Capítulo 7.- "La entrevista - Parte I"

La repetida pero extremadamente cautivadora lectura erótica que Kakashi saboreaba en su rato libre dentro de la oficina, lo había mantenido desconectado del resto del mundo por un buen par de horas.

Nashira lo había ayudado a entender algunos aspectos básicos sobre el trato hacia el sexo femenino, y durante dos días estuvieron practicando preguntas posibles para las candidatas que se presentarían para ganar el corazón... O mejor dicho, la aprobación del Hokage.

Los Consejeros estaban al pendiente de la organización del evento privado, el Señor Feudal había patrocinado el banquete para los invitados y el resto de los shinobis mantenían extrema vigilancia en los alrededores. Shikamaru afinaba los últimos detalles, Ino y Sai se encargaron de la hermosa decoración del salón.

—¡Kakashi! ¿Qué haces allí sentadote? ¡Tus candidatas te esperan en el gran salón!

Nashira entró repentinamente a la oficina y Kakashi apenas tuvo tiempo de guardar el libro dentro del cajón.

—Mira nada más, ni siquiera te has cambiado de ropa.

—No sé, pensé que podía ir con mi vestimenta de Hokage —se excusó.

—Es un evento formal pero no seas tan extremo, debes ir con tu mejor atuendo. Ya me suponía que no estarías preparado por lo que me adelanté y te compré un traje elegante y discreto.

Kakashi tomó la prenda que colgaba de un gancho de madera. Miró a todos lados y después caminó hacia el pequeño cuarto donde guardaban archivos viejos.

Comenzó a quitarse la ropa mientras Nashira lo esperaba afuera. Se sorprendió de lo bien que le quedaba aquella vestimenta, no entendía cómo es que ella logró encontrar ropa a su medida.

—¿Cómo supiste que esto me quedaría? —Gritó desde el otro cuarto.

—Tomé tus medidas.

—¡¿Qué?! ¿Cuándo?

Nashira rodó los ojos.

—Cuando te quitaste la camiseta sobre la que derramaste café y me la diste para que la llevara al servicio de lavandería.

Kakashi se abotonó el pantalón y miró sus pies descalzos.

—¿Qué zapatos me pondré? —Exclamó fuerte para que la mujer escuchara, ésta simplemente suspiró.

—Abre la puerta, te voy a pasar los zapatos.

Lentamente se abrió la puerta y Kakashi estiró la mano para tomarlos, impidiendo que Nashira pudiese verlo.

—Seguro te estás preguntando cómo es que sé tu talla de calzado —Nashira se miró las uñas de la mano para comprobar que el esmalte seguía intacto.

—Pues la verdad sí —oyó a Kakashi—, ¿eres bruja?

—Casi, pero no. Lo que pasa es que me fijé en la longitud de tu antebrazo y ¡sorpresa! Obtuve la medida de tu pie.

Kakashi aprovechó que ella no lo estaba viendo para colocar su pie en su antebrazo y verificar que lo que Nashira decía era cierto. Hizo una gran mueca de sorpresa cuando sus ojos vieron que su pie y antebrazo medían lo mismo.

—¿Qué clase de humano es ella? —Musitó.

—¿Ya terminaste? Tienes por lo menos quince minutos para llegar a tu evento sin parecer un maleducado.

La puerta se abrió y Kakashi salió luciendo una camisa negra de cuello abierto ajustada a su torso, un pantalón de vestir color gris y unos zapatos negros de piel que hacían juego con la elegancia del atuendo. Nashira pasó saliva y carraspeó, no podía negar que se veía espectacular y pensó que si Kakashi procurara cerrar más la boca y vestir adecuadamente podría ser todo un galán.

—Me siento un poco extraño con esta ropa.

—Mira Kakashi, no quiero ser grosera pero creo que los dioses no quisieron darte demasiada gracia por lo que vestir bien es lo más conveniente para ti. Y tómalo como un cumplido.

A Kakashi le tembló la ceja.

(...)

El salón contaba con la presencia de grandes figuras del mundo ninja. De todos los Kages, solamente pudo asistir la Mizukage Mei. El resto de las candidatas iban acompañadas de representantes de los líderes.

Como invitados de Konoha se encontraban los Consejeros, Shikamaru y en representación del Señor Feudal estaba su hijo.

Kakashi había llegado presuroso mientras Nashira le acomodaba la ropa.

—Señor Hokage, lo estábamos esperando, entre rápido —dijo uno de los shinobis que resguardaban la puerta.

—Gracias.

Nashira iba detrás de Kakashi pero entonces uno de los hombres le impidió el paso. Los ojos de ella lo miraron fijamente y pronto se convirtió en un duelo de miradas.

—Ah, ella viene conmigo —dijo Kakashi—, es mi asistente personal.

—Oh, disculpe Gran Señor.

Recorrieron un largo pasillo, y pronto divisaron a Shikamaru quien al ver que Kakashi había llegado se apresuró a encontrarlo.

—Señor pensé que nunca llegaría. Los Consejeros estaban molestándose.

—Todo está en orden, no hay qué temer. ¿Y ahora qué debo hacer? ¿A dónde debo ir?

—Ah... Por favor sígame.

Shikamaru llevó a Kakashi a lo que parecía ser un despacho. Dentro de éste la decoración era simple: Un librero de madera con algunas piezas de lectura, un cuadro de un paisaje colgando sobre la pared, una planta artificial en una de las esquinas de la habitación y dos sofás de cuero negro. Kakashi y Nashira se miraron de reojo.

—¿Y este lugar?

—Señor, las entrevistas se llevarán acabo en este sitio de manera individual. Yo iré nombrando a cada una de las candidatas, ellas contarán con cinco minutos para hablar con usted.

—¿Quién ha determinado el tiempo? —Preguntó el Hokage.

—Ha sido así por orden de los Consejeros, sin embargo —Shikamaru miró a todos lados y luego habló en voz baja—... Ellos esperan que usted escoja a la hija del Señor Feudal del país de la Tierra.

—Esos ancianos tercos... Está bien Shikamaru, haz pasar a la primer candidata y terminemos con esto.

—Sí Señor, ahora mismo le diré a Kurotsuchi que pase.

Shikamaru se fue casi corriendo para llamar a la nieta del Tercer Tsuchikage; aprovechando la ausencia de personal metió a Nashira a la habitación y la obligó a esconderse detrás del librero.

—¿Qué? ¿Por qué? —Replicó.

—¡Shh! No hagas ruido y quédate allí, necesito que estés presente para que me guíes.

—¿Cómo voy a guiarte si no debo hablar?

—Ponte esto, ¡rápido!

Kakashi le dio una radio inalámbrica muy parecida a la que solía utilizarse para mantener el contacto en misiones ninjas.

—¿Cómo me lo pongo? ¿Qué es esto?

Kakashi se desesperó y jaló a Nashira de un brazo para acercarla a él. Le puso en su oído derecho el auricular y ajustó el volumen del aparato.

—Mira, cuando creas que es conveniente ayudarme sólo acerca el micrófono a tu boca y dime lo que tengo que hacer. Si ves que me estoy metiendo en un problema procura no dejarme morir.

—Bien, bien ya entendí.

—Ahora quédate aquí y no hagas ruido.

La puerta se abrió y Kakashi se giró sobre sus talones para ver a Shikamaru con su mano extendida autorizándole el paso a una joven mujer de cabello corto y oscuro y luciendo un elegante vestido rojo.

Shikamaru le indicó a Kakashi con un movimiento de su cabeza que lo dejaba todo en sus manos. Sin más, salió de allí cerrando la puerta.

—Por favor toma asiento —indicó Kakashi. La joven hizo una leve reverencia y se sentó en el sofá.

—¿Cómo está tu abuelo?

—Él está bien, quejándose de su dolor de espalda como siempre —respondió ella evitando a toda costa la mirada de Kakashi.

—Ya veo... Me lo saludas.

Nashira se pegó en la cara con la mano.

Un silencio repentino apareció, Kakashi trataba de mantener la compostura pero sólo podía pensar cosas incómodas cuando veía a Kurotsuchi y no específicamente porque así lo quisiera; sino que la sola idea de ver a quien podría ser su futura esposa hacía que su mente volara a sus obligaciones maritales.

Sacudió la cabeza y carraspeó.

—Dile algo —Nashira susurró por el micrófono haciendo que Kakashi se estremeciera.

—¿Pasa algo Señor Hokage? —Kurotsuchi reaccionó ante tal movimiento.

—Pregúntale por qué decidió ser candidata a casarse contigo —dijo Nashira.

—Dime... ¿Por qué decidiste participar en esto de ser candidata para casarse conmigo? Quiero decir, te miras muy joven y yo ya soy un hombre adulto.

—Bueno... Tengo 24 años, usted sólo me lleva diez años y —Kurotsuchi empezó a sonrojarse—. A mí usted me llama mucho la atención.

—Uy, parece que tenemos una a la que le gustan mayores —pensó Nashira y rodó los ojos.

Kakashi se acomodó en el sofá y se rascó el cuello. Se sentía incómodo por el ambiente que estaba presenciando.

—Tal vez sólo sientes admiración por mí, y en algún momento esa emoción desaparecerá. Me parece que estás confundiendo tus sentimientos.

—Yo sin duda sería una buena esposa...

La ceja de Kurotsuchi empezó a moverse en un tic.

—¿Qué ocurre?

—¡Todo es una mentira! —Exclamó poniéndose de pie, eso desconcertó tanto a Kakashi como a Nashira.

—¿De qué hablas?

—Por favor no se lo diga a nadie pero la verdad es que esto de querer casarme con usted ha sido idea de mi abuelo, yo sólo quería tener una vida normal y disfrutar de mi soltería.

Para Kakashi eso sonaba fantástico, pensó que ella era la indicada pues se comprenderían mutuamente en ese asunto del matrimonio y librarse de la mujer resultaría más sencillo de lo que esperaba. Todo iba de maravilla en su pensamiento hasta que Kurotsuchi siguió hablando sin darle oportunidad de expresarse.

—Y al principio me pareció una locura lo admito, pero viéndolo de cerca con toda esa aura masculina que usted desprende... No me importaría ser su esposa.

—¡Kakashi, esa mujer está loca! —Habló Nashira por el radio— Ni muerto te la quitarás de encima, hazle una última pregunta difícil para que ya se terminen sus cinco minutos.

A Kakashi le temblaron las piernas, pensó en algo para hacer tiempo y culminar la entrevista.

—Dime... ¿Qué piensas de los niños? ¿Te gustaría tener hijos?

—Si usted desea formar una familia grande por mí no habrá ningún problema. Yo puedo darle todos los hijos que desee.

—¡Se acabó el tiempo!

Kakashi se levantó de golpe y caminó hacia la puerta. La abrió y vio que Shikamaru apenas y se aproximaba a culminar la entrevista.

—Por favor Kurotsuchi, pasa con los demás y gracias por asistir.

La joven se levantó y se acomodó el vestido. Kakashi estaba casi sudando y Shikamaru lo notó.

—Muchas gracias por su tiempo, Señor Hokage.

Sin decir nada más, la kunoichi se retiró .

—Es el turno de Maya —le dijo el moreno—, ¿se encuentra usted bien?

—Sí, sólo estoy tratando de encontrar la calma.

Una vez que su subordinado se marchó, Nashira salió del escondite con un pañuelo para Kakashi. Éste lo tomó sin preguntar de dónde lo había sacado, con lo poco que llevaba tratando a la mujer de cabellos azulados se había dado cuenta que ella siempre iba un paso adelante; era demasiado precavida.

—Tienes que tranquilizarte, esa chiquilla es algo atrevida pero descuida, la descartaremos. Sólo no hagas preguntas tontas, acuérdate de lo que te dije.

—Me pongo muy nervioso ¿no lo entiendes? —Kakashi se masajeó la frente— Esto de preguntarles cosas para conocerlas no es lo mío.

—Ya, cálmate. No pasa nada, esto terminará pronto.

Unos pasos se oyeron cada vez más cerca, Nashira corrió detrás del librero y el Hokage respiró hondo antes de que la puerta se abriera permitiéndole conocer a la candidata del país del Agua: Maya. Quien con un tono seductor y un sensual vestido morado se presentó ante el líder de Konoha.

—Buenas noches, Señor Hokage.

—¡Santo Monje del Valle Rocoso! —Pensó Nashira al verla por una orilla del mueble— ¡Es muy...!

Kakashi sólo apretó los ojos.