Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.
Capítulo 46: Actos casuales románticos
BPOV
–¿Edward?
–¿Hmm? –respondió él con sus labios firmemente unidos a mi línea de la mandíbula y al cuello.
Solté una risita, aún sorprendida por el ligero sonido que salía de mis pulmones.
–El semáforo está en verde, Edward
–¿Y? –preguntó y su voz me decía inequívocamente que a él no le habría podido importar menos.
El sonido de los autos pitando detrás de nosotros no hizo nada para disuadirlo de su misión de cubrir cada centímetro cuadrado de mi rostro y cuello con sus suaves y tiernos besos. Poniendo mi mano en su pecho, gentilmente lo aparté.
Un gruñido bajo y juguetón se le escapó antes de que él pusiera el Volvo en marcha y arrancara, acelerando por la ciudad a su habitual velocidad vertiginosa.
–No hemos terminado con eso, sabes –ofreció sugestivamente y su voz tenor me hizo estremecer de anticipación.
–Por supuesto que no –mis ojos se movieron para mirarlo, mientras él conducía a mi casa. La felicidad y la alegría ahora eran mis compañeras constantes. Bueno, además de Edward.
Después de nuestra verdadera conversación y posterior reconciliación, cada momento de mi día estaba lleno de Edward ya sea en persona o en mis pensamientos. Él me recogía para llevarme al trabajo en la mañana, luego venía a recogerme para el almuerzo y luego nos veíamos después del trabajo. Pasábamos cada momento libre juntos y no recordaba haber sido tan feliz.
Edward se aseguró de nunca estar lejos de mis pensamientos. Me enviaba un correo electrónico al inicio de cada hora, me decía cuánto me extrañaba y me daba una cuenta regresiva de cuántas horas, minutos y segundos quedaban antes de estar otra vez en sus brazos.
Recordé un día en particular en el que me envió un arreglo floral cada veinte minutos, despertando sospechas no solo de la oficina principal, sino de casi todos los miembros del personal del edificio. Mandy estaba más que curiosa al mirar cada jarrón de cristal, rebosante de flores exóticas con sus ojos llenos de aprobación. En poco tiempo, su escritorio también estuvo lleno de flores.
Los arreglos eran exquisitos. Rosas, gardenias, tulipanes, lirios y hortensias llegaron sin parar, cada entrega era más grande que la anterior, hasta que finalmente lo llamé, rogándole que se detuviera por temor a lo que Gerry podría hacer si el desfile de las flores continuaba. Gruñó ruidosamente en mi oído con el razonamiento que le di, pero aceptó mi pedido. Él me recogió al final de ese largo día con otro fragante ramo de flores diferentes en sus manos y me llevó a casa, solo para descubrir que toda la casa, de arriba a abajo, estaba llena de hermosos arreglos de todos los colores.
Al día siguiente, le devolví el favor y le envié a Edward un solo ramo con fresias, para mantenerme en su mente. Se puso más que eufórico con mi regalo simple.
Cada tarde-noche era como una primera cita: mi estómago se llenaba de mariposas, ansiosa por descubrir a dónde nos llevaría la noche. Él y yo pasábamos el tiempo juntos hablando, escuchando música, bailando, debatiendo temas como la literatura y la filosofía, y por supuesto, la mayor parte del tiempo simplemente nos la pasábamos abrazados. Él murmuraba canciones en voz baja en mi oído, o nos dedicamos a mi otro pasatiempo favorito: besarnos.
Los besos de Edward eran indescriptibles. Algunas mañanas simplemente se aparecía, me besaba y el tiempo se detenía cuando nos perdíamos el uno en el otro. Cada beso era mejor que el anterior ya que nos sentíamos más cómodos. No podía contar la cantidad de días que había tenido que llevarme a toda velocidad al trabajo para no llegar tarde.
Y Edward no era el único Cullen en mi vida.
A Edward no le emocionaba compartirme, pero cedió, sabiendo que su familia también quería verme. Tener a los siete Cullen en mi vida era maravilloso. Cada momento que no trabajaba estaba lleno con uno o todos ellos.
Después de que Edward y yo pasamos la primera noche juntos, Alice y yo nos sentamos y le supliqué que me perdonara, sabiendo que mi alegría no estaría completa si ella no estaba a mi lado.
Ella me perdonó rápidamente, diciéndome que nuestra terrible pelea en la escuela la hizo decidirse a actuar y a no quedarse sentada mientras salía de sus vidas. Pasamos mucho tiempo juntas, cuando Edward nos dejaba, hablábamos de nada y de todo. Le dije por primera vez que ella era la hermana que nunca tuve y fui recompensada cuando me dijo que siempre había sido su hermana, incluso cuando estuvimos separadas durante diez largos años.
Descubrí que Alice había sido la que había luchado continuamente con Edward para que volviera por mí, aunque en ese momento, ese ejercicio había causado más dolor para ellos dos. Ella y Edward habían arreglado su relación y eso era algo que me hacía muy feliz. Cuando me enteré de su pelea, estaba desconsolada, pensando que todo esto podría haber terminado de forma muy diferente.
Incluso en Forks, noté la cercanía entre Edward y Alice. Ella me había aceptado, mucho antes que los otros Cullen. Ella apoyó a Edward en su decisión de estar conmigo y sabía que esa no era una decisión común en su familia dadas nuestras diferencias en ese momento.
Ella y yo nos hacíamos más cercanas día a día, su dulce espíritu y entusiasmo ayudaron a despertar la esperanza que siempre había sido parte de mí, pero que había reprimido cuando la depresión y el dolor se habían arraigado firmemente en mí. El alivio ahora era abrumador ya que podía mirar hacia adelante y sabía que no todo estaba perdido. Alice era mi faro de esperanza.
Ella venía a mí casa con frecuencia, o a mi trabajo, dependiendo del día. Se convirtió en mi compradora de ropa personal, presentándome varios conjuntos nuevos, muchos de los cuales eran del tono azul preferido de Edward. Ahora lo usaba más seguido y siempre me cambiaba a algo de ese tono cuando mi día de trabajo terminaba, lo que emocionaba inmensamente a Edward.
Emmett era incorregible. Nunca perdía la oportunidad de burlarse de mí o de desafiarme. Edward y él luchaban y yo me quedaba sentada allí a mirar, feliz de ver a mi Edward finalmente en paz, sabiendo lo difícil que había sido su vida durante la última década.
Mi nuevo hermano mayor amaba burlarse de mí, constantemente me miraba con la esperanza de que me tropezara y me cayera. De vez en cuando, él astutamente intentaba arrojar cosas delante de mis pies con la esperanza de que no las notara y él se pudiera entretener. Su comportamiento tendía a chocar con Edward y luego yo tenía que interceder, tratando de calmar a Edward y ayudarlo a entender que era solo la forma en que Emmett se divertía con su hermana menor, así me había empezado a llamar.
Jasper y yo forjamos una relación completamente nueva. Con su don para manipular las emociones y con la ayuda de Carlisle, probamos la fuerza de mi "don". Jasper podía hacerme levantar un centavo y el escudo era potente.
Era tan poderoso que una vez, cuando Emmett se acercó demasiado, fue lanzado por el patio trasero de los Cullen, golpeándose contra uno de los edificios de almacenamiento de la familia, destruyéndolo a él y su contenido, para mi consternación y total vergüenza. Se levantó, caminó de regreso a donde yo estaba y se inclinó con burlona reverencia, murmurando algo acerca de no volver a molestarme nunca más.
Edward dejó escapar una gran carcajada, me abrazó y me susurró al oído que Emmett finalmente había encontrado algo con lo que no podía luchar con la fuerza bruta.
Edward y Rosalie encontraron toda la experiencia entretenida e hicieron una tabla de puntuación para cuando bloqueara algo de manera efectiva. Emmett frunció el ceño cuando recibí diez puntos contra él.
Con la ayuda de Jasper y Carlisle, mejoré en el control de mi poder. Jasper y yo hacíamos un equipo asombroso, ya que mi poder estaba ligado a mis emociones. Intentamos, en vano, desbloquear mi mente para Edward, pero tras un examen más detallado, ambos estuvimos agradecidos cuando no sucedió.
Edward me dijo que cuando estábamos juntos, él tenía paz. Sin pensamientos intrusos y con sorpresas constantes de mí, que lo entusiasmaban. Él nunca sabría lo que yo pensaba y le encantaba la idea de hablar conmigo, aunque admitió que a veces lo volvía loco el no saber lo que iba a decir.
Me encantaba la idea de que él tuviera que esforzarse para eso.
Esme estaba encantada de tenerme de vuelta en casa, siempre me abrazaba con sus ojos brillando de alegría, viéndolos a los dos juntos. Estaba enormemente agradecida por su intervención, ya que gracias a ella tenía la oportunidad no solo de volver a tener a Edward en mi vida, sino también al resto de la familia. Cuando estábamos solos, Edward me decía lo que ella había estado pensando. Sus pensamientos estaban llenos de agradecimiento porque todos sus hijos finalmente estaban en casa, donde pertenecían.
