CAPÍTULO 3.- •Competencia

Los niños miraban atentos sin decir una sola palabra; sus rostros se enfocaban directamente hacia aquel hombre al cual respetaban en gran manera gracias a todas las fantásticas historias que escucharon de sus padres y algunos aldeanos. El rostro esculpido en el Monte de los Hokages era una clara muestra de que aquel shinobi era impresionante e interesante, un gran modelo a seguir para todos aquellos que quisieran entrar en el camino de un ninja.

—Eh... Hola.

—¡Ha hablado!

Los niños ovacionaron y aplaudieron al oír las primeras palabras del Sexto Hokage. Kakashi sólo se sobaba la nuca mientras les observaba, en realidad no sabía cómo tratar con niños tan pequeños como ellos pues generalmente sus aprendices eran adolescentes de 12 o 13 años y éstos en cambio, sólo eran unos infantes que rondaban entre los ocho años de edad.

Shikamaru se posicionó a su lado y le susurró discretamente aprovechando el ruido de las aclamaciones.

—Tengo que retirarme, surgieron asuntos en la Torre y debo hacerme cargo. Por favor, dejo esto a su mando.

—¿Qué? Pero te necesito, no recuerdo a qué vine a la Academia.

—Sólo tiene que pedirles que sean buenos estudiantes y se esfuercen —Shikamaru le daba un repaso al programa de ese día que estaba escrito en su carpeta—. Luego irá con el director y revisarán las instalaciones, le dará los detalles que deben corregirse para el mantenimiento y el armamento que solicitan para los próximos meses.

Kakashi puso los ojos en blanco, ni siquiera sentía que el sueldo que le pagaban como líder era el suficiente para tener que soportar todas esas responsabilidades.

—Anda vete, yo me enfrentaré a esto solo —dijo con resignación, Shikamaru bajó del podio.

—Todos presten atención —Iruka habló con fuerte voz, los niños guardaron silecio—. El Sexto Hokage ha venido especialmente para hablar con ustedes que son la futura generación de ninjas de Konoha. Posteriormente podrán hacerle preguntas y él con gusto les responderá sus dudas.

Kakashi apretó los ojos, agradecía que la máscara le cubriera la mitad del rostro para no ser tan obvio con sus muecas. Iruka lo miró y sonrió alzando su pulgar.

La sala se quedó nuevamente sin murmullos y el micrófono frente a él le esperaba.

—Eh... Buenos días —echó un vistazo rápido a todos los presentes—. Soy Hatake Kakashi, actual Hokage de esta aldea, me da gusto verlos y enterarme que este año hay más niños en la Academia Ninja. Por favor, cuento con ustedes —hizo una reverencia, se dejaron oír varias expresiones de asombro—, esfuércense y conviértanse en excelentes ninjas.

Una niña alzó su mano esperanzada a ser notada por Kakashi, él rápidamente se fijó en ella.

—¿Es verdad que usted estudió en esta escuela?

—Sí, de hecho... Me gradué como genin a los cinco años.

—¡¿Qué?!

Todos los pequeños comenzaron a hacer comentarios entre sí asombrados de tal logro, unos incluso se lamentaban al compararse con él, pues según sus propios términos, si Kakashi se graduó a los cinco, ellos ya habían perdido tres años.

—Niños, por favor —hablaba Iruka pero era ignorado hasta que Kakashi exclamó con grave y fuerte voz por el micrófono dejándolos a todos congelados.

—¡Silencio! —Carraspeó— Perdón, ¿podemos continuar? ¿Hay algo en particular que deseen preguntarme?

Las interrogantes no eran muy elaboradas, pues siendo tan jóvenes no tenían mucha noción de qué cosas eran realmente importantes para preguntar. Sin embargo la inocencia de sus ingenuas cuestiones calmaron los nervios que Kakashi había experimentado esa mañana; ellos tenían más interés en saber qué ocultaba bajo su máscara o si tenía mascotas.

—Y la última pregunta —miró a un niño que levantó su mano no más allá de su hombro— ¡tú!

El pequeño se puso de pie.

—¿Usted tiene mamá? Quiero decir, su clan es el clan Hatake ¿verdad? —Kakashi asintió— ¿Qué pasó con ellos?

Esa pregunta trajo a la mente de Kakashi un sinfín de recuerdos, algunos no tan claros pero igualmente nostálgicos y dolorosos.

