Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.

Capítulo 34: Tiempo de calidad

BPOV

Todo el fin de semana fue maravilloso. Nunca tuve la intención de quedarme todo el tiempo, pero cuando les dije que mi presencia podía empezar a molestarles, Esme me miró severamente y cambié de tema. Sólo fui a casa a cambiarme y recoger el correo.

Pasé casi todo momento con los Cullen y había sido alegría pura. Incluso cuando no había nadie hablando y simplemente estábamos escuchando a Edward tocar el piano o paseando por los alrededores de su hogar, sentí una paz que no había sentido en mucho tiempo. Pasé tiempo con cada miembro de la familia.

Sí, incluso con él.

Rosalie y yo pasamos un tiempo en el garaje. Me explicó a grandes rasgos, para no confundirme, cómo iban las reparaciones. Incluso abrió el capó de mi auto para asegurarme de que no había ningún daño mecánico en el motor. Nuestra nueva amistad estaba floreciendo y estaba empezando a ver otro lado de Rosalie que no sabía que existía, estaba empezando a comprender lo leal que era a su familia y lo mucho que Emmett la amaba.

Emmett y yo luchamos en el patio trasero y aunque ganó, fue maravilloso sentir algo parecido a tener un hermano mayor. Incluso con mi cambio, él todavía me trataba con suavidad y me guiñaba el ojo cuando me inmovilizaba, solo para que me diera vuelta y huyera de él. Puede que él fuera más fuerte que yo, pero definitivamente yo era más rápida, lo que divertía a Edward.

Jasper me mostró su estudio y su vasta colección de libros sobre la Guerra Civil, me recomendó algunos y yo estaba más que ansiosa por crear una conexión con él. Él y yo habíamos llegado tan lejos desde hace unos días y que él todavía estuviera soportando ese tipo de culpa era inimaginable. También me mostró la gran red informática que había establecido en su casa y se ofreció a ir a ver la mía. Sabiendo que todo lo que encontraría era el cable del módem de internet, estaba más que emocionada de que viniera y se asegurara de que mis sistemas funcionaran como deberían, parecía genuinamente complacido de ayudar.

Alice estaba más que emocionada de tenerme con ellos durante el fin de semana. Ella me mostró su habitación, me mostró su extensa colección de ropa en su armario y seleccionó las fechas para reunirnos con los vendedores y hacer un viaje a la ciudad más cercana para poder conseguir los vestidos adecuados para el evento. Verla tan feliz me hizo incluso permitirle la oportunidad de elegir mi vestido, siempre que fuera lo suficientemente cómodo como para trabajar en el evento. Estuvo muy feliz todo el fin de semana y fue difícil no compartir ese entusiasmo. Por una vez, me permití debilitar un poco paredes emocionales y disfruté del momento celestial.

Esme me llevó a su estudio, que estaba en una de las edificaciones que conformaban la casa, y tenía muchas ventanas para permitir la entrada de luz natural. Lo que vi me dejó sin aliento. Ella había pintado tantos lienzos diferentes, su técnica para pintar era una combinación de Jackson Pollock y Van Gogh, aunque tenía estilos adicionales que me recordaban a Georgia O'Keefe, decir que Esme tenía talento era poco.

Me puso a trabajar en mi propio lienzo y aunque lo que pinté era infantil y completamente irreconocible, ella elogió mis esfuerzos y prometió trabajar más conmigo si así lo deseaba. Ella me preguntó mis colores favoritos y pude verla guardando esa información para otro momento, posiblemente para una lección posterior.

Hasta Carlisle y yo pasamos tiempo juntos. Condujimos al hospital, en dónde me llevó a recorrer el ala en que trabajaba. Mi mente regresó a los recuerdos de las múltiples veces que me atendió cuando aún era humana... cuán tiernamente me cuidó durante nuestro corto tiempo juntos. El orgullo de Carlisle por su trabajo y la compasión por sus pacientes era evidente, así como la forma en que el personal lo veía. Cuando las enfermeras y doctoras no lo miraban con desprecio, definitivamente lo miraban con inmenso respeto. Era evidente que sus colegas lo miraban con asombro, porque parecía tan joven y tan maravillosamente competente en su profesión.

Si tan solo el personal supiera su verdadero secreto...

Incluso Edward y yo pasamos tiempo juntos, aunque no fui sola a su habitación. Hice el papel de cobarde e hice lo que hice la primera noche, arrastré a Alice conmigo. Revisamos su vasta colección de música y él me prestó algunos CD de sus nuevos artistas favoritos aún desconocidos. Tocó para nosotros otra vez y caímos en una rutina sencilla. Me pareció extraño, fue como si los últimos diez años no hubieran sucedido. Aparté esos pensamientos de mi cabeza y me obligué a quedarme en el momento, a gozar al máximo lo que estaba justo en frente de mí.

El domingo por la noche, a un poco más de las dos de la madrugada, sentí un poco de arrepentimiento por el hecho de saber que tenía que regresar a mi casa vacía. Edward me llevó a casa con Alice en el asiento trasero, que repetía una y otra vez todos los planes que aún teníamos que hacer desde que habíamos elegido el tema.

