Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.
Capítulo 39: Carta alta/Carta baja
BPOV
Finalmente, pasó otra semana y rápidamente llego otro fin de semana bendito con los Cullen. Faltaba solo una semana para el cóctel y estaba agradecida porque ya estaba cerca de acabar con el evento. Alice me había llamado sin cesar revisando esto y aquello, haciéndome preguntas hasta que creí que me explotaría la cabeza, agradecía su ayuda con la fiesta, pero su atención a cada detalle empezaba a ponerme nerviosa. Aunque tenía que admitirlo, ella sabía lo que estaba haciendo; ella tenía talento cuando se trataba de este tipo de cosas, pero no ayudaba a mis nervios ya de por si alterados.
Terminé el día, recogí todas mis cosas en un bolso grande y me dirigí hacia la entrada del edificio con Mandy detrás de mí. Mientras cruzábamos el estacionamiento hacia nuestros respectivos vehículos, me recordé a mí misma lo que necesitaba preguntarle.
–Oye Mandy, ¿todavía planeas ir al cóctel el próximo sábado? ¿Ya tienes vestido? –le pregunté casualmente, reprimiendo el impulso de sonreír por la emoción que esperaba de ella.
Ella me miró y en su rostro apareció una sonrisa pícara.
–¿Por qué Sra. Marston, por qué preguntas? –respondió ella y su voz sonó aún más sureña de lo normal mientras hacía su mejor imitación de Scarlett O'Hara –Ya te había confirmado mi asistencia ¿no? Además, espero bailar un poco con ese tipo Jasper que viene a visitarte todo el tiempo. ¿Estás segura de que él y esa amiga tuya Alice son hermanos?
Le devolví una sonrisa nerviosa y respondí.
–Solo quería asegurarme de que todavía estabas interesada en venir, aunque no estoy segura sobre Jasper. Pero sí, para todos los efectos, ellos son hermanos –a menos en lo que respecta al mundo en general.
–Que bien, no faltaría por nada. Ahora me voy, tengo que encontrar zapatos y joyas que acompañen mi vestido nuevo, el cual me está esperando con la costurera, solo necesitaba un pequeño ajuste. ¿Vas a ver a los Cullen otra vez esta noche? –preguntó, aunque ella ya sabía la respuesta a eso.
Mandy había notado como cambiaba mi humor nada vez que Alice llamaba o me enviaba un correo electrónico. Jasper venía con su esposa a visitarme, diciendo que veían a almorzar conmigo ¡Qué alivio no tener que pretender comer con los compañeros de trabajo!
Los momentos cortos que me robaban los Cullen hacían que mis días fueran aún más agradables y ansiaba ver a cualquiera de los Cullen. Aunque verlo a él era lo que me hacía más feliz, pero nuestros encuentros tenían un toque agridulce.
–Voy a visitarlos en algún momento este fin de semana –edité la verdad.
–Bueno, que la pases bien. Te veré el lunes –me saludó alegremente por encima del hombro mientras se subía a su pequeño y deportivo auto de dos puertas. Ella se despidió antes de acelerar para salir del estacionamiento.
Me apresuré para regresar a casa, conduciendo más como lo haría un Cullen que como lo hacía yo, mi mente repasaba rápidamente todo lo que tenía que hacer antes de que me recogieran en la tarde. Una vez les mencioné que podía ir sola y obtuve miradas exasperadas de cada miembro de la familia, así que dejé el tema. Me preguntaba quién vendría a buscarme esta tarde y esperaba que fuera Edward.
Sonó mi celular y estiré mi mano derecha hacia mi bolso para buscarlo. Cuando mi palma lo ubicó, miré la pantalla y vi que era Alice. Sonreí y contesté.
–Hola, Alice
–¡Bella! ¿Es posible que te recojamos media hora antes esta tarde? Tenemos planeado algo especial y queríamos empezar antes de que Carlisle tenga que irse porque realmente quiere divertirse con nosotros. ¿Estaría bien? Si tienes trabajo que hacer, puedes terminarlo aquí esta noche. Jazz dijo que podrías tomar prestado su estudio y te daremos tu espacio y...
–Alice, pueden venir a buscarme cuando estén listos. Solo necesito suficiente tiempo para empacar ¿Te parece? Estoy como a diez minutos de la casa y luego solo necesito otros diez para empacar –dije riendo, su entusiasmo y su idea de diversión eran contagiosos y comencé a sentirme aún más ansiosa por el fin de semana, si eso era posible.
Mi querida amiga prometió que saldría a recogerme en treinta minutos, así que presioné el acelerador un poco más hacia el piso del automóvil, motivada por la perspectiva de estar con ellos incluso antes.
Llegué a la casa, corrí escaleras arriba, hice la maleta y salí a esperarlos cuando vi que el Volvo se detenía. Antes de que el automóvil se detuviera completamente detrás del mío, Alice saltó y llegó a mí rápidamente, Tomó mis maletas con una mano y con la otra tomó mi mano, arrastrándome hacia el auto. Edward salió, mientras se inclinaba sobre el techo, sacudiendo la cabeza hacia Alice antes de abrir el baúl, justo a tiempo para que Alice tirara mis cosas dentro antes de cerrarlo de golpe. Ella saltó al asiento trasero y me dejó para sentarme al frente con Edward... sola.
–¿Todo listo? –preguntó Edward mirándome con esos ojos insondables. Desde nuestra conversación, no podía leerlo. Nada tenía sentido, en un minuto se veía triste y al siguiente... ponía esa suave máscara que estaba muy acostumbrada a ver.
–Sip, lista para irnos –le respondí antes de mirar por la ventana. Si lo que él sentía era lástima, yo no quería nada de eso. Alice se aclaró la garganta desde el asiento trasero.
–Bella, fui por tu vestido hoy y Esme quería asegurarse de hacerle cualquier cambio que fuera necesario este fin de semana ya que ya falta una semana para la fiesta. Tengo tus zapatos, así podemos ocuparnos del dobladillo –dijo ella.
