Capítulo 10.- "Secretos"

Una tenue luz atravesaba la cortina delgada, aunque afuera estaba nublado, el resplandor llegaba hasta el rostro de Kakashi quien dormía plácidamente. Su sueño era tan profundo que no escuchó cuando sonó el reloj despertador una hora atrás; repentinamente un sonido escandaloso inundó la habitación y él abrió los ojos de golpe, se enderezó rápidamente y miró hacia todos lados tratando de localizar el lugar de donde provenía tan desesperante ruido.

Sus ojos enfocaron el teléfono inalámbrico que estaba sobre una repisa. Se paró y fue a contestar la llamada.

—¿Hola?

—Buenos días Su Majestad, son las nueve ¿a qué hora piensa venir a trabajar?

Kakashi miró espantado el reloj y cayó en la cuenta de que se había quedado dormido. Lo último que recordaba fue que la noche anterior estuvo viendo la película Icha Icha que se había estrenado hace años.

—Tuve un percance, en seguida estaré allí, Nashira. Diles a todos que no demoraré mucho.

—Oye genio, de verdad estás mal ¿no? Hoy es domingo.

Kakashi guardó silencio.

—Lo siento, lo olvidé.

De repente una risotada se oyó del otro lado del teléfono.

—¿Qué es tan gracioso? —Preguntó molestándose.

—Ay Kakashi, eres tan despistado. No es domingo, es viernes así que apúrate a llegar a la oficina que tienes visita. Voy a salvarte el pellejo por esta vez así que no me hagas quedar mal.

La llamada se cortó y Kakashi miró con indiferencia el aparato en su mano. Rápidamente se metió a tomar una ducha de tres minutos y se cambió en tiempo récord. Salió casi corriendo de su casa y para llegar más pronto, saltó los techos de las construcciones esperando no ser visto, pues no quería alarmar a nadie. Tenía tiempo que no lo hacía y temía que pensaran que estaba siguiendo a un enemigo.

Llegó a la Torre y las puertas se abrieron en automático, no quería admitirlo pero amaba eso. Apenas entró y un empleado se le acercó.

—Señor, por fin llega.

—¿Qué ocurre? ¿Dónde está Nashira? —Trataba de encontrarla pero ella no se localizaba en su área.

—Está arriba entreteniendo a la visita. Me dijo que en cuanto usted llegara, lo llevara a la sala de juntas, allí están esperándolo.

—¿Quién es la visita y por qué estás tan alterado?

—Es el Señor Feudal de este país. Es raro que él se presente a este lugar, tengo entendido que todas las visitas son en su residencia.

Kakashi se rascó la cabeza.

—Debe ser una urgencia, nos veríamos en la tarde —pensó—. Iré ahora mismo —le dijo al empleado.

—Sí señor.

Subió la escalera con rapidez e imaginó qué motivo orilló al Señor Feudal a pisar la Torre del Hokage.

Había varios hombres esperando afuera de la sala de juntas, eran los escoltas y entre éstos también había ninjas que trabajaban para el poderoso hombre.

Kakashi ingresó a la sala en cuanto le dieron el libre acceso a ésta; al entrar, miró que el Señor Feudal estaba muy contento riendo mientras bebía de un vaso desechable, los ojos de Kakashi se desviaron hacia Nashira, que se mantenía de pie frente al daimyō y le devolvía la sonrisa al anciano.

—Hokage —habló el hombre al notar su presencia. Nashira miró detrás y respiró aliviada.

—Disculpe mi impuntualidad, tuve un problema esta mañana.

—Descuida, tu asistente ya me puso al tanto de la situación así que no debes disculparte.

Kakashi miró a Nashira y ella se encogió de hombros, en ese momento se preguntó qué excusa le dio al Señor Feudal para tenerlo tan alegre y calmado. Quería poder leer su pensamiento para no cometer una equivocación.

—¿Y bien? —El daimyō dejó el vaso sobre la mesa y Nashira rápidamente sirvió más té—. Gracias señorita —volvió la mirada al Hokage—. Kakashi, necesitamos hablar.

Kakashi se sentó frente a él y se mantuvo en una posición rígida. Por su parte, Nashira entendió que ella no debía estar allí así que hizo una reverencia y abandonó la sala.