Llegamos a la casa y como de costumbre, Edward saltó del automóvil y se apresuró a llegar a mi lado para abrirme la puerta antes de que pudiera protestar. Alice y Edward me acompañaron hasta la puerta de mi casa y la abrí un poco vacilante, sabiendo que se irían en tan solo unos minutos. Disfruté mucho el tiempo que compartí con su familia y temía volver al mundo real, al mundo humano. Pero, le había prometido a Esme y Carlisle que volvería el próximo fin de semana, así que me concentré en esos pensamientos felices e intenté no pensar en nada negativo.

Cuando llegamos a la casa, me volví para agradecerles a los dos y Alice me abrazó.

–¡Este fin de semana fue muy divertido! Desearía que no tuvieras que trabajar mañana, pero sé que te veré más tarde en clase. ¿Podemos venir después, o vienes a nuestra casa? – ella me miró como una niña pequeña, rogando porque le diera una cita para jugar.

–Veré que puedo hacer, Alice. Mientras tenga mi trabajo al día, no veo por qué no ¿De acuerdo? –respondí y mi sonrisa era brillante. ¿Cómo había sobrevivido tanto tiempo con ella? Simplemente la adoro...

Ella se abalanzó sobre mí otra vez, su entusiasmo era evidente desde su sonrisa hasta su nivel de energía; era como si sus pies nunca tocaran el piso. Solté una risita con ella y se dirigió hacia mi puerta de mala gana antes de salir y dirigirse al auto. Ella y Edward compartieron una mirada cuando ella pasó junto a él en la entrada.

Edward extendió la mano y tocó mi hombro ligeramente. Me volví para mirarlo directamente antes de hablar.

–Bella, odio sonar como un disco rayado, pero necesito hablar contigo. Realmente necesito discutir algo contigo que es urgente –de repente, me alegré de estar sola en casa. Sí, lo sé. Simplemente no quiero hacerlo...

–Edward, tengo que alistarme para el día. Nunca tuve la intención de pasar todo el fin de semana con tu familia y en unas pocas horas tendré mucho trabajo –respondí, tratando de mirar a cualquier parte excepto a sus ojos. Sabía que, si miraba esos pozos de oro, seguramente estaría perdida. Sip... justo como pensé.

Sus ojos se veían amplios e inocentes, casi fervientes. Una imagen de su rostro apareció en mi mente, era la misma expresión que tenía el primer día en nuestro prado cuando estaba trazando líneas en su mano...

–Bella, sé que el tiempo es corto y esta conversación podría tomar –hizo una mueca de dolor –algo de tiempo. ¿Puedes verificar tu agenda? prometo hacer esto de la manera más indolora posible –respondió, mientras su mano se acercaba a mí, antes de volver a ponerla a su lado.

¿Indolora? tal vez para ti... Tomé una respiración profunda antes de responder y mi tono salió involuntariamente frío.

–Bien, mi agenda está en mi oficina en el trabajo, la verificaré y te responderé el miércoles. Entonces podremos seguir adelante ¿de acuerdo? –me alejé de él y caminé hacia la puerta principal, por donde Alice ya había salido –gracias por traerme a casa

Él me miró con su rostro arrugado por la confusión.

–Gracias por pasar el fin de semana con nosotros. Te veré esta tarde –respondió él bruscamente.

Fingí una sonrisa, aunque hasta yo podía sentir que no era genuina.

–Absolutamente, estaré allí

–Buenas noches, Bella –dijo con más suavidad.

Salió de la casa y tuve que obligarme a cerrar la puerta suavemente. La idea de repetir el fiasco de una relación con él era lo último que quería hacer, pero igual podría darle fin. Insistía en que tuviéramos la maldita charla, así que encontraría una noche y ya. Probablemente causaría más daño, pero como él no lo dejaría ir ¿qué alternativa tenía? Solo esperaba que yo pudiera ser amable. No podía perder el resto de los Cullen ahora... imaginar esa existencia me daba escalofríos.

La sensación de ese día en el bosque nunca se había ido. En mis peores momentos volvía a mí tan agudamente que me doblaba del dolor y el tormento. ¿Y él quería hablar de eso? ¿Cómo se suponía que iba a discutir el verdadero final de mi vida como la conocía?

Pasé el siguiente día en el trabajo, viendo a los Cullen en la universidad el lunes por la noche. Pasamos un tiempo juntos después de la clase, antes de explicarles que tenía trabajo por hacer. Estar con Edward, incluso con Alice y Jasper, se volvió incómodo. Sabía que todos podían sentirlo y temía ese límite del miércoles, por lo que lo pospondría todo lo que pudiera.

La mañana del martes apareció y realicé mi rutina antes de prepararme para la mañana en la escuela primaria. Entré en el Volvo de Edward y pasé la mano con cariño por el tablero y dejé que mi mente recordara la primera vez que estuve en este auto, ese día en clase biología en la que la sangre me hizo desmayar. Edward me llevó a casa y escuchamos Claire de Lune... ahora nunca escuchaba esa canción, traía demasiados recuerdos dolorosos. Pude escuchar la abertura en mi cabeza y físicamente presioné mis sienes, deseando que se detuviera. Ese camino no existía para mí ahora, quedarme allí no me ayudaría y tenía un largo día por delante.

