Capítulo 5.- Consejos varoniles
Un muchacho moreno con una sonrisa de oreja a oreja que se frotaba las manos con intensidad, veía la espalda del Sexto Hokage quien muy minuciosamente revisaba cada estante de la tienda buscando una nueva adquisición para llenar el nuevo vacío que había en su alma.
Entre cuentos infantiles, libros de historia y novelas antiguas, Kakashi finalmente se dio por vencido y con resignación volteó hacia el dependiente de aquella librería.
—Sabes, estaba buscando alguna novela interesante.
—Gran Señor y Supremo Hokage —a Kakashi le tembló una ceja cuando oyó su novedoso y extenso título—, no hemos recibido nuevos materiales. ¿Qué clase de lectura necesita? Si es más específico yo podría solicitarle al proveedor lo que usted busca.
Kakashi sacó su más reciente y culminada lectura, alzó el libro a la altura de su cara y mostró la portada al joven.
—Algo como esto, el autor de esta obra es K. T.
El muchacho comenzó a buscar en el libro de registros de los autores que era propiedad del negocio.
—Lo lamento mucho, la única obra registrada es "Romance prohibido", de hecho fue la única copia que llegó en una entrega de novelas juveniles.
—Ya veo —Kakashi guardó el libro—, posiblemente es su primera obra por lo que no hay más —sentenció derrotado—. En fin, gracias muchacho.
—Tenga un buen día Gran Señor y Supremo Hokage.
Todavía el resto del camino hacia la torre fue escuchando esas palabras en su mente.
Había conseguido liberar su pensamiento del estrés y la presión que sentía por todo el trabajo y el asunto con conseguir esposa. En primera instancia estuvo de acuerdo con Shikamaru respecto a elegir a la más accesible para posteriormente divorciarse, sin embargo, tras la noche que pasó en la casa de Sakura y todo lo que sus ojos fueron capaces de percibir en el matrimonio de sus dos ex alumnos, Kakashi se estaba planteando la idea de que si no le iba tan mal en sus primeras semanas o meses de casado, cabía la posibilidad de mantenerse fijo en ese estado y decirle adiós para siempre a su soltería.
Pero él estaba consciente de que su fuerte jamás fue comprender y relacionarse bien con las mujeres. Él era todo menos un hombre romántico y detallista; estaba acostumbrado a ser agresivo, tosco y hasta extremadamente sarcástico y grosero. La primera entrevista con las candidatas estaba a un par de días y él todavía no entendía nada y la forma de trabajar que tenía Ebisu no era buena en lo absoluto.
Tras largas jornadas de trabajo decidió que lo mejor sería hablar seriamente con Ebisu y explicarle que su método de enseñanza no era el más adecuado para él; además, por su mente cruzó la descabellada idea de solicitar lo que nunca en su vida imaginó pedir: consejos varoniles.
La sala de juntas estaba casi llena, en los asientos se podía observar a grandes shinobis de Konoha que fueron llamados a reunirse por un asunto especial del Hokage: Naruto, Shikamaru, Chouji, Ibiki, y Guy.
Los murmullos entre Naruto y Chouji era lo único que se podía escuchar en aquella sala. Kakashi permanecía sentado mirándolos a todos.
—Kakashi sensei ¿cuándo nos va a decir para qué nos citó?
—No comas ansias Naruto, todavía nos falta un integrante para iniciar.
—¿Eh? ¿Y quién puede ser para atreverse a llegar tan impuntual? Sabe que estaba comiendo muy sabrosamente el platillo especial que me preparó Hinata y en cuanto me avisaron que usted me mandó llamar dejé mi plato en la mesa y me vine corriendo. Comience ya con la reunión, que ese "integrante-impuntual-cretino-don-llego-a-la-hora-que-se-me-da-la-gana" se vaya mucho a-
—Señor Hokage, me disculpo por mi demora —el hombre entró a la habitación y cerró la puerta—. Estaba terminando de dar indicaciones a mis hombres y dejé a Hanabi a cargo.
—No se preocupe Hiashi, por favor tome asiento —con su mano le señaló la silla—. Ah sí... ¿Qué decías Naruto? Que el cretino que llega tarde ¿qué cosa?