Nadie más que ellos dos se encontraban en ese lugar; Kakashi analizaba la mirada del anciano esperando entender qué sucedía.

—Sé que programaste tu cita para esta tarde pero no pude esperar más, necesito hablar de esto.

—Lo escucho.

El hombre asintió en un ligero movimiento de su cabeza.

—Es sobre la economía y seguridad de este país —expresó con seriedad—. Sé que debes estar al tanto de lo que acontece en Konoha, ya que eres el líder supremo de esta aldea, sin embargo, hay más pueblos que requieren nuestra ayuda.

Kakashi se lamentó por haber estado perdiendo el tiempo con la tontería de conseguirse una esposa. Una mueca de arrepentimiento le apareció en la cara aunque con su máscara oscura, difícilmente el hombre frente a él pudo darse cuenta.

—Ya veo.

—Hay un fuerte rumor acerca de la vulnerabilidad del país, este periodo de paz quizás nos ha sobrepasado a todos y hemos bajado la guardia.

—Específicamente ¿de qué habla este rumor? —Kakashi apoyó sus brazos sobre la mesa.

—De que seremos invadidos. La mayoría de la población carece de recursos suficientes para vivir, hay aldeas que incluso están en la miseria. Todo este desbarajuste tras la guerra aún no ha sido controlado. Los recursos económicos más fuertes se centran en la reconstrucción de viviendas, fabricación y compra de armamento ninja.

El Hokage hizo memoria de unos documentos que había leído anteriormente. Shikamaru le proporicionó toda la información acerca de la manera en que se invertían los gastos. Los consejeros así lo habían decretado.

—No tenemos tantas misiones hoy en día como en años anteriores —explicó Kakashi—, por ese motivo mis shinobis están cumpliendo cualquier misión proveniente de las familias poderosas e incluso de peticiones extranjeras. Sasuke acaba de regresar con una misión bien pagada y el dinero que se ha conseguido este bimestre, tiene que financiar los gastos de la Academia Ninja y el sustento alimenticio de los huérfanos.

—Entiendo. Este país necesita más ingresos económicos, a pesar de que hay más empleos y Konoha crece, hay un desbalance en las clases sociales. Puede sonar irónico que te hable de equidad ya que yo soy el Señor Feudal pero esto también me afecta. Cuando mantuvimos la reunión para elegir al Hokage que sucedería a Tsunade, yo sabiamente te elegí a ti porque confío en tu inteligencia.

Kakashi comenzaba a sospechar de qué iba el asunto, indirectamente el anciano le había echado en cara que con su valiosa palabra él había sido designado el Sexto Hokage y ahora necesitaba el favor de vuelta, eso sólo significaba una cosa: Casarse con Kazumi.

—Entonces lo que usted trata de decirme es que un súbito aumento en nuestra economía sería gracias a un matrimonio por conveniencia con la hija del daimyō del país de la Tierra. ¿No es así?

El hombre afirmó. Kakashi no dijo nada esperando oír su réplica.

—Es una inversión Kakashi. Sé que puede sonar descabellado pero si amas a tu país como el gran shinobi que eres, sabes que ésta es la mejor alternativa. Sólo imagina la cantidad de negocios, exportaciones e importaciones que haríamos con el país de la Tierra.

—¿No podemos hacer lo mismo sin la necesidad de acordar un matrimonio?

—La hija del daimyō te quiere, y eso nos garantiza seguridad en los proyectos. Ella convencerá a su padre de que se lleven a cabo todas las transacciones necesarias para empezar con el crecimiento del país.

Kakashi se puso de pie y llevó ambas manos a los bolsillos de su pantalón.

—¿Me está diciendo que debo persuadirla?

—Llámalo como gustes, la definición es la misma —el hombre también se levantó—. Piensa en los niños, Kakashi. La nueva generación de esta nación.

Kakashi instintivamente recordó al pequeño Boruto en los brazos de su ex alumno, a Sarada riendo cuando la sostenía en el aire, Inojin recostado en el pecho de su padre y muchos niños más por los que tenía que velar para que crecieran en una era de paz y sin carencias.

—Yo...

El ruido de la puerta abriéndose hizo voltear a ambos hombres. Nashira traía un teléfono inalámbrico en sus manos y lo alzó a la altura de su cabeza mostrándoselo a Kakashi.

—Perdón por interrumpir, no ha sido mi intención pero esto es importante.