Iruka fue testigo de aquel cambio de expresión pero antes de poder interrumpir para deshacerse de ese fúnebre ambiente, Kakashi habló.

—Bueno, no tengo familia, todos murieron —respondió dejando a todos sorprendidos, la ligereza con que pronunció aquello fue repentina y ni siquiera se le notaba triste—. Bien, hasta aquí dejemos las preguntas.

Sus ojos se dirigieron a Iruka quien seguía estupefacto hasta que reaccionó y subió a la tarima.

—Es todo por hoy, vayan a almorzar y después regresen a sus clases.

(...)

Volvía a la Torre tras su estancia en la academia, iba a paso lento pateando algunas piedras que se le atravesaban por el camino; en realidad no quería volver al trabajo. Se sentó en una de las bancas de cemento y apoyó los brazos sobre sus piernas, esas últimas semanas se había sentido diferente, como más vacío y solitario, mas no quería aceptar del todo aquellas sensaciones porque se suponía que él siempre había sido así, entonces ¿por qué de repente todo a su alrededor era distinto?

Un ruido se oyó detrás de unos arbustos, miró fijamente y percibió un aroma extraño, algo dulce y empalagoso como perfume femenino.

Luego brincó el murallón de concreto sin hacer ruido, poner en práctica sus habilidades ninjas era lo mejor en esa situación. En un abrir y cerrar de ojos captó a dos adolescentes haciendo cosas indecorosas en medio de los matorrales.

—¿Qué están haciendo jovencitos?

Se cruzó de brazos y se les quedó mirando, la pareja inmediatamente se acomodaba la ropa y trataron de huir pero entonces los tomó de los brazos.

—Por favor Sexto, déjenos ir —pidió la muchacha.

—¿Cuántos años tienes?

—Catorce —respondió.

—¡¿Catorce?! —Kakashi se alarmó— ¿Qué rayos pasa con los jóvenes de ahora? Todo tiene su tiempo, ¿por qué se adelantan a sus etapas? —Los regañó.

—Oye viejo, no te hagas el puritano —el joven por el contrario era rebelde y grosero, la manera en que se expresó fue suficiente para indicarle a Kakashi la clase de persona que era.

—¿Puritano? ¿Puedes explicarme qué es eso para ti?

—No lo hagas —la chica movió su cabeza mirándolo casi suplicante—, es el Hokage, no te metas en estos problemas por favor.

La sonrisa desafiante se le dibujó en la cara, sin importarle las advertencias se atrevió a contestar con rudeza.

—¿Me vas a decir que nunca has tenido sexo? —Soltó su brazo de la mano de Kakashi—. Es eso, sólo sexo, los chicos lo hacen ¿no? Tú eres viejo y sabes de esto así que no deberías espantarte si ves a un par de jóvenes queriendo hacer lo mismo.

—¡Ryuji! —Exclamó la muchacha avergonzada— Hokage, lo lamento mucho esto no es...

Kakashi liberó su agarre del brazo de la chica y metió sus manos en los bolsillos del pantalón. Se enfocó únicamente en aquel chico rebelde que seguía retándolo con la mirada.

—De modo que ya tienes la edad suficiente para este tipo de cosas ¿no? Entonces ya se te para —se sobó la barbilla— Eh... Qué sorpresa, te ves más joven.

—¿Eh? ¡¿Qué?! ¡¿Cómo te atreves a burlarte de mí, anciano?!

—Oye, oye —movió la mano en el aire—, cálmate. Está bien, tienes razón. Si tu amiguito ya reacciona entonces debes estar pasando por todo ese proceso hormonal que te altera. Pero lo que no apruebo es que realicen este tipo de actos en un espacio público, eso conlleva un castigo ¿lo sabían?

La muchacha hizo una reverencia.

—Lo sentimos Hokage, esto no volverá a suceder.

—No sé por qué te disculpas con este viejo dramático.

Kakashi miró el logo impreso en la chamarra del chico.

—Oye, tú no tienes catorce años ¿verdad? —Señaló la prenda— Ése es el uniforme de la secundaria civil y si no me equivoco, allí la edad mínima de los estudiantes es de diecisiete años.

—Ryuji... Tiene diecinueve —confesó la chica.

—Ah... Con que diecinueve ¿eh?

(...)

—¡Yo no voy a hacer eso! ¡Tengo derechos!

