Capítulo 13.- "Sospechas"
Un simple masaje de sienes no serviría para quitar el estrés y el dolor de cabeza que siempre le provocaba hablar con los consejeros Homura y Koharu. Apenas abandonó la sala donde minutos atrás mantuvo una conversación sobre el destino de la aldea, y Kakashi ya podía sentir que estaría harto por el resto del día.
Tomó una bocanada de aire y llevó su mano derecha a sobar su nuca. No había tenido el suficiente tiempo de pensar en su decisión de casarse con Kazumi, porque aunque le parecía una candidata conveniente todavía estaban esas ataduras político-socio-económicas que le estaban martirizando día con día. Temía que las cosas resultaran peor si terminaba contrayendo matrimonio con la distinguida señorita.
Sus pensamientos perturbadores se vieron interrumpidos por una imagen; Kakashi colocó ambas manos sobre el barandal de la escalera y miró a Nashira hablando con Shikamaru, ella le daba la espalda por lo que no podría notar que la estaba mirando. Aguzó el oído para entender de qué iba la conversación, ella no tardó mucho en levantar ligeramente el tono de su voz y fue allí donde los pulmones del Hokage casi se paralizaron.
—Entonces... ¿No hablaste con ningún reportero? —Ella insistía y el pelinegro movía los ojos hacia un lado tratando de hacer memoria.
—He hablado con muchas personas esta semana.
—Sí pero él era muy alto y tenía el cabello castaño y brillante —Nashira movía sus manos en el aire dando cierto grado de énfasis a su descripción—. Tenía esas marcas moradas debajo de los ojos y vestía ropa invernal.
—Esa es una descripción extraña —Shikamaru apoyó un brazo en el escritorio—, ¿dices que te ha entrevistado?
—Sí, me dijo que es un reportero freelancer y que ya había hablado contigo sobre esto. Se me hizo sospechoso por lo que...
—Ejem ejem —Kakashi apareció en medio de los dos y clavó su mirada en Shikamaru—, a trabajar, no es tiempo de estar platicando.
—Lo siento, señor —el moreno se disculpó y se alejó de allí.
—Nashira, no le quites el tiempo a los empleados.
Kakashi se giró sobre sus talones y la vio a la cara, pero ella seguía como perdida en sus pensamientos. Movió su mano frente al rostro de la mujer y ella ni siquiera se dio cuenta.
—Tal vez era un farsante —la oyó decir.
—Nashira te estoy hablando.
La mano de Kakashi fue hacia la cara de ella y le apretó las mejillas haciendo que su boca se comprimiera. Le pareció de lo más gracioso y no pudo evitar reír, Nashira por su parte se molestó y le quitó la mano para palparse las mejillas por el dolor causado.
—¡Los Hokages no hacen eso!
—No me estabas prestando atención y las empleadas no ignoran a sus jefes.
Nashira bufó.
—Estaba meditando ¿de acuerdo? También tengo mis preocupaciones.
—Nashira estaba pensando... ¿Cuándo tendremos una cita?
Ella alzó las cejas y por instantes no sintió su respiración.
—¿Por qué habríamos de tener una cita? —Se abrazó a sí misma.
—Oh, no lo malinterpretes. Recuerda que debes instruirme para mis citas con las candidatas, no queda mucho tiempo y aún no entiendo nada.
—Ah es cierto, lo había olvidado.
Caminó hacia su cubículo dejando a Kakashi atrás, luego él le siguió el paso y la miró sentarse frente al escritorio acomodando unas carpetas.
—Entonces quieres que tengamos una cita de prueba ¿no es así? —Habló sin mirarlo— ¿Quieres saber qué cosas se deben hacer?
—Bueno, no es como si estuviera muy entusiasmado. Pero tampoco quiero hacerlas pasar un mal rato.
Nashira sonrió con burla y negó con su cabeza.
—Definitivamente eres virgen.
—¡Que no lo soy! —Kakashi apoyó con fuerza sus manos en el escritorio haciendo saltar las carpetas.
—¡La mano no cuenta, Kakashi!
—Los dedos tampoco —contraatacó.
Nashira abrió la boca con indignación y no pudo soltar ninguna palabra, ella y Kakashi tuvieron un duelo de miradas y la sangre se le subió hasta la cabeza. Sabía que no tardaría en ruborizarse y odiaba esa sensación de humillación. Estaba intentando pensar en algo cruel para que él sintiera lo mismo pero todas sus fuerzas se mantenían en una batalla por no dejar de ver sus ojos negros.