—¿Qué pasa Nashira?

—Señor Hokage, un par de reconocidos inventores quieren hablar con usted sobre la utilidad de estos aparatos, ellos dicen que es importante para el crecimiento económico del país.

El Señor Feudal miró a Kakashi y se acomodó la túnica.

—Me voy —dijo—, esto es de vital importancia así que atiéndelo Kakashi, sólo piensa bien en lo que te dije.

—Sí, señor.

—Ah y por cierto... ¿Por qué no te mudaste a vivir aquí a la Torre? Todos los Hokages viven bajo este techo una vez que asumen el cargo.

Kakashi se rascó la sien con su dedo índice.

—Prefiero la comodidad de mi propia casa, eso es todo.

—Entiendo... Bueno, me retiro —cruzó la sala y le sonrió a Nashira—. Señorita, muchas gracias por el té, estuvo delicioso. Y también por la increíble historia que me contó sobre las constelaciones.

Nashira rió con nerviosismo esperando a que el anciano abandonara el lugar. Una vez que desapareció, volteó el cuerpo hacia su superior.

—¿Y los inventores dónde están esperándome?

—Es mentira —confesó haciendo que Kakashi cambiara la mirada de aburrimiento a una más seria—. Lo siento, estaba escuchando todo y pensé que estabas en aprietos... Sólo quería darte un respiro.

El Hokage se masajeó la frente y recordó una situación.

—¿Qué excusa le has dado al Señor Feudal?

Ella levantó una ceja en señal de no estar entendiendo.

—Ya sabes, por aquello de que llegué tarde.

—Ah... Sólo le dije estabas visitando a un enfermo en el hospital. No me preguntó quién y en caso de que lo hiciera, le diría que era tu labor como líder de la aldea hacer visitas a los ciudadanos.

Kakashi respiró hondo y pusos ambas manos en los hombros de Nashira para girarla hacia la puerta; ella se incomodó por tal acción.

—¿Qué estás haciendo?

—Vamos a mi oficina, necesitamos hablar.

La expresión seria de su jefe le indicó que no era el momento para hacer bromas o comentarios innecesarios. Nashira había adoptado un extraño gusto por molestarlo pero también entendía que había ocasiones en las que tenía que demostrar su madurez y seriedad.

Llegaron hasta la oficina, Kakashi sacó la túnica blanca y se la colocó. Odiaba usar el sombrero de Hokage así que solamente portó la prenda que ya cubría su cuerpo.

Nashira seguía a la espera de que continuara hablando pero lo vio de lo más relajado tomándose su tiempo.

—Pensé que me hablarías para probar el teléfono —de repente soltó.

—Lo hice ¿no? Si no te hubiera llamado seguirías quién sabe en dónde.

—Me refiero a anoche, no marcaste.

—No lo vi necesario, leí el instructivo y me pareció que es de lo más simple.

Kakashi continuó tomando unas carpetas del estante y las colocó sobre la mesa.

—Veo que eres de las que aprende rápido. Entonces ayúdame a clasificar estos archivos, son reportes de misiones. Tú encárgate de esta sección, y yo me haré cargo del resto.

—Específicamente ¿cómo debo clasificarlos?

Kakashi abrió una carpeta y le indicó con su dedo.

—Aquí viene la fecha del término de la misión y el rango asignado a la misma. Quiero que anotes en qué fechas se llevaron a cabo qué tipo de misiones, necesito llevar un control de cuántas misiones de alto riesgo se han realizado en este bimestre para así calcular con exactitud los ingresos.

Nashira recordó lo que Kakashi habló con el Señor Feudal y al ver lo apagados que lucían los ojos del Hokage casi pudo adivinar que estaba tratando de analizar cuán importante era casarse con Kazumi. Sintió pena por él.

Empezó a trabajar en la tarea asignada sin hacer ruido. Ella en un extremo del escritorio y Kakashi en otro; cada quien en su sitio y anotando en una hoja las fechas y rangos. En varias ocasiones los ojos de Nashira se desviaron hasta él y pudo verlo en su estado de hombre responsable.

«Tiene bonito perfil»

Sacudió la cabeza y se pegó en las mejillas, Kakashi lo notó pero no dijo nada y siguió en lo suyo.

