Descargo de responsabilidad: los personajes no me pertenecen y la historia es de Enthralled, yo sólo traduzco con su permiso.
Capítulo 51: Claro, claro
BPOV
Hablé con Grace desde el momento en que bajó del avión y varias veces al día las dos semanas siguientes. Fiel a su palabra, Jasper instaló ambas cámaras web y cuando Grace me vio por primera vez a través de su computador, chilló de placer. No era igual a tenerla en mis brazos, pero por ahora sería suficiente.
Grace tuvo un fin de semana de tres días en la escuela de la reserva, así que Jake me sugirió que volara a Seattle para verla, si podía. Edward me acompañó, alquiló dos hermosas suites de hotel para todos nosotros. Ese fin de semana improvisado fue precisamente lo que Grace y yo necesitábamos. Fuimos inseparables casi todo el fin de semana, pero aprovechamos el tiempo al máximo y la separación inevitable entre nosotras fue más tolerable.
La llevé al zoológico donde nos divertimos con Alice y con Rosalie. Cada momento quedó grabado en mi memoria permanentemente… desde su gran sonrisa cuando nos recibió en el aeropuerto a algo tan simple como llevarla a McDonalds, cada instante llenó de alegría mi corazón. Ella dudaba al apartarse de mi lado, pero pude alentarla a explorar las cosas que aparecían en nuestro camino. Jake y yo discutimos programar visitas más frecuentes y finalmente llegamos a un acuerdo para hacer algo al menos mensualmente. Yo estaba extasiada. La reacción de Grace fue muy divertida, hizo un pequeño baile y cantó feliz:
–Podré ver a mi mami, podré ver a mi mami
Las semanas pasaron volando y mi agenda se convirtió en una rutina que involucraba a Edward todos los días. Mis fines de semana los pasaba con toda la familia, aunque Edward y yo raramente nos separábamos. Ocasionalmente me regalaba cosas que esperaba con ansias fuera un anillo. A veces notaba mi desilusión, me besaba suavemente y se reía. Sus ojos centelleaban en broma, pero realmente estaba intentando ser paciente, apenas podía esperar a que comenzara la siguiente parte de mi vida. Mi regalo favorito hasta ahora era un hermoso broche de platino y diamantes que había pertenecido a Elizabeth Mason. Era tan antiguo y delicado que tenía miedo de ponérmelo, hasta que Alice me aseguró que podía ver que no le pasaría nada.
Todavía me encantaba trabajar con mis alumnos, pero estaba esperando con ansias las vacaciones de mitad de invierno. Cuando Mandy y yo estábamos ocupadas organizando y cerrando el salón el viernes anterior a las vacaciones, no pude evitar sonreír, sabiendo que en unas horas estaría en un vuelo con Edward, a solas.
–¿Por qué esa sonrisa? –bromeó Mandy.
Me di cuenta de que se dirigía a mí, así que miré en su dirección y descubrí que sonreía juguetonamente, justo como yo sonreía.
–Oh, solo estoy pensando en la semana libre –respondí casualmente agitando mi mano en el aire.
–Sabes –comenzó Mandy con cautela y su sonrisa creció aún más –hace un año, para esta fecha estabas completamente vacilante acerca de esta semana libre, casi como si temieras que sucediera
Pensé en este mismo día hace un año, antes de que los Cullen regresaran. Me estremecí involuntariamente cuando apareció el recuerdo de una interminable semana solitaria.
–¿Elizabeth? –preguntó Mandy preocupada. La sonrisa burlona desapareció de su rostro de inmediato cuando me puse muy seria.
Respiré hondo, forzándome a recordar que aquella dolorosa semana era parte del pasado y que mi desesperada soledad era un recuerdo lejano.
–Tienes razón, Mandy. El año pasado para esta época, no estaba muy ansiosa –le sonreí genuinamente –Este año, las cosas son completamente diferentes –me reí.
–¿Por Edward? –bromeó, pero esta vez su voz estaba una vez más llena de optimismo juguetón.
–Exactamente. ¿A dónde van a viajar Jack y tú? –pregunté en un intento de cambiar el tema de conversación a algo que no fuera yo.
–Bueno –alzó una ceja larga, perfectamente depilada –bromeé acerca de ir a París, pero él confesó que iríamos allí para nuestra luna de miel oficial –ella puso los ojos en blanco –entonces, nos vamos a casa a ver a mis padres en Atlanta. Mamá y papá están ansiosos por conocerlo –ella frunció el ceño ante la idea.
–Eso suena... divertido; solo tú, Jack y tu familia –dije sarcásticamente.
–Mm-hmm –respondió ella con brusquedad, limpiando el último de los pupitres por ese día.
Terminamos nuestro trabajo justo cuando Edward entró por la puerta. Me besó dulcemente en la boca, antes de que yo agachara la cabeza con timidez.
–Edward –susurré –no en el trabajo
–Sí, realmente no deberías hacer eso mientras aun estás en tu horario laboral
Me puse tensa cuando me di cuenta de que Gerry también estaba allí. Podía oír gruñidos en lo profundo del pecho de Edward, pero su sonrisa petulante no dejó su rostro. Esto no iba a terminar bien.
–Gerry, Mandy y yo estábamos a punto de salir. Que disfrutes la semana de vacaciones –le dije con frialdad y firmeza, dirigiéndome hacia la puerta con mi bolso en la mano.
Gerry dio un rápido paso hacia su izquierda, interponiéndose en nuestro camino para evitar nuestra salida.
–Necesito hablar contigo por un momento, Beth –dijo con una sonrisa burlona. Estiró la mano hacia mi muñeca, pero Edward se movió sin esfuerzo entre nosotros y su gruñido ahora era casi audible para los humanos en la habitación.
–Creo que oficialmente ella ya ha terminado su trabajo por hoy, Gerry, y tenemos planes –el tono de voz de Edward y su cuerpo tenso me hicieron saber que las cosas podrían salirse de control si no salíamos de aquí.
Edward tomó mi mano izquierda y la besó dulcemente. Cuando sus ojos se levantaron para encontrarse con los míos, pude ver su alegría al poder jugar con mi jefe. Inmediatamente dejé de respirar, dándome cuenta de lo que estaba tramando. Efectivamente, continuó frotando con el pulgar mis nudillos, besando mí anillo dearest en la línea de visión de Gerry, mientras cambiaba su mirada hacia él. Eso era un desafío claro, el primero que veía.
La cara de Gerry se contorsionó de rabia y el rubor rojo de sus mejillas se precipitó hacia su cuello como agua que cae sobre una cascada.
–Solo necesito un segundo antes de que te vayas, Beth. Es importante –él casi siseó.
Claro. Suspiré y miré a Gerry con evidente desprecio.
–Si puedes hacerlo rápido
Los dedos de Edward se deslizaron para encajar con los míos y cuando di un paso, él no me soltó.
–No. No vas a ir a ningún lado con él –su tono era bajo y amenazante.
Solté fácilmente mis dedos de su agarre, levantando mi mirada hacia la de él. Sus ojos estaban helados, mirándome con una urgencia que no podía ignorar.
–Va a tomar un minuto, Edward. ¿Tal vez podrías traer el auto? –le ofrecí, esperando que él entendiera que no tenía nada de qué preocuparse. Gerry no era una amenaza para ninguno de los dos.
Tomando una respiración profunda, Edward extendió la mano y apretó mis dedos suavemente, frotando su pulgar haciendo esos familiares círculos calmantes en mi piel; Pude ver la tensión en sus ojos mientras se obligaba a relajarse.
–Te esperaré aquí. Tengo todo el tiempo del mundo
Le sonreí, dándole las gracias con mis ojos. Él rápidamente asintió una vez.
Seguí a Gerry al pasillo, sin permitir que él nos alejara demasiado del salón. Mi lastimosa excusa de jefe se volvió hacia mí.
–Estuve haciendo números para el próximo año, Beth. Tengo que informarte que no se ven bien –su tono era sombrío, pero pude escuchar la inflexión excesivamente dramática en su voz.
–Oh, ¿qué significa eso exactamente? –mantuve mi tono desinteresado e intenté darle una mirada de indiferencia.
–Bueno –comenzó –puede que tenga que hacer algunos recortes de personal en otoño y odiaría que uno de esos recortes te incluyera
–¿Disculpa?
–No es necesario que te preocupes por eso ahora. Estoy seguro de que todo saldrá bien, pero creo que debes saber que supervisaré tu progreso en tu salón durante los próximos meses, solo para asegurarme de que nos quedemos con las personas correctas. Solo asegúrate de que tus otros pasatiempos no interfieran con tus lecciones
Estaba indignada, pero luché por mantener las emociones fuera de mi rostro.
–Haz lo que tengas que hacer, Gerry. ¿Ya terminaste?
–No es necesario que te pongas agresiva, Beth. Solo te estoy avisando –me sonrió con aire de suficiencia, antes de alejarse, silbando a medida que avanzaba.
Regresé a mi salón de clases, donde la expresión de Edward me hizo saber sin lugar a dudas que había escuchado todo y que estaba más que furioso.
–Voy a romperle a ese pequeño-
Le lancé una mirada, suplicando silenciosamente que se detuviera, sabiendo que Mandy todavía estaba con nosotros. Me volví para mirarla.
–Mandy, ¿lista para irnos?
Rápidamente agarró su bolso y sus ojos muy abiertos me hicieron saber que estaba tan ansiosa por salir del edificio como yo.
Edward nos escoltó a las dos y cuando nos fuimos en el Volvo, aún podía sentir la tensión en el aire llenando la atmósfera como vapor.
–¿Edward?
–¿Hmm? –respondió con los labios apretados y con sus nudillos blancos en el volante.
Puse mi mano sobre su muslo y pude sentir como lentamente comenzó a relajarse.
–Edward, no dejes que esto arruine nuestras vacaciones ¿Por favor?, relájate. ¿Por nosotros?
Él asintió y me besó el dorso de la mano, mostrándome mi sonrisa favorita.
–Lo siento, es solo que me preocupo por ti. Pensar que él estará muy cerca de ti todos los días. Saber lo que realmente piensa de ti hace que mi lado protector se acerque peligrosamente a la superficie
Condujimos en un silencio amistoso hasta que llegamos al aeropuerto local. Edward condujo el Volvo lejos del estacionamiento público y se dirigió hacia la terminal privada en donde estaban los aviones privados o los alquilados por operadores locales.
–¿A dónde vamos? –pregunté. Mi cabeza giró en dirección a la entrada que pasamos hacia el parqueadero público.
Edward se rió entre dientes mientras él agarró mi mano con más fuerza.
–Tenemos un avión que abordar –hizo una pausa –es por aquí
Se detuvo en el estacionamiento privado y saltó de su asiento en un abrir y cerrar de ojos para abrir mi puerta y besarme profundamente en la boca.
–He querido hacer eso desde que te recogí esta tarde –suspiró, muy satisfecho consigo mismo por su paciencia.
Devolví su beso con fervor hasta que oí que dos personas con uniforme se acercaban a nosotros.
–¿Sr. Cullen? –el hombre más alto se dirigió a nosotros.
–Sí. ¿Está todo listo para nuestro vuelo?
–Sí, señor. Su equipaje ya está a bordo. Cuando esté listo, le pediremos permiso a la torre para despegar
La mano de Edward encontró la parte baja de mi espalda para poder dirigirme hacia un jet elegante y pequeño.
–Edward, ¿es ese nuestro avión? –pregunté incrédula.
–No, bueno, sí. Es el avión de la familia. Creo que antes de que termine el año, serás una Cullen también, así que sí, es nuestro avión –él bromeó, pero estaba demasiado sorprendida como para responder y estaba tratando de caminar a su ritmo.
–¿Siempre han tenido un avión? –los Cullen tenían todo lo demás, ¿por qué no un avión?
–Compramos uno hace un tiempo. Simplemente facilitó las cosas –su tono era grave y me di cuenta de que no quería mirarme a los ojos.
–¿Qué facilitó? –no podía entender su repentino cambio de humor.
Se detuvo y tomó ambos lados de mi cara.
–Cuando la estábamos cazando, simplemente fue más eficiente tener nuestro propio medio de transporte –apoyó su frente contra la mía.
–Oh –agarré el cuello de su abrigo, tirando de él hacia mis labios hambrientos –No quiero que ninguno de nosotros piense más en eso –esperaba que mi tono fuera firme y finito. Lo besé con fuerza, antes de mirarlo ferozmente.
Él asintió, antes de que lograra sonreír.
–Vámonos –continuamos caminando hacia el avión, tomados de la mano.
La escalera estaba abajo y él me indicó que abordara, siguiéndome rápidamente. El interior del avión era hermoso: tonos calmantes, neutros con asientos grandes que llenaban el interior. Había un estéreo de última generación y un televisor de pantalla plana conectado a la pared frontal. Y en un asiento había un paquete grande y envuelto.
Mientras nos movíamos hacia los asientos, Edward besó mi frente y se alejó. Podía escucharlo conversando con el piloto y con la tripulación. Aunque estaba distraída por todo lo que podía ver, escuché claramente que le ordenaba al personal que nos dejaran solos a menos que fuera absolutamente necesario, por lo que ahogué una risa.
Edward regresó a mí con su hermoso rostro ampliamente pintado con una sonrisa.
–Estamos listos para irnos. ¿Por qué no te pones el cinturón? El piloto está pidiendo permiso para despegar
Le rodé los ojos.
–¿Para qué necesitamos cinturones de seguridad? No es como si nos fuera a pasar algo si se cae el avión –murmuré en voz baja.
Edward tomó mi mano y me guio hacia uno de los asientos de gran tamaño.
–Porque amor, necesitamos mantener las apariencias –deslizó la hebilla en su lugar con su cara enterrada en mi pelo. Inhaló profundamente, y podría haber jurado que lo escuché suspirar de alegría.
Se sentó en el asiento junto a mí justo cuando escuché que los motores se encendieron y el avión cobró vida. No pude evitar sonreír.
–¿Por qué es esa sonrisa? ¿Qué estás pensando exactamente? –interrogó Edward.
–Simplemente estoy emocionada. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que viajé
–Bueno, eso es algo que espero remediar. Si me lo permites –se ofreció ligeramente.
Lo besé, comenzando lo que ayudaría a que nuestro vuelo pasara rápido. Ocasionalmente nos deteníamos para hablar, pero al final las palabras fueron pocas y, antes de darnos cuenta, el piloto anunció que estábamos a punto de aterrizar. Edward se estiró detrás de él, agarrando el paquete que casualmente había arrojado a un lado antes de que partiéramos.
–Ábrelo. Tenía la intención de dártelo antes, pero nos ocupamos en otras cosas –su sonrisa era tortuosa.
Tomé la caja en mis manos y él levantó la tapa. En el interior había hojas de papel de seda. La paciencia normal de Edward no fue evidente cuando rápidamente quitó estos papeles para revelar un hermoso vestido de noche ¿de qué color? De su tono favorito de azul...
–Edward –jadeé –es hermoso. Pero ¿para qué es? –pregunté.
–Algo especial, algo solo para nosotros dos –respondió él misteriosamente.
Si todavía me palpitara el corazón, se habría acelerado de anticipación. Esperaba que este vestido finalmente fuera una pista de cuándo Edward finalmente me pediría que fuera su esposa. Traté de ocultar mi alegría mientras sacaba el hermoso vestido de la caja.
–¿Y qué es eso tan especial?
Él sacudió su cabeza hacia mí.
–No te voy a decir. Estas vacaciones son para… sorprenderte
Suspiré, pero me resigné a que Edward no estaba dispuesto a revelar nada.
Bajamos del avión hacia donde nos esperaba algún tipo de automóvil deportivo. Nuestro equipaje ya estaba siendo cargado en la parte trasera del auto. Edward se despidió de la tripulación antes de partir hacia nuestro próximo destino.
La nieve revoloteó en suaves copos mientras Edward maniobraba fácilmente el auto por las estrechas calles. Condujimos durante un par de horas, tomados de la mano y hablando de nada en particular mientras el automóvil subía por las montañas. La vista era espectacular.
Cuando finalmente se acabó la carretera, Edward siguió avanzando, llevándonos por un camino de adoquines. Cuando doblamos la última esquina, contuve mi respiración por la sorpresa. Edward me había dicho que nos quedaríamos en un chalet pequeño, pero este edificio no tenía nada pequeño.
Pareciendo más un castillo, no pude evitar mirar al edificio con la boca abierta.
–Edward, es hermoso
–Sí, y es solo para nosotros
¡Tienes que estar bromeando!
–¿Solo para nosotros? Este lugar es del tamaño de un hotel. ¿Cómo puede ser esto solo para nosotros?
Edward se rió con ganas.
–Bella, es uno de los hogares de la familia. Venimos aquí cuando queremos esquiar o simplemente pasar un tiempo ininterrumpido lejos de todo. Es remoto, por eso lo elegí para nuestras vacaciones. De esa forma, podremos cazar, caminar, hacer lo que queramos, y nadie nos molestará
–Oh –realmente no sabía qué más decir.
Edward se detuvo en la entrada, apagó el motor y salió. Él me sacó del auto, me besó con urgencia y luego me hizo seguir adentro. Esta casa era muy diferente de las otras casas Cullen que había visto.
Era lujosa, pero no ostentosa. Todavía tenía los mismos colores serenos que Esme amaba, pero era familiar y obviamente cómoda. La entrada era enorme, pero con las múltiples chimeneas que eran evidentes desde la línea del techo, era obvio que fue elegida por su tibieza.
–Edward, es hermosa –agaché la cabeza tímidamente cuando su risa me hizo darme cuenta de que ya había dicho eso.
Él me abrazó cerca, enterrando su cabeza en mi pelo.
–Definitivamente es una de las favoritas de Esme. Ella y Carlisle intentan venir al menos una vez al año, si su agenda se los permite. Echemos un vistazo
Él me condujo a través de las muchas habitaciones hasta que llegamos a la nuestra. Tenía ventanas que daban a la parte posterior de la propiedad, lo que mostraba una magnífica vista de las montañas. Miré por encima de los árboles cubiertos de nieve mientras Edward deslizaba su fuerte brazo sobre mis hombros.
–¿Ves algo que te guste?
Me volví en sus brazos, mirando su hermoso rostro.
–Ahora sí
Él me besó una y otra vez, hasta que mi celular empezó a sonar. Eché un vistazo al identificador de llamadas y me di cuenta de que era Grace. Ella normalmente me llamaba todas las noches antes de irse a la cama.
–Ah, Edward, es Grace. Necesito...
Él me besó tiernamente en la frente.
–No te disculpes. Iré a desempacar. Tómate tu tiempo. Dile que le mando saludos y que la extrañamos mucho
Contesté con entusiasmo.
–Hola mi pequeña
–¡Hola mami! –ella me contó todo sobre su cena y lo que había sucedido desde que hablé con ella antes de que abordáramos el avión. También me informó ceremoniosamente que Jake y Meghan la llevarían al cine el sábado. Honestamente, no me importaba de lo que quisiera hablar, era maravilloso escuchar su pequeña voz llena de emoción mientras relataba los eventos del día.
Hablamos un rato antes de que Jake le recordara a Grace que ya era hora de ir a la cama. Prometí que volveríamos a hablar mañana. Colgué y me encontré con Edward descansando en la cama sonriéndome.
–¿Cómo está?
No pude evitar sonreír.
–Ella está maravillosamente. Lamento que haya interrumpido nuestro momento juntos
–He estado leyendo un poco sobre el tema, Bella. Parece que los niños tienden a interrumpir en momentos inoportunos –él se rio entre dientes mientras se levantaba y caminaba hacia mí –No tengo ningún problema con eso y no deberías disculparte cuando ocurra. Has estado sin esa hermosa niña durante tres años. Tienes mucho tiempo que recuperar
Él me abrazó y me fundí en su abrazo.
–Gracias
Él inclinó mi rostro hacia él en busca de respuestas.
–¿Por qué?
–Por ser tan perfecto. Solía irritarme en Forks, pero ahora estoy más que agradecida –bromeé.
Los siguientes días fueron dichosos. Salimos a caminar o a correr, dependiendo del día. Pasábamos las noches sentados frente al fuego, mirando películas, escuchando música o, a veces, simplemente hablando. Incluso acepté la idea de Edward de ir a la ciudad, donde compramos y disfrutamos de los entretenimientos locales que el pintoresco pueblo tenía para ofrecer.
Una noche, escuché a Edward suspirar de completa satisfacción. Dirigí mi mirada hacia él, mirando su cara angelical.
–¿Le importa compartir sus pensamientos con la clase, Sr. Cullen?
Él sonrió, antes de inclinarse para besar mi nariz.
–Es muy pacífico aquí
–Sí lo es
Esa sonrisa suya me decía que había algo más detrás de sus palabras.
–Lo que quiero decir es que estando nosotros dos solos aquí, tengo paz. No hay pensamientos entrometidos, ni susurros silenciosos de la familia, solo nosotros dos juntos
–Ah. Ahora entiendo. ¿Y a dónde irá esa paz cuando finalmente te cases conmigo y todos vivamos juntos? –interrogué, esperando haber hecho énfasis exagerado en mi respuesta.
Él se sentó, y levanté mi cabeza de su regazo para mirarlo directamente a los ojos.
–He estado pensando en eso
Mi emoción alcanzó un máximo histórico, con la esperanza de que este fuera finalmente el momento que había estado esperando.
–¿Y qué pensaste al respecto?
–Bueno –comenzó lentamente –creo que donde sea que vivamos, tú y yo tendremos un lugar para nosotros dos
No pude contener mi sorpresa.
–¿Qué? ¿Por qué?
–Bueno, hay varias razones. En primer lugar, soy un ser egoísta, Bella. No quiero compartirte todo el tiempo, y si tenemos nuestro propio hogar, podremos escapar cuando lo necesitemos o queramos
No había pensado en eso, pero él tenía razón. A veces debe ser sofocante vivir en una casa de vampiros con sentidos intensificados. Aunque sabía que tenía sentido, conocía a Edward y siempre pensaba detenidamente en este tipo de decisiones. Traté de mantener mi risa controlada cuando le pregunté:
–¿Qué otras razones se te ocurrieron?
–Bueno, con la incapacidad de Jasper para creer en sí mismo –hizo una y yo asentí para que continuara –y la desconfianza justificada que tiene Jacob hacia nuestra clase en general –asentí de nuevo tan seriamente como pude y continuó –Grace necesitará un lugar donde quedarse cuando venga para que puedas pasar tiempo con ella, aunque ninguno de nosotros perderá la oportunidad de visitarla
–Pero Edward, eso es muy caro –dije actuando mi parte en esta comedia, tratando de evitar estallar en carcajadas. Sabía que él esperaba esta reacción de mí y no me decepcionó su rápida reacción.
–Bella, no estoy hablando de una mansión, solo una casa que sea lo suficientemente grande para los tres. ¿Puedes dejarme hacer esto por ti? –su rostro era dulce y sus ojos me imploraban.
¿Él no entendía que no podía negarle nada cuando me miraba así? ¿Él no entendía que ya me tenía convencida para este punto? Mi corazón se hinchó de amor por este increíble hombre, dándome cuenta de cuánto tiempo y esfuerzo estaba dispuesto a aportar para hacerme la vida más fácil. No podía esperar a hacer lo mismo por él.
–Edward, esto tiene que ser lo más dulce que alguien haya querido hacer por mí
Él me besó profundamente, y continuamos nuestra noche, hablando de todas las cosas divertidas que podíamos hacer cuando viéramos a Grace nuevamente. Bueno, eso y un montón de besos...
…..
–Bella amor, ¿ya casi estás lista? –Edward me llamó desde detrás de la puerta cerrada de la habitación.
Por primera vez desde que podía recordar, deseé que Alice estuviera aquí, usándome como su muñeca personal de disfraces.
–Ya casi. Dos minutos
Edward se rió ligeramente.
–Está bien. Tómate tu tiempo. No vamos a llegar tarde
Esperaba que esta fuera la noche. Edward mencionó que tenía planes muy especiales para nosotros y me preguntó si me pondría el vestido nuevo que me había dado en el avión. Me alboroté frente al espejo, deseando por enésima vez haber prestado más atención cuando Alice y Rosalie me habían maquillado y peinado. Mi cabello estaba colgando en suaves ondas alrededor de mi cara con algo de él sujeto en la parte baja de mi cabeza. Ser una vampiresa no ayudó en nada a que se volviera manejable. Mi maquillaje fue otra historia. Finalmente me conformé con algo simple, sabiendo que cualquier otra cosa que intentara se vería ridícula.
Alisé mi vestido una vez más antes de ponerme los zapatos y salir por la puerta. Casi hago caer a Edward cuando salí, y por una vez, lo atrapé. Él me miró y sus habituales ojos centelleantes cambiaron instantáneamente a tono más oscuro mientras me miraba de la cabeza a los pies.
–Tal vez ese no era el vestido adecuado para regalarte, Bella
De repente, estaba ansiosa.
–¿Por qué? ¿Acaso lo ensucié?
Estaba mirando mi vestido, revisándolo para asegurarme de que todo estaba en orden cuando todo pasó de repente en un borrón. Edward me tenía sujeta contra la puerta, con una mano en mi cadera y la otra firmemente en mi mejilla. Sus labios se movían duros contra los míos, hasta que sentí la suavidad de su lengua clavada en mi boca capturando la mía. Sus gemidos se convirtieron en ronroneos profundos que pude sentir retumbando en su pecho y de repente me di cuenta de que mi Edward, el caballero, no estaba por ninguna parte. Todos mis sentidos se intensificaron al descubrir esta nueva criatura voraz y sexy que no podía tener suficiente de mí. Presionó su cuerpo contra el mío, encajando perfectamente. Sus besos se volvieron más insistentes, y sus manos volaron hacia cualquier piel expuesta: estaban en todas partes al tiempo. Todo mi cuerpo estaba en llamas, y no tenía idea de a dónde iba él con esto.
Tal vez él no quería esperar...
–¡Maldición! –Edward gruñó en mi oído. Retrocedió un poco y eché de menos el calor que estaba empezando a surgir entre nosotros. Hizo un agujero en el yeso cerca de la puerta –Lo siento, Bella. ¿Te asusté?
Me tomó un momento aclarar mi mente de lo que acaba de pasar.
–No, no lo hiciste. Pero ¿de qué se trató todo eso?
Edward me sonrió.
–Bella, si tengo que explicar lo que acaba de pasar, tenemos problemas más grandes de lo que creía
Ahora estaba agitada.
–Sé lo que acaba de pasar. Lo que no entiendo es por qué estás tan molesto –respondí –O por qué te detuviste... –murmuré en voz baja.
–No es apropiado
–¿De qué estás hablando?
Sus ojos ocres penetraron a través de mí.
–Bella, en mi época, un hombre no se comportaba de esa manera, no con alguien con quien no estuviera casado y especialmente si la amaba. No muestra ningún respeto hacia ti. Lo siento por haber sido tan atrevido. Mi comportamiento está yendo en espiral cada vez más fuera de control, y es inaceptable
No pude evitar sonreír. Yo, la pequeña y vieja Bella Swan, estaba haciendo desaparecer los modales pasados de moda de Edward.
–Oh –fue todo lo que pude decir.
–Definitivamente Oh. Lo siento, y haré todo lo posible para que no vuelva a suceder. No hasta que estemos casados
Arrugué mi nariz con disgusto.
–Pero eso no funciona para mí. Me gusta cómo estás actuando. ¡Quizás solo necesites casarte conmigo más rápido! –insinué juguetonamente.
Edward rodó sus ojos, antes de tomar mi brazo y guiarme por las escaleras.
–Bella, me casaré contigo apropiadamente y no porque sea un animal que no puede controlarse a sí mismo
Salimos de la casa y él me llevó al auto. Fácilmente maniobró por la carretera de la montaña, y antes de darme cuenta, llegamos a un teatro bastante grande.
–Ahora que estamos aquí, ¿cuál es exactamente tu pequeña sorpresa para nosotros? –pregunté con curiosidad disfrazando mi voz.
Edward pasó los dedos por sus labios como si los estuviera cerrando con cremallera. Salió del automóvil en un instante y me ayudó a salir de mi asiento. El lugar estaba casi vacío, y cuando entramos al edificio, mi boca se abrió por la belleza del interior. El lugar era antiguo, pero estaba muy bien cuidado, pintado en un estilo bohemio de un período olvidado en el tiempo.
Fuimos recibidos por un caballero mayor con esmoquin, que pidió mi abrigo y el abrigo de Edward, antes de que otro miembro del personal viniera a llevarnos al teatro. Dos grandes puertas se abrieron de par en par para nosotros y me sorprendí cuando vi que el anfiteatro estaba vacío, a excepción de la gran orquesta que estaba sentada en el escenario esperando... ¿nos?
–Edward, ¿qué hiciste? –en mi tono había más que un poco de ansiedad.
Edward no dijo nada y en su lugar me guio hacia una pequeña escalera que conducía a uno de los asientos VIP en el piso de arriba. Él me ayudó a sentarme en mi asiento antes de sentarse y tomar mi mano.
–Esta es nuestra pequeña sorpresa. Recuerdo que me dijiste cuánto te gustaba un conjunto particular de música y pude organizar esta pequeña velada para nosotros
¿Pequeña velada? ¿él estaba delirando?
–¿Um, Edward?
–¿Si amor? –Edward estaba mirando al director, intercambiando uno de esos molestos asentimientos que hacen los hombres, antes de devolver su atención a mí.
–¿Dónde están todos los demás? –miré por encima de las vastas filas de asientos vacíos.
–Somos todos los demás. Esta noche es solo para ti y para mí. Como dije, no estoy de humor para compartirte en este momento. Esta noche, eso también incluye a completos extraños
Yo estaba en completo shock. Aquí estaba una orquesta completa que comenzaba la obertura de una maravillosa sinfonía que me gustaba mucho, y era todo para nosotros. Estaba empezando a darme cuenta de que tenía que ser mucho más cuidadosa con lo que le expresaba a Edward en términos de gustos y aversiones. ¿Qué hubiera hecho si le hubiera dicho que me gustaba una ciudad en particular? Me estremecí con la idea.
Él me besó tiernamente en la frente.
–Bella, es posible que no pueda leer tus pensamientos, pero esa cara me está diciendo todo lo que necesito saber en este momento. Por favor, relájate y disfruta de esto. ¿Por favor?
Le sonreí e hice lo que me pidió. La música era hermosa, la acústica increíble. Me estaba divirtiendo mucho, sosteniendo la mano de Edward cuando se levantó y me jaló con él.
–Edward, ¿a dónde vamos?
Sin decir una palabra, me atrajo hacia su abrazo, balanceándome suavemente de un lado a otro. Solo su toque me hizo temblar un poco, pero mi cuerpo instintivamente se acercó más al suyo. Envolvió sus brazos alrededor de mí protectoramente y mi cuerpo se estremeció con lo que solo pude describir como alivio.
Edward estaba aquí, abrazándome. El amor que teníamos el uno por el otro era exactamente lo que cada uno de nosotros necesitábamos. Finalmente estaba empezando a entender la atracción que sentía por este hombre, y no pude evitar sonreír ante mi pequeña epifanía, así que sofoqué una risita contra su fuerte pecho.
–¿Que es tan gracioso? –preguntó Edward, genuinamente intrigado.
–Nada. Me siento muy bendecida. Es irónico que después de los últimos años todo sea tan... diferente
Edward dejó de moverse y mi cuerpo siguió su ejemplo. Sus ojos estaban fundidos, mirándome con tanta intensidad que mi mente solo podía pensar en una cosa... este es el momento. Finalmente él va a preguntarme de nuevo. Gracias a Dios…
Edward y yo nos sentamos de nuevo, tomando mi mano mientras tomaba un aliento gigante.
–Bella, tengo la intención de hacer que el resto de tu existencia sea diferente. Tengo la intención de cuidar de ti para siempre, y quiero hacer que cada día sea especial para ti. Si me lo permites –agregó.
Asentí con mis pulmones completamente vacíos, mientras esperaba esas cuatro pequeñas palabras que había deseado desde aquel maravilloso día de diciembre. En cambio, Edward me besó suavemente, y tomó mi mano devolviendo su mirada a la orquesta, que había seguido tocando.
¿Me lo perdí? ¿Estaba tan impresionada con su rostro perfecto que no escuché esas palabras exactas que estaba esperando?
No... No me lo estaba imaginando. Él no me había preguntado. En vez de eso, me quejé:
–Debería haber dicho 'sí' la primera vez
Edward se rio entre dientes tan suavemente, que casi no lo noto. Le di un fuerte golpe en el brazo, e hizo una mueca, mientras se frotaba en ese lugar.
La sinfonía terminó, Edward recogió nuestros abrigos y nos dirigimos al automóvil. Todavía estaba dolida por la no propuesta, pero intentó calmarme frotándome la espalda como a mí me gustaba. Regresamos al chalet en silencio.
No podría estar enojada con Edward por mucho tiempo. Pasamos el resto de la tarde hablando y miramos el amanecer juntos.
Edward pasó su dedo bajo mis ojos con su propia expresión teñida con un poco de tristeza.
–Te ves sedienta
No había cazado desde antes de irnos, y era cierto. Esa sensación de quemazón familiar estaba presente en la parte posterior de mi garganta, así que asentí.
–Debería ir. No está mal, pero si voy ahora, puedo tomar menos después
Edward envolvió sus brazos a mí alrededor.
–Te veré cuando vuelvas
Me aparté un poco de él, notando que sus ojos y las sombras debajo de ellos tenían un matiz más oscuro.
–¿Por qué no vienes conmigo?
Los ojos de Edward se abrieron con sorpresa.
–Bella, ¿estás segura de que te sientes cómoda con eso?
Asentí.
–Si voy a pasar la eternidad contigo, me gustaría que podamos hacer todo juntos. Eso incluye cazar. ¿Te gustaría venir? –logré sonreír débilmente.
–Si estás segura
–Lo estoy. Vamos –tomé su mano y caminamos hacia la puerta juntos.
Él me empujó hacia él cuando salimos al porche de piedra.
–Te amo –él me abrazó ferozmente.
Lo abracé de vuelta, escondiendo mi cabeza en su pecho.
–Yo también te amo. Vamos. No debería tomarnos mucho tiempo
Me alejé unos pasos de él, cuando lo escuché jadear sorprendido. Me volví para mirarlo.
–¿Qué? ¿Qué pasa?
–Bella, mírate
Miré hacia abajo, cuando me di cuenta a lo que se refería. El sol brillaba intensamente sobre mi cabeza, y mi piel expuesta brillaba como un diamante. El reflejo contra la nieve recién caída iluminaba el brillo y estaba inundada de luz. Me di cuenta de que esta era la primera vez que Edward me veía así. Pensé en la primera vez que vi su piel brillar en el prado y solo podía imaginar lo que él estaba pensando.
Retrocedí a la sombra protectora de los árboles. Edward pareció decepcionado hasta que pregunté.
–¿Hay alguien cerca? No quiero exponernos
Nos condujo a los dos de vuelta a la luz del sol y sus ojos me evaluaron de la cabeza a los pies. Su sonrisa se ensanchó, y si aún hubiera podido, sabía que me estaría sonrojando furiosamente. Mi mentón instintivamente se dejó caer en mi pecho, para ocultar lo cohibida que me sentía. Sentí sus dedos debajo de mi barbilla, inclinando mi cara hacia la suya.
–Eres hermosa
Para ocultar mi vergüenza, le apreté la mano con más fuerza y lo conduje hacia la espesa capa de árboles del bosque circundante. Nuestros pies apenas hacían contacto con la tierra debajo de ellos, y silenciosamente corrimos hacia la parte más profunda del bosque.
Nos detuvimos, Edward me miró y sus ojos se oscurecieron mientras su cuerpo se tensó. Mis oídos captaron el sonido de ciervos a casi un kilómetro de distancia, y nos miramos, nuestros ojos se cerraron y la comprensión fluyó entre nosotros sin necesidad de palabras.
Con nuestras manos aún unidas, salimos disparados en esa dirección. En segundos, estuvimos en la cima de un pequeño valle mirando hacia un estanque en la base. Alrededor había varios ciervos inconscientes de nuestra presencia. Miré hacia Edward, quien ya me estaba mirando con su pequeña sonrisa animándome a continuar. Solté su mano, y me acerqué rápidamente hacia la parte inferior de la colina, tomando fácilmente un pequeño ciervo, mis afilados dientes perforaron su yugular sin hacer ruido. Bebí grandes tragos, bloqueando el olor del animal salvaje con mis ojos mirando hacia arriba para ver a Edward mirándome.
Tan incómoda como estaba con él mirándome, me negué a permitir que mis ojos siquiera pestañearan. Mantuve el contacto visual, continuando hasta que la pobre bestia quedó drenada. Suavemente dejé al animal a un lado a tiempo para ver a Edward arrojarse sobre el resto de la manada que comenzaba a dispersarse por el pánico. Él fácilmente derribó a uno de los animales más grandes allí siguiendo el mismo protocolo que yo acababa de emplear. Caminé cautelosamente hacia donde él estaba, mirándolo, dándome cuenta de que esta era la primera vez para mí también. Nunca lo había visto cazar antes y era algo impresionante de ver.
Mi maravilloso Edward todavía estaba allí, aunque sus ojos todavía estaban oscuros, sus movimientos eran más animales que humanos mientras continuaba bebiendo de la bestia. Cuando terminó, dejó suavemente el cadáver a un lado y se puso completamente de pie con su mano acariciando suavemente sus labios.
–¿Todavía tienes sed?
–Un poco. ¿Tal vez deberíamos quedarnos un poco más?
Él me abrazó fuertemente, inhalando mi aroma. Él me miró con su sonrisa aún en su lugar, antes de hablar.
–¿Solo te has alimentado de ciervos? –su tono era tranquilo, pero sus ojos brillaban de emoción.
–¿Si, por qué?
–¿Te gustaría probar algo un poco más desafiante? –sus ojos me desafiaban a intentarlo.
–Está bien –estaba nerviosa, pero esta rutina sería parte de mi existencia para siempre. Necesitaba adaptarme a cosas nuevas.
Cerró los ojos, y yo hice lo mismo. Mis oídos agudos captaron el sonido de algo realmente grande mucho más lejos, Edward tomó mi mano otra vez mientras corríamos hacia el sonido. Esta vez dejé que Edward tomara la delantera, cuando encontramos la manada de caribúes más grande que había visto en mi vida. Edward silenciosamente se agachó frente a la manada. Actuó rápidamente, lanzándose por el aire y derribó fácilmente al más grande del grupo. Bebió de nuevo, clavando sus ojos en mí con su mirada amable animándome a intentarlo. Seguí su ejemplo, derribando algo más pequeño a varios metros de donde Edward estaba. El sabor era completamente diferente, más salado con una textura sabrosa. Recordé que Edward solía hablar sobre cómo la familia tenía diferentes gustos cuando cazaban, al igual que los humanos disfrutaban de diferentes tipos de comida. Por mucho que esto fuera difícil para mí, fue mucho más fácil con Edward allí. Terminé y lo vi de pie delante de mí con su mano extendida para ayudarme a levantar.
–¿Llena?
–Sí. Gracias. ¿Y tú? –sus ojos eran de ese bello color dorado que tanto amaba, las sombras debajo de él casi desaparecieron.
–Satisfecho –besó la punta de mi nariz.
No necesitamos hablar de eso. Los dos sabíamos que este había sido un día trascendental para los dos, nuevas experiencias que ahora eran experiencias conjuntas, el comienzo de una larga existencia donde enfrentaríamos las cosas juntos.
Caminamos de regreso a la casa, contentos con el silencio con nuestros brazos fuertemente envueltos uno alrededor del otro.
Nos duchamos y pasamos el resto del día juntos viendo películas antiguas y simplemente disfrutando de nuestro tiempo juntos.
–Bella, ¿por qué no vas por tu celular? Cuando salgamos a caminar, no quiero que pierdas tu llamada con Grace
El sol comenzaba a ponerse y planeábamos ir a dar un paseo temprano para mirar las estrellas y disfrutar de la hermosa noche. Agarré mi celular y nos encontramos en la base de las escaleras.
Grace me llamaba todas las noches antes de irse a la cama y nunca perdía una llamada suya. Ese celular era mi salvavidas mientras estábamos separadas. Corrimos juntos, riendo y charlando sobre todo y nada.
La noche llegó rápidamente y antes de que hubiéramos avanzado mucho, las estrellas empezaron a aparecer en la negrura, brillantes y gloriosas. Mi celular sonó con la melodía familiar que sonaba cada vez que mi Grace llamaba. Me apresuré a contestar.
–Hola, nena. ¿Qué estás haciendo?
–¡Hola, mami! Vi un video, y papá me hizo un bocadillo. ¿Qué estás haciendo?
Solo el sonido de su voz era reconfortante.
–Edward y yo salimos a caminar –podía escuchar el crujido de la nieve debajo de mis pies –La nieve es bonita aquí. ¿Nevó hoy en La Push?
–No, solo llovió un poco. Pero el señor del clima dijo que podría nevar el viernes. ¡Un día de nieve sería divertido!
Grace y yo seguimos hablando. Sentí que Edward no estaba cerca, como solía hacerlo. Aunque no era necesario, me daba privacidad cuando hablaba con Grace. Continuó contándome todo sobre su tarde y silenciosamente suspiré de satisfacción. Podía escuchar a Jake en el fondo, aunque estaba demasiado concentrada en ella como para comprender lo que estaba diciendo.
–Mami, me tengo que ir. Pero antes de hacerlo, Edward me preguntó y dije 'claro'
–¿Dijiste 'claro' qué, Grace? –no tenía idea de lo que estaba hablando.
–Tengo que irme, mami. Pero cuando cuelgues, da la vuelta, ¿de acuerdo? Te amo, ¡adiós!
La línea se cortó y colgué, preguntándome de qué se trataba todo eso. Volví a meter el celular en el bolsillo, sabiendo que podría preguntarle mañana. Me volteé y mi respiración quedó atrapada en mi garganta.
En la nieve que recién había caído, había docenas de velas blancas y altas, sus mechas encendidas arrojaban un hermoso resplandor contra el suelo helado y el lago detrás de ellas. Edward estaba parado en medio de ellas, en un pequeño círculo lo suficientemente grande para dos. Su piel pálida y su llamativo cabello bronce reflejaban la luz de las llamas de esta noche sin luna.
Edward estaba mirándome, sus ojos eran suaves y dorados bajo la luz parpadeante. El amor que fluía hacia mí por la expresión de su cara me dejó sin aliento. Sonrió con mi sonrisa torcida favorita y di un paso hacia él, preguntándome si estaba tan ansioso y emocionado como yo. Me congelé en seco cuando se puso de rodillas.
Edward extendió su mano hacia mí y la agarré audazmente a pesar de no poder siquiera inhalar para llenar mis pobres pulmones.
–¿Edward?
–Shh –él besó mi mano, antes de volver a mirarme –Bella –comenzó muy callada y reverentemente –tú eres la persona más importante en mi vida. Ese día que te conocí hace más de diez años atrás, cambió mi existencia para siempre. Fuiste la primera persona en ayudarme a ver que era más que un monstruo. Me amaste por mí y viste más de lo que yo podía comprender
Mi mente se llenó de mil ideas ya que no estaba dispuesta a admitir que este podría ser el momento. En su lugar solo asentí.
–Cometí el mayor error de toda mi existencia al dejarte
–Edward –comencé, pero la mirada aguda en sus ojos me detuvo.
–Por favor, déjame hacer esto. ¿Por favor? –él rogó.
Asentí de nuevo, apretando su mano.
–Quiero pasar el resto de mi existencia contigo. Amarte, animarte, ser todo lo que necesites, sea lo que sea. Quiero cuidar de ti y de Grace. Te quiero. Para siempre –sus ojos eran increíblemente tiernos.
Abrí la boca para hablar, pero la expresión en su rostro me silenció.
–Te amo tanto que a veces me duele el pecho por la intensidad. Pero, no cambiaría por nada ese dolor, porque significa que realmente estás aquí conmigo, y nunca tengo que dejarte ir. Bella, quiero abrazarte para siempre, amarte por siempre. Solo hay una cosa que realmente quiero. Bella, ¿me concederías mi deseo? –Él tomó un aliento gigante –Bella –casi susurró –¿te quieres casar conmigo?
Mis piernas me fallaron y caí de rodillas frente a él, sus fuertes manos me atraparon y me ayudaron a caer al suelo. Lancé mis brazos alrededor de su cuello, besándolo profundamente, pero sentí que se apartaba de mí suavemente. Parecía exasperado y momentáneamente me confundí sobre lo que podría haber cambiado su comportamiento tan rápido. Fue entonces cuando me di cuenta de que realmente no le había respondido.
–¿Y bien? –cuestionó él.
–Sí. Sí, absolutamente, sí. Me casaré contigo –volví a besarlo, cuando lo sentí meter la mano en el bolsillo de su chaqueta. Él dejó de besarme y me mostró lo que había sacado.
En la palma de su mano había una pequeña caja de terciopelo negro. La abrió y entre los pliegues de satén suave estaba un hermoso anillo de oro y diamantes. Era antiguo, pero exquisito. Los diamantes captaron el suave resplandor de las velas que nos rodeaban y contuve la respiración, sorprendida.
Edward sacó el anillo de la caja.
–Era de mi madre. Creo que es lógico que ahora lo use la mujer que tomó su nombre cuando entró en esta nueva vida –traté de digerir lo que me estaba diciendo, sabiendo que esto había pertenecido a la verdadera madre de Edward. Sacó el anillo dearest de mi dedo y lo reemplazó con mi nuevo anillo de compromiso. Besó el anillo y luego mi mano, mirándome con esa perfecta sonrisa torcida que derretía mi interior –¿Te gusta? ¿O prefieres algún otro anillo?
Miré hacia abajo a mi nueva pieza de joyería y pude sentir la familiar sensación de las lágrimas. Le devolví la mirada antes de responder.
–Me encanta. No podría imaginarme usando algún otro
Puso el anillo dearest en mi mano derecha y la felicidad emanaba de él. Parecía aliviado y completamente eufórico todo al mismo tiempo. Tomé su rostro entre mis manos y sus ojos se encontraron con los míos.
Antes de que supiera lo que estaba sucediendo, Edward estaba encima de mí, besándome, acariciándome: sus manos eran ásperas, luego suaves. Por un momento olvidé cómo respirar. De repente me di cuenta de que estábamos justo como estábamos la noche anterior. Empecé a reír, pero él me cortó con un beso duro.
Lo miré a los ojos, dándome cuenta de que esta vez él no estaba jugando. Él quería esto y me di cuenta de que yo quería hacer esto tanto como él. Sus ojos estaban ardiendo y puso su cuerpo para clavarme en la suave nieve debajo de nosotros. Sus labios estaban en todas partes. Sentí sus manos sacar mi suéter de lana, sacando bruscamente mi blusa de mis jeans.
Sus manos se extendieron sobre mi estómago desnudo y sus besos se hicieron más urgentes. Dondequiera que mis manos tocaban, hacían que Edward gimiera en respuesta. Edward se estaba dejando llevar y yo estaba lista para seguirlo, aunque estaba nerviosa. Le quité la chaqueta, tirándola descuidadamente hacia un lado. Saqué su camisa de sus pantalones y mis manos tocando su piel desnuda solo hicieron gruñir a Edward más fuerte. Sin importar lo que hiciera; sus gemidos de placer me decían que estaba disfrutando.
Empecé a desabotonar su camisa, cuando él la arrancó de su cuerpo. Mis manos vagaron sin titubear por sus hombros, su pecho y hacia abajo, hacia sus pantalones. Todos sus músculos estaban tensos.
Edward comenzó a desabotonar mi blusa y no pude evitar gemir, mi anticipación crecía por segundo. Dejó un rastro de besos frenéticos mientras exponía más mi piel. Alcanzó el botón de la mitad que expondría la nueva ropa interior que Alice me había comprado recientemente.
La cabeza de Edward se derrumbó sobre mi pecho y un fuerte y enojado gruñido retumbó desde lo más profundo de su pecho, hasta que finalmente estalló en su garganta. Se alejó rápidamente de mí con su espalda desnuda empujando las suaves cantidades de nieve.
–Bella –su frustración era fácil de leer. Edward apenas podía formar oraciones –Lo siento
Me senté, rodando hacia donde él se acostó.
–¿Por qué te disculpas? –respondí, tratando de recuperar el aliento, mientras me acomodaba el suéter y la blusa.
–Mi comportamiento es inaceptable. Estoy completamente avergonzado de mí mismo. Esto simplemente no está bien –se quedó allí con los ojos cerrados y le acaricié la mejilla. Se inclinó hacia mi toque, agarrando mi mano.
–Edward, es natural. Ahora estamos comprometidos. Por favor, no te sientas así
Se sentó, mientras agarraba un gran puñado de nieve.
–No, Bella. No está bien. Incluso si estamos comprometidos, no es apropiado que nosotros estemos juntos de esa manera hasta que nos casemos. Y te amo, quiero hacer que esto sea especial para los dos. No puedo hacer eso exactamente en la nieve, en el medio del bosque –Él gruñó de nuevo de frustración.
Tuve un momento de inspiración.
–Bueno, si estar casados es tu condición, escapémonos y casémonos en secreto –estaba empezando a comprender lo desesperada que estaba por él y por estar casados.
Edward hizo una mueca.
–Bella, esto es demasiado importante como para escaparnos y quiero que sea especial para los dos. A menos que no estés interesada en una boda, supuse que querrías que Grace estuviera allí –Él me miró –¿Qué quieres hacer?
Él tenía razón. Yo también quería una ceremonia especial y tener a todos mis nuevos familiares allí para presenciar algo que sería el comienzo de nuestra eternidad. La idea de tener a Grace allí aclaró todo para mí.
–Tienes razón, Edward. Quiero que esto sea especial para los dos. Y me encantaría que Grace estuviera allí –se me ocurrió algo –¿Edward?
–Bella –estaba empezando a relajarse y su rostro se suavizó con una sonrisa sencilla.
–Grace dijo que le hiciste una pregunta y ella dijo 'claro'. ¿Qué le preguntaste exactamente? –la curiosidad me estaba comiendo viva.
La sonrisa de Edward se convirtió en una avergonzada.
–Bueno, le pregunté si estaría de acuerdo con que me casara contigo
Sentí que mi boca se abría.
–¿Lo hiciste?
–Bueno, ella es realmente tu única pariente que todavía sabe que estás viva, y es costumbre pedir la mano de la novia antes de una propuesta. No estaba seguro de si ella estaría de acuerdo, pero sí lo estuvo –Él sonrió
–¿Qué dijo ella exactamente?
Ahora la sonrisa de Edward se amplió.
–Puso la sonrisa más grande en su rostro y respondió 'claro, claro', antes de darme un gran abrazo
Pensé en las dos veces que había visto a Grace desde que me había reunido con ella.
–¿Cuándo exactamente le preguntaste, Edward?
Él tomó mi mano.
–Le pregunté en Seattle el mes pasado, cuando estábamos en el zoológico y tú fuiste a comprarle algo de comer ¿recuerdas?
Lo recordaba.
–¿Y ella me lo ocultó? –no podía creer que una niña de cinco años fuera tan buena guardando secretos, pero luego recordé que ella ya protegía el secreto de que su padre era un hombre lobo, y que su madre no estaba muerta y la visitaba de vez en cuando. Ella era como yo.
–No puedo creer que ustedes me hayan ocultado un secreto como ese. Eres un vampiro astuto, Sr. Cullen
Edward se adelantó y me besó, apoyando su frente contra la mía.
–¿No estás enojada?
–Por supuesto que no. Tiene que ser lo más dulce que haya escuchado –me detuve por un momento, antes de volver a hablar –Entonces, ahora que estamos comprometidos, ¿qué sigue?
Edward acarició mi labio inferior con su pulgar.
–¿Un compromiso muy corto? –la súplica en sus ojos era imposible de ignorar.
–Bueno, prometiste hacerme una Cullen antes de que terminara el año. ¿Qué tan rápido te gustaría que esto sea permanente?
–¿Mañana? –su tono era burlón, pero pude escuchar un toque de seriedad en su voz –¿Cuándo es lo más pronto posible para organizar una boda apropiada y que Grace esté allí? Esme, Alice y Rosalie me torturarían hasta la muerte si ella no asiste –él bromeó.
Pensé en el horario escolar de Grace.
–Bueno, en pascua, pero puede que no haya tiempo suficiente para una apropiada – carraspeé –luna de miel –susurré.
Edward se rió.
–Bueno, eso no nos conviene, ¿verdad? Ahora, ¿Qué otras opciones tenemos?
Pensando en las próximas semanas, supe mi respuesta.
–Junio. Grace ya no tendrá escuela y las vacaciones de verano estarán en pleno apogeo –ahora tomé una respiración profunda –Eso es un largo tiempo lejos
–Bueno, tendremos que encontrar formas de hacer que el tiempo pase rápido. Estoy seguro de que Alice puede ayudar a planear la boda y con la llegada de Grace en semana santa, ella puede participar en la planificación. ¿Tal vez pueda seleccionar un pastel? Pero, solo tengo una petición
Edward nunca realmente pedía nada.
–¿Cuál es?
–¿Podríamos casarnos el primer sábado disponible? He esperado mucho tiempo y no estoy seguro de poder esperar más de lo necesario
Asentí y todo estaba listo. Corrimos de regreso a la casa, revisando el calendario, para fijar la fecha que sería el segundo sábado de junio. Eso nos daba cuatro meses para planear y preparar todo.
No pude evitar sonreír y simplemente recé para que los aguantáramos todo ese tiempo.
¿Alguna vez alguien ha muerto por falta de paciencia?
Sólo quedan dos capítulos más y el epílogo :`) Gracias por leer y por los comentarios y por todos los favoritos que le han dado a esta historia. ¡He disfrutado mucho traduciéndola, aunque me hizo sufrir mucho! Jajajaja nos leemos en el próximo capítulo ;)
