Capítulo 9.- "Promesa rota"
Con una venda alrededor del brazo y un vasito con sake en la mano, Nashira permanecía sentada con su rostro apoyado en el dorso su mano desocupada. Se había instalado en una mesa lejos de los pocos hombres de aquel bar, seguía esperando a que Kakashi hiciera acto de presencia, ya de eso habían pasado cerca de veinte minutos y él ni sus luces.
Durante ese tiempo, Nashira había meditado muchas cosas. Tenía pocos días de conocer a Kakashi, él era el líder de Konoha y todos parecían amarle. Él era muy popular y ella ni siquiera había escuchado antes de su persona ¿en qué mundo vivió todo ese tiempo?
Recordó de nueva cuenta cuando él evitó que se cayera del tercer piso y cómo se preocupó al ver su raspadura. Soltó una risita y se bebió de golpe el resto de sake en su vasito. Volvió la mirada al reloj que colgaba en la pared.
«Ya van veintitrés minutos de retraso»
Un hombre repentinamente se acercó a Nashira, tomó una de las sillas y se sentó frente a ella. Ella lo miró de reojo pero prefirió no darle importancia y se sirvió más sake.
—Buenas noches señorita, me preguntaba por qué está tan sola una mujer tan bella como tú. Así que quise hacerte compañía, si no te molesta.
Nashira suspiró y antes de poder decirle algo grosero, vio que éste estaba usando la placa con el símbolo de Konoha pues brillaba con el reflejo de la luz. Aunque la mantenía oculta bajo su chaleco, una parte de ella era visible.
—Así que eres un shinobi —dijo ella y bebió.
—Y uno de los buenos —alardeó el ninja y le dedicó una sonrisa coqueta—. Jamás te había visto en este pueblo, ¿eres extranjera?
—No, no lo soy. Ahora, por favor vete, estoy esperando a alguien.
El hombre le quitó de la mano el vasito a Nashira antes de que ella bebiera el contenido, y lo tomó él en su lugar. Ella sólo permaneció quieta observándolo, aunque estaba ardiendo en furia no hizo nada por provocarlo.
—No te negaré que me gustan las mujeres rudas, pero tú eres muy bonita para estar en un lugar así. Vamos, te llevaré a mi casa, yo te cuidaré bien.
«Eres como una frágil rosa, Nashira. Ven conmigo, yo voy a cuidar de ti, cariño.»
Un recuerdo atravesó la mente de la mujer, sintió cómo le hervía la sangre. Sus ojos vieron otra vez la placa que descansaba en el pecho del shinobi y la rabia estuvo a punto de consumirla.
—Vete, por favor. Es mi última advertencia.
—No seas tan grosera, vamos a divertirnos.
El ninja la tomó del brazo vendado y la apretó, ella al momento se libró de su agarre y se puso de pie haciendo rechinar la silla cuando se retalló en el piso, varias personas voltearon a causa del sonido.
—Te dije que estoy esperando a alguien, ¡así que déjame en paz!
—Señor, por favor —habló el dueño del local—, le pido que respete a los demás clientes o tendré que pedirle que se vaya.
El shinobi escupió hacia un lado sin quitar su vista de Nashira, luego se levantó y volvió a su lugar sin decir nada más.
Nashira miró el reloj, Kakashi ya se había retrasado veintiocho minutos. Volvió a sentarse dándole la espalda a los demás hombres, sólo concentrándose en la botella de sake y pensando que posiblemente Kakashi se ocupó atendiendo a los invitados.
—Odio a los ninjas —musitó—, realmente los odio.
Debido a que no tenía un segundo vaso para servirse alcohol, pues el suyo había sido profanado por los labios del shinobi, Nashira bebió directamente de la botella y se terminó todo de golpe. Sus ojos denotaban tristeza por amargos recuerdos que le invadían la mente; momentos que había querido olvidar pero seguían allí escondidos y aparecían de vez en cuando.
Permaneció sentada con su soledad y unos murmullos de conversaciones ambientaron el bar. Respiró hondo y vio la hora, apretó los labios y se levantó de la silla. Ya había una hora de retraso y Kakashi no llegó. Dio la espera por concluida, ella necesitaba descansar y ni siquiera había comido nada.
Tomó su bolso y se lo colgó, el ninja que la había acosado ya se había ido sólo quedaban unos pocos hombres repartidos por las mesas.
Salió del bar y miró la luna, definitivamente era muy tarde. Caminó en dirección opuesta al camino por donde llegó, repentinamente se detuvo y miró por encima de su hombro pero no, no podía devisar a Kakashi por ningún lado. Una mueca parecida a una sonrisa torcida apareció en sus labios, miró hacia el frente y se fue a casa.
La mañana llegó, pero el cielo estaba cargado de nubes grises indicando que llovería. Kakashi seguía viendo por la ventana de su oficina, acordándose que rompió su promesa de ir al bar con Nashira. Imaginó que ella estaría furiosa por haberla dejado plantada, especialmente lo pensaba porque no la había visto llegar a trabajar.
La puerta se abrió y Sai apareció, traía puesto un fular portabebé e Inojin descansaba sobre su pecho. La escena le pareció graciosa.
—Buenos días señor. Aquí traigo los informes sobre el armamento ninja que se requiere para este bimestre.
—Buenos días Sai, hola Inojin. Veo que te ha tocado hacerte cargo.
—Ino tiene mucho trabajo en la clínica, hoy no tengo muchas cosas por hacer así que le dije que yo podía cuidar al niño.
—Eres un buen padre. Mataría por ver a Sasuke cuidar así de Sarada —Kakashi rió y tomó los papeles, pronto una cara seria apareció en su rostro—. Espera... Eso quiere decir que Sakura también debe estar atareada con el trabajo... ¿Quién está cuidando de Sarada?
Sai se encogió de hombros.
Shikamaru tocó la puerta y ambos voltearon, lo vieron bostezar y limpiarse algunas lágrimas que se le formaron en los ojos.
—Buen día, lamento llegar tarde tuve un inconveniente esta mañana.
—Tú y tu esposa han tenido sexo matutino ¿eh? —Dijo Sai con una sonrisa en su rostro, Shikamaru palideció.
—¡Sai! Gracias por el reporte, ya puedes retirarte.
—Sí señor. Con su permiso —pasó un lado de Shikamaru y le dio palmaditas en el hombro—. Ya te acostumbrarás —se fue.
Shikamaru pasó de pálido a colorado, sus ojos tardaron en encontrarse con los de Kakashi.
—No le hagas caso. Aún no sabe cuándo ser oportuno —dijo Kakashi y caminó a su asiento—. ¿Todo tranquilo? ¿Sabes algo respecto a los consejeros?
—Sí. Los consejeros quedaron encantados con la hija del Señor Feudal, la velada se alargó más de lo previsto.
—Dime ¿sabes si Nashira ya llegó?
—Sí, la vi cuando llegué. Estaba muy concentrada escribiendo algo pero no me acerqué.
Kakashi asintió y se sobó el mentón.
—Hablaré con ella más tarde.
—Iré a mis labores, si necesita algo llámeme.
—De hecho, quiero pedirte un favor. Solicita un nuevo equipo de teléfono inalámbrico, quiero darle uno a Nashira.
Shikamaru dudó en responder pero al final movió su cabeza en aprobación y salió de la oficina. Kakashi se quedó mirando la puerta y se recargó en la silla, pensó en leer un poco de Icha Icha antes de comenzar sus labores pero entonces recordó que no volvió a ver su libro desde que Nashira lo obligó a cambiarse de ropa.
—¿En dónde lo dejé?
(...)
La mañana había transcurrido con normalidad, excepto porque Kakashi seguía buscando su libro erótico debajo del escritorio, en sus estantes, en el cuarto adyacente y en todos los posibles lugares donde nadie pudiera encontrarlo si lo ocultaba. La puerta sonó, Kakashi estaba con sus palmas apoyadas al suelo y sus rodillas flexionadas buscando debajo de una mesa, miró por encima de su hombro cuando la puerta fue abierta.
—Qué buena vista —dijo una voz femenina.
—Lo siento —Kakashi se enderezó con cierta pena—. ¿Qué pasa, Nashira?
La mujer se adentró con varias carpetas en sus brazos y las puso sobre el escritorio. Su rostro no parecía estar relajado, sus expresión permanecía rígida y miraba con desdén al Hokage.
—Te traje unos documentos que me dieron los constructores de una obra, quieren que los leas y los firmes y te paso el recado, el Señor Feudal de este país quiere programar una cita contigo para hablar de algo personal, le dije a su sirviente que te preguntaría por un día y hora concreta y que regresara más tarde para darle los datos.
Kakashi se pasó la mano por el cabello. Por alguna razón se sentía tenso con la repentina seriedad y cambio de actitud de Nashira. Se preguntaba por qué estaba actuando como una asistente responsable y no estaba, en su lugar, haciendo bromas e insultándolo.
—Bueno... El viernes por la tarde tendré algo de disponibilidad. Creo que después de las cuatro estaré libre.
Nashira empezó a anotar en una libreta, él la miraba fijamente.
—¿Pasa algo? Te veo diferente.
—No pasa nada.
Kakashi miró a todos lados sólo moviendo sus ojos, luego caminó hacia su escritorio y se sentó en la silla tomando las carpetas. Nashira dejó de anotar.
—Lo siento —expresó él atrayendo la atención de la fémina.
—¿Lo sientes? ¿Y eso por qué?
Nashira frunció el entrecejo.
—Por romper mi promesa de ir al bar. Las cosas se complicaron y no pude-
—No, cielos ¿qué dices? —Soltó una risita fingida—. Ni siquiera fui al bar, quiero decir, iba hacia allá pero recordé que tenía unos pendientes en casa y me desvié. Hubiera sido una grosera si tú te presentabas y yo jamás llegaba así que no te sientas incómodo por eso.
—¿De verdad? —Kakashi la miraba un poco incrédulo, luego vio su antebrazo vendado— ¿Cómo siguió tu herida?
—Está bien, una médica me atendió cuando Shikamaru me entregó el botiquín. Creo que se llama Shizo... Shize...
—Shizune —dijo Kakashi.
—Sí, eso. Ella se hizo cargo... ¿Cómo te fue en tu velada? ¿Conociste a tu futuro suegro ricachón?
Los ojos del Hokage se achicaron cuando ella mencionó aquellas palabras. Se recargó en el respaldo de la silla y se cruzó de brazos.
—Te refieres al Daimyō ¿no? —Ella afirmó con su cabeza— No, él envió a un representante. ¿Por qué te apresuras a darle el título de suegro?
—Porque es más que obvio que la que te gusta más es su hija, lo supe por la forma en que le hablaste y manejaste la conversación. Ella te dijo todo lo que querías oír ¿verdad? No puedes negármelo Kakashi, conozco bien a los hombres.
—Es una mujer atractiva e inteligente —admitió—, es cierto, no puedo negarlo. Sin embargo, sigo dudando de qué debo hacer, ya me he metido en la boca del lobo y no puedo simplemente retractarme. Ayer dijiste que me dirías tus opiniones de las candidatas, me parece bien que me las digas ahora.
Nashira respiró hondo y cerró la puerta de la oficina. Tomó una silla y se sentó frente a él.
—Kurotsuchi es inmadura para ti, su abuelo la ha consentido y dudo mucho que alguna vez seas feliz con ella, llegará un momento en que te sentirás un viejo decrépito a su lado y el poder de su familia te reprimirá.
Kakashi apoyó la barbilla sobre su mano.
—¿Qué hay de las demás?
—La pechugona... Quiero decir, Maya —Kakashi carraspeó recordando el embarazoso momento—. Ella sólo está caliente y quiere un acostón contigo... O tal vez dos... No sé, quizás una docena de veces.
—¿Cómo puedes asegurarlo?
—¿Qué más pruebas quieres? ¿A caso te entusiasmó lo que dije? —Nashira se cruzó de brazos y una sonrisa burlona apareció— Pues bueno, para serte franca, ella es la que hasta el momento parece más fácil para un divorcio. Cuando se les pase la calentura a los dos, podrán irse cada quien por su camino.
—Espera un minuto, yo jamás he dicho que quiera acostarme con ella.
—Tu boca habla y tu cuerpo la contradice. Eres más pervertido de lo que me pudiera imaginar, si las demás mujeres lo supieran posiblemente huirían de ti.
—No soy un pervertido, de todos modos quédate tranquila, no voy a acosarte o algo así.
—Gracias, me alegra estar fuera de tus estándares.
—¿Qué hay de Ziradia? Ella era muy callada y respetuosa.
—Ella está en esto por obligación, está muy claro. No dejaba de repetir que ella sería feliz si el pueblo también lo era, pobre mujer... No se te ocurra elegirla, la encadenarías a vivir en un matrimonio indeseable.
—Sinceramente, tienes razón, me sentí muy mal por ella. Parecía asustada aunque puso mucho esfuerzo en ocultarlo.
—Y respecto a la aclamada Kazumi —Nashira movió sus manos en el aire—, pues... Es bonita, es elegante, te confesó sus sentimientos y dijo que su padre respetaba su decisión. Es la que te gusta así que tú decides Kakashi, si quieres casarte con ella o con Maya.
Kakashi bajó sus manos al borde del escritorio y se puso de pie.
—¿Son mis únicas opciones? Todavía tengo que ir a una cita con cada una, es parte del trato.
Nashira también se puso de pie y tomó su libreta.
—Dudo mucho que las cosas cambien a causa de una cita con ellas —lo miró fijamente—. Aunque tu cuerpo desee a Maya, sé que la que podría enamorarte es Kazumi y tú también lo sabes pero no lo quieres admitir.
—Entonces ¿qué debo hacer?
—No me lo preguntes, tú eres el que se va a casar. Si quieres volver a ser libre, Maya es tu opción. Si te casas con Kazumi no podrás separarte de ella, hay mucho de por medio y puede que odies que lo diga pero al final los consejeros se saldrán con la suya. Sólo espero que tomes una decisión correcta acerca de tu futuro, yo sólo puedo guiarte para no meter la pata, lo demás depende de ti.
Kakashi se masajeó el cuello y luego relajó la postura.
—No voy a apresurarme, todavía tengo un mes antes de las citas y es posible que durante ellas me dé cuenta de qué es lo que realmente quiero.
—¿Un mes?
—Sí, mi equipo se estará haciendo cargo de todos los preparativos para las citas. Por lo que, en estas cuatro semanas tienes que ayudarme en el siguiente paso: ¿cómo sobrevivir a una cita?
Nashira dejó caer los hombros y suspiró, jamás en su vida se imaginó que terminaría haciendo ese trabajo.
(...)
Kakashi estaba por salir de su oficina, el día laboral había concluido y ya se lo comían las ansias por llegar a casa, tomar un buen baño y acostarse a descansar. Iba bajando la escalera cuando se encontró con un subordinado.
—Señor —el hombre le entregó una caja pequeña—, Shikamaru me pidió que le diera esto. Es un dispositivo telefónico.
—¡Oh! Es verdad, lo había olvidado. Gracias.
El empleado hizo una reverencia y se alejó. Kakashi se mantuvo mirando la cajita y terminó de bajar los escalones para ir con Nashira, esperaba que ella siguiera allí.
Llegó a su escritorio pero ella no estaba por ningún lado, sólo su bolsa permanecía sobre la silla. Supuso que estaría en el baño así que colocó la caja sobre el escritorio, instintivamente sus ojos se desviaron hacia la bolsa que estaba medio abierta y vio una tapa naranja asomándose. Su mano se estiró y bajó un poco el cierre para apreciar el libro que descansaba entre sus cosas; los ojos casi se le salieron cuando vio el Icha Icha Paradise.
—¡No!
El grito repentino de Nashira lo estremeció y se enderezó con el libro en la mano, ella estaba tan sorprendida como él y ambos se miraron por un buen rato sin decirse nada.
—Yo- tú... ¿Por qué husmeas mis cosas?
—¿Qué hace este libro aquí? —Kakashi no le quitaba la vista.
—Pu-pues... Estaba leyendo ¿contento?
Kakashi recordó que su novela había desaparecido y no la encontraba por ningún lado desde que Nashira lo obligó a cambiarse de ropa. Para él, ella era la única que podía haber tomado su libro.
—Si querías leerlo podías habérmelo pedido prestado ¿no?
Nashira frunció el ceño y luego miró en dirección al libro y después a Kakashi.
—Es de mala educación tomar sin pedir —insistió—. Así que... Me viste leyendo en la oficina después de todo ¿eh? Bueno, supongo que no era un gran secreto.
Nashira permaneció callada unos segundos y luego habló.
—Perdón por tomar tu libro.
—Está bien, acepto tus disculpas. ¿Y bien? Dilo.
—¿Qué?
—Que soy un sucio pervertido que lee novelas eróticas.
Nashira se pasó un dedo por debajo de la nariz y luego se rascó la mejilla.
—En realidad me sorprende que seas amante de este tipo de lectura y no seas capaz de enamorar a una mujer —su voz sonaba un tanto apenada, Kakashi alzó una ceja—. Quiero decir, leí unos cuantos fragmentos —rió—, es una novela fuerte ¿eh? —Volvió a reír.
—Sí... Supongo que lo es.
Kakashi también se sintió avergonzado, pero ella parecía estárselo tomando de una buena manera.
—Te perdono por tomar mi libro, si me lo pides prestado puedes llevártelo a casa y mañana discutiríamos la narrativa.
Nashira alzó las manos mostrando las palmas.
—No, quédatelo, es tuyo. Si ya no tienes nada más qué decirme, me voy a casa.
Tomó su bolso y luego Kakashi le puso la caja en frente de su cara.
—Llévate esto, es un teléfono. Lo necesitarás, es probable que te requiera para alguna consulta y necesito comunicarme rápido con mis subordinados.
Ella dudó en tomar la caja pero al final lo hizo.
—¿Un teléfono?
—¡Ah! Apuesto a que no tienes ni idea de lo que es —se sintió victorioso—. Mira, hay un manual instructivo dentro de la caja, pero si no le entiendes, entonces yo te explicaré cómo es esto de la nueva tecnología. Es más, te anotaré mi número para que hagas una prueba y me llames ¿de acuerdo?
En una hoja de papel escribió su número y se la entregó, Nashira la miró confundida, luego la guardó en su bolsa.
—Si es todo, me retiro.
—Yo también voy a casa, ¿por cuál dirección vives? —Cuestionó Kakashi.
—Hacia el sur.
—Curioso, yo también. Entonces te acompaño hasta que el camino nos separe ¿sí?
Le sonrió y caminó primero dejándola a ella atrás aún parada viendo su espalda.
«—¿Vives muy lejos, muchacha? Te puedo acompañar a tu casa para asegurarme de que no haya bandidos que pudieran atacarte.»
—¿Hmm? ¿Nashira?
Ella reaccionó y sacudió su cabeza, se había quedado pasmada atorada en un recuerdo. Pasó saliva y ajustó a su hombro el tirante del bolso.
El trayecto hubiera sido silencioso si los ruidos de la calle no estuvieran presentes, Nashira y Kakashi no se decían nada, simplemente caminaban y una especie de incomodidad estaba inundando a la mujer de cabellos azulados.
Caminar a un lado de él era extraño, aunque ya lo había hecho un par de veces desde que lo conoció pero jamás de regreso a casa.
—¡Kakashi sensei!
Una voz femenina sonó y ambos miraron hacia un lado, la joven mujer pelirrosa se acercó casi corriendo para saludar.
—Sakura.
—Lamento interrumpir, sólo quería agradecerle por aceptar el material de curaciones y el equipo para la clínica. Iba a ir hasta su oficina pero tuve mucho trabajo.
—Me alegra que todo esté en orden. ¿En dónde está Sarada?
—Mi madre la está cuidando, iré a recogerla en cuanto vaya a hacer una compras. Sasuke también llegará esta noche, me lo dijo por medio de un mensaje con su halcón.
—Eso explica tu emoción.
Sakura se puso roja.
—¿Qué cosas dice?
Los ojos se desviaron hacia Nashira quien permanecía en silencio observándolos. Al percatarse de la mirada de Sakura, sonrió en un intento por romper la tensión.
—Hola, soy Sakura Haruno.
—Ella es mi ex alumna, la médico que te conté el otro día.
—Oh, mucho gusto, soy Nashira Kitayaka.
Estrecharon las manos.
—Vaya Kakashi sensei, no sabía que usted estuviera saliendo con una chica tan bonita. ¿Entonces dio por cancelada la propuesta?
Kakashi casi se ahoga con su propia saliva, Nashira sintió la cara arder.
—No Sakura, Nashira es mi asistente. Y aquí entre nos —bajó la voz—, ella es mi guía, me está enseñando a comprender aspectos importantes de las mujeres.
Los verdes ojos de Sakura miraron de manera muy divertida a su maestro y sin poder evitarlo se empezó a reír, acción que contagió a Nashira.
—¿Qué es lo gracioso?
—Ay lo siento, es que no puedo creer lo que acabo de escuchar. Kakashi sensei, usted es una cajita de sorpresas —volteó con Nashira—. Buena suerte instruyendo a mi sensei, él puede ser un poco lento en comprender a las mujeres pero es buen tipo y siempre estará dispuesto a aprender.
—¿Lento? —Kakashi se indignó.
—No tienes que decírmelo, en los pocos días que lo he tratado ya me di cuenta de muchas cosas.
Ambas rieron descaradamente frente al Hokage que mantenía sus ojos de aburrimiento.
—Bueno, es suficiente, me voy a casa. Sakura, ve rápido a hacer tus compras y recoge a Sarada.
—¿Sarada es tu hija? —Preguntó Nashira mirando a Sakura de pies a cabeza.
—Sí, ya casi cumple dos años.
Los ojos de Nashira brillaron con intensidad.
—¡Wow! Tienes que pasarme tu secreto para mantenerte en esa forma después de haber sido madre.
Sakura se sintió halagada y movió las manos en el aire.
—¡Gracias por el cumplido! En realidad no hago mucho, sólo comer saludable y ejercicio... Aún así, puedo darte unos tips.
—Por supuesto, cualquier cosa me será de utilidad.
Cuando terminaron de hablar, Kakashi ya se había ido. Nashira miró hacia todos lados buscándolo pero no lo encontró; Sakura notó lo sucedido y se sintió apenada.
—Creo que se ha adelantado —sonrió avergonzada.
—Oh, bueno... De todos modos no es como que fuéramos juntos a alguna parte, sólo nuestro camino coincidía un par de cuadras.
Un silencio apareció y Sakura observó a Nashira con detenimiento.
—De modo que vas a darle consejos para entender a las mujeres. Es un poco extraño que te lo haya pedido, él siempre ha sido muy autónomo en esos aspectos.
—Supongo que esta vez se vio en la necesidad de recurrir a alguien más —Nashira se acomodó el bolso—. Pero le falta mucho para ser un caballero.
—Por favor Nashira, trata de que se case con la mejor de todas las candidatas. No me gusta decirlo frente a él pero es como un segundo padre para mí, no me gustaría verlo en un matrimonio infeliz.
Nashira miró la sinceridad en el rostro de la ex alumna de su jefe. Esa mirada llena de esperanza y amor ya la había visto antes, era como visualizarse a sí misma años atrás.
—Yo haré lo que está en mis manos, pero al final él tomará la decisión.
Sakura asintió.
—Tienes razón, espero que tome la mejor.
Nashira continuó con su trayecto a casa, todo el camino le bastó para meditar lo que estaba haciendo y qué decisiones le correspondían tomar a ella en su propia vida.
Sentirse frágil y expuesta eran amargas experiencias que le aturdían la cabeza cada vez que algo o alguien le hacía recordar aquellas situaciones de su pasado. Se había prometido que vivir en Konoha sería el inicio de una nueva vida, y estaba dispuesta a cumplir su palabra.
—No más debilidades, Nashira —se dijo mientras caminaba—, nada de afecto, nada de amor.
Gracias por leer.