Nashira no entendía muy bien de qué iban los rangos en las misiones, esos que se asignaban con letras pero por el rostro que su superior mostraba era seguro que no eran buenos ingresos. Repentinamente el matrimonio se había convertido en un negocio más que en un acuerdo basado en los sentimientos.

—He terminado —dijo ella.

—¿Cuántas misiones A?

Nashira miró su hoja.

—Sólo una.

Kakashi se rascó detrás de la oreja y miró sus propios apuntes. En total solamente había una misión de ese rango en el bimestre actual y era justamente la que Sasuke realizó.

—No son muchos ingresos esta vez —le oyó decir y no supo si la expresión fue dirigida a ella o sólo hablaba consigo mismo.

—Entiendo tu frustración, estuve pensando que tal vez el Señor Feudal del país del Fuego debería preocuparse por crear oportunidades de trabajo en otros pueblos en lugar de poner la carga sobre tus hombros —dijo ella con molestia—. Tú sólo eres el Hokage, él es un anciano que nada en dinero y ahora sólo se preocupa porque la situación le está afectando los bolsillos.

Kakashi miró los ojos de la mujer que parecía enfadada, se preguntó a qué se debía y ella pareció adivinar sus pensamientos.

—¿Sabes cuántos empleos he tenido en mi vida? Muchos. ¿Y cuánto he durado en ellos? Poco. Y aún así no he podido hacerme de mi propia casa ni ahorrar lo suficiente para llevar una vida digna porque ninguno ha sido bien pagado. Y no es lo que estás pensando.

—¿Qué estoy pensando, según tú?

—Que pierdo los empleos por mi actitud. Créeme que no se trata de eso.

—¿Puedo saberlo?

Ella negó con su cabeza y él lo entendió.

—¿Puedes entregar estas carpetas a Shikamaru?

Nashira se levantó y tomó todos los folders, antes de salir, Kakashi le habló con una voz serena.

—No agendes ninguna cita para mañana, no quiero recibir a nadie. Necesito un descanso.

Ella aceptó y salió de la oficina buscando a Shikamaru. Kakashi notó que el cielo estaba demasiado oscuro para la hora que era y no dudaba que llovería muy pronto.

Nashira bajó la escalera y vio a Shikamaru hablando con un hombre, parecía muy ocupado y se mantuvo a unos metros de distancia esperando el momento para entregarle las carpetas.

El moreno se percató de su presencia y apenas interrumpió muy poco la conversación para preguntarle si se le ofrecía algo. Ella reaccionó al instante y le mostró lo que llevaba entre sus brazos.

—Son misiones ya clasificadas.

—Ah, sí. Mira puedes dejarlas en la bodega que está por allá —señaló una puerta al otro extremo de la sala—, sólo ponlas sobre la mesa de madera yo iré más tarde a acomodarlas.

—De acuerdo.

Nashira caminó directo hacia la dichosa bodega, abrió la puerta y se encontró en una habitación oscura y fría; buscó el interruptor con su mano y sintió el botón que de inmediato encendió la luz dejándola ver un amplio espacio con decenas de estanterías. En una esquina estaba la mesa de la que habló Shikamaru, se dirigió a ella y puso las carpetas.

Estaba por mover sus pies hacia la salida pero entonces miró con detenimiento las cientos de carpetas acomodadas en los estantes. Miró despistadamente la puerta para asegurarse de que nadie la observaba y después se dirigió a uno de los muebles metálicos para tomar un folder y revisarlo.

«Misión rango B a cargo de Shikamaru Nara»

Vio la fecha, era una misión muy antigua. Habían pasado cinco años desde que se realizó con éxito. Siguió mirando y encontró más misiones de esa clasificación y unas más del rango A que tanto le interesaba a Kakashi.

Llegó a la conjetura de que ésas eran misiones costosas y ayudaban a la economía de la aldea. Por eso él se preocupaba tanto por cuántas del tipo A se habían concretado exitosamente.

Siguió avanzando entre las estanterías hasta una que estaba en una esquina toda llena de polvo. Miró a todas las carpetas desde la parte superior hasta la inferior y tomó una al azar. Al abrirla se sorprendió de ver el nombre de su pervertido jefe. Esa misión debía tener más de quince años allí, la hoja estaba amarillenta pero había algo en particular que le llamó la atención, el sellado era negro y decía "fallida".