Pasé un tiempo con Esme a solas ya que acepté su oferta de enseñarme a pintar, disfrutando de la sensación de tener algún tipo de madre. Ella y yo pasábamos nuestro tiempo hablando, mientras yo absorbía la atención de la matriarca de la familia. Ella mencionaba una y otra vez lo feliz que estaba y yo respondí de la misma manera, diciéndole que nunca había estado tan feliz de que una coincidencia nos uniera a todos. Ella rió ligeramente, diciéndome que la coincidencia no tenía nada que ver con esto. Por el contrario, decía que siempre había sido por el destino, que Edward y yo que estábamos juntos. Ella lo decía a menudo con total convicción. Con gratitud, finalmente le creí. Tener una figura materna de la que no tenía que preocuparme era extraordinariamente reconfortante para mí.
Incluso Rosalie y yo profundizamos nuestra relación. A veces nos sentábamos juntas en el garaje. Ella trabajaba en los autos, donde se sentía en su elemento y yo leía. De vez en cuando trataba de ayudarla, tratando de entregarle las herramientas que necesitaba, pero eso solo la hacía reír, su rostro se iluminaba por la diversión ya que siempre le pasaba la herramienta equivocada.
Comenzó a enseñarme todo sobre motores y aunque apenas seguí su entusiasmo, agradecí todo lo que hizo para hacerme sentir bienvenida y a gusto. Ella también había sido una parte importante en la reconciliación entre Edward y yo y negué con la cabeza ante el cambio de acontecimientos, sabiendo lo mucho que le desagradaba en Forks.
La invité a que les leyera a mis alumnos en la escuela, lo cual, para mi sorpresa, ella aceptó con entusiasmo. Cuando llegó ese primer día, los estudiantes se sintieron atraídos al instante por su belleza. Ella les llevó a cada uno de ellos un libro como regalo, y mis pequeños estudiantes estaban extasiados. Rosalie los manejó maravillosamente, cuidando a cada uno, con mucho amor. Podría decir que ella estaba agradecida por la atención que ellos le dieron. Si Rosalie no hubiera encontrado su destino hace tantos años, habría sido una gran madre. La primera visita tuvo tanto éxito que planeamos una cita regular para que ella fuera dos veces por semana a visitarlos.
Emmett a veces se quedaba y miraba a su esposa sin nada más que respeto y adoración en sus ojos. Él estaba extremadamente agradecido ya que finalmente su Rose tenía la oportunidad de darle un buen uso a todas sus habilidades maternas.
Solía pensar que la vida nunca cambiaba y mi forma de pensar hacía justamente eso. Impacientemente esperaba para ver lo que todos y cada uno de los días tenían para ofrecer.
Volvimos a nuestra rutina habitual de los fines de semana, aunque ahora siempre era Edward quien venía a recogerme, generalmente de la escuela. Pero nunca íbamos directamente al hogar de su familia. Algunos días me llevaba de vuelta a mi casa, donde podíamos pasar un tiempo juntos a solas, o íbamos a un parque local, paseábamos juntos, hablábamos y nos tomábamos de la mano.
La vida era muy perfecta.
Como todavía estaba suspendida en la universidad, tenía mis noches libres y Edward y yo le sacamos provecho al máximo. Cuando estábamos juntos, sus manos nunca abandonaban mi piel, su toque me aseguraba que él estaba allí y que nunca más me dejaría. Él nunca se quedaba toda la noche, pero cuando se iba, por lo general en las primeras horas de la mañana sólo para ducharse y cambiarse, mi corazón dolía, aunque su toque suave y besos profundos me tranquilizaban al demostrarme que él volvería. Edward siempre fue el caballero perfecto, diez años de dolor y separación no hicieron nada para cambiar eso.
–¿En qué está pensando tan concentradamente, señora Cullen? –bromeó Edward.
–En lo feliz que estoy, eso es todo –había empezado a llamarme Sra. Cullen de vez en cuando, me dijo que era para que me preparara para la próxima vez que me hiciera esa pregunta tan importante. Solté una risita, lo que hizo que agarrara mi mano más fuerte.
Oí el chirrido de sus frenos cuando llegamos a otro semáforo en rojo. Encendió las luces de parqueo, antes de soltar su cinturón de seguridad en un instante y volar hacia mí. Sus dedos largos y delgados se extendieron para tomar mi mejilla y sus labios estuvieron instantáneamente sobre los míos. Jadeé, sorprendida por lo rápido que se movió, antes de que su fría lengua estuviera en mi boca otra vez, haciéndome olvidar la sorpresa y todo lo demás por un minuto. Estos besos me hacían derretir, el torrente de emociones poderosas me hizo sentir que me desmayaba por su toque. En poco tiempo, los carros comenzaron a pitar de nuevo y gemí, rompiendo a regañadientes el beso.
–Vuelve aquí. Aún no he terminado contigo –se quejó haciendo su mejor imitación de Alice.
Señalé hacia la ventana delantera mostrándole la salida de la autopista directamente frente a nosotros.
–Llévame a casa y cuidaré muy bien de ti, Sr. Cullen
Él sonrió, con la sonrisa torcida que me encantaba perfectamente en su lugar. Ahora Edward sonreía todo el tiempo. Esme me comentó justo ayer que no importaba lo él hiciera, que Edward estaba más feliz que nunca, incluso más feliz que cuando todos vivimos en Forks.
–¿Edward? –pregunté.
–¿Qué amor? –respondió él con su tono ligero y aireado.
–¿Por qué sonríes? –me arriesgué, casi segura de saber cuál sería su respuesta.
Tomó la salida hacia la autopista, haciendo un rápido movimiento para fundirse con el tráfico nocturno.
–Ahora, ¿qué te hace pensar que soy feliz? –bromeó y el tono profundo de su voz me hizo estremecer con la anticipación de que llegáramos a mi casa mucho más rápido.
Puse los ojos en blanco, sabiendo que él solo estaba jugando conmigo. Pero me aventuré.
–Bueno, tienes la sonrisa más hermosa en la cara y tu voz tiene ese tono de satisfacción ¿o me estoy imaginando todo eso? –le di mi mejor sonrisa deslumbrante de vampiresa.
–¿Satisfacción? podrías decirle así –dijo sin quitar sus ojos de la carretera. Él se estaba burlando de mí otra vez; sabía que me volvía loca cuando era vago con sus respuestas, tanto como a él le molestaba cuando "editaba", como él le decía. Lo intenté de nuevo.
–¿Cuál es la razón exacta por la que te sientes satisfecho? –pregunté alegremente.
El Volvo llegó a la salida cerca de la casa, de nuestro hogar, como Edward le decía ahora. Empezó a pasar el auto por las familiares calles, hasta que encontramos el camino de tierra, el callejón sin salida que conducía a mí... quiero decir, a nuestro hogar. Edward pasaba una gran cantidad de tiempo en la casa durante el día y después de arreglar la pared que él y yo dañamos esa primera noche gloriosa de perdón, empezó a "arreglar" todo el lugar, incluyendo un sistema de sonido envolvente con mucho mejor estéreo que hizo palidecer a mi pequeño equipo de sonido en comparación. También mudó un pequeño piano para poder tocar para mí, lo cual hacía casi todas las noches. Pasaba sus días pintando las paredes y colgando más obras de arte de Esme, haciendo que el lugar pareciera más un hogar que cuando viví allí sola.
Sola.
Me estremecía cuando pensaba en esa palabra. Reflexioné sobre todo el tiempo que pasé allí sola en las noches intolerables, oscuras y desoladas, que ahora eran reemplazadas por compañía y dichoso afecto, especialmente de Edward.
Parqueamos en la entrada y Edward estuvo en mi puerta más rápido de lo que podía parpadear. Él me atrajo hacia él con un movimiento rápido, besándome con avidez. Perdí la cuenta de todos los besos que habíamos compartido desde que finalmente descubrimos que ambos aún nos amábamos, desesperadamente. Él era mi alma gemela, y yo era la suya.
Ahora raramente peleábamos. Pensando en nuestras peleas en Forks, discrepábamos sobre el dinero, mi mortalidad, mi seguridad, afortunadamente, eso era parte del pasado. ¿Por qué pelear cuando había tantas otras cosas por las cuales estar agradecidos?
La nieve estaba cayendo en serio, este diciembre estaba peor que cualquier otro registrado, ya que los copos grandes, húmedos y esponjosos se sumaban a los constantes montones que rodeaban la casa. Edward me agarró, tirándome por encima de su hombro y corrió hacia la casa, cerrando la puerta de golpe. Puso mis pies tiernamente en el suelo, antes de inmovilizarme contra la puerta con su boca sobre la mía, insistente e inflexible.
Mis manos encontraron su camino hacia su cabello, sus gemidos reverberaron desde su pecho, los cuales pude sentir a través de mi abrigo y suéter. Así era como empezaban nuestras tardes, antes de intentar ser más caballeroso, aunque nunca se apartaba de mi lado.
Esta vez lamí su labio inferior, esperando tentarlo lo suficiente como para permitirme entrar a su boca. En cambio, se burló de mí, rompiendo el beso con sus ojos clavados en los míos, mientras mis labios trataban en vano recuperar los suyos. Era como jugar al gato y al ratón, mi boca ansiaba desesperadamente la suya, pero él seguía alejándose y su boca se curvó en una sonrisa malvada.
Sabía lo que estaba haciendo. Edward amaba la cacería. Fruncí los labios y lo miré, exasperada.
–¿Me vas a besar o no? Porque si no lo haces, voy a subir a trabajar
Se apoyó en mi escalera y su alto y delgado cuerpo se veía tentador con un par de jeans, una camisa azul claro y un chaleco azul oscuro. Mis manos parecían funcionar por su propia cuenta, desesperadas por tocarlo de nuevo.
–No sé. Te he extrañado todo el día y no pareces nada interesada en pasar tiempo conmigo –bromeó con la voz llena de falso dolor.
Suspiré dramáticamente ya que sabía el papel que debía asumir.
–Bien, tengo cosas que tengo que calificar y paquetes de vacaciones divertidos que preparar para mis estudiantes. Iré a mi oficina y podrás sentarte aquí y descubrir si quieres besarme cuando regrese
Pasé a su lado, agarrando mi bolso de su brazo, dirigiéndome hacia la escalera. Aumenté mi velocidad, sabiendo que él me perseguiría. Desde nuestra reconciliación, me sentía más cómoda usando mis habilidades mejoradas, correr era una de ellas. Casi había llegado a la parte superior de las escaleras, cuando sentí una fuerte brisa a mi lado, lo que hizo que mi cabello se moviera. Miré hacia el final de las escaleras, para ver a Edward parado allí, bloqueando el camino a mi oficina.
–Hola –el suave ronroneo de su voz hizo que mi interior se convirtiera felizmente en papilla y casi me sentí humana de nuevo cuando Edward me deslumbró solo con su sonrisa.
Fingí estar fastidiada con sus travesuras y mordí el interior de mi boca para no reírme.
–Disculpa. Tengo que ir a mi oficina. A diferencia de ti, yo tengo trabajo que hacer
Él no se movió, sus brazos cruzaban su pecho y sus piernas se extendían en el ancho de la escalera, haciendo que me fuera imposible pasar usando métodos convencionales. Así que, en un movimiento rápido, di un paso atrás en las escaleras, antes de lanzarme hacia él, pero en lugar de apuntar a sus brazos abiertos y dispuestos, apunte justo entre sus piernas. Me enderecé rápidamente y corrí hacia la puerta abierta a la izquierda, con la esperanza de llegar allí antes que él.
Él me agarró por la cintura antes de darme dulces besos en mi cuello.
–Te amo, Bella. Demasiado–su voz sonaba tensa y volteé en sus brazos, para ver la expresión de su rostro.
En lugar de ver la sonrisa habitual que se había convertido en su expresión permanente, su rostro parecía preocupado y dolido. Lo besé suavemente una vez, pero luego se aferró a mí como si de eso dependiera su vida, abrazándome tan ferozmente que tuve miedo de soltarlo.
–¿Qué pasa? –le pregunté sintiendo que su estado de ánimo ya no era juguetón.
Él no dejó de agarrarme con fuerza, mientras enterraba su rostro en mi pelo.
–Estoy tan agradecido, Bella. Más agradecido de lo que puedo explicar. No tengo idea de lo que hice para merecer esta segunda oportunidad, pero nunca te dejaré ir otra vez. No sabes lo que daría sólo para quedarme sentado en el estacionamiento de la escuela, para poder verte enseñar por las ventanas, todos los días. Las horas en las que no estás conmigo son pura tortura
A pesar de su sinceridad, no pude evitar reírme. Unos días después de nuestra conversación, volví al trabajo. Y de rodillas, Edward me suplicó que pidiera ese lunes libre, lo cual hice, sabiendo que aún no estaba lista para dejarlo ir, incluso por un corto periodo de tiempo. Pasamos la mañana juntos, antes de regresar a la casa de los Cullen, donde todos nos recibieron a los dos con los brazos abiertos. Lo extraño era lo natural que se sentía todo, casi como si los últimos diez años nunca hubieran sucedido. Finalmente tenía nuevos padres, cuatro nuevos hermanos y hermanas y a mi alma gemela, todos de vuelta en mi vida para siempre.
Para siempre.
Pero cuando volví al trabajo, por casualidad miré por la ventana mientras recuperaba algo de mi escritorio, para ver el omnipresente Volvo, Edward estaba sentado dentro, tan quieto, que tuve que parpadear para asegurarme de que él estaba allí. Rompió su postura inmóvil, para sonreírme, lo que hizo que mi corazón proverbial saltara al verlo. Sin embargo, sabiendo lo extraño que podría parecer, un joven sentado en un automóvil fuera de una escuela primaria durante todo un día, me vi obligada a llamarlo a su celular.
–Hola hermosa
–¿Qué estás haciendo?
Silencio.
–¿Edward?
–Está bien, te estoy esperando. Prefiero sentarme solo en este auto todo el día, a solo unos pasos de ti, con la esperanza de verte cuando pases por las ventanas y luego ir a casa
Ahogué una risa.
–Edward, por mucho que me gustaría que te sentaras y esperaras a que mi día terminara, no puedes quedarte allí todo el día
–¿Por qué no? –el tono de su voz tenía confusión y desilusión.
–Porque estás llamando demasiado la atención, Sr. Cullen. Ahora, ¡vete! Te veré después del trabajo, a las 3:15 en punto
Gruñido.
–¿Ahora qué? –pregunté con mi tono lleno de falsa impaciencia.
–¿Qué pasa si necesitas protección?
–¿Protección? –me reí de la idea –¿Protección de qué?
–¿Qué tal de quién? De Gerry –el sonido de su voz con solo esa palabra era amenazante e hizo que mis ojos se agrandaran –puedo escucharlo, sus pensamientos, mientras él está sentado y escondido en su oficina todo el día
–Él es inofensivo. Vete Edward. Por favor, antes de que la gente se dé cuenta. ¿Por favor? ¿Por mí?
–3:15 –Suspiró profundamente –no me gusta, pero lo haré, por ti
–¿Edward?
–Si amor
–Te amo y para mí también es difícil, más de lo que nunca entenderás
Él se rió ligeramente.
–Yo también te amo, Bella. Y puede que no pueda leer tu mente, pero creo que entiendo completamente cómo te sientes en este momento
Él encendió el auto, saludándome una vez más, antes de salir a toda velocidad.
¿Qué hice para merecer a este increíble hombre?
Recordé ese dulce momento y él todavía estaba en mis brazos, mientras mis manos acariciaban su espalda alentadoramente, antes de que él me mirara. Cuando sus ojos finalmente se encontraron con los míos, me estiré en las puntas de mis pies, para darle un beso en sus labios, antes de volver al suelo.
–Edward, estoy aquí. No voy a ir a ningún lado y tú tampoco. ¿Ahora quieres ayudarme o no?
Su cabeza se inclinó hacia la mía, hasta que su frente tocó la mía.
–¿Ayudarte? ¿Ayudarte con qué? –su voz comenzó a relajarse y sentí que su agarre disminuía un poco, aunque continuó abrazándome.
Le sonreí, esperando que mis ojos estuvieran llenos con todo el amor que siempre le había reflejado.
–¿Me ayudas a calificar cosas?
Él se rió, levantándome por la cintura y besándome.
–Vamos. Entre más rápido empecemos, más rápido te podré tener toda para mí solo
Fue a la oficina, encendió la luz, antes de sentarse en la silla de mi oficina. Palmeó su pierna y su sonrisa se ensanchó.
–Ven aquí
Lo miré, sintiendo que mi frente se arrugaba de confusión.
–Edward, iré rápido por otra silla y luego podremos trabajar juntos
Apartándome de él, di un solo paso hacia la puerta antes de sentir su fuerte mano tomar mi muñeca y tirar de mí firmemente hacia él. Me condujo hacia el asiento y me sentó sobre su regazo. Sus brazos se envolvieron alrededor de mí y me acurruqué contra su pecho, agradecida de nuevo por tenerlo aquí conmigo.
–Edward, ¿cómo vas a ayudarme estando sentados así? –a decir verdad, no me importaba lo que dijera, mi único pensamiento real era lo maravilloso que se sentía estar aquí, acurrucada en sus brazos.
Besó mi sien, antes de que pudiera sentir el sonido de la risa de su pecho.
–Puedo ayudarte sentados así
–¿Cómo?
Sus fuertes manos recorrieron mis antebrazos, mientras yo sentía su aliento fresco en mi cabello. Podía sentir la sonrisa en sus labios con su rostro firmemente en mi cabello. Inhaló profundamente mi aroma.
–Bueno, si te animo lo suficiente, estoy seguro de que terminarás más rápido y entonces podré tener toda tu atención
Me moví en su abrazo, hasta que estuve sentada en su regazo de lado con mi mejilla apoyada firmemente contra su pecho.
–¿Y cómo exactamente me animarás?
–Deja que te enseñe –comenzó a besarme suavemente los labios con un brazo alrededor de mi cintura, mientras el otro se enredaba en mi cabello. Antes de que supiera lo que estaba pasando, Edward comenzó a cambiar mi posición lentamente, hasta que estuve frente a mi escritorio, donde de alguna manera, todo el papeleo que había traído a casa estaba fuera de mi bolso, esperándome.
Puso un bolígrafo rojo en mi mano y antes de poner esa mano en mi cintura para acercarme a él, sacó un rollo de stickers de la nada, con la intención de ponerlos en los trabajos de los niños para estimularlos. Luego tiró de mi cabello hacia un lado, mientras que él delicadamente atacaba mi cuello.
–¿Edward?
–¿Hmm? –ronroneó.
–¿Cómo me está ayudando esto? –sabía que mi voz temblorosa no tenía nada más que confusión distraída y su risa masculina no hizo nada para aliviar la tentadora sensación que me imposibilitaba resolver los desconcertados pensamientos que estaba teniendo.
Apartó sus labios de mí, solo para acercar su boca a mi oído.
–Me imagino que si te beso mientras trabajas, harás las cosas más rápido y luego podré tenerte toda para mí. ¿Cómo suena eso?
Mi mente se aceleró con las posibilidades de una tarde a solas con Edward y rápidamente me puse a trabajar.
Terminé de calificar tan rápido como pude. Navegué en Internet buscando ideas en mis sitios favoritos para profesores para planear actividades divertidas para mis alumnos, Edward continuó acariciándome, besándome y acariciándome con la nariz, susurrándome palabras de amor en el oído. Casi me deshago cuando su lengua entró en contacto con mi lóbulo de la oreja.
Mi Edward era un motivador milagroso. Siguió "animándome", mientras que, con la mano libre, alentaba el trabajo de cada estudiante con un sticker y ponía en un montón los trabajos calificados, sacó papel para la impresora y juntó el paquete para poder llevarlo de vuelta al trabajo e hizo copias para cada estudiante. Él era la definición literal de ser multitarea.
Antes de darme cuenta, ya había terminado. Incliné mi cuerpo para enfrentarlo completamente y reclamé mi recompensa, besándolo, fuerte. Edward respondió con amabilidad con sus manos en mi cabello y su boca era tan urgente como la mía. Sus fuertes brazos estaban envueltos alrededor de mí con mucha fuerza, y por un momento, nuevamente me recordó lo afortunada que era.
–¿Cómo estuvo eso? –bromeó él.
–Creo que me gustaría que me 'animes' cada tarde. Nunca había terminado tan rápido –Recordé todas las tardes en las que me tomaba mi tiempo, examinando minuciosamente cada trabajo, para prolongar el comienzo de las tortuosas noches en las que no tenía nada que hacer. Cuando estaba sola, buscaba cualquier cosa para mantenerme ocupada, sin querer recordar que nadie más era parte de mi vida. Me estremecí involuntariamente ante el recuerdo.
–¿Bella? –su voz estaba llena de preocupación –¿Qué sucede? No me gusta esa expresión en tu rostro. Háblame
Recosté mi cabeza sobre su pecho, respiré su olor para calmarme y recordé que mi aislamiento solitario era cosa del pasado.
–Estaba pensando en cómo solía pasar las tardes, completamente sola. No quiero volver a eso, Edward. No puedo... –metí la cabeza más profundamente en él y él respondió envolviendo sus musculosos brazos de forma segura a mi alrededor.
–Nunca volverás a eso. Es como te lo dije en el estacionamiento de la escuela ese día. Ya no estás sola, y eso nunca va a cambiar. Te lo prometo
Promesas.
Desde que Edward y yo nos reconciliamos, lo cual era la subestimación del año, estaba empezando a creer en las promesas de nuevo. Lo que Edward decía que haría, lo hacía. Traté de no temer que él no regresaría por la mañana, pero a veces mis pensamientos irracionales se apoderaban de mí. Edward hacía todo lo que podía para tranquilizarme. Algunas mañanas debía haberme visto completamente fuera de mí y por la razón que fuese, él cedía, tomando una muda de ropa del auto, duchándose en mi baño para invitados en el piso de arriba.
Sabía que estaba actuando como una niña mimada, pero él me abrazó y me susurró palabras de aliento, asegurándose de decirme una y otra vez que no se iba a ir. Que nuestra relación era permanente y que su amor por mí sería para siempre, que solo estaría lejos de mí por cortos períodos de tiempo y solo cuando fuera absolutamente necesario.
Asentí hacia él, antes de levantarme de su regazo, tomando una respiración profunda para estabilizarme. Con solo unos pocos movimientos rápidos, Edward puso todo nuestro trabajo duro en mi bolso y me guio desde la oficina hasta el primer piso.
Trabajó en la chimenea, mientras yo miraba por la ventana. Con la pequeña luz que iluminaba mi porche, podía ver la nieve caer pesadamente, cubriendo todo como una hermosa y fresca manta blanca. Sentí que recogió mi cabello en sus manos y se inclinó hacia adelante para comenzar a tararear mi nana en mi oído. Me olvidé de todo lo demás.
Él me condujo hacia el sofá, donde nuestra noche comenzó en serio. Él me tarareó, dándome dulces besos, mientras yo me quedé allí sentada, empapada en su atención, devolviéndola en especie.
Estábamos disfrutando de nuestra maravillosa burbuja, cuando sentí el celular de Edward sonar en su bolsillo. Rápidamente se inclinó, presionó un botón y detuvo el molesto zumbido que estaba interrumpiendo nuestro tiempo a solas.
–Ahora, ¿dónde estábamos antes de que esa llamada nos interrumpiera? –preguntó seductoramente.
¿Llamada? ¿Cuál llamada?
Lo besé juguetonamente. Luego, Edward gentilmente nos sacó del sofá hasta que estuve debajo de él frente a la chimenea. Él me miró con anhelo y sus ojos dorados estaban llenos de adoración. Mi cabeza se levantó del suelo, buscando contacto con sus labios y su celular sonó nuevamente.
Sin romper el contacto visual, la mano de Edward buscó en su bolsillo y sacó el pequeño dispositivo plateado. Echó un vistazo al identificador de llamadas, antes de rodar sus ojos, presionar un botón y dejarlo a un lado en el suelo. Nos dio la vuelta así que estaba a horcajadas sobre él con mis manos firmemente asentadas en su pecho. El celular sonó nuevamente.
Esta vez, lo agarré, provocando un gruñido bajo de Edward. Trató de alcanzarlo y lo mantuve fuera de su alcance y comenzamos a luchar en el suelo por el control del mismo.
–Bella, no te atrevas a contestar –su voz sonaba imponente, aunque pude escuchar el rastro de burlas detrás de ella.
Riendo, intenté formar las palabras para responderle.
–Edward, es Alice. Tú sabes que no va a dejar de llamar hasta que contestes
Otro gruñido juguetón vino de Edward, lo que me hizo poner los ojos en blanco. Mi respuesta solo pareció alimentar su fuego y antes de saber lo que estaba sucediendo, me tenía inmovilizada en el piso con sus manos en mi cintura y su boca en la mía. De alguna manera, me había quitado el celular. Me olvidé de cualquier cosa que no fueran los besos urgentes con los que me asaltaba gratamente.
El celular sonó nuevamente.
Levanté la vista justo a tiempo para ver a Edward tomar el celular del suelo y por su expresión y la forma en que sostenía la pequeña pieza de tecnología en su mano, estaba a punto de aplastarlo.
–¡No lo hagas! –grité en risas.
Edward se detuvo de inmediato, mirándome incrédulo, antes de relajar su mano.
–Bella, tienes razón en una cosa. Si no me deshago de este celular, ella seguirá llamando hasta que responda –él se rió entre dientes, mirándome con sus ojos ardientes.
–Entonces ella comenzará a llamar al mío. Solo respóndele y luego tú y yo podremos volver a nuestra... actividad –le guiñé un ojo.
El teléfono sonó de nuevo y con un gruñido gravemente molesto, Edward contestó, casi ladrando a su hermana al otro extremo.
–Alice, ¿qué es tan urgente? –su voz era áspera y más que un poco escueta.
Apenas pude entender lo que Alice estaba diciendo, mientras mis dedos trazaban cada botón de la camisa de Edward. Me perdí casi todo su torrente de palabras, porque mi atención se centraba casi completamente en distraerlo para variar, pero claramente capté las palabras 'nieve' y 'trineo'. Estaba tan concentrada en Edward, que instantáneamente noté el cambio en su comportamiento y la sonrisa sutilmente intrigante que nació en su rostro.
–Le avisaré, Alice. Gracias por llamar y ponernos al día. Buenas noches –colgó y arrojó el celular casualmente sobre su hombro aterrizando en el sofá –Ahora, ¿dónde estábamos? – Murmuró, antes de inclinarse para darme pequeños besos en mi cuello, empujando el escote de mi jersey a un lado, mientras continuaba su ardiente estela de pequeños besos en mi clavícula.
–Edward, qué... –intenté desesperadamente encontrar mi voz mientras me dejaba sin aliento –¿Alice...? –luché por mantener cualquier tipo de razonamiento –qué tenía que decirnos... ¿qué era tan importante? –dejé escapar el resto del aliento que estaba conteniendo, mientras mis manos encontraban el camino hacia su cabello... otra vez. Realmente no me importaba lo que tenía que decir cuando me besaba así, pero sentí que debía ser educada.
Con sus labios todavía sobre mi piel, pude sentir su sonrisa contra mi cuello.
–Ella dijo que con la gran nevada que está cayendo, mañana te darán el día libre y que el resto de la familia quería pasar tiempo contigo. Además, es viernes, así que tendremos un buen comienzo para el fin de semana
–¡Ja! –bufé efectivamente rompiendo el ambiente.
La cabeza de Edward se levantó, su cabello era un desastre y tenía una mirada ligeramente condescendiente en su rostro.
–¿Disculpa? ¿Qué sabes que Alice no? Nunca es una buena idea apostar contra Alice, ya deberías saberlo
Luché para sentarme antes de que él me ayudara, poniéndome en pie.
–Edward, puede que solo haya trabajado aquí durante los últimos dos años, pero puedo decirte algo que aprendí. No puedo comenzar a decirte cuántos de mis colegas se quejan porque no importa que tanta nieve caiga, no han tenido un día libre en más de veinte años y no creo que eso cambie pronto, aunque la idea de pasar el día con todos ustedes suena encantadora –me recosté en el sofá y sugestivamente acaricié el asiento junto a mí para que él se uniera a mí.
Él tomó mi mano.
–No quiero discutir con alguien tan hermoso, pero el tono de Alice me hizo saber sin ninguna duda que ella sabía que esta visión en particular sucedería. Así que creo que deberías prepararte para pasar el día con todos nosotros mañana. Alice estaba pensando que podríamos jugar un poco en trineo antes de volver a la casa para un maratón de películas. Ya le está entrando el espíritu navideño, por lo que deberías prepararte para un espectáculo de películas navideñas
Le di a su mano un apretón tranquilizador.
–Te diré algo. Si por algún milagro, Alice tiene razón –me detuve para besarle la esquina de la boca –haré lo que sea que quieran hacer mañana –dije y luego besé la otra esquina de sus suaves labios –¿Cómo suena eso?
El rostro guapo de Edward se transfiguró en una gran sonrisa.
–Es un trato ¿Lo prometes?
No estoy segura de qué expresión se registró en mi cara, pero antes de que la última sílaba saliera de su boca, me tenía apretada en su abrazo.
–Bella, lo siento. Sé que no crees en las promesas. Nunca quise presionarte. Por favor, perdona...
Lo besé, cortando lo que estaba a punto de decir. Una vez que estuve segura de su silencio, me aparté y miré su cara llena de ansiedad.
–Edward, está bien –sonreí tranquilizadoramente y acaricié su mejilla con el dorso de mi mano –creo que estoy empezando a reconsiderar mi versión de las promesas
Él se reclinó y su expresión y su tono eran de cauteloso optimismo.
–¿En serio? ¿Qué te hizo cambiar de opinión?
–Tú
–¿De Verdad? –me besó suavemente y su pulgar rozó ligeramente mi mejilla, lo que hizo muy difícil que pensara con claridad.
Le devolví el beso y mis dedos desabrocharon más su camisa para que mi piel pudiera hacer contacto con su suave pecho.
–Sí. Ahora te vas a sentar y discutir sobre promesas, ¿o vamos a disfrutar del resto de nuestra velada antes de que tenga que volver al trabajo mañana?
–Lo que digas, Bella, pero estoy apostando por Alice –me ayudó a pararme desde el sofá, antes de encender el estéreo y rápidamente me abrazó y empezó a bailar conmigo, su dulce aliento en mi oído me decía una y otra vez cuánto me amaba.
Antes de que estuviera lista, la velada había terminado y Edward se estaba preparando para correr a casa. También se iba temprano para darme la oportunidad de cazar antes de que comenzara mi jornada laboral. Se había ofrecido a ir conmigo varias veces, pero le expliqué que aún no estaba preparada para que él viera ese lado de mí todavía. Luego, me besaba en la frente y me aseguraba que podía ser paciente.
Lo volví a besar antes de abrir la puerta para descubrir, para mi gran conmoción, la cantidad de nieve que había caído durante la noche. Edward se rió entre dientes, antes de darle un codazo en las costillas, haciéndolo gritar y frotarse el costado.
–Volveré en un par de horas, con el resto de la familia
–Claro que lo harás. Te estaré esperando, lista para el trabajo. Si ellos quieren venir a saludar, está bien –le respondí obstinadamente.
Él me besó rápidamente antes de mirarme.
–Despejaré el camino antes de irme, para aplacar tus creencias de que mi querida hermana podría estar equivocada –negó con la cabeza, mientras me miraba con una cara llena de confianza en sí mismo.
Lo observé mientras hacía un trabajo ridículamente rápido en la acera, volviendo a donde estaba parada en el porche. Su cabello estaba empapado y él lo sacudió en mi dirección, antes de besarme apasionadamente y despedirse.
Despegó en la nieve y las llantas del Volvo luchaban por encontrar tracción. Me despedí y luego corrí al segundo piso de la casa, lista para ir cazar rápidamente y terminar de prepararme para el día. Hice mi rutina rápidamente, lista para que empezara el último día de la semana laboral y más que ansiosa por pasar dos días ininterrumpidos con mi familia.
Menos de dos horas después, escuché los neumáticos de la Hummer crujiendo a través de la nieve, el caucho y la humedad producían ese familiar sonido chirriante al contacto. Negué con la cabeza, pero tomé mis cosas, lista para decirles a Edward y a Alice: 'Te lo dije'.
Escuché el mismo golpe familiar en la puerta y la abrí, para ver a Edward de pie allí. En lugar de su vestuario habitual de ropa informal y discreta, vestía una parka y pantalones de esquí, rematados con botas de trabajo pesado. Me besó rápidamente antes de entrar.
–Simplemente no te rendirás con esto, ¿verdad?
Él tomó el bolso de mi mano y lo puso en el suelo, antes de que él retrocediera, cruzando los brazos sobre su pecho, con una sonrisa petulante en su hermoso rostro.
Mi celular sonó precisamente en ese momento.
Metí la mano en mi bolso para sacar el celular. Miré al identificador de llamadas y no reconocí el número. Lo contesté, antes de decir:
–¿Aló?
–Buenos días, Elizabeth. Soy Amy del trabajo. Supongo que el infierno se congeló oficialmente anoche. Feliz fin de semana, ¡tenemos el día libre! Creo que nos veremos el lunes
Me quedé allí, incapaz de hablar.
–¿Elizabeth? ¿Estás ahí? ¿Escuchaste lo que dije? –me dijo Amy –¿Elizabeth? –su voz comenzaba a sonar molesta.
–Uh... lo siento Amy. Estoy aquí. Solo que estoy en shock. ¿Pensé que nunca nos daban días libres por la nieve?
Edward se acercó a mí y sus brazos se deslizaron alrededor de mi cintura, mientras él comenzó a jugar con mi cabello. Genial, ¿cómo se supone que mantendré una conversación con él haciendo eso?
–Bueno, parece que el superintendente estaba volviendo de la reunión de la junta anoche y su auto se deslizó bruscamente en una zanja. Estaba tan molesto que canceló todas las actividades ayer. Hubiera sido agradable si nos hubieran dicho anoche, así todos habríamos podido dormir un poco más, pero es un día libre, un comienzo adelantado del fin de semana y estoy muy feliz de poder ir a la ciudad más tarde y hacer algunas compras navideñas para mis hijos. Que tengas un buen día y no olvides llamar a tu personal. ¡Nos vemos el lunes! –dijo ella, antes de colgar.
La línea se cortó y sentí los brazos de Edward apretarse a mi alrededor.
–Te lo dije –dijo en voz baja en mi oído. Sus ojos brillaban cuando me lo dijo y no importaba lo molesta que debería haber estado, simplemente no podía estar molesta porque eso significaba que podría estar con él todo el día.
El discurso de maestra sobre cómo la suficiencia y los buenos modales nunca ocupaban un buen lugar, salió de la ventana cuando me besó. En lugar de darle una idea de lo que pensaba, sentí su lengua deslizarse en mi boca y el contacto me debilitó las rodillas. Él sintió que me fallaban las piernas y me agarró más fuerte así que me rendí ante el beso y ambos sabíamos que él había ganado esta ronda. Continuamos por unos minutos hasta que escuché una voz femenina, carraspeando, ansiosa por llamar nuestra atención.
Rompí nuestro beso, avergonzada de que Alice nos hubiera visto tan absortos el uno con el otro. En su rostro no había nada más que obvia felicidad, pero después de un momento ella ensanchó su postura con sus manos firmemente unidas a sus caderas.
–Entonces –comenzó ella con la voz llena de falsa exasperación –no le creíste a Edward anoche, ¿verdad? ¿Cuándo aprenderás?
Emmett, Rosalie y Jasper entraron, todos sonreían y obviamente habían escuchado todo.
–¿Lista para irnos? –preguntó Emmett, riéndose de la situación. Rosalie le dio un puñetazo en el brazo, silenciándolo, pero no pudo quitarle la sonrisa estúpida de su rostro.
Oh, es verdad. Trineo y maratón de películas.
Jasper me entregó una maleta, antes de volver al lado de Alice.
–¿Qué es esto? –pregunté.
Todos sacudieron la cabeza y sus sonrisas se veían como si entendieran una broma privada. Sentí los labios de Edward cerca de mi oreja.
–Amor, te ves hermosa con lo que sea que lleves puesto, pero no puedes subirte al trineo con tus pantalones y tu suéter. Alice te trajo algunas prendas para que puedas jugar
La forma en que Edward dijo la palabra 'jugar' me hizo estremecer de anticipación. Solo podía imaginarme cómo sería un día en la nieve con él.
–Alice –me volví hacia ella –trataré nunca volver dudar de ti. Iré a cambiarme y luego podremos prepararnos para irnos
Subí las escaleras rápidamente, con Alice pisándome los talones. Rápidamente me quité la ropa, mientras ella encontró el camino hacia mi armario.
–¿Qué estás haciendo, Alice? –pregunté mientras sacaba el suéter azul claro sobre mi cabeza.
–Empacando
–Empacando ¿qué? –le pregunté al escuchar prendas de ropa que sacaba de los ganchos y de los estantes por igual.
Ella asomó la cabeza por la puerta de mi armario, antes responderme.
–Bella, sabemos que convenientemente olvidas empacar tu maleta todos los viernes, para que Edward y tú puedan pasar un poco más de tiempo juntos antes de ir a la casa para el fin de semana. Me estoy asegurando de que eso no suceda esta vez
–Oh –me puse los pantalones de esquí azul marino antes de poner los pies en las cómodas botas que estaban al fondo de la maleta. Alice salió del armario, con la maleta de cuero en la mano, rebosante de lo que estaba segura eran solo prendas de vestir que ella había comprado.
Ella dejó la maleta y agarró una moña de mi tocador. Ella me peinó con una cola de caballo baja y luego me hizo girar hacia ella.
–Perfecta. Al igual que en mi visión. Hoy debería ser divertido –afirmó, con una sonrisa malévola en la cara.
–Alice, ¿debería preocuparme? –pregunté.
–¿Con Edward allí? Absolutamente no. Ya deberías saber que no dejará que nada te pase. Vamos. Tenemos un camino largo por delante –ella tiró de mi mano, hasta que la seguí, agarrando la maleta en su camino hacia afuera. Íbamos tan rápido, que apenas tuve tiempo de apagar la luz cuando salía.
Ella voló por las escaleras conmigo cuando volví a perder el equilibrio. Ella llegó a la base de las escaleras, cuando me di cuenta de que mis pies no estaban firmemente en el piso y ya estaba haciendo una lista mental de lo que tendría que hacer para reparar el piso la próxima semana. Antes de que mi rostro tocara el suelo, sentí unas manos fuertes agarrándome y enderezándome. Eran las enormes manos de Emmett que sentí a mi alrededor, poniéndome de nuevo en pie...
–Bella –soltó una risita.
–Gracias, Emmett –dije casi en silencio.
–Alice –Edward casi gruñó moviéndose hacia nosotros. Emmett se apartó rápidamente, aun sonriendo.
Jasper dio un paso frente a su esposa, mirando a Edward de frente.
–Edward –dijo él con autoridad y sus ojos mostraban una intensidad que demostraba que hablaba en serio, que defendería a su compañera. Sentí una fuerte oleada de calma emanando de él, pero nunca relajó su postura.
Puse mis manos entre ellos, antes de que Alice se uniera a mí. Ambos comenzaron a relajarse visiblemente y Alice se rió.
–Estoy emocionada de pasar tiempo con ella, Edward –ella se volvió hacia mí –lo siento, Bella, pero tendrás que usar esas piernas tuyas si quieres seguirnos el ritmo
Nos dirigimos hacia la puerta y subimos a la Hummer, que tenía tres trineos firmemente sujetos a la parrilla del techo. Edward y yo nos subimos a la parte trasera donde él envolvió un brazo alrededor de mi cintura, susurrándome dulces palabras al oído.
Tomé mi celular y marqué el número de Mandy. Sonó dos veces antes de que una voz masculina respondiera.
–¿Aló? –inmediatamente reconocí la voz de Jack, espesa por el sueño.
–Buenos días, Jack –intenté no sonar demasiado alegre –¿Mandy todavía está durmiendo?
–Ella está aquí. Espera –ofreció.
Escuché un delicado bostezo, antes de escuchar la suave cadencia sureña de Mandy.
–¿Elizabeth? ¿Está todo bien? ¿Estás enferma y pedirás el día? –podía oír el movimiento de las sábanas.
–No, estoy bien. Solo quería llamarte y decirte que no tenemos trabajo hoy. ¡El primer día libre por la nieve en un par de décadas! Disfruta tu fin de semana con Jack
Ella chilló, de repente completamente despierta por las noticias.
–¡Yay! Ahora Jack y yo podremos ir a buscar un árbol de Navidad y hacer un almuerzo festivo. ¡Estoy tan emocionada! –contuve mi risa mientras ella continuaba –¿Pasarás el día con Edward? –su voz me decía con mucha claridad que sabía lo que haría con mi día libre.
–Sí, pasaré el día con Edward y su familia. Que tengas un gran día y te veré el lunes. ¡Solo falta una semana!
Mandy me agradeció por llamarla y pude escucharla saltar sobre Jack, deseando que se levantara ahora antes de que la línea se cortara y Edward tomó el celular de mi oreja, dejándolo caer en mi bolso.
–Sabes –me susurró al oído –Mandy tiene razón. Tenemos que empezar a decorar nuestro hogar para Navidad. Estaba pensando en poner un árbol, algunas luces y tal vez un par de docenas de muérdago, en lugares apropiados alrededor de la casa. ¿Cómo suena eso? –su tono era juguetón, pero lleno de propósito.
Navidad. No había pensado en eso aún. Antes de que los Cullen volvieran a mi vida, las vacaciones de Navidad habían sido tortuosas, sin un lugar adonde ir y sin nada que hacer. No quería pensar en eso ahora, cuando las cosas eran tan felices.
–Edward, ¿podemos hablar de eso más tarde? –sabía que mi tono tenía una falsa entonación de alegría. Esperaba que no lo notara para no arruinar el día de diversión.
Puso su mejilla en la parte superior de mi cabeza y respondió.
–Como prefieras
Condujimos a través de las montañas, las cadenas de acero cortaban sin esfuerzo la nieve. Finalmente llegamos y me dijeron hacia dónde nos dirigíamos. El lugar estaba abandonado. Con más de cuatro pies de nieve y enormes lugares resbaladizos, los humanos no se atreverían a venir a esta parte del estado. Pero nosotros no éramos exactamente normales, ¿verdad?
El lugar era hermoso. La nieve colgaba de todas las superficies y había hielo en algunas áreas, goteando de las ramas de los árboles desnudos. La blancura de la nieve era impresionante, haciendo que todo se viera limpio y nuevo. Me recordó mucho a mi nueva vida: cada experiencia que tenía por delante era nueva y emocionante.
–Es precioso aquí
Edward besó mi sien.
–Encontramos este lugar hace años, la última vez que vivimos aquí. Siempre aprovechamos cuando cae la nieve. Vamos
Emmett y Jasper sacaron los trineos de la parte superior de la camioneta, Edward me tomó de la mano y me condujo hacia el camino donde podríamos descender en trineo por la ladera de una colina, como él la llamaba. ¿Colina? Esta colina podría haber sido un camino de diamante negro en un hotel de esquí exclusivo.
Se sentó en el trineo, asegurándose de ponerlo en la parte más plana del paisaje. Miré hacia abajo en la colina a tiempo para ver a Alice y Jasper deslizándose, la pura velocidad me mareaba. La voz de soprano de Alice era estridente con su risa y sus gritos.
Rosalie y Emmett compartieron un dulce beso y una mirada feliz antes de que él los impulsara, el trineo ganaba velocidad cada segundo. Los hermosos mechones rizados de Rosalie volaron detrás de ella y pude ver a Emmett apartándolos con una mano, con la otra mano bien sujeta en su cintura.
–¿Lista? –me preguntó Edward, ofreciéndome su mano.
–Tan lista como puedo estar –tomé su mano, él me ayudó a sentarme y me abrazó por detrás. Me besó en la parte posterior de la cabeza, antes de empujarnos con los pies. Comenzamos a deslizarnos por la colina, él envolvió sus piernas alrededor de mis pantorrillas y la intimidad de su contacto me hizo sentirme repentinamente tímida.
A medida que cogimos velocidad, los árboles y los arbustos cubiertos de nieve pasaban silbando frente a nosotros. Edward tenía las riendas del trineo en sus manos, y yo me incliné hacia atrás, presionándome contra él. Él comenzó a tararear en mi oído mientras seguíamos acelerando. Cerré los ojos, sin querer abrirlos, sabiendo que cada vez íbamos más rápido.
Perdimos el control en algún punto cerca del fondo y sentí el brazo de Edward envolverme protectoramente cuando nos caímos del trineo. Navegamos por el aire, aterrizando en una enorme cama de nieve, a por lo menos unos cuatro metros de donde ahora descansaba el trineo, boca abajo en la nieve.
–Bella
Yo no respondí.
–Bella amor, abre los ojos –me di cuenta de que estábamos en un improvisado iglú de nieve, solo nosotros dos, cuando me besó, haciéndome olvidar todo menos su cercanía y la maravilla de cuán perfecto era el momento. Él interrumpió el beso, extendiendo la mano para tocar mi nariz y labios, antes de que él me besara una vez más.
–Te amo –respiró con adoración.
Pudimos escuchar la risa de sus hermanos, lo que lo hizo gruñir, exasperada con su idea de humor. Edward saltó y me ayudó a ponerme de pie. Mientras intentaba quitarme la nieve de ambas prendas, levanté la vista justo a tiempo para ver cómo una bola de nieve lo golpeaba en el costado de la cara.
Él me jaló detrás de él, antes de que otra bola de nieve volara muy cerca de mí. Pude escuchar la risa de Emmett y el gruñido de Edward, antes de arrojarnos a los dos al suelo.
–Quédate quieta. Te protegeré –aseguró en tono juguetón.
–¿Protegerme? Mira esto –respondí audazmente, sabiendo que tenía algo que aportar a esta batalla.
Activé el interruptor en mi mente y ese escudo, mi don, subió, excepto que las únicas personas conscientes de ello éramos Edward y yo. Él se preparó con una bola de nieve para mantener las apariencias.
Emmett lanzó más bolas de nieve, rápidamente, intentando golpearnos hasta que entraron en contacto con mi barrera protectora.
–¡Oye! ¡Eso no es justo! –discutió cuando se dio cuenta de que sus bolas de nieve NO estaban haciendo contacto con nosotros.
Me burlé.
–¡En la guerra y en el amor, todo se vale! –me reí cuando lanzó otra ronda de bolas de nieve –Si tú puedes usar tu fuerza –cantaba –¡yo puedo usar la mía!
Edward me besó, silenciosamente poniendo una bola de nieve en mi mano.
–¿Puedes desactivarlo rápidamente? –preguntó y sabía exactamente lo que estaba pensando.
Emmett había dejado de arrojar bolas de nieve en nuestra dirección, así que dejé caer el escudo y lancé una bola de nieve hacia él, golpeándolo en su hermoso rostro.
–¡Pagarás por eso! –amenazó.
El asalto continuó. De ida y vuelta, cada uno de nosotros se ocultó detrás del escudo, arrojando bolas de nieve en su mayoría a Emmett. Parecía que la familia tenía años de venganza ahorrados para él.
A Rosalie le gustó especialmente el asalto.
–¿Puedes acercarte más? –preguntó ella con su hermosa sonrisa amplia.
–Por supuesto. Mantente cerca de mí y te diré cuando puedas atacarlo con todo lo que tengas
Ella tomó mi mano, la otra la llenó de cristales congelados y avanzamos hacia Emmett, donde estaba luchando por defenderse de Alice, Jasper y Edward. Nos acercamos lo suficiente y dejé caer el escudo; ella se lanzó sobre su espalda, golpeando el puñado de nieve sobre su cabeza.
En lugar de estar enojado, la agarró por la pierna y tiró de ella hacia delante, besándola con fuerza. Lo escuché susurrar un 'te amo' en su oído.
El día continuó, hasta que todos terminamos completamente empapados y nos dirigimos hacia la Hummer. Los muchachos volvieron a poner el equipo en el techo y nos dirigimos hacia la casa, listos para comenzar el fin de semana.
Esme nos recibió en la puerta. Sacudió la cabeza cuando vio a sus hijos, los empujó hacia las escaleras para que se ducharan y se cambiaran, castigando a los chicos por dejar barro y agua en sus hermosos pisos de madera y alfombras de valor incalculable.
Alice y Rosalie se dirigieron directamente a sus baños y escuché que sus duchas empezaban a funcionar. Jasper y Emmett nos saludaron a Edward y a mí cuando siguieron a sus esposas a sus habitaciones.
–¿Por qué no te das una ducha en mi habitación? –Edward ofreció.
Estaba empapada hasta la piel y aunque no podía sentir frío por la humedad, sabía que sería genial quitarme la ropa y refrescarme.
Agarró mi maleta, tomó mi mano y lentamente caminamos por las escaleras.
–¿Te divertiste hoy? –preguntó.
Asentí, demasiado nerviosa como para decir una palabra. Llegamos a su habitación en breve y las luces ya estaban encendidas. Él dejó mi maleta en su baño privado.
–Hay toallas limpias en el armario y te daré algo de privacidad. Solo di mi nombre si necesitas algo
Me llevó a su baño y las baldosas blancas en un patrón de panal lucían brillantes y limpias. Me besó suavemente, sonriendo, abrió la puerta del armario, sacó varias toallas y las puso en el tocador y luego, con una mirada más de anhelo, me dejó sola.
Inhalé profundamente mientras prendía la ducha. Me quité la ropa mojada y me paré debajo del agua hirviendo, dejando que la temperatura empezara a calentar mi piel fría. Eché un vistazo a las botellas de jabón y champú y pensé que mis ojos me estaban engañando. Entre los costosos contenedores de potenciadores de productos de belleza, encontré una botella de champú con aroma a fresa, exactamente igual al que solía usar en Forks. Lo alcancé, exprimiendo una cantidad mayor a la necesaria en mi palma, masajeando mi cabello y luego enjuagándolo.
Salí, me sequé apresuradamente y me puse un par de jeans limpios, complementado por un hermoso jersey azul oscuro. Envolví mi cabello mojado en una toalla y abrí la puerta de la habitación de Edward.
Casi me caigo cuando lo vi. Estaba frente a su armario, toda la ropa colgaba cuidadosamente en ganchos y otros artículos estaban perfectamente doblados en los estantes adyacentes. Estaba viendo la espalda de Edward, mientras él sacaba un nuevo atuendo para ponerse de los estantes. Estaba sin camisa, con una toalla alrededor de la cintura y su espalda brillaba por la ducha que acababa de tomar, probablemente en la habitación de Esme y Carlisle. Sus fuertes músculos se flexionaban con cada movimiento y sus brazos se veían fuertes mientras buscaba calcetines en un estante y un par de jeans en el otro. Estaba a punto de tirar la toalla, para ponerse la ropa, cuando carraspeé.
–Um... ah... ¿Edward?
Se giró con la sorpresa grabada en toda su cara.
–Bella, no tenía idea de que estuvieras allí –dijo él sin aliento.
Claro que no.
–Volveré al baño y podrás terminar de vestirte. O puedo salir de la habitación y darte algo de privacidad –me dirigí hacia la puerta, pero corrió a mi lado.
–No, no te vayas. Quédate –la mirada en sus ojos detuvo mis pasos.
Me besó suavemente y mis manos involuntariamente encontraron el camino hacia su pecho. Supliqué la entrada a su boca con mi lengua trazando sus labios, la cual me concedió ansiosamente. No podía respirar y me di cuenta de la situación. Edward estaba aquí, usando solo una toalla y yo lo estaba besando.
A regañadientes, me alejé para mirarlo a la cara. Sus ojos todavía estaban cerrados, pero podía ver fácilmente la paz que emanaba de él, sus hombros relajados, su rostro sereno. Abrió los ojos, y lo besé una vez más, ligeramente en la boca y luego intenté dirigirme hacia la puerta.
–Baja cuando estés listo
Se negó a dejarme ir y me detuve, con la cabeza inclinada hacia un lado, preguntándome qué estaba haciendo.
–No me iré, Edward. Voy a estar abajo con los demás, esperándote
Él tomó mi mano y me llevó hacia el sofá, indicándome que me sentara.
–Iré a vestirme y tú puedes sentarte aquí. Por favor. Solo espérame –la mirada de esperanza en sus ojos dorados era tentadora.
Asentí, por lo que agarró su ropa y en un borrón, se precipitó al baño, donde pude oírlo ponerse la ropa apresuradamente. Salió del baño en menos de un minuto y la misma toalla que alguna vez estuvo envuelta a su alrededor, ahora estaba en su mano, secándose el pelo.
Levanté la mano dándome cuenta de que mi cabello todavía estaba en una toalla, y rápidamente me la quité. Un desastre de mechones mojados y oscuros estaba en mis ojos, cuando sentí que el sofá se hundía levemente. Sentí las manos de Edward sobre mis rodillas. Levanté la vista, para verlo sonriéndome.
–¿Puedo?
Él me mostró el cepillo plano que sostenía con sus ojos suplicándome que le permitiera peinar la maraña de olas gruesas que ahora era mi cabello.
–¿Quieres hacerlo?
–No tienes idea cuánto –se puso de pie, se movió detrás de mí y lo sentí tomar un puñado. El cepillo pasó por mi cabello así que me recosté con los ojos cerrados, relajándome con su toque cariñoso. Las cerdas hicieron contacto con mi cuero cabelludo y no pude evitar gemir ante la corriente de satisfacción que fluyó a través de mí.
–¿Se siente bien? –preguntó Edward.
–Se siente increíble. ¿Podrías hacer esto todas las noches? –bromeé.
Terminó y puso el cepillo sobre la mesa detrás del sofá.
–Cuando seas mi esposa, cumpliré esa petición
Me estremecí con la alegría que esas palabras generaron, pero traté de ocultar mi emoción. Fue y encendió la chimenea y yo me recosté y lo estudié. Regresó para recogerme del sofá, su mano buscó la mía. Agarró varias almohadas y las arrojó hacia la alfombra frente al fuego que crecía.
–Edward, todos nos están esperando abajo
–Van a empezar sin nosotros. Bajaremos en un rato. Solo quiero tenerte para mi solito por un tiempo. ¿Está bien?
Mi única respuesta fue un beso... que él respondió con entusiasmo. Me senté y él puso almohadas detrás de mi espalda. Bajó al piso y esta vez me palmeé la pierna. Él me miró confundido, hasta que me levanté para besarlo. Cuando me aparté, suavemente guie su cabeza hacia mi regazo.
Su brazo cubrió mis muslos y fue su turno de suspirar de satisfacción. Pasé mis dedos por su cabello todavía húmedo que comenzaba a secarse por el calor del fuego. Sus suspiros se convirtieron en gemidos profundos, que sonaban casi como los ronroneos de un gato y felizmente serenos.
–¿Se siente bien? –esta vez pregunté yo.
–Increíble. ¿Podemos hacer esto más seguido? –preguntó atrevidamente.
–Cuando te cases conmigo, haré casi cualquier cosa que pidas, Edward
Apenas asintió mientras yo continuaba acariciando su cabello y cuero cabelludo. Nos quedamos sentados en silencio por un rato, el único sonido era el estallido ocasional de algún tronco y nuestra respiración constante.
–¿Ya te han dicho algo de la universidad? –preguntó, casi tímidamente.
–No, pero estoy muy segura de que ya no tengo trabajo allí
Él se puso rígido bajo mi toque.
–Bella, lo siento. Todo esto es culpa mía. Puedo ayudarte a buscar otro empleo
Me reí ligeramente.
–No podré encontrar otro trabajo nocturno como ese, Edward. Al menos no hasta el próximo año. Está bien
–Bueno, he querido preguntarte por qué trabajas tanto –Edward comenzó a dibujar círculos suaves en mi rodilla encima de mis jeans. Su toque era muy reconfortante –¿Lo hacías para mantenerte ocupada, para mantenerte ocupada cuando todavía estabas sola? –él casi susurró.
–Sí, en parte es por eso. Pero hay otra razón
–¿Cuál es? –su tono tenía curiosidad genuina.
–Bueno, mis gastos son casi nulos, Edward. Cada centavo sobrante lo deposito en una cuenta para Grace. Puede que no pueda estar allí para ella, pero puedo asegurar su futuro. Puedo asegurarme de que ella vaya a la universidad que quiera, que viaje y que tenga la vida que yo no tuve
Me dolió pensar en mi hijita, pero traté de dejar de lado ese pensamiento. Ahora tenía a Edward y estaba decidida a conservar algo de felicidad. Continuaría trabajando y ahorrando para lo que sea que pasara en los próximos años. No estaba segura de cómo le presentaría este regalo cuando llegara el momento, pero estaba segura de que Jake estaría de acuerdo.
–Ya veo. ¿Puedo hacerte algunas preguntas más?
De repente, un indicio de ansiedad comenzó a morderme.
–Claro. ¿Qué más quieres saber?
–Bella –comenzó en voz baja –¿cómo hiciste todo esto? He estado cambiando de identidad y mudándome a nuevos lugares por más de cien años, pero también tuve a alguien conmigo, apoyándome, haciendo que el cambio fuera más soportable. ¿Cómo hiciste todo esto por tu cuenta?
Continué pasando mis dedos a través de su espeso cabello y mis dedos pasaron por los risos enredados que ahora estaban secos.
–Bueno, después de encargarme de Victoria, no podía imaginarme vagando por el mundo sin algún tipo de orden en mi vida
–Gracias a Dios, o nunca te hubiéramos encontrado de nuevo –murmuró él, apretando su agarre sobre mí.
–Sí, gracias a Dios por eso. Pero tenía que tratar de ser normal, incluso si ya no era un ser humano. Y necesitaba aumentar la cantidad de dinero que ya tenía para Grace. Antes de que volvieras a mi vida, mi única motivación era proveer su futuro
–¿Dinero? Bella, ¿la manada no te obligó a irte sin poder llevarte nada? ¿Victoria no tomó tu bolso, dejándote sin nada? ¿Cómo hiciste todo esto? ¿Comprar una casa, conseguir un trabajo, un nuevo nombre? No puedo entenderlo
Me mordí el labio inferior, dándome cuenta de que era hora de contarle todo.
–Bueno, después de que Victoria murió, comencé a averiguar. Necesitaba una nueva identidad y pensé que la mejor manera de obtenerla era comprándola
–¿Cómo podrías permitirte algo así? Eso estaría más allá de tus posibilidades, Bella
Me reí y comencé a masajear sus hombros.
–Bueno, ¿recuerdas que te dije que Charlie me dejó todo?
–Por supuesto. Él no habría hecho nada diferente
Pensar en Charlie me hizo sonreír al recordar a mi maravilloso padre.
–Bueno, cuando me senté con la planificadora financiera, descubrió que yo estaba en medio de un divorcio. Ella se había separado de su esposo y él la había dejado sin nada. Ella insistió en que abriera una cuenta en el extranjero, accesible solo por una clave, pensando que protegería mi dinero de Jake, lo cual era absurdo. Jake nunca me lo hubiera quitado. Ella lo planteó todo y yo acepté, solo para aplacarla. Cuando me di cuenta de que necesitaría dinero para comenzar mi nueva vida, estuve agradecida de haber escogido como clave G-R-A-C-E, que es la clave que utilicé para todo lo demás
–Muy sabia –bromeó Edward y yo reí de nuevo.
–Sí. Y cuando encontré a alguien que podía ayudarme a empezar el camino hacia esa nueva vida, pude transferirle los fondos. Me consiguió todo lo que necesitaba. Nuevo número de seguro social, credenciales de enseñanza e identificación con foto. Todo lo que necesitaría para empezar de nuevo
Edward se quedó muy callado, hasta que lo escuché respirar profundamente y extendió su mano para detener la mía.
–Bella, ¿por qué Elizabeth Marsten? ¿Por qué ese nombre?
Apreté su mano con fuerza.
–Ya no podía usar el nombre de Bella. Sería demasiado fácil para la gente encontrarme y no podía aceptar eso. Todavía tenía miedo de la manada. No estaba segura de si iban a mantener su promesa de dejarme viva y necesitaba asegurarme de que Grace tuviera lo que necesitara, lo único que podía darle. Así que este tipo me sugirió que cambiara mi nombre. Cuando me preguntó, Elizabeth salió de mi boca, ni siquiera lo pensé
–¿Es un nombre de familia, Bella? ¿Una abuela? ¿Una tía? –presionó suavemente, pero el tono de su voz me decía que ya sabía cuál sería mi respuesta.
–No. Espero que no te importe, pero usé el nombre de tu madre. Finalmente era inmortal, que era lo que había deseado tantas veces cuando estuvimos juntos hace diez años. Sin nadie y aun deseando que estuvieras conmigo, esta era la única forma en que aún podía sentirme cerca de ti. Iba a agregar a Masen como mi apellido, pero lo reconsideré al último segundo, ya que no te tenía. Cambié algunas letras, pero en mi corazón siempre fue Masen
Tomé una respiración profunda antes de continuar.
–Edward, incluso cuando te fuiste y yo estaba con Jacob, siempre fuiste parte de mí. Incluso después de casarme con Jake, el amor que sentía por ti nunca murió. Lo puse en una caja pequeña y lo escondí en mi corazón. Te amaba demasiado como para dejarte ir. No quiero volver a dejarte ir nunca más
–Bella, no tenía idea. Lamento mucho que hayas tenido que pasado por todo esto sola...
Puse mi mano sobre su boca.
–No más disculpas. Quiero seguir adelante. Ya no quiero seguir excavando en el pasado. ¿Por favor? Es como dijiste: ya no estoy sola, no contigo aquí
Estuvimos en silencio por un tiempo, mientras yo continuaba jugando con su cabello.
–¿Bella?
–¿Qué?
–Lo que dijiste sobre Grace, puedo ocuparme de todo eso. Puedo proveerlas a las dos. Sé que amas lo que haces, pero no tienes que trabajar. Entonces podré tenerte para mí solo, pasar tiempo contigo, amarte, protegerte
No pude evitar sonreír.
–Edward, solo necesito tu amor, no tu protección
Edward se sentó, agarrándome fieramente de los lados de la cara con ambas manos, mirándome directamente a los ojos.
–Bella, no hay un hombre en esta casa que no dé su vida por la mujer que ama y eso me incluye. Parte de estar conmigo es comprender que haría cualquier cosa para mantenerte a salvo, para protegerte, para amarte. Y más que nada, quiero que seas feliz, quiero darte todo. ¿Podrías dejarme hacer eso? ¿Por favor?
El tono de su voz y la urgencia en sus ojos me sobresaltaron.
–Edward, tenemos tiempo de sobra. Tenemos la eternidad por delante. Podremos decidir qué hacer con respecto a Grace, y tú y yo estaremos juntos. Nada va a cambiar eso ahora
Él me besó de nuevo con sus hombros relajados.
–¿Solo prométeme que lo pensarás, por favor?
Sonreí y le di la única respuesta que tenía sentido.
–Lo haré, lo prometo