—¿Quieres tomarte esto en serio, Nashira? —Dijo con seriedad y acercó su rostro— Recuerda porqué estás aquí, vas a ayudarme a entender a estas mujeres y cómo debo tratarlas sin lastimarlas, mi futuro depende de ello y por eso te elegí.
Ella tragó saliva con indignación y se sintió miserable.
—Para empezar, Kakashi —por fin pudo hablar—. A una mujer no debes intimidarla, no debes decirle cosas así de sucias ni burlarte de ella.
—Yo no hago esas cosas —se enderezó—, soy lo más respetuoso posible.
El labio inferior de Nashira tembló y respiró fuerte antes de aclararse la garganta.
—Si vamos a tener esa cita, deberás tratarme como se supone que tratas a las mujeres. Soy una mujer, Kakashi, por si no te has dado cuenta.
—Sé lo que eres, pero tú no eres una candidata a casarse conmigo.
—Gracias al cielo —dijo burlándose—. Tú dices cuándo quieres practicar tus citas.
—Lo más pronto posible.
—El domingo, a las diez de la mañana frente a la fuente del parque central. Allí nos encontraremos.
—¿Tan temprano? Ese tipo de citas son para jóvenes, yo soy un adulto.
Nashira se desesperó y apretó los puños debajo del escritorio.
—Oh muy bien ¿qué es lo que quieres entonces? ¿Que nos veamos a las ocho de la noche frente a un bar y después de un par de copas vayamos a un hotel?
Kakashi se llevó una mano a su cabello y no le quitó la vista de encima.
—Esto es serio, Nashira.
Ella se puso de pie.
—Estoy siendo seria, tú eres el que no entiende. Si te digo que es a las diez de la mañana es porque será a las diez de la mañana ¿de acuerdo? Y si te gusta, o si prefieres despedirme y contratar a alguien más para que se haga cargo de ti.
—De acuerdo, vamos a tranquilizarnos ¿sí? —Kakashi caminó de un lado a otro respirando profundo— Ambos estamos tensos por diversas razones pero no caigamos en la frustración o diremos cosas que no debemos decir. Volveré a la oficina, y pensaré en todo esto. Tú debes hacer lo mismo.
Nashira se dejó caer en la silla.
—¿Quieres arroz con pollo o tonkatsu para la comida? —Había tomado una libreta para anotar lo que pediría al restaurante pero no lo estaba mirando a la cara.
—No te preocupes por eso, saldré a comer más tarde.
Sin decir nada más salió del cubículo, Nashira aventó la libreta al suelo y echó la cabeza hacia atrás.
—Es un imbécil.
(...)
Ni siquiera sabía por qué estaba llorando, pero se limpiaba las lágrimas dentro del cubículo del baño. Ese día sus emociones habían estado a flor de piel y todo le parecía mal; no quería verse en el espejo y odiaba cómo su cabello se puso rebelde esa mañana. Imaginaba que eran esos horribles síntomas premenstruales.
Estaba a punto de salir cuando escuchó unos pasos y voces femeninas; se mantuvo en silencio escuchando cuando oyó su nombre en boca de ellas.
—¿Has notado que el Hokage pasa mucho tiempo cerca de la nueva?
—¿Te refieres a la tal Nashira?
—¿Quién más? Ella me parece rara, nunca habla con nadie que no sea Shikamaru o el Hokage.
—¿Crees que ella y el Hokage...? —La mujer bajó un poco el tono de su voz y Nashira rápidamente levantó sus pies para que no se dieran cuenta que estaba allí— ¿Crees que ellos dos sean amantes?
Nashira sintió náuseas.
—¿Qué? —La otra mujer empezó a reír— ¿Qué? ¿Amantes? ¡No, qué va! Ella es muy poco agraciada, ni siquiera se ve que le interese vestirse bien. El Hokage es como un dios de pura perfección, no sabes qué ganas tengo de perderme entre sus brazos.
—Ay sí, sí, yo también —ambas suspiraron—. Siempre huele bien, saluda con mucho respeto y su fuerte presencia varonil me hace enloquecer.
Nashira puso los ojos en blanco. Pensó que eran un par de idiotas.
—Oye, oye, oye —rió una de ellas y empezó a hablar más bajo— ¿has visto cómo le quedan los pantalones? ¡Oh, dios!
