Capítulo 8.- "La entrevista - Parte II"

Maya, la mujer del país del Agua, estaba de pie junto a la puerta usando un vestido negro con un escote demasiado revelador. Kakashi trató por todos los medios posibles el mirarla directamente a la cara y no caer en tentaciones.

Nashira sólo podía pensar que la Mizukage había sido muy ingeniosa al enviar a su candidata con un atuendo capaz de acentuar la voluptuosidad de su pecho. «Esa mujer debe conocer bien a los hombres» pensó.

—Por favor toma asiento —pidió Kakashi.

—Gracias.

Ella accedió y se sentó en el sofá, Kakashi hizo lo mismo y se acomodó el auricular sin que la kunoichi se diera cuenta, pues su vista seguía atenta a la decoración de la habitación.

Kakashi iba a comenzar la entrevista pero entonces olvidó el nombre de la candidata a pesar de que Shikamaru se lo había indicado minutos atrás.

—Se-señorita...

—Puede llamarme simplemente Maya —volteó sonriente mostrando sus blancos dientes.

—Correcto, Maya... Del país del Agua ¿no es así?

—Efectivamente, soy kunoichi de esa nación. Gracias por aceptarme para la entrevista.

Kakashi pensó que de todos modos no había tenido más opción. Sus ojos amenazaban con bajar al escote de la mujer y tragó saliva para contenerse.

Ni se te ocurra —oyó la voz de Nashira por el auricular—, mirarle los senos será tu perdición y no voy a poder ayudarte.

—¿Cómo rayos sabe que estaba a punto de...? —Kakashi sacudió la cabeza.

—¿Señor Hokage, se encuentra bien?

Volvió la mirada a la mujer frente a él y se acomodó en el asiento.

—Bueno, vamos a comenzar con esta entrevista —se aclaró la garganta—. Has sido recomendada por la Mizukage para convertirte en mi esposa. ¿Tú qué opinión tienes sobre esto? ¿Te parece buena idea?

Maya se removió en su asiento juntando los brazos y haciendo sobresalir su pecho.

—¡Por supuesto! Estoy muy agradecida con la Mizukage por pensar en mí como candidata. Ella ya sabía el gran aprecio y admiración que yo siento por usted.

—¿Aprecio y admiración?

—Usted es el hombre que nos ayudó a ganar la guerra, sin su sabiduría y fuerza no hubiésemos sido capaces de derrotar al enemigo. Por eso quiero convertirme en su esposa, porque tenerlo como marido debe ser la cosa más impresionante del univeso —Maya sonrió—, no quiero sonar como una urgida ni nada de eso —Nashira rodó los ojos—, pero el simple hecho de imaginarme despertando a su lado todos los días hace que me salte el pecho de emoción.

Sí, le salta tanto que ya casi se le salen por completo los senos del vestido —musitó Nashira pero de igual forma fue escuchada por Kakashi y sólo pudo toser para distraerse.

—Creo que estás algo entusiasmada ¿no? Allá afuera hay otras candidatas también ¿qué te hace mejor que ellas?

Buena pregunta Kakashi.

—¿Qué me hace mejor que ellas? —Maya se cruzó de piernas y apoyó los brazos en el borde del sofá— ¿Qué no es obvio?

Kakashi se rascó la sien y Nashira rápidamente le dio la respuesta, parecía que los hombres eran incapaces de entender ciertas trampas.

Está hablando de su cuerpo, genio. Ella cree que porque tiene esas... cosas enormes, ya te tiene ganado.

—Ah, ya entiendo. Entonces tu fuerte es eso ¿no? Pero... Imaginemos en una situación hipotética que en alguna misión pierdes o queda dañada una parte de tu cuerpo. ¿Cómo vas a mantener vivo nuestro matrimonio?

Kakashi, esas cosas no se preguntan —Nashira miró la cara de la mujer—, olvídalo, sigue con lo tuyo. Te conviene que dude.

—Señor Hokage, yo soy capaz de todo por usted. Nunca dudará de mi capacidad para hacerlo feliz, si mi matrimonio se viera en riesgo por algo como eso, créame que abandonaré mi trabajo como kunoichi.

—¿Y todo tu entrenamiento se irá al caño sólo por mí?

—Absolutamente.

