Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.
Capítulo 48: ¡Edward!
BPOV
Comencé a ir nuevo hacia el Volvo, sin querer dirigirme hacia el porche. Mi corazón quería atravesar esa puerta, ahora adornada con una corona festiva, pero mi cabeza me ordenó correr en dirección opuesta. Como sucedía usualmente, mi cabeza ganó. Mis piernas comenzaron a alejarme de mis temores.
Edward me cogió por la cintura, abrazándome con fuerza, sin decir una palabra. Sus dedos encontraron su camino hacia mi cabello y su otra mano se envolvió firmemente alrededor de mi cintura. Guio mi cabeza cómodamente hacia la curva de su cuello y me arrulló de un lado a otro, tarareando para mí. Desafortunadamente, su cercanía no hizo ayudó en nada a disminuir el pánico que corría por mi sistema como un virus.
–Bella, amor, tu regalo de Navidad te está esperando adentro. Intenté encontrar la forma de decirte todo el día lo que va a pasar, pero no pude –murmuró él. Su voz era muy suave, pero pude escuchar la desesperación que había detrás de cada palabra. No alivió para nada el terror que sentía dentro de mí.
Mi mente estaba confundida, luchaba por negar lo que yo sabía que él estaba tratando de decir. Una vez más, mi corazón y mi mente estaban en una batalla feroz. Inevitablemente, la batalla fue en vano. Sabía lo que me esperaba detrás de esa puerta cerrada. Tenía que salir de allí antes de que fuera demasiado tarde.
Con pura fuerza de voluntad, Edward me levantó para que mis pies se movieran sobre el suelo y comenzó a caminar hacia la casa. No podría escaparme fácilmente así que luché por liberarme de su agarre. Por mucho que quisiera entrar y confirmar mis sospechas, estaba desesperada por salir corriendo y nunca mirar atrás. Había logrado llegar hasta aquí, así era como debía ser.
–Bella, todo va a estar bien. Necesitas confiar en mí
Negué con la cabeza violentamente.
–Nada va a estar bien, Edward –siseé –no deberías haber hecho esto. ¿Cómo es que algo de esto va a salir bien? –pude escuchar mi propio miedo con cada palabra que salía de mis labios.
Llegamos al pequeño porche que conducía a la puerta de la casa donde nos encontramos con los arbustos al lado de la entrada y más luces. Me dejó en frente de la puerta, pero no suavizó su agarre. La mirada de preocupación en sus hermosos ojos me decía que él sabía que trataría de escapar nuevamente.
La puerta principal se abrió, las bisagras crujieron y la rendija de luz de la puerta creó una sombra en donde estábamos Edward y yo. Fui completamente incapaz de hablar cuando pude confirmar quién estaba dentro de la casa. Nos miramos el uno al otro, los dos congelados por quien sabe cuánto tiempo.
Edward aun no me respondía, así que pregunté nuevamente sin volverme a mirarlo. Mis ojos estaban clavados en la entrada y físicamente no podía alejarme.
–Edward –mi tono salió mucho más duro de lo que quería y lo vi hacer una sutil mueca de dolor –necesito escucharlo. ¿Qué has hecho? Por favor solo respóndeme –el ver lo que estaba enfrentando me hizo desesperarme por saber cómo había pasado todo esto.
Edward soltó su agarre alrededor de mi cintura y su mano encontró la mía. Él no rompió mi línea de visión, sino que me habló en voz baja al oído sabiendo que nuestro invitado podía escuchar cada palabra.
–Bella, todo esto sucedió antes... –hizo una pausa, tomando aliento –... antes de que tú y yo volviéramos. El plan ya estaba en marcha. Quería decírtelo, pero temía que él no cumpliera su palabra –suspiró pesadamente –que algo saliera mal y que te sintieras terriblemente decepcionada. Me voy ahora, pero no estaré lejos. Si me necesitas, solo di mi nombre y volveré en un instante
–Como si yo le hubiera hecho daño, sanguijuela –la voz de Jacob era áspera y pude ver que los músculos de su cuello se tensaban contra su piel oscura y suave. Su nariz estaba arrugada por el disgusto y estaba haciendo todo lo posible por calmarse a pesar de que sus manos se abrían y cerraban en puños.
Edward le dio a Jake una mirada dura como diciendo: 'hazle daño y no vivirás para contarlo'. Finalmente me miró, besó tiernamente mi frente y trató de alejar su mano de la mía, pero esta vez fui yo quien se aferró a él con un puño de acero. Me aferré a él como si de eso dependiera mi vida mientras la realidad de él que estaba parado frente a mí me golpeaba con toda su fuerza. Por un momento, me sentí completamente aterrorizada. Mi mente se negaba a dejarme pensar ni siquiera en algunos segundos del futuro, para tratar de imaginar quién más podría estar esperándome cuando cruzara el umbral de mi puerta. Me arrastré para ocultarme un poco detrás de Edward, mientras el miedo se convertía en pánico absoluto.
De repente, escuché los pasos ligeros de alguien corriendo hacia la puerta y mi corazón no palpitante se detuvo de nuevo. Simplemente no puede ser...
–¡Mami! –escuchar esa pequeña voz hizo que el aire saliera de mis pulmones cuando mi cerebro captó la realidad de que ella estaba aquí finalmente.
Jacob la atrapó antes de que ella corriera directo hacia mí, lo que agradecí enormemente. Temía que se lastimara chocando contra mi cuerpo duro. Él la tomó en sus fuertes brazos, pero ella se estaba estirando hacia mí, esforzándose contra el fuerte agarre que la mantenía en su lugar, sus brazos se agitaban salvajemente a través del aire que nos separaba. Su expresión era insistente, su pequeña cara en forma de corazón estaba retorcida por la concentración. En su pequeña mano, sostenía la muñeca que le había regalado en su última navidad conmigo, su rostro y su cabello estaban magullados por el amor. La muñeca aún vestía el vestido color lavanda con el que la compré, aunque comenzaba a verse realmente desgastado.
Arranqué mi mirada de la muñeca para verla. Se veía tan diferente, mucho más grande, pero de nuevo su hermosa carita se veía exactamente igual. Sus ojos eran esos charcos color marrón oscuro, iguales a como eran los míos. Su cabello ahora le llegaba a la cintura, liso y grueso como el de Jacob. Pequeñas lágrimas comenzaron a formarse en sus ojos, amenazando con derramarse cuando él siguió sosteniéndola.
–Mami. Quiero a mi mamá. Suéltame. Quiero a mi mamá –ella repetía una y otra vez mientras continuaba luchando.
–Bella –comenzó Jacob, su tono era bajo, pero lleno de autoridad –tómala
Por mucho que deseaba tenerla en mis brazos, me resistí. Siseé lo suficientemente bajo para que Grace no pudiera oírme.
–La lastimaré
Al unísono, los dos hombres parados a mi lado, mi pasado en un lado y mi futuro en el otro, declararon firmemente:
–No, no lo harás
–Mami, ¿no me extrañaste? –las lágrimas se derramaron, pintando sus mejillas sonrosadas de un tono manchado, pero lo que captó mi atención fue el crudo dolor en su voz. Solté la mano de Edward y mis brazos involuntariamente se estiraron hacia ella decidida a ser suave. Más suave de lo que era con los adultos. Incluso más tierna que con mis propios estudiantes. Pensar, incluso por un momento, que podría lastimar a mi propia hija me asustaba profundamente.
Mis manos llegaron a su cintura y la atraje hacia mí. El suspiro suave y contento que escapó de su pequeña boca entibió mi corazón y ella envolvió sus brazos alrededor de mi cuello, besándome en la mejilla.
–Mami, te extrañé mucho
–Yo también te extrañé, mi pequeña –le susurré al oído. La pequeña risita que salió de ella me tranquilizó de una manera que nunca antes había experimentado y me armé de valor, abrazándola tan cerca de mí como me atreví, inhalando tentativamente en su aroma. Olía a limpio, el olor normal de una niña pequeña, a champú para bebés y jabón blanco. Me sentí tan aliviada al no notar el aroma de su sangre. Ella era muy cálida y tenía un mameluco rojo que cubría sus pies, estampado con pequeños copos de nieve blancos. Mis manos rozaron su brillante y húmedo cabello, mientras ella se relajaba en mis brazos. Grace acababa de bañarse y olía exactamente a como yo recordaba. Contuve un sollozo gigante.
Se sentía tan liviana en mis brazos, lo cual me sorprendió hasta noté que los recuerdos en dónde la abrazaba eran humanos. Pude sentir cada pequeño músculo relajarse contra mí excepto su fuerte agarre alrededor de mi cuello. No había manera de lograr que ella me soltara; su amor incondicional despertó mi confianza materna. No quería decepcionarla nunca. Fue como si los últimos tres años nunca hubieran sucedido. Estaba abrazándola, ella estaba feliz y aunque me sentí completa con Edward, esto era diferente, me sentía completamente feliz. Mi niña, la que pensé que había perdido para siempre, estaba aquí conmigo. Ella estaba envuelta en mis brazos, aferrándose a mí como si de eso dependiera su vida. Y yo... yo estaba haciendo lo mismo.
No tenía idea de por qué estaba aquí, pero mi mente estaba empezando a considerar las posibilidades. Edward se había ido cuando Esme vino a contarme la historia, la verdad sobre lo que sucedió cuando se fueron de Forks. Ahora todo tenía sentido. Edward debe haber regresado y de alguna manera convenció a Jacob para que me permitiera ver a Grace. Sabía que debería sentirme enojada con Edward, pero no pude evitar reconocer que me sentía total y completamente agradecida. No tenía idea de cómo había logrado que esto sucediera, pero con ella en mis brazos, eso no me importaba. Las preguntas podían venir más tarde.
–Deberíamos entrar, Grace –el solo decirle su nombre era abrumador –tienes el pelo húmedo y no me gustaría que te enfermaras –ella no dijo nada, pero asintió haciendo que su cabeza se acomodara más profundamente en la curva de mi cuello.
Noté que Edward se estaba yendo así que extendí mi mano hacia él, agarrándolo por la manga de su abrigo gris oscuro.
–¿Espera, a dónde vas?
Él se volvió con sus ojos llenos de amor y comprensión.
–Bella, no puedo quedarme. Nunca fue parte del trato el que yo me quedara aquí. Pero estaré cerca. Ve y disfruta esto. Te llamaré más tarde –Edward acarició mi mejilla antes de correr hacia un costado de la casa.
Miré a Jacob y sus ojos oscuros se encontraron con los míos.
–Jake, ¿él tiene que irse? Por favor. ¿No puede quedarse?
Jake se pasó la mano por la nuca, hasta llegué a pensar que podría arrancarse la piel. Él me miró primero con una mezcla de desconfianza y aprensión, pero luego sus ojos se suavizaron.
–Él puede quedarse. Solo tiene que mantener su distancia –su voz era grave y sus fosas nasales se abrían y cerraban violentamente.
–Edward –no me molesté en alzar la voz sabiendo que estaría muy cerca para escuchar considerando mi compañía.
En un abrir y cerrar de ojos, estuvo de vuelta. Sus ojos miraron rápidamente a Jacob. Parecía tranquilo, pero podía sentir que todos los músculos de su cuerpo estaban listos para atacar. Todo lo que escuchó en la mente de Jacob pareció calmarlo un poco.
Miré a Jake de nuevo y él simplemente asintió.
–Edward, entra. Jake no tiene ningún problema con eso
Jake gruñó bajo, lo que hizo sonreír a Edward al principio y luego gruñir cuando escuchó mentalmente algo que no le gustó. Me puse entre los dos, sin soltar a Grace.
–Por favor –dije bajo y rápido –no frente a Grace
Jake asintió rápidamente y pude sentir a Edward acariciando suavemente mi brazo para hacerme saber que se comportaría civilizadamente por Grace y por mí.
Jake caminó primero y oí una puerta en el piso de arriba cerrándose silenciosamente. Él levantó la mirada hacia las escaleras que conducían al segundo piso, ahora hermosamente decoradas con cuerdas de cedro y más luces blancas diminutas y noté que sus ojos adquirieron el mismo brillo que vi en el hospital, todos esos años atrás.
–Meghan está aquí, ¿verdad? –pregunté en voz baja.
Jake se giró para verme.
–Sí. No podía dejarla sola en navidad, Bella. Después de lo que te pasó, no podía dejarla sin protección. No confío en nadie de mi familia, en nadie. Por favor, entiende Bells. No la traje para molestarte –su tono estaba lleno de ternura, pero no de disculpa. Estaba empezando a comprender que Jacob también había perdido mucho.
–Jake, está bien. Vamos. Entremos y sentémonos
Caminé a través del estrecho pasillo hacia la sala de estar con Grace todavía en mis brazos y con Edward justo detrás de nosotros. La luz que emanaba del pequeño espacio era cálida y acogedora. Cuando doblé la esquina, tomé aliento con sorpresa.
El borde de la chimenea estaba lleno de guirnaldas de hojas perennes, luces colgadas a través de ellas, realzando lo que Edward sutilmente había añadido a nuestro hogar. Todos los marcos de las ventanas estaban adornados con cuerdas de cedro, haciendo que el olor de pino en la casa fuera abrumador. En el borde de la chimenea, había dos medias con nuestros nombres bordados en ellas. La mía era una media alegre con venados y pinos, lo que me hizo reír internamente. La otra era para Grace y estaba decorada con un angelito sosteniendo un regalo envuelto.
El fuego de la chimenea crujía y el sonido de los villancicos salía del nuevo estéreo que Edward había instalado recientemente.
Había un olor sutil a cena recientemente consumida; el lavavajillas sonaba mientras limpiaba los restos de comida de los platos que guardaba en los armarios para esas raras ocasiones en las que tenía humanos en la casa. Pude reconocer el olor a jamón y papas gratinadas, y algo de chocolate, muy probablemente algún tipo de postre para Grace. Ella adoraba el chocolate desde que era bebé y yo la apreté suavemente más cerca de mí.
La decoración era magnífica y la completaba un árbol cubierto de diminutas luces centelleantes, adornos brillantes y cuerdas de guirnaldas brillantes. Y en lo alto de su belleza había un ángel de cabello oscuro, con sus alas emplumadas abiertas al cielo.
Eché un vistazo debajo del árbol a la hermosa falda de árbol que cubría los pisos de madera debajo de él, cuando de repente recordé la conversación que tuve anteriormente con Edward sobre mis compras navideñas. Me puse rígida del pánico.
Miré inmediatamente a Edward y logré captar su atención. Lo miré fijamente, y luego deliberadamente miré hacia el espacio vacío debajo del árbol.
–No tengo nada que regalarle a ella –dije bajo y rápido y mi voz se quebró.
Los ojos de Edward centellearon con su risa y su mano acarició brevemente mi mejilla.
–No te preocupes, Alice se encargó de todo –él miró hacia mi habitación –debajo de tu cama, todo está envuelto y listo para mañana por la mañana –su voz era baja y su tono estaba lleno de inflexión tranquilizadora.
Jake alcanzó la mano de Edward, obviamente incómodo por su cercanía con Grace. Le lancé una mirada.
–Jake, él no la lastimará –dije con confianza –¿Dónde quieres que esté?
Jake miró alrededor de la habitación hasta que su mirada se centró en mi pequeño comedor.
–Ahí –señaló con su dedo hacia la mesa y las sillas –es lo suficientemente cerca
Miré a Edward disculpándome, pero él simplemente asintió y se movió elegantemente hacia la cocina, moviendo una silla a un lado y sentándose para estar frente a la sala de estar. Permaneció inmóvil, aunque sus ojos brillaban con una alegría tranquila mientras me miraba desde las sombras.
Sabiendo que cualquiera de mis alumnos ya hubiera armado un escándalo si los abrazaba por tanto tiempo, me incliné hacia adelante para bajar a Grace. Me dolía el corazón al saber que ponía espacio entre nosotras, pero no quería que se sintiera incómoda.
Cuando sus pies tocaron el piso, ella se aferró más fuerte a mí.
–No, mami, abrázame
La volví a levantar y olas de alegría me inundaron por su deseo de estar conmigo. La abracé contra mi pecho y me dirigí al sofá para sentarme y acunarla en mi regazo. Parecía muy cansada cuando sus manos se movieron para frotarse los ojos.
Ella sonrió y extendió la mano para tocar mi mejilla.
–Eres más bonita que las fotos que tengo de ti
Pude sentir mi sonrisa ensancharse ante su cumplido y suavemente la acaricié.
–¿Fotos? ¿Cuáles fotos, Grace? –pregunté, completamente cautivada por cada pequeña palabra que salía de su boca.
–Las fotos que tengo de ti por toda mi habitación. Papá me contó todo sobre cada una de ellas. Algunas de las fotos son de ti, papá y yo, o de ti con el abuelo Charlie y yo. Mi favorita es en la que me sostienes con mi disfraz de gatito para Halloween –se inclinó hacia delante, apoyando la cabeza en mi pecho y sentí que suspiraba levemente. Pasó un momento antes de entender que había sido mío.
Miré a Jake, que estaba sentado cerca de nosotras en una silla incómodamente considerando su tamaño.
–¿Cómo? –pregunté con mis ojos buscando entender.
–Más tarde, Bella, podemos discutir todo esto después. Ahora solo disfruta. Grace ha estado muy emocionada desde ayer cuando le dijimos que veníamos a verte. Probablemente se durmió temprano y no durmió en toda la noche –Jake parecía agotado. Se frotó ociosamente el bigote en su rostro cuando notoriamente comenzó a relajarse y se recostó en los cojines del sillón.
Estudié a Jake por un momento y me di cuenta de que, aunque él no había envejecido, parecía mayor. Sus ojos se veían un par de décadas más antiguos que el resto de él. Todavía se veía exactamente igual a la última noche en que lo había visto. Me di cuenta con ironía que eso había sucedido exactamente hace tres años.
Qué manera de celebrar ese aniversario.
–Papi, no me voy a dormir –el tono de pucheros de Grace me recordó un poco a Alice –Me voy a quedar despierta con mami –ella comenzó a llorar suavemente. Pude sentir pequeñas lágrimas caer y humedecer mi blusa. Ella estaba luchando arduamente para no perderse ni un minuto de nuestro tiempo juntas.
–Grace, cariño, está bien si te duermes. Puedo llevarte a la cama. Mami tiene una cama nueva y puedes dormir en ella –pensé en la cama que Edward había comprado para nosotros, y en las hermosas nuevas sábanas de lino y el grueso edredón de seda. Nuevamente me sentí aliviada por su extravagancia, dándome cuenta de que no tendría en dónde acostar a mi hija y se habría tenido que dormir en el sofá, o peor, en el piso.
Grace me miró y, a través de sus lágrimas, logró una sonrisa tonta en su rostro que derritió mi corazón.
–Mami, no seas tontita. Dormiré en mi habitación. Papi me la mostró antes de que llegaras a casa con el hombre que está en la cocina
Mis ojos se dispararon hacia Jake y luego se movieron hacia Edward. Edward sonrió, me dio una dulce y comprensiva sonrisa que me hizo mirarlo con lo que esperaba fuera devoción total.
–¿Tu habitación? –pregunté, mirando al amor de mi vida, esperando confirmación.
Edward asintió hacia mí y su sonrisa se hizo más amplia. Seguí su mirada cuando miró en dirección a la escalera, antes de que me guiñara.
–¡Mami! –ella suspiró –es la mejor habitación. El morado es mi color favorito. ¡Mi cama es muy suave y tengo mi propia estantería con los mismos libros que tengo en casa! A Marie y a mí nos encantará dormir allí con las cobijas bonitas y almohadas. ¡Nunca había visto tantas almohadas!
Estaba completamente desconcertada por la charla de Grace sobre "su habitación", pero pensé que sería mejor preguntarle sobre otra cosa.
–¿Marie? –miré a este pequeño milagro en mis brazos, preguntándome de quién demonios estaba hablando –Grace cariño, ¿quién es Marie?
Grace me rodó los ojos, lo que me hizo reír en silencio.
–Ella es Marie, mami –levantó la muñeca que le había comprado hace tres años. Le eché un buen vistazo a esa muñeca, la misma muñeca a la que le había dedicado un tiempo considerable para seleccionarla. Su cabello estaba cortado en algunos lugares, lo que le daba el aspecto de haber perdido una apuesta con un peluquero ciego. Sus labios estaban cubiertos de un marcador permanente color púrpura que debía simular el lápiz labial. No pude reprimir mi sonrisa y Jake se rió entre dientes siguiendo mi mirada.
–¿No te acuerdas de ella? Papi dijo que la compraste para mí –sus pequeñas cejas se arrugaron por la confusión.
Rocé el corte de pelo irregular de su acompañante y escogí mis siguientes palabras con mucho cuidado.
–Por supuesto que la recuerdo. Simplemente no estaba allí cuando la nombraste, ¿recuerdas?
–Más o menos –ella me miró con sus ojos buscando algo en los míos –¿Te sientes mejor ahora? –preguntó Grace, mirándome inocentemente. Pasó su mano por mi cara y luego la puso en mi frente –Papi dice que su frente puede estar caliente, pero que se supone que la frente de las chicas como yo y mami Meghan deben estar tibias así que debes estar mejor porque la tuya está fría –ella asintió para sí misma completamente convencida con su propia lógica.
–¿Mejor? –mi tono era de curiosidad mientras escuchaba ansiosamente sus explicaciones.
Bajó la vista hacia la harapienta Marie y luego volvió a mirarme.
–Papi dijo que estabas enferma. Dijo que por eso tuviste que irte, para que yo tampoco me enfermara. ¿No te sientes mejor ahora? –su voz, que había sido muy fuerte, se volvió muy silenciosa, mientras me miraba, ansiosa por mi respuesta.
Miré a Jacob, que ahora estaba alerta con sus ojos implorando que entendiera lo que decía nuestra hija.
Tenía sentido. ¿Qué le dices a una niña que extraña a su madre, especialmente cuando la alternativa, la verdad, podría aterrorizarla sin remedio? Le sonreí suavemente a Grace, mientras continuaba pasando mis dedos por su cabello húmedo.
–Me siento mucho mejor ahora –dije tan tranquilizadora como pude. Eso era cierto. ¿Cómo podría no sentirme mejor sentada aquí con ella en mi regazo?
Grace me devolvió la sonrisa.
–Me alegra –intentó ahogar un gran bostezo, miserablemente y no pude evitar reírme. Ella realmente se parecía un poco a mí.
–Es hora de ir a la cama, pequeña. Debes descansar bien para mañana –me levanté fácilmente manteniéndola cerca de mí.
–No quiero irme a dormir. Quiero quedarme contigo, mami –la miré y la vi esforzándose por mantener los ojos abiertos.
Jake se puso de pie, dando un paso hacia donde estábamos. Estaba lista para devolvérsela, incluso si mi corazón no quería dejarla ir. Él juguetonamente le revolvió el pelo, lo que provocó una gran sonrisa en su pequeño rostro.
–Gracie, no dormiste nada anoche o en el avión de camino aquí
Sus ojos se fijaron en los míos.
–¡Viajé en avión hoy, Mami! ¿lo sabías? ¡Por primera vez! ¡Fue realmente ruidoso y luego no lo fue y pude ver el centro de una nube! –dijo mientras me sonreía con su diente frontal que empezaba a salir.
Mi cabeza se inclinó hacia la de ella, mientras le daba un pequeño beso en la frente antes de apoyar la mía contra la de ella.
–Un viaje en avión suena divertido, Grace. No he estado en un avión en mucho tiempo. Vamos. Vamos para que te acuestes –le sonreí y luego me llegó la inspiración –Papá Noel no vendrá hasta que estés dormida
La cara de Grace parecía más animada con ese pensamiento. Se inclinó un poco lejos de mí extendiendo su mano para agarrar un mechón de cabello.
–Mami, tu pelo es tan suave –su cabeza encontró su camino hacia mi pecho y ese mismo suave suspiro salió de ella, uno de perfecta satisfacción, mientras frotaba sus dedos sobre mi cabello. No podía creer cómo un toque tan pequeño podía llenarme de tanta alegría. Me quedé sin aliento cuando me di cuenta de que estaba imitando con su cabello lo que ella estaba haciendo con el mío.
Di un paso hacia Jake para devolverle a Grace, pero Grace no me dejaría ir tan fácilmente. Ella trepó por mis brazos, haciendo el agarre más fuerte que podía alrededor de mi cuello.
–Bells, llévala a dormir. Ella obviamente quiere que tú lo hagas –él me miró con ojos increíblemente tiernos, llenos de disculpas y amor.
Asentí, sintiendo mis ojos llenos de emoción. Era extraño, pero después de todo este tiempo, acostarla parecía ser algo natural. Me dirigí automáticamente a la cocina.
–Grace, vamos por un vaso de agua para ti antes de subir
Edward se levantó para apartarse de nuestro camino, llevándose la silla con él, cuando Grace lo miró directamente.
–¿Cuál es tu nombre?
Le sonreí al amor de mi vida, sorprendida de encontrarlo mirando a Jake, levantando sus cejas, haciendo una pregunta sin pronunciar palabra. Grace intentó llamar su atención hacia ella.
Vi a Jake suspirar y cerró los ojos antes de asentir hacia Edward.
Edward se volvió hacia donde estábamos Grace y yo, pero no se acercó.
–Mi nombre es Edward –él le sonrió alentador y sus ojos brillaron al mirarla.
Me sentí completamente conmocionada cuando vi que Grace quitaba su mano de mi cuello y la extendía hacia él. Edward miró a Jake en busca de permiso, antes de que él también extendiera su mano hacia mi hija. Grace envolvió su mano alrededor de tres de los dedos de Edward y la sacudió solemnemente.
–Es un placer conocerte, Edward. Soy Grace
–Es un placer conocerte, Grace –esa misma cadencia formal con la que Edward siempre hablaba se mezcló con reverencia. Lo más sorprendente era la expresión en su rostro. Su mirada se movía entre su rostro y su pequeña mano envuelta en la suya. Él no sonrió, pero su rostro tenía una expresión de asombro. Ella soltó su mano y la volvió a poner alrededor de mi cuello y nos dirigimos hacia la cocina, donde le serví un pequeño vaso de agua.
Noté toda la comida humana que había en la cocina. Frutas, bocadillos, pan y otros artículos llenaban mis pequeños muebles y comencé a darme cuenta de la cantidad de esfuerzo que se requirió para que esta visitar pudiera suceder.
Por lo que parecía, estarían aquí por lo menos durante unos días. Pero me obligué a no pensar en el futuro y permitirme disfrutar el momento. Todo lo demás se podría resolver después.
Pude sentir que Grace gradualmente se relajaba más en mis brazos, los latidos de su corazón empezaron a ir a un ritmo constante, su respiración se convirtió en un patrón suave que comencé a recordar mientras caminaba cautelosamente hacia la escalera.
Con cada paso, ella continuaba acercándose a la inconsciencia y la acerqué más a mi pecho, a pesar de mi repentina ansiedad de que mi piel fría pudiera causarle un resfriado.
Llegamos al final de las escaleras, cuando los latidos de su corazón se aceleraron y ella luchó para soltarse de mi agarre. La puse de pie en el suelo y corrió en dirección a mi oficina. La seguí, sin comprender por completo por qué iba por ese camino al principio, pero la comprensión empezaba a inundarme.
Grace abrió la puerta, donde la luz ya estaba encendida. Cuando la puerta se abrió por completo, no pude contener el jadeo que salió de mis pulmones.
Donde tenía un pequeño escritorio, una computadora, una impresora y una silla robusta, donde hasta hace poco había pasado largas noches solitarias, ahora se había transformado. Edward había pintado las paredes de un verde pálido hace un par de semanas, diciéndome que quería que yo tuviera un espacio tranquilo y relajante para trabajar. Ahora estaba empezando a entender su ingenio.
Las paredes eran del mismo color verde sereno, pero los muebles de oficina habían desaparecido. En su lugar había una hermosa cama doble, su marco de madera de cuatro postes estaba pintado de color blanco brillante, con una hermosa cobija de color lavanda y morados en diferentes tonos. Las almohadas estaban apiladas en lo alto de la cabecera de la cama, con una hoja verde cosida al final. Me reí entre dientes al recordar las palabras de Grace momentos antes. Ella tenía razón. La pila de almohadas era enorme.
La ropa de cama era de algodón grueso y muy acolchada, con una alfombra a juego en el piso para proteger los pies de Grace de la madera fría en las mañanas. Suaves cortinas blancas de tul estaban delicadamente bordadas con pequeñas margaritas color lavanda y las mismas lianas verdes pálidas que colgaban hacia el piso colgaban de la ventana solitaria. Una suave y curvada cenefa cubierta por el mismo acolchado que la cama cubría el marco de la ventana.
La estantería estaba llena de libros nuevos de todo tipo. Había una mecedora blanca en la esquina con su asiento y respaldo acolchado haciendo juego con todo lo demás en la habitación. Un pequeño caballete con suministros de arte nuevos que se convertía en un escritorio estaba pegado a la pared y lo completaba una silla de su tamaño para que ella la usara cuando quisiera. Un pequeño mueble para guardar cosas, también blanco, completaba la habitación y encima de él había una canasta con pequeños accesorios para el cabello de todo tipo.
Solo podía imaginar lo que Alice había comprado y ahora estaba dentro de esos cajones. Ya había notado el pequeño armario abierto. Estaba a reventar con ropa y zapatos para Grace. Reconocí el mismo vestido pálido lavanda que colgaba al frente, el que me llamó la atención cuando fuimos de compras unos meses antes, con la brillante Mary Janes sentada debajo.
Había cuadros con hermosos estampados vintage, sus suaves acuarelas acentuaban la habitación, enmarcadas en delicados marcos blancos, colgadas en la pared. Pero lo que más llamó mi atención fue un hermoso retrato pintado a mano de Grace.
Le mostré a Esme cada fotografía que tenía de Grace durante uno de nuestros primeros fines de semana juntas. Mi nueva madre se había quedado con una de mis favoritas, una instantánea de cuando ella tenía solo tres años, vestida con un vestido de verano y la había capturado usando óleo. Me encantó la solemne mirada estudiosa en el rostro de Grace mientras sostenía el libro suavemente como con reverencia. Mis ojos estaban tan llenos de lágrimas, que por un momento pensé que realmente podrían derramarse. Me sentí abrumada por la gratitud hacia mi nueva familia por lo que habían creado para mi Grace.
Grace bailó alrededor de su habitación con brazos cortando el aire, antes de detenerse de repente, mirándome.
–Amo mi habitación. Es perfecta –ella recogió su muñeca del suelo y sofocó un bostezo con sus ojos llenos de agotamiento.
Jake estaba parado detrás de nosotras y su cuerpo enorme llenaba el marco de la puerta de la nueva habitación de Grace.
–Grace, cariño, es hora de ir a la cama
Me hice a un lado, así Jake podría desarrollar su rutina nocturna. Jake agarró el abrigo al pie de la cama y la envolvió alrededor de los hombros de Grace. Él la levantó y gruñó en su estómago haciéndola reír a carcajadas.
–¡Papi! –ella chilló.
–Tal vez mami te arrullará hasta que te duermas –dijo mientras sus fuertes brazos se inclinaban hacia mí. Grace una vez más me buscó con su cara soñolienta, pero con una mirada de total satisfacción.
Mis ojos se desviaron hacia los de Jake y él me sonrió con esa misma sonrisa que me ayudó a superar momentos difíciles en Forks. Sus ojos eran tímidos, pero alentadores. Me estiré para tomar a Grace de nuevo y me dirigí a la mecedora, acercando a Grace hacia mí. Suspiramos al mismo tiempo, generando una risa de parte de Jake y estaba segura de haber escuchado una de Edward también.
Jake salió de la habitación, mirándonos por última vez. Él se rió entre dientes, girando la perilla del interruptor de la habitación para atenuar las luces.
–Sabía que esto funcionaría –se giró para irse, antes de volver a asomar la cabeza –si quieres que él se quede, me parece bien. Sé que nunca dejarías que le ocurriera nada a nuestra hijita –le lanzó a Grace un beso de buenas noches, que ella atrapó en el aire, haciéndola reír de nuevo –Buenas noches damas
Lo escuché abrir la puerta junto a nosotras y susurrar silenciosa pero reverentemente:
–Meghan –la puerta se cerró y pude oír movimientos sutiles y susurros al lado, sabiendo que él estaba con ella, con nosotros, en esta casa.
Era extraño, no se sentía tan incómodo como pensé que sería.
Seguí meciendo a Grace cuya cabeza estaba contra mi pecho. Empecé a tararearle mi nana, la que Edward había escrito para mí hace más de una década, a ella, lo que nunca había hecho antes. Parecía correcto en ese momento, dadas las circunstancias.
–Mami, me gusta esa canción –murmuró ella adormilada.
–Me alegra que te guste –sonreí, pensando que alguna vez Edward podría tocar esa canción para ella –Ahora, cierra esos ojos –susurré mientras mis dedos rozaban ligeramente sus párpados para que se cerraran –debes estar cansada, bebé –la acerqué más, tan cerca de mí como pude, aunque todavía no parecía tenerla lo suficientemente cerca.
Nos quedamos allí sentadas en la mecedora y mi suave tarareo se mantuvo al ritmo de la silla. Levantó la cabeza y me miró, con un destello de pánico en sus hermosos ojos marrones. Estaba empezando a entender por qué Edward había estado tan enamorado de mí cuando todavía era humana.
–Mami, ¿cómo sabrá Santa dónde estoy? No estoy en La Push, en mi otra cama –su cara se retorció confundida y un poco alarmada.
–Santa lo sabe todo. Él sabrá exactamente dónde estás, especialmente porque un pajarito me dijo que te has portado muy bien –la voz de Edward me sacó de mi ensoñación y me pregunté cuánto tiempo había estado sentado en silencio en el marco de la puerta de la nueva habitación de Grace mirándonos.
–¿De verdad? –respondió Grace y la esperanza en su voz le trajo alegría a mi corazón.
–Sí, cariño, Edward lo sabe todo –puse los ojos en blanco en su dirección, lo que provocó que él sonriera –Ahora, cierra esos ojos –continué meciéndola.
Edward se levantó, listo para irse y bajar la escalera.
–No te vayas –le imploré lo suficientemente fuerte solo para sus oídos.
Él se volvió con el inicio de una sonrisa tirando de sus labios carnosos.
–¿Estás segura? –susurró de vuelta.
–Quédate
Se inclinó dentro del marco de la puerta, cruzando los brazos sobre el pecho, tan silencioso como un ratón de iglesia. Sus ojos se enfocaron en Grace cuando finalmente se durmió. Nos quedamos así por un tiempo, hasta que estuve segura de que ella estaba completamente dormida. Me puse de pie y Edward corrió a retirar sus cobijas. La acomodé y juntos, la cubrimos con los edredones nuevos, que olían a detergente para ropa fresca y suavizante de telas. Metí a Marie con ella, antes de desplomarme en el suelo, sin querer apartarme de su lado, incluso si ella estaba profundamente dormida.
Edward se sentó detrás de mí y comenzó a frotar mi espalda.
–¿Estás terriblemente enojada conmigo? –su voz estaba llena de tensión y pude sentir que comenzaba a ponerse rígido y sus manos se detuvieron cerca de mis hombros.
Me di vuelta para mirarlo, tomando su mejilla en mi mano.
–Deberías haberme preguntado primero –mi tono era mucho más firme de lo que esperaba y su pecho se sacudió con un suspiro.
Edward puso un mechón de pelo detrás de mi oreja, antes de que sus nudillos acariciaran tiernamente mi mejilla.
–Lo siento. No fue hasta nuestra conversación hace un par de días cuando finalmente entendí por qué te mantuviste alejada por tanto tiempo. Siempre supuse que era solo porque la manada te había obligado a irte. No tenía idea de tu miedo a su transformación más adelante. Pero para entonces, no sabía si ya le habían dicho a Grace y todavía pienso que la necesitas, así como ella te necesita –él cambió su mirada de mí hacia ella y sus ojos se suavizaron. Escuchamos una respiración entrecortada salir de ella como un pequeño suspiro, lo que nos hizo sonreír estúpidamente el uno al otro - no pudimos evitar disfrutar este momento.
Odiaba verlo triste porque sabía que lo que él había hecho se había logrado gracias a su amor incondicional. Todo esto ocurrió después de esa horrible pelea. En ese momento, no había ninguna esperanza de reconciliación, al menos para mí. Y, sin embargo, él había hecho lo imposible. No sabía todos los detalles, pero podría extrapolar los conceptos básicos. Edward, junto con Emmett y Carlisle, volaron de regreso a Forks y se reunieron con los lobos, asumieron la ardua tarea de convencer tanto a Sam como a Jake de que consideraran la idea de que volviera a ver a mi hija, la misma niña que dormía en esta gloriosa habitación de mi casa, mi hogar que ahora compartía con Edward.
–Lo resolveremos, Edward. No tengo idea de cómo, pero tiene que haber alguna forma. Estoy empezando a creer en milagros, así como en promesas –Edward se relajó visiblemente y volví a mirar a Grace que yacía allí con su pequeño pecho que subía y bajaba con cada respiración que tomaba –Pero no más secretos, Edward, no más mentiras. Prométemelo –le imploré.
Edward envolvió sus brazos alrededor de mí, jalándome suavemente hacia su fuerte abrazo.
–Lo prometo
Dejé un beso en el brazo que envolvió alrededor de mi hombro, ya que no quería apartar la vista de mi pequeña maravilla. Su boca estaba un poco abierta y su patrón de respiración se hizo más profundo, mientras ella se adentraba más y más en la tierra de los sueños.
Nos quedamos sentamos allí, sin movernos mientras observábamos a Grace dormir.
–¿Edward?
–¿Si amor? –me susurró al oído para evitar sacar a Grace de su dichoso sueño.
–No fui completamente sincera contigo sobre algo
Comenzó a pasar sus dedos por mi cabello, su toque era de confort en lugar de pasión.
–¿En qué? –su tono era de pura curiosidad, en lugar de la ira o el dolor que estaba esperando.
–Mis razones para no ver a Grace. No te dije una… una en la que no quería pensar
Él apretó su agarre y le di la bienvenida a la comodidad de sus brazos.
–¿Quieres contarme ahora? –su voz era gentil, alentadora.
Asentí y respiré profundamente antes de continuar.
–Esa noche, cuando... –Iba a decir Victoria, pero no podía soportar ni siquiera susurrar su nombre en la misma habitación donde dormía mi hija –ella me mordió, mencionó el aroma de Grace, lo atractivo que era
Edward asintió con su cara enterrada en mi pelo.
–Continúa –instó suavemente.
Le acaricié suavemente la mano hasta que reuní el coraje suficiente para decir lo que había estado en mi mente cada vez que pensaba en Grace, cada vez que fantaseaba con volver a verla.
–Tenía miedo de que ella tuviera razón –susurré tan suavemente que incluso sus oídos de vampiro tuvieron que esforzarse para entenderme.
–¿Quién podría tener razón? ¿Ella? ¿En qué crees que esa sucia criatura podría tener razón? –Edward pareció sentir mi renuencia a pronunciar el nombre Victoria en nuestro hogar.
–Que su aroma podría –cerré los ojos, avergonzada por lo que estaba a punto de confesar –darme ganas de matarla, Edward. Incluso con mi aversión a la sangre humana, temía que ella pudiera ser para mí lo que yo era para ti hace todos esos años, que su sangre podría atraerme como ninguna otra. Si yo la hubiera... –estaba a punto de decir matado de nuevo, pero no podía formar la palabra con mis labios –... lastimado, No hubiera podido continuar –mi voz estaba claramente llena de humillación.
–Pero no la lastimaste, ¿verdad? Tanto Jacob como yo creímos en ti y finalmente comenzaste a creer en ti misma, pude verlo en tus ojos en el momento en que ella te abrazó –sus ojos eran una mezcla de 'te lo dije' y completa adoración por mí.
–No estaba segura de poder hacerlo, pero estoy muy feliz de haberlo hecho. No fue hasta que ella me dijo que me extrañaba que me permití sentir honestamente lo mucho que la extrañaba, cómo todas las mentiras que me dije de que ella estaría mejor sin mí, eran solo eso... mentiras. Simplemente no sé cómo va a funcionar todo esto
–Tú y Jacob lo resolverán y yo ayudaré, como pueda. No haré que esto sea difícil para ninguno de ustedes. Parecía más que receptivo a que la vieras y me equivoqué al juzgarlo mal acerca de no mantener su palabra sobre traerla
Me volví en sus brazos, mirándolo, observando cada parte de su belleza inhumana, antes de que pudiera formar las palabras.
–¿Cómo, Edward? ¿Cómo hiciste todo esto?
–No ahora, voy a explicarte todo después, cuando haya tiempo. Luego responderé todas las preguntas que tengas. En este momento, simplemente quiero que lo disfrutes. Quiero que olvides todo lo demás. ¿Puedes hacerlo? ¿Por mí? ¿Puedes hacer eso por Grace?
Me volví para mirar a mi propia bella durmiente en la cama frente a mí, demasiado abrumada por la emoción como para hablar, así que asentí.
–Y Bella, creo que hay una cosa más que debería mencionar
–¿Hmm? –respondí.
Él se rió suavemente en mi oído, lo que me sorprendió.
–Bella amor, ¿captaste el aroma de la sangre de Grace cuando la abrazaste la primera vez?
Entendí lo que estaba preguntando y no pude evitar sonreír.
–Sí, pero mi sentido del olfato es mucho más fuerte que el tuyo. ¿Qué detectaste?
–Pude oler un mínimo aroma a fresias, pero había algo más fuerte que eso... –se interrumpió de repente.
–Lo sé, perro mojado. ¿Quién lo hubiera pensado? –me reí ligeramente.
–Bueno, Jacob era un hombre lobo cuando ella fue concebida, así que, aunque me sorprende, tiene mucho sentido, ella comparte tu ADN y el de Jacob –él besó la parte de atrás de mi cabeza.
–¿Así que su sangre no te atrae? –pregunté vacilante.
–En lo más mínimo. Considerando lo fuerte que es tu sentido del olfato, simplemente no puedo imaginar cómo puedes sentarte así de cerca y no sentirte abrumada por su olor, sin ofender –ofreció humildemente.
Me reí en silencio.
–No es una ofensa. Solo estoy bloqueando esa parte de ella, todo lo que puedo oler es el aroma sutil a fresias –hice una pausa por un minuto, antes de hacer mi siguiente pregunta –¿Así que así es como olía para ti cuando aún era humana?
–Todavía hueles así, aunque ahora es diferente sin la sangre acentuando ese aroma. Pero solía concentrarme en el aroma a fresias, me recuerda que estás aquí y me tranquiliza en vez de llevarme a la locura total –él me abrazó de nuevo.
–Qué bueno saberlo –respondí.
Justo en ese momento, pude presenciar algo con mis ojos y oídos que nunca antes había tenido el privilegio de ver. Grace rodó sobre su costado y un pequeño sonido escapó de sus labios... 'mami'. Era tan claro como el día y pude sentir el aire en mis pulmones precipitarse en un largo zumbido.
–Bueno –Edward se rió entre dientes en mi oído –ella es tu hija
Pasamos el resto de la noche abrazados, mirando a Grace, escuchando otras palabras de sabiduría saliendo de los labios de una niña de cinco años. Edward se apartó de mi lado brevemente para hacer el papel de Papá Noel y luego regresó a mí para continuar nuestra vigilia.
Mi vida era perfecta o estaba muy cerca de serlo.
Ahora solo tenía que esperar a que Edward me pidiera que me casara con él, sabiendo que cuando lo hiciera, le diría que sí.
Ya podía ver a Grace con ese vestido color lavanda, saltando por el pasillo frente a mí.
Qué pensamiento tan perfecto y maravilloso...
¡Lo sé! ¡Me demore horrores, pero bueno… aquí esta! Muchas gracias por leer y por los comentarios y por todo.