Estiré el cuello, mirando a Alice, cuya barbilla descansaba en el respaldo del asiento.
–¿Esme va a arreglar mi vestido? No tenía idea de que ella podía hacer eso –le respondí.
–Lo sé. ¿No te parece que ella puede hacer de todo? Ella siempre se encarga de los arreglos de nuestra ropa. Si un humano las hiciera y accidentalmente nos pinchara con un alfiler, descubriría que no nos hizo daño alguno y eso podría ser difícil de explicar –ella sonrió divertida por su explicación.
¿Había algo que un Cullen no pudiera hacer? Le sonreí a Alice.
–Eso suena genial, siempre y cuando no cause ninguna molestia –Alice rió.
–Bella, a Esme le encanta hacer este tipo de cosas y también está emocionada por arreglar tu vestido. Así que solo déjala, ¿de acuerdo? –respondió ella levantando las cejas ligeramente, como para decir que este tema no podría debatirse.
–Por supuesto que dejaré que Esme se ocupe de eso. Sería una cosa menos en la lista interminable de cosas que deben hacerse para el evento. Siendo sincera, me sentiré muy aliviada cuando termine el evento –le dije y Alice me miró con tristeza en sus rasgos.
–Sí, entiendo a lo que te refieres –me quité el cinturón de seguridad y me giré en mi asiento para mirar a Alice de frente.
–Bella –advirtió Edward, mirándome y luego deliberadamente al cinturón de seguridad. Le gruñí ligeramente, lanzándole una mirada que cortó el sonido de su garganta de inmediato.
–Edward, estoy bien. Si viene la policía puedes avisarme y no te pondrán ninguna multa –miré a mi amiga, cuya cabeza estaba mirando a su regazo –Alice, ¿qué pasa?
–Nada
–Alice, mírame –su oscuro halo de rizos comenzó a levantarse y sus grandes ojos color ámbar me devolvieron la mirada –¿Por qué estás tan callada?
Las diminutas manos de Alice tomaron el respaldo del asiento y me miró, su cara se veía un poco... ¿asustada? ¿Por qué rayos estaría asustada?
–Es solo cuando todo esto termine, yo... nosotros no te veremos tan seguido. Y estamos a mitad de semestre, así que solo te veremos los fines de semana, si todavía estás dispuesta a ir a visitarnos
–Alice, de qué estás hablando? Solo porque las clases terminen no significa que no te veré... que no los veré. Todavía tendré mis tardes libres después de las clases y podremos hablar y visitarnos y… además –me reí ligeramente, tomando su mano en la mía –¿no puedes ver lo que va a pasar? No es como si no supieras exactamente lo que va a pasar ¿verdad?
Sus ojos momentáneamente se abrieron y pasaron de asustados a aterrorizados. Entonces, con la misma rapidez, puso la misma mirada estoica de Edward y sus facciones se relajaron mostrando una calmada y plácida reserva.
–Por supuesto, tienes razón. Solo estoy actuando como tonta –dijo recostándose contra el asiento del auto.
De nuevo, me di cuenta de que me estaba ocultando algo. Le sonreí una vez más antes de acomodarme en mi asiento, pero no antes de verla intercambiando una mirada con Edward por el espejo retrovisor.
Sus ojos se veían graves y bastante serios, mientras que los de ella se ensancharon antes de poner una expresión de resignación. Esas conversaciones silenciosas que tenían habían comenzado a exasperarme, pero luché contra el impulso de preguntar qué era lo que me ocultaban. No dejaría que la pequeña curiosidad sobre una conversación privada interfiriera con lo que quería.
Nos detuvimos en el ahora familiar camino de piedra aparentemente sin fin que conducía a su hermosa casa victoriana gótica. Edward parqueó el Volvo al frente de la casa, pero me le adelanté y abrí mi puerta yo misma y salí, antes de ayudar a Alice a salir del asiento trasero.
Me volví para mirarlo y la tristeza en su rostro era obvia.
–Edward, lo siento. No quise ofenderte, pero no debes molestarte por mí
–No es ninguna molestia Bella –tanto su voz como sus ojos eran fríos.
Me volví, ya que no quería continuar esa conversación y seguí a Alice hasta el baúl para tomar mis cosas. En un borrón, él estuvo allí antes que cualquiera de nosotras, sacó mis cosas del baúl y lo cerró de golpe caminando hacia la casa, sin mirar a ninguna de las dos deliberadamente. Alice tomó mi mano y me dio un ligero apretón, antes de guiarme hacia la puerta principal.
Entramos al vestíbulo donde Esme nos saludó. Edward puso mis cosas debajo de la gran mesa redonda en la entrada, como lo hacía casi todas las semanas. Giró sobre sus talones y sin mirar a nadie, subió rápidamente los dos tramos de escaleras antes de que escucháramos cómo cerraba su puerta con un fuerte golpe. Ni un segundo después, empezó a tocar una canción oscura y deprimente en su piano en un tono bajo. El sonido era conmovedor y oscuro.
–No quise ofenderlo Esme. Solo le dije que no debía molestarse por ayudarme a salir del auto y por mí –le ofrecí y mis ojos se volvieron una vez más al último piso de la casa, sabiendo lo que haría la próxima vez para evitar la situación.
Esme me miró y sus ojos mostraban preocupación, pero no estaba segura de si estaba dirigida hacia Edward o hacia mí.
–Ha estado de mal humor últimamente, pero no estoy muy segura de por qué. Él terminará pronto. Adelante, pasa. Alice y Emmett han planeado algo divertido para nosotros esta noche –ella me miró como si fuera a decir algo más, pero en cambio me tomó del brazo y me condujo hacia la sala del comedor que nunca había sido usada.
Entramos y donde normalmente había un hermoso comedor, ahora había una mesa de juego de tela verde con forma ovalada, con paquetes nuevos de naipes y coloridas fichas de póquer.