«Kakashi Hatake, Obito Uchiha, Rin Nohara»

Nashira comenzó a leer en su mente el resumen de la misión, y sus ojos se abrieron más al saber que uno de los miembros del equipo había sido aplastado por una roca. No pudo terminar la lectura porque escuchó que alguien se aproximaba a la habitación, guardó la carpeta y se apresuró a salir.

Kakashi había estado actuando raro todo lo que iba del día, y detestaba eso porque aunque no fuera de su completo agrado, sentía lástima por él. Verlo así de serio no era divertido. Ya sentada en su cubículo, tomó una hoja y empezó a escribir para matar el rato e intentar olvidar la expresión de Kakashi pero por alguna razón no podía dejar de pensar en él y comenzó a preguntarse cómo sería su niñez y adolescencia.

—Así que hay misiones que no se pueden cumplir —musitó mirando el horizonte.

La jornada laboral terminó y todos se fueron a casa. Nashira no tuvo prisa en marcharse, estaba esperando ver a Kakashi bajar la escalera e irse pero él no daba indicios de abandonar la Torre. Miró de nueva cuenta la bodega recordando lo que leyó, se cuestionó si esa misión habría afectado a Kakashi ya que imaginó lo duro que podría ser ver que uno de tus compañeros muriera por el peso de una gran roca.

Pocas veces se interesaba por la vida de alguien pero Kakashi tenía algo que lo hacía misterioso, algo más que la máscara que le cubría la mitad del rostro.

Volvió a echar un vistazo a la escalera pero no lo vio bajar, así que se levantó tomando su bolso y decidida a caminar hacia la salida terminó poniéndole un alto a sus pasos cuando vio un largo pasillo hacia su lado izquierdo. Ella nunca había explorado del todo la torre donde trabajaba, y sabía bien que no era prudente mirar donde no estaba permitido pero al ver lo solitario que estaba el pasillo sintió inmensas ganas de recorrerlo.

Fue directo a él y caminó notando que no había puertas, luego al fondo había un pasillo en sentido contrario y éste sí tenía gran cantidad de aberturas. Las pequeñas luces que alumbraban el camino le sirvieron de guía, sólo se acercó a una puerta que llamó su atención por su estética diferente y la abrió.

Adentro había más archiveros y estantes, y en la pared colgaban varios retratos que eran iguales a los que estaban en la oficina de Kakashi. Se adentró y miró los textos en los archiveros, estaban clasificados por letras y se fue directo a la letra H donde supuso que podría encontrar algo relacionado con Kakashi.

Abrió el largo cajón que se extendió mostrándole demasiados documentos. Miró de reojo y ninguno le convencía, hasta que sus ojos leyeron "Hatake".

Tomó el folder y lo abrió, eran expedientes que no entendía y luego estaba uno que le capturó la atención.

«Hatake Kakashi: Nacimiento el día 15 de septiembre de xxxx»

Hizo una mueca tratando de recordar algo, pronto lo supo: el cumpleaños de Kakashi sería al otro día. Creyó que tal vez ese era el motivo por el que él no quería que lo molestaran.

—¡Oye!

Nashira se estremeció y cerró la carpeta mirando hacia la puerta, allí pudo ver a un hombre de gafas oscuras y un pañuelo cubriéndole la cabeza. Él se acercó con las cejas fruncidas y rápidamente guardó el documento y cerró el cajón.

—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Quién eres tú?

La miró con más cuidado de pies a cabeza.

—Soy Nashira, sólo estaba buscando un libro —dijo queriendo ocultar su nerviosismo.

—Ah, eres la asistente del Hokage ¿no? —Ella movió su cabeza— ¿Un libro? Esto no es una biblioteca.

—Lo siento, no volverá a pasar.

Ebisu se cruzó de brazos.

—Jamás te había visto, ¿eres extranjera?

—No señor, soy de este país. No quiero ser grosera pero si me disculpa, me tengo que ir.

Salió corriendo del lugar y dobló por el pasillo que la llevaría a la salida de la torre. Todavía siguió preguntándose por qué había perdido el juicio inmiscuyéndose en la vida del Hokage. Él nada tenía que ver con ella; esperaba no meterse en problemas.

El viento soplaba, no tan fuerte pero lo suficiente para elevar a sus fosas nasales un olor a tierra húmeda. El suelo estaba mojado, había llovido unos minutos atrás pero el cielo seguía igual de nublado. La tarde estaba cayendo y todavía quedaba un poco de luz.