—Cierra la boca —Kakashi terminaba de sellar unas hojas mientras dos ninjas sujetaban al muchacho por ambos brazos—. Cometiste tres delitos, el primero de ellos fue faltas a la moral, el segundo, mantuviste relaciones sexuales con una menor de edad.

—¡Pero ella estuvo de acuerdo!

—Pero sigue siendo menor de edad —lo miró serio—, eso no te exime de tu culpa. Y por último, le faltaste al respeto a la autoridad y ése soy yo —puso el último sello y entregó la hoja—. Llévenlo con Ibiki.

Los shinobis sacaron de la oficina al chico y al momento ingresó Anko con una sonrisa divertida.

—Eh Kakashi, te ves todo enojado. Parece que ya actúas más como un Hokage.

—¿A qué viene eso? Sólo estoy cumpliendo con mi trabajo. Por cierto ¿en qué puedo ayudarte? No te pasas por aquí a menos que quieras algo.

—Qué malo. Sólo vine a felicitarte, ya me enteré que vas a casarte.

Kakashi bufó y tomó una carpeta para evadirla.

—¿Por qué la cara larga?

—No me voy a casar, no sé de dónde sacas eso.

—Pero si todos lo comentan, parece que ahora sí te han puesto entre la espada y la pared. ¿Sabes qué oí? —Se acercó más a su escritorio y susurró— Que los consejeros quieren que aceptes a la hija del Señor Feudal, porque es la que más beneficios le traerá a Konoha. Aunque Izumo y yo apostamos a que te quedas con la nieta del Tercer Tsuchikage pero Kotetsu insiste en que la ganadora será la tal Maya...

—Espera ¿qué? ¿Están haciendo apuestas conmigo?

—Obvio —Anko se rió y le metió un manotazo en el hombro—. Las cosas no se habían puesto tan interesantes desde hace algunos años, siempre has sido como que "el perfecto y talentoso Kakashi", y que haya mujeres compitiendo por tu amor es lo mejor que nos pudo haber pasado. En serio, felicidades ¿eh? No podíamos esperar menos de ti.

Kakashi cerró con brusquedad la carpeta frente a Anko, ésta sólo se enderezó sin dejar de mirarlo.

—¿Estás enfadado?

—Quiero que entiendan algo tú y todos los demás: NO - VOY - A - CASARME. ¡No voy a casarme! No necesito una esposa, tengo toda mi vida solucionada y si los Consejeros y todos esos ancianos de altos mandos quieren un chivo expiatorio, entonces tendrán que conseguirse a su idiota para que les cumpla sus caprichitos.

Un carraspeó se escuchó detrás, Anko y Kakashi voltearon despacio para ver que junto a la puerta se encontraban dos de los Consejeros de Konoha.

—Ups —soltó Anko—, parece que te has metido en un lío.

—Anko Mitarashi —habló la anciana—, por favor retírate, tenemos que hablar con Kakashi.

—Ahí quedó todo —Anko negó con su cabeza y miró a Kakashi—, suerte, galán.

En la habitación sólo se escuchó el portazo que la anciana dio cuando Anko abandonó la oficina. Las miradas estaban puestas sobre Kakashi quien se hundía en el asiento arrepintiéndose de haberse dejado llevar por su molestia.

—Kakashi, parece que no has entendido nada todavía.

—Señora Koharu, me disculpo por mi comportamiento.

Su voz sonaba bastante apagada, ya presentía lo que querían discutir con él y se adelantó mentalmente a tratar de encontrar una buena respuesta para negarse al acuerdo prenupcial.

La anciana Koharu tomó asiento mientras que Homura permaneció de pie a su lado.

—Sabemos que tu juventud e inexperiencia en esto te hacen grande el puesto de Hokage. Eres aún más joven de Tsunade por lo que nos tomamos la libertad de ayudarte, porque Konoha es nuestra aldea y siempre velamos por su bienestar.

—Tal como lo dice Homura, Kakashi... Sabes que no haríamos esto si no tuviéramos esta gran oportunidad de crecimiento. Nuestros ingresos han bajado a pesar de que Konoha está expandiéndose, tenemos más habitantes pero no hay suficiente trabajo, abrir esa ruta comercial con el país de la Tierra es nuestra oportunidad.

Un soplido salió a través de la máscara del Sexto. El plan que ideó no funcionaría después de todo.

