CAPÍTULO 2.- •La propuesta

«La intensidad de sus besos repartidos por todo su cuello bastaron para dejarla sin aliento y estremecerle la piel.

¡Bésame! —Exigía ella entre suspiros— Por favor no pares.

No lo haré.»

—Señor ¿me escucha? ¿Recibirá al Kazekage ahora mismo?

—No lo haré, no lo haré...

—¿Hokage?

Shikamaru alzó una ceja al notar que su superior no le estaba prestando nada de atención y en su lugar un libro grueso de tapas rojas estaba cubriendo su rostro impidiendo ver su expresión. Repentinamente Kakashi bajó el libro y sus oscuros ojos percibieron al pelinegro con una mueca de preocupación de pie junto a la puerta.

—Ah —carraspeó y cerró el libro—, disculpa, estaba informándome de algo. ¿Qué pasa Shikamaru?

—De modo que no ha escuchado nada de lo que dije —masculló y volvió a elevar una hoja a la altura de su barbilla—. El técnico solucionó el problema con el aire acondicionado; los suministros para La Academia Ninja llegaron completos esta mañana; necesito saber si ya eligió a la asistente y Gaara el Kazekage está esperando poder hablar con usted.

Kakashi estiró los brazos y se levantó de su silla, caminó hacia un estante y tomó un rollo de pergamino que finalmente llevó hasta su escritorio.

—Es cierto, lo había olvidado. Dile a Gaara que pase.

—Señor, respecto a la asistente...

—Antes de que termine mi turno te daré una respuesta, no tienes por qué preocuparte.

Shikamaru salió pensando que era demasiado tarde para no preocuparse, Kakashi había estado muy despistado y parecía no ver la magnitud de las responsabilidades que poco a poco incrementaban.

Parado frente al gran ventanal al interior de la Torre, estaba un pelirrojo observando a varios niños jugar a los ninjas. Su mirada era apacible y una diminuta sonrisa se le marcaba en los labios.

—El Hokage le espera.

Gaara se giró para ver a Shikamaru y asintió con su cabeza. No estaba vistiendo su túnica de Kazekage, prefirió asistir vestido de civil.

—No tienes que ser tan cortés, somos familia ¿no es así?

—Bueno, es parte de mi trabajo.

Shikamaru lo guió por el largo pasillo hacia la oficina de Kakashi, Gaara observaba asombrado los cambios que habían implementado en la Torre y cómo la decoración se modernizó tras la guerra.

—Temari no me dijo que vendrías.

—No se lo informé —respondió Gaara—, pensé que estaría ocupada haciéndose cargo del niño. Por cierto ¿cómo está él?

Shikamaru se rascó el cuello y sonrió.

—Crece sanamente, pronto cumplirá su primer año.

Colocó la mano sobre la perilla y antes de avisar a su superior que el Kazekage estaba listo para entrar, miró de nueva cuenta a su cuñado.

—No te molestes en buscar alojamiento en otra parte, puedes ir a nuestra casa. Estoy seguro que Temari se alegrará de verte.

—Lo agradezco.

Finalmente Shikamaru notificó que Gaara estaba listo para entrar a la oficina. Kakashi lo recibió con gusto y estrecharon sus manos en un afectuoso saludo.

Gaara desvió su mirada a su alrededor, había demasiados papeles por cada rincón. Tal acción no pasó inadvertida para Kakashi.

—Disculpa el desorden, estamos cargados de trabajo.

—No, yo comprendo.

—¿Y tu hermano? ¿No ha venido contigo?

Gaara se cruzó de brazos y se recargó en el respaldo de la silla donde estaba sentado.

—En realidad me he tomado el atrevimiento de venir solo. Kankuro estaba muy ocupado atendiendo asuntos personales.

—Ya veo. Entonces volvamos al punto de nuestro encuentro anterior —Kakashi extendió el pergamino dejando ver un mapa—. Decías que estas zonas de nuestras fronteras están siendo corrompidas por bandidos. Por lo que mandé reforzar la seguridad así que ya no pueden ser consideras de peligro.

Gaara veía a Kakashi sin parpadear, con su habitual seriedad y sin decir nada. Pronto el Hokage se percató de su intensa mirada y dejó de hablar. Se enderezó y arrastró sus manos hasta los bordes del escritorio.

—¿Pasa algo Kazekage?

—No vengo a hablar de las fronteras, en realidad estoy aquí en representación de los otros kages.

La expresión en el rostro del joven cambió a una llena de incomodidad, sus ojos se desviaron hacia un lado y arrugó la frente; parecía no saber cómo decir aquello sin verse involucrado.

—Gaara —Kakashi inquirió con sus ojos tratando de ver a través de su casi transparente alma—... ¿Por qué presiento que se han reunido y tramado algo en secreto? ¿Esto qué tiene que ver conmigo?

—Ha ocurrido algo. Ya lo he vivido yo hace un tiempo pero conmigo fue diferente.

—¿Qué ocurrió? ¿Qué pasa?

Kakashi se desesperó por la poca información que Gaara expresaba.

—Traje un escrito.

Gaara sacó de uno de sus bolsillos un papel perfectamente doblado, lo extendió y entregó a Kakashi. Éste apenas percibió los sellos y firmas en él y la piel se le erizó.

—Por favor, léelo.

«Sexto Hokage, Kakashi Hakate:

Los kages hemos realizado una asamblea y nos disculpamos profundamente por no haber contado con tu presencia. Sin embargo, el motivo de nuestra reunión tiene un fin muy beneficioso tanto para ti como para alguna de nuestras naciones.

Tras la Cuarta Guerra Mundial Shinobi, los estragos que ésta dejó han sido en menor medida, irreparables. Afortunadamente nuestros pueblos han salido adelante y vamos dejando esta pesadilla atrás. Como naciones hermanas, nos vemos en la necesidad de velar por nuestro bienestar por lo que siempre tratamos de reforzar los lazos que nos unen.

En esta ocasión, todos hemos coincidido que gracias al país del Fuego y sus excelentes ninjas, es que hemos sido salvados de la completa destrucción. Ustedes nos han enseñado grandes cosas y nuestras aldeas se mezclan poco a poco con el paso del tiempo.

Asimismo, llegamos a la conclusión de que tu liderazgo como capitán de la Tercera División de la Gran Alianza Shinobi, fue espléndido. Además, tu antiguo equipo, el famoso equipo siete, bajo tu mando fue capaz de derrotar a Kaguya y liberarnos del sueño en que estuvimos atrapados.

Tras horas de discusión, por fin nos decidimos a proponer nuestras mejores candidatas para esta solicitud que muy formalmente te extendemos.

Del país de la Tierra, el Tercer Tsuchikage propone a su nieta y próxima líder, la hermosa Kurotsuchi.

Del país del Agua, la Quinta Mizukage propone a una de sus kunoichis más fuertes, Maya.

Del país del Rayo, el Cuarto Raikage propone a una de sus excelentes médicas, Ziradia.

Se excluye del acuerdo por voluntad propia al Quinto Kazekage debido a que los lazos del país del Viento con el país del Fuego se han establecido gracias al matrimonio entre su hermana y un miembro del clan Nara.

Pedimos por favor nos hagas saber en qué momento podemos realizar las visitas correspondientes para la entrevista preliminar antes de seleccionar a tu futura esposa.»

Kakashi se puso pálido y las manos se le tornaron frías. Con sorpresa su vista se dirigió al pelirrojo quien apenado bajó la cabeza.

—¿Esposa? ¡¿Qué?!

—Lo lamento, he tratado de convencerlos que no se puede formar un matrimonio sin consultarlo pero ellos han insistido. Dicen que desean crear vínculos con el gran Kakashi Hatake.

Las piernas de Kakashi temblaban bajo el escritorio y el corazón le latía abrumadoramente.

—¡Yo no quiero casarme! —Espetó— Esto no puede ser por obligación, inmediatamente rechazaré la propuesta.

—Entiendo.

(...)

Terminó de escribir su respuesta respecto al repentino matrimonio, selló la hoja y se levantó para quitarse la túnica, pues su hora de salida había llegado.

La puesta se abrió repentinamente, Shikamaru retrocedió apenado e hizo una reverencia.

—Lo siento, pensé que ya se había ido.

—En eso estaba. Toma —le entregó el papel—, asegúrate de que le llegue una copia a cada uno de los kages.

—Esto... Escuché un poco del tema —confesó avergonzado.

—Sí, me sorprenden las locuras que se les pueden ocurrir. Si insisten, no tendré más opción que enviarle mis propuestas de maridos a Mei la Mizukage, estoy seguro que la idea fue de ella.

Le dio una palmadita en el hombro y caminó hacia la puerta.

—Señor, sobre los registros de las candidatas..

—Ah —se acordó y miró hacia su escritorio—, sabes, hoy estuve ocupado así que mañana.

Shikamaru negó con su cabeza y aclaró su garganta.

—Bueno, pensaba decírselo mañana pero ya que lo encontré... Las jounin han renunciado a la lista de espera, han conseguido trabajo en otras áreas así que nuevamente la vacante está libre.

Kakashi metió las manos en los bolsillos de su chaleco y suspiró.

—Pero si no me he tardado tanto.

—Sí, lo lamento. Parece que les urgía trabajar.

—Bueno no importa, ya revisaremos con calma eso. No necesito una asistente con tanta urgencia. Nos vemos mañana Shikamaru.

Aunque para él no era muy importante, Shikamaru veía a su alrededor y notaba lo distraído que el Hokage estaba, siendo presionado por las abruptas solicitudes que a diario recibía y de cierto modo, tratando de escapar un poco de su realidad. Shikamaru entendía eso, pero no sabía cómo ayudarle.

(...)

Los días transcurrieron, el frenesí de la vida y los cambios que conllevaba el pasar del tiempo hacían de Konoha una aldea más grande, las familias crecían, las construcciones de viviendas se extendían y la competitividad se hacía presente a la hora de solicitar un puesto de trabajo.

Kakashi se vio involucrado en numerosas reuniones con altos mandos, aunque le resultaran terriblemente aburridas. Los consejeros de Konoha no le quitaban la vista de encima y estaban pendientes de sus movimientos y decisiones, todo siempre siendo cuestionado; entendía entonces por qué renunció Tsunade.

Mantener una buena relación con el Señor Feudal era también un trabajo pesado. Sus shinobis diariamente hacían tareas o misiones para éste, y él tenía que entregar a sus mejores elementos para no fallar con los trabajos y ser bien recompensados.

Ser Hokage comenzaba a ser un trabajo estresante para Kakashi, más de lo habitual. Y aunque a su alrededor todo cambiaba, su vida seguía siendo monótona y solitaria.

Llenaba ese vacío con su nueva lectura y olvidaba todo cuando dormía, pero al despertar, las cosas seguían su curso normal arrastrándolo a sus responsabilidades.

Para su desgracia, la situación empeoró sin que se diera cuenta del error que cometió al firmar la hoja para cancelar la Clínica de Salud Mental para Niños. Entre tantos papales qué sellar, y un Shikamaru ocupado en otros asuntos, el hombre que anteriormente le solicitó la cancelación de este proyecto, tomó desprevenido al Sexto consiguiendo la firma que tanto necesitaba.

Kakashi no se enteró de lo que hizo hasta que Ino se presentó en su oficina con un rostro triste y un pequeño niño rubio entre sus brazos.

—Hokage, disculpe mi imprudencia.

—Ino, qué sorpresa. Inojin está más grande —miró de reojo al niño y siguió grapando unas hojas— ¿Qué tal las cosas?

—No muy bien —se mordió el labio y tomó aire antes de proseguir—. A decir verdad, es desastroso lo que sucedió.

—¿Qué ocurre? —Preguntó sin mirarla.

—Señor, ¿por qué clausuró la Clínica de Salud Mental? Sakura me dijo que le envió los registros que solicitó.

—¿Cancelar qué? —Por fin alzó su cara y prestó atención— Yo no he hecho tal cosa.

—La hizo. Esta mañana nos han cerrado el acceso y Sakura se ha quedado discutiendo con los responsables. Me pidió que viniera a hablar con usted, ellos han presentado un documento con el sello original del Hokage.

Kakashi trató de recordar en qué momento cometió tal atrocidad, pero nada había en su memoria que le llevara a ese suceso.

—Esto debe ser un error, tal vez lo sellé por equivocación —llevó una mano a su frente—. Esto es horrible, Sakura debe estar devastada.

—Créame que lo está, todos lo estamos. Hay niños allá afuera esperando ser atendidos y Sakura no ha querido explicarles que el centro no tiene autorización para trabajar.

—No, de ninguna manera —se puso de pie—, voy ahora mismo a aclarar esto.

—¡Señor! —Shikamaru apareció sin tocar la puerta y se adentró— Sé que no es el momento pero acaban de llegar la Mizukage y el Raikage, esto ha sido de improvisto y me tomé la libertad de permitirles el acceso a Konoha. Dicen que es importante hablar con usted.

—¿Qué? Ahora mismo estoy apurado, voy a revisar un caso.

A punto de salir de su oficina, Kakashi se topó de frente con Shizune, quien pretendía ingresar a la oficina al igual que los demás.

—Disculpe —hizo una reverencia.

—¿Ahora qué sucedió?

—Tengo más de cincuenta quejas por el cierre de la clínica, y el subdirector del Hospital insiste en que usted ha firmado el acuerdo para cerrarla. ¿Qué se supone que haga con las quejas?

Kakashi tomó aire y caminó unos pasos lejos de allí.

—Voy a hacer un escrito para aclarar este malentendido del cierre, yo tal vez sellé por error ese acuerdo.

—No puede hacer eso —Sai apareció repentinamente por el pasillo, estaba cargando dos pesados libros—. Supuse que había sido un error de su parte pero leyendo nuestros códigos, nada puede ser firmado o sellado por equivocación porque se supone que todo pasa a través de un estricto control de revisión y cancelar algo que tiene menos de 72 horas de haber sido autorizado, no está permitido a menos que viole los inciso del párrafo IV del segundo código de autorizaciones para salubridad y...

—¡Ya entendí! —Interrumpió Kakashi, ni siquiera recordaba que había un libro de códigos—. Bien, de acuerdo hagamos esto... Ino, dile a Sakura que solucionaré esto a más tardar en tres días.

—Sería hasta el lunes —dijo Shikamaru—, se atraviesa el fin de semana y no son días hábiles.

—Eso, el lunes voy a resolverlo todo ¿sí?

Ino asintió en un movimiento de cabeza, Sai se acercó a ella para besar la frente de Inojin. Él entendía que su esposa estaba pasando por un momento desagradable, pues su trabajo se suspendió por ese asunto.

—Shizune, archiva todas las quejas yo me encargaré.

—Sí señor.

—Shikamaru, haz pasar a los kages.

(...)

El cielo estaba oscureciendo, el viento se había apaciguado con el caer de la tarde y pesadas nubes cubrían el firmamento. En esa zona de Konoha había silencio y paz, sólo los grillos hacían su canto nocturno y los búhos llegaban a las ramas de los árboles.

Kakashi reposaba de pie frente a una piedra con el nombre de su padre escrito en ella. Le llevó una rosa, y la colocó sobre ésta.

—Ojalá me hubieras dicho lo difícil que es ser adulto y más aún, ser el líder de una aldea.

Sus ojos serenos y derrotados miraban mansos aquel sitio donde sólo él se presentaba. Una tumba alejada del resto, y, que afortunadamente se libró de ser destruida cuando Konoha fue atacada.

—En momentos como éstos me gustaría tener a alguien para charlar de temas como la vida.

Escuchó un ruido detrás él, no sonaba como un animal por lo que esperó el acercamiento de este ser y cuando sintió que su vida corría peligro, se giró y rápidamente lanzó un kunai.

Un espantoso grito se dejó escuchar por todo el lugar y varias aves salieron volando apresuradas. La poca luz sólo le permitió a Kakashi distinguir que no era alguien atacándolo, y sólo se trataba de una jovencita.

—¡Ay! ¡Ay santo monje de la montaña del valle rocoso! —Exclamaba asustada con una mano en su pecho— ¡Ay mi corazón!

Kakashi se acercó rápidamente para verificar que el kunai no la hubiese herido.

—Oye, disculpa. He creído que era un ataque ¿estás bien? ¿Te lastimé?

La mujer tomaba bocanadas de aire y movía su mano como llevando oxígeno a su rostro.

—Déjame revisarte.

Quiso mirar sus brazos pero entonces ella lo empujó.

—¡No! ¡No te atrevas! ¿Eres un ninja? —Kakashi apenas iba a contestar pero ella se adelantó— ¡Por supuesto que lo eres! ¿Quién más traería armas así de peligrosas?

—Dime si estás herida —exigió Kakashi.

—No lo estoy, sólo me asustaste —dijo recobrando la compostura.

—Lo siento, fue un error de mi parte.

Bajó la mirada, se sintió culpable. Esos últimos días todo estaba siendo un error de su parte y no se perdonaba a sí mismo por su imprudencia. Había hablado con los kages, ellos insistían en un matrimonio, le presentaron proyectos que beneficiarían a las aldeas si se concretaba el matrimonio con alguna de las candidatas. Para empeorar las cosas, el Señor Feudal del país de la Tierra quería casar a su hija con Kakashi y los consejeros ejercían presión sobre éste para que aceptara a una mujer de alta alcurnia, pues según las pautas del acuerdo, los negocios se extenderían y el libre comercio entre ambos países sería una ventaja en la economía.

Todo le resultaba mal en la vida, jamás se visionó como un hombre casado, sus ideales del matrimonio no existían pero estaba convencido que por conveniencia no funcionaban las cosas. Si la gente se casaba tendría que ser por amor, no por otros intereses.

—Oye... ¿Te quedaste mudo?

La mujer movía sus manos frente al rostro de un hombre que estaba en trance, hasta que reaccionó porque la lluvia empezó a mojar su cabeza.

—¡Ah! ¡No puede ser! —Exclamó ella— ¡La ropa!

Levantó del suelo una de sus pertenencias y salió corriendo.

—¡Oye, te perdono por lo que me hiciste pero ten más cuidado!

Kakashi se quedó quieto mirándola alejarse, no le dio mayor importancia sólo siguió inmerso en sus pensamientos.

Esa noche abrió su libro de tapas rojas para perderse en su mundo una vez más.

«Sus ojos se decían más que mil palabras, bastaban un par de roces para expresarse los deseos más profundos que ambos guardaban. Amarse a escondidas se convirtió en la acción más imprudente y excitante que jamás pudieron imaginar.»