—¡Sí! ¿No te dije el otro día que le miraras la retaguardia?
Siguieron con su cotilleo hasta que se dejaron de oír sus voces. Nashira bajó los pies y se levantó para salir a lavarse las manos. Casi se le acalambraban las piernas de tanto soportar el peso de su cuerpo.
—¿Quién en su sano juicio le mira el trasero a ese creído? —Dijo para sí misma mientras se enjabonaba las manos— Si supieran que su príncipe va a casarse con una niña rica no estarían tan contentas...
Sus ojos se desviaron al gran espejo que tanto había querido evitar, miró su reflejo y se acomodó un mechón de cabello tras la oreja.
—Ese reportero dijo que soy atractiva —alzó una ceja—. Me pregunto qué habrá sido de él, ya han pasado varios días desde la entrevista.
(...)
Kakashi hojeaba el periódico en la sección de canales televisivos y anotó una dirección en una hoja de papel. Su conciencia no había dejado de martillar dentro de él y se sentía muy culpable por la manera en que trató a su empleada desquitándose con ella toda la frustración causada por la junta con los consejeros.
—Soy un tonto —masculló—, ahora tengo que hacer otras entrevistas para que pase desapercibido este asunto.
Estiró los brazos y se recargó en el respaldo de la silla mirando hacia el techo. Su vista estaba tan perdida que le estaba causando sueño por lo que se enderezó y sacudió la cabeza.
—Primero el trabajo y luego las distracciones.
Recogió los papeles en su escritorio y abrió el primer cajón del mueble para guardarlos pero estaba lleno así que bajó al segundo y al abrirlo vio su libro de tapas naranjas.
—¿Eh? ¿Cuándo puse esto aquí?
Guardó el resto de las cosas y sacó el libro, lo miró por ambos lados y posteriormente lo abrió. Sus párpados se levantaron y hojeó en un movimiento rápido el contenido.
—¿Y los rayones y anotaciones que hizo Nashira?
El libro estaba intacto, pero definitivamente no era un ejemplar nuevo. Buscó dentro de su mochila el mismo libro y lo encontró, ése que días atrás le arrebató a su empleada para descubrir que estaba lleno de notas sobre la historia.
—¿Por qué demonios hay dos libros?
Miró ambos objetos y los comparó, pero definitivamente el libro del cajón era el suyo. Tenía esa marca en la tapa trasera que hizo con su kunai por accidente una noche que dejó caer su herramienta ninja.
Kakashi se sobó la barbilla analizando la situación, estaba confundido. Luego recordó la noche del evento para conocer a sus candidatas.
—Es cierto... Yo guardé el libro para que ella no lo viera.
«—Mi pasatiempo es la lectura.
—¿Qué tipo de lectura?»
—Esa vez... Ella se puso incómoda.
No tardó mucho en llegar a la conclusión. Se levantó de golpe aún con los libros en sus manos sacando un sonido similar a un jadeo.
—¡Nashira lee esta clase de libros!
Dejó los ejemplares sobre el escritorio y se cruzó de brazos observándolos. Caminó de un lado a otro tratando aclarar todo en su mente.
—No tenía idea de que a una mujer le gustaran este tipo de lecturas. Ella es grosera, nada tierna y siempre agradece ser soltera; pareciera que tiene cierto odio por el romance real.
Hizo memoria recordando una frase la última vez que la vio cuando se disfrazó de Sukea.
«—Está bien si eres gay, todos tenemos nuestras preferencias ¿no?»
—¡Ah!
Kakashi se tambaleó y se sostuvo con la pared.
—¿Podría ser que a ella... le gusten las mujeres?
Tocaron la puerta y Kakashi se apresuró a esconder los libros en su mochila mientras autorizaba la entrada a su oficina, se abrió la puerta dejando ver a Sai.
—Señor, traigo los reportes que me pidió.
—Sí, gracias —extendió su mano para recogerlos—. Esto... Sai ¿cuál es el término utilizado cuando a una mujer le gusta otra mujer?
Sai parpadeó en repetidas ocasiones sin dejar de ver a su superior, Kakashi estaba a punto de retractarse.
—Defina gustar —dijo el pelinegro.
—Gustar de modo romántico y sexual.
—Lesbianismo —argumentó sin titubear—. Lo leí en un libro.
—Lesbia... ¿Nashira es lesbiana? —Musitó pero Sai no pudo entender su frase.