Kakashi se sobó la frente, ya estaba controlándose un poco más en llevar a cabo la entrevista, pero estaba ligeramente perdido en cuanto a las respuestas de la mujer y su pronunciado escote.

—¿Qué clase de hombre crees que soy? —Se atrevió a cuestionar, tomó un cojín y lo puso en su regazo donde apoyó los codos— Dime cómo crees que soy realmente cuando nadie me ve.

Maya se mordió el pulgar y recorrió con la mirada a Kakashi de pies a cabeza.

—Creo que usted es un hombre muy educado y respetuoso, trabajador, responsable y aun cuando nadie lo ve, se mantiene tal cual. Es como un genio. Todo lo hace bien.

—El tiempo terminó señorita —indicó y señaló la puerta. La mujer se puso de pie e hizo una reverencia que le permitió a Kakashi tener una amplia vista de lo que tanto evitó mirar.

—Gracias por su tiempo señor, Hokage.

—El placer ha sido todo mío.

Maya se dio la media vuelta, abrió la puerta y salió. Nashira se apresuró a salir de su escondite y se paró a un lado del sofá donde Kakashi permanecía sentado.

—Bueno, esta vez fuiste más astuto con tus preguntas. Pero aún sigo pensando que debiste por lo menos ponerte de pie para despedirla, es por educación.

Kakashi seguía quieto con el ceño fruncido.

—Oye te estoy hablando.

Él la miró aún con esa expresión.

—Tengo un pequeño problema.

—¡Ah! —Nashira suspiró— Deja de hacer tanto drama y escucha lo que tengo que decirte.

Al momento le quitó de jalón el cojín y entonces los ojos se le abrieron como platos. Las piernas se le aflojaron y se tambaleó, tuvo que agarrarse del otro sofá para no caerse.

—¡Ay por todos los cielos! ¡Tienes una erección! ¡Pervertido!

—¡Shh! —Kakashi se cubrió con sus manos y le ordenó bajar la voz— No grites estas cosas, no ha sido mi culpa y lo sabes.

—Por un momento pensé que estabas siendo sensato pero todo este tiempo le estuviste viendo sus... Cosas. Me has decepcionado Kakashi.

Nashira le miró involuntariamente y se puso roja como un tomate, rápidamente se dio la media vuelta.

—¡Me lo has visto de nuevo! Y no fue porque quisiste ¿verdad?

—¡Obvio no! —Nashira estaba con la cara caliente aún dándole la espalda— ¿Por qué habría de querer verte eso?

—¿Ahora lo entiendes? Así me ha pasado, ella estaba frente a mí ¿qué esperabas?

—Sea lo que sea, calma a tu amigo antes de que llegue la tercera candidata ¡rápido Kakashi!

—¡No es tan fácil! —Kakashi empezó a sudar.

—Piensa en algo feo, ¡algo horrible!

Kakashi cerró los ojos y trató de pensar en las más terribles experiencias de su vida pero en ese momento no tenía mente para otra cosa, su cuerpo le traicionaba y estaba tan nervioso que no podía controlarlo. Escuchó que alguien se acercaba y eso lo empeoró más, por alguna razón a su cabeza llegaban fragmentos de Icha Icha.

—¡No puedo! —Casi gritó. Nashira se giró de nueva cuenta y comenzó a golpear su entrepierna con el cojín— ¡¿Qué rayos estás haciendo?! ¡¿Quieres matarme?!

—¡Muere, muere! ¡Maldita sea Kakashi, piensa en algo cruel y bájale a tu calentura!

Kakashi logró quitarle el cojín y Nashira corrió a abrir la ventana para que entrara el aire y así se relajara la situación.

—¿Te acuerdas de la señora que me despidió del mercado por tu culpa?

—Sí —respondió mientras se ponía de pie y se echaba aire con la mano.

—¡Imagínatela desnuda! ¡Sin nada de ropa, cero!

—No puedo hacer eso.

Nashira escuchó que los pasos estaban cada vez más cerca, miró a su alrededor y vio un florero con agua. Corrió hacia él, tiró las flores y le lanzó el agua a Kakashi en la cara; él no se esperaba eso por lo que respiró hondo cuando el agua tibia le mojó la máscara y el rostro.

—¿Estás mejor?

—¡Me mojaste!

—¡Para ayudarte a bajar tu problema!

