Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.

Capítulo 38: Un fin de semana en la ciudad

BPOV

Un mes.

¿Quién habría pensado que un mes podría cambiar casi todo? Todavía seguía trabajando tanto en la escuela primaria como en la universidad, pero la mayor parte de mi tiempo libre lo pasaba con los Cullen, no es que me importara. Alice me llamaba o me enviaba un correo electrónico varias veces al día y cada vez que veía su nombre en mi bandeja de entrada o en mi identificador de llamadas, mi espíritu se elevaba. Edward tenía razón, ya no estaba sola y no podía estar más agradecida.

Edward y yo estábamos mejor de lo que esperaba. Todavía era incómodo a veces, el ser amigos. Nunca pensé que lo lograríamos y algunas veces sentía dolor físico en mi corazón porque quería más, pero esto era mejor que nada. A veces, simplemente estar a solas con él era una agonía, sabiendo que eso era todo. Nada más. Sin abrazos fuertes, ni sus fríos labios duros presionados firmemente en los míos, ni sonrisas deslumbrantes reservadas solo para mí. Pero tenerlo a él y a su familia era definitivamente maravilloso. Me sentí normal por primera vez en mucho tiempo, bueno, tan normal como se podría dada la situación.

Los fines de semana juntos eran un bienvenido respiro de la vida que llevaba. Finalmente me permití un poco de felicidad y fui más que afortunada al tener siete personas en mi vida que me aceptaban y me daban la bienvenida a su hogar y a sus vidas. Por primera vez en tres años, me sentí viva de nuevo, no como el cascarón de una persona que pasaba los días y las noches imposiblemente largas, rezando por algún tipo de alivio. Finalmente, mis plegarias fueron escuchadas y me aferré a ellas con mi vida.

Nuestros fines de semana variaban, visitábamos museos o íbamos a conciertos. En los días nublados, paseábamos por el pequeño centro que tenía nuestra ciudad y disfrutábamos de las pequeñas tiendas y entretenimientos que tenía para ofrecer. Muchas veces, las parejas se iban juntas y eso me dejaba con Edward y podía decir que él estaba haciendo todo lo posible por hacerme sentir a gusto. El hecho de que él era un caballero nunca salió de mi mente. Dondequiera que íbamos él me abría la puerta y, a veces, el más mínimo contacto con él me hacía encoger el estómago y literalmente me dolía el no poder tocarlo... abrazarlo... besarlo.

Pero a medida que los días y las semanas pasaban, mejoraba mi máscara. Podía estar en la misma habitación con él y mantener las apariencias. A veces, lo veía mirándome y él me sonreía, con esa hermosa sonrisa suya, pero siempre había un poco de tristeza en ella por algo que no podía imaginar y esa sonrisa nunca llegaba a sus ojos.

Mi corazón me decía que no era feliz siendo mi amigo... que mi sola presencia lo incomodaba, pero trataba de poner esos pensamientos a un lado. Hice todo lo contrario a lo que quería para asegurarme de que pasáramos el menor tiempo posible juntos para que no se cansara de mí, aunque dolía hacerlo.

Llegó el viernes y con él, otro fin de semana con los Cullen estaba delante de mí. Traté de enfocarme en mis responsabilidades, pero no estaba funcionando. Una de las mejores ventajas de ser amiga de Edward fue el pequeño truco que hizo hace casi un mes y que dio resultado. Gerry ya no se acercaba a mí y cuando nos veíamos por motivos profesionales, apenas me saludaba y no volvió a intentar acercarse a mí con sus tácticas inadecuadas. Él nunca volvió a mi casa y me sentía a salvo, lo cual era extraño, teniendo en cuenta que no había notado que me hacía sentir incómoda... al menos hasta que me agarró en el estacionamiento ese día.

Recuerdo haberle agradecido a Edward esa noche, aún impresionada por verlo con la camisa abierta. Tenía que seguir recordándome a mí misma que debía preocuparme un poco por hacer algo tan avanzado, aunque mi corazón anhelaba más. Solo tenía que seguir recordándome a mí misma que el amor apasionado de Edward era parte distante de mi pasado, no de mi futuro, pero no siempre puedes opinar cuando se trata del destino.

El día terminó y volví a mi casa, ansiosa por comenzar el fin de semana. Tomé la ruta familiar mientras mi mente zumbaba con todo lo que necesitaba terminar antes de que alguien pasara a recogerme.

El viernes pasado Emmett vino a recogerme en su Hummer. Se burló de mí todo el camino de regreso a la casa, hablando y riendo con facilidad. Era tan parecido a tener un hermano mayor y me sentía muy cómoda con él. Tenía muchas preguntas sobre mi trabajo diurno, muchas de las cuales me hicieron reír.

¿Los niños se caen mucho? Aparentemente, Emmett pensaba que todos los humanos tendían a caerse todo el tiempo, justo como yo lo hacía cuando todavía era humana. Me dijo que extrañaba mi torpeza y me sugirió que podría caerme de vez en cuando sólo para divertirse un poco.

¿Qué haces cuando lloran? Bueno, ¿qué pensaba él que hacía? Todo lo que él sabía de niños lo había aprendido viendo televisión por horas.

¿Se quejan todo el día? ¿Qué les enseñas cuando son tan pequeños? ¿Con qué frecuencia comen? ¿Qué significa "enseñarles a ir al baño"? Su variedad de preguntas me hizo reír y sentirme a gusto. Estaba genuinamente interesado en mi trabajo y sus preguntas mostraban su curiosidad.

Hice una maleta para el fin de semana y oí un golpecito familiar en mi puerta. Descendí por las escaleras y abrí la puerta, preguntándome quién estaría del otro lado y esperando desesperadamente que fuera él.

Imaginen mi conmoción cuando abrí la puerta y descubrí a Rosalie de pie frente a mí con una amplia sonrisa.

–Hola, Bella –dijo antes de entrar y darme un abrazo rápido.

–Rosalie, esto es una sorpresa. Déjame ir por mi maleta y podemos irnos –le dije. En ese momento, Esme y Alice aparecieron junto a Rosalie –¡Esme! ¡Alice! Esto es una sorpresa. No esperaba que todas las Cullens vinieran a buscarme esta noche. Entren –ofrecí.

Esme entró y Alice la siguió antes de lanzarse a abrazarme. Le devolví el abrazo antes de hacer lo mismo con Esme.

–Le estaba diciendo a Rosalie que iría por mi maleta y podríamos irnos a la casa

Alice soltó una risita y Rosalie puso los ojos en blanco. Esme frunció los labios antes de darles una mirada de reproche.

–Alice, pensé que te había dicho que la llamaras y le dijeras nuestros planes para el fin de semana –reprendió Esme.

Alice bajó la cabeza, cerrando los ojos, mientras simulaba una mirada de exasperación con su labio inferior sobresaliendo en un puchero.

–Bien. No la llamé. Pensé que sería mejor así, una especie de sorpresa –dijo.

¿Sorpresa? En lugar de ponerme los pelos de punta, me emocioné. Las sorpresas eran algo a lo que no estaba acostumbrada, pero esta debía ser buena, dada la mirada en la cara de Esme y la respuesta de Alice.

–¿De qué estamos hablando, Alice?

La cara de Alice era perversa y frotaba sus manos juntas, lo que me recordó momentáneamente a Emmett. Incluso tan pequeña como era ella, se veía un poco amenazante.

–Bueno, solo tenemos un mes antes del evento y es hora de ir de compras. Lo malo de vivir en ciudades pequeñas como esta es la falta de buenas tiendas de ropa. Entonces... –hizo una pausa, obviamente disfrutando del momento y de ser el centro de atención –vamos…

Rosalie suspiró y se paró frente a su hermana, interrumpiéndola.

–Vamos a la ciudad más cercana con tiendas de ropa decentes para encontrar vestidos nuevos para tu fiesta. Pasaremos la noche en un hotel y eso nos dará el resto del fin de semana para tener un poco de tiempo de formar vínculos femeninos

–¡Rose! Se suponía que yo iba a decirle eso. Arruinaste toda mi diversión –casi gritó Alice.

Esme rodeó a su pequeña hija con un brazo tranquilizador y le dio un ligero apretón.

–Si la hubieras llamado como me prometiste que lo harías, podrías haberle dado las buenas noticias. Ahora, ve y pon su maleta en el baúl del auto. Tenemos un par de horas de camino. Ve –ordenó amablemente.

Alice forzó una pequeña sonrisa en sus labios y fue a buscar mis cosas. Ella se puso de puntillas y me besó suavemente en la mejilla antes de salir por la puerta hacia la Range Rover de Esme.

Esme se volvió hacia mí con su omnipresente sonrisa en su lugar y sus ojos muy suaves y tiernos.

–Espero que nuestra pequeña sorpresa no interfiera con tus planes para el fin de semana. Le pedí que te llamara el miércoles por la noche, después de que llegara a casa de la clase contigo. Supuse que lo había hecho, pero es más que obvio que nunca debo asumir nada cuando se trata de Alice y sus travesuras

–Esme, está bien. Va a ser divertido. No he salido de la ciudad un fin de semana en... –hice una pausa, dándome cuenta de que nunca había salido de los límites de la ciudad –bueno, ha pasado mucho tiempo, esto va a ser divertido. Y acepté que Alice escogiera mi vestido... así que es bueno que solucionemos esto de una vez. De verdad, estoy más que de acuerdo con esto

Esme dejó escapar un pequeño suspiro, pareciendo aliviada de que estuviera felizmente de acuerdo en unirme a ellas en esta inesperada sorpresa. Tomé mi bolso mientras Esme y Rosalie se dirigían al auto. Cerré la puerta de mi casa con seguro y enérgicamente caminé hacia el asiento trasero del vehículo, donde habían dejado la puerta abierta para mí. Me deslicé, sentada a salvo al lado de Alice y nos fuimos.

Esme conducía y apenas pasaba el límite de velocidad. Alice habló sin parar, preocupada por telas, colores, cortes de ropa y zapatos. Era obvio, por su conversación animada, que ella se sentía en su elemento, Alice parecía ser capaz de hacer cualquier cosa, al igual que el resto de los Cullen. Si hubiera sido humana, podría haber sido fácilmente la planificadora de fiestas más exitosa del país o una diseñadora de modas de alta costura.

Su conversación continuó, hasta que Rosalie se giró en su asiento, mirándola exasperada.

–Alice, mañana vamos a comprar sin parar. ¿Podemos hablar de todas esas cosas en ese momento?

–Bien, ¿de qué les gustaría hablar?

Rosalie se estiró en su asiento, con sus largas y elegantes manos agarrando la parte superior del asiento dónde descansaba su cabeza.

–Me pregunto dónde están ellos en este momento... no han llamado, así que donde sea que estén, no deben tener señal

Él había estado en mi mente todo el día, así que, ya que Rosalie había sacado el tema, decidí unirme.

–¿Dónde está exactamente el resto de la familia? Obviamente no van a ir de compras con nosotras, ¿verdad? –intenté reír levemente, desesperada por ocultar mi curiosidad y la insaciable necesidad de saber en dónde estaba él. Por favor, que me digan que nos reuniremos con ellos allí... Esperaba ver a Edward, sin importar cuál fuera nuestra relación. Me sentía casi completa cuando él estaba en el mismo lugar.

Esme rió y Alice y Rosalie se unieron a ella.

–No –respondió Esme –Carlisle llevó a los chicos a cazar este fin de semana. Deberían volver el domingo. Solo un viaje rápido. Se fueron anoche en el Hummer. Hablaron de ir a las montañas en busca de buenas presas. Oh Bella –exclamó Esme, mientras se giraba hacia atrás para mirarme desde el asiento del conductor.

Mis ojos se agrandaron cuando la miré.

–¿Qué? –respondí y ansiedad en mi voz era igual a la de ella.

–¿Necesitas cazar antes de entrar a la ciudad? No pensé en preguntarte antes de irnos. Puedo parar en algún lado si necesitas... –su voz de apagó y le sonreí tranquilizadoramente.

–No, Esme. Estoy bien, cacé esta mañana, como lo hago normalmente. Me hace el estar cerca de –quería decir humanos, pero cambié de opinión en el último segundo –los estudiantes y empleados más fácil, si sabes a lo que me refiero –hablé rápidamente con la esperanza de cambiar el tema.

Esme me devolvió la sonrisa, aliviada por mi respuesta cuando escuchamos una sirena. Esme miró por el espejo retrovisor e hizo una leve mueca antes de detenerse a un lado de la carretera. Ella esperó pacientemente a que el policía se acercara al costado del automóvil, presionando el botón para que la ventana se deslizara hacia abajo.

El oficial se acercó al lado del conductor del automóvil y miré por el rabillo del ojo cómo ponía su mano sobre su pistola enfundada, quitándole la correa, por si llegaba a necesitarla. Suprimí una risita, sabiendo que su arma era inútil contra nosotras, a pesar de que nunca la necesitaría.

–Señora, ¿sabe por qué la detuve? –comenzó, antes de quedarse boquiabierto. Miró a Esme y luego miró a Rosalie, antes de mirarnos a Alice y a mí en el asiento trasero. Sus ojos se quedaron en nosotras por un momento, antes de que su mirada volviera descaradamente hacia Rosalie. Ella le sonrió dulcemente, antes de inclinarse hacia adelante en su asiento un poco, dándole un vistazo de su escote.

Esme se aclaró la garganta antes de responder.

–No, oficial, no tengo ni idea de por qué me detuvo. ¿Cuál parece ser el problema? –respondió ella.

Tiró de su corbata, tratando de aflojar ese accesorio de su uniforme oficial.

–Um –fue todo lo que pudo decir.

–Oficial, lo siento si mi madre rompió alguna ley de tránsito. Si quiere, podría conducir desde aquí. Puedo garantizarle que no encontrará ninguna falla en mis antecedentes –ofreció Rosalie.

El pobre hombre no podía apartar los ojos de la encantadora vampira rubia y sus encantos y apenas asintió con la cabeza en respuesta.

–Bueno, estoy seguro de que tu madre –parecía confundido por la elección de palabras de Rosalie, teniendo en cuenta lo joven que Esme se veía –no tenía intención de causar ningún daño –le dijo a Rosalie. Se quitó el sombrero y se lo metió debajo del brazo antes de dirigirse a Esme –solo tenga cuidado. Sería una pena perder a cualquiera de estas encantadoras señoritas. Estoy seguro de que, si la dejo ir con una advertencia, no repetirá el mismo error. ¿Estoy en lo correcto?

Esme asintió hacia él.

–Prometo que no volveré a cometer el mismo error. ¿verdad, chicas? –preguntó ella.

Todas negamos con la cabeza y el oficial nos saludó sutilmente antes de regresar a su patrulla, negando con la cabeza todo el tiempo. Hizo un gesto para que nos fuéramos primero, pero luego nos siguió un rato. Reprimimos nuestras risitas hasta que él giró, saludándonos con la mano y con una enorme sonrisa en su rostro.

Cuando estuvo fuera de nuestra línea de visión, todas lo soltamos, riéndonos hasta que nos doblamos.

–¿Alguna vez nos dijo por qué te detuvo, Esme? –pregunté inocentemente.

–No, pero sea lo que sea que haya sido, prometí no volver a hacerlo nunca más –respondió ella.

Nos reímos un poco más y nos resultó imposible recuperar el aliento.

–Buen trabajo Rosalie –dijo Alice.

–¿Qué? Yo no hice nada –replicó indignada, pero sus ojos bailaban alegremente contradiciendo su tono.

–Sí. ¿Y esa pequeña demostración de tus encantos qué fue? ¿Un accidente? –respondió Alice.

Rosalie nos sonrió perversamente y sus hermosos ojos almendrados brillaban cuando respondió.

–Bueno, no iba a dejar que a Esme le pusieran ningún tipo de multa, Carlisle nos regañaría hasta el fin de los tiempos. Solo le ayudé a mamá a salir del problema. Lo que me recuerda, Alice, ¿no viste venir a ese tipo? –preguntó ella.

Alice se congeló junto a mí y pude ver que Esme le lanzaba a Rosalie una mirada penetrante. Rosalie abrió mucho los ojos y se recostó en su asiento fuera de mi vista. Alice se aclaró la garganta y comenzó a arreglarse la falda, sin hacer contacto visual con ninguna de nosotras. Estaba claro que algo estaba pasando y yo no sabía qué era.

–Estaba tan concentrada en la compra de vestidos que no estaba concentrada en nada más. Ha pasado tanto tiempo desde que tuvimos que planear algo como esto que no estaba prestando atención. Lo siento Esme –ofreció débilmente.

–No hay problema Alice. Entonces, tenemos que registrarnos en el hotel alrededor de las nueve. Reservé una suite para las cuatro. Pensé que podríamos hablar, ver una película y planear nuestro día de mañana. ¿Cómo suena eso, Bella? –preguntó ella con indiferencia.

Mi alarma interna estalló. Sabía que me estaban ocultando algo, pero no quería entrometerme. No había forma de que las presionara para que me dijeran. Si había algo que necesitaban que supiera o que quisieran que yo entendiera, me lo explicarían a tiempo. E incluso si no lo hacían, no hacía ninguna diferencia, al menos no para mí. Hice todo lo posible por mantener mi voz incluso cuando respondí:

–Eso suena perfecto Esme. Pero no debieron molestarse tanto, la fiesta no es tan elegante

Alice bufó.

–Bella, esto no es ninguna molestia, además, será divertido. ¿Alguna idea de lo que te gustaría usar?

Alice volvió a hablar demasiado, hablaba con entusiasmo sobre los diseñadores y los colores de moda esta temporada. Me recosté en mi asiento, cerré los ojos y dejé que su suave voz relajara mis hombros ahora tensos.

El día siguiente amaneció nublado, lo que era perfecto para nuestros planes. Todas nos duchamos y nos preparamos para un día de compras y más conversaciones solo para chicas. La impaciencia de Alice empezó a mostrarse cuando Rosalie se tomó su tiempo para arreglar su cabello y su maquillaje.

–Rose, ¿ya casi estás lista? –espetó Alice.

Esme estaba sentada tranquilamente en una de las grandes sillas mullidas cerca de la sala de la suite, sin decir una palabra, como si este tipo de situaciones se presentara continuamente en su hogar.

–Alice, se supone que hoy va a llover y estoy tratando de preparar mi cabello para eso. Solo tranquilízate, tenemos todo el día –escupió ella.

–Chicas –dijo Esme con un toque de reproche en su suave cadencia.

Simplemente me senté allí, mirando hacia adelante y hacia atrás desde dónde estaba sentada. Las facciones de Alice mostraban su impaciencia, Esme estaba calmada y tranquila, mientras Rosalie solo continuaba pavoneándose frente al gran espejo del baño, ignorándonos a todas. Ella se movía, mirando sus bellas facciones, girando su rostro gentilmente hacia adelante y hacia atrás. Una sonrisa apareció en sus hermosos labios carnosos, obviamente complacida con su apariencia. Todo era un poco surrealista, como si estuviera entrometiéndome en un momento familiar privado.

–Estoy lista. ¿Feliz? –dijo Rosalie sarcásticamente.

–Ya era hora. ¿Ya podemos irnos? –preguntó Alice con su impaciencia al límite.

–¿Dónde está Jasper cuando lo necesitas? –murmuró Rosalie mientras se alejaba del espejo.

Tomamos nuestros bolsos y nos dirigimos hacia el vestíbulo del hotel, mientras que el trabajador del hotel traía nuestro auto al frente. El hotel en el que nos habíamos alojado era lujoso; las camas eran grandes, el baño espacioso y la zona de estar cómoda. Habíamos hablado la mayor parte de la noche, similar a una pijamada entre amigas.

Esme condujo hasta el centro de la ciudad, donde nos esperaban boutiques y tiendas exclusivas. No tenía ni idea de dónde íbamos, pero me relajé al pensar que Alice podía ver hacia dónde nos dirigíamos y que yo estaba en buenas manos.

El centro de la ciudad estaba empezando a cobrar vida, con compradores que bajaban de sus autos y pequeños restaurantes en los que las personas disfrutaban de café y desayuno en esta fría mañana de sábado. Los colores de los árboles eran de un tono completamente estacional, todos rojos y naranjas, lo que trajo renovación a mi alma.

Era sábado, no estaba en mi casa y no estaba sola. Estaba pasando el tiempo con tres maravillosas mujeres y estábamos a punto de hacer cosas normales, como comprar vestidos y pasar tiempo de calidad juntas.

Esme estacionó y puso varias monedas en el parquímetro antes poner la alarma al carro. Comenzamos a caminar por la manzana hacia lo que estaba segura serían varias tiendas exclusivas que atendían a clientas como las Cullen. Un destello lavanda me llamó la atención y me detuve curiosamente para admirar el frente de una tienda hasta que noté lo que estaba viendo.

Eran vestidos para niñas pequeñas y se burlaban de mí con su frivolidad. Destellos de rosa, amarillo pálido, azul claro, había vestidos en todos los colores imaginables... hasta vestidos para niña con flores en blanco y marfil. Me quede momentáneamente sin habla. Los zapatos de charol que hacían juego, bolsos y cintas para para el cabello, estaban esparcidos por el suelo de la vitrina junto con muñecas y juguetes, creando una réplica de la sala de juegos soñada de una niña.

Una visión de Grace en uno de estos hermosos vestidos con su pelo liso y oscuro recogido con una hebilla me llenó la mente y dejé de respirar. Mi mano se extendió contra el cristal que se interponía entre esos vestidos de alta costura en miniatura y yo, mientras trataba de imaginar que todavía era parte de su vida.

Grace vivía y estaba feliz con su padre. Las fotos que me enviaba Jacob todos los días me lo decían. Ese cristal era una metáfora de mi presencia en su vida, sabía exactamente dónde estaba, pero no podía estar allí. La observaba desde lejos y los correos electrónicos me recordaban que ella seguía creciendo y floreciendo. Me mantenía alejada porque era la única forma en que ella podría vivir una vida normal.

Me quedé ahí parada por Dios sabe cuánto tiempo, hasta que sentí una mano en mi brazo que me sacó de mi ensoñación.

–Oh Bella, lo siento tanto. Si hubiera sabido que esta tienda estaba aquí, hubiéramos parqueado en otro lado –dijo Alice con su voz cargada de arrepentimiento.

Forcé una pequeña sonrisa en mi rostro y me volví hacia ella.

–Está bien Alice. No había forma de que supieras que esta tienda estaría aquí, es sólo que –tragué saliva antes de continuar –la extraño tanto. Pero está a salvo y trato de consolarme con eso

Rosalie vino a mi lado e inesperadamente tomó mi mano y pude ver el reflejo del rostro amable de Esme en el reflejo del cristal recién lavado que me devolvía la mirada. Por un momento, la mejilla de Esme se detuvo sobre mi cabeza antes de que ella colocara un pequeño beso en mi cabello. Ella me miró con evidente preocupación, envolviendo un brazo largo y esbelto sobre mis hombros. Reprimí un sollozo, sabiendo que eso solo haría el día mucho más difícil.

–Bella, ¿qué es lo que más extrañas de ella? –preguntó Rosalie suavemente.

–¡Rosalie! –Esme se dirigió a su hija bruscamente. Las miré a ambas y tomé una respiración profunda.

–No Esme, está bien. Esa es una pregunta normal. Honestamente, no hay nada que no extrañe, pero si tuviera que elegir una cosa, era la forma en que olía después de un baño. Ella tenía ese olor a bebé limpio, mezclado con champú y polvo para bebé, todavía tan tibia por el agua del baño. Y ella era la bebé más feliz después de un baño, sólo reía y sonreía. Extraño mucho eso –me interrumpí, incapaz continuar.

Alice me agarró en un feroz abrazo y comencé el temblar. Tomé varias respiraciones profundas, tratando de calmarme, dándome cuenta que necesitaba controlar mis emociones. Sollozar no traía alivio y no iba a volver a sentarme y sentir pena por mí misma, no con el día justo delante de nosotras.

Empujando suavemente a Alice, sacudí mi cabeza ligeramente y sentí una sonrisa genuina cruzar mi rostro.

–Vamos. Este no es un día para sentir tristeza o arrepentimiento. Vamos a buscar vestidos. Además, Alice necesita torturarme un poco, haciéndome probar todos los vestidos que pueda –dije tan animada como pude, intentando disipar el estado de ánimo deprimente que había caído sobre nosotras.

Tomé la mano de Alice y sin soltar la de Rosalie, caminé hacia adelante, lejos de la tienda de ropa infantil y busqué la tienda que Alice había seleccionado sin tener idea de a dónde iba. Alice sonrió ante mi obvio intento de cambiar de tema y gentilmente tiró de mi mano, llevándome hacia una intersección, donde cruzamos al otro lado de la pintoresca carretera adoquinada y entramos en una tienda intimidante con hermosos vestidos ingeniosamente exhibidos en las vitrinas de en frente.

Entramos y Alice tomó la iniciativa ya que esta tienda era exclusiva. Era evidente por las paredes blancas y los pisos de madera oscura, la iluminación era de primera categoría, al igual que el hermoso mobiliario personalizado puesto a intervalos alrededor de la habitación. Había enormes espejos dorados por todas partes y llegaban hasta el techo, listos para que los clientes escudriñaran su apariencia en una serie de vestidos esperando por ser probados.

Nunca me apasionó la ropa, pero era difícil no dejarse atrapar por las telas exquisitas y el arcoíris de colores que adornaba las paredes, que estaban elegantemente cubiertas con modernas pantallas de acero inoxidable en el medio de la sala. Algunos de los vestidos pedían ser tocados, llamándonos a probárnoslos.

Una vendedora se nos acercó, su cabello, maquillaje y ropa eran el último grito de la moda actual y profesionalismo, pero su comportamiento era altivo y desdeñoso.

–¿Puedo ayudarles? –ella casi se burló.

Nunca antes había estado en un lugar como este, me hice a un lado pensando que mis pantalones y mi suéter parecían desaliñados. Alice dio un paso al frente y se dirigió a ella con tranquila autoridad.

–Tenemos una cita bajo el nombre de Cullen –respondió y su tono y forma de hablar dejaron claro quien estaba realmente a cargo.

–Oh, sí. Las estábamos esperando. ¿Puedo traerles algo de beber? ¿Café, tal vez una taza de té de hierbas? –preguntó ella, esta vez más cálida y sus ojos adoptaron el mismo comportamiento profesional, entendiendo que éramos clientas serias.

–No, gracias. Pero nos gustaría comenzar a ver tu colección, si no es demasiado problema. Le avisaremos si necesitamos ayuda –dijo Alice escuetamente, su postura era un poco desafiante y la vendedora dio un pequeño paso atrás.

–Por supuesto. Mi nombre es Kristine por si necesitan algo –dijo sumisamente antes de darse la vuelta y marcharse.

Alice soltó una risita, lo suficientemente baja como para que nosotras fuéramos las únicas en escucharla.

–Bueno, veremos si tienen algo que realmente nos interese, aunque no estoy segura de querer que ella gane ninguna comisión por esta venta

Con eso, entramos a escoger los vestidos que nos probaríamos, Alice examinaba los vestidos como una compradora profesional, con el rostro encendido o frunciendo el ceño en señal de desaprobación. Kristine trajo un estante de vestuario vacío para poner los vestidos allí. Vi una de las etiquetas de precio de uno de los muchos vestidos que Alice seleccionó y estuve a punto de caerme.

–Alice, no puedes hablar en serio. No puedo gastar esta cantidad de dinero en un vestido que solo usaré una vez

Alice dejó de revisar los vestidos y se giró para mirarme, con la cabeza inclinada hacia un lado antes de adoptar su postura habitual con los puños sobre sus esbeltas caderas.

–Bella, ¿quién dice que vas a pagar por algo? Si puedo elegir tu vestido y me prometiste que podía, puedo escoger el vestido que yo quiera y nosotras lo pagaremos. Eso también incluye zapatos, así que no discutas –desafió ella.

Alcé mis cejas y fruncí mis labios antes de responder.

–Alice, nunca prometí nada. Yo no hago promesas. Sin embargo, accedí a dejarte vestirme. Hay una diferencia

Alice se quedó sin palabras y me di cuenta de que mi arrebato era infantil y me apresuré a arreglar las cosas.

–Alice, lo siento. Simplemente no me siento cómoda gastando tanto dinero en un vestido que sé que solo usaré una vez por un par de horas. Espero no estar involucrada en la planificación de este evento el próximo año, pero si lo estoy, no puedo usar el mismo vestido. Tendré que comprar otro y no quiero gastar tanto dinero. ¿Puedes tratar de entender mi punto de vista?

Esme caminó hacia mí y me dio un pequeño beso en mi mejilla antes de que sus labios se acercaran a mi oído.

–Bella cariño, vamos a pagar por tu vestido, tus zapatos y cualquier otra cosa que puedas necesitar. No puedes discutir –susurró brillantemente.

Encogiéndome de hombros, me resigné ante el hecho de que no podría ganar esta pelea. En cambio, mis pies me llevaron a la silla más cercana y me hundí en ella, esperando que Alice terminara de elegir los vestidos. Empecé a repetir mentalmente: Es solo un vestido. Es solo un vestido. Es solo un vestido. No me había dado cuenta de que también estaba murmurando por lo bajo hasta que vi a Alice acercarse por uno de los espejos dorados.

Alice sonrió antes de que se inclinara casualmente sobre mí y me susurrara al oído:

–Y zapatos y joyas y un bolso –su tono era de satisfacción y alegría, sabiendo que Esme la había ayudado a ganar esta ronda.

Una vez que todo el estante estuvo lleno y ni Alice ni Rosalie pudieron meter otro vestido hermoso sin que se cayera, nos dirigimos a los vestidores. Una vez que la puerta estuvo cerrada con seguro, Alice comenzó a poner vestido tras vestido sobre mi cabeza. Mareaba un poco la velocidad con la que ella trabajaba. Con algunos de los vestidos, ni siquiera se molestaba en cerrar la cremallera o los broches, mientras que con otros me hacía salir por la pasarela, haciéndome girar, escrutando todos y cada uno de los movimientos que hacía la tela en mi cuerpo.

Durante uno de nuestros viajes al centro de la tienda, descubrimos que Esme llevaba un hermoso vestido negro que fluía desde su cintura, tenía correas delgadas y un hermoso encaje elegante negro en la línea del busto. El vestido llegaba hasta el piso y se veía muy elegante en ella con su cabello rojizo y su piel de porcelana.

–¿Crees que a Carlisle le gustará? –preguntó ella con sus manos elegantes tocando la falda ondulante, mientras se volteaba hacia nosotras.

–Esme, te ves hermosa. No creo que necesites seguir buscando, te queda perfecto –comenté.

Oímos cómo se abría una puerta y vimos un destello rojo. Era Rosalie que se pavoneaba descalza. Ella tenía uno de los vestidos más sexys que jamás hubiera visto, la tela de spandex combinaba con las curvas perfectas de Rosalie. Desde sus líneas apretadas, falda corta y escote profundo que mostraba el nacimiento de sus perfectos senos, hasta el llamativo color rojo de bomberos. Combinaba perfecto con Rose y con su personalidad.

Saltó graciosamente sobre una pasarela elevada, giró con su espalda hacia el espejo y su cabeza se arqueó sobre su hombro, tomando su gloriosa forma. Cada persona en el estudio, desde los clientes hasta el personal de ventas, hasta el hombre de UPS se detuvo y la observó.

Rosalie aún era la mujer más hermosa que había visto en mi vida y estaba segura de que no era la única que compartía esa opinión. El hombre de UPS corrió a la puerta de vidrio cuando salía de la tienda con su mirada fija exclusivamente en la rubia que estaba en el centro de la sala. No pude contener la risa que escapó de mi garganta por el espectáculo.

–¿Crees que a Emmett le gustará? Quiero decir, no es exactamente conservador y ¿no es eso de lo que se trata tu fiesta, Bella? –ella preguntó inocentemente.

Sonreí en su dirección, antes de intentar suavizar mi expresión.

–Rosalie, puedes usar lo que quieras. Conservador o no, es tu elección. Mientras te guste, póntelo –le respondí.

–Sí, pero ¿crees que le gustará a Emmett? Siempre me ha dicho cuánto le gusta que use rojo –continuó pidiendo consejos y sus ojos nunca dejaron su hermoso reflejo en el espejo.

Alice suspiró ruidosamente y la exasperación era evidente en su voz.

–Rose, podrías usar una bolsa de papel y Emmett estaría feliz con eso. Solo cómpralo y ya

Ya teníamos dos vestidos, faltaban otros dos. Alice continuó con su desfile de vestidos y ella nunca se probó ninguno. El suelo del vestidor se llenaba cada vez más y más con los vestidos descartados hasta que vi una expresión en la cara de Alice que no había visto en años: una de triunfo completo.

Ella me puso un hermoso vestido de seda, un vestido corto de cóctel. El escote y sus mangas cortas tenían encaje súper fino y delicado, aunque estoy segura de que Alice sabía el nombre exacto, pero era simplemente encantador. El vestido tenía una cintura ligeramente caída, resaltada con una cinta y una banda de flores y una falda circular. Parecía que acababa de salir de 1950 para ir por un helado o por la última aspiradora. Alice dio un paso hacia atrás por un momento y la sonrisa en su rostro me dijo que encontró exactamente lo que estaba buscando.

Ella me empujó hacia la pasarela, antes de darme un codazo no tan gentil para subir a la pasarela y dar un giro. Accedí a su pedido. A la luz más brillante, me di cuenta de que el vestido era azul oscuro y no negro, como había pensado en el vestidor anterior tan tenuemente iluminado. Mi cara me traicionó.

–Bella, ¿qué sucede? Es perfecto para ti. El corte, la longitud, la forma, incluso el color es exactamente lo que estaba buscando –dijo Alice.

Me mordí el labio inferior, buscando las palabras adecuadas para explicar mi dilema con este vestido en particular, o más bien con color de esta creación en particular.

–Alice, el vestido es perfecto. En realidad, me gusta mucho, y es cómodo. Pero el color –le dije, sin saber cómo explicar la situación sin crear otra situación tensa. Una vez era suficiente para el día, gracias.

–Bella, el color es perfecto. A Edward le encantará –dijo antes de que sus ojos se abrieran con horror. Rosalie se puso delante de su hermana con su cara más relajada, sino un poco exasperada.

–Lo que Alice quiere decir, Bella, es que Edward siempre pensó que te veías adorable en ese color y tenía razón. Realmente resalta tu piel y tu color de cabello. Deberías comprarlo. No creo que debas probarte más vestidos, a menos que aún no hayas tenido suficiente tortura, lo que alegraría todo el año Alice –explicó apresuradamente evitando mis ojos en lugar de preocuparse por el escote de su vestido.

–No estoy segura, ¿no viene en otros colores? –pregunté tentativamente.

Kristine, nuestra vendedora se acercó y escuchó mi pregunta.

–Revisaré el libro de muestras. Dame un momento –dijo y caminó hacia un escritorio en la esquina, cubierto con grandes libros. Ella encontró lo que estaba buscando y me trajo el libro directamente –como puede ver, viene en una variedad de opciones diferentes. ¿Le interesa algún color en particular?

Miré las opciones, eran pequeñas tiras de tela que eran idénticas a la tela del vestido que estaba usando actualmente. Cada color imaginable estaba disponible y extendí la mano y acaricié la muestra negra, pensando que era lo suficientemente simple y elegante como para la noche. Alice frunció el ceño, tocando la falda del vestido que todavía llevaba puesto.

–Me gusta el azul –Alice hizo un puchero.

–Por favor entiéndeme Alice, simplemente no uso ese color. Ya no –susurré. Levanté la vista y vi una expresión en la cara de Esme que nunca había visto antes. Ella parecía decepcionada... de mí. Repasé los últimos diez minutos y luego todo el día, tratando de descubrir qué podría haber hecho para hacerla sentir mal. Ella sacudió su cabeza ligeramente, antes de regresar su atención al vestido de Rosalie. Traté de sacudirme la sensación de fracaso al molestar a Esme, antes de escuchar a Alice suspirar.

–Realmente no te gusta el azul, ¿verdad? Bien, entonces será negro –dijo antes de volverse hacia Kristine –¿puedes hacer que llegue en digamos tres semanas? Nuestro evento es en un mes y necesitaremos tiempo para arreglarlo –le preguntó con un tono directo.

Kristine fue a la recepción y ella y Alice se inclinaron sobre el libro de muestras, mientras que Kristine hacía una llamada telefónica a alguien desconocido. Me acerqué a Esme con cautela, esperando pacientemente hasta que Rosalie quedó satisfecha con su elección de vestido y volví al vestuario para cambiarme.

–Esme, ¿hice algo que te molestara? –pregunté, temiendo su respuesta.

Esme me miró con ternura y su mano subió para tocarme suavemente la cara, mientras me quitaba un mechón cabello de la frente.

–No cariño. Solo me preocupo por mis hijos, por sus decisiones. Me preocupo por ti –explicó.

La miré completamente confundida, pero antes de que pudiera continuar con el tema, Alice se lanzó hacia nosotras con su sonrisa brillante, mientras rodaba los ojos.

–Bueno, según Kristine –comenzó con su voz un poco condescendiente –puede traer tu vestido aquí, en negro, en tres semanas si pagamos un cargo extra y antes de que digas otra palabra, ya lo ordené y está completamente pago –ella me miró como desafiándome a discutir el punto. Le sonreí.

–Gracias. Ahora, ¿y tú? El resto de nosotras tenemos un vestido y todavía no te has probado nada. Es tu turno, Alice

Alice sonrió con aire de suficiencia y caminó hacia la pared de vestidos, apenas mirando hacia donde estaba su mano sin dejar de mirarme en ningún momento y tomó un hermoso vestido de lunares marrón chocolate, sin tirantes, que llegaba hasta el piso con un listón azul más ancho –Este es. No necesito probármelo. Es el que quiero y sé que a Jasper le encantará

Lanzando el vestido a Kristine, Alice me dirigió su sonrisa perversa nuevamente.

–Ahora a elegir los zapatos... –amenazó, levantando un peligroso tacón de aguja.