–¿Cuál es el plan para todo esto? –pregunté casualmente, aunque los pelos en mi cuello comenzaban a erizarse.
Rosalie se situó mi lado y se rió.
–A Emmett le encanta jugar al póker, sobre todo porque le da la oportunidad de apostar. A todos en esta familia les encanta apostar, pero esta es una forma de hacer las cosas manteniendo un bajo perfil. Algunas de las cosas que se han apostado esta casa y otras –se rió entre dientes, cubriendo su adorable boca con una mano elegante –han sido francamente ridículas. Pero a los chicos les encanta romper los límites –ella negó con la cabeza mirando hacia Emmett.
–Oh, vamos, Rosalie. A todos nos gusta apostar, incluyéndote. Es solo que nosotros lo llevamos a otro nivel –se rió entre dientes.
Eso hizo que comenzaran a contarlo todo. Rosalie, Emmett, Alice y Jasper contaron todas las cosas que la familia había apostado en el pasado.
Jasper le había apostado a Emmett que no podría pasar un día sin contar chistes y que si Emmett perdía tendría que audicionar para el escuadrón de porristas de la escuela secundaria.
–No solo audicionó, sino que entró al equipo y aunque nunca lo admitiría, creo que lo disfrutó. Hasta que Carlisle hizo que lo dejara –Jasper se rió en voz baja.
–¿Qué tal la vez que Jasper perdió una apuesta conmigo y tuvo que alimentar la lujuria de Emmett durante veinticuatro horas, lo que a su vez hizo que Edward saliera corriendo gritando de la casa? –ella rió, mirando hacia arriba cuando el piano de Edward empezó a sonar más fuerte –porque no pudo soportar las emociones o las imágenes visuales que volaban en la cabeza de Emmett. Más tarde descubrimos que Alice había apostado con Jasper que Edward no podría soportar las 24 horas y Alice ganó. Jasper tuvo que... –Rosalie ahora reía abiertamente y en voz alta.
Esme entró en la habitación con Carlisle detrás de ella.
–No más historias –se acercó a mi lado y acomodó un mechón de pelo detrás de mi oreja –esa es la razón por la que insistí en usar fichas esta noche. Si alguno de ustedes –miró a sus hijos y a su marido en la habitación –decide apostar algo más que estas fichas, no quiero enterarme
Emmett se puso detrás de mí y me alzó sin esfuerzo con ambas manos alrededor de mi cintura, antes de sentarme suavemente en una silla.
–¿Alguna vez jugaste póquer antes, Bella? –él gruñó traviesamente en mi oído.
Tuve un flashback rápido de la reserva, jugando juegos de cartas con Jake y sus amigos de la manada. No era muy aficionada a las cartas, pero era divertido. Solo esperaba poder recordar las reglas cuando Jasper salió de la nada y puso un papel con las instrucciones en mis manos.
–No estábamos seguros de si ya habías jugado antes, así que aquí tienes una lista de las reglas básicas. Por ejemplo, un full supera un trío, cuatro cartas del mismo tipo supera un full. Si tienes alguna pregunta, Alice puede ayudarte –Jasper acercó una silla directamente detrás de mí y Alice se sentó con gracia, acercándose lentamente a mí antes de colocar su barbilla sobre mi hombro.
Estirando mi cuello para mirarla, estaba confundida por la forma en que estaban organizados los asientos.
–Si Alice me va a ayudar, ¿cómo va a jugar?
Pude escuchar que el volumen de Edward tocando el piano aumentaba cada vez más, por lo que la música ahora retumbaba en la casa, mientras todos hacían lo posible por ignorar la intrusión. Cada nota aumentaba en fiereza y melancolía, el ritmo iba rápidamente hacia arriba y hacia abajo, de rápido a lento, creciente y decreciente, lo que hacía que pareciera la banda sonora de una película de terror mala.
Carlisle sonrió pacientemente en mi dirección.
–Bueno, con el pequeño don de Alice, ella no puede jugar, no sería justo para ninguno de nosotros. De vez en cuando ella juega con Edward ya que sus talentos básicamente se anulan mutuamente, pero esos juegos no son divertidos de ver, sólo toma unos minutos antes de que alguno se retire. Dejamos que Jasper juegue porque promete no solo hacer todo lo posible por no captar las emociones de todos, sino que también promete no manipular a nadie. De hecho, queríamos que Edward te ayudara –continuó Carlisle, mientras la música de arriba se detenía abruptamente –y hacer que Alice se ocupara de repartir las cartas y mirar la acción. Le encanta repartir las cartas y ver la acción, pero con la rabieta de Edward, todos nos turnaremos esta noche –Carlisle sonrió levemente cuando escuché el clic de una puerta.
–Yo la ayudaré. Y gracias Carlisle por hablar de mí como si fuera un infante –anunció Edward petulante, lo que hizo que mi cabeza casi se separara de mis hombros cuando me volví a mirar en su dirección. Estaba de pie en la amplia entrada a la sala del comedor, descansando contra una de las puertas. Las palabras a su padre podrían haber sonado duras, pero la sonrisa en su rostro decía todo lo contrario.
Edward y Alice intercambiaron miradas por un momento, antes de que él se dirigiera hacia la mesa. Alice rápidamente besó mi mejilla, antes de correr hacia la silla de la persona que reparte en un movimiento rápido y fluido.
–Alice –dijo Esme con reproche.
–Lo siento mamá –respondió Alice con sinceridad, agarrando una nueva baraja de cartas y abriéndola. Jasper tomó asiento a su lado y cortó el mazo, antes de acariciar suavemente su mano con amor.
–¡Oye! No coquetees con la que reparte las cartas. Ella no te va a dar mejores cartas, incluso si estás casado con ella –gritó Emmett guiñándome, así que sabía que todo esto era parte del juego.