—Escóndete detrás del librero ¡rápido! —Ordenó.

Nashira puso el florero en una mesita y salió corriendo hacia su escondite. Apenas logró ocultarse y la puerta se abrió mostrando a un Shikamaru anonadado.

—¡Hokage! —Se acercó de prisa— ¿Qué le pasó?

—Lo siento, me dio calor y me quise refrescar —un tic apareció en el ojo de Kakashi—. ¿Te importaría avisarle a la siguiente candidata que voy a tomar un descanso de 5 minutos?

—Por supuesto, iré a conseguirle una toalla.

(...)

Luego de un rato, Kakashi volvió a la habitación de entrevistas. Nashira estaba acomodando las flores dentro del jarrón.

—¡Oh! Parece que ya estás en tu estado base —mencionó ella y Kakashi relajó los hombros.

—Me siento aturdido. Lamento haberte gritado hace rato.

—Olvídalo, entiendo que estás metido en este aprieto y te pongas tenso. Hablaremos de tus candidatas cuando todo termine ¿está bien? —Se dio la media vuelta para verlo a la cara— ¿Todavía me necesitas allí escondida?

—Creo que el auricular se averió con el agua —Kakashi mostró el aparato—, y no traje uno de repuesto.

—Eso significa que me voy —Nashira sacudió su ropa y le dedicó una sonrisa burlona—. Buena suerte con tus otras dos candidatas, señor pervertido.

—No puedes irte —la tomó del brazo impidiéndole avanzar hacia la salida—, al menos escucha las entrevistas y después me dirás tu opinión al respecto.

—Kakashi Hakate.

—Hatake —corrigió.

—Lo que sea. ¿Nunca has tratado con mujeres en tu vida o qué rayos?

—He tratado con ellas pero de manera profesional, nunca de manera romántica.

Nashira empezó a reír y Kakashi la miró con sus ojos medio cerrados, muy característico de él.

—No te puedo creer eso, he visto cómo esas mujeres se han expresado de ti y al parecer tienes mucho éxito con el sexo femenino. Y me dices que ¿no has tratado con ninguna mujer de manera romántica? —Nashira pensó en algo y luego se llevó ambas manos a su boca— ¿A caso eres virgen?

Kakashi se cruzó de brazos y frunció el ceño.

—Por supuesto que no.

—¿Entonces por qué te pones todo nervioso con ellas?

—Porque es normal ¿no?

—Es que tu problema es ése, ella deberían ponerse nerviosas no tú. Si quieres dominar sobre su persona debes ser más interesante y profundo. Cuando una mujer se pone así de nerviosa entonces revela sus verdaderas intenciones ¿no lo sabías?

Nashira volvió a su escondite y Kakashi se sentó a esperar a la siguiente mujer que aspiraba a casarse con él. Shikamaru regresó con la joven médica Ziradia, del país del Rayo.

Ziradia era morena, alta y su cabello era cobrizo. Su figura esbelta lucía estupenda en el vestido color azul que portaba ceñido a su cuerpo. Pero a diferencia de las anteriores, ella se veía más tranquila y menos atrevida.

Kakashi la invitó a pasar y posteriormente inició la entrevista. Ziradia no era una mujer de muchas palabras y sólo respondía con frases cortas por lo que el ambiente se sentía tenso.

—Y bien... ¿Por qué te quieres casar conmigo?

Ziradia se mantuvo en silencio con su vista puesta en las rodillas de Kakashi mientras meditaba su respuesta.

—¿Señorita? —Él le buscó la mirada.

—No estoy segura del porqué, sólo sé que quiero hacerlo.

—¿Qué esperarías de nuestro matrimonio?

—Sé que nuestras naciones estarían más unidas gracias a este matrimonio.

Kakashi suspiró.

—Sí pero... Sobre nosotros...

—Mientras el pueblo esté feliz, yo lo estaré.

—¿Y qué te gusta hacer en tu tiempo libre? —Preguntó Kakashi.

—Casi no tengo tiempo libre, como sabrá, soy médica de profesión y mi tiempo está invertido en el hospital.

—Y en caso de que yo te elija como mi esposa... ¿Cuándo tendrás tiempo para mí?

Ella se encogió de hombros.

—Puedo revisar mi agenda y encontrar un espacio.

—Perfecto. Ziradia, muchas gracias por venir a la entrevista.

(...)

Kakashi mantenía la cabeza hacia atrás y los brazos extendidos por todo el respaldo del sofá. Nashira seguía detrás del librero sentada en el suelo mirándose las uñas, ni siquiera se molestó en salir del hueco para hablar con Kakashi.

—Tengo sueño.

—Sólo te falta una entrevista y estarás libre por hoy.

—En realidad no —contestó incorporándose en el sofá—, Shikamaru me dijo que luego de las entrevistas tengo que ir a saludar a los invitados.

—Kakashi, me estoy muriendo de hambre ¿sabes que me salté la hora de la comida por estar al pendiente de ti? Espero que mi sacrificio se vea reflejado en mi nómina.

—Ya te dije que te pagaré todo, por eso no te preocupes.

Se oyeron dos golpecitos en la puerta y posteriormente fue abierta por Shikamaru.

—La última candidata está aquí, señor.

—Es la hija del Señor Feudal ¿no? —Shikamaru asintió— Dile que pase.

—Kakashi... ¡Hey Kakashi! —Susurró Nashira y Kakashi volteó a verla— Ella es la más peligrosa, ten cuidado con lo que preguntas.

—Descuida —Alzó su pulgar.

Al despacho ingresó una joven mujer de cabello negro y largo, recogido en una coleta alta, tenía un flequillo cubriendo su frente pero lo que más resaltaba en ella eran sus grandes ojos azules decorados con largas pestañas y una sonrisa encantadora.

Kakashi estaba impresionado por la belleza de la mujer, ella hizo una reverencia y permaneció de pie hasta que se le pidió tomar asiento. Vestía de manera elegante un vestido verde esmeralda y las joyas que adornaban su cuerpo resaltaban aún más su galanura.

—Señor Hokage, es un gusto poder conocerlo en persona. He escuchado muchas historias espléndidas sobre usted y me sentía muy motivada de tener esta oportunidad de verle directamente.

—Es gusto es todo mío. Disculpe señorita, no tengo información acerca de usted —Kakashi se sentía intimidado ante esos ojos azules—. Si no es molestia ¿podría presentarse?

Nashira se asomó despacio para tratar de visualizar a la dichosa hija del Señor Feudal y entender por qué Kakashi sonaba tan distinto cuando hablaba con ella.

—Es verdad, qué grosero ha sido de nuestra parte hacerle pasar este momento. Mi nombre es Kazumi Igarashi, hija del Señor Feudal del país de la Tierra.

—¿Puedo llamarte simplemente Kazumi?

—Por supuesto. ¿Puedo llamarlo Kakashi?

Kakashi rió ante la pregunta y asintió con su cabeza.

—Y bien, Kazumi ¿por qué quieres casarte conmigo? No quiero ser grosero, pero hay que ser claros desde el principio.

Kazumi lo miró mientras trataba de esconder la sonrisa que se quería formar en sus labios rosados. Sus ojos brillaban al ver al hombre de cabellos grises.

—Una mejor pregunta sería ¿por qué no querría casarme con usted?

Ambos rieron y Nashira rodó los ojos haciendo muecas.

—Kakashi, es usted un hombre encantador. Me fascina el aura de seguridad que desprende, la manera tan elocuente de sus palabras y esa mirada tan penetrante que me inquieta son motivos suficientes para mí.

Kakashi se puso colorado.

—Como ya le he mencionado, soy la hija del Señor Feudal y esta decisión no ha sido de mi padre sino mía, él es un hombre comprensivo y me conoce bien, sabe que no quiero un matrimonio por conveniencia para negocios o cosas de ese tipo.

—Pero... Venir aquí y presentarte como candidata para ser mi esposa ¿no es lo mismo?

—Es probable que sea lo mismo, pero yo lo veo diferente en cuanto a mí respecta. Es usted un hombre fuerte y valiente, no es su posición ni nada económico lo que me interese, yo busco en un hombre esa sensación de tranquilidad y calor de hogar, alguien con quien hablar de cosas normales y cotidianas, alguien con quien reír de pequeñeces. Sé que es imposible que usted pueda quererme así como así, pero yo le quiero señor Kakashi y sé que con el tiempo, usted también aprenderá a quererme.

