Capítulo 12.- "El reportero freelancer"
Varios días pasaron y el clima mejoró en Konoha. El resplandeciente sol matutino del último día de verano era simplemente maravilloso y agradable.
El día había sido libre para los shinobis y empleados de la Torre del Hokage, así lo decidió Kakashi para permitir que se pintaran las paredes interiores de las oficinas. Por esa razón todos aprovecharon para estar con sus familias o parejas...
—¡Ush! ¡Tía ya no puedo más, me duele la espalda! ¿No has considerado comprar una lavadora automática? Ya no estamos en tiempos de tallar la ropa manualmente.
La joven mujer se sobaba la espalda baja con ambas manos y se retorcía tratando de aliviar su malestar.
—Nashira, si sigues con esa actitud nunca te vas a casar.
Ella soltó un bufido lleno de indignación.
—¿Qué tiene que ver esto con el matrimonio? Es mi día libre y quiero ocuparlo en otras actividades no estar aquí bajo el sol lavando ropa que ni siquiera es mía.
La tía de Nashira negó con su cabeza y le quitó la prenda de la mano.
—No cabe duda que eres igual de terca que tu madre, el tiempo que convivimos me sirvió para saber la clase de persona que era.
Nashira suspiró.
—No me hables de ella —le quitó a su tía la ropa y volvió a tallarla ella misma—. Tú puedes ir a preparar la comida, yo me haré cargo de esto.
Su tía esbozó una sonrisa.
—Esa es mi muchacha. Voy a preparar tu comida favorita, ya lo verás.
Nashira se mantuvo observando la espalda de su tía mientras se adentraba a la casa tarareando algunas melodías. Luego sus ojos viajaron hasta sus manos donde estaba la prenda enjabonada e hizo un mohín.
Para solventar todos los gastos, su tía ofrecía el particular servicio de lavar ropa ajena. No era un trabajo bien remunerado y sus únicos clientes eran los ancianos que vivían en el barrio y no podían encargarse de sus obligaciones. El sueldo que Nashira recibía como asistente de Kakashi era simplemente lo justo pero la vida en Konoha se estaba tornando cara y sobrevivir no era sencillo.
—Yo debería estar triunfando con mi sueño hecho realidad —masculló mientras ponía su empeño en friccionar la ropa con el talladero—, no haciendo este tipo de trabajos.
Terminó de lavar y pasó toda la carga de ropa a un contenedor con agua limpia para enjuagar. Tomó aire luego del gran esfuerzo que hizo y miró con un puchero el gran recipiente sabiendo que aún tenía que exprimir todo y colgarlo en el tendedero para que se secara.
—Oh Santo Monje del Valle Rocoso, si en verdad exististe y tienes súper poderes... ¿Por qué no me haces inmensamente rica?
Echó la cabeza hacia atrás y vio a un hombre parado tras ella. La imagen estaba al revés por lo que se enderezó y se dio la media vuelta totalmente sorprendida esperando que el extraño no la hubiera escuchado.
—¿Quién eres y qué quieres?
El hombre alto sonrió amablemente y a ella le pareció que ya lo había visto antes. Fijó su atención en las franjas moradas bajo sus ojos y el color grisáceo de ambos iris, pero a pesar de que era bien parecido, concluyó que tenía un horrible gusto para vestirse.
—Buenos días, Señorita. Discúlpeme si la he asustado.
La relajante voz del sujeto la hizo bajar su defensa y dejar de pensar que era un ladrón.
—No estoy asustada —dijo y se avergonzó por la manera tan intensa en que él la miraba, se percató entonces que su abdomen estaba mojado por haber cargado la ropa y se le estaba pegando la blusa—. ¿Le puedo servir en algo?
—Bueno, antes que nada déjeme presentarme. Mi nombre es Sukea y soy un reportero freelancer.
—¿Reportero freelancer? —Inquirió tratando de descifrar qué significaba esa palabra.
—Trabajo por mi cuenta —aclaró él—, soy mi propio jefe y trabajo según mis horarios.