Edward se sentó cerca de mí y su aroma llenó mis pulmones haciéndome derretir. Quería darme la vuelta y pedirle disculpas por lo que había sucedido afuera hace unos momentos, pero su comportamiento no tenía sentido. En un minuto estaba triste, al siguiente enojado y ahora se sentaba detrás de mí como si nada incómodo hubiera pasado. Como siempre, estaba confundida por sus acciones. Pero podría manejar la confusión si él se quedaba así de cerca de mí.
El resto de la familia Cullen tomó asiento y tan rápida como un rayo, Alice comenzó a barajar las cartas. Verla era como presenciar a un traficante profesional de Las Vegas o Atlantic City, tenía velocidad supersónica. Ella nos dio cinco cartas a cada uno de nosotros, diciendo cosas como "apuestas cerradas" y diciéndoles a todos "apuesten ahora". Cada miembro de la familia puso algunas fichas en el centro de la mesa y comenzó el juego.
Emmett ganó la primera mano y no tuvo reparos en jactarse de sus habilidades.
–Solo observa Bella. Te dejaré sin fichas en poco tiempo –bromeó y Rosalie lo golpeó en la parte posterior de la cabeza... duro –Caray Rose, solo estoy bromeando –dijo y su mano gigante frotó el lugar en el que Rosalie lo había golpeado –más o menos –murmuró casi demasiado bajo para que yo pudiera escuchar lo que hizo que Rosalie le lanzara una mirada provocadora y mordaz.
Nos preparamos para comenzar otra ronda, con Alice barajando, cuando ella me habló.
–Bella, dilo
¿Decir qué?
–¿Um? –fue todo lo que pude decir.
Pude sentir a Edward acercarse aún más a mi asiento con su aliento frío aún más cerca de mi oído.
–Quiere decir que le digas el número de cartas que quieras que voltee ¿Cuántas te gustarían? –él ronroneó en mi oído, tomó mis cartas y no me las entregó, mientras sentía que todos miraban en mi dirección.
–¿Bella? –Alice me llamó nuevamente. Él me estaba haciendo muy difícil el armar un pensamiento coherente.
Respiré profundamente antes de contestar.
–Uh, ¿dos? –respondí, mirando hacia abajo en mi regazo cuando escuché una risa.
–Los llamamos pares –susurró Edward y su aliento me hacía cosquillas en la oreja –aunque dos está perfectamente bien –levantó la vista y por el rabillo del ojo, pude ver cómo empujaba a Emmett en el hombro... bruscamente. No pude evitar sonreír.
Edward puso las cartas en mi mano y sus dedos rozaron los míos por un momento y esos pequeños pulsos de electricidad crecieron, haciendo que mis manos temblaran un poco. Reorganizó las cartas que yo tenía en la mano, poniendo parejas o tríos en orden. Cuando retiró su mano, rozó suavemente la parte superior de mi muñeca, antes de que recostarse en su silla directamente detrás de mí.
Algo se me ocurrió. Me incliné hacia Edward y volví la cabeza hacia él, un poco sorprendida de que me estuviera mirando atentamente. Casi pude sentir el rubor en mis mejillas, si hubiera sido posible.
–¿Edward? –mi voz salió más ronca de lo que había planeado.
Sus ojos se suavizaron y se inclinó hacia mí, a centímetros de mi cara. Sabía que todos en la familia podían oírnos, pero era como si fuéramos las únicas dos personas en la sala.
–¿Sí, Bella? –respondió él y su voz aterciopelada sonó tan tierna que hizo que mis rodillas se debilitaran. Nunca había estado tan agradecida por estar sentada.
¿Llegará el día en que no quiera besarlo?
–Si puedes leer mentes, ¿cómo es que el resto de la familia te permite 'ayudarme'? Quiero decir, ¿no me estás ayudando a hacer trampa? –pregunté notando la sonrisa en el rostro de Emmett.
Él rió suavemente, inclinándose más cerca.
–No, no te estoy ayudando a hacer trampa, aunque estoy muy tentado dado el comportamiento de Emmett. Le prometí a mi familia que solo te ayudaría a sacar las mejores manos posibles, pero que apostarías por tu cuenta y decidirías cuándo retirarte. ¿Cómo lo estoy haciendo hasta ahora? –preguntó inocentemente.
–Ah, está bien, gracias –fue todo lo que pude lograr decir. Su cercanía y la de su aroma, sus labios, sus hermosos e hipnóticos ojos me tenían alelada. Me quedé allí sentada por un momento, tratando de entender lo que acababa de decirme.
En mi visión periférica, pude ver que algo se acercaba hacia mí y antes de que pudiera reaccionar, la larga mano de Edward pasó como un rayo por mi cara y atrapó ese algo.
–Alice –gruñó Edward. Abrió su mano, mostrando una brillante ficha de póquer azul que su hermana me había arrojado.
–¿Qué? Es su turno de apostar. ¿Te quedas o te retiras Bella? –el intento de Alice por llamar mi atención funcionó y me concentré en la mesa.
Escuchar a Edward deslizarse hacia adelante en su silla hacia mí no hizo nada por ayudar a concentrarme.
–La apuesta es de 500 –murmuró sin piedad en mi oído.
–Ah, está bien –le dije, tratando desesperadamente de recordar cómo contar, hasta que Edward puso su mano derecha sobre la mía, mientras que la izquierda llegó al otro lado, tomando la cantidad correcta de fichas y agregándolas a la pila de apuestas en el centro de la mesa –Gracias –Bueno, ¿eso no pareció patético?
El juego continuó y los montones de fichas fueron creciendo y disminuyendo según el jugador. Finalmente, sólo quedamos Emmett y yo jugando la última mano. Carlisle se había ido hace una hora al trabajo, pero el resto de la familia se había quedado, mirando las cartas que se mostraban en cada ronda. Edward fue fiel a su palabra y solo me ayudó a elegir qué cartas debía guardar y cuáles descartar, manteniéndome tan concentrada como pude, lo que fue difícil teniendo en cuenta la forma en que estaban organizadas las sillas. Sus manos rozaban casualmente las mías mientras manipulaba las cartas que Alice me había dado. Cada vez, sin falta, las chispas volaban sobre mi fría piel y generaban una leve sensación de calor.