—Wow —Nashira pensó—, ésta sí es astuta con sus palabras. Le está diciendo todo lo que Kakashi quiere oír.

Kakashi carraspeó y apoyó su mentón sobre su puño. Miró a Kazumi de pies a cabeza y se visualizó casado con ella; llegando a casa después de un día pesado en la oficina y acostado antes de dormir. No quería que así fuera, pero ella parecía ser la más indicada para ser su esposa. Nashira le había dicho que si quería divorciarse después, la hija del Daimyō no era la adecuada pero... ¿querría divorciarse de una mujer como Kazumi?

Se veía inteligente, respetuosa, educada y comprensiva; además era muy bonita físicamente. No necesitó usar un escote para llamar su atención y le confesó sus sentimientos de una manera inocente y formal.

—¿Qué pasa si después te das cuenta que no soy el hombre que imaginabas? Quiero decir, si hay algo en mí que no te gusta.

—Las relaciones no son perfectas, pero debemos aprender a lidiar con las diferencias para encontrar la paz. Yo tengo mis defectos, no voy a negarlo, es posible que sea usted quien halle algo en mí que no le guste.

—¿Puedes decirme alguno de tus defectos?

—Yo...

Kazumi se ruborizó y jugó con sus dedos, desvió su mirada hacia abajo y movió sus labios.

—Está bien, no sientas vergüenza. Sea lo que sea no voy a juzgarte.

Ella asintió.

—Yo... Le tengo miedo a la oscuridad. No la soporto por eso siempre duermo con una luz encendida.

—¿Ése es tu defecto? —Kakashi sonrió.

—Lo es.

—¿Y por qué crees que eso me molestaría?

—Porque he pensado que tal vez usted prefiera dormir con las luces apagadas y mi tonto miedo por la oscuridad sea incómodo.

—Está bien, no es un gran problema. Por cierto Kazumi ¿qué edad tienes? Como debes saber, yo tengo treinta y cuatro años, no soy un jovencito.

—Tengo veitisiete años —confesó—, pero sé que puedo ser una excelente esposa.

Nashira pensó que el tiempo se había extendido más allá de los cinco minutos que Shikamaru dijo que durarían las entrevistas; pero al momento recordó que los Consejeros querían concretar el matrimonio con la dichosa niña rica así que no le sorprendía que les dieran más tiempo a ella y a Kakashi.

—Uhm... Lamento si mi comentario está fuera de lugar señor Kakashi, pero me preocupa la entrevista.

—¿Por qué lo dices?

Kazumi se acercó despacio a Kakashi y le susurró.

—Creo que hay alguien detrás del librero espiando nuestra conversación.

Kakashi se estremeció ¿cómo libraría a Nashira del problema si era descubierta? Decirle a Kazumi que él la tenía allí escondida no era una buena idea.

Por su parte, Nashira escuchó el susurro y rápidamente miró hacia la ventana que abrió. Si se iba con cuidado, sería imposible que la joven mujer la viera porque el ángulo del librero y el sofá ocultaban perfectamente su posición; así que empezó a gatear hasta la ventana para escapar de la escena.

—No hay nadie más aquí —dijo Kakashi—, puedo asegurártelo.

—¿Le importaría si echo un vistazo? He tenido este tipo de problemas antes, como soy la hija del Daimyō muchos quieren hacerme daño.

—No, no te preocupes yo me encargo. Yo iré a ver.

Kakashi se puso de pie.

—Voy con usted.

Kakashi no quería que Kazumi viera a Nashira, le comenzaron a sudar las manos y tragó saliva. ¿Cómo saldrían ilesos de aquella situación? Era su culpa por haber mantenido a su asistente oculta tras un mueble.

Sus pasos no eran rápidos, quería tomar el mayor tiempo posible para pensar en algo pero sólo podía imaginar futuras disculpas a todo aquel que se ofendiera por aquello.

Kazumi se adelantó al ver que Kakashi casi no avanzaba y se asomó detrás del librero.

—¡Espera!

Kakashi vio todo perdido cuando la mujer ya estaba viendo hacia el sitio prohibido pero luego él también miró y se sorprendió de no encontrar a Nashira. Sus ojos rápidamente se dirigieron a la ventana y se imaginó que ella había escapado sigilosamente.

—¿Ves? Te dije que no hay nadie más aquí.

—Pero escuché algo.