Llegué a la escuela y comencé mi día, cada hora pasaba acercándose a la siguiente hora hasta que llegó la hora del almuerzo. Comencé a caminar hacia la cafetería con mis alumnos mientras Mandy terminaba una llamada telefónica con su padre. Tenían una relación maravillosa y cuando él llamó, la alenté a que la tomara. Acomodé a los niños y les pedí a los ayudantes del mediodía que los atendieran y me dirigí al salón cuando me encontré con Mandy en el pasillo. Ella tenía una gran sonrisa en su rostro y sus ojos brillaban.

Se detuvo cuando me vio y tenía una sonrisa que no le cabía en el rostro.

–Elizabeth, hay alguien esperándote en el salón –afirmó implícitamente con voz entrecortada.

–¿Quién es? ¿algún padre de familia? –pregunté. Ella reprimió una risa con su mano sobre su boca y sus ojos abiertos, fingiendo inocencia.

–No. No es un padre de familia. Ese hombre está aquí para verte a ti, Elizabeth. No a la señora Marsten –respondió con la cara llena de humor.

–¿Quién es? –le pregunté nuevamente, totalmente confundida sobre quién me visitaría a la mitad del día.

–Dice que se llama Edward... Edward Cullen, ¡y maldita sea que es guapo! No sería de la misma familia que te envió flores, ¿o sí? –ella me respondió. ¿Qué demonios está haciendo él aquí? Tomé una respiración profunda antes de responder.

–Él es... ¿E-él dijo por qué está aquí? –tartamudeé, mientras el pánico y la ansiedad se deslizaban en mi voz. Mi garganta se contrajo y mi estómago comenzó a retorcerse en esos nudos familiares a los que estaba empezando a acostumbrarme desde la semana pasada.

Levantó las cejas mientras inclinaba la cabeza hacia un lado.

–No, no lo hizo. Pero me apresuraría si fuera tú –¿Ella me acaba de guiñar el ojo?

–¿Apresurarme? ¿Por qué tengo que apresurarme? –respondí y mis ojos se movieron involuntariamente en dirección a mi salón de clase.

–Bueno, apareció y se presentó, y ni un segundo después Gerry entró buscándote. Parecían conocerse y parecían estar a punto de pelearse –respondió con un poco de risa en su voz, pero apenas pude entender la última palabra antes de correr hacia el salón. Con esos dos juntos, en el mismo espacio, quién sabe qué podría pasar. Solo esperaba llegar a tiempo...

Entré en mi salón echando un vistazo a cada uno de ellos y noté que tenían posturas idénticas, con los brazos cruzando su pecho y las piernas ligeramente separadas. Edward estaba apoyado en el escritorio de Mandy, mientras que Gerry usaba el mío para apoyarse, en extremos opuestos del salón. Esto no es bueno.

Edward, qué agradable sorpresa. ¿Qué estás haciendo aquí? No te esperaba –comencé, antes de que Gerry me interrumpiera.

–Los visitantes deben registrarse primero en recepción Ed –le gritó Gerry. Él no se movió ni una pulgada mientras respondía.

–Ya lo hice. Puedes ir a comprobarlo tú mismo, no dejes que te detengamos. Estoy aquí para ver a Elizabeth. ¿No se le permiten visitas o me perdí de algo? –él replicó, su tono era bajo y amenazante y no pude entender qué lo llevaba a actuar así.

Con la cara tensa y exasperada, Gerry me miró.

–Beth, ¿quieres que se quede aquí? –preguntó y su tono no dejaba nada a la imaginación. Quería que Edward se fuera y quería que se largara lo más pronto posible.

–Por supuesto, es un viejo amigo y no lo esperaba, pero es una agradable sorpresa –respondí, tratando de sonar alegre. La tensión en la habitación era densa, necesitaba cambiar las cosas y rápido.

Edward sonrió con aire de suficiencia en dirección a Gerry, antes de caminar hacia mí.

–Tu auto está terminado y pensé en devolvértelo hoy. ¿Tienes unos minutos? –se posicionó entre Gerry y yo, bloqueando completamente nuestra visión el uno del otro. Pude oír a Gerry soltar un suspiro de exasperación antes de dar un paso hacia nosotros. Gerry no era del tipo de personas que se rendían fácilmente.

–Beth, si quieres, iré contigo. Eso debería hacerte sentir más cómoda

–Está bien si voy sola. No debería tardar mucho, ¿verdad, Edward? –lo miré para que me siguiera el juego y en voz baja, lo suficientemente baja como para que él lo oyera y Gerry no, susurré –por favor, ayúdame a salir aquí. Está demasiado molesto y no necesito más problemas con él

Edward cerró los ojos con fuerza, aunque afortunadamente, yo era la única que podía ver su expresión.