Siguió andando hasta que aligeró los pasos queriendo meditar y respirar profundo.

—Cálmate, no hiciste nada malo. Sólo tenías curiosidad —se repitió.

Siguió su trayecto hacia la casa de su tía, el lugar donde vivía desde que dejó el apartamento de renta en el Valle Rocoso. Por el camino siempre cruzaba una colina con algunos árboles, iba tan metida en sus propios pensamientos hasta que sus ojos vieron una figura a unos veinte metros de distancia. Achicó los ojos y distinguió de quién se trataba: era Kakashi.

Miró hacia un lado y caminó por entre los árboles, quería acercarse sin que él se diera cuenta pues verlo así de pie sin moverse le picó la curiosidad. Esperaba que no fuera de ésos hombres que orinan en cualquier sitio.

Cuando se acercó lo suficiente, estiró el cuello detrás de un gran arbusto y lo miró de perfil con la vista baja y sus manos en los bolsillos del pantalón. Por más que se asomaba no podía ver lo que Kakashi apreciaba con tanto interés y tristeza al mismo tiempo.

El viento seguía meciendo las hojas de los árboles y sus cabellos, de repente pisó una rama y se quebró; el ruido alertó a Kakashi y sin pensarlo lanzó un kunai hacia donde Nashira estaba escondida. Ella inevitablemente gritó espantada pero Kakashi tuvo la suerte de no haberle clavado el kunai, la repentina cuchilla clavaba una parte de la blusa de Nashira al tronco del árbol detrás de ella imposibilitando su escape.

Ella asustada temblaba asimilando lo sucedido. Todo había sido tan rápido que seguía aterrada por haber visto en milésimas de segundo el arma en dirección a ella.

Kakashi cruzó saltando los arbustos hasta que dio con ella y su cuerpo pegado a ese tronco.

—¡Nashira!

Corrió a quitar el kunai que la mantenía prisionera, y su corazón se aceleró pensando que podría estar herida. Ella seguía en shock.

—¿Estás bien? ¿Te lastimé?

Hicieron contacto visual y ella tuvo un déjà vu.

—¿Nashira?

La mujer pasó saliva y se miró la ropa.

—Estoy bien —contestó todavía impactada.

—Lo siento, pensé que alguien quería atacarme. Déjame revisarte.

Ella quitó sus manos y se apartó para tomar aire y tocarse en pecho. Kakashi todavía la miraba intrigado.

—Esas cosas son peligrosas, no puedes simplemente lanzarlas a lo tonto —recriminó.

—¿Qué hacías allí escondida? —Kakashi cambió la conversación.

—Nada, iba de camino a casa.

—No sabía que vives por aquí cerca.

Ella se acomodó el bolso, luego sintió ligeras gotas de agua sobre su cabeza. Kakashi alzó la vista y con su mano atrapó un par de ellas.

—Parece que no es la primera vez que casi me matas con un kunai —musitó pero él no le entendió por el bajo volumen de su voz.

—¿Eh? ¿Qué cosa?

Ella negó con su cabeza, de repente una luz en fracción de segundos alumbró todo a su alrededor, sólo pudo estremecerse al saber lo que vendría después. Casi de inmediato ese estruendo abrumador la inquietó. Un fuerte trueno sonó por todo el lugar y ella se asustó aún más. Su cuerpo reaccionó involuntariamente y abrazó a Kakashi mientras temblaba, hundió su cara en el pecho de éste y lo desconcertó.

Nashira siempre había tenido miedo de los truenos, era una mujer de carácter fuerte pero esa era una de sus grandes debilidades.

Un relámpago seguido de otro horrible sonoro trueno la hicieron aferrarse más al cuerpo de un hombre que estaba inmóvil sin saber qué decir o hacer. Luego, ella reaccionó y se alejó rápidamente con el corazón acelerado.

—Lo siento, lo siento —decía avergonzada, sus mejillas estaban ardiendo—. No ha sido mi intención.

Kakashi parpadeó un par de veces antes de hablar, todavía estaba sorprendido.

—¿Le tienes miedo a los truenos?

Ella alzó las cejas y se abrazó a sí misma.