—No entiendo qué tiene que ver un matrimonio con el bien de dos pueblos. Sólo soy un hombre como cualquier otro, no tengo un clan de renombre ni riquezas, fui asignado Hokage por una guerra ganada, es todo. Ni la hija del Daimyō de la Tierra, ni las otras candidatas serán felices conmigo que no tengo nada que ofrecer.

—¿Y crees que eso importa? —Homura lo miró con su ceño fruncido, como un hombre sabio que tenía claro el asunto desde todas las perspectivas. La confianza de sus palabras atrapó la atención del más joven haciéndolo callarse y escuchar— Escucha bien Kakashi, esto no es un juego de romance, es un asunto político-económico. Han pasado poco más de cinco años desde que terminó la Cuarta Guerra, nosotros nos hemos visto involucrados en tantas guerras que es un milagro el seguir de pie. Sin embargo, sé que entiendes perfectamente que esta última contienda nos quitó una suma importante de shinobis y destruyó demasiada infraestructura. La aldea se mantiene gracias a los turistas que quieren conocer la tierra donde nació el héroe de la guerra, pero nuestros ingresos no son suficientes.

—Hemos hablado con el Señor Feudal de este país, nos ha dado su visto bueno para tu matrimonio con la hija del Daimyō. Eres una pieza fundamental para la prosperidad de la aldea de la Hoja, Kakashi.

Esas últimas palabras hicieron eco en su cabeza: «Una pieza... Como un objeto cualquiera del cual pende la vida de las demás personas. Sin decisiones, sin voluntad.»

—¿Qué hay de las otras candidatas? —Se atrevió a cuestionar.

—Por el momento, la candidata con mayor peso económico es la hija del Señor Feudal, las demás son simples lazos de amistad con las aldeas —argumentó Koharu sin pena.

—¿Simples lazos de amistad? ¿Ése es el valor que le ha dado a esas mujeres? —Kakashi estaba indignado con las crueles palabras de la anciana— Si no mal recuerdo, una de ella es una kunoichi, otra es médica ¿dónde queda todo eso?

—Te lo diremos con palabras coloquiales para que lo entiendas de una buena vez —Koharu se puso de pie—. Queremos a la niña rica, la que nos puede abrir las puertas a un futuro próspero. De todas las candidatas, ella es la adecuada. De todos modos Kakashi, no estás interesado en ninguna así que tu única opción es ella.

Kakashi apretó los puños bajo el escritorio, el estómago se le revolvió de sólo escuchar argumentos tan detestables como ésos.

—Aún no han aclarado mi duda ¿qué estoy ofreciendo yo para que el Daimyō quiera casar a su hija conmigo?

—Eres el Sexto Hokage —dijo Homura—, eres el conocido ninja que copia, Kakashi el que se hizo chūnin a los seis años y quien lideró a un equipo que salvó al mundo. Es prestigio, es popularidad, eres el capricho que tiene ese hombre de contar en sus reuniones que su hija se ha casado con un shinobi así de famoso. Eso es lo que ofreces, Kakashi.

—Me niego a ser la atracción de alguien —expresó sin mirar a los consejeros, sólo tratando de regular su respiración que se hacía pesada por el enojo.

—Es una pena, pero no tienes elección.

Sus labios se abrieron despacio, iba a gritarles lo que su corazón sentía en aquellos momentos cuando una voz nerviosa se interpuso haciéndolos mirar atrás.

—No podemos hacer eso, el Hokage quedaría mal con los demás solicitantes quienes han enviado su petición antes que el Daimyō.

Shikamaru había aparecido por aquella habitación esperando el momento de intervenir al notar que su superior estaba a punto de perder la cabeza en un arranque de ira. No tuvo mucho tiempo de pensar en tantas alternativas, por lo que soltó la primera que se cruzó por su mente.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó Koharu con notable molestia.

—Lo lamento, sé que no debí interrumpir, sólo iba pasando pero al igual que ustedes yo también quiero lo mejor para esta aldea y me temo que por el momento no debemos adelantarnos.

—¿De qué hablas? —Homura caminó unos pasos hacia él.

—Bueno —se rascó la cabeza—, es sólo que si se acepta a la hija del Daimyō, nos veremos como desesperados y le daremos más valor a ella antes que a nuestro Hokage. Lo que quiero decir, el Señor Feudal del país de la Tierra tomará esto como una oportunidad para oprimirnos, con esto sólo demostraremos que somos inferiores a ellos y no es nada bueno para nosotros.

Kakashi parecía haber encontrado el hilo de todas esas palabras, por un momento creyó entender a qué iba Shikamaru con su discurso.

—Kakashi, ¿qué significa esto? —Koharu lo miró— ¿Nuestra decisión va a ser cuestionada por un niño como éste?

—Shikamaru es uno de mis mejores elementos, tiene una mente brillante y siempre ve más allá que los demás. Yo lo escucharía con atención antes de interrumpir.

Los consejeros no estaban conformes con esa respuesta pero aún así decidieron oír lo que el pelinegro tenía que decir.

—Gracias señor Hokage.

—Por favor Shikamaru, explícales.

—Bien, la cosa es... La idea de formar lazos con el Sexto Hokage no ha sido idea nuestra, fueron los otros kages quienes se interesaron en ello. Posteriormente el Daimyō se unió al festín y esto sólo me hace pensar que lo estuvo meditando y encontró algo que le es útil, algo de dónde sacar provecho; dudo mucho que sólo quiera alardear que su yerno es el Hokage. Si pasamos por encima de las otras candidatas, el Sexto dará la impresión de que estaba desesperado por emparentarse con alguien bien posicionado económicamente, y esto no es bueno para nosotros. El Daimyō automáticamente pasará a ser superior.

—¿Y cuál es tu sugerencia? —Koharu se cruzó de brazos.

—Darle más valor a nuestro líder, demostrar que son ellos los interesados, no nosotros. Mostrar que aunque son varias candidatas, no cualquiera puede ser la esposa del Hokage.

Los ancianos se miraron entre sí y Kakashi se quedó pensativo.

—¿Esto de verdad tiene validez para ti? —Cuestionó Homura.

—Lo tiene. Créanme, si todos se ven en el mismo nivel, con la misma oportunidad entonces comenzarán a mejorar sus ofertas y allí es donde nosotros nos pondremos exigentes.

Una sonrisa ladina se dibujó en los labios de Koharu.

—Pues no eres un tonto después de todo.

(...)

Shikamaru acomodaba unos expedientes en un anaquel en la habitación de Archivo. Kakashi había terminado su jornada y pasaba por allí para hablar con su subordinado, éste de inmediato se dio cuenta de su presencia.

—¿Pasa algo?

Entró en la habitación y se recargó en la pared.

—Estaba pensando cómo me beneficiará a mí todo esto. Yo... De verdad no quiero casarme.

La mirada vacía en el rostro del Sexto le provocó remordimiento a Shikamaru.

—Lo siento —manifestó—, fue la única salida que encontré para usted.

—Lo sé, es sólo que todo esto parece un concurso para ver con quién se queda el Hokage. No me siento muy feliz metido en este embrollo.

—Si me deja darle un consejo... Elija a la candidata con la que vea que puede romper su compromiso luego de un tiempo, así quedará en libertad nuevamente. Por el momento ya sabe que la hija del Señor Feudal es la más peligrosa, no será bueno casarse con ella.

—No me parece justo que hagan esto. Ni para mí, ni para ellas.

—Bueno, tal vez no debería decirlo pero Gaara me lo contó —cerró un cajón del archivero y volteó con Kakashi—. Todas son voluntarias.

—¿Eh?

—Sí, todas quieren casarse con usted. No es tanto porque los kages las hayan elegido, ellas no tienen ningún inconveniente.

—No me digas eso —Kakashi apretó los ojos—. ¡Ah! Esto sólo complica las cosas. Ni siquiera sé cómo voy a enfrentar las entrevistas. Aunque —tuvo una idea—... ¿Y si me porto como un patán? Tal vez así desistan.

—No creo que sea buena idea —Shikamaru salió de la habitación y Kakashi le siguió—. Sólo conseguiremos odio entre las naciones. Lamento mucho que los asuntos políticos nos lleven a situaciones como éstas pero, usted tendrá que ser el más encantador hombre que ellas pudieron conocer, sólo así los líderes se tomarán con seriedad esta competición.

—¿Competición? —Suspiró— Yo no sé lidiar con mujeres.

—No se preocupe, voy a conseguirle a una persona que pueda entrenarlo en este aspecto sobre las féminas, cómo tratarlas y todo eso, confíe en mí.

—Es una locura.