A Naruto se le fue la sangre hasta los pies, movía sus manos en el aire para que su sensei se callara.
—Nada, nada, no dije nada —empezó a reír con nerviosismo. Ibiki tosió discretamente para ocultar la gracia que le causó la escena.
—Bueno, ya estamos todos.
—Pensé que Sasuke también vendría.
—¿Cómo va a estar Sasuke, Shikamaru? Recuerda que se fue a una misión hace mucho tiempo.
—¿No lo sabes Naruto? Sasuke regresó hace días —contestó.
—¡¿QUÉ?! ¡¿Sasuke está en Konoha?! ¿Por qué no me lo habían dicho?
—¿Por qué te lo íbamos a decir? ¿No son ustedes mejores amigos y esas cosas? —Dijo Shikamaru— Qué fastidio.
—Naruto guarda silencio —ordenó Kakashi—. Ya tendrás tiempo después para buscar a Sasuke y pedirle explicaciones del porqué no ha hecho por verte... Aunque posiblemente sea porque ya es un hombre casado con responsabilidades y prefiere pasar el tiempo con su esposa e hija.
Hubo un repentino e incómodo silencio en la sala.
—Bien, no los reuní para hablar de la extraña amistad de Naruto y Sasuke —el Uzumaki se hundió en el asiento tratando de esconderse de su suegro—, sino que los he llamado porque ustedes son las personas en las que confiaré mi destino.
—¿Qué pasa Kakashi? —Habló Guy— ¿De qué se trata?
—Naruto, Shikamaru, Choji, ustedes son shinobis casados. Hiashi, es usted un hombre sabio; Ibiki, eres excelente con las mentes y tú Guy... Mi eterno rival con frases motivacionales.
Naruto y Shikamaru se miraron de reojo.
—Quiero que por favor todo lo que hablemos en esta sala de juntas se quede entre nosotros. Mi posición se vería afectada de no ser así.
—Sabes bien que no te traicionaríamos Kakashi —Ibiki se dejó escuchar.
—Yo... Ahora mismo tengo la obligación de escoger a una de las cuatro candidatas a ser mi esposa.
—¡Entonces no son rumores! —Exclamó Naruto golpeando la mesa con sus manos.
—No, no lo son —Kakashi se sobó la frente—. Faltan pocos días para conocer a estas señoritas y hacer la entrevista correspondiente, sin embargo, no me siento preparado para esto por eso es que los llamé, necesito consejos, opiniones varoniles que pudieran servirme para tratar con mujeres.
Los presentes se inquietaron, algunos se miraron entre sí y otros simplemente se aclararon la garganta.
—Esto puede parecer una locura pero sinceramente me estoy martirizando mucho.
—Tranquilo Kakashi —Guy alzó la voz—, no te dejaremos solo en esto.
—Específicamente ¿qué es lo que quiere que le aconsejemos? —Cuestionó Shikamaru.
—No tengo idea de por dónde comenzar, yo... Pff... No lo sé, ¿cómo hablar con ellas sin parecer un tonto? O ¿cómo verme interesado aunque no lo esté y sin que ellas lo noten? ¿Cómo descubrir cuál es la más fácil de manejar?
Ibiki empezó a sudar tratando de idear algo sensato y lógico. En todos sus años a cargo de interrogatorios y juegos mentales, nunca se preocupó por esas cosas.
—Podría ser que usted no hable tanto y solamente las escuche —expresó Shikamaru por experiencia propia—. Vaya que sería problemático si usted dice algo inoportuno.
—¿Quieres decir que debo callar y sólo oírlas? Eso no es muy agradable, no me gustaría casarme con una mujer que no se calle y yo no pueda replicar.
—No digo que todas las mujeres sean así, quiero decir, habría que conocerlas primero para tratar de visualizar el tipo de persona que es. En el momento que conocí a Temari y con unos pocos diálogos que le oí decir entendí que era una mujer muy parecida a mi madre: con carácter fuerte y muy astuta. A ese tipo de personas hay que oírlas y no hablar tan deliberadamente sino se quiere terminar discutiendo.
