CAPÍTULO 4.- Entrenamiento

«Aunque el tiempo entre ambos fue más corto de lo que ella esperó, al final el fuego ardiente de la pasión se extinguió sin dejar la más mínima llama. Él continuó su camino sin mirar atrás; ella mantuvo su cariño sólo un breve lapso mientras las heridas en su alma cicatrizaban.»

Kakashi cerró el libro y suspiró, estaba consternado asimilando el final de la novela que le mantuvo entretenido los últimos días y al mismo tiempo calmaba sus nervios.

—¿Y ahora qué voy a hacer con mi vida? —Soltó con visible tristeza.

—Señor Hokage, lo veo muy aturdido.

Los ojos negros de Kakashi enfocaron al hombre que se posó frente a la banca de cemento donde él descansaba. Lo miró de pies a cabeza en un rápido movimiento.

—¿Se te ofrece algo Ebisu?

—Bueno, ya que lo pregunta —el hombre carraspeó y llevó su mano al mentón con orgullo—... Shikamaru me dijo que usted necesita ayuda para comprender a las mujeres. Es por ello que me ha solicitado que sea yo quien se encargue de guiarlo por este camino lleno de espinas y rosas.

Kakashi alzó una ceja.

—¿Tú? ¿Tú serás quien me ayudará?

—Efectivamente.

—Me voy.

—¡Espere, espere! ¿A dónde va?

Dio un par de pasos y se detuvo sin voltear.

—A la oficina, tengo trabajo pendiente. No puedo estar jugando al casanova cuando todo un pueblo depende de mí.

—Pero ¿qué hay de su entrenamiento? Por lo que escuché, es muy necesario que usted aprenda...

—No necesito comprender a las mujeres —enfatizó y le echó una mirada a Ebisu—, sólo cómo sobrellevarlas sin que se sientan ofendidas.

No le permitió decir nada más y volvió a la torre sin detener sus pasos. Ebisu le siguió a pesar de que era demasiado obvio que Kakashi no estaba dispuesto a ceder a su entrenamiento.

Las horas transcurrieron, la Clínica de Salud Mental que Sakura dirigía por fin se había librado del problema por el que pasó y nuevamente estaba abierto al público. Eso había calmado a Kakashi en gran manera, pues aunque no lo decía, estuvo constantemente atormentándose con esa situación; e incluso podría decirse que aunque era un peso menos sobre sus hombros, tenía la ligera preocupación de saber quién se hacía cargo de Sarada cuando Sakura estaba trabajando.

El reloj marcó las siete, entre bostezos y estiramientos de brazos Kakashi se dispuso a volver a casa, aunque no sin antes hablar con Shikamaru respecto al entrenador que eligió para él.

Lo encontró silbando mientras guardaba sus pertenencias en una mochila. Parecía feliz, algo raro en él.

—¿Pasó algo bueno?

Shikamaru volteó sonrojándose, se sobó el cuello y asintió con su cabeza.

—Hoy es el cumpleaños de Temari —confesó con una voz nerviosa.

—Ah, con que de eso se trata. Entonces debes apresurarte y llegar pronto a casa.

Kakashi le dio unas palmaditas en la espalda.

—Por cierto, antes de que te vayas me gustaría que me dijeras ¿por qué elegiste a Ebisu para que me entrenara con el asunto de las féminas?

—Eh... Pues, en realidad él se ofreció. Parece ser que de algún modo se enteró y me presionó para que lo eligiera. Le he dicho que sí sólo para quitármelo de encima, pero sigo buscando a una persona que sepa de estas cosas.

—¡Qué alivio! Ahora sólo debo evitarlo. Bueno Shikamaru, felicita a tu esposa de mi parte.

Le guiñó un ojo y Shikamaru sólo pudo reír avergonzado.

El cielo se teñía de colores rojizos y oscuros, la humedad en el ambiente y el calor de agosto eran compañeros de Kakashi en esos momentos. Con su libro de tapas rojas dentro de su mochila y el teléfono inalámbrico que por fin aprendió a usar, se dispuso a comprar algo para cenar, sin embargo, repentinamente se le cruzó la idea de visitar a Sakura quien para esa hora ya debía estar en casa con su hija.