Esme se levantó con su suave sonrisa en su rostro.
–Voy a prepararme para los arreglos del vestido. Díganme lo que sucede, pero voy por Bella –dijo casualmente antes de salir de la habitación.
Emmett me miró y su sonrisa engreída crecía cada vez más. Echó un vistazo a sus cartas de nuevo.
–Apuesto todo –dijo engreído y empujó el resto de su montón de fichas hacia el centro de la mesa y Jasper intervino.
–Emmett, Bella tiene más fichas que tú. Si pierdes esta ronda, todo habrá terminado –estaba segura de que hizo ese comentario obvio en mi beneficio. Se reclinó en su silla, cruzando sus fuertes brazos sobre su pecho, mirando con aire de suficiencia a su hermano.
–Bella, creo que deberías hacerlo pagar por eso –dijo Jasper
Emmett lucía consternado, mientras comenzaba a contar febrilmente el montón de fichas que había empujado al centro de la mesa. Edward hizo lo mismo con el mío, poniendo la misma cantidad de fichas de mi pila en la pila de fichas multicolores que representaban las ganancias de esta ronda.
Todavía tenía algunas fichas extra y estaba a punto de apostarlas también, cuando Emmett carraspeó.
–Bella, te diré algo. Si ganas, se acabó. Sin embargo, para compensarte por las fichas que tienes de más, propongo un tipo de apuesta diferente
Edward gruñó, obviamente porque podía escuchar los pensamientos de Emmett. Lo que debería haberme puesto ansiosa acerca de lo que podría apostar, pero, todo lo contrario, me sentía intrigada. Lo había hecho tan bien toda la noche y lo que Emmett tenía en mente no podía ser tan malo, ¿verdad?
–¿Qué tienes en mente, Emmett? –pregunté casualmente, manteniendo las cartas en mi mano apretadas contra mi pecho.
–Bella –advirtió Edward y por una vez lo ignoré, eligiendo continuar con la diversión.
–Bueno –comenzó Emmett tratando de parecer inocente a pesar de su masivo tamaño –Estaba pensando que, si gano, por supuesto podré presumir y –hizo una pausa para lograr un efecto dramático –te caerás mucho más seguido, estoy pensando en al menos una vez por semana durante uno o dos meses –él rió, poniendo su enorme puño sobre su pecho, como si quisiera controlar la respiración que no necesitaba.
¿Caerme? Eso era bastante fácil.
–Y si yo gano Emmett, puedes mostrarnos algunos de esos movimientos de porrista que aprendiste. Estoy segura de que todos disfrutarán eso –dije, mirando alrededor de la habitación. Todos estallaron en carcajadas.
–Excelente elección Bella –comentó Jasper.
Emmett dejó de reír, solo para mirarme a través de la mesa. Nunca lo había visto tan serio.
–Es un trato –extendió su gran mano hacia mí y extendí la mía para darnos un apretón, sellando nuestro pacto.
Volví a levantar mis cartas y Edward descartó dos, mirando a Alice seriamente. Puso las cartas recién adquiridas en mis manos y me susurró al oído:
–Esta es una buena mano. Adelante
Me volví para mirarlo y él sonrió alentándome. Emmett me miró, sonriendo con aire de suficiencia y por un momento, estaba segura de que me ganaría. Rechazó cualquier otro intercambio de cartas y mi ansiedad creció. Pero caerme para que se entretuviera una vez a la semana durante un mes o dos no era gran cosa, ¿verdad?
–Está bien, Bella. ¿Qué tienes? –él mostró sus cartas revelando un trío y una pareja, antes de cruzar sus brazos musculosos sobre su pecho. Se veía supremamente seguro.
Suspirando, tomé una respiración profunda.
–Bueno, todo lo que tengo es esto –con cuidado, puse los tres ases sobre la mesa. Emmett pegó un pequeño gritito y abrí mis ojos a propósito –espera. ¿Esto ayuda? –Puse un comodín, dándome cuatro cartas del mismo tipo, justo encima de la mano perdedora de Emmett –¿Gané? –pregunté tan inocentemente como pude, intentando en vano sofocar la risa que pronto estalló.
La expresión en su rostro no tenía precio. Rosalie no hizo nada por ocultar su risita y Jasper se cayó de la silla cuando todos se dieron cuenta de que había vencido a su hermano mayor. Incluso Alice dejó escapar un chillido agudo.
–Bella, Emmett es difícil de vencer. Has iniciado una nueva era
Emmett dejó de respirar y solo me miró y luego a las cartas.
–Bueno, estoy maldito. Por supuesto, estabas bromeando sobre la muestra de porrista, ¿verdad? –preguntó con un tono infantil, mirándome para confirmar.
Rosalie le dio un golpe.
–Emmett, ya conoces las reglas sobre las apuestas en esta casa. Si haces una, es mejor que estés dispuesto a cumplirla. Incluso si Bella no quería obligarte a seguir adelante, sabes que el resto de nosotros sí nos aseguraremos de que lo hagas –ella le lanzó una mirada helada y el labio inferior de Emmett comenzó a sobresalir, haciendo su mejor imitación de un niño haciendo pucheros, aunque honestamente, no creo que fuera una imitación.
–Fue genial ver eso Bella –dijo Jasper.
–Gracias. No tenía idea de lo divertido que sería esto
–Buen trabajo Bella –aclamó Edward antes de desordenar mi pelo juguetonamente. Dejé de moverme, incapaz de mirarlo a él o a cualquier otra persona.
Afortunadamente, Esme entró en ese momento a la sala del comedor.
–Entonces, ¿Bella ganó? Eso debe haber sido difícil para ti, Emmett –dijo suavemente, pero una sonrisa estaba tirando de las comisuras de su boca.
–Y Bella le apostó algo grande. Él tiene que… –intervino Alice.
Esme agitó su mano en dirección a Alice.
–Dije que no quería enterarme. Lo que hacen con las apuestas es asunto suyo. Estoy segura de que Bella no le pidió nada extremo a Emmett y estoy segura de que todos ustedes –dijo mirando a cada uno de sus hijos, incluyéndome a mí –ayudarán a Emmett a mantener su palabra
–Oh, lo haremos, Esme. No te preocupes por eso –dijo Edward antes de levantarse de su silla –creo que Esme está lista para ti, Bella –me ofreció su mano, la cual tomé esta vez para evitar repetir un suceso como el de esta tarde.
–¡Espera! Se me acaba de ocurrir la mejor de las ideas –exclamó Alice, el tono de su voz me puso ansiosa.
–¿En qué estás pensando, Alice? –Edward y su hermana intercambiaron una mirada, lo que me puso aún más nerviosa, especialmente cuando la sonrisa de Edward casi rompe sus perfectos pómulos.
–Bueno, ya que Edward no puede leer tu mente, tal vez tú y él puedan jugar una o dos manos de póker. Puede ser divertido para él poder jugar de vez en cuando con alguien que no sea yo, algo más como un desafío para él, por así decirlo –explicó Alice.
No dije nada, no estaba segura de sí podía confiar en mi voz. No dudaba que interpretar a Edward sería estimulante, pero obviamente él era mucho más hábil en el juego que yo y si a eso le agregaba el hecho de que había una posibilidad real de que él apostara algo en lugar de las insignificantes fichas de colores, hacía que mis nervios se multiplicaran. Mi lado irracional ganó y sentí que asentí en dirección a Edward.
Todos se sentaron a la mesa y vi que Edward y Jasper intercambiaban una mirada, luego Jasper tomó las fichas de póker y las jaló hacia sí mismo, en lugar de distribuirlas en cantidades iguales entre Edward y yo. Esta comunicación silenciosa comenzaba a ponerme aún más tensa.
–¿Les gustaría decirme lo que ustedes dos están hablando? –pregunté más bruscamente de lo que me hubiera gustado.
Esme se inclinó hacia adelante.
–Edward, ¿qué estás pensando? Creo que Bella merece una explicación
Edward se giró hacia mí y tomó mis manos, frotando sus pulgares sobre mis nudillos.
–Pensé que podíamos jugar una mano sin fichas, sólo apuestas ¿juegas? –él arqueó una ceja perfecta, esperando mi respuesta. Me di cuenta de que todavía había cosas sobre mí que Edward recordaba, cómo la forma en que reaccionaba ante los desafíos que obviamente estaban en este momento en su mente.
Ya llegados aquí...
–Bien. ¿Qué tienes en mente? –exigí, esperando que mi rostro no delatara mi aprensión.
–Primero las damas Bella. ¿Qué quieres de mí? –él desafió.
¿Qué es lo que quiero de él? Oh, veamos... su amor, una eternidad de besos, no tener que despedirme nunca más de él... Pero él estaba buscando una apuesta real, algo que tuviera sentido. Miré a los miembros de su familia.
–Apreciaría un poco de ayuda. ¿Alguna sugerencia? –pregunté.
–Podrías quitarle su Volvo por una semana –ofreció Alice. Jasper resopló.
–Podrían quitarle su música durante un mes. Eso sería un regalo para todos nosotros –dijo él. Entonces Emmett habló.
–Bella, es como lo que hiciste conmigo. En nuestra familia, una apuesta no es real a menos que te lastime un poco, o por lo menos que sea incómodo para quien pierda
–Recuerda, Bella, tiene que ser al menos un poco doloroso o no es digno de llamarle apuesta en esta casa –dijo Rosalie con un brillo decidido en sus ojos –¿Eso ayuda?
Me recosté en mi asiento con mis pensamientos a toda velocidad mientras trataba de encontrar algo que Edward no necesariamente disfrutara. Finalmente, se me ocurrió una idea que me hizo sonreír.
–Está bien. Esto es lo que realmente quiero –lo que realmente quiero no lo puedo tener, pero lo dejaré pasar. Me enfrenté a Edward y me concentré en mirarlo directamente a los ojos, sin ceder a la tentación de esconderme detrás de mi cabello o de mirar al suelo –si gano, tienes que dejar ir todo el tema de Gerry. No más preguntas, no más enfrentamientos, no más gruñidos, ¿trato?
Los labios de Edward se endurecieron en una línea apretada; él giró su cabeza sobre sus hombros, antes de mirarme.
–Está bien –el tono de su voz me decía que no estaba contento con mi idea hasta que vi una sonrisa borrar la tensión en su frente. Se metió las manos en los bolsillos de sus jeans casualmente, frunciendo los labios antes de que su hermosa sonrisa creciera aún más –pero, si yo gano, tendrás que bailar una canción conmigo en el cóctel el próximo sábado, yo elijo la canción y no puedes negarte
Mi corazón se disparó, cuando el impacto de sus palabras golpeó mi corazón. Pero igual de rápido, mi cerebro racional tomó el control, exigiendo una explicación. Una que tuviera sentido...
–¿Por qué demonios querrías bailar conmigo? –pregunté en voz baja con el corazón esperando una respuesta que sabía que nunca llegaría.
Edward se inclinó hacia delante, hasta que nuestras frentes casi se tocaron.
–Exactamente. ¿Puedo suponer que aún rechazarías a alguien que te sacara a bailar? –asentí y él sonrió –así que, si yo gano, tendrás que bailar una canción conmigo. Como dijo Alice, algunas de las apuestas en esta familia han sido más que dolorosas. Recuerdo una vez cuando aposté con Jasper que... –comenzó.
–No más historias. Bella, no estás obligada a aceptar, a menos que quieras –dijo Esme, que echó un vistazo en dirección a Edward, pero en lugar de la mirada de reproche que esperaba, lo miró seriamente con un poco de tristeza en los ojos. Ella miró de nuevo en mi dirección, con una brillante sonrisa en su rostro que, aunque hermosa, no parecía genuina.
–Está bien. Tenemos un trato –dije bruscamente y con voz de negocios. Pude ver los ojos de todos en la sala sobre mí –Ya que el tiempo apremia, sugiero que Alice corte el mazo y tú y yo tomemos una carta, el que saque la más alta gana, ¿qué te parece?
–Hagámoslo
Edward sonrió, pero se mantuvo de pie. Pensé que debía hacer lo mismo, pero me di cuenta de que mis piernas no soportarían mi peso. Alice barajó las cartas tan rápido que el viento movió el flequillo de su cara, pero aun así él no dejo de verme antes de guiñar descaradamente en mi dirección. Ella puso la pila ordenada de cartas frente a mí.
–Las damas primero
Tomé vacilante la mitad de la baraja, sacando la última carta de esa mitad, volteándola sobre la mesa de tela verde. Devolví el resto de la pila al mazo original antes de mirar la carta que había sacado. Por una vez, tuve suerte, pensé... una jota de diamantes. Sentí que una sonrisa comenzaba a formarse en mis labios, mientras miraba deliberadamente a Edward.
Sin romper nuestra mirada, Edward dio un paso hacia mí y extendió un elegante dedo índice, sacando casualmente la carta superior de la pila en frente de nosotros, guiándola más cerca de él. Sin mirarla, la levantó y la lanzó sobre la mía...
Aunque no quería apartar la vista de sus hermosos ojos, me obligué a mirar. Entonces, jadeé... el as de picas. La sonrisa de Edward se ensanchó tanto como se lo permitió su rostro.
–Bueno, bueno. Parece que alguien tiene que guardar un baile para mi ¿no es así? –su tono era presumido, casi condescendiente. Lo extraño era lo emocionada que me sentía ahora que había perdido. Estaba esperando ese baile más de lo que quería admitir.
–Bueno, todos eventualmente tienen que perder Bella –Emmett sonrió.
–Deberíamos haberte dicho que Edward nunca pierde –dijo Rosalie con una sonrisa tensa.
–Sí. Probablemente deberíamos haberle advertido antes de aceptar esa apuesta, pero es solo un baile, ¿verdad, Bella? –preguntó Jasper, mientras intentaba infructuosamente luchar contra la sonrisa que invadía su rostro.
–Está bien, ya fue suficiente. Es hora de trabajar en el vestido de Bella. Ganaste Edward, ahora déjame arreglar el vestido de Bella para que tenga algo que ponerse el día del baile –dijo Esme poniendo su mano sobre mi hombro.
Me puse de pie, lista para seguir a Esme arriba a su sala de costura. Caminé cuidadosamente alrededor de Edward que no se movió. Si no lo supiera, pensaría que estaba tratando de atraer mi atención. Él me sonrió y asintió mientras salía de la habitación, en dirección a las escaleras.
Alice estaba pisándome los talones, y subimos juntas, tomadas de la mano, nuestros pasos casi silenciosos sobre las tablas de madera oscura, encontrándonos con Rosalie al final de las escaleras.
–Por aquí Bella. Esme solo tiene que arreglar tu vestido. Ella ya arregló el mío y el de Alice hoy –dijo Rosalie.
–Sí y acortó el tuyo hasta un nivel casi indecente –se burló Alice.
–Solo quiero estar cómoda para bailar esa noche. ¿Cuál es el problema?
Caminando entre ellas, sentí una extraña paz, una comodidad. Como si estuviera justo donde se suponía que debía estar, escuchándolas discutir sobre el largo de un vestido. Un vestido que Rosalie usaría para la fiesta universitaria de la que estaba a cargo. El cambio en nuestra relación todavía me sorprendía a veces, recordando cómo solía ser, o, mejor dicho, la relación era inexistente.
Llegamos a una puerta abierta con las luces encendidas en el interior brillante y acogedor. Dentro de la habitación había dos mesas de trabajo, una para poner vestidos sobre ella, la máquina de coser de Esme y varias cosas organizadas en contenedores. En el centro de la habitación había una plataforma elevada frente a un espejo, con un pequeño armario.
Alice dio un paso adelante y agarró una bolsa de ropa, antes de dármela.
–Ve y ponte tu vestido. Te estaremos esperando –ella abrió la puerta del armario contiguo para mí, que estaba muy iluminado y tenía muchos espejos. Era mucho más espacioso de lo que pensé que sería.
Al entrar, colgué la bolsa y comencé a quitarme la ropa de todos los días. Me puse la ropa interior que iba con el vestido y abrí la bolsa. Saqué el vestido y esperen... ¿mis ojos me estaban engañando?
–¡Alice! Este no puede ser mi vestido –la llamé desde el armario, aunque nadie adivinó porqué grité.
–Bella, es tu vestido. ¿Cuál es el problema? –llamó suavemente a la puerta y la dejé entrar. Lo levantó entre sus diminutas manos y lo miró –es precioso... es exactamente lo que pedimos. Póntelo para que Esme pueda comenzar
Respiré profundamente, incapaz de aclarar mi mente.
–Alice, este vestido es azul oscuro. Lo pedimos en negro, ¿recuerdas? –sentí cómo el pánico comenzaba a crecer en mi pecho.
Alice tomó el pedazo de seda entre sus manos y lo miró de cerca.
–Bella, yo lo veo negro, probablemente sea la luz de aquí. Solo póntelo, ya verás que la iluminación en el vestidor de Esme es mucho mejor –ella quitó el vestido del gancho y lo abrió, ofreciéndomelo para que me lo pusiera.
Cerré mis ojos mientras daba un paso al frente, esperando y rezando porque Alice tuviera razón. Tiró del vestido apretado contra mi torso y subió la cremallera, asegurando el pequeño gancho en la parte superior. Bueno, al menos era del tamaño correcto. Sentí a Alice luchando por ponerme los zapatos que habíamos comprado y rápidamente hice mi parte para ayudarla. Mirando hacia abajo, el vestido y los zapatos se veían de un azul oscuro, un hermoso azul medianoche, pero no dejaba de decirme a mí misma que era sólo mi mente la que me estaba jugando un truco.
Alice abrió la puerta y yo salí cuidando mantener mis emociones en calma, que parecían estar a punto de explotar. Subí a la plataforma con cuidado y observé detenidamente al espejo de cuerpo entero. Maldita sea... ¡este vestido es azul! ¿Y ahora qué?
Como si pudiera leer mis pensamientos, Rosalie dio un paso adelante y tomó suavemente parte de la tela entre sus largos dedos.
–Alice, este vestido es azul. Creí que lo habíamos pedido para Bella en negro
–Lo hicimos... yo misma lo ordené en negro en la tienda. Esa vendedora debe haber pedido el color equivocado –Alice dio un paso adelante otra vez, escudriñando el vestido que llevaba puesto, mientras mi cabeza comenzaba a girar mientras veía mi reflejo en el espejo. No me había visto en ese color desde...
–Oh, Bella. El vestido es azul, pero es encantador. Abre los ojos y mira. Es realmente perfecto para ti. Bella –casi grita mientras movía mi brazo –abre los ojos y mírate
¿Mis ojos estaban cerrados? Permanecieron así y no estaba dispuesta a abrirlos. Ya sabía cómo se veía y no necesitaba otro recordatorio.
–Bella –escuché la voz atenta de Esme –es hermoso, pero podemos encontrar otro vestido, algo con lo que te sientas cómoda. Todavía hay tiempo
Abrí los ojos ante el sonido de su voz, pero la primera persona que miré fue a Alice. Parecía terriblemente decepcionada, hasta que me vio mirándola. Ella se obligó a poner su sonrisa en su lugar.
–Esme tiene razón. Tendrá que ser algo improvisado, pero podemos ir mañana. Encontraremos algo que te guste más
Sintiéndome intolerante e infantil, comencé a forzarme a tomar respiraciones profundas.
–Lo siento por ser tan insistente. Es solo que yo no –el volumen de mi voz se redujo al más mínimo susurro –uso ese color –le expliqué. Ya no.
–Deberías usar ese color más seguido. Incluso diez años después, sigues viéndote hermosa con él
Me volví tan rápidamente al sonido de la voz de Edward que comencé a caerme de la plataforma de Esme, mis tacones no me proporcionaron apoyo alguno y extendí mis manos para amortiguar la caída. Curiosamente, nunca llegué al suelo ya que Edward me había tomado con seguridad en sus fuertes brazos. Su cara estaba tan cerca a la mía que mi primer pensamiento no fue la vergüenza ni el vestido, en lo único que pude pensar fue en poner mis manos alrededor de su hermoso rostro y besarlo.
Demasiado pronto, él me puso de vuelta en la plataforma, pero sus manos se quedaron en mi cintura. Continuó mirando el vestido y luego cambió su mirada a mi rostro y en sus ojos no había nada más que reverencia, lo que era... solo mi imaginación que me estaba engañando.
–Sí, creo que deberías quedarte con el vestido. Después de todo, es solo un vestido. ¿Por qué perder un día entero en la ciudad buscando otro? Además, como dijo Alice, el horror de tener que usar algo improvisado no es aceptable –se burló y, sin embargo, había algo más profundo en sus ojos cuando miró a mis ojos por el espejo.
Alice golpeó a su hermano en el brazo y él hizo una mueca, frotando el lugar donde ella lo había golpeado. Nuevamente me miré en el espejo, cuando me di cuenta de que Edward había quitado sus manos de mi cintura. El espejo mostraba a una Esme preocupada parada detrás de nosotros, pero ¿preocupada por qué?
–Entonces, ¿cuál es tu elección Bella? Definitivamente podemos ir a la ciudad mañana y buscar otra cosa –preguntó Rosalie intencionadamente.
Miré alrededor de la habitación y tomé una decisión.
–Tienes razón. Es solo un vestido y me queda y es solo una noche. Adelante, Esme. Empecemos con ese dobladillo
–Perfecto. Ahora Edward, vete. Tenemos trabajo que hacer aquí –dijo Alice, sacando a su hermano de la habitación.
Edward se dirigió a la puerta, girándose para mirarme una vez que llegó allí. Sonrió y asintió, antes de girar grácilmente sobre sus talones y caminar hacia el pasillo, silbando una melodía mientras se iba, una mucho más feliz que la canción deprimente que había estado tocando en el piano antes. Nunca entendería sus cambios de humor.
Yo sólo seguí repitiendo en mi mente... es solo un vestido, es solo un vestido, es solo un vestido... mientras escuchaba a Emmett preparándose para su muestra de porrista abajo.
EPOV
El verla en ese hermoso vestido azul medianoche, hizo que mi corazón se relajara, sintiendo como si Bella y yo estuviéramos cerrando un ciclo. Sabía que de alguna manera Alice lo había planeado, ya que cada vez que ella y yo estábamos cerca, ella recitaba los números de Fibonacci para sí misma, tratando de mantenerme fuera de su cabeza.
Después de diez años y más infelicidad de la que jamás creí posible, mis oraciones habían sido escuchadas. Incluso si nunca volvía a tenerla en mis brazos de esa manera, el próximo sábado por la noche tendría a Bella en mis brazos y me permitiría la oportunidad de soñar, aunque fuera por un momento que nunca la dejaría ir, sin importar cuánto doliera después.
Sabía exactamente la canción que quería bailar con ella... mi única esperanza era que ella pudiera entender exactamente cuánto la amaba y que la quería de regreso en mi vida permanentemente.
Los siguientes siete días podrían ser los más largos de mi existencia mientras esperaba, pero mi silbido ahora coincidía con mi estado de ánimo actual, uno que no había sentido en muchos, muchos años: esperanza.
Ni se imaginan lo que va a pasar en el dichoso baile/coctel .
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