Kakashi asintió con su cabeza en un intento por asimilar las palabras del joven. Ante la duda, Hiashi se atrevió a hablar.
—Mi esposa era muy parecida a Hinata, ella siempre fue amable y apacible. Mi carácter es dominante por lo que ambos éramos casi polos opuestos, sin embargo, su tranquilidad me reconfortaba y complementaba mi vida. Tratar con ella no me fue difícil porque era de esas personas que siempre están dispuestas a resolver los problemas por más diminutos que sean.
Todos movieron su cabeza aprobando sus palabras, sorprendidos de oír algo así del líder del clan Hyuga.
—Bueno, entonces hay mujeres más agresivas que otras —dijo Kakashi—, creo que empiezo a sentirme mareado.
—Yo tuve una novia —confesó Ibiki con cierta vergüenza, su grave voz atrajo la atención de los presentes—, hace muchos años. Ella, era buena persona.
—¿Quién se confesó primero?
—¿Qué clase de pregunta es ésa? —Ibiki se sintió intimidado.
—Por favor, necesito saberlo, es por una buena causa —Kakashi juntó las manos.
—Pues, fue ella quien me confesó sus sentimientos.
Un leve sonrojo apareció en las mejillas del hombre que poco a poco cambiaba su expresión dura a una más serena. Kakashi oía emocionado, más que nada por su lado entrometido.
—Dinos más, ¿qué tipo de carácter tenía?
—Era muy segura de sí misma, siempre decía lo que pensaba y nada la intimidaba.
—Eso explica por qué no salió huyendo cuando te vio a la cara.
—¿Dijiste algo Kakashi?
—Nada. Bien, entonces tenemos mujeres agresivas, tranquilas y atrevidas. ¿Qué nos falta?
—Creo que todo depende de tu carácter Kakashi, la juventud ya no es tan fuerte en ti por lo que deberás ver con atención cuál de las candidatas es más compatible con tu espantosa personalidad.
—Gracias Guy, me alegra oír eso de ti. Por pura curiosidad ¿cuál es tu tipo de mujer?
—En realidad no estoy interesado en esas cosas, mi vida gira en torno al entrenamiento.
—¿Por qué no me sorprende? A ver Chouji, tú eres un hombre felizmente casado ¿cómo supiste que era buena idea casarse con Karui?
—Ella me preparó un platillo delicioso de su país natal, enseguida supe que era la indicada.
Todos guardaron silencio unos segundos.
—Bien por ti Chouji.
La junta finalizó, aunque Kakashi seguía inmerso en su mar de dudas, sentía que tenía un peso menos sobre sus hombros al darse una idea del tipo de mujeres que según le dijeron, existían. Antes de volver a casa pasó por el mercado para comprar algunas cosas para su cena.
Sus ojos observaban cuidadosamente a las personas que pasaban o compraban, recordó algunos consejos de Ebisu y quiso darle una última oportunidad poniendo uno de ellos en práctica. Se acercó a un puesto de frutas y miró fijamente a la vendedora: una mujer de algunos cuarenta y tantos años, desaliñada y regordeta.
—¡Ah! Señor, qué honor tenerlo por aquí.
—Sólo vine a comprar un par de naranjas y limones.
—Por favor, tome todo lo que le haga falta.
Kakashi tomó una bolsa de plástico y empezó a escoger las frutas más adecuadas; ocasionalmente veía a la señora quien no pasaba por alto aquella acción.
—Listo, llevaré éstas.
Antes de entregar la bolsa para que la mercancía fuera pesada en la báscula decidió hablar.
—Estoy sorprendido de ver a una mujer como usted trabajando aquí, ¿nunca le han dicho que tiene cara de actriz?
—¿Eh? ¿Actriz, yo? —La señora se sonrojó y llevó ambas manos a su rostro— Usted debe estar bromeando, yo para nada parezco una actriz.
—Yo no soy alguien que mienta, cuando veo una belleza de esa magnitud tengo que decirlo —la ceja de Kakashi tembló.
—Señor, señor ¿qué cosas dice? Va a hacer que me ponga igual de roja que un tomate.
—Pues entonces será un tomate muy bello. ¡Oh! Aquí tiene la fruta, por favor pésela.
—No, no, déjelo así. La casa invita.
—Cielos, no, eso sería una grosería de mi parte.
—Insisto. Usted ya hace bastante por proteger esta aldea.
Finalmente el plan salió tal cual lo esperó, así que tuvo una ligera buena impresión de Ebisu. Miró alrededor y localizó a su siguiente víctima: Una mujer más joven con el cabello trenzado que estaba acomodando unas cajas llenas de melones.
Caminó hacia ella y echó un vistazo a la variedad de productos.
—Buenas tardes ¿le puedo ayudar en algo?
—Oh, bueno estaba decidiéndome si comprar un melón o una sandía.
—¿Por qué dudar? —Cuestionó la mujer— ¿Cuál fruta le gusta más?
—Me gustan ambas pero estéticamente se miran mejor los melones suyos, que por cierto son los mejores melones que he visto.
—¿En serio? ¿Le gustan mis melones?
—Sí, se miran maduros.
—Lo son —dijo ella con una sonrisa—. Aunque preferiría que eligiera una de las dos frutas porque mi cuerpo no está en venta.
—¿Eh?
Kakashi repentinamente entendió que había caído en una trampa llena de albur y se sintió avergonzado por no percatarse antes. Con pena miró a los ojos a la mujer quien no había dejado de sonreír.
—Yo, no me refería...
—Sé lo que intentaba, quería halagarme para que le regalara el producto tal como lo hizo con la pobre señora ingenua, pero conmigo ese truco viejo no funciona.
—No, no, yo de verdad...
—Shh, shh —ella se puso el dedo índice en los labios—, no intente arreglarlo que sólo lo va a empeorar. Mejor sólo compre lo que tenga que comprar y váyase.
—¡Nashira! —Exclamó una voz femenina haciendo estremecer a la joven— ¡No puedes hablarle así a los clientes!
De la parte trasera del puesto salió una anciana que al ver a Kakashi abrió los ojos de par en par y posteriormente dirigió su vista a la encargada.
—Estás despedida.
—¡¿Qué?! Pero... ¡¿Por qué?!
—No sabes lo que acabas de hacer. Preséntate mañana por tu liquidación, ahora vete.
—Pero no hice nada malo —miró a Kakashi— ¡fue él quien quería engañarme y obtener productos gratis!
—¿Qué barbaridades dices? Vamos, vamos, ve a casa ya —movía las manos en el aire.
Nashira no discutió más, se quitó de mala gana el mandil y lo arrojó a las frutas. Miró a Kakashi y arrugó la frente, luego se marchó.
—Señora escuche, esto ha sido mi culpa, no tiene que despedir a esta mujer.
—Señor, es usted tan modesto. Nashira sólo tenía una semana trabajando conmigo, puedo perdonar todo menos que le hable así a nuestro queridísimo líder.
La culpabilidad había invadido a Kakashi, sin pensarlo más veces fue detrás de la mujer para por lo menos ofrecer una disculpa.
Ella caminaba unos metros adelante cuando de repente se detuvo y volteó molesta.
—¿Por qué me sigues? ¿Qué quieres?
Kakashi salió de su escondite sorprendido de que ella se percatara de su presencia.
—Yo, lo siento no ha sido mi intención.
—¿Oh? Está bien no te preocupes.
—¿De verdad?
—Sí, no es la gran cosa, sólo me he quedado sin trabajo por tercera vez en este mes y ahora tengo que buscar uno nuevo para poder sobrevivir, pero no es nada grave.
—Pues eso suena bastante grave.
—¡Obvio! ¡Porque es grave! ¿Tienes idea de cuánto me costó conseguir ese trabajo? La anciana no me quería contratar porque no soy atractiva como la vendedora de pasteles del puesto de enfrente.
—¿Entonces por qué dices que no es grave?
—¡En serio! ¿Eres humano?
Nashira se acercó a Kakashi y lo miró fijamente.
—Era sarcasmo —dijo ella.
—Lo sé, yo también estaba siendo sarcástico.
—No, eso no sonó como sarcasmo. Yo sé reconocer un tono lleno de sarcasmo y tú cometiste el error de cuestionar después de que dije que sí era grave.
—Po-porque...
—Como lo pensé, no tienes argumentos.
—Oye, ya me disculpé ¿de acuerdo?
—Supongo que tu disculpa hará que mágicamente me paguen un salario por semana. Gracias hombre, qué amable de tu parte.
—Bueno, tal vez si no hubieras sido grosera no te habrían despedido.
—No encuentro la lógica de que me despidieran por hablarte así. Parece que todos los ninjas son iguales, se aprovechan de su puesto para obtener beneficios.
—Suena como si odiaras a los ninjas. Pero aún así, tienes que reconocer que tu tono no fue el adecuado.
La mujer guardó silencio y respiró profundamente.
—Yo de verdad necesito trabajo —habló con más calma y su mirada se volvió triste—, cuando llegué a esta aldea pensé que tendría más oportunidad de crecimiento laboral pero luego descubrí que los cargos importantes y bien pagados sólo los tienen unas cuantas personas. Presenté solicitud en muchas compañías pero los ejecutivos sólo se fijan en el físico y caen en las trampas de esas tipas que en sus caras les gritan que les están mostrando el escote porque quieren el puesto aunque no tienen ninguna experiencia, y los bobos que contratan creen que porque ya vieron un poco de carne después van a comerse el plato completo.
Kakashi estaba asombrado escuchándola, había algo que hacía clic en su cabeza.
—¿Puedes ser más específica? ¿Cómo sabes que ellas tienen esas intenciones?
—¿Qué no es obvio? —Se cruzó de brazos— Si una mujer muy guapa de buenas a primeras se te acerca y te sonríe, luego coquetea y es amable ¿qué pensarías?
—¿Qué le gusto?
—Exacto. ¿Pero cómo sabes si en verdad le gustas o sólo quiere obtener algo de ti?
—Yo... Bueno... No lo sabría. Nadie puede saberlo.
—Si te conoces bien, si sabes que no eres atractivo visualmente y ella es casi una diosa ¿no crees que hay algo raro?
—¿Estás diciendo que las mujeres bonitas no se fijan en tipos feos?
—Oh vaya, por supuesto que es posible. Pero nunca está de más dudar, no hay que ser tan ingenuos y dejarse llevar por la emoción del momento. Si no eres atractivo y de repente una mujer bella te coquetea es porque evidentemente quiere algo de ti y no es ni tu cuerpo ni tu corazón.
Kakashi se sobó el mentón.
—Esto es nuevo... Ebisu me dijo otra cosa.
—Como sea, me voy a casa.
—Espera, espera... Necesito saber algo más.
—¿Qué?
—Ah... Supongamos que cuatro mujeres quieren casarse conmigo, ¿cómo sé a cuál debo elegir?
—Eso depende de ti. ¿Por qué querrías casarte con una de ellas? ¿Por amor? ¿Por deseo? ¿Por interés económico? Si me dices que cuatro mujeres quieren casarse contigo es porque tienes algo que a todas les interesa. Puede ser tu físico, tu posición económica, etc. Si por ejemplo, me dices que quieres una esposa porque eres un ricachón y la sociedad te lo exige, entonces es probable te casarás con la más guapa porque sólo la quieres como adorno. Por el contrario, si quieres casarte porque no quieres estar solo, entonces vas a elegir la que te atrape con una buena conversación.
—Y ¿si quiero casarme por amor?
—Entonces no elegirías a ninguna de las cuatro, si es por amor no habría manera de que tuvieras que verte en la necesidad de elegir, sería una decisión firme y segura.
A Kakashi le brillaron los ojos, Nashira le estaba mostrando un panorama más amplio del que se había imaginado.
—¿A qué viene todo esto de las esposas.
—¿Te llamas Nashira, verdad?
—Así es.
—Nashira, soy Kakashi Hatake. Quiero pedirte un gran favor.
—¿Qué pasa? ¿Por qué repentinamente dices esto?
—Por favor, trabaja para mí. Necesito que me enseñes a entender a las mujeres.
Nashira alzó una ceja y miró a todos lados.
—¿Esto es una broma?
—No. Es una oferta de trabajo y si aceptas, empiezas mañana.
Lamento mi demora. Espero que les haya gustado el capítulo.