–No –su tono era forzado, pero lleno de comprensión –no tomará mucho tiempo. Solo quería intercambiar de auto –y susurró únicamente para mí –y mostrarte todo el trabajo duro de Rosalie

–Suena maravilloso. Déjame tomar las llaves del Volvo e iremos a ver –empecé a caminar hacia mis cosas con Edward justo detrás de mí, cuando Gerry bloqueó el camino hacia mi escritorio. Él me susurró.

–Beth, no me gusta esto. No me gusta para nada. Déjame ir contigo. Me sentiré más cómodo –parecía que se estaba conteniendo físicamente para evitar que yo acompañara a Edward. Obviamente él todavía recordaba el incidente en el estacionamiento el otro día.

Bueno, eso definitivamente no me hará sentir más cómoda. Si empieza una pelea, ciertamente no vas a ganar.

Sabiendo que Edward escuchaba cada palabra claramente como si las hubiera dicho en un megáfono, no me sorprendí cuando sentí a Edward ponerse rígido detrás de mí y escuché el comienzo de un gruñido en lo profundo de su pecho.

¿Qué le pasa? Su comportamiento no tenía ningún sentido en absoluto. Aunque sabía que Edward me escucharía, le susurré de vuelta.

–Está bien. Solo tomará unos minutos, no necesito un acompañante. Sé que estás perdiendo tu hora de almuerzo y hoy no comeré con ustedes ya que tengo llamadas por hacer. Que disfrutes tu comida –respondí con mucha firmeza y me alejé de él para que pudiera salir del salón, esperando que mis intenciones fueran claras. Ciertamente no necesitaba una niñera y quería que Gerry saliera del salón en ese momento, antes de que la situación se saliera de control.

Tomé mi bolso y encontré las llaves de Edward del Volvo antes de que los dos saliéramos, pasando al lado de Gerry, que estaba furioso y demasiado distraído como para captar mi sugerencia de que se fuera. La mano de Edward se fue a la parte baja de mi espalda y me escoltó hacia la entrada principal de la escuela. Ahogué un grito sofocado y por un momento, en todo lo que pude pensar fue en lo maravilloso que era tener su mano sobre mí, lo increíble que se sentía su toque, mientras luchaba por mantener la calma. Nos estaba guiando rápidamente a los dos afuera del edificio hacia el estacionamiento y apenas reconocí mi nuevo y mejorado vehículo.

Las líneas de su rostro seguían tensas cuando me tomó del codo y me hizo girar hacia el auto.

–Entonces, ¿qué piensas? Se ve como nuevo, ¿no? –preguntó, tratando de dejar el incidente con Gerry a un lado.

Miré lo que asumí que era mi auto porque parecía casi nuevo. Las ventanas eran definitivamente más oscuras y la pintura brillaba. Abrió la puerta y me mostró el interior, que estaba limpio y olía a nuevo. Los asientos habían sido limpiados con vapor y las alfombras lavadas con champú, todo brillaba.

Mis manos se deslizaron sobre la puerta nueva, mientras mis recuerdos volvían a la noche en que Edward había arrancado la puerta por completo.

–Edward, se ve maravilloso. Pero me hubiera gustado que Rosalie te hubiera acompañado. Me hubiera gustado agradecerle en persona –respondí.

–Emmett llevó a Rose a la ciudad de compras. Se merecía un descanso después de todo su arduo trabajo. Pero, puedes agradecerle cuando vuelvas a la casa este fin de semana –respondió antes de reabrir la puerta y hacer un gesto para que yo entrara –¿Te Interesa dar una vuelta? –él preguntó.

–Um, me encantaría, pero mi hora del almuerzo terminará pronto y no creo que tenga suficiente tiempo –le contesté, cuando un nudo se atoró en mi garganta. Aparté la vista de él, esperando que no captara la emoción.

–¿Estás bien? –preguntó con insistencia en su voz. Se acercó a mí mientras se daba vuelta, antes de pararse directamente frente a mí. Evité sus ojos, enfocándome en una gran grieta en el asfalto del estacionamiento.

–Bien, gracias

Antes de que supiera lo que estaba sucediendo, su suave dedo de mármol levantó mi barbilla, inclinando mi rostro hacia arriba para mirarlo. Me quedé sin aliento en la garganta, mientras me perdía en su mirada, centrándome en el momento, en su toque, en su aroma...

–Bella, ¿qué pasa? –él susurró, su mirada era muy suave y su voz tierna. Si hubiera sido posible, hubiera llorado en ese momento por la cantidad de emociones que me llenaban.

–No es nada, de verdad. Es sólo que ha pasado tanto tiempo… –no pude terminar. Se inclinó más cerca de mí y sus ojos eran tan tiernos que por un momento me fue difícil mantenerme de pie.

Ya no estás sola

Era una declaración tan simple y sin embargo casi me pone de rodillas. Nunca le había mencionado a Edward ni a ninguno de los Cullen en particular, lo sola que me sentía, cómo la agonía de pasar tanto tiempo por mi cuenta me estaba matando lentamente, si eso hubiera sido posible para uno de los de nuestra clase. Cómo las noches me desgarraban brutalmente y me impedían recuperar el aliento, y mucho menos tener la esperanza de que las cosas cambiaran alguna vez. Lo peor fue el saber que las cosas seguirían siendo iguales para mí, mientras que mi hija seguiría creciendo y nunca me conocería y, eventualmente, se iría a la tumba sin haberme tenido en su vida, lo que dolía muchísimo

¿Cómo era posible que él me conociera tan bien después de todo este tiempo? Mi espíritu se llenó con en esas simples palabras y no pude responder.

Sintiendo mi estado de ánimo, Edward se apartó de mí y abrió el baúl, levantando una enorme canasta de mimbre, envuelta en celofán y atada con cinta amarilla brillante desde el interior y mientras la balanceaba con un brazo, usó su brazo libre para cerrar el baúl antes caminar con gracia hacia mí. Dentro de la canasta había una variedad de materiales artísticos, software educativo, libros para niños y videos.

–Esme pensó que podrías darles un mejor uso a estas cosas ¿Puedo llevarlas por ti?

Al levantar la vista hacia su hermoso rostro, mis emociones recorrieron mi sistema como una línea de petróleo subterránea. No pude responder, pero asentí en respuesta. Comenzamos a caminar hacia el edificio y abrí una de las grandes puertas de cristal para que pasara él, mientras él se deslizaba hacia el interior, sosteniendo esa hermosa canasta de Esme, tendría que enviarle una nota de agradecimiento por su consideración.

Llegamos a mi salón y eché un vistazo al reloj, sabiendo que solo me quedaban unos minutos con Edward antes de que mis alumnos regresaran y llegara el momento de continuar con el horario de la tarde. Mi espíritu se hundió un poco sabiendo que se estaba yendo nuevamente, aunque fuera temporalmente.

–Bueno, gracias, Edward... por todo. Y, por favor, agradécele a Esme. A los niños les encantarán sus regalos. Les prometo que los usarán bien –le dije mientras le sonreía con mis emociones surgiendo de nuevo. La felicidad era tan extraña para mí en este punto, que me llevó un momento identificar correctamente la emoción que había surgido en mi pecho. Su deslumbrante sonrisa irradió hacia mí.

Elizabeth, sé que solo te quedan unos minutos, pero me preguntaba si ya habías encontrado un momento en el que tú y yo pudiéramos hablar

Mi humor cambió rápidamente de la felicidad a la desesperación. Reprimí un suspiro antes de responder.

–Bueno, realmente no he tenido tiempo de mirar mi agenda

–¿Puedes verificar ahora? Quiero decir, si no es mucha molestia –su sonrisa parecía tímida cuando bajó la cabeza, pero no importó; mis emociones pasaron de frágiles a enojadas en segundos.

¿Por qué tuvo que forzar el tema? ¿No era suficiente con que nos lleváramos bien? ¿No podía simplemente dejar crecer mis ilusiones de que a él podría importarle un poco? ¿Que estábamos algo cómodos cuando estábamos juntos en la misma habitación? ¿Por qué solo quería tener esa conversación y qué era exactamente lo que iba a lograr? ¿Estaba tratando de torturarme? Mi pecho se tensó con el pensamiento de lo que podría pasar cuando los dos nos sentáramos y volviéramos a hablar de algo que deseaba poder olvidar, pero sabía que no podría.

Su tono era ligero cuando se acercó a mí y aproveché la oportunidad para poner tanta distancia entre nosotros como pude deslizándome detrás de mi escritorio y sacando mi agenda, golpeándola contra la madera falsa del escritorio. La abrí en el mes actual, mientras sostenía su mirada y dejé que mi dedo escogiera una fecha al azar, sin importar dónde cayera. Molesta y cada vez más cerca de la furia total, le dije:

–¿Qué tal te suena el próximo jueves? Tengo una clase nocturna y podría reunirme contigo alrededor de las 9:00. ¿Te servirá eso? –lo fulminé con la mirada y, por la expresión de asombro en su rostro, me di cuenta de que mi inexistente cara de póquer estaba trabajando de nuevo. Parecía sorprendido por mi reacción vehemente.

Elizabeth, te prometo que haré esto lo más sencillo posible para ti ¿Puedes simplemente confiar en mí en esto? –preguntó con su cara llena de curiosidad. Me negué a mirarlo a los ojos.

–Bien. Gracias por traer mi auto y cuando veas a Rosalie, por favor dile lo mucho que le agradezco ¿podrías? –sabía que mi tono era cortante y antipático, lo que me inquietó después de todo lo que había hecho por reparar mi automóvil. Estaba desesperada por cambiar de tema, cuando mi salvación entró por la puerta.

Mandy ingresó por la puerta con nuestros estudiantes detrás. Parecía un poco agotada, lo que tenía sentido, teniendo en cuenta que había traído a nuestros catorce estudiantes por su cuenta desde la cafetería. Era nuestra rutina, nos encontrábamos todos los días después del almuerzo de los niños y ya que hoy la dejé esperando, ella regresó al salón sin mi ayuda.

–Mandy, lo siento mucho. Me distraje un poco y perdí la noción del tiempo. Estaba a punto de ir a buscarte a ti y a los niños...

Ella sonrió dulcemente en mi dirección, antes de que su mirada se moviera hacia donde estaba Edward, con su postura casual, apoyado contra la pared, obviamente observando la escena frente a ella. Mandy sonrió con esa sonrisa de complicidad suya y me di cuenta de lo que estaba pensando. Ya quisiera yo…

Mandy dio un paso hacia Edward y me miró.

–¿No me presentarás a tu amigo como es debido, Elizabeth? Solo sé su nombre –sabiendo que él no podía ver su rostro, me guiñó un ojo, antes de que una sonrisa ridícula y petulante iluminara sus facciones. Gemí internamente sabiendo que este pequeño intercambio no pasaría desapercibido para Edward.

Pude captar la sonrisa en el rostro de Edward y sabía que estaba leyendo sus pensamientos, lo que me enfureció aún más. Estúpido vampiro sabelotodo. Aquí Mandy pensó que estaba siendo tímida, pero yo sabía que no era así: pensaba que la conexión entre Edward y yo era más grande de lo que parecía y no tenía forma de corregirla sin verme aún más tonta.

Edward pudo haber leído sus expresiones, pero sabiendo que podía ver profundamente en su mente, hizo que mi humillación fuera aún más dolorosa. Seguí adelante, como si nada hubiera pasado.

–Mandy, él es un viejo amigo de la familia, Edward Cullen. Edward, ella es la mejor asistente de enseñanza del mundo, Mandy Robbins

Edward extendió su mano y Mandy la sacudió, retrocediendo un poco cuando mano tocó la suya, sin duda por el frío. La primera vez que Mandy me estrechó la mano, tuvo exactamente la misma reacción. Ella se apresuró, tratando de cubrir su pausa falsa.

–Encantada de conocerte, Edward. Las flores que le enviaste a Elizabeth eran encantadoras. No sabía que ella tuviera tan buenos amigos –bromeó con sus ojos brillantes puestos en mí.

–Es un placer conocerte Mandy. Eres una mujer afortunada, pasas mucho tiempo con Elizabeth y es obvio que ella siente lo mismo por ti –respondió él con su hermosa sonrisa en su lugar.

Mandy se sonrojó por los efectos de su experto encanto y su deslumbrante mirada. Tampoco ayudó que se viera increíblemente apuesto hoy, vestido con un traje gris oscuro casual con una camisa blanca, abierta en el cuello, que mostraba los comienzos de su pecho perfectamente esculpido.

Sentí un leve tirón en mi pantalón y bajé la vista para ver a Drew, uno de mis alumnos, mirándome con esos ojos solemnes y tranquilos. Drew no hablaba, pero era increíblemente brillante y normalmente me arrastraba por el salón para mostrarme lo que quería o necesitaba.

–Hola Drew ¿Qué necesitas?

Él me miró y luego miró a Edward, mientras su cabeza se inclinaba hacia un lado. Se apartó de mí y dio pequeños pasos, antes de pararse directamente frente a Edward. Tiró de la pierna del pantalón de Edward y Edward respondió agachándose frente a él.

–Hola, Drew, ¿verdad? ¿Cómo estás? –le sonrió al chico, estudiando su expresión. Después de un minuto o algo así, Drew le dio unas palmaditas a la rodilla de Edward y luego se alejó y en la hermosa cara de Edward floreció una mirada de asombro y sorpresa.

–Bueno, los dejaré a solas para que se despidan. Elizabeth, voy a empezar la hora del círculo si quieres acompañar a Edward, pero tómate tu tiempo. Tengo cosas que hacer aquí –bromeó, antes de poner ese hermoso cabello rubio suyo casualmente sobre su hombro y dirigirse a la gran alfombra circular en el rincón más alejado del salón de clases. El estéreo comenzó a reproducir las canciones familiares infantiles y miré hacia donde Edward estaba parado.

–Bueno, tengo que volver al trabajo. Una vez más, gracias por traer mi automóvil de vuelta y por todo lo que tú y Rosalie hicieron para arreglarlo. Siento que al menos debería pagar por las piezas o algo así –comencé antes de que Edward tomara mis manos. Ese choque me hizo sentir culpable por haberle hablado tan mal antes.

–No quiero escuchar el resto. Gracias por permitirme... permitirnos ayudarte. Y gracias por encontrar algo de tiempo en tu agenda para mí. Tengo muchas ganas de pasar un tiempo a solas contigo, lo cual me dará la oportunidad de aclarar las cosas entre tú y yo

Traté de ocultar la mirada de dolor en mi cara al dejar caer mi cabeza y permitir que mi cabello creara una cortina alrededor de mis rasgos.

–Bueno, te veré afuera. Puedo acompañarte a recepción, así no tengo que preocuparme de que te encuentres con Gerry otra vez –suspiré, antes de volver a mirar a Edward.

Sus facciones se tensaron y pude ver el comienzo de otra discusión. Para evitar otra escena, salí por la puerta. Pude escuchar a Edward detrás de mí y me dirigí hacia las grandes puertas de vidrio que estaban en la parte delantera del edificio. Me detuve y me volví para mirarlo, cuando de repente se me ocurrió algo.

–Sabes, a Drew le agradas –se detuvo y me miró a los ojos.

–¿De verdad? ¿Qué te hace decir eso? –sonrió, a pesar de que ya debía saber la respuesta a esa pregunta.

Y entonces se me ocurrió... ¿podría él escuchar sus pensamientos? Antes de que pudiera detenerme, lo dejé escapar.

–Edward, podrías... –dudé, insegura de si era apropiado siquiera preguntar, pero dejé de pensar por una vez y me dejé llevar –¿pudiste oírlo? Quiero decir... ¿podías oír sus pensamientos? –en el instante en que salió de mi boca, me encogí y mi cabeza cayó en mis manos para ocultar mi completa vergüenza –No importa. No debería haber preguntado, eso fue muy injusto de mi parte

Aunque estaba desesperada por saber cuáles eran los pensamientos de Drew y me preguntaba cuáles podrían ser, preguntar parecía una forma injusta de usar el don de Edward.

Bajó la cara, debajo de la mía, mientras trataba de apartar mis manos de mi rostro y me obligó a mirar hacia arriba.

–¿Realmente quieres saber? –preguntó y pude sentirme sonreír a pesar de mi vergüenza.

–Sí –de repente, estaba muy consciente de lo cerca que estábamos de pie. Él frunció los labios, obviamente saboreando el momento.

–Bueno –comenzó, pensando su respuesta por lo que pareció una eternidad –al principio sintió curiosidad por mí. Pero, luego, siguió repitiendo en su mente –se detuvo nuevamente para dar efecto –una y otra vez "sé amable con mi maestra" y luego sus pensamientos se centraron en ti, Bella –susurró muy suavemente para que sólo yo hubiera podido entenderlo.

Mi frente se arrugó, mientras reflexionaba sobre lo que Edward dijo.

–¿En serio? ¿Qué podría pensar de mí? –pregunté.

–Lo mucho que te adora. Entonces, pareció aceptarme, y por eso creo que él palmeó mi rodilla –dijo simplemente y me quedé asombrada.

–Tienes razón. Así es como Drew muestra afecto por la gente, que eres aceptado en su círculo, por así decirlo –sonreí, incapaz de ocultar la ridícula sonrisa que había invadido mi rostro.

Sin pensarlo, lancé mis brazos alrededor de Edward y lo abracé con fuerza. Se puso rígido al tocarlo y me di cuenta de mi error, me apresuré a quitar mis manos de alrededor de su cintura. Pero antes de que pudiera moverme, él me devolvió el abrazo con fuerza, acercándome aún más a él, lo que me devolvió rápidamente a la realidad. Estaba tan emocionalmente desgarrada en ese momento, quería estar en sus brazos, pero no pensé que podría enfrentar las consecuencias emocionales cuando él ya no estuviera.

En cuestión de segundos, me sentí avergonzada y retrocedí, enfocando mis ojos en el piso, esta vez en la alfombra del edificio, mientras me obsesionaba con salir de ese momento lo más rápido posible

–Gracias, Edward. Es maravilloso poder tener un atisbo de su mente –Edward se rió entre dientes y parecía satisfecho con la situación.

–Bueno, de nada y gracias por el abrazo. Tengo que decir que ese chico tiene buen gusto cuando se trata de ti –comenzó y luego se detuvo como si quisiera decir algo más, pero lo pensó mejor –Debería irme. Sé que tus alumnos te quieren de regreso –se dio unos golpecitos en la sien y sonrió –y odio pensar en Mandy allí sola, sin nadie a quien ayudar

–Tienes razón. Necesito regresar, pero gracias de nuevo por... todo. No puedo agradecerte lo suficiente y no olvides decirle a Esme cuánto aprecio la canasta de regalos, vamos a utilizar esos suministros esta misma tarde –dije, mientras mi mirada se desplazaba hacia sus hermosos ojos. No quiero que te vayas... No podía permitirme pensar cosas así, especialmente sabiendo que al final acabaría lastimándome.

No dijo nada por un momento, y luego se metió la mano en el bolsillo, buscando algo, cuando me di cuenta de que debía estar buscando sus llaves. Cuando su mano salió vacía, me miró, sonrió y me di cuenta de que las había dejado sobre mi escritorio unos minutos antes.

–Olvidé tus llaves en el escritorio. Volveré corriendo y las traeré

–Iré contigo

Caminamos juntos en silencio y llegamos a mi salón rápidamente. Mandy pareció sorprendida al vernos regresar juntos.

–¿Olvidaron algo? –preguntó ella.

–Olvidamos las llaves de Edward –le contesté, antes de verlas en mi escritorio y recogerlas, antes de dejarlas caer en su mano.

–Oye, Elizabeth, ¿de dónde salió esto? –ella hizo un gesto, señalando la canasta de regalos que Esme había enviado.