A Nashira le brillaron los ojos emocionada.
—¡¿Eh?! ¡Eso suena fantástico! —Llevó sus manos al rostro y pensó en cómo sería estar en sus zapatos— ¿Y cómo le va económicamente? ¿Tiene buenos ingresos?
Sukea se sobó la barbilla y miró hacia un lado.
—Pues... Doy tres comidas al día así que creo que está bien.
Nashira dejó caer los hombros decepcionada.
—¿Comer? ¿Esa es su motivación? —Su expresión se volvió de tristeza y le dio la espalda para enjuagar la ropa— ¿Cuándo voy a ser rica? —Musitó en un tono de angustia.
—Eh... Sigo aquí.
—Sí, dígame qué es lo que desea.
No lo miró por estar realizando su actividad, Sukea se puso a un lado de ella para seguir hablando.
—Estoy haciendo un reporte acerca de los civiles que trabajan en la Torre del Hokage, quiero dar a conocer la importancia que tienen en la administración del bienestar de la aldea.
—¿Por qué enfocarse en los civiles? ¿Sabe usted que allí hay más ninjas que personas comunes? —Exprimió una prenda con todas sus fuerzas y luego la sacudió salpicando ligeramente su rostro y el de Sukea—. ¿No sería mejor hablar sobre los ninjas? Tienen historias interesantes qué contar.
—De ninjas ya todos sabemos, quiero resaltar la importancia de personas que nada tienen que ver con el mundo de los shinobis y sin embargo son extraordinarios en su trabajo dentro de la Torre.
Nashira rió y luego lo miró antes de ir a tender la camisa en sus manos.
—¿Cómo sabe que trabajo en esa Torre?
Sukea parpadeó un par de veces y luego sonrió.
—Fui por mi propia cuenta a investigar, me atendió un chico de coleta llamado Shikamaru.
Nashira apretó los labios y fue hacia el tendedero para colgar la prenda.
—¿Ya ha entrevistado a otros compañeros?
Sukea afirmó moviendo su cabeza.
—Pero ellos me dejaron muy en claro que hay una asistente que trabaja directamente con el Sexto Hokage y que no es una kunoichi. Si el Hokage decidió que usted fuera sus asistente personal me imagino que debe ser alguien magnífica.
Nashira se sonrojó y no pudo esconder la sonrisa en sus labios, se cruzó de brazos y levantó el pecho.
—Bien... ¿Qué es lo que quiere saber?
—Es una entrevista que nos tomará tiempo.
Ella asintió.
—Entonces déjeme terminar con mis actividades y después haremos esa entrevista. Si gusta, puede esperarme en la sala de la casa, estoy segura que a mi tía no le molestará.
Lo llevó hasta el interior de la vivienda, su tía al verlo se quedó impactada, él alzó una mano para saludar y la mujer se ruborizó.
—Tía, él es Sikea-
—Sukea —corrigió él.
—Sukea, sí, eso —sacudió la cabeza—. Es un reportero y vino a entrevistarme, todavía estoy terminando de enjuagar la ropa así que le pedí que espere aquí sentado. Por favor, trátalo bien.
—Oh Nashira, deberías dejar que él te entreviste primero.
—No tía, quiero poner toda mi atención en esto así que primero termino con mis deberes y regreso —volteó con el hombre—. No tardaré, está usted en su casa.
—Muy amable.
Nashira salió de nueva cuenta y Sukea se quedó mirando la decoración de la sala, había cuadros antiguos y en una repisa estaba una foto que parecía familiar. Sintió ganas de ir a verla pero la mujer mayor seguía allí.
—Voy a traerle unos aperitivos, por favor póngase cómodo.
Sukea movió su cabeza y cuando la mujer desapareció de su vista se dirigió a la repisa para observar bien la imagen. En ella estaba un hombre cargando a un niño sonriente y, abrazada a su cintura, una niña que aparentaba algunos ocho años, si su sentido no lo engañaba podía estar seguro que esa niña era Nashira.
Ella tenía un brillo en sus ojos violetas que no recordaba haber visto antes y sonreía con tanta felicidad que podía contagiarlo con sólo mirar la imagen.
—Él era mi hermano.
La voz de la mujer lo estremeció y volteó, ella traía una bandeja en sus manos con galletas y té; la dejó sobre la mesita de centro y se aproximó para observar la imagen también. Sus ojos eran nostalgia pura.
—Lo siento yo no quería entrometerme.
—No, no se disculpe. Una foto tan bonita no puede ser ignorada ¿verdad?
Sukea volvió sus pupilas a la fotografía.
—Dijo que el hombre en la foto era su hermano —habló instándola a seguir con la historia detrás de la imagen.
—Sí, y los dos niños eran sus hijos. ¿Ve usted a la pequeñita sonriendo? —Señaló— Es Nashira.
Kakashi, quien permanecía disfrazado de Sukea, recordó cuando entrevistó a Nashira y ella le dijo que el único familiar que tenía era su tía paterna. Se preguntó qué sucedería con el resto de su familia, se cuestionó también por qué no estaba su madre en el retrato.
—¿Por qué no toma asiento? Le preparé un delicioso té y unas exquisitas galletas de arroz.
—Ah... Sí, muchas gracias.
—Mi nombre es Madoka —se presentó haciendo una reverencia—, puede llamarme así.
La mujer salió de la salita y volvió a la cocina para continuar preparando la comida. Sukea miró el plato con galletas y tomó una, se le quedó mirando por ambos lados y luego la llevó a su boca. Alzó una ceja aprobando el buen sabor que tenía.
Miró por la ventana cómo Nashira exprimía la ropa antes de tenderla. Se notaba en su cara que odiaba hacer eso sin embargo, no se estaba rindiendo y continuaba decidida hasta el momento de terminar con su tarea.
—¡Ay sí, por fin! —Soltó el aire de sus pulmones y se limpió la frente— Ya terminé.
Recogió el canasto vacío y entró a la casa, su piel estaba roja por el tiempo que permaneció bajo el sol y vio a Sukea sentado con sus ojos fijos en ella. Se sintió apenada y sólo se limitó a decir que iría a cambiarse de ropa porque la que usaba estaba mojada.
Entró a su habitación y abrió el armario buscando desesperadamente algo decente para vestir. Sacó una blusa de tirantes y unos pantalones cortos, estaba muy acalorada y quería algo fresco. Cerró la puerta del armario y se quitó la blusa, luego se detuvo mirándose en el espejo de cuerpo completo; el enrojecimiento de su piel con la claridad de la parte no bronceada sería muy visible si usaba esa blusa. Si se ponía esos pantalones sus piernas quedarían expuestas al extraño reportero sentado en la sala y eso sólo la incomodaría.
Se tocó el abdomen y su mano se cerró en un puño cuando notó algo que no le gustó.
—Maldita sea, me estoy poniendo gorda.
Volvió a abrir el armario y buscó algo más discreto. Finalmente volvió con una camisa larga y un pantalón capri, apenas y se había trenzado correctamente el cabello, odiaba traerlo suelto.
—Ya estoy aquí —se sentó frente a él—, ya puede comenzar con su entrevista.
Sukea miró su maletín y sacó una videocámara, Nashira vio el objeto con horror.
—¿Qué es eso? ¿Piensa tomar video?
Se miró la ropa y la trenza.
—¿Eh? ¿No quiere que la grabe?
Ella juntó los brazos y atrapó sus manos en ambas piernas.
—Me da un poco de pena —admitió con un tono más suave, Sukea la miró unos instantes y luego sonrió.
—No se preocupe, este video será editado y le prometo que la imagen será perfecta. No habrá nada de qué quejarse.
Ella pensó en algo y se tensó.
—Un minuto... ¿Quiénes podrán ver este video?
—Eh... Pues...
—¿Lo verá el Hokage? —Preguntó aterrada imaginándose cómo se podría burlar de ella— No, no quiero que lo vea. Pero no creo que haya manera de que él pueda encontrar esta entrevista ¿verdad? —Habló para sí misma.
—Tranquila, eso no pasará. Estoy seguro que el Sexto Hokage tiene mejores cosas que hacer que ver la entrevista de un reportero freelancer.
Nashira se quiso engañar creyendo sus palabras. Se tocó las mejillas y estaban ardiendo de vergüenza. Sukea encendió la cámara y comenzó a hacerle preguntas, era evidente que ella estaba nerviosa.
—¿Podría por favor presentarse? —Pidió él.
—M-mi nombre es Nashira Kitayaka —sus ojos se negaban a mirar directamente al lente de la cámara—, tengo veintinueve años y trabajo como asistente del Sexto Hokage.
—Nashira ¿usted nació en Konoha?
—No, yo nací en la aldea del Valle Rocoso, es un pequeño pueblo.
—¿Podría contarnos algo sobre su pueblo? En interesante saber que alguien que pertenece a otra aldea trabaja como asistente de un poderoso shinobi.
Nashira tragó saliva y se acomodó un mechón de cabello tras la oreja. Sus ojos de vez en cuando veían hacia la cámara.
—Bu-bueno, mi pueblo de origen no es nada comparado con Konoha. No tiene toda esta tecnología nueva ni muchos turistas que lo visiten, pero es un lugar agradable con gente muy servicial y amable —su mente viajaba recordando cada detalle del lugar donde creció—. Hay un lago hermoso cerca de los bosques, creo que es la única atracción.
—¿Cómo es que usted decidió mudarse a esta aldea? Suena como si amara mucho su antiguo pueblo.
—Fue mi única opción. No hay trabajo para las mujeres en el Valle Rocoso, aunque me apunté para trabajar en la construcción pues es lo que está generando empleos para reparar los daños tras la guerra. Pero, justamente por ser mujer y no ser ninja fui rechazada.
Sukea se sintió mal por ella, aunque no quiso tener ese sentimiento pues estaba seguro que ella al igual que él, odiaba provocar lástima.
—Entonces se vino a vivir a Konoha y ¿cómo consiguió su empleo actual en la Torre del Hokage?
Nashira recordó la forma tan tonta en que ella y Kakashi se conocieron, pero no podía revelar la verdad porque sería humillante. La importancia de su empleo radicaba en ayudarlo a comprender a las mujeres y eso era un secreto.
—Yo envié mi solicitud y fui llamada a una entrevista, allí fui recibida personalmente por el Sexto Hokage y me dio el empleo —mintió y Sukea se mordió el labio discretamente, agradecía que ella guardara el secreto.
—¿En qué consiste su trabajo? —La puso a prueba.
—Yo recibo al personal que desea hablar con el Hokage y programo sus citas. Ordeno sus documentos y me aseguro que el restaurante envíe la comida correcta para él.
Sukea se quedó meditando esa última parte, durante la estancia de Nashira no había tenido problemas con la puntualidad de sus alimentos.
—Parece que es usted muy importante para él.
Ella se ruborizó y Sukea no lo pasó por alto, hizo zoom en su cara.
—Bu-bueno... Tanto así no lo creo. Yo sólo cumplo con mis funciones.
—El Sexto es bien conocido por ocultar su rostro... Todos tenemos expectativas de cómo luce sin la máscara ¿alguna vez usted le ha visto sin ella?
—Nunca, es algo muy íntimo y él prefiere que sea privado.
—En ese caso ¿cómo se imagina que luce su rostro realmente?
Nashira empezó a echar volar su imaginación.
—Por la forma de sus ojos y el poco puente de su nariz que he sido capaz de ver, su mentón cuadrado y sus pómulos pronunciados que dan la impresión de que su cara es más alargada —Sukea casi se atraganta, no esperaba que ella fuera así de observadora—... Creo que es alguien simpático visualmente. Tiene esa cicatriz en su ojo izquierdo y me pregunto qué tan extensa es.
Sukea seguía preocupado, si ella le miraba igual que a Kakashi entonces podría descubrir el engaño. Repentinamente ella ya no parecía tan tímida y no sabía si era porque lo había descubierto o simplemente se adaptó al ambiente.
—Hablemos sobre su vida personal. ¿Es casada? ¿Tiene pareja?
Ella frunció el ceño y se cruzó de brazos. Miró a otro lado y él notó que su nariz se ensanchaba, una clara muestra de que hablar de romanticismo la molestaba.
—Soy soltera.
—Entiendo. Disculpe si suena indiscreto es sólo que creo que usted es atractiva y por eso imaginé que era casada.
Nashira lo miró sorprendida y sintió un apretón en el estómago, bajó su vista a la mesita y su labio tembló. Trató de calmarse para no verse como una mujer tonta y débil pero Sukea no dejaba escapar ninguna de sus reacciones.
—El romance no es lo mío —dijo, su ceja derecha tembló—, me gusta tener la libertad de hacer lo que que quiero, trabajar y ganar dinero.
El hombre de la peluca castaña sonrió y enfocó la ropa de Nashira. Ella le siguió con la vista y se cubrió con sus manos.
—¿Pasa algo con mi ropa?
—Eh... No, no, es sólo que jamás había visto a alguien vestida así. Supongo que tiene un alto sentido de la moda.
Ella arrugó la frente, jamás había sido bien vestida como para recibir ese tipo de halagos. Miró de nueva cuenta la ropa de Sukea: una gabardina verde oscuro, una mascada marrón y unos pantalones grises. Hacía demasiado calor para estar tan abrigado.
—Disculpe... ¿no tiene calor? Afuera hay como treinta grados.
Sukea parpadeó repetidas veces y se miró la ropa.
—Oh, estoy bien. ¿Podemos continuar?
Nashira se encogió de hombros resignada.
—¿Qué más desea saber?
—Cosas simples como su pasatiempo, su color favorito, su fecha de cumpleaños o algo así.
—¿Esto es necesario? Pensé que sólo le interesaba saber sobre la importancia de los civiles que trabajan en la Torre.
—Bueno, saber este tipo de cosas también ayudan mucho a que las personas se den cuenta de cuan modestos son los trabajadores.
Ella no estaba muy convencida de contar más sobre su vida pero al mismo tiempo creyó que era información inofensiva.
—De acuerdo... Mi fecha de cumpleaños es el 7 de octubre —Sukea abrió los ojos momentáneamente, ella no se percató—, mi color favorito es el azul... Mi pasatiempo es la lectura.
—¡Ah! —Soltó de repente y ella lo miró— Quiero decir, eso suena bien. ¿Qué tipo de lectura?
Nashira se puso colorada y se rió inesperadamente.
—Sólo artículos sobre historia y... Novelas policíacas —se removió sobre el sofá como si se sintiera incómoda—. Es todo.
Sukea entrecerró los ojos, por alguna razón ella no sonaba muy convincente. Nashira alzó la vista y sus ojos se encontraron con los de él, contuvo la respiración y se sintió intimidada. El corazón le estaba palpitando muy fuerte; la tensión se rompió una vez que la tía Madoka apareció en la sala.
—Disculpen la interrupción, la comida está lista. ¿Por qué no come con nosotras señor Sukea?
Nashira movió su cabeza con dificultad hasta ver a su tía, se estaba sintiendo rara frente a ese hombre y lo peor que le podía pasar era comer con él, no quería que la viera haciéndolo. De repente esa sencilla acción sería su martirio, pensaba que él era apuesto y no ansiaba que sus grises ojos la vieran devorar alimentos.
—Gracias señora Madoka, sería un placer para mí.
—Ah... Ah... Tal vez...
Nashira no pudo articular ninguna frase.
—Entonces voy a preparar la mesa. Nashira, por favor indícale a Sukea dónde se puede lavar las manos.
Ella se levantó resignada, la última pregunta la dejó indefensa.
—Sígame, por favor.
Mientras Sukea se lavaba las manos se miró en el espejo que estaba pegado a la pared frente a él. Se acomodó las pegatinas moradas y se aseguró de que todo estuviera en orden, luego fue hacia la cocina con las dos mujeres.
Nashira terminaba de poner los cubiertos sobre la mesa, todavía estaba pensativa y se sentía estúpida por haber actuado de ese modo. Miró a Sukea entrar por la puerta, estaba comenzando a odiar esa sonrisa en su cara pero no podía ignorar que tenía una y muy bella.
—Algo no está bien con ese tipo —pensó cuando le indicó su lugar en la mesa.
—Espero que le guste, señor Sukea. Es pollo al horno y pasta con queso, el platillo favorito de Nashira —rió con mucho entusiasmo, Nashira puso cara de lamentación.
—Estoy seguro que está delicioso —tomó los cubiertos y empezó a cortar un pedazo para llevarlo a la boca, se quedó unos momentos masticándolo y luego sonrió—. Está excelente, es usted muy buena cocinera.
—Oh cielos, ¿qué cosas dice usted?
La tía Madoka se ruborizaba con facilidad, Nashira ni siquiera había intentado comer, se seguía atormentando por cometer un error. Miró el tenedor y el cuchillo, pensaba que eran irrelevantes, tenía la costumbre de comerse el pollo usando las manos, le gustaba ensuciarse las mejillas cuando lo mordía. Su tía la seguía reprendiendo por no tener tantos modales para comer, pero ella insistía en que así se disfrutaba más. Podría haber tomado la pierna de pollo con la mano pero entonces Sukea la miraría raro y se burlaría de ella, jamás se perdonaría humillarse así frente a alguien como él.
—¿No va usted a comer, señorita?
Reaccionó y miró a Sukea, luego quiso sonreír pero todo lo que pudo hacer fue estirar su boca sin emociones. Podía sentir también la fuerte mirada de su tía, ni siquiera la miró y tomó los cubiertos imitando la manera de cortar la carne como lo hacía el reportero.
—Señor Sukea, ¿es usted un reportero famoso? —La tía Madoka estaba curiosa por saber de él, Nashira sólo escuchaba y trataba de comer de una manera decente.
—Bueno, no soy especialmente popular, sólo trato de ganarme la vida.
—Me parece que lo he visto antes, por eso preguntaba. Pensé que quizás había visto su cara en alguna revista o en la televisión.
—No, jamás he salido en televisión —se rió nervioso—. Generalmente publico mis artículos bajo un seudónimo, me gusta mantener mi privacidad.
—Eso es irónico —por fin habló Nashira—. No le gusta que sepan de usted sin embargo, usted quiere saber la vida de todos.
—Bueno sí... Pero eso es porque yo no soy alguien importante y por eso a nadie le interesaría saber sobre mí.
—Entonces ha llegado su momento —ella tomó el valor suficiente para mirarlo a los ojos—. Yo quiero saber de usted.
Sukea se estremeció y tomó de su vaso con agua.
—¿Qué quiere saber de mí? Sólo soy una persona aburrida.
—Nada que no pueda responder. Simplemente cosas normales, ya sabe... ¿De dónde es? Si tiene hijos, esposa, novia, amante o deslices.
Sukea se quedó anonadado y la tía rió por lo bajo, pensaba que su sobrina por fin se había interesado en un hombre.
—Soy soltero y sin compromisos —dijo—, y sí, soy de esta aldea.
—Ya veo. Entonces ¿qué tipo de mujeres le gustan?
—Gracias Santo Monje —se oyó en voz baja la voz de la mujer mayor, Nashira trató de ignorar el comentario.
—Pu-pues... Jamás me había puesto a pensar en eso haha...
—Ehh... ¿Cómo es posible? Es usted un tipo apuesto, por el brillo de su cabello puedo deducir que lo lava con frecuencia y su piel impecable parece ser cuidada con cremas humectantes.
Kakashi se arrepintió de hacerle caso a Sakura y comenzar a usar ese tratamiento contra arrugas cuando la visitó en el hospital por una alergia. Ella le dijo que se estaba poniendo arrugado y eso lo hizo entrar en pánico.
—Me gusta verme presentable, recuerde que soy reportero.
Nashira lo estudió cuidadosamente y vio el lunar en su mentón, tuvo una idea descabellada relacionada con esa marca y se mordió los labios esperando que él no la descubriera fantaseando.
No hubo más cuestionamientos y la comida terminó en santa paz. Sukea preparaba su maletín para marcharse, no pretendía permanecer más tiempo o se metería en problemas.
—¿Eso es una cámara fotográfica?
Nashira se asomó a ver dentro del maletín donde tenía varias piezas.
—Sí, es un modelo reciente.
—Wow, se mira como nueva. Es usted muy pulcro con sus cosas ¿no? ¿Puedo verla?
Sukea sacó el objeto para entregárselo, ella lo tomó y lo miró fascinada. La emoción de su rostro era tan notoria que el hombre se sintió en armonía viéndola con esa expresión.
—¿Quiere que le tome una foto?
Ella movió sus ojos para posarlos en él.
—¿Eh? No, no hace falta. Ya tiene el video.
Sukea le quitó la cámara y la encendió.
—Es una cámara profesional, apuesto a que saldrá bien.
—N-no, no —ella movía sus manos—, de verdad no es necesario.
—Puedo tomarle una foto con su tía.
La mujer salió de la cocina y se acercó emocionada, Nashira no quería ser fotografiada había sido suficiente con la grabación.
—¿Por qué no sale usted también en la foto, señor Sukea? —Sugirió la tía Madoka.
—¿Yo?
—Sí, hay cámaras que tienen contador de segundos ¿no? ¿Ésta no es una de ésas?
Sukea miró su cámara y encontró el temporizador. La idea parecía descabellada pero por alguna razón también sonaba divertido. Jamás había tenido una foto de él disfrazado.
—Sí, acomódense en ese sitio voy a colocar el contador.
La tía arrastró a Nashira hasta la sección indicada y luego Sukea corrió a posarse con ellas. Evidentemente la mujer mayor lo colocó en medio y se tomó de su brazo. Nashira hizo una mueca de incomodidad y Sukea la jaló del brazo para que su imagen cupiera en la foto, luego habló.
—Digan cheese.
Sukea y la tía Madoka repitieron la frase, Nashira alzó una ceja con consternación ante tal pedimento y la foto fue tomada. Todavía estaba encandilada por el flash cuando Sukea y su tía estaban viendo la imagen que se proyectaba en la diminuta pantalla.
—Ouu... Qué foto tan linda. Haha mire la cara de Nashira, ella simplemente estaba aterrada.
—¿Qué? ¡Déjeme verla!
Iba a arrebatarle la cámara pero Sukea la alzó para que no la alcanzara y le sonrió.
—La próxima vez se la mostraré, primero debo imprimirla y le prometo que la traeré.
—Quiero verla ahora ¿qué pasa con mi cara? No puedo tener una fotografía donde me veo horrible.
—Nashira no seas escandalosa.
Sukea tomó su maletín e hizo una reverencia.
—Gracias por los alimentos señora Madoka, es usted muy amable.
—Vuelva cuando quiera, ésta también es su casa.
Iba a despedirse de Nashira pero ella tenía el ceño fruncido y habló antes que él.
—Lo acompaño señor Sukea.
Caminó con él más allá de la puerta y luego se detuvieron.
—Gracias por la entrevista.
—Por cierto... ¿En dónde la publicará? Me gustaría leerla, verla o lo que sea que hará con mi video.
Sukea se quedó petrificado y se rascó la barbilla.
—Bueno, voy a editar el video haciendo cortes de las cosas importantes. Pensaba que sería bueno enviarle una copia del video a su trabajo.
—Pero me gustaría ver lo que opinan otras personas.
—Ah... Actualmente estoy trabajando en un proyecto, quiero que una televisora pueda transmitir mis entrevistas. Si se llega a un acuerdo le prometo que le avisaré para que usted pueda ver la entrevista en televisión.
Sí, se había metido en un problema. No esperaba que Nashira le pidiera eso y ahora tenía que pensar en cómo salir del hoyo sin ser descubierto.
—Bueno, me voy.
—Espere.
Sukea volteó otra vez y se estremeció con los ojos violetas que lo estudiaban. Nashira estaba muy callada sólo viéndolo de pies a cabeza y haciendo muecas.
—No puedes engañarme.
—¿Eh? —Ella repentinamente le habló con más confianza.
—Tal vez al principio no me di cuenta pero ahora lo entiendo todo —soltó un sonido parecido a una risa aunque sonaba más a un quejido—. Debí imaginarlo. Ese cabello sedoso y brillante, tu mascada estilo invernal y esa gabardina verde que huele a jabón fino.
Sukea tragó saliva.
—Ve-verás...
—No tienes hijos, ni esposa, ni nada. Te gusta vivir en el anonimato y no me puedes decir qué tipo de mujeres te gustan. Ahora sé lo que pasa aquí.
—Nashira escucha, esto no es lo que crees. Hay una buena razón para esto.
Ella movió su cabeza afirmando sin dejar de verlo.
—Por supuesto que hay una buena razón.
—Entonces déjame explicarte, yo sólo-
—Eres gay.
Los ojos de Sukea casi se salen de sus órbitas y su boca por poco cae hasta el suelo. Estaba impactado por esa conclusión tan descabellada.
—No puedes negarlo, eres gay. Lo supe desde que vi tu cara cuando analizabas mi ropa.
—Oye, no... Espera, estás malinterpretando las cosas.
Nashira se acercó más y sus rostros estuvieron muy de cerca.
—Sukea, no lo niegues más, sé que es difícil pero puedes ser sincero conmigo. Si es tu secreto, no voy a revelarlo, te doy mi palabra.
—Escucha, esto no es así. No soy gay.
Nashira le puso las manos en los hombros.
—Hueles malditamente bien, los hombres que conozco apestan a cigarro, alcohol, tierra, carne cocida o a perro mojado.
Sukea estaba estupefacto, ella sacó esa repentina idea por el perfume caro que se echó ese día. Y lo que más le sorprendió es que hablaba del olor de todos los hombres que conocía, entonces ¿a qué olía Kakashi? Quiso preguntarle pero se abstuvo.
—Está bien si eres gay, todos tenemos nuestras preferencias ¿no? —Le sonrió y por primera vez vio en ella una sonrisa así de sincera. Sintió un apretón raro en el estómago.
—Nashira, yo...
—Podemos ser amigos, así no seremos tan solitarios ¿verdad? Tú me puedes dar consejos sobre cómo debo vestirme y qué productos puedo usar, quiero que mi cabello brille como el tuyo —se miró la trenza mal hecha.
—No sé si es conveniente que ella crea que soy gay —pensó— ¿qué debo hacer? Piensa Kakashi, piensa...
—¿Sukea?
—Volveré luego ¿sí? Gracias por tu tiempo.
No dijo nada más y se fue corriendo. El sudor le escurría por todo el cuello y gran parte de la culpa la tenía la mascada que estaba usando, se la arrancó de un tirón y se fue directo a casa.
Nashira se quedó allí de pie hasta que la figura masculina desapareció.
—Esto es extraño... Siento que lo conozco —recordó el olor de su perfume y se abrazó a sí misma—. Es una lástima que sea gay, eso explica por qué me aduló tanto.
Se miró la ropa y luego se rió, se sintió extrañamente feliz.
—Dijo que soy atractiva... Es bueno tener un amigo gay.