Se dio la media vuelta y cambió de dirección hacia una calle poco concurrida, todavía se preguntaba por qué Sasuke y Sakura decidieron construir su casa tan lejos del centro del pueblo. Aunque conociendo al Uchiha estaba convencido que todo había sido idea suya.

De momento Kakashi se paró en seco y miró hacia un punto en específico, se cruzó de brazos y se dirigió a un bote de basura, le propinó una fuerte patada y el bote cayó rodando mientras alguien en su interior se quejaba.

—Ebisu... ¿Qué haces allí dentro?

—¡Ay! ¡Ay! ¡Señor! Yo sólo... Se lo imploro —se arrodilló frente a él y juntó sus manos—, permítame ser su entrenador por lo menos una vez, si fallo entonces renunciaré sin excusas.

Kakashi suspiró y movió la cabeza para relajar el cuello. Ver a Ebisu de esa manera sólo le daba cargos de conciencia y él ya no quería ser reconocido por su frialdad y poca misericordia, además, el comportamiento que Ebisu estaba teniendo en esos momentos sólo podía recordarle al infantil Naruto que siempre se metía en problemas.

—Está bien, pero sólo te daré una oportunidad. Si lo arruinas, me dejarás en paz.

—¡Gracias Señor!

—Bueno, ahora vete a casa.

Ebisu miró de pies a cabeza a Kakashi y posteriormente hacia el sendero que éste tomaba.

—¿Qué pasa?

—¿Va a visitar a Sakura?

—Co-co ¡¿cómo sabes eso?!

—Porque es la única conocida suya que vive por esta calle. ¡Ah! Tal vez esta sea una buena oportunidad para demostrarle de lo que soy capaz como entrenador.

—¿De qué hablas? —Kakashi comenzó a preocuparse.

—A partir de este momento soy su entrenador, y como tal qué mejor que demostrarle mis habilidades —Ebisu se ajustó los lentes oscuros y se puso de pie—. Lo primero que hay que hacer es comprar algo para Sakura y su pequeña hija.

—Espera un momento —Kakashi movió las manos en el aire— ¿a qué te refieres con comprar algo? Sólo voy de pasada.

Ebisu se acercó a él y sonrió provocándole escalofríos a Kakashi.

—Ése es el primer error de los hombres, decir que visitar a una mujer es algo insignificante. Así se trate de una simple amiga, una tía o nuestra mismísima madre —alzó su dedo índice—, un hombre siempre debe tratarla como lo más especial del universo entero.

Jaló a Kakashi de la manga de su camiseta y empezó a caminar en dirección contraria.

—¡Hey! ¿A dónde me llevas?

—Ya se lo he dicho, vamos a comprar algo.

(...)

Una mujer mayor con una amplia sonrisa en el rostro le entregó a Kakashi una bolsa de papel con sus compras. Éste sin más remedio la tomó y caminó donde Ebisu le esperaba.

—No entiendo para qué tengo que llevarle comida a Sakura.

Repentinamente Ebisu sacó tres flores amarillas y las puso frente a la cara de su superior.

—¡Y esto también!

—¿Eh? —Kakashi abrió mucho los ojos— ¿Y esas flores amarillas?

—Son aguaturmas, ideales para una ocasión como ésta.

—No, no, no Ebisu. No puedo llegar así a la casa de mi ex alumna, ¡ella es una mujer casada!

—Son flores de amistad, de respeto y a las damas les encantan estos detalles —explicó mientras las colocaba en la mano desocupada de Kakashi—. Y por cierto —susurró—, Sasuke no está en la aldea, así que no hay problema.

—Espera un minuto, ¿y qué vas a demostrarme con esto? Se supone que debo impresionar a las candidatas que quieren casarse conmigo, no a Sakura.

—Sakura es una mujer fuerte y muy querida en esta aldea, quiero que vea que con este tipo de tratos ella sentirá admiración por usted. Si su ex alumna es capaz de sentir tal aprecio por su maestro, entonces usted estará preparado para cualquier mujer que se le cruce en el camino.

—Esto más bien me parece una tontería.

—No me subestime señor Hokage, sé de lo que hablo. ¿Cuántas veces se ha presentado con las manos vacías en la casa de Sakura? Ella no se lo dirá pero muy en el fondo se siente triste porque usted no demuestra ese afecto maestro-alumna. Además...