—Pudo haber sido el viento que sopla y entra por la ventana. ¿Sabías que la madera se hincha y truena?

—Discúlpeme por incomodarlo, soy muy desconfiada y ése es otro de mis defectos pero estoy trabajando en ellos.

—No te preocupes. Ahora vamos al salón principal, es mi deber saludar a los invitados.

—Sí señor Kakashi —Kazumi sonrió.

Él abrió la puerta y le permitió pasar.

—Adelántate, necesito ir al baño. Estaré allí en un momento, si no te importa.

—Descuide, gracias por todo.

Kazumi caminó alejándose y Kakashi cerró la puerta.

Nashira estaba escondida debajo de la ventana, con su cuerpo pegado a la pared y trataba de aferrarse a las decoraciones de la construcción para no caerse. Sus pies amenazaban con resbalar de la moldura de concreto. El vértigo se empezaba a apoderar de ella, pues estaban en el tercer piso.

—Aguanta, aguanta —se repetía en voz baja— sólo un minuto más.

Su pierna se extendió sin que ella lo quisiera y de inmediato se le fue el otro pie.

—¡AHH!

Su instinto de supervivencia la hizo aferrar sus manos al muro pero su agarre no era lo suficientemente fuerte para sostenerla por lo que irremediablemente caería hasta el suelo.

—¡Ay no puede ser! —Dijo con voz temblorosa imaginando su destino.

Su mano no pudo sostenerse más y el brazo le resbaló tallándose por el muro. Cuando parecía que todo había terminado, un brazo se extendió desde la ventana y la tomó con fuerza impidiendo que cayera.

—¡Agárrame fuerte! —Le gritó Kakashi, ella lo pescó con ambas manos y sintió cómo la fuerza del Hokage la hacía ascender de nueva cuenta— Ya casi, sólo un poco más.

Kakashi contuvo el aire y haciendo un último esfuerzo logró levantar a Nashira y con el peso de ésta sobre él, no pudo balancearse y ambos cayeron al piso dentro del despacho. Ella se levantó de inmediato cuando vio que estaba sobre Kakashi y se apartó a un lado mientras se sobaba el brazo.

—¿Estás bien? —Kakashi se puso sobre sus rodillas y sus ojos miraron la gran raspadura que ella tenía en el antebrazo—. Te has lastimado, déjame ver.

—No es nada grave —Nashira quiso ocultar su brazo y cambiar de tema pero Kakashi volvió a insistir.

—Permíteme ver tu brazo, después de todo ha sido mi culpa que estés así.

Ella no tuvo más opción que mostrar su extremidad, Kakashi la tomó con cuidado y vio las pequeñas gotas de sangre que brotaban.

—Hay que desinfectar el área, aplicar antibiótico y vendarte el brazo para evitar una infección.

—Voy a estar bien, me encargaré de esto. Ahora debes irte, los invitados te están esperando y será de mala educación ser impuntual.

Los ojos oscuros de Kakashi la observaron, se sentía apenado por lo sucedido pero luego pensó que sólo la estaba fastidiando con su sermón. Se puso de pie haciendo que ella también se levantara.

—Le pediré a Shikamaru que te consiga un botiquín de primeros auxilios.

Ella movió su cabeza en aprobación y antes de que el Hokage saliera de la habitación se apresuró a hablar.

—Kakashi.

—¿Qué pasa? —Volteó.

—Te estaré esperando en el bar frente a la tienda de mariscos. Necesitamos hablar sobre tus entrevistas.

—¿En el bar? ¿Pretendes hacerme beber alcohol?

—Sabes que lo necesitas, y... yo también lo necesito —Nashira alzó el brazo herido—. ¿Ves esto? Pues ahora no puedes negarte.

Kakashi suspiró pero terminó aceptando.

—Dame una hora y te veré allí. Pero por favor ve y atiende esa raspadura.

—Sí su Excelentísimo Gran Líder de Konoha.

El hombre sólo movió la cabeza y puso los ojos en blanco, luego se dio la media vuelta y se marchó. Nashira se miró la herida y recordó lo fuerte que era Kakashi, por alguna razón esa increíble acción de su parte la hizo pensar en él como alguien muy varonil.

Una diminuta sonrisa se le dibujó en el rostro.

—Por lo menos no se quejó de mi peso.