–Oh, es... –comencé, sin saber cómo responder. Él puso las manos en sus bolsillos antes de responder.

–Mi madre los envió, pensando que Elizabeth podría darles un buen uso –respondió por mí, por lo que estaba agradecida.

Con eso, Mandy se volvió hacia los niños y llamó su atención.

–Niños, tenemos que darle las 'gracias' al buen hombre de allí. Su madre nos compró algunas cosas divertidas para el salón –comenzó –ahora, repitan después de mí: 'Gracias, Sr. Edward' –dijo cantando con una sonrisa genuina. En algún tipo de unísono, los niños gritaron.

–Gracias, señor Edward –Drew movió su mano saludándolo y eché un vistazo para mirar a Edward. Él realmente parecía emocionado. No pude evitar sonreír y notar lo bien que respondió a la atención de mis niños.

Él me miró y sonreí antes de decirle sarcásticamente en un susurro.

–Edward, normalmente, la mayoría de la gente dice 'de nada' –bromeé.

Parecía sorprendido y avergonzado, todo al mismo tiempo, mientras yo trataba de reprimir una risita.

–De nada niños. Espero que los disfruten

–Bueno, tengo que volver al trabajo. Gracias de nuevo por absolutamente todo. ¿Te veré mañana por la noche en el campus? –pregunté, aunque ya sabía la respuesta a eso. Su brillante sonrisa me hizo contener la respiración.

–Sin lugar a dudas. Los tres estaremos allí. Estás ocupada así que iré a la puerta solo –respondió.

–Gracias. Dile a Alice y a los demás que dije 'hola' y que realmente estoy esperando el fin de semana –le respondí.

Él me sonrió una vez más y salió por la puerta, su elegante paso pronto desapareció de mi vista mientras caminaba hacia el frente del edificio. Inmediatamente me entristeció que se hubiera ido, pero fui al teléfono para avisarle a Tania que él se había ido para que pudiera marcarlo en el registro de visitantes. ¿Todavía estaba ansiosa por estar lejos de él?

Me levanté de mi asiento y volví a la hora del círculo, que casi había terminado cuando Mandy me sonrió ampliamente. Terminamos la canción y envié a los niños a sus asientos, listos para comenzar la tarde cuando ella se paró frente a mí con esa misma ridícula sonrisa en su rostro.

–Entonces... ¿él es Edward Cullen?

–Sí... así que... solo pregunta –puse los ojos en blanco y me preparé para la emboscada.

–¿Es... alguien especial para ti? –bromeó, pero sus grandes ojos me dijeron que estaba esperando con ansias mi respuesta.

¿Es él alguien especial? Esa pregunta hizo que mi corazón cayera a mis rodillas. Él era la persona más especial para mí, al menos la única que podía tener en mi vida ahora. Ese pensamiento era terriblemente real y me quitó el aire de los pulmones en un zumbido rápido. Estaba en un serio problema y lo sabía. Finalmente permití que esos sentimientos prohibidos salieran a la superficie y el reconocer lo que sentía me golpeó tan fuerte que me tropecé con la mecedora detrás de mí, antes de desplomarme en mi asiento.

–¡Elizabeth! ¿Estás bien? –Mandy sonó alarmada y agarró mi brazo.

–Estoy bien, bien. Perdí el equilibrio por un segundo –la miré y ella se liberó lentamente de mi agarre frío y duro, antes de que ella se agachara frente a mí.

–Iré por la enfermera. Ella puede chequearte. Te ves más pálida de lo normal, Elizabeth – respondió, antes de levantarse y dirigirse hacia la puerta.

–¡No!, Mandy, estoy bien, de verdad. No tuve oportunidad de comer en el almuerzo y estoy un poco cansada. Estoy bien… no hay absolutamente ninguna necesidad de buscar a la enfermera –la miré suplicando con mis ojos que entendiera.

Su rostro parecía deformado, cuando su naturaleza protectora salió a flote, ella dio un paso hacia mí.

–Si estás segura... –comenzó. Me puse de pie, tratando de demostrar mi punto.

–Estoy segura, de verdad. No te preocupes por mí. Ya sabes lo torpe que puedo llegar a ser. Empecemos con el trabajo ¿de acuerdo? –le supliqué a ella.

–Está bien. Pero si esto vuelve a suceder, voy a buscar a la enfermera, ya sea que estés de acuerdo o no, ¿entendido? –replicó ella, con una mano alrededor de su garganta, mientras la otra jugueteaba nerviosamente con el dobladillo de su blusa.

–Definitivamente. Si esto vuelve a suceder, tienes todo mi permiso para ir a buscar a la enfermera Roberts –le respondí, agradecida de haber ganado algo de tiempo.

Cuando estuviera sola, tenía que pensar detenidamente y resolver cómo arreglar este desastre, teniendo en cuenta que Edward y yo éramos... bueno, ¿qué éramos? Ciertamente nada más que... ¿amigos?

Mi corazón se hundió... ¿Y ahora qué hago?

Oficialmente quedan dos partidos para que termine la copa mundial así que seguiré actualizando a diario excepto los fines de semana y festivos.

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