—Bueno sí, ya cállate —espetó y al ver la cara de Ebisu se arrepintió de su brusquedad—. Como sea, sólo vamos y terminemos con todo esto.

Avanzaron en medio de las oscuras calles de Konoha y antes de llegar a la casa de la nueva familia Uchiha, Ebisu se quedó quieto dejando que Kakashi siguiera caminando. Éste, al notar que su compañero no le seguía, volteó.

—Siga sin mí, yo aquí lo espero. Recuerde lo que hablamos.

Kakashi rodó los ojos y prosiguió su andar. Se paró frente a la puerta, respiró hondo y tocó el timbre de la casa; pasaron unos cuantos segundos hasta que Sakura abrió la puerta.

—Kakashi sensei, qué sorpresa. ¿Pasa algo?

—Ho-hola Sakura —se había puesto nervioso por culpa de Ebisu—. Sólo pasaba a saludarte y ver cómo van las cosas en la clínica. ¿Todo bien? Estaba preocupado.

—Sí, todo va bien ahora. Gracias por ayudarnos sensei.

Los ojos de Sakura instantáneamente se dirigieron a la mano donde su maestro sostenía las flores.

—¿Y esas flores? ¡Ah! —Sakura llevó una mano a su boca— No me diga que va a ver a su novia —empezó a reír.

—Son para ti.

El silencio incómodo apareció, Ebisu quien observaba desde lejos se dio un palmazo en la cara.

—¿Para mí? —Sakura se apenó, no sabía cómo interpretar eso.

—No, no pienses mal —Kakashi cayó en la cuenta de lo que sucedía—. Son flores de amistad y respeto y esas cosas formales. Yo... Pensé que te gustarían.

—Hmm... —Sakura movió su cabeza en aprobación— Me gustan, están lindas.

Tomó las flores con cuidado.

—Gracias, las pondré en agua ahora mismo. ¿Por qué no pasa un rato? Preparé té de limón.

Mientras Sakura se adentraba a la casa, Kakashi miró hacia el árbol donde Ebisu le esperaba, éste último alzó el pulgar y Kakashi puso los ojos en blanco para después seguir a su ex alumna.

Sarada jugaba con peluches dentro de un corral vibrador y al verlo esbozó una tierna sonrisa que contagió de alegría al hombre.

—Qué rápido crecen ¿verdad? —Expresó y acarició la cabeza de la niña— Cada vez que la veo no puedo evitar pensar en Sasuke.

—Sí, se parecen demasiado. Aquí está su té, sensei.

Sakura puso la taza sobre la mesita de centro y se sentó en el sofá frente a su maestro, en un frasco con agua colocó las flores amarillas y las miró con una diminuta sonrisa en su rostro, acto que no pasó inadvertido para Kakashi; en ese momento pensó que Ebisu estaba en lo cierto cuando decía que a las mujeres les gustaban esos detalles.

—¿Qué tipo de flores son? —Preguntó la pelirrosa.

—Ah... Pues —se rascó la sien—, son del tipo amarillo.

Sin poderlo evitar y sorprendiendo al mayor, Sakura empezó a reírse mientras se cubría la boca con sus manos.

—Ya lo sé, me refiero a cómo se llama este tipo de flor. Ay sensei, usted es todo un caso —siguió riendo y contagiando a Kakashi con su risa.

—La verdad es que olvidé el nombre, no soy bueno en estas cosas.

—Está bien, no importa.

Recordando lo demás que compró, Kakashi le entregó a Sakura la bolsa de papel sorprendiéndola.

—¿Y esto?

—Bueno, ya que venía de camino hacia acá pensé que sería de mala educación llegar con las manos vacías así que te traje anmitsu y papillas para Sarada.

—¡Ah! ¡Sensei! ¿Cómo lo supo? —Sakura tomó entusiasmada la bolsa y empezó a sacar los botecitos del postre— ¡Amo el anmitsu! Tengo años sin probarlo.

—En... ¿En serio? —Kakashi no se esperó el haber atinado a comprar el postre favorito de Sakura por lo que estaba más que estupefacto viéndola sonreír y correr a la cocina por una cuchara.

—Sí, en serio —retiró la tapa de un bote—. Mi madre no me permitía comerlo porque decía que era malo para mi salud, y cuando estuve de misión nunca pude encontrar este postre —tomó un poco con la cuchara y lo llevó directo a su boca, al probarlo empezó a sonreír y cerró los ojos— Hmm... ¡Qué delicia! —Tomó más y apretó los puños— ¡Oh sí! Esto es fantástico.

—Sa-Sakura no deberías...

Pero Sakura seguía haciendo ruidos extraños mientras saboreaba el anmitsu, Kakashi sólo se hundía en el sofá y volteó a ver a Sarada quien estaba muy atenta mirando a su mamá gemir con cada cucharada. El ambiente se había llenado de sonoros ruidos hasta que la puerta se abrió con brusquedad y todos voltearon a ver a un hombre alto de cabello negro que parecía severamente preocupado.

Sakura apartó la cuchara de su boca y se puso de pie.

—Sasuke...

Emocionada corrió para abrazarlo con todas sus fuerzas y el pelinegro ni siquiera se movía.

—¡Volviste! ¡Te extrañé tanto! Mira Sarada, papá volvió a casa.

Kakashi notó la mirada fría del Uchiha y se levantó del sofá.

—¿Qué pasa Sasuke? —Preguntó Sakura.

—Escuché ruidos antes de entrar —por fin habló—, me pregunté si estabas bien.

—¿Ruidos? ¡Ah! —Sakura movió sus manos en el aire— Era yo, es que Kakashi sensei me trajo anmitsu y tú sabes que adoro ese postre. Estaba tan feliz de poder comerlo de nuevo.

—No sabía que te gustaba —miró a Kakashi—, pero parece que él sí estaba enterado.

—Hmm... Tienes razón Sasuke, tal vez nunca te lo dije.

Los ojos de Sasuke dejaron de ver a su antiguo maestro al percibir un color amarillento que provenía de un frasco en la mesa de centro.

—¿Y esas flores, Sakura?

—Kakashi sensei me las trajo, ¿verdad que son bonitas?

Sasuke miró de nueva cuenta al Hokage. Kakashi extrañamente empezó a sudar de los nervios, por algún motivo sentía que había metido la pata. Sakura seguía hablando de lo bonitas que se veían las flores y Sasuke persistía en estrangular con la mirada a Kakashi.

—¡Son para ustedes! —Interrumpió Kakashi haciendo que Sakura dejara de hablar— Yo siempre pienso en mi aldea y velo por su bienestar. Como puedes ver Sasuke, son tres flores, una para Sakura, otra para Sarada y otra para ti.

—¡Ah Kakashi sensei! ¡Qué lindo detalle! —Sakura se emocionó— No lo había visto de esa forma.

Finalmente Sasuke dejó de verlo y caminó hacia el corralito para cargar a Sarada quien lo veía curiosa y con sus manitas le tocó la cara; el semblante duro de Sasuke cambió a uno más apacible haciendo que Kakashi viera un lado de su ex alumno que jamás creyó presenciar.

—Has terminado tu misión con éxito, Sasuke —expresó.

—Sí, creo que permaneceré en la aldea un tiempo antes de partir de nuevo.

Desde la cocina se oyó a Sakura en un grito ahogado, por más que quisiera ocultar su felicidad era simplemente imposible. Rápidamente volvió a la sala con un biberón para Sarada.

—Me alegra oír eso Sasuke, Sarada te ha extrañado mucho —dijo Sakura y tomó a la niña en brazos.

—Disculpa que lo cuestione —dijo Kakashi—, es sólo que me preguntaba ¿quién estuvo cuidando de Sarada en estos días?

—Mi madre me ayudó un par de veces, luego contraté una niñera muy amable y espléndida.

—Ya veo.

—Pero si Sasuke va a estar en casa un tiempo, creo que él podrá hacerse cargo de su hija ¿verdad?

Sakura miró amorosamente a su esposo y Sasuke se incomodó con tal acto. Kakashi sonrió ante la escena y posteriormente tomó su mochila colgándosela.

—Bien, creo que ya es hora de que me retire.

—Oh no se vaya aún sensei, quédese a cenar con nosotros.

—No, no, gracias por la invitación Sakura, pero ya debo irme. Dejé unos pendientes en casa y ya se está haciendo tarde.

—Vuelva cuando guste, sensei. Sabe que siempre es bienvenido en nuestra casa.

La sonrisa de Sakura era distinta, y Kakashi sabía que se debía al regreso de Sasuke. Hizo una reverencia antes de caminar hacia la puerta; al llegar a ella se dio cuenta que el Uchiha había caminado detrás de él.

Salió de la casa y se detuvo observando el cielo estrellado, luego oyó detrás la voz de su ex alumno.

—Gracias.

No volteó a verlo, sólo siguió viendo el firmamento.

—¿Por qué me agradeces?

—Por cuidar de Sakura y Sarada en mi ausencia.

Kakashi negó con su cabeza.

—¿Es eso realmente lo que quieres decirme? —Volteó a verlo— Porque hace rato querías matarme.

—No sé de qué hablas.

—No tienes nada de qué preocuparte —puso su mano en el hombro de Sasuke—, sabes que soy como un padre para Sakura, sólo vine porque quería asegurarme de que todo estuviera bien.

Sasuke frunció el ceño y miró hacia otro lado.

—Estabas celoso.

—Basta Kakashi, ¿no tenías que irte a tu casa?

—¿Eh? Ahora que lo mencionas... No estaría mal si acepto cenar con ustedes.

—Suficiente, vete ya.

Kakashi empezó a reír, le gustaba molestar a Sasuke y verlo en su estado celoso, que aunque trataba de negarlo era más que obvio.

Paulatinamente las risas cesaron y nuevamente el ambiente se llenó de calma, sólo se oía el cantar de los grillos y el ligero viento que soplaba.

—No sé cómo lo hiciste, tal vez la próxima vez puedas darme unos consejos.

Sus palabras atrajeron la atención de Sasuke quien lo miró confundido.

—¿Qué cosa?

—¿Cómo aprendiste a lidiar con Sakura? Quiero decir, tú y Naruto son hombres casados ahora...

—Kakashi ¿te pasa algo? Estás actuando raro.

—Olvídalo, hablemos de esto después. Ahora sólo encárgate de hacer feliz a tu familia —Kakashi vio la expresión seria de Sasuke y quiso incomodarlo de nueva cuenta antes de irse—. Asegúrate de que Sakura olvide el anmitsu esta noche... Si sabes a lo que me refiero.

Sasuke se puso colorado hasta las orejas pero antes de que pudiera reprocharle algo, Kakashi se marchó en un abrir y cerrar de ojos.

—Tsk... ¿Quién se cree para dar su opinión?

—¡Sasuke, mi amor! —Gritó Sakura desde la puerta— Voy a preparar la cena, ¿puedes cuidar a Sarada?

Sasuke sintió un apretón en el estómago al oír su nuevo sobrenombre y su cara ardió todavía más, no estaba acostumbrado a tanto afecto.

—Sí, ya voy.

Sobre una rama en lo alto Kakashi observó la escena, detrás de él apareció Ebisu acomodándose los lentes.

—¿Y bien? ¿Funcionó?

—Casi haces que Sasuke me mate ¿sabes? —Lo miró— Tienes buenas intenciones pero creo que para un hombre mayor como yo, este tipo de acciones no son las correctas.

—Apenas estamos empezando señor Hokage, no se desespere.

—Hablaremos mañana sobre esto, por ahora sólo ve a descansar.

El camino a casa fue lo bastante largo para que Kakashi pudiera meditar sobre ese extraño sentimiento invadiéndolo. A su mente llegaba el recuerdo de Shikamaru silbando contento, Sakura sonriendo y Sasuke viendo a Sarada.

Abrió la puerta de su casa y encendió la luz. Era solitaria y no se respiraba el mismo aroma que en el hogar de su ex alumna. Pensó que probablemente era cierto lo que decían y él necesitaba una esposa, y quizás en algún momento de su vida no sentiría ese vacío al llegar a su vivienda.

—Tal vez... No sea tan mala idea casarse.


Hola, gracias por leer y comentar el capítulo anterior.

Nos leemos en el siguiente ;)