Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.

Capítulo 42: La confrontación

Escapé del tierno abrazo de Edward y el dolor era tan insoportable que estaba a punto de partirme en dos. No me importaba a dónde iba, pero estaba empeñada en escapar, sin éxito traté de aclarar mi mente concentrándome en poner distancia entre los demás y yo. Evité el frente del edificio, donde los taxis esperaban a los invitados ebrios del evento que de repente había salido tan terriblemente mal. Sabía que tan pronto como estuviera fuera de la vista humana, podría correr más rápido sin llamar atención no deseada hacia mí misma. Me dirigí hacia el espeso bosque que rodeaba el campus, con la esperanza de que mi familiaridad con el área me ayudara a escapar más fácil.

Los tacones que Alice había seleccionado cuidadosamente para mí me estaban retrasando. Salté sobre un pie, quitando el zapato derecho y luego el izquierdo. Los recogí en mis manos y forcé mis piernas a moverme más rápido. Los únicos sonidos que escuchaba eran el crujir de las hojas cuando las pisaba y el suave movimiento de la tela de mi vestido. Aumenté aún más mi velocidad tratando de escapar de él.

Aunque realmente no podía sentirlo, la noche era fría, hacía mucho viento y la oscuridad me rodeaba. La única luz en el cielo era una luna gorda, que iluminaba mi camino a través del bosque, aunque mis ojos apenas necesitaban la ayuda. Había pasado por esta parte del bosque antes y sabía qué dirección tomar para volver a casa.

Esperaba escapar de él, encontrar el camino de regreso a mi casa y encerrarme antes de que pudiera encontrarme. No era como si un simple candado lo pudiera mantener fuera si estaba decidido a encontrarme. Recordé cómo solía dejar las ventanas abiertas para él en Forks, cuando de repente escuché el casi imperceptible sonido de sus pies apenas haciendo contacto con la tierra.

Mi mente podía ver cómo el viento rozaba su pelo broncíneo y mis dedos hormiguearon al recordar haberlo tocado hacía apenas unos minutos. Mi mente recordó la primera vez que corrió conmigo en su espalda, incluso con el miedo que sentía, podía sentir su cabello en mi mejilla y era tan suave que me hacía desear estirar la mano y tocarlo.

Los pensamientos corrieron por mi mente espontáneamente a la primera vez que me besó en mi vieja camioneta, algo que deseaba desde el primer día que lo vi en la cafetería de la secundaria de Forks. Mis ojos comenzaron a picar con esas malditas lágrimas que nunca derramaría.

¿Por qué me había besado? ¿Por qué ahora? ¿Por qué esta noche? ¿Por qué había cantado tan silenciosamente en mi oído esas palabras tan tiernas y tan sinceras que me hicieron creer, aunque fuera por un momento, que todavía me amaba? ¿Por qué después de tanto tiempo me haría daño otra vez? ¿Todo esto era solo un juego para él? Estaba tan confundida que mi ritmo comenzó a disminuir, mientras mi atención se centraba en organizar el revoltijo de pensamientos que corrían por mi mente, aunque las revelaciones que comenzaban a formarse eran imposibles de creer.

Sentí que mi tristeza, confusión y el comienzo de rabia comenzaban a desarrollarse y ese escudo invisible, mi "don", como lo llamaba Carlisle, comenzó a fortalecerse. Encontré el interruptor en mi mente y traté de apagarlo, sabiendo que mis emociones estaban fuera de control y estaban tomando el control. Volví a pensar en cuando destruí a Victoria e incluso tan enojada como estaba, no quería lastimarlo. Ya había tenido suficiente dolor, por tantas vidas...

Corrí con más ímpetu, esforzando mis piernas hasta que no dieron más y pude oír cómo se acercaba como si estuviera poseído. Recordé lo rápido que había corrido conmigo para escapar de James esa horrible noche. Por ahora, estábamos en lo profundo del bosque espeso y antiguo que rodeaba el campus.

–Bella, espera. Por favor, detente –me llamó y su hermosa voz suplicaba porque lo escuchara.

Sin mi permiso, mi corazón detuvo mi cuerpo y el movimiento fue tan rápido que casi me tropiezo. Mis ojos se cerraron, sabiendo que lo que venía tenía el potencial de convertirse en algo catastrófico, algo que rompería mi existencia de nuevo. Pero también sabía que era inevitable y que mi carrera solo retrasaría la espantosa conversación que sabía que se acercaba... lo supe desde esa primera fatídica noche en la oficina de registro.

Lo escuché detenerse detrás de mí y pude sentir mi cabello moverse por su frío aliento. Él estaba muy cerca. Pude sentirlo alcanzar mis hombros cuando mis manos se convirtieron en puños, rompiendo los zapatos que tenía en la mano, mientras escuchaba cómo las plantas de cuero se doblaron y luego se rompieron en dos, ahora estaban arruinados y una vez más, luché por poner mis emociones a un nivel manejable. Estaba tan dividida entre el anhelo de estar en sus brazos y la ira que sentía hacia él.

–Bella, por favor mírame. Por favor, no corras. Tenemos que hablar –dijo Edward en voz baja con voz fuerte, pero tenía una clara inclinación a la súplica.