—¿Necesita algo más?
—No, gracias por los reportes.
Apenas abandonó la oficina y Kakashi caminó directo a su silla donde depositó todo su peso. Sus pensamientos cada vez eran más confusos pero estaba un poco seguro de que esa era la razón por la que Nashira no mostraba interés en nadie y aparentemente congenió con Sukea pensando que él era gay.
—Eso puede ser, por eso entiende bien a los hombres y sabe cómo manejarlos. Dijo que en la cita debo tratarla como se supone que trato a las mujeres.. ¡Oh! —Chocó su puño sobre la palma de su mano— Esto debe ser una tortura para ella, debo ser cuidadoso —miró su mochila—. Le devolveré su libro cuando esté menos estresada.
Una vez más dos golpecitos sonaron en la puerta. Nashira asomó la cabeza antes de escuchar el habitual «adelante».
—Necesito hablar contigo —afirmó.
—Entra.
Cerró la puerta tras ella y se quedó de pie frente a Kakashi hasta que él le indicó que tomara asiento.
—¿Qué pasa?
Ella apretó los labios y jugó con los dedos de sus manos como símbolo de nerviosismo.
—Quiero... Quiero ofrecerte... Una disculpa.
—¿Por qué?
Nashira frunció el ceño, le estaba resultando más difícil de lo planteado.
—Por decir... Que eres virgen.
—Ah.
El silencio incómodo otra vez se hizo cómplice en aquella situación. Kakashi carraspeó y ella se acomodó el cabello. Él sabía que era su turno para disculparse pero repentinamente un calor extraño lo sofocó y de nueva cuenta se levantó para caminar de un lado a otro.
Los ojos de Nashira prestaron atención al trasero de Kakashi cuando lo vio poniéndose de pie caminando hacia el ventanal y después hacia la puerta; recordó aquella conversación de las empleadas.
«¡Qué demonios! ¡Es cierto!»
Aunque estaba sorprendida por el gran descubrimiento de que, efectivamente Kakashi tenía buen trasero, no podía aguantarse la risa y apretó la boca llevando también una mano para cubrir el gesto que se formaba en su cara.
—Quiero disculparme también por lo que dije —Kakashi volteó viendo la espalda de Nashira, ella estaba cabizbaja—. Debo moderar mis palabras contigo, lo que dije fue grosero y ofensivo, lo siento.
Kakashi observó que la espalda de Nashira subía y bajaba y pensó que ella estaba llorando en silencio. Creyó que sus palabras habían ocasionado ese sentimiento en su empleada, se dirigió a ella y colocó una mano en su espalda, Nashira volteó y se limpió las lágrimas que se le formaron por reírse.
—No es necesario que llores, ah... No sé cómo lidiar en estas situaciones.
—¿Eh? —Ella no entendió lo que pasó— No estoy llorando.
—Escucha, sólo acepta mi disculpa por ofenderte. Vamos a trabajar juntos como profesionales.
Kakashi extendió su mano y ella la miró aún confundida pero de igual manera la terminó estrechando, sintiendo y viendo lo grande que era la mano del Hokage en comparación con la suya. Incluso era cálida, Nashira casi siempre tenía las manos frías y el contraste era demasiado notable.
(...)
Apenas terminó la jornada y los pasos de Kakashi se apresuraron a llegar a un sitio donde estaba seguro, encontraría claridad a sus preguntas sobre un tema nuevo para él.
Tocó el timbre dos veces y luego la puerta fue abierta mostrando a un muchacho alto de cabello negro con mirada intensa.
—Hola Sasuke.
La puerta se cerró en su cara. Kakashi parpadeó y volvió a tocar el timbre.
—Vete —oyó la voz masculina luego abrieron la puerta otra vez.
—¡Kakashi sensei! —Exclamó Sakura— Qué gusto verlo —miró a su esposo—. Sasuke, ¿por qué cerraste la puerta?
—Pensé que era un ladrón —Sakura negó con su cabeza y luego sonrió a su antiguo maestro.
—Por favor pase, sensei.
Kakashi le sonrió a Sasuke y se quitó los zapatos antes de entrar. El Uchiha se quedó de pie observándolo mientras Sakura le ofrecía té. Kakashi miró a Sarada sentada jugando con unos muñecos de peluche sobre una manta acolchada
—Sarada está creciendo muy rápido —dijo sin quitar su vista de la adