Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.

Capítulo 47: Enciéndelas

BPOV

Sacudí mi cabeza y mordí labio inferior, incapaz de formar alguna palabra.

–Bella, háblame. ¿Qué tiene de malo este? –Edward señaló otro hermoso pino de la granja de árboles que esperaba a ser cortado para cumplir su destino de Navidad.

Podía imaginar ese hermoso árbol recién cortado con su fuerte fragancia llenando nuestra pequeña sala de estar. El árbol se vería magnífico cubierto con diminutas luces centelleantes y ornamentos brillantes que cubrirían cada centímetro cuadrado, con algún tipo de decoración hermosa en la punta del árbol. ¿Un ángel tal vez? Luché por mantener la mueca en mi cara.

Edward dejó el hacha en la nieve, apoyando cuidadosamente el mango contra las suaves ramas.

–Bella cariño, ¿qué sucede? Hemos estado aquí por una hora y le has encontrado un problema a cada árbol que hemos visto. No me digas que prefieres un árbol artificial, ¡Alice no puede saber eso! –su voz estaba llena de falsa burla y su sonrisa era amplia lo que hizo que mi estómago se retorciera aún más.

Sabía que estaba bromeando y me esforcé por alegrarme, pero me di cuenta de que eventualmente tendría que decirle lo que realmente me estaba molestando. Sentí sus dedos tocando mi frente, bajando por mi línea de la mandíbula, hasta que él tomó mi barbilla, levantando tiernamente mi rostro para mirarlo.

–¿Qué pasa por tu ingeniosa mente, Bella? Has estado muy callada la mayor parte del día, lo que no es nada común en ti –sus ojos buscaron los míos, desesperados por algún tipo de explicación. Suspiré.

–Realmente no sucede nada. Simplemente no creo que quiera un árbol este año. Tu familia tiene uno enorme. Ni siquiera quiero pensar en cómo Alice llegó a la cima para decorarlo –pensé en el enorme árbol de dos pisos en la entrada del hogar Cullen –Ah y no olvidemos el que está en el salón y los demás que hay en cada habitación

Alice me explicó que todos los años decoraban el árbol dependiendo del período de tiempo de la vida humana de cada Cullen. Dada la reciente reconciliación entre Edward y yo, decidieron omitir a Emmett este año, lo que lo hizo enojar y en su lugar este año le cedieron el turno a Edward para que la Navidad fuera mucho más especial para nosotros dos.

Edward y yo tuvimos una larga conversación sobre las navidades que soportaron los Cullen durante la última década. Con ellos cazando a Victoria, desesperados por mantenerme a salvo, la Navidad no había estado entre sus prioridades hasta hace un par de años. Y cuando Alice intentó reinstaurar las tradiciones familiares durante los últimos dos años, el estado de ánimo de Edward no iba con la idea de celebrar.

Ahora que estaba devuelta en su vida, no para de hablar sobre lo emocionado que estaba con la idea de celebrar la primera de muchas navidades conmigo. Estaba menos que receptiva ante la idea de observar unas fechas especiales que no me agradaban, pero estaba decidida a ser feliz por el bien de Edward. Él había soportado demasiado en los últimos diez años como para no tener algo especial.

–¿Bella? –levanté la vista de mis botas para ver la cara de Edward llena de confusión y preocupación por mí. Suspiré.

–Quiero pasar tiempo contigo, Edward, con toda tu familia. No necesitamos una fecha especial para estar juntos

Él tomó mi mano en la suya, dándome un apretón tranquilizador.

–Bella, quiero que esta Navidad sea un nuevo comienzo para nosotros y eso incluye regresar a nuestro hogar para ver la casa decorada. Me encargaré de todo, no tienes que hacer nada –al ver que no respondí, lo intentó de nuevo –Cariño, ¿qué no me estás diciendo?

Mis ojos se movieron hacia un lado, mientras la inquietud continuaba agitándose en mi estómago. ¿Cómo demonios podría explicarle esto?

–Vamos. Camina conmigo un poco. Solo dime lo que te molesta, Bella. Quiero que esto sea especial para los dos, pero desafortunadamente no puedo leer tu mente –bromeó con una amplia sonrisa.

No pude evitar sonreír ante su intento de hacerme feliz. Me condujo hacia la parte posterior de la granja de árboles, lejos de todas las familias felices que buscaban un árbol perfecto. Encontró una vieja caja de manzanas y la volteó para poder sentarse sobre ella. Él me guio a su regazo y me besó suavemente.

–¿Qué pasa? Espero que sepas que a estas alturas puedes decirme cualquier cosa

Jugueteé con los botones de mi abrigo, sabiendo que tenía que decirle lo que me molestaba, pero como no tenía ni idea de cómo empezar, me quedé allí sentada y lo miré.

–Bella, tengo todo el día –me miró con seriedad, aunque sus ojos brillaban con un calor alentador que hizo que mi coraje se hinchara.

–No sé cómo decirte esto, Edward –busqué frenéticamente una explicación que descifrara con precisión lo que estaba en mi corazón, sin lastimar el suyo.

Jugueteó con la punta de mis dedos y su toque aún se sentía apasionado a través de los guantes de cuero que Alice me había comprado la semana pasada.

–Bella, no puedo hacer nada si no sé lo que te molesta. Solo dímelo y podremos resolverlo juntos –dijo él.

Traté de mirar a cualquier parte excepto a sus ojos, ya que esos hermosos iris topacio sabían cómo quemar mi resolución. Decidí ceder y terminar con esto de una vez.

–Edward, yo no celebro la Navidad

Su ceño se frunció confundido.

–Bella, no entiendo. Tú y yo hemos estado hablando de estas fechas especiales durante las últimas semanas. Pensé que estabas tan emocionada como yo por la navidad, sin mencionar que estarás de vacaciones en el trabajo y pasaremos tiempo con la familia. Alice está fuera de sí, sabiendo que estarás con nosotros durante un par de semanas ininterrumpidas. ¿A qué te refieres exactamente? –él comenzó a sonar genuinamente lastimado –¿Cuál es el problema?

Le acaricié la mejilla con la mano, esperando que mis ojos comunicaran cuánto lo amaba y que nunca le mentiría.

–Edward, no es eso. Quiero pasar tiempo contigo. Es sólo que no he sido muy receptiva a la idea de Navidad los últimos años. La Navidad solía ser muy importante para mí, pero con todo lo que sucedió, simplemente no sé cómo...

Él me miró absolutamente desconcertado, hasta que sus ojos se abrieron llenos de comprensión.

–Oh Bella, no puedo creer que haya sido tan ciego. Tiene mucho sentido. Perdiste...

Ambos nos quedamos sentamos allí, incapaces de terminar nuestras oraciones, ambos tratando de consolar al otro. Desde que perdí todo en mi vida humana, la navidad ya no tenía el mismo significado para mí. Ese año anterior, antes de que encontrara a Victoria finalmente, fue una de las navidades más difíciles que he vivido. Perder a Charlie, divorciarme de Jacob y luego lo peor: tener que perder a Grace, sin siquiera tener la oportunidad de abrazarla o despedirme por última vez.

La navidad definitivamente no estaba en mi lista de prioridades.

Pero a pesar de todo eso, estaba decidida a hacer nuevas tradiciones, a disfrutar del hecho de que nunca más tendría que estar sola. Edward estaba aquí, me amaba y todo era como siempre debería haber sido. No era que no quisiera disfrutar de estas fechas especiales, solo esperaba tener un poco más de tiempo para acostumbrarme en nuestro hogar.

Sabía que podía ir con los Cullen durante mis vacaciones del trabajo, sufrir por las luces, ver muchos árboles bellamente decorados y escuchar la interminable música de navidad que Alice parecía reproducir las veinticuatro horas del día, pero la mejor parte, la parte que me sedujo fue pasar tiempo con Edward y con mi nueva familia. Simplemente no quería tener que ver otro árbol decorado cuando volviera a mi hogar.

–Edward, lo siento. Creo que, con el tiempo, estaré bien con todo esto del árbol y las luces, pero por ahora, ¿podemos disfrutarlo en tu casa? Solo por este año, ¿podemos hacer eso? –pregunté, vacilante.

Él me besó suavemente, y luego su frente descansó en la mía.

–Bella, no hay un límite de tiempo para que tengas que estar lista para celebrar conmigo. No me importa cuánto tiempo tome, o si nunca sucede. En la medida de lo posible, entiendo lo que debes estar sintiendo. Perdiste todo durante estas fechas especiales, todo el año pasado para ti fue una tragedia tras otra. Lamento haberte presionado tanto. Por favor, dime que me perdonas

Sus ojos estaban llenos de dolor buscando perdón, pero había algo más que no pude entender. Aparté el pensamiento, pensando que era mi imaginación hiperactiva y decidí liberarlo de su culpa no esencial. Parecía que estaba a punto de decir algo más, pero a último momento mantuvo su boca firmemente cerrada.

Me incliné hacia adelante y lo besé.

–Estás perdonado. Sin embargo... –me detuve con mi voz cargada de sugestión.

–¿Sí? –su tono juguetón había vuelto... gracias a Dios.

–Estoy algo receptiva con todo este asunto del muérdago. ¿Eso será suficiente por ahora?

Me besó con fuerza con su obvia excitación sobre mis palabras antes de que se pusiera de pie, llevándome con él. Sus manos se quedaron en mi cintura y extendí la mano para envolver mis brazos alrededor de su cuello. Mi suéter se levantó un poco y sus largos dedos hicieron contacto con mi piel desnuda, haciéndome temblar, pero ciertamente no de frío.

Él rompió el beso, mirándome tímidamente.

–Lo siento, amor

–Yo no lo siento –dije esperando que mi voz transmitiera exactamente cuánto disfruté el toque.

Él me devolvió la sonrisa, antes de tomar mi mano para que pudiéramos recuperar y devolver el hacha y luego nos llevó de regreso a casa.

Habían pasado un par de semanas desde ese maravilloso día en su habitación, cuando decidimos dejar de ser tan tercos y volver a estar el uno para el otro. A medida que continuamos reconstruyendo nuestra delicada relación, encontramos formas de fortalecer nuestro vínculo todos los días. Seguimos descubriendo que la fuerza de nuestro vínculo siempre había estado presente y que había crecido incluso mientras estuvimos separados. Nuestra relación física crecía y rápidamente.

Edward estaba atento para no llegar demasiado lejos, aunque algunas noches eran más difíciles que otras. Ahora que los límites de mi seguridad ya no eran necesarios, a Edward y a mí nos resultaba casi imposible quitarnos las manos de encima. Estábamos muy enamorados y actuábamos como recién casados, sin el obvio acto de hacer el amor. Edward era el caballero perfecto y yo sabía que el acto final no pasaría sin matrimonio. Así era como se hacían las cosas en su época y aunque algunas noches parecía que estábamos muy cerca de dejarnos llevar, alguno de los dos siempre retrocedía, sabiendo que cuando él volviera a preguntarme y nos casáramos, la espera valdría la pena.

Nos sentamos en el auto y el único sonido era un CD que recientemente se había convertido en uno de los favoritos de Edward. Tarareó junto con la melodía, antes de tomar mi mano.

–Bella, entiendo completamente todo esto de la navidad, pero tengo que preguntarte algo. Hubo un tiempo en el que no querías que gastara ni un centavo en regalos para ti. ¿Sigue siendo así?

Mis pensamientos volvieron a mi última fiesta de cumpleaños con Edward, cómo peleamos porque no quería que él gastara dinero en mí, ¿y para qué? La noche fue un completo desastre, lo que resultó en que él me dejara. Después de la intervención de Esme, la tortuosa semana que pasé esperando a que él volviera del viaje de negocios de su familia, la pasé reflexionando seriamente sobre cómo cambiarían las cosas si él estaba dispuesto a aceptarme de nuevo.

En Forks, las vastas diferencias que teníamos Edward y yo, incluida la gran cantidad de dinero de su familia y la falta de fondos de la mía, fueron algunas de las cosas que consideraba. Pero ahora, con una segunda oportunidad, eso no importaba.

Sabía que eventualmente me casaría con Edward, y que, con ese cambio de estatus y de nombre y lo más importante, al tenerlo en mi vida para siempre, todo el dinero sería una nueva constante en mi vida. Aunque el dinero realmente no me importara, ya no iba a preocuparme por eso.

Todas las cosas en las que solía concentrarme ya no eran importantes. Las únicas cosas importantes para mí ahora eran las personas en mi vida: Edward y su familia.

–Edward, puedes hacer lo que quieras para mí en Navidad. Yo ya tengo algo muy especial planeado para ti. Solo te pido que no exageres ridículamente. ¿Eso responde tu pregunta?

El manejo rápido de Edward ya nos tenía de vuelta en el camino de tierra de la casa, pisó el freno, deteniendo el auto, lo que nos sacudió a ambos y al vehículo con el cambio de velocidad. Él estuvo encima de mí antes de que yo pudiera parpadear y no pude evitar reírme. Me cubrió la cara de besos, sus profundos y contentos suspiros me dijeron que mi anuncio había sido exactamente lo que él había estado esperando.

–Maravilloso –afirmó antes de volver a poner el automóvil en marcha y atravesar la última curva hacia nuestro hogar –parece que tengo algunas compras que hacer cuando estés en el trabajo esta última semana –trató de ocultar la sonrisa de satisfacción extraordinaria en su rostro y yo rodé los ojos.

–Solo recuerda lo que dije, Edward. Realmente no necesito nada –lo miré y su mano hizo contacto con mi mejilla, su pulgar acarició suavemente mi piel. Me apoyé en su toque, deseando más.

–Los regalos no se basan en lo que necesitas, Bella. Y tengo algunas cosas muy especiales en mente. Por favor, solo confía en mí –su sonrisa era reservada y tenía sus ojos ligeramente cerrados para ocultarme el significado de ellos.

–Confío en ti –pude escuchar la vacilación en mi voz y recé para que él no lo notara. Desde que nos declaramos nuestro amor mutuo, quería creer desesperadamente que confiaba en él, pero los viejos hábitos son difíciles de olvidar.

–Te lo demostraré, incluso si me toma el resto de la eternidad, que puedes confiar en mí, Bella

Suspiré.

–Lo siento, Edward. Sí confío en ti. Es solo que a veces mi mente y mi corazón no están en la misma página

–¡No te atrevas a disculparte! Después de todo lo que te hice pasar, es natural. Lo siento t…

–¡Edward! –mi tono era severo, mucho más severo de lo que pretendía.

Nos detuvimos en la entrada y él se frotó la cara con la mano. Aparté su mano y puse suaves besos en sus dedos.

–Edward –dije en voz más baja esta vez –por favor deja de disculparte. Tenemos que seguir adelante Edward o nunca llegaremos a ningún lado

Él asintió, antes de salir elegantemente del auto, acercarse a mi puerta y ayudarme a salir. Su sonrisa regresó cuando tomó mi mano.

–Hablando de compras –él comenzó –¿cómo va tu pequeño proyecto?

Fruncí mis labios, entendiendo lo que estaba preguntando. Esa noche, después de nuestro maravilloso día de nieve junto con el resto de los niños Cullen, Edward y yo finalmente nos unimos a su familia para el maratón de películas de Alice. Recordaba perfectamente esa noche…

Ahora, en lugar de estar sentada en el sofá, deseando estar en su regazo, disfrutando de su aroma y tacto, estaba tendida sobre él y sus brazos me rodeaban con fuerza. Me susurraba cosas dulces al oído, acariciaba mis hombros y me daba tiernos besos en el cuello.

Estábamos viendo la segunda película del maratón: "It's A Wonderful Life" de Jimmy Stewart. Cuando George Bailey le dice a su Mary que él 'lazará la luna' para ella mientras caminan por el vecindario después del baile, Jasper soltó una gran risa. Lo escuché susurrar algo al oído de Alice acerca de darle la luna y ella respondió suspirando con satisfacción. Él refunfuñó por no poder sorprenderla nunca por su don de predecir el futuro.

Oh Jasper, me encanta todo lo que me das. Entonces, ¿cuál es el problema de verlo antes de quitarle el papel de regalo? Todavía es especial porque tú lo elegiste

La cara de Jasper era de frustración, hasta que se transformó en la de un hombre que parecía haber encontrado la respuesta a sus plegarias; su sonrisa se volvió brillante y astuta.

¡Tengo la mejor idea del mundo!

Se puso de pie y vino directamente hacia mí, agachándose frente a donde Edward y yo estábamos sentados juntos en la gruesa y lujosa alfombra en el medio de la sala de estar. Su expresión era malvada e inocente y tan decidida que hizo que mi estómago se llenara de mariposas. Edward apretó su agarre en mi cintura como si estuviera listo para ponerme detrás de él en caso de que su hermano decidiera saltar.

Alice se puso de pie.

¡No! ¡Eso no va a suceder!

Ahora estaba nerviosa. Podía asegurar por su entonación que acababa de tener una visión, que se confirmó cuando Edward comenzó a reírse con ganas en mi oído.

Jasper, eres un genio –su agarre se aflojó y besó mi mejilla, relajándome instantáneamente –dile a Bella lo que estás pensando

Sí, por favor dime lo que estás pensando, pensé. Me quedé sentada allí, tratando de mantener la calma, cuando Jasper tomó mi mano.

Bella, antes de decirte que lo hacías, bloqueabas las visiones de Alice sobre ti. ¿Recuerdas?

¿Recordar? Por supuesto que lo recordaba. Ahora que había practicado mis habilidades con la ayuda de todos los Cullen, tenía mucho más control sobre mi don. Asentí y estaba a punto de decir algo más cuando Alice saltó entre Jasper y yo.

No, ella no me haría eso. No se atrevería a usar su don así –las manos de Alice estaban en sus caderas al estilo habitual de Alice, ya que ella se negaba a ceder. Jasper simplemente la levantó y la movió suavemente hacia un lado haciendo que ella suspirara con impaciencia, lo que claramente salió con un toque de pánico.

Sentí mi frente arrugarse mientras me inclinaba hacia adelante.

Jasper, ¿qué es lo que tiene a Alice suspirando y a Edward pensando que eres el próximo Einstein?

La sonrisa de Jasper se ensanchó aún más.

En todos los años que he estado con Alice, nunca he podido sorprenderla. Ni una vez. Ahora, si enciendes ese pequeño interruptor tuyo, como le dices, podría darte una lista y una tarjeta de crédito, y podría, por primera vez en más de 65 años de conocerla y amarla, darle una navidad verdaderamente memorable, una en la que finalmente se sorprenda

Lo miré, conmovida por el amoroso deseo de sorprender a su esposa. Con mi don, Alice no podría ver lo que yo le compraría y ella podría tener una verdadera Navidad, una en la que estaría desprevenida como todos los demás.

La adorable cara de duendecillo de Alice estaba retorcida por la aprensión cuando se sentó junto a Edward y a mí en la alfombra.

Bella, no hagas esto. No necesito sorpresas. He estado completamente a gusto conociendo mis regalos de navidad desde hace años. Tan pronto como alguien toma una decisión, la veo, y cada elección es encantadora. Bueno, a excepción del año en el que Emmett pensó que sería una buena idea regalarme una bola de cristal, junto con anillos y un turbante esponjado –ella puso los ojos en blanco, recordando la idea.

Ahora, toda la familia Cullen había perdido interés en la película, sus sonrisas eran amplias y comenzaron a reírse de alegría.

–¡Jasper, es una idea fascinante! ¿Qué te parece, Bella? ¿Podrías ayudarnos a sorprender a Alice este año? –preguntó Carlisle con sus ojos brillando por la idea de mantener a Alice adivinando.

Rosalie soltó una risita, hasta que sus ojos hicieron contacto con Alice. Rápidamente se cubrió la boca, pero sus ojos seguían llenos de risa. Emmett se unió y antes de darme cuenta, toda la familia se estaba riendo, lo que enfureció aún más a Alice. Su actitud se había convertido en la de una niña petulante que no se saldría con la suya.

Vamos, Bella. ¿No es hora de una pequeña venganza? –él se frotó las manos mientras su sonrisa se tornaba más tortuosa.

–¿Venganza exactamente por qué, Emmett? –interrogó Alice y sus ojos se oscurecieron, mirando a su hermano mayor como desafiándolo a respaldar su declaración.

Rosalie echó la cabeza hacia atrás cuando comenzó a reír de nuevo. Ella también, empujó suavemente a Alice a un lado, acercándose a donde Edward y yo estábamos sentados.

Oh, por favor, Alice –miró de nuevo a su hermana, donde Alice parecía estar a punto de tener una rabieta –¿Qué tal por torturarla sin descanso durante el baile escolar? ¿O hacer que ella se probara vestidos para la fiesta? Debes haberle puesto al menos cincuenta de ellos. ¿verdad?

–¡CLARO QUE NO! solo quería que se viera bien. ¿Qué hay de malo en eso? –su característica mueca estaba en su lugar y ella me miró con sus ojos parecidos a los de una gata, abiertos e inocentes, mientras ella caminaba hacia el centro de la sala, donde toda la familia comenzaba a reunirse.

Esme se acercó a mí cuando Alice fue empujada nuevamente fuera del círculo.

Oh, Alice. ¿Bella sabe que ordenaste el vestido azul para el cóctel a propósito, a pesar de que ella dijo claramente que quería el negro? –interrogó Esme, entrecerrando los ojos a su hija. Alice le lanzó otra mirada oscura por su traición.

–¿Qué? –me salió casi como un chillido.

Sus brazos estaban cruzados contra su pecho y la mirada de pánico comenzaba a apoderarse de sus facciones.

Hmph... todo funcionó. Estabas siendo terca, Bella. Solo estaba tratando de empujarte en la dirección correcta –su mirada de pánico se convirtió en una de inocencia natural mientras trataba de convencerme con la mirada.

Emmett tomó el brazo de Alice con una mano, sin esfuerzo levantándola para apartarla de su camino, mientras él se acercaba a mí.

Bella, debes saber que organizó la baraja para que Edward ganara la apuesta en el juego de póquer –explicó y su sonrisa petulante hizo que los ojos de Alice se abrieran.

–¡Alice! –exclamé. Esta idea de venganza comenzaba a parecerme cada vez más atractiva.

Bien. Organicé la baraja, pero Edward también estaba involucrado. ¡Así que demándenme! –exclamó Alice.

–¡Edward! ¡Nunca me dijiste eso! –exclamé y me moví en sus brazos para enfrentarlo, buscando confirmación.

Nunca preguntaste –respondió Edward con aspecto avergonzado, pero sin remordimientos.

Aunque pensé que esta sería la ocasión perfecta para desquitarme con Alice, volví a pensar en una de las pocas Navidades que podía recordar. Encontré el escondite de mi madre y en la mañana de navidad no tuve sorpresas. Recordé lo decepcionada que me sentí cuando supe que hice las cosas antes de tiempo. ¡Qué triste era que Alice nunca haya tenido la oportunidad de sentirse genuinamente sorprendida!

Por la expresión de mi cara, Alice hizo una mueca, sabiendo que había perdido.

–¿Qué tan malo podría ser por solo un año, Alice? ¿No podemos simplemente intentarlo? –pregunté inocentemente y mis ojos mostraban que deseaba que entendiera que esto podría ser divertido para ella y que todos la amábamos lo suficiente como para seguir adelante con el elaborado plan. Le sonreí, imaginándola sacudiendo los regalos debajo del árbol, pareciéndose a una niña pequeña incapaz de contener su curiosidad.

Ella rodó los ojos dramáticamente.

Está bien. Pero eso no significa que deba agradarme. Simplemente no es cómo han funcionado las cosas... nunca, pero intentaré no hacer demasiado alboroto al respecto –forzó una sonrisa, pero todos pudimos ver a través de su fachada. Ella no estaba contenta con este giro de acontecimientos, pero lo aceptaría, aunque solo fuera para demostrar su punto de que estaba contenta con cómo habían sido las cosas. Eso y ella realmente no tenía otra opción.

Tenía que darle crédito. Ella estaba renunciando a su control de la situación con más dignidad de la que esperaba. Tomé su mano, cerrando los ojos antes de encender el interruptor en mi mente. Esto casi hacía que la navidad pareciera un poco más emocionante. Jasper se dirigió apresuradamente al escritorio en la esquina de la sala de estar de los Cullen y regresó con una nota apresuradamente garabateada.

Adelante, Alice. ¿Puedes tener una visión de lo que puse en el papel solo para los ojos de Bella? –Jasper tocó su mejilla suavemente con sus ojos fijos únicamente en su compañera.

Alice tomó ambas manos de Jasper, cerró los ojos y respiró hondo. Ella se calmó, su pecho ni siquiera se movió para tomar aliento. La expresión de concentración en su rostro era fascinante. Ella se quedó allí por varios minutos con todos nosotros en silencio, mientras esperábamos a ver si este pequeño experimento funcionaría.

Sus hombros finalmente se hundieron y ella abrió los ojos.

Parece que está funcionando. No puedo ver nada –gimió ella y su voz era pequeña y silenciosa.

Jasper la abrazó con fuerza y su sonrisa era amplia y traviesa. Por alguna razón, su suave acento sureño se intensificó con cada palabra.

Créeme, cariño. Esta será una navidad que jamás olvidarás

La cara de Alice se torció de frustración.

Nunca olvido las navidades, Jasper. Pero por hacerte feliz, aceptaré tu petición

El resto de la familia salió corriendo de la habitación, ansiosos por hacer listas para Alice. Me quedé sentada allí, tratando de no reírme de la cara de Alice que parecía estar permanentemente tallada con una expresión de descontento.

En poco tiempo, toda la familia regresó y le entregó a Jasper sus listas, que selló con seguridad en un sobre para evitar que las miradas indiscretas de Alice buscaran pistas sobre cuáles podrían ser sus regalos.

Bella, mañana te daré una tarjeta de crédito. No tendrá límite, por lo que no tendrás problemas para comprar los regalos. Si tienes alguna duda, solo pregunta –nunca antes había visto a Jasper tan animado. Su expresión transmitía fácilmente su emoción sobre nuestro pequeño plan de hacer memorable la navidad de Alice. Se fue corriendo a su estudio para llamar al banco que manejaba sus tarjetas de crédito y me agregó a una de las muchas cuentas de la familia.

Edward me guio hacia el auto, y cuando estuve segura, lejos de los ojos curiosos de Alice, abrí el sobre. Pude sentir que mis ojos se agrandaban cuando comencé a mirar las elecciones de regalos para Alice. No tenía idea de cómo se suponía que debía conseguir algunos de estos regalos para la fecha mágica del 25 de diciembre.

Edward, ¿se supone que debo comprar todo esto? –mi voz estaba llena de incredulidad.

Pude ver a Alice desde el porche delantero, pisando fuerte con el pie, mientras Esme trataba de consolarla con su sonrisa tan amplia y complaciente como siempre. Alice estaba murmurando algo sobre "no es justo" y "¿por qué yo?" Me reí entre dientes cuando sentí que Edward me tomó de la mano.

La voz tenor de Edward estaba llena de humor.

Te ayudaré con todo esto. ¡Qué brillante idea la de Jasper! Por una vez, el único que no se sorprenderá esta Navidad seré yo –su sonrisa era amplia, cuando me incliné y lo besé.

Te sorprenderás con mi regalo, ¿recuerdas? No puedes leer mi mente –bromeé.

Bueno, eso es muy cierto. Estas serán unas fiestas maravillosas, especialmente contigo aquí, unas que nadie en la familia jamás olvidará –él besó mi sien.

Sonreí al recordar ese día hace menos de dos semanas.

–Ir de compras está saliendo bien. Hoy recibí la confirmación de que el gran regalo de Jasper está listo. Recibiré un paquete completo con el itinerario para que Alice pueda abrir en navidad. Prometieron hacerlo único y temático, considerando lo que Jasper quería para ella. Gracias por ayudarme con eso

Edward organizó este regalo en particular para Alice sin mi intervención. Hizo todas las llamadas, se hizo cargo de cualquier pregunta mientras yo trabajaba durante el día. No habría tenido idea de por dónde empezar, pero la única vez que vi a Edward en acción fue increíble. Era como el mejor negociador, trabajó en el teléfono como si estuviera en una sala llena de mujeres que suplicaban por cumplir sus órdenes.

Cada uno de los regalos de la familia para Alice era como uno de esos regalos exclusivos del catálogo de Navidad de Neiman Marcus. Realmente no quería saber el precio de todo, pero mi mente no pudo evitar contar cada dólar que se seguía descontando de esa brillante tarjeta de crédito negra. Comprobé metódicamente cada artículo que la familia había seleccionado cuidadosamente para Alice.

Llegaba a casa algunas tardes y encontraba varios avisos en mi puerta de que los mensajeros de UPS y de FedEx regresarían al día siguiente con aún más regalos para Alice.

–¿Todos ustedes compran tantos regalos para Alice todos los años? –pregunté con mi mente una vez más volviendo al presente.

Ahora estábamos dentro de la casa, donde Edward me estaba ayudando con mi abrigo, quitándolo hábilmente de mis hombros y luego colgándolo en el gancho del pasillo.

–No, normalmente no. Depende del año, pero dado que finalmente se sorprenderá, todos están aprovechando al máximo. ¿Te llegaron los papeles finales del regalo de Carlisle y Esme para ella?

Pensé en el viaje rápido que Edward y yo hicimos el fin de semana pasado, ya que el abogado no aceptaría una firma en este caso. Había sido maravilloso huir con él por un par de días, especialmente para hacer algo tan especial para Alice. Cuando se tiene dinero ilimitado, era increíble lo que se podía lograr en tan poco tiempo.

Sin embargo, la idea de sorprender a Alice era divertida. Intentaba continuamente sacarme información y me recordaba a una niña suplicando, empeñada en descubrir cada secreto.

Edward nos movió a la sala de estar, comenzando con nuestro ritual de la tarde de encender la chimenea. Estaba comprobando el suministro de madera, lista para salir por más de la gran pila que él había ordenado cuando me agarró firmemente por la cintura y me condujo hacia el sofá. Él me guio hacia abajo, antes de poner un pequeño beso en mi boca.

–¿Cómo va el resto de tus compras? –siguió avivando las llamas que se expandían lentamente y el olor a leña seca llenó nuestro pequeño espacio.

–Bueno, terminé la mayoría de las compras para la familia. Todavía estoy esperando para poder ir a recoger tu regalo, pero aparte de eso, ya terminé –me acurruqué en el sofá, esperando a que se uniera a mí.

–No estoy hablando de la familia, Bella –él no me miró, pero el sonido de su voz era sombrío.

Entendí lo que estaba preguntando.

–Oh, le conseguí el mejor regalo a Mandy. Pude conseguir boletos para este musical que ella se moría por ver, así como un bono para el mejor restaurante de parrilla al que ella y Jack pueden ir antes o después del espectáculo. ¡Ella va a amarlo! –sonreí, pensando en lo inmensamente feliz que había estado Mandy últimamente. Ella y Jack estaban enamorados y yo quería que ellos tuvieran algo de mí que pudieran experimentar juntos.

Edward terminó de avivar el fuego y se acercó a donde estaba sentada. Me quedé allí sentada, ansiosa por hacerle lugar. En cambio, sentí que mi frente se arrugó confundida cuando se arrodilló frente a mí. Sus ojos eran serios, lo que inmediatamente hizo que mi curiosidad aumentara.

Él tomó mi mano.

–Me refería a Grace, Bella. ¿Le compraste algún regalo de navidad a Grace?

Negué con la cabeza, ya que la sola idea de lo que él estaba sugiriendo estaba arraigándose.

–Edward, nunca le he comprado un regalo a Grace, no desde que me fui de La Push. ¿Cómo podría empezar ahora?

–Bella, ella disfrutaría recibir un regalo de su madre, de su verdadera madre. Estaría feliz de ir contigo si quieres, aunque de algún modo creo que Alice podría ser una mejor opción

–Edward –comencé con paciencia–no puedo enviarle regalos a Grace. Ella no sabe quién soy, y aunque lo sepa, ella cree que estoy muerta. ¿Cómo funcionaría eso? ¿Recibir un juguete o un libro de alguien que supuestamente murió hace tres años? Simplemente no tiene sentido

Edward pasó una mano por su espeso cabello, creando un desastre con sus ondas de bronce.

–Bella, creo que es hora de que contactes a Jacob. Creo que es hora de que vuelvas a ver a tu hija –sus ojos eran tiernos, pero su mandíbula era firme, decidida.

–Edward, no puedo hacer eso por muchas razones –no quería arruinar este momento, pero temía que mi lastimosa razón no fuera suficiente. Nunca le había contado a Edward que mi mayor temor era herirla. No confiaba en mi voz para formar esas palabras, estaba demasiado avergonzada al pensar en lo que podría pasar.

–Dime por qué. Pasas tiempo todos los días con tus alumnos. La mayoría de ellos tienen la misma edad que Grace y siempre has sido maravillosa con ellos. Bella, te he visto trabajar con ellos, marcas la diferencia en sus vidas. Puedes hacer lo mismo por tu hija. Necesitas a Grace, tanto como ella te necesita a ti

Negué con la cabeza, sin querer mirar a Edward de frente. Su mano agarró mi barbilla, antes de que gentilmente inclinara mi cabeza hacia él. Sus ojos brillaban, desesperados por una respuesta.

–Edward, no es tan simple. Para este punto, Jacob debe haberle dicho que yo morí

–¿Y si él no lo hizo? –él no iba a dejar este tema de conversación.

No quería el recuerdo de Jake aquí, en nuestra casa. No quería hablar de mi ex marido con mi futuro esposo. Todavía me importaba Jake, pero él era parte de mi pasado y ahora no había vuelta atrás.

–Edward, hay otras cosas que no sabes. Otras razones por las que necesito estar lejos

–Estoy aquí. Háblame. Dime qué es lo que te impide volver allí –él se inclinó hacia atrás, cruzando las piernas. Sabía que no se movería hasta que obtuviera las respuestas que estaba buscando.

Tomé una respiración profunda, sabiendo que estaba retrasando lo inevitable.

–Bien. Aunque es una larga historia

–No voy a ninguna parte –él tomó mi mano y dejó de moverse.

Suspirando, busqué la mejor forma de empezar.

–¿Recuerdas que te conté del dinero que estaba ahorrando para Grace, el fondo fiduciario que comencé para ella cuando me mudé aquí?

Él asintió, sin responderme verbalmente. Me apretó la mano, lo que me dio la fuerza para seguir.

–Bueno, hay más razones por las que estoy ahorrando para ella. Por supuesto, quiero que vaya a la universidad y viaje, cuando llegue el momento, pero lo más importante, la quiero fuera de La Push. Permanentemente

Edward no respondió, simplemente asintió, como indicando que todavía estaba escuchando.

Fruncí mis labios, eligiendo cuidadosamente mis siguientes palabras.

–Quiero que Grace tenga una vida diferente, una que nunca tuve. Y estoy tratando de ahorrarle mucho dolor

La frente de Edward se arrugó por la confusión y mi mano involuntariamente se extendió, buscando aliviar las profundas arrugas que se habían formado.

–No entiendo, Bella. ¿Qué dolor ves en su futuro?

–Edward, ella es la hija de Jacob Black. La nieta de Billy Black. La bisnieta de Ephraim Black. Las probabilidades están, en su mayoría, en su contra

Se inclinó hacia adelante y su rostro nunca había estado más serio en todo el tiempo que lo había conocido.

–Bella, no te estoy entendiendo. Ayúdame a entenderte

–Bueno, ella podría tener el gen del hombre lobo. Leah se transformó en esta generación y nada garantiza que ella sea la única mujer/hombre lobo de la historia. No quiero eso para mi niña. No quiero que ella no tenga más opciones. Si es posible, quiero engañar al destino. Tengo que sacarla de allí

–¿De qué forma permanecer lejos y acumular dinero va a hacer eso?

–Edward, es más que probable que ella porte ese gen. Si ella se acerca con demasiada frecuencia a vampiros, ese gen empezará a desarrollarse y ella se verá obligada a vivir como lo hace ahora Jacob, atada a una leyenda tribal en la que no tiene voz. Veo lo que le cuesta a Jacob y estaría maldita si me quedo sentada aquí sin ayudarla a encontrar una salida. Pero también es por eso que no puedo regresar. ¿No lo ves? –terminé, esperando que él entendiera y que pudiéramos avanzar.

–No

Tomé un gran respiro gigante, rezando para poder estar tranquila cuando finalmente dije algo que siempre había estado en mi mente, pero que nunca antes había dicho en voz alta.

–Edward, si estoy demasiado cerca de ella, podría comenzar el proceso y nunca me lo perdonaría. Todo sería culpa mía –estaba jadeando por la fuerza con la que había hablado.

La expresión confundida de Edward al instante se suavizó y su cara adoptó esa fachada de piedra que había perfeccionado después de más de cien años de vivir entre humanos. Esa expresión disparó algo en mi cabeza y en mi corazón, pero me obligué a poner eso a un lado, deseando que mi imaginación no tomara el control otra vez.

–Edward, la quiero fuera de La Push. Incluso si ella no se convierte en lo que es su padre, hay muchas probabilidades de que otros niños de su edad si se transformen y ella podría enamorarse de uno de ellos cuando crezca. Ahora que sabemos que cada uno de ellos se imprima y sus posibilidades de vivir ese dolor de un corazón roto se multiplican. Sé de primera mano cómo se siente eso y no quiero que ella viva esa experiencia

–Bella, ¿cómo el hacer que salga de la reserva va a prevenir eso por completo? La imprimación no es la única forma en que le pueden romper el corazón

Negué con la cabeza, no quería enfrentarme a algo de lo que no podría protegerla. Seguí hablando, queriendo explicar más.

–Jacob tiene dos hermanas: Rachel y Rebecca. Ambas se fueron, lejos de la reserva, lejos de ti y de tu familia y de los otros vampiros salvajes que pasan por allí de vez en cuando. Y lo último que escuché fue que las dos estaban felices, casadas y viviendo sus vidas. Salieron y crearon su propio destino, que es exactamente lo que quiero para Grace. ¿Puedes entender lo que estoy tratando de decir?

Edward asintió lentamente, pero su mirada estaba en el suelo, en mi alfombra, como si estuviera decidido a memorizar el sutil patrón para futuras referencias.

Me incliné hacia él, tomando su mejilla en mi mano.

Él me miró, pero sus ojos no eran descifrables.

–Lo entiendo, Bella. Pero sigo pensando que la necesitas. Lo que estás haciendo no es diferente a lo que hice hace diez años y mira lo que causó, nos lastimó a ambos. Eres mucho mejor que yo

Sacudí mi cabeza, cuando recordé cuánto sufrió Edward durante nuestro tiempo separados.

–Eso es diferente, Edward. Hiciste eso para mantenerme a salvo. Yo hago esto porque es la única opción

La mirada de Edward se intensificó, sus ojos de topacio casi brillaban por su resolución y el reflejo del fuego.

–No, no lo es. Bella, estás haciendo exactamente lo mismo, la única diferencia es que no tienes que hacerlo. Grace necesita a su madre y tú la necesitas. ¿Por qué no puedes ver eso?

Cerré los ojos, sabiendo que Edward tenía razón, pero no quería enfrentar la verdad. En mi corazón, por mucho que doliera, esta era la única forma.

–Estoy haciendo lo correcto. No es fácil, pero ser padre es hacer lo mejor para ella, incluso si eso significa que una parte de mi corazón siempre me faltará. Me estoy ocupando de las cosas financieramente, eso tendrá que ser suficiente –esperaba que el tono de mi voz le permitiera saber que esta conversación había terminado.

Edward suspiró y su tono me hizo saber que dejaría el tema de lado.

–Bella, ¿exactamente cómo vas a conseguir el dinero para ella? ¿Cómo le vas a dar este gran regalo sin que ella sepa de dónde vino? ¿Ya has pensado en eso? –asentí.

–Estoy segura de que cuando sea el momento, Jake estará dispuesto a hacer lo que he planeado. Desde que me fui, él ha sido maravilloso, enviándome fotos y pequeñas actualizaciones sobre Grace

Sus ojos se suavizaron, ansiosos por obtener información.

–No tenía idea de que Jake hiciera algo más que enviarte una foto diaria. ¿Qué te dice? –su tono me mostró que estaba genuinamente interesado por saber más sobre mi niña.

Sonreí, pensando en toda la información que me transmitió por correo electrónico.

–Bueno, sus calificaciones, lo que le interesa en el momento, los libros que ha leído, sus comidas favoritas, ya sabes, cosas cotidianas. Aunque algunos días realmente duele, todavía es maravilloso saber que ella es feliz y, lo más importante, saber que ella está a salvo. Jacob está cumpliendo su promesa y haré todo lo que pueda desde aquí. Es como debe ser. Por mucho que me gustaría correr a la librería local y comprarle un libro o dos, o salir corriendo a la juguetería y cómprale una hermosa muñeca con un vestido de su color favorito, lavanda… simplemente no puedo. No sería justo para ella

Edward solo siguió asintiendo y su cara era casi inexpresiva. Atribuí su falta de respuesta a que nunca había sido padre, nunca entendería cómo un padre ama, se sacrifica y hace todo lo que puede por sus hijos. No podría culparlo. Ahora él solo pensaba en mí y estaba agradecida por eso, pero fui firme en mi decisión.

–Alguna vez respondiste sus correos electrónicos? Una vez me dijiste que le respondiste dos veces. La primera vez fue para agradecerle por las fotografías, para que las siguiera enviando, lo cual, gracias a dios siguió haciendo –Edward logró una débil sonrisa –¿Cuál fue la segunda? –su expresión era esperanzada.

–La segunda fue para hacerle saber que me había encargado de Victoria y para recordarle que mantuviera su promesa. Solo porque me había encargado de un peligro, no significaba que pudiera dejar de estar alerta si se trataba de Grace –omití la información de cómo Jake me suplicó que le dejara saber dónde estaba, que me contactara con él, que lo llamara y le hiciera saber que estaba bien. Nunca haría eso, y esa decisión no iba a cambiar.

Para mantenerla a salvo, Grace estaba mejor sin mí. Era la única opción. Y en mi corazón, sabía que Jake también sentía lo mismo.

La cabeza de Edward cayó sobre su pecho, colgando lánguidamente de sus hombros.

–Lamento haberlo mencionado –susurró.

–No lo lamentes. Esto me demuestra de nuevo lo mucho que me amas y lo mucho que quieres que sea feliz y estoy muy agradecida por eso. Por ti y por tu amor –me incliné y lo besé, moviéndome contra su cuerpo, abrazándolo. Nos quedamos sentados así por un rato, mirando el fuego, simplemente disfrutando del contacto del uno con el otro, sin palabras entre nosotros.

Las semanas antes de las vacaciones de navidad pasaron rápidamente y nos mantuvimos en nuestra rutina. Casualmente le mencioné a Esme que la persona que me ayudaría a decorar el salón se había roto una pierna y no podría ayudarme a planificar la fiesta de navidad para los niños.

Esme aprovechó la oportunidad, reclutando a Rosalie y la ayuda de Alice para que la fiesta fuera una que los niños recordarían. Incluso contrataron a Santa Claus, aunque estaba bastante segura de reconocer la voz de Emmett debajo de la barba. Él no se quedó mucho tiempo, pero los niños lo amaron. Se sentó pacientemente cuando cada niño se sentó en sus rodillas, desesperado por decirle que habían sido buenos ese año, y lo que querían para navidad. Le plantó un gran beso a Rosalie antes de irse, provocando la risa de los estudiantes, quienes encontraron la situación comiquísima.

Esme incluso tenía regalos para cada estudiante. Empacó un libro, materiales de arte y un pequeño juguete para cada niño. Los rostros alegres y asombrados quedaron permanentemente grabados en mi memoria.

Mandy se divirtió muchísimo, riendo y conversando con los nuevos miembros de mi familia. Ella y Alice ahora se llevaban muy bien, mi hermana de pelo negro le ofrecía sus consejos sobre la planificación de su próxima boda.

Todos los días, Edward me recogía y me llevaba directo a nuestro hogar. Había transformado lentamente el lugar en una acogedora morada con nuevos colores en las paredes, hermosas obras de arte de Esme y muebles nuevos en algunas de las habitaciones. Nos consiguió una cama mucho más cómoda, que utilizábamos casi todas las noches cuando nos acurrucábamos, susurrándonos en la oscuridad.

Cada noche, notaba una nueva ramita de muérdago, puesta en algún lugar apropiado. Puertas, lámparas y mi lugar favorito, directamente frente a la chimenea, firmemente sujeta al techo. Y Edward era astuto. Nos llevó a casa una noche, solo para descubrir una hilera de luces delineando la chimenea, acentuadas por hermosas velas blancas, que él encendió, una por una.

–Edward, ¿pensé que este año decidimos no usar luces navideñas? –no estaba enojada, mi voz no tenía nada más que curiosidad paciente.

–Oh, esas no son luces navideñas. Simplemente es iluminación romántica simple y van con las velas –ofreció, mientras luchaba por mantener la sonrisa fuera de su rostro.

Lo besé, antes de dejar escapar un suspiro gigante.

–Está bien. Le llamaremos iluminación, sólo por esta vez

Agregaba cosas nuevas a diario, pero nada exagerado. Creo que estaba tratando de ser empático con mis sentimientos, mientras hacía que nuestra casa se sintiera más hogareña. No quería admitirlo, pero las luces eran agradables. Se reflejaban en las paredes cremosas, creando una sensación de completa paz y armonía, que es lo que sentíamos ahora.

Los días se mezclaron entre sí y pronto llegó el último día de trabajo. Le di a Mandy su regalo, lo que la hizo chillar de alegría. Ella me abrazó con fuerza, pero pude sentir su rigidez cuando sintió mi cuerpo frío y duro. Bromeamos acerca de mi pobre circulación sanguínea y ella se burló de mí por mi falta de ejercicio. Le deseé unas maravillosas vacaciones y una primera navidad muy especial con su nuevo esposo. Ella se sonrojó, diciéndome que estaba deseando pasar tiempo con él y con su nueva familia. Ella se iba a Nueva Orleans el día después de navidad y estaba emocionada por pasar el año nuevo con Jack en el centro Big Easy de Nueva Orleans.

Edward me recogió y nos dirigimos a nuestro hogar a buscar mi ropa. Todavía faltaban unos días para navidad y decidimos dejar el tesoro de regalos para Alice en nuestra casa para evitar que husmeara.

Los días pasaron sin esfuerzo y pasé casi cada minuto con la familia, especialmente con Edward. Sólo estaba sola cuando salía a cazar. Edward y el resto de la familia no me molestaron por acompañarme. Sabía que, con el tiempo, me sentiría cómoda con mostrarles esa parte de mí.

La propiedad familiar tenía un lago cercano que era exclusivamente suyo y dado el nuevo récord de nieve y las bajas temperaturas récord, el hermoso lago se había endurecido, transformándose en una resbaladiza capa de hielo.

La mañana de la víspera de navidad, Edward trajo un nuevo par de patines de hielo para mí. De un blanco brillante, forrado de azul pálido y suaves pompones azules, los puso frente a mí mientras yo estaba sentada en su sofá leyendo un libro. Sus ojos estaban llenos de travesura y no pude evitar sentirme intrigada por su proposición.

Tomamos los abrigos rápidamente y nos dirigimos al lago, solo nosotros dos.

–Edward –le dije, mientras corríamos juntos tomados de la mano –nunca he patinado –la ansiedad en mi estómago estaba comenzando a crecer. No estaba receptiva a hacer el ridículo hoy. Había una sensación romántica en la atmósfera que estaba segura, se desmoronaría si mostraba mi lado torpe.

Él apretó más mi mano y me sonrió.

–No te preocupes, cariño. Te enseñaré

Llegamos al paisaje congelado, al lago endurecido, liso y ansioso por deslizarnos en él. Edward me sentó en un viejo tronco antes de quitarme las botas. Él me ayudó a meter los pies en los patines, sin romper el contacto visual mientras amarraba los cordones en un patrón elaborado.

Un Déjà vu me golpeó fuertemente.

–¿Edward?

–¿Si amor?

–Este pequeño ejercicio me recordó algo. ¿Te molesta si te hago una pregunta?

Él asintió y su sonrisa se ensanchó, lo que hizo que todo mi cuerpo se convirtiera en papilla.

–La noche del cóctel, me ayudaste a ponerme los zapatos. ¿De qué se trató todo eso?

Nos preguntábamos el uno al otro de vez en cuando, queriendo saber lo que el otro había pensado o planeado o imaginado esos tres meses después de encontrarnos de nuevo. Nuestras respuestas nunca nos decepcionaban.

Sus manos acariciaron suavemente mis pantorrillas y pude sentir los pulsos de calor a través de mis pantalones de nieve.

–En aquel entonces, estaba desesperado por tocarte, sin importar cuán inocente o breve fuera. Cuando bajaste las escaleras sin zapatos, vi una oportunidad. No iba a preguntar realmente, sabiendo que probablemente me rechazarías

Pensando en eso, asentí.

Probablemente –en mi tono había más que un poco de burla.

Sus ojos ardieron, aunque su sonrisa torcida permaneció en su lugar.

–Así que te ayudé a ponerte los tacones, tomándome mi tiempo y saboreando cada segundo que acaricié tu piel sobre esas medias bellamente moldeadas. Fue difícil para mí detenerme cuando esas correas estuvieron firmemente abrochadas, pero no habría cambiado ese momento por nada

Repentinamente tímida, lo miré desde debajo de mis pestañas, recordando el momento y cómo me había dejado sin aliento.

–Bueno eso tiene más sentido –me incliné, besándolo profundamente.

Edward me devolvió el beso, mientras terminaba de asegurar los patines en mis pies. Me ayudó a levantarme, caminando hacia atrás, hacia la brillante superficie del lago helado. Estaba nerviosa, pero segura de que Edward nunca me dejaría caer. Él me guio hacia el hielo, sin decir una palabra ni romper el contacto visual conmigo.

Comenzamos lentamente, entonces Edward me preparó, asegurándose de que estaba bien estando de pie sola.

–¿Estarás bien por un momento? –asentí antes de susurrar –ya vuelvo –me besó una vez más antes de apartarse, lejos de mí.

Él despegó, sus piernas se esforzaban más a medida que su velocidad aumentaba. Corrió alrededor de mí y sus movimientos se volvieron borrosos. Escuché su risa cuando me oyó murmurar:

–¡Presumido!

Edward continuó patinando, cuando me di cuenta de que estaba haciendo algún tipo de patrón en medio del lago y de nuevo, estaba hipnotizada por el hecho de que no parecía haber nada que él no pudiera hacer. Terminó y luego patinó elegantemente hacia mí, su sonrisa era brillante y sus ojos estaban llenos de adoración por mí.

Sentí el toque casi cálido de sus dedos cuando me alcanzó con sus manos tirando de mí hacia el centro del lago.

–¿Puedes verlo?

Miré hacia adelante y contuve la respiración.

Allí, en el medio del lago, reconocí lo que había dibujado con las cuchillas afiladas de sus patines. Un corazón torcido se destacaba, tallado en el hielo.

–Es hermoso –extendí la mano y lo besé de nuevo.

–He estado practicando. No está centrado, pero lo que cuenta es la idea –respondió.

Le di otro beso con mis manos buscando sus fuertes hombros para estabilizarme cuando sentí que mis patines comenzaron a deslizarse debajo de mí. Él me cogió por la cintura, estabilizándome, devolviéndome el beso cuando sentí que su fría lengua se deslizó en mi boca.

Continuamos de la misma manera: patinando, besándonos y hablando. Después de unas horas, salimos del hielo, volvimos a ponernos las botas y volvimos a la casa.

Cuando llegamos a la casa, él me miró.

–¿Por qué no vas a cambiarte y te pones algo lindo? Pensé que podríamos ir a la ciudad y escuchar al coro en la plaza. ¿Qué te parece?

Asentí rápidamente, besándolo antes de acelerar hacia las escaleras que se dirigían a su habitación. Edward me había cedido gran parte de su armario, que Alice felizmente llenó con ropa de todo tipo. Incluso me compró ropa interior nueva y hermosa, lo que me avergonzó cuando la vi. Las escondí, esperando que Edward no fisgoneara y las encontrara. Habría tiempo suficiente para eso más tarde.

Salí unos minutos después y encontré a Edward esperando, con las llaves del Volvo en la mano. Caminamos hacia el auto en silencio. Siempre me ponía el cinturón de seguridad, lo que lo divertía mucho, especialmente cuando lo miraba con los ojos en blanco.

Salimos del camino de entrada con él sosteniendo mi mano. Edward de repente se quedó en silencio, lo que no era el habitual en estos días.

Tomé su mano, apretándola suavemente, esperando que eso hiciera que me hablara.

–¿Pasa algo, Edward?

Frunció sus labios estudiando mi rostro por un minuto como si estuviera debatiendo algo.

–No –finalmente se aventuró –¿Por qué preguntas?

–Has estado muy callado desde que volvimos del lago

–Solo estoy pensando en esta noche y en mañana. Estoy ansioso por darte tus regalos de Navidad –él sonrió, pero esa sonrisa no llegó a sus ojos.

–¿Tocarías el piano para mí más tarde? ¿Un villancico o dos? –sugerí, esperando que él me hablara. Podía sentir que algo lo molestaba o al menos algo lo tenía sumido en sus pensamientos.

–Me encantaría tocar para ti. ¿Algo en particular? –interrogó con una sonrisa más real en su rostro, aunque su tono no se había aligerado.

–Soy parcial con cualquier cosa. ¿Por qué no me sorprendes? –insinué.

–Suena bien. Mira, ya casi llegamos –se desvió, el Volvo dio la última vuelta hacia el estacionamiento, donde las familias se habían reunido para escuchar al coro cantar villancicos. Estaban disfrutando de humeantes tazas de café y chocolate caliente. Santa estaba allí, repartiendo bastones de caramelo y deseando a los que pasaban una feliz navidad.

Edward se acercó al automóvil, ayudándome y abrazándome gentilmente con su rostro enterrado en mi cabello.

–Feliz Navidad, Bella –su tono se volvió silencioso y no pude evitar mirar su rostro en busca de respuestas. Su disposición me recordó algo del pasado, pero mi corazón se negó a reconocerlo.

–Edward, ¿qué pasa? ¿Qué te tiene tan callado? –me reí, tratando de aligerar el ambiente.

–Nada. Solo estoy pensando en los próximos días y en todo el tiempo que podremos pasar juntos –el tono de su voz era imposible de interpretar, así que dejé de lado mi vacilación, decidida a disfrutar del momento.

Dejé ir el tema, pensando que me hablaría cuando estuviera listo. En ese momento, se me ocurrió una idea diferente.

–Edward, ¿en dónde estuvo tu familia todo el día? –no había visto a nadie desde las primeras horas de la mañana.

Edward apretó sus brazos alrededor de mí y me besó en la frente. Sus labios se detuvieron allí y el nudo que comenzaba a formarse en mi estómago se tensó. Quería mirarlo a los ojos, pero tenía miedo de lo que vería allí.

–Están haciendo cosas de Navidad de última hora, Bella. Ven conmigo. El coro está a punto de comenzar. Puedo escuchar los pensamientos del director: quiere comenzar a tiempo, para que pueda llegar a casa a tiempo para cenar con su familia

Me arrastró hacia un banco desocupado, guiándonos a los dos para sentarnos. Él tomó mi mano y envolvió su brazo firmemente alrededor de mis hombros, acercándome más a su pecho casi como si no pudiera acercarse lo suficiente a mí. Su silencio decía mucho.

La sensación de ansiedad en mi estómago comenzó a convertirse en miedo cuando los recuerdos regresaron rápidamente. Esto era muy parecido a cómo se había comportado después de mi fiesta de cumpleaños en Forks, justo antes de irse y cuando todo mi mundo se vino abajo.

Pero él no me dejaría, mi mente discutió.

Él no me había dado absolutamente ninguna razón para creer que me dejaría esta vez. Su constante atención y consideración por mis sentimientos sobre todo lo demás me demostró que yo era su prioridad. Había hecho todo lo posible por ser dulce, amoroso e increíblemente romántico.

Él no iría a ninguna parte, me recordó mi corazón.

Pero la persistente sensación continuó y por más que traté de desechar la sensación de temor, esta se mantuvo clavando sus garras en mí sin piedad.

La música del coro era hermosa y en poco tiempo, el concierto se terminó. Sin decir una palabra, Edward se levantó con su mano extendida hacia la mía. Regresamos al Volvo, donde él me ayudó a entrar y luego nos fuimos.

El reloj del tablero marcaba casi las cinco y nos dirigimos silenciosamente hacia nuestra casa. La oscuridad estaba sobre nosotros y mis ojos no pudieron evitar ver todas las magníficas exhibiciones de luces en la ciudad y en las casas periféricas de la zona.

El teléfono celular de Edward sonó, haciendo que los dos supiéramos que tenía un mensaje de texto. Lo sacó de golpe, mirándolo rápidamente, antes de volver a bloquearlo.

–¿Quién era? –inquirí en voz baja.

–Alice. Quería avisarnos que se dirigía a casa –su tono seguía siendo plano, pero tenía cierta certeza sobre algo que no podía entender. Mis manos se quedaron quietas y cerradas y todo mi sistema comenzó a correr con la preocupación apoderándose de cada célula.

Quería que mi cuerpo se calmara, esperando que solo fuera mi imaginación hiperactiva actuando por voluntad propia y mi corazón se negaba a creer en nada más que eso. Edward me amaba; él no me dejaría ahora.

¿O sí?

Continuamos conduciendo hacia la casa e hice todo lo que pude para distraerme. Empecé a hacer una lista mental de exactamente cuántos paquetes necesitábamos recoger no solo para Alice, sino también para el resto de la familia. Edward sostuvo mi mano otra vez, pero aún no decía nada. Mi estómago se tensó despiadadamente cuando mi mente se aceleró a pensar en cualquier alternativa posible a su peculiar comportamiento. No perdería el control. No podía.

Nos dirigimos al conocido camino de tierra que conducía a nuestro hogar. ¿Aún lo consideraba nuestro hogar? ¿Esta sería la última vez que lo vería?

¡NO!

Me obligué a relajarme, hasta que mi aguda vista captó algo en la distancia.

Antes incluso de llegar a la gruesa capa de árboles que rodeaba mi patio delantero, vi las luces centelleantes. Miles de luces blancas, lo suficientemente brillantes como para leer con ellas, estaban colgadas de cada árbol y arbusto, delineando las líneas del techo, ventanas y puertas; un faro que nos daba la bienvenida en esta fría tarde de diciembre.

Ahora estaba completamente confundida.

Claro, Edward había decorado gradualmente nuestro hogar y yo le había hecho muchas bromas. Me estaba haciendo lentamente a la idea de navidad, pero esto era exagerado.

¿Cuándo había hecho esto? No se había despegado de mi desde que salí a vacaciones del trabajo y luego me di cuenta de que su familia debía haber intervenido de nuevo. Sonreí un poco, pensando en sus esfuerzos y otra vez muy agradecida de tenerlos a cada uno de ellos en mi vida.

Edward lentamente maniobró el Volvo hacia el camino de entrada, antes de que se detuviera por completo. Apagó el motor y su cuerpo se giró para mirarme desde su asiento.

–Bella, necesito decirte algo

Mi corazón se congeló cuando escuché el tono en su voz. Era exactamente el mismo que usó ese día cuando me dijo adiós; el día en que mintió e irrevocablemente rompió mi corazón. No podía moverme, respirar o incluso permitir que mi cerebro racionalizara lo que estaba sucediendo. Pude sentir la humedad llenando mis ojos y aparté mi rostro de él.

–Bella amor, mírame. He tratado de encontrar la forma de decirte esto todo el día, pero no pude encontrar las palabras correctas

No respondí, sabiendo que en cuanto abriera la boca, un sollozo escaparía. Mi cuerpo se negó incluso a girar en su dirección, mientras él insistentemente tiraba de mi mano.

–Bella, tengo que irme ahora

–Lo sé –mi voz no era más que un susurro, pero pude mantenerla fuerte e incluso, evité que se rompiera humillantemente.

–Bella, mírame. Espera, ¿cómo podrías saber que tengo que irme? –incluso sin mirarlo, mi mente podía ver su rostro arrugado por la confusión.

No respondí, desesperada por contener mi llanto hasta que se fuera. Cogí la manija de la puerta, desesperada por salir del automóvil y entrar al interior seguro de la casa para poder desmoronarme por completo. Antes de que pudiera terminar de tirar de la manija para abrir completamente la puerta, él retiró mi mano de la manija, forzándome a mirarlo.

–Bella –su voz era frenética –¿qué pasa? –extendió la mano y tocó mi mejilla y me incliné, dándome cuenta de que sería la última vez que sentiría su tierna caricia.

No podía confiar en mi voz para contestarle, sabiendo que preferiría sentirme miserable, si eso significaba que él podría ser feliz. No tenía idea de lo que había hecho para causar este giro de acontecimientos, pero deseaba haber hecho las cosas de manera diferente. ¿Cómo podría haber salido todo tan mal tan rápido?

–¡Bella! –la voz de Edward era aguda y en su expresión no había nada más que confusión –Tengo que irme, pero no estaré lejos

Mis oídos registraron sus palabras que hablaban de su partida, pero no de su regreso y no pude contenerme más. Tomé una respiración profunda y estabilizadora antes de soltarlo.

–Bien, vete –no pude decir más, mis pulmones se vaciaron cuando el aire los dejó como si me hubieran pateado en el estómago con una bota de punta de acero.

Edward tomó mis hombros, sacudiéndome casi bruscamente de mi ensoñación.

–Bella, háblame. ¿Qué estás pensando?

Me volví para mirarlo y su hermoso rostro estaba lleno de confusión y aprensión.

–Vete. Lo entiendo

Su rostro se inundó de comprensión, antes de negar con la cabeza y sus ojos se suavizaron cuando me miró.

–Bella, querida, no, no te estoy dejando. Nunca lo haría. Es solo que tu regalo de Navidad te está esperando adentro. Tengo que irme. Lo entenderás cuando lo veas. Pero no iré lejos; Estaré en el bosque detrás de nuestro hogar. Te llamaré en unas horas. Si me necesitas antes, solo dime mi nombre y volveré en un abrir y cerrar de ojos. Me niego a dejar que te pase algo

Lo miré, mientras él tomaba mi cara con ambas manos, sus pulgares acariciaban mi piel con suaves círculos. Inhalé profundamente, luchando por creer en sus palabras antes de inclinarse hacia adelante y besarme suavemente.

–¿No me vas a dejar? –lloriquee débilmente.

NUNCA –el tono de su voz me hizo saber inequívocamente que lo decía en serio y todo mi cuerpo comenzó a relajarse.

Mi mente corrió para ponerme al día con lo que acababa de decirme y automáticamente miré hacia la casa. Pude ver un magnífico árbol de navidad, que brillaba con más luces blancas y adornos hermosos a través de la ventana de la sala principal. Cuando mi respiración comenzó a regularse, no pude evitar reírme, agradecida por el cambio de tema.

–Edward, ¿pensé que este año no tendríamos un árbol de navidad?

–Bella –comenzó, antes de interrumpirlo poniendo mi mano sobre su boca, silenciándolo.

Mis ojos se movieron en su dirección, cuando las comisuras de mi boca comenzaron a contraerse en una sonrisa. Estaba muy agradecida de que mis suposiciones hubieran sido incorrectas y ahora podía ver el humor de la situación que tenía enfrente. Hablé rápido, tratando de ocultar mi vergüenza.

–Fue maravilloso que tu familia decorara la casa para nosotros. Deben haber sabido que no me enojaría con ellos –abrí la puerta del automóvil y me dirigí hacia la puerta de la casa cuando oí la puerta del auto de Edward abrirse y cerrarse rápidamente, sus pasos rápidos se movieron rápidamente detrás de mí.

Sus manos encontraron mi cintura, antes de que él me girara hacia él.

–Bella –su tono era suave y casi temeroso –las decoraciones, no son para ti –su rostro era solemne y mi estómago comenzó a retorcerse de nuevo.

Por el rabillo del ojo, percibí un movimiento familiar en la casa y mi cabeza se movió en esa dirección. Peor aún, mi excesivo sentido del olfato captó el olor de algo que me detuvo en seco.

Miré de nuevo a Edward, cuando la realidad me golpeó directamente en la cara. Tomé una respiración superficial, cada ligereza desapareció de mi corazón y mi mente. Cerré los ojos, esperando un momento, antes de volverme hacia él con los ojos abiertos de par en par con aprensión.

–Edward –mi voz se quebró de miedo –¿qué has hecho?