Me volví para mirarlo y él dejó caer sus manos a los costados. Seguía siendo el mismo, se veía tan hermoso como siempre, como cada vez que lo veía. Él nunca había cambiado ni un poco y vestido con su costoso traje, la belleza inhumana se magnificó. Mis manos y brazos dolían por abrazarlo nuevamente, pero mi cerebro racional se aferró a mi ardiente corazón, tratando de protegerse para no ser destruido nuevamente.

Sabía que había tenido suerte al sobrevivir dos veces a tener el corazón roto y sabía que no podría sobrevivir a una tercera vez y era allí donde todo esto se dirigía. Tomó una de mis manos en la suya, pero la quité rápidamente.

–¿Qué fue eso? ¿Qué estás tratando de hacerme? –grité llena de angustia y mi corazón temía a lo que él diría, sabiendo que cualquier respuesta podría doler en este momento.

Él puso tiernamente un mechón de cabello detrás de mi oreja.

–Bella, necesito explicarte algunas cosas. Necesito que me prestes atención, incluso si no sientes lo mismo que yo, necesito asegurarme de que entiendes lo que siento por ti

Sabía a dónde iba todo esto, se arrepentía de todo este asunto de "ser amigos" y ese agujero en mi pecho comenzó a vibrar. Casi sentí como si mi corazón hubiera comenzado a latir de nuevo, para así ser destrozado... de nuevo. No podía creer que hubiera sido tan tonta como para creer que esto funcionaría.

Ahora los perdería a todos.

No podía seguir en la vida de los Cullen si Edward no me quería cerca. Nunca debería haber seguido visitándolos semana tras semana. Volver a mi vida solitaria iba a ser una tortura. Di un paso hacia atrás alejándome de él.

–Sé lo que sientes por mí, Edward. Lo sé desde hace mucho tiempo. Solo esperaba que las cosas fueran diferentes, pero lamento haber asumido tantas cosas, haber esperado demasiado. Lamente haberte hecho sentir incómodo

Él me miró y la paciencia en su expresión se desvaneció, dando paso a una mirada exasperada.

–Bella, estoy empezando a pensar que no tienes ni idea de lo que realmente siento por ti y esta vez no me iré. Necesito que me escuches –dijo firmemente cortando la distancia entre nosotros.

¿Acaso está bromeando? Ahora tengo que quedarme aquí parada, humillada y esperar a que me diga, una vez más, que no me ama.

–Edward, no necesito volver a escuchar eso. Las cosas no han cambiado. Lo sé

Dio otro paso hacia mí y yo respondí dando uno hacia atrás. No tenía idea de adónde iba esto, pero sabía que no podía ser bueno. Sin embargo, fue persistente. Dio un paso hacia mí y tomó mi mano en la suya otra vez.

–Bella, tienes razón. Las cosas no han cambiado, al menos no para mí. Pero necesito asegurarme de que entiendes exactamente de lo que estoy hablando

Todo mi cuerpo se quedó rígido en su lugar mientras mi corazón se preparaba para el impacto, mi brazo libre se envolvió alrededor de mi torso defensivamente. Escucharlo decir eso de nuevo... era más de lo que podía soportar.

–Por favor, Edward... no lo hagas –mi cabeza cayó, mientras mis ojos se cerraban fuertemente.

Sus manos cayeron a los costados.

–Bella, necesito que lo escuches. Necesito verte a la cara cuando lo diga. Necesito exponerlo para ti... para nosotros. Tengo que decir esto antes de volverme loco. Bella, amor, por favor mírame –su voz se había vuelto fuerte y contundente y mis ojos se abrieron cuando finalmente me di cuenta de algo. Él me llamó... ¿amor? ¿Por qué habría hecho eso? Mi corazón comenzó a tener esperanza y todo lo que había planeado desapareció de mi mente, a medida que el impacto de lo él me había dicho salió a la superficie. ¿Lo había escuchado correctamente? Levanté mis ojos lentamente, insegura de lo que vería.

Edward no se había movido de su lugar, pero sus ojos estaban llenos de ternura. Eran del oro profundo y rico que siempre había amado. Me estaba mirando como lo hizo ese día en el prado, pero simplemente eso no era posible. Sus hombros estaban tensos, como si tuviera problemas para mantenerse quieto, mientras sus manos se apretaban y aflojaban, una y otra vez. Luché internamente para resistirme a tomarlas y calmarlas con las mías. Mi corazón y mi cabeza estaban en una batalla sin fin y estaba imposiblemente confundida en este punto.

Mi mente parecía reconocer solo una palabra. ¿Cómo me acaba de decir? ¿Amor? Solía llamarme así en Forks, pero ¿por qué estaba usando ese término de afecto ahora?

–¿Por qué me llamaste así? –pregunté, dándome cuenta de lo difícil que era para mí formar las palabras. Mi voz apenas era más fuerte que un susurro y esa esperanza crecía cada minuto.

Él me miró como si no entendiera mi pregunta. Sus ojos buscaban los míos tratando de entender mi confusión. Su frente usualmente lisa se arrugó, frunció el ceño y habló casi con reverencia.

–No entiendo, Bella. ¿Por qué te llamé cómo?

No pude evitarlo. Puse los ojos en blanco por la frustración, dejando escapar el aliento gigante que había estado conteniendo como un suspiro.

–Me dijiste... –inhalé profundamente otra vez, sin estar segura de poder decir la palabra en voz alta –... amor. ¿Por qué?

Edward dio otro paso hacia mí, pero volví a dar otro hacia atrás levantando mis manos frente a mí para protegerme. Se congeló en su lugar luchando contra la fuerza invisible que involuntariamente se levantaba por mí e intentaba empujarlo hacia atrás.

–Bella, te llamé así porque eso es lo que eres para mí. Yo t…

–¡NO! ¡No te atrevas a decirme esa palabra! No ahora, no después de todo este tiempo –le grité, mientras mi cuerpo temblaba con más emociones de las que podía manejar. Retrocedió unos pasos sorprendido. Mi inquebrantable corazón casi se detiene, cuando me di cuenta de que mi "don" estaba activo y luché desesperadamente por tenerlo bajo control.

Sus dedos comenzaron a pasar por su cabello y sus gruesos rizos se volvieron más desordenados y enredados. El color bronce único, brillando a la luz de la luna magnificaba aún más su belleza. Este era el Edward que recordaba de Forks, cuerpo de diecisiete años con el alma de alguien mucho mayor. Por un momento deseé que fueran mis dedos los que hacían exactamente lo mismo, hasta que negué con la cabeza, decidida a permanecer en el momento, mientras esperaba una explicación. Pude sentir que la furia se apoderaba de la esperanza dentro de mí y de repente retrocedió unos pasos más hasta que se apoyó en un árbol.

–¿Por qué? –era lo único que se me ocurría y lo único que mi boca podía pronunciar, mientras trataba de mantener el pánico y el miedo a un nivel manejable.

Él me miró tan tierna y firmemente, luego dio un paso hacia mí.

–¿Por qué qué, Bella?

–¿Por qué? ¿Por qué me besaste? –lloré suplicando desesperadamente, aunque mi corazón temía que ya sabía la respuesta, imposible de creer.

–¿Por qué? –el tono de su voz era en parte confusión, en parte exasperación –Bella, amor, he querido besarte desde el primer día que te encontramos de nuevo. Me mata haber tenido que esperar tanto –vacilante, se acercó a mí otra vez.

–Edward –le advertí, aunque mi voz sonó más como un gemido que como una advertencia.

La expresión en su rostro ahora era innegable. Parecía un hombre impulsado que intentaba conseguir lo que quería. Inhaló profundamente.

–Bella, te amo. Nunca he dejado de amarte –continuó moviéndose hacia mí, pero lentamente, como si cada paso requiriera un esfuerzo sobrehumano.

Sacudí mi cabeza violentamente mientras procesaba lo que estaba diciendo, pero mi corazón se rehusó a tomar nota. Él nunca me amó. Aprendí por las malas que no era posible para mí retener el amor de ningún hombre, especialmente el de Edward. No... No puedo escucharlo. Él me está mintiendo. Mis emociones estaban fuera de control y lo vi retroceder y volar hacia atrás unos pocos centímetros.

Mi boca siguió rápidamente la orden de mi mente enojada.

–Estás mintiendo ¿Por qué me mentirías, especialmente sobre esto? ¿Por qué intencionalmente tratas de lastimarme otra vez? –podía sentir que empezaba a temblar, pero estaba decidida a calmar mi mente, temiendo lo que pasaría si no lograba controlar mis emociones.

–Bella, no te estoy mintiendo. No ahora y no sobre esto –respondió con absoluta determinación escrita en toda su cara.

Mi furioso corazón solo captó las palabras "no ahora".

–Pero me has mentido antes, ¿es eso lo que me estás diciendo? –desafié con mi voz inusualmente fuerte mientras trataba desesperadamente de dirigir la conversación hacia algo que finalmente tendría algún sentido. A penas podía contener mi furia y noté que se movía hacia atrás otra vez.

–Solo una vez Bella y fue para protegerte

¿Disculpa?

–¿Protegerme? ¿Protegerme de qué? ¡Mírame Edward! ¿Te parece que necesito protección? –mi boca parecía funcionar por sí sola y mi corazón finalmente dejó salir todo el dolor que había tenido por más de una década... el dolor que se había quedado allí para pudrirse y multiplicarse.

Él me miró con una expresión de tristeza que no pude entender y sus ojos eran imposibles de descifrar.

–Protegerte de todo lo que traje a tu vida. Protégete de mí, de mi familia, del peligro que corrías cada segundo que pasabas a mi lado. Te amaba demasiado como para verte herida de nuevo, incluso si me costaba

¿Le costaba? Ignoré la parte de amor por el momento, sin querer siquiera considerar esa posibilidad.

–¿Si te costaba qué? –mi voz estaba llena de incredulidad –¿te costó qué? ¿Tienes alguna idea, algún concepto, alguna pequeña pista de lo que he perdido? ¿Alguna vez piensas en alguien aparte de ti?

Volvió a recargarse sobre el árbol mientras yo permanecía erguida y desafiante con la barbilla levantada y mis ojos brillando con cada gramo de furia que poseía. Sus ojos se llenaron de dolor, una emoción que finalmente reconocí.

–Bella, me fui de Forks por ti. Tal vez no tenga ningún sentido, pero hice todo esto por ti –dijo con los ojos ardiendo tan furiosamente como los míos. Obviamente, estaba desesperado por explicarme su razonamiento.

Negué con la cabeza ya que sus palabras no tenían ningún sentido para mí. ¿Se fue por mí?

–Eso no tiene sentido Edward. Pero, de nuevo, tu nunca tuviste mucho sentido, al menos no para mí. Nada de esto tiene sentido –mi voz continuó bajando en volumen, hasta que salió como casi un susurro.

–Bella, por favor escúchame. Podemos hablar sobre esto y resolverlo juntos –mi cabeza cayó sobre mi pecho cuando lo escuché acercarse a mí otra vez –no puedo perderte ahora. He vivido sin tu calidez, sin tu corazón y sin tu amor por diez años. Tengo que decirte algunas cosas, cosas que no te pude decir esa noche que hablamos –él estaba lo suficientemente cerca como para poner sus manos sobre mis hombros otra vez, mientras que una llegaba a mi mejilla y su pulgar acariciaba suavemente mi piel. Mi corazón ganó por un momento mientras disfrutaba de su toque y me apoyaba en su caricia –podemos ir tan lento como necesites, pero por favor danos otra oportunidad

Mi mente era un revoltijo de pensamientos y razonar coherentemente en este punto era más que imposible.

–Edward, no estoy segura de entender a lo que te refieres. Pensé que sabía lo que me ibas a decir esa noche en mi casa. Incluso acordamos ser amigos. Sé que no es fácil, pero estoy extremadamente agradecida con que estés dispuesto a intentarlo –él me jaló hacia su pecho para abrazarme, pero mi dura resistencia lo hizo soltarme y dio un paso atrás.

Los ojos de Edward se entrecerraron, antes de sacudir lentamente su cabeza.

–Bella, yo no quiero ser tu amigo. Yo...

Lo interrumpí mientras mi pánico crecía y mi corazón comenzaba a reconocer algo débil, una sensación que no podía entender, pero algo completamente familiar. Mi boca continuó trabajando por su propia voluntad.

Lo sabía. Sabía que solo estabas intentando ser amable conmigo por el bien de tu familia. Esme te dijo algo, ¿no es así? ¿O fue Alice? Mira Edward, si no quieres ser mi amigo, no tenemos que fingir. No tiene que ser incómodo para ti. Yo sé que a veces, definitivamente no es fácil para mí –le expliqué y mis palabras salieron todas juntas.

Edward cerró los ojos, respiró profundamente, antes de estirar el brazo y pellizcar el puente de su nariz. Había hecho esto tantas veces en Forks que las imágenes aparecieron sin haber sido invitadas. El agujero en mi pecho se estaba expandiendo, los pensamientos que había encerrado hace años estallaron, como una presa que se rompe durante la temporada de inundaciones. De repente, la espalda de Edward golpeó el árbol de nuevo con un fuerte crujido.

–Bella –su aliento salió rápidamente mientras pronunciaba mi nombre lleno de impaciencia –lo que quiero decir –comenzó con severidad mientras se despegaba del tronco del árbol –es que lo que quiero de ti es mucho más que amistad. Alice puede tener tu amistad, ser tu hermana. Rosalie también. Toda la familia... –su voz se fue apagando a medida que cada paso lo acercaba más a mí. Sus labios se fruncieron antes de continuar –quiero más que eso de ti. Infinitamente más –él estaba tratando de alcanzarme de nuevo, pero retrocedí.

¿De qué diablos está hablando?

–Edward, si no quieres ser mi amigo, ¿qué estás tratando de decir exactamente? –mi corazón comenzó a tener esperanza, pero mi cabeza no estaba dispuesta a escuchar, sabiendo que estaba tratando de protegerme. Era una lucha interna imposible de detener.

Él me agarró por los hombros y dijo en voz alta.

–Bella, te amo. Nunca he dejado de amarte. Voy a seguir diciéndolo hasta que me escuches –sus ojos brillaban intensamente mientras buscaban en los míos una respuesta a su declaración.

La confusión invadía cada parte de mi mente. Si nunca dejó de amarme, ¿por qué se fue? Mi boca formó esas palabras antes de que mi consciente se detuviera a siquiera pensar en ello.

–Si realmente me amas o me amabas, ¿cómo pudiste dejarme? ¿Por qué te fuiste? –quitó sus manos de mis hombros como si lo hubiera quemado.

Edward enlazó sus manos detrás de su espalda y comenzó a pasearse frente a mí, mirando hacia arriba continuamente y su mirada era imposible de interpretar. Sus labios comenzaron a formar lo que estaba en su mente, pero no salió nada. Finalmente, respiró hondo, cerrando los ojos antes de detenerse. Se giró para mirarme, liberando ese aliento, sus ojos ahora se veían como oro fundido, fijos completamente en mí.

–Nunca debería haberte dejado. Debería haber sido honesto contigo en todo, pero pensé que esto era lo mejor para ti. Pensé que lo que estaba haciendo estaba mal, que cada minuto que pasaba contigo te ponía en peligro

–Edward, ya dijiste eso y no estás contestando mi pregunta –le dije con los dientes apretados. La tensión en mi mandíbula no me ayudó para nada con la frustración que estaba comenzando a llenar todo mi ser, lo que hacía que esa pared invisible se fortaleciera. Tomé varias respiraciones, tratando de calmarme, y sabiendo que, si no lo lograba, podría lastimarlo, lo que me lastimaría aún más. Sacudí mis manos en el aire, tratando de eliminar parte de la frustración de mi cuerpo.

–Bella, me fui porque no quería esta vida para ti. Te amaba lo suficiente como para que tuvieras una vida humana normal. Una vida que yo no podía darte. Una que no incluyera el peligro en el que constantemente te estaba poniendo

Nunca antes había sentido tanta exasperación.

–Edward, ¿de qué estás hablando?

–Bella, por favor déjame terminar. Hay tantas cosas que tengo que decirte, antes de perderte para siempre. No puedo pasar por eso otra vez

–Adelante, te escucho –escupí. Mi cabeza racional le estaba diciendo a mi corazón roto que huyera, antes de que fuera demasiado tarde

–Cuando te dejé, lo hice para que tuvieras una vida feliz y humana, una que yo no podía darte. Y lo hiciste, te casaste, tuviste una hermosa niña y todo era como debía ser. No tenía idea de que Victoria te encontraría en Forks. La busqué, te lo aseguro que lo hice

Mi confusión se convirtió en shock.

–¿HICISTE QUÉ? ¿en qué estabas pensando? –ahora estaba gritando. Retrocedió varios centímetros cuando avancé hacia él, pero luego se mantuvo firme.

–Traté de encontrarla, pero era terrible en el rastreo. Pero no me rendiría, tenía que mantenerte a salvo. Cuando volvimos a encontrarte y al darme cuenta que te habías transformado, me sentí devastado al saber que te había fallado

Parte de mi corazón, la parte que todavía estaba desesperadamente enamorada de él, me decía que me debía acercarme a él y decirle que nada de esto era su culpa. Pero la parte rota, la parte que había estado sangrando durante más de una década estaba enojada, no… estaba lívida.

Te fuiste –escupí –tuve a Jacob para protegerme. Estuve bien por siete años. No necesitaba que me cuidaras. ¿Por qué te molestaste después de lo que me dijiste ese día?

Su rostro se endureció y sus labios formaron una línea apretada. Cualquier tipo de ternura había abandonado su expresión.

–¿Se suponía que debía dejarte a merced de vampiros rebeldes e inestables hombres lobo? ¿Y luego qué, Bella? ¡Se supone que no debería importarme que él te dejara para que te masacraran! Él no te cuidó, se enamoró de otra mujer y te dejó para que perdieras todo –él estaba rugiendo y avanzando hacia mí con una mirada obstinada pero decidida.

Lo que era una conversación para descubrir varios hechos se convirtió en una necesidad de defender a Jacob, a mi Jacob.

–¡Cómo te atreves! ¡Ni siquiera lo conoces! Me volvió a levantar después de que te fuiste, después de estar completamente destrozada. Puede que haya pasado por alto los detalles esa primera noche, Edward, pero cuando te fuiste, casi no logro seguir adelante. Quedé destruida cuando te fuiste, me desmoroné por completo

–Jacob fue paciente y amable y estuvo ahí para mí. Nos enamoramos y tuvimos una familia... –hice una pausa, respirando con fuerza, tratando de mantener a raya los sollozos –... por un tiempo. Él no pudo evitar la imprimación, no fue su culpa. Pero tú me dejaste... ¡te fuiste! ¿Y por qué? ¿Porque te aburriste? ¿Porque era demasiado difícil para ti? ¿Porque te cansaste de cuidarme?

–Me fui para mantenerte a salvo ¡Y luego hice todo lo que pude para mantenerte fuera de peligro! –él gritó de vuelta.

Ahora estaba indignada.

–Sé que solo fui una distracción para ti. ¡No volveré a serlo otra vez! –chillé.

Se detuvo en seco, con la cara llena de incredulidad, mientras sacudía tranquilamente la cabeza al mirarme.

–¿De qué estás hablando? –su voz había vuelto al tono aterciopelado y tranquilo.

Di un paso hacia él y mi ira me hizo ver todo rojo sabiendo que no había forma de poder contenerme.

–Recuerdo todo lo que me dijiste ese día en el bosque

Pero los de mi clase... nos distraemos con suma facilidad –le recordé con una sonrisa burlona y con cada paso que yo daba él era empujado con fuerza hacia atrás.

–Bella, nunca quise decir que fueras una distracción. Nunca lo dije en ese sentido. Tenía que ser cruel, para que eventualmente me superaras y tuvieras esa vida que tan desesperadamente quería para ti, aunque me mató hacerlo. Si pudiera devolverte tu antigua vida, lo haría. Esta no era la forma en que debía ser tu vida. Así no se suponía que sería ninguna de nuestras vidas

Estaba a punto de desatar algo que sabía que terminaría esto para siempre, pero no me pude contener. Todas las preguntas, pensamientos y recelos salieron a la superficie y se negaron a calmarse. No había sido sincero conmigo acerca de una cosa y estaba a punto de enfrentarlo... ahora mismo.

–También me prometiste que nunca volvería a verte ni a ti ni a tu familia, ¿lo recuerdas? otra razón más para no creer en promesas. Nadie las cumple. Simplemente no existen. Será como si nunca hubiera existido –casi escupo sus propias palabras en su cara.

–Bella, solo te dije eso para asegurarte que no volveríamos a molestarte, que no volveríamos ni trastornaríamos tu mundo de nuevo. No quería que tuvieras ninguna esperanza de que yo cambiaría de opinión. Fue lo más difícil que tuve que hacer, pero estaba seguro de que, con el tiempo, te olvidarías de mí. Que serías como cualquier otra adolescente humana con la que me había cruzado en todos mis años en esta tierra y seguirías adelante sin mí. ¿Cómo iba a saber que nos encontraríamos contigo de nuevo? Por favor, no me malinterpretes. Nunca estuve tan agradecido con mi familia como esa noche que me arrastraron a la universidad y nos encontramos contigo. Yo...

¿Arrastraron? Desestimé su elección de palabras y continué mi ataque.

–¿Cualquier otra adolescente? ¡Yo te amaba! Estaba dispuesta a renunciar a todo por estar contigo y ¿qué hiciste? Lo tiraste a la basura. ¿Y ahora qué se supone que debo hacer? ¿Simplemente desmayarme porque el gran Edward Cullen decidió que él está listo para darle otra oportunidad a esto? ¿Qué es esto, de todos modos?

Los hombros de Edward se desplomaron y mi corazón, esa gran parte que aún lo amaba sin importar lo que él hubiera hecho, estaba librando una batalla con el resto de mi ser. Tenía dos opciones. La primera, podría simplemente perdonarlo, correr hacia él y aferrarme a lo que quería, incluso sabiendo que todo podría terminar mañana. Y la segunda era la otra parte, la parte más racional que me decía que lo dejara y me fuera, que nada bueno podría salir de estar con Edward Cullen. Incluso después de enamorarme de Jacob, de vez en cuando algo me lo recordaba y me hacía caer en picada, mostrándome que mi pobre corazón en realidad nunca se había recuperado del dolor.

–Bella, yo quiero estar contigo. Quiero recompensarte por los últimos diez años. Quiero amarte y protegerte y nunca, nunca dejarte ir ¿Qué tengo que hacer para que eso suceda? ¿Qué puedo hacer para demostrarte lo mucho que te amo? –se había acercado mucho mientras mi mente había intentado darles sentido a sus palabras. Su voz ahora era baja en mi oído y estaba demasiado cerca. Envolvió sus brazos alrededor de mí y mi corazón dejó que mi cuerpo se fundiera con él momentáneamente. Suspiré mientras trataba de luchar contra el dolor y la esperanza y la desesperación y la alegría de sentirlo junto a mí.

Antes de que mi corazón pudiera traicionarme más, mi cabeza se irguió y lo que salió de mi boca sonó completamente extraño y diferente a todo lo que alguna vez había pensado conscientemente.

–Esto es tu culpa

Se quedó quieto en su lugar, como un bloque de hielo. Él me soltó y me miró.

–¿Qué? –apenas podía escucharlo.

–Si me hubieras dejado en paz, si hubieras mantenido tu distancia –recordé como repetidamente me decía que no sería un buen amigo para mí –si no hubieras sido tan malditamente egoísta, lo cual tú mismo admitiste, nada de esto habría sucedido

–Tal vez James me habría encontrado en Forks –hizo una mueca, pero lo ignoré y continué destruyéndolo –pero al menos no estaría en el lío en el que estoy ahora

–Incluso con Jacob y su imprimación, todavía tendría a mi bebé. Grace y yo estaríamos juntas en este momento. Ella y yo nos estaríamos preparando para Halloween, encontrando un disfraz para ella y planeando lo que ella diría en cada casa que fuera a pedir dulces

Estaba llorando ahora y no pude contener el jadeo que invadió todo mi cuerpo.

–Podríamos hornear galletas y podría llevarla a dormir todas las noches. Podría verla crecer y estar allí todos los días

–Pero en cambio, recibo un correo electrónico diario que me muestra una foto de ella. Una imagen plana y unidimensional de mi Grace, que es lo que yo soy ahora. Plana sin una existencia real, lo que es realmente apropiado teniendo en cuenta lo que soy para ella ahora. Nada. Muchas gracias, Edward Cullen. Tu plan para mí de tener una mi vida feliz y humana funcionó de maravilla, ¿verdad? –el volumen de mi voz era ensordecedor, pero Edward no se movió ni un milímetro.

Respiré profundamente, sintiéndome exhausta después de mi declamación emocional. Mi pesado pecho finalmente sintió un poco de alivió después de tantos años de albergar el dolor y entonces mi corazón se dio cuenta del impacto de lo que había dicho. Edward cayó al suelo sobre sus rodillas con sus palmas sosteniendo su peso, mientras su cabeza colgaba.

Inmediatamente me arrepentí de haberle gritado, pero mi orgullo no me permitió arrepentirme de nada de lo que había dicho. Incluso si me mataba verlo con tanto dolor, había esperado mucho para sacar esto de mi pecho. No tenía el lujo de compartir nada de esto con Jacob o con cualquier otra persona y él necesitaba saber cuánto daño me había causado cuando se fue.

No levantó la vista, sino que habló y su voz habitualmente suave y aterciopelada, sonaba rota y desmadejada cuando formó cada palabra.

–Bella, lo siento mucho. Nunca quise hacerte daño. Pensé que podrías olvidarte de mí, pero sabía que yo nunca te olvidaría. Te amo tanto

Se puso de pie y noté que su expresión cambiaba de tristeza a determinación, pero no estaba segura de qué era lo que había decidido.

–Me devolviste el beso. Debes sentir algo por mí Bella. No me imaginé todo lo que pasó ahí atrás –su voz estaba llena de desafío y me miró directamente como desafiándome a discutir su afirmación. Pero luego sus ojos se suavizaron, como un niño pequeño –tienes que sentir algo por mí. Me devolviste el beso

–No, no lo hice –mentí y mi voz me traicionó cuando comencé a sollozar. Mis manos frotaron mis ojos antes de pasarlas por mi cabello, arruinando el hermoso trabajo que Rosalie y Alice habían hecho.

Los ojos de Edward se suavizaron aún más y su voz siguió su ejemplo.

–Sí, lo hiciste. Lo sentí y fue lo más maravilloso que he experimentado desde que tomé la peor decisión de mi vida, desde que te dejé. Por favor, mírame, Bella

No podía levantar la cabeza y sentí su dedo debajo de mi barbilla, levantando mi rostro para mirarlo.

–Yo. Te. amo. –Edward dijo cada palabra lentamente, su tono y sus ojos les dieron importancia y significado a sus palabras –¿Por qué no me crees?

Negué con la cabeza, mientras mi furiosa batalla interna continuaba.

–Si me amaras tanto como dices, nunca te hubieras ido en primer lugar. O al menos, habrías regresado y me habrías dicho que me amabas. Me lo habrías demostrado, pero no lo hiciste –mi voz era tan suave y silenciosa que no me hubiera sorprendido si no me hubiera escuchado.

Él me miró con la boca temblorosa, como si estuviera buscando las palabras correctas, luego se levantó, mirándome directamente.

–Tienes razón, Bella. Me fui –hizo una pausa y pensé que había terminado de hablar, pero luego agregó: –pero estoy aquí ahora y tengo que preguntarte: ¿a dónde iremos desde aquí? Te amo y en mi corazón siento que nos pertenecemos el uno al otro –él tomó mi rostro con ambas manos y lo acarició suavemente. Mi corazón anhelaba otro beso de él.

Pero sin mi permiso, mi cabeza se adelantó a mi corazón.

–A ninguna parte. Esto no puede funcionar, ni ahora ni nunca. Incluso si pudiera creerte, sé que te irás cuando las cosas sean demasiado difíciles o cuando te des cuenta de que cometiste otro error. No puedo lidiar con eso otra vez. Mi corazón ya no late, pero no puede soportar otra decepción

Edward me miró por lo que pareció una eternidad, observando cada línea de mi rostro con sus ojos llenos de tristeza y finalmente resignación, antes de dejar caer sus manos de mi rostro y asentir con la cabeza una vez.

–Sé que ya no crees en promesas Bella, pero hay una última cosa que debes saber

Me juré internamente a mí misma que no me derrumbaría delante de él otra vez. Mi orgullo no me dejaría, incluso si mi corazón se rompía de nuevo.

–¿Qué es? –pude pronunciar.

Nunca dejaré de amarte. Incluso si vivo para siempre, serás la única mujer que he amado. Eso nunca cambiará. No te presionaré, pero si alguna vez cambias de opinión, si alguna vez descubres que me necesitas por la razón que sea, estaré allí en seguida. Siempre estaré aquí para ti

Y con eso me dio una última mirada anhelante y luego sus ojos de oro fundido se volvieron helados, duros y carentes de cualquier emoción. Tenía la cara tensa y parecía que estaba a punto de dar un paso hacia mí, antes de girarse bruscamente sobre sus talones y alejarse, lentamente. Seguí su forma hasta que desapareció.

Una vez que estuve segura de que él se había ido, caí al suelo del bosque y el barro y los helechos arruinaron mi hermoso vestido. Me senté allí durante lo que parecieron horas, deseando que mi cuerpo simplemente se levantara y me llevara de vuelta a la casa. Cada palabra que yo había pronunciado, cada palabra que él me había dicho a cambio corrieron en mi cabeza hasta que las voces empezaron a gritar. Me froté las sienes, esperando aliviar el dolor, pero realmente sabía que el dolor venía de mi corazón.

Finalmente me levanté y comencé a correr, forzándome a salir del bosque rápidamente y me alivió ver la luz del porche de mi casa, su luz brillante me dio la bienvenida, mientras que me recordaba que sería lo único en mi vida ahora. Había perdido a Edward esta noche y al resto de los Cullen no tardaría mucho en perderlos.

Subí los escalones del porche y rompí la cerradura al darme cuenta de que no tenía mis llaves. Cerré la puerta y entré, las habitaciones oscuras eran una imagen perfecta de mi vida. Esto es lo que tenía que esperar... por siempre. Tendría que adaptarme a la soledad y al dolor de nuevo y no había tiempo como el presente.

Me deslicé hasta el suelo de la sala de mi casa y la suave alfombra fue un alivio de los pisos de madera. Me acurruqué y comencé a mecerme de un lado a otro, dejando que el dolor me llenara por completo. Ahora ya no habría vuelta atrás. Ahora estaba sola y lo estaría para siempre.

No pude evitar que los recuerdos o las voces volvieran a fluir mientras me sentaba en la oscuridad de mi eterna soledad. La imagen de Edward vino primero a mi mente. La voz de Edward y todo lo que él me había dicho resonó en mis pensamientos. ¿Quería que tuviera una vida humana? Claro, yo había tenido esa vida con Jacob y a medida que cada palabra se registraba en mi cerebro, las imágenes inundaron mi mente. De Jacob, de nuestro pequeño hogar en la reserva, de mi Grace. Un sollozo violento sacudió mi cuerpo, mientras continuaba contemplando mi vida durante la última década.

Había perdido a Jacob. Después de su imprimación, lo único lógico era dejarlo ir. Él no estaba completamente conmigo y merecía ser feliz, especialmente después de todo lo que había hecho por mantenerme a salvo, todo lo que había tenido que abandonar cuando se impuso a su leyenda tribal, por llevar el gen de hombre lobo. La herencia genética de Jacob era fuerte; en retrospectiva, él nunca tuvo una oportunidad. En mi mente, su imprimación era su recompensa por todos los sacrificios que había hecho.

Ahora yo ya no tenía un hogar, simplemente tenía una casa donde luchaba a través de los largos días y noches, esperando regresar al trabajo, esperando algún alivio de la soledad. Claro, aquí encontraba algo de silencio y podía ser simplemente Bella. Pero si realmente fuera honesta conmigo misma, Bella ya no existía. Para todos menos para la manada, ella estaba muerta. Victoria se aseguró de eso, tirando mi camioneta desde los acantilados cerca de First Beach. Ella planeó eso muy bien.

Mi corazón se llenó solo de dolor y me sentí muerta.

Y fría.

Y completamente sola.

Y Grace... mi familia... Esa era la peor parte. Sabía que superar a Jacob sería doloroso cuando nos separamos y finalmente nos divorciamos. Pero tenía a Grace para amortiguar el golpe. Tenerla era la máxima bendición en mi vida. Ella era la criatura más perfecta en mi existencia y que hubiera sido arrancada de mi vida, de mis brazos, pero tenerla firmemente plantada en mi corazón sin poder ser parte de su vida de ninguna forma era, a veces, completamente insoportable. Pero tenía que permanecer lejos. Ella no podría tener una vida humana normal, no con una madre como yo.

Lo perdí todo.

Mis ojos estaban llenos hasta el borde con esas lágrimas que nunca caerían y mi frustración creció mientras me preguntaba en vano cómo se sentiría llorar, para liberar todas esas emociones que siempre estaban dentro, generalmente mantenidas bajo control, pero siempre presentes.

No me molesté en controlar mis emociones esta vez. Podía sentir la fuerza de mi escudo alrededor, creando un capullo invisible a mi alrededor. Debe haber cubierto toda la casa por ahora. La hermosa voz de Edward, la voz que me emocionaba y calmaba, la voz que deseaba escuchar, incluso después de que él se fuera, tanto que intencionalmente me puse en peligro, me llamó en mi mente, trayendo imágenes de nuestra pelea

Bella, lo siento mucho...

Wow... todos siempre lo sienten mucho, pensé al ahogarme un poco más lloriqueando, mientras escuchaba el sarcasmo al hablar en voz alta.

–Edward, Jacob, incluso Alice... pero, ¿qué es lo que realmente sienten? ¿Sienten que me duele? ¿Sienten que todos los demás pueden tener la vida que quieren, mientras yo estoy aquí sentada en la miseria?

Me reí entre dientes tristemente, mientras la histeria comenzaba a salir a la superficie.

Mi mente se remontó a ese día, cuando apenas habían pasado unos días después de cumplir dieciocho años, devolviéndome a ese dolor y horrible recuerdo con más claridad de lo que jamás había recordado desde mi transformación. La oscuridad de la noche me trajo la soledad que comenzó a invadir mi corazón cuando me él me dijo algo que sabía que pasaría desde hace más de diez años. Victoria había tenido razón sobre una cosa: alguien tan plana como yo nunca podría tener a alguien como él. Yo no había sido suficiente... no para él. Ni para nadie. Una vez que apareció la autocompasión no la pude frenar y todas las palabras hirientes de aquel entonces volvieron a reabrir mis heridas.

¿Tu... no… me quieres?

No

Y, aun así, no podía olvidar lo que me había dicho hace solo unas horas.

Bella, te amo. Nunca he dejado de amarte. Voy a seguir diciéndolo hasta que me escuches

Lo había escuchado y aunque mi corazón le creía sin dudarlo, mi cabeza se atravesó en el camino, frenética por protegerme.

Negué con la cabeza de un lado a otro, mientras mi cabeza intentaba en vano procesar dos voces muy reales. Ambas pertenecían a Edward y eran una completa contradicción entre sí.

Una me decía que me mintió, que me amaba, que solo hizo lo que tenía que hacer ese terrible día en el bosque para protegerme. La otra me recordó la manera cruel con la que me habló, la expresión de piedra en su rostro y la forma en que corrió para alejarse de mí, dejándome sola en el espeso bosque detrás de la casa de Charlie.

Pude sentir un dolor real, en el fondo de mi pecho. Era ese agujero, el que Jacob ayudó a cerrar pero que nunca había sanado del todo, se había abierto de par en par. Mis manos volaron hacia mi pecho, segura de que descubriría que mi interior estaba expuesto, pero solo sentí el delicado encaje de mi vestido andrajoso.

Nunca me imaginé que algo podría sentirse así de horrible. Tenía muy pocos recuerdos de cuando di a luz a Grace, o de los tres días dolorosos que pasé sola en mi salón de clases en Forks mientras el veneno corría por mi sistema convirtiéndome en una criatura desalmada e inmortal, pero este dolor era inconmensurablemente peor. Este palpitar me consumía y me paralizaba tanto física como emocionalmente.

No fui capaz de distinguir la diferencia entre el pasado y el presente, ya que cada palabra que me dijo ahora y esas cosas horrendas que me dijo hace tantos años resonaron en mi cerebro, una en completa contradicción con la otra. Lo único que se le comparaba era haber perdido a mi bebé, a mi pequeña Grace.

Y así me quede sentada en la noche más oscura de mi existencia... finalmente dejándome consumir en la miseria de la que nadie podría salvarme.

Estaba realmente sola.