—Sí —confesó, luego le miró a los ojos y se sintió estúpida—. Bien, adelante... Búrlate.

—¿Por qué habría de hacerlo?

—Porque así eres tú ¿no?

Kakashi se rió y ella arrugó la frente.

—No, no —movió las manos—. No me estoy riendo de ti, bueno... Tal vez un poco, es sólo que te veías más asustada con el trueno que con el kunai.

Nashira siguió oyendo sus risas y respiró fuerte, se ruborizó.

—No me gustan los relámpagos porque inmediatamente se oyen esos horribles sonidos. No sé por qué pero no lo soporto, me hacen temblar.

Kakashi recordó su técnica especial, el chidori. Si ella la veía podría morir por el asombro imaginando que después se escucharía un fuerte trueno. La lluvia se intensificó mojándolos con más fuerza.

—Debo ir a casa, tú debes hacer lo mismo.

—Espera, te acompañaré —dijo él—. No vaya a ser que vuelvas a asustarte y te desmayes en plena calle.

—Está bien, no tienes por qué ir conmigo —Nashira se dio la media vuelta y salió corriendo cuando sus pasos se detuvieron frente a una lápida.

«Eso es lo que él estaba viendo»

Sus ojos leyeron el nombre y la fecha: Sakumo Hatake - 14 de septiembre.

Su cabeza empezó a maquinar una idea. El familiar de Kakashi falleció un día antes de su cumpleaños, no le extrañaba que él estuviera tan deprimido. Se imaginó lo triste que debió estar y lo gris que fueron sus cumpleaños siguientes.

—¿Qué pasa?

Kakashi la había alcanzado y se posó a su lado, vio que ella miraba la lápida.

—Era mi padre —dijo, ella alzó la cara y lo miró. Había algo en sus ojos negros que le estremecían el alma, todavía más que un kunai o un trueno.

—Lo siento —no supo qué más decir.

—Vamos, ya estamos empapados y nos enfermaremos. Dime dónde está tu casa.

Ella no dijo nada y asintió, la pena que sentía por él se había incrementado y odiaba esa sensación de simpatizar.

Siguieron el trayecto casi corriendo hasta que la lluvia bajó su intensidad, asimismo ellos lo hicieron con sus pasos.

—¿Tienes amigos? —Ella le cuestionó para matar el silencio entre ambos.

—¿A qué viene eso?

—Simple curiosidad.

—Todos en la aldea son mis amigos, soy el Sexto Hokage ¿lo recuerdas?

—Me refiero a amigos de verdad.

Kakashi se limpió unas gotas de agua de los ojos.

—No lo hagas.

Ella levantó la cabeza. Todavía estaban caminando bajo la llovizna.

—¿Que no haga qué? —Preguntó.

—No sientas lástima por mí. No me gusta que la gente me vea de esa forma.

—No siento eso —mintió—, sólo fue una pregunta.

Ella vio que estaba por llegar a la casa de su tía y quiso decirle que ya podía irse pero al mismo tiempo se sentía con la obligación de al menos dejarle pasar a secarse un poco y esperar a que dejara de lloviznar.

—¿Y tú tienes amigos? —Le cuestionó Kakashi.

—No —se limitó a responder—. Vivo en esta casa, ¿por qué no pasas? Te daré una toalla para que te quites las gotas de agua —ofreció esperando que rechazara la propuesta.

—Claro.

Ella se inmutó y apretó los labios. «Genial» dijo más como una queja.

Tocó el timbre de la casa y esperó unos segundos, la puerta se abrió permitiéndoles ver a una mujer mayor de cabello violeta.

—Mira nada más, ya te mojaste toda —dijo la señora—. Niña, por eso te dije que compraras un paraguas.

—Tía por favor —le hizo una mueca y la mujer miró a un lado, al ver a Kakashi se quedó estupefacta.

—¡Sexto! ¡Oh cielos! —Miraba a todos lados tratando de localizar una toalla— Qué tragedia.

Pronto corrió a un mueble y abrió una gaveta para sacar una prenda gruesa y se la entregó.

—Tenga, séquese. ¿No quiere tomar un baño caliente? Así evitará enfermarse.

Kakashi se limpió los ojos.

—Gracias, estoy bien. Sólo fue un poco de lluvia.

La mujer retrocedió hasta alcanzar a Nashira y le susurró.

