido y él me abrió la puerta y yo entré. En un instante, él estaba en el asiento del conductor, y nos estábamos moviendo por el camino. Estábamos de camino, cuando supe que no podía retrasarlo más tiempo. Podría decir que estaba haciendo todo lo que podía para permanecer la calma y ser paciente. Sabía que no podía hacerlo sufrir más.

–No fue nada, Edward. Solo me sorprendió por un momento. Realmente no es gran cosa – Tenía tantas esperanzas de que lo dejara ir, pero esa esperanza se desvaneció rápidamente.

–Bella, por la forma en que reaccionaste sé que es gran cosa. Por favor solo dime qué sucedió

Me moví en el asiento del pasajero para mirar por la ventana.

–Se me acercó esta mañana en el estacionamiento y me dijo que no confiaba en ti

No debió –puse los ojos en blanco y seguí.

–Básicamente le dije que se ocupara de sus asuntos. Él extendió su mano para detenerme – Dije que la última parte en un susurro, esperando suavizar el golpe.

–¿Qué me estás diciendo? ¿Que él te agarró? Ese hijo de... lo mataré

¿Por qué reaccionaría así? Eso era fácil de descifrar, Edward era un caballero, criado en una época en la que defender a una mujer, a cualquier mujer, era la regla. No importaba si tenía sentimientos por mí o no, solo estaba haciendo lo que le resultaba natural, lo que era parte de su educación social y ADN básico. Ese pensamiento me hizo ver nuevamente el hecho, doloroso, que él reaccionaría así por cualquier mujer y el hecho de que me sucediera a mí era irrelevante para tomar su posición.

–Edward, estoy bien. Creo que tuvimos esta conversación antes. Si hubiera querido, podría haber roto su cuello yo misma –sonreí un poco ante la idea, lo que inmediatamente me hizo sentirme mal por haberme permitido tomar un gramo de humor de la situación. La idea de matar a otro, especialmente a un ser humano era inexcusable.

–No puedo creer que estés tomando esto tan a la ligera, Bella. Para que él siquiera suponga que puede manejar la situación de esa manera, para que él intente forzarte... –lo interrumpí.

–Me diste tu palabra. Te dije lo que sucedió y ahora necesito que lo dejes ir –respiró profundamente por su nariz y sus manos agarraron el volante antes de hablar.

–Bien. Pero si alguna vez hace eso mientras yo estoy cerca, no seré responsable de mis actos –podía, de nuevo, escuchar cómo se formaba un gruñido en su pecho.

Nunca los dejaré solos en la misma habitación, eso es seguro.

–Bien. ¿Podemos dejarlo ahora? –soltó su agarre y dejó escapar otro largo suspiro.

–Está bien. ¿De qué te gustaría hablar? –su tono era tenso y un poco cálido.

Me senté allí, dándome cuenta por primera vez de que estábamos a solas en el coche. Lo que había sido incómodo, sentarse allí hablando sobre lo que había pasado antes en el día ahora se convertía en pánico puro... ¿Cuánto tiempo habíamos estado conduciendo y cuándo podría dejar de estar tan cerca de él? Busqué desesperadamente algo sobre lo que pudiéramos hablar, para cambiar el tema.

–¿Qué hiciste hoy?

Miré hacia él y sus ojos estaban fijos en el camino delante de nosotros, mientras salíamos a la carretera, yendo en dirección a la casa de su familia.

–Trabajos de clase –su voz era tensa y pude ver que estaba luchando por mantener la calma. No estaba funcionando. Pensé que podía probar un enfoque diferente.

–¿De verdad? ¿Algo que me interesaría calificar? –bromeé, tratando de aligerar el ambiente y con la esperanza de levantar el estado de ánimo oscuro que llenaba el automóvil.

Se giró para mirarme y su mirada todavía era un poco tensa.

–Bella, recuerdas lo que Carlisle te dijo a principios de la semana, ¿no es así? Si necesitabas algo, debes avisarnos. ¿Lo recuerdas?

Debería haber sabido que sería completamente incapaz de dejar el tema. Lo miré, mientras él continuaba mirándome, sus ojos claramente no estaban en el camino. Sabía que podía realizar múltiples tareas, pero aun así me ponía nerviosa. Como si finalmente pudiera leer mi mente, volvió a mirar al camino que teníamos delante, que estaba lleno de viajeros de viernes por la noche. Busqué interiormente las palabras adecuadas para terminar de una vez por todas esta conversación.

–Edward, si necesito algo, cualquier cosa, prometo hacérselos saber. Pero, puedo cuidarme sola. Lo he estado haciendo por mucho tiempo...

–Ese es el problema. No sabes cuándo pedir ayuda. No debería ser así. Estamos aquí para ti y queremos ayudarte de cualquier forma que podamos. Bella, yo... nos preocupamos por ti. ¿Puedes intentar recordar eso la próxima vez? –él me interrumpió bruscamente. No pude entender su tono, sonó casi como si estuviera suplicando.

Miré por la ventana del pasajero, incapaz de reprimir un suspiro.

–Edward, si necesito algo, cualquier cosa, te lo haré saber a ti y a tu familia, pero no esperes de pie. Puedo cuidarme sola

Llegamos a la casa, paramos en la ridículamente larga entrada y Edward finalmente estacionó el Mercedes de Carlisle a un lado cerca de uno de los obvios garajes. Fui a abrir la puerta del auto, pero él me golpeó suavemente, la abrió con gracia y me ofreció su mano para ayudarme.

Le sonreí mientras agarraba mi bolso y salía del auto. El familiar zumbido de electricidad me golpeó la mano agradablemente. Me dirigí hacia la casa, pero él volvió a tomar mi mano suavemente y me condujo hacia el garaje.

–Edward, ¿a dónde vamos?

Se giró para mirarme con esa hermosa sonrisa que hacía que mi aliento se atorara en mi garganta.

–Pensé que te gustaría ver el progreso de tu automóvil ¿Te interesa?

No pude evitar devolverle la sonrisa. Parecía tan ansioso por mostrarme, así que simplemente asentí con la cabeza, una vez más incapaz de confiar en mi voz con su cercanía.

Me condujo hacia el costado del garaje e introdujo un código en un panel oculto que activaba la puerta de la parte delantera del edificio mientras se levantaba, revelando lo que había dentro. Ahí estaba mi auto, los vidrios rotos de las ventanas se habían ido, la parte delantera ya no estaba destrozada, y el acero del cuerpo se veía. Aparentemente ya había sido lijado, como Edward y Rosalie habían discutido a principios de la semana. Di un paso hacia mi auto irreconocible, cuando Rosalie entró por la puerta abierta del edificio.

–Hola, Bella –me saludó y su tono era cálido, uno al que todavía no estaba acostumbrada.

–Hola, Rosalie ¿Se ve bien? –mi última declaración salió más como una pregunta, lo que no fue intencional. Simplemente no tenía idea de qué más decir. Ella rió, su tono era de obvio placer.

–Estamos progresando. Ya ordené las ventanas, la pintura nueva y la puerta –miró hacia Edward y puso los ojos en blanco –están en camino. No deberían tardar más de un par de días ¿Cómo te está tratando el auto de Edward?

–Oh, bien... es divertido de conducir la verdad –¿De verdad estaba teniendo una conversación normal con Rosalie?

–Edward nos contó de tu casi accidente con el Volvo –ella rió y se echó el pelo dorado al hombro, reforzando lo hermosa que era, alta, esbelta y vestida con una ajustada camiseta de cachemir negro y jeans oscuros, parecía que acababa de salir de las páginas de la revista Vogue.

Miré a Edward, que miraba hacia cualquier lado menos en mi dirección, sus ojos fingían vergüenza, mientras silbaba una melodía, tratando de jugar con el humor en la situación. Por instinto, lo pinché en las costillas con mi codo. Oh... Dios mío... Dios mío ... ¿Acabo de hacer eso?

Edward jadeó, su respiración escapó de sus pulmones en una ráfaga rápida.

–Emmett no estaba bromeando. Deberías advertir primero –prácticamente gritó, mientras se frotaba el costado.

–Lo siento, no estoy segura de lo que me pasó –pude haberme desmayado de vergüenza cuando Rosalie rugió de risa. ¡No coquetees! ¿Qué te pasa?

–Creo que has encontrado a tu pareja, Edward. Mejor ten cuidado cuando estés cerca, tiene la fuerza para derribarte –bromeó ella.

–Rosalie, creo que tienes razón. He encontrado mi pareja –respondió. Esta vez su mirada se concentró en mi cara, tan atentamente, que me obligué a dar un paso atrás y volver a enfocarme en el auto. ¡No te hagas ilusiones! ¡Él NO te está coqueteando!

–Entonces, ¿crees que en solo unos días más estará listo? –pregunté, tratando de cambiar el tema de conversación. Gracias a Dios, Rosalie captó la indirecta.

–Creo que estará en funcionamiento a principios de la próxima semana. La puerta debería llegar mañana y entonces todo lo que falta es pintura, limpieza interior y ventanas. Me tomé la libertad de pedirte ventanas con un tono más oscuro, además de llenar los líquidos, cambiar tu aceite y chequear tu motor. Espero que esté bien –respondió, mirando un poco avergonzada en mi dirección.

–Oh Rosalie, eso es maravilloso. Muchísimas gracias por hacer eso, pero no era necesario que te tomaras tantas molestias –comencé, antes de que ella moviera una elegante mano en mi dirección.

–No hay ningún problema, Bella. Vamos... Esme te está esperando adentro, y creo que a Alice le dará una aneurisma si no te ve pronto –ella envolvió un brazo a mi alrededor y me llevó hacia la casa, Edward nos siguió a una distancia segura.

Llegamos al porche cuando la puerta de entrada se abrió con un golpe fuerte, chocando con la pared exterior. Una duendecilla muy hermosa pero enojada nos miraba fijamente, con los ojos entrecerrados, la boca apretada, mientras tenía los brazos cruzados sobre el pecho y las piernas separadas, dando la impresión de que estaba a punto de saltar encima de nosotros.

–Bueno, ya era hora. ¿Qué hora es, las 7:04? ¿Por qué se demoraron tanto? –escupió Alice a Edward. Rosalie, Edward y yo rompimos a reír, di un paso hacia mi amiga y la abracé con fuerza.

–Alice, estábamos mirando mi auto, y Rosalie me estaba explicando todo. Siento haberte hecho esperar –respondí, mientras trataba de calmar las carcajadas. Por el rabillo del ojo, vi a Edward relajarse un poco y parecía aliviado por haber evitado un problema con Alice.

Alice todavía estaba disgustada, pero me devolvió el abrazo y me agarró de la mano, corriendo conmigo hacia las escaleras, pasando junto a Esme y los demás, mientras yo intentaba sonreír y saludaba en su dirección. No estaba acostumbrada a la velocidad y tuve que forzar mis piernas para mantener el ritmo. Aterrizamos directamente frente a la puerta de su habitación. Ella se volvió hacia mí y sonrió perversamente mientras los pelitos de mi nuca se erizaban. Parecía casi amenazante y momentáneamente le temí a mi pequeña amiga.

Alice abrió la puerta de su habitación y entró, justo antes de que ella me agarrara de la mano y me arrastrara con ella, mis pies ya no estaban en contacto con el piso. Me sentí como si estuviera volando, antes de que ella me estabilizara. En solo cinco cortos días, su habitación había cambiado por completo. Atrás quedaron los libros, dibujos y otros papeles que estaban regados y sujetos a cada centímetro cuadrado de pared y encimera. No estaba segura de qué hacer con lo que tenía al frente.

Puestos alrededor de la habitación en intervalos, alrededor de la enorme cama extra grande, había varios tableros, similares a los tableros que los niños compran en las tiendas de artesanías para hacer proyectos de la feria de ciencias y presentaciones, todos en caballetes idénticos.

Cada tablero era de un color diferente y tenía varias fotos pequeñas, dibujos, muestras de color y otros documentos con palabras adjuntas. Di un paso más cerca de uno y lo estudié, sin saber qué hacer con ello. Lo que sea que fueran, Alice se había tomado una cantidad desorbitada de tiempo con ellos.

Alice se situó a mi lado, mientras su mano minúscula tomaba la mía y me guiaba hacia el tablero más cercano.

–Alice, ¿qué son estos? ¿Qué has estado haciendo? –le pregunté, mientras miraba a mi pequeña amiga.

–Planeando –su rostro brillaba de emoción. Ella revisó su trabajo y comenzó a señalar cosas: colores, menús, temas; en ese momento me di cuenta de que había seguido adelante y había planificado todo el evento universitario, con varias opciones esperando a ser seleccionadas.

¡Los temas! ¡Oh Dios mío! Alice definitivamente había perdido la cordura. Todo estaba allí... la jungla salvaje, los veintes, el tiempo después de la guerra civil, el renacimiento e incluso disco... y la lista seguía. Por supuesto, considerando que cada miembro de la familia había vivido uno de estos tiempos en la historia, no era de extrañar que cada tema fuera perfecto y contara con todos los detalles.

–Alice, ¿cuándo hiciste esto? –pregunté y mi boca estaba abierta, mostrando claramente mi conmoción. Alice saltaba de arriba a abajo, incapaz de controlarse.

–Bueno, tonta, tuve algo de ayuda. Jasper y Rosalie, y por supuesto, Edward me dieron su opinión. Cuando no duermes, tienes mucho tiempo para hacer cosas. Cuando no estaba en clase contigo, trabajé en esto. Bueno, incluso cuando estaba en clase contigo, estaba anotando notas para hacer esto ¿Ya tienes una fecha? –ella terminó, esperando impacientemente mi respuesta.

Puse los ojos en blanco mientras le sonreía.

–Sí. Ocho semanas a partir de mañana por la noche, entonces esas invitaciones deben salir en las próximas dos semanas más o menos. Todavía no puedo superar esto. ¿Y qué pasó con el resto de tu habitación? –pregunté, mientras mi mano se movía hacia el resto del espacio.

–Bueno, he estado trabajando en esto por un tiempo, guardando cosas que no tenían sentido en ese momento. Cuando surgió la fiesta, todas las cosas cayeron en su lugar. Jazz estaba más que feliz de haber recuperado la habitación. Es extraño... es como si hubiera sabido que algo venía y tenía que prepararme, pero no necesariamente tuve una visión ni nada –respondió ella mientras una extraña mirada cruzaba su rostro.

¿Parecía triste o completamente confundida? O estaba viendo algo...

–Bueno, sea lo que sea que haya sido, hiciste un trabajo excelente. Ahora todo lo que tenemos que hacer es elegir y empezar a visitar a los proveedores. ¿Crees que también podrías ayudarme con eso? –pregunté y mis ojos se entrecerraron mientras me preparaba para el impacto.

–¡SÍ! –ella se abalanzó sobre mí y se envolvió alrededor de mi torso, saltando arriba y abajo mientras me abrazaba.

Le devolví el abrazo, sonriendo como una idiota de oreja a oreja. Había extrañado tanto a Alice y mis recuerdos de ella apenas le hacían justicia. Ella era como una hermana para mí. Una hermana y mejor amiga, todo en uno. En ese momento, escuché las risitas procedentes de la puerta de su habitación y levanté la mirada para ver a todos los miembros de la familia de pie, mirándonos.

–Entonces –entró Jasper, besando a su esposa en la parte superior de su cabeza mientras pasaba su mano por su esbelta cintura –¿te gusta lo que se le ocurrió a mi Alice?

–Mucho. Y me ahorró mucho trabajo. Ahora, cuál escoger... –terminé, mientras volvía mi atención al trabajo duro que Alice y sus hermanos habían hecho y sopesé cada opción cuidadosamente, buscando la correcta.