—¿Por qué vienes con él? ¿Te metiste en problemas?

—Claro que no, él es mi jefe.

La tía de Nashira estaba emocionada de saber que su sobrina había conseguido un buen trabajo después de tanta mala suerte. Juntó las manos y cerró los ojos agradeciendo al Monje del Valle Rocoso, un santo de aquel pueblo al que era muy devota.

—¿Por qué no me lo habías dicho? Tenemos que hacer una ofrenda de gratitud.

—Tía, por favor deja de decir todo esto, me estás avergonzando.

Kakashi las miraba divertido, en especial a Nashira que ante los comentarios de su tía parecía una adolescente regañada.

—Sexto Hokage, gracias por traer a mi sobrina con bien. Es usted un caballero.

Nashira puso los ojos en blanco y se siguió secando el cabello.

—Por favor, quédese a cenar.

—No, no, gracias por la invitación pero debo irme. He tenido un día pesado y quisiera descansar.

La mujer estaba maravillada viéndolo, le parecía un buen hombre y su voz gruesa le encantaba.

—Por favor, vuelva cuando guste. Ésta también es su casa.

Nashira aprovechó que su tía no la estaba viendo para mover la cabeza en negación a Kakashi. Él rápidamente captó el mensaje y se rió.

—Por supuesto, un día de estos vendré a hacer mi inspección.

Nashira apretó los puños.

—Bien, me retiro. Gracias por la toalla —se la regresó a la mujer y ella la tomó gustosa, como si acabara de recibir un objeto valioso—. Nashira, te veré mañana en el trabajo. Cuídate y descansa.

—Sí, lo que sea —su tía la miró con furia por haber respondido así—. Tenga cuidado con los criminales, señor Hokage —corrigió.

Kakashi cruzó la puerta y salió. Nashira suspiró recordando todas las emociones de ese día, estaba comenzando a dolerle la cabeza.

Oyó un carraspeo y supo que su tía tenía algo que decirle. Ella siempre tenía algo para decirle.

—Nashira, ¿qué más me estás ocultando?

—Nada, tía. No te dije de mi nuevo empleo porque al principio creí que era confidencial.

—El Sexto es el prospecto de marido ideal, ya que trabajas con él ¿por qué no intentas conquistarlo?

—¿Estás bromeando? —Nashira abrió el refrigerador para sacar una botella con agua— Yo no me pienso casar y menos con ese tara... Con ese Hokage.

—Nunca antes habías vivido en Konoha y por eso no sabes la clase de hombre que es —recriminó—. Él es muy popular y es tan inteligente que fue elegido líder de esta aldea.

—Tía, hoy no, por favor. Me duele la cabeza, tuve un día difícil y sólo quiero descansar.

—Bien, ve a tomar un baño pero recuerda mis palabras. Una tía nunca se equivoca.

(...)

Mientras estaba en la bañera con agua caliente, tuvo el tiempo suficiente para pensar en todo lo que había ocurrido.

—No lo hagas Nashira —dijo para sí misma y se miró las manos, las mismas que sujetaron con fuerza la ropa de Kakashi cuando lo abrazó. Todavía podía sentir la textura de la tela y el calor que desprendía su cuerpo—. No seas tonta, mujer. Es sólo una emoción pasajera derivada de las emociones fuertes que has vivido estos días, no es otra cosa, no te gusta ese idiota.

Respiró y echó la cabeza hacia atrás recordando el perfil de Kakashi cuando estaba escribiendo y su mirada triste ante la lápida de su padre.

—¿Por qué tiene que leer ese libro? ¿Por qué lleva esa máscara? —Cerró los ojos— ¿Por qué me interesa saber eso?

Repentinamente abrió los ojos.

—¡Ah, claro! —Chocó un puño en la palma de su mano—, Es por la máscara. Le hace verse misterioso por eso me llama la atención, pero sin ella debe ser un hombre común y corriente —rió—, esos ninjas... Todos son iguales.


Hasta aquí el capítulo, estuvo largo y espero que haya sido de su agrado. Gracias por tomarse el tiempo de leerlo, saben que siempre pueden dejarme un comentario haciéndome saber su opinión o sus hipótesis respecto a la historia. Todavía hay algunos misterios por descubrir.

La fecha exacta del suicidio del padre de Kakashi la he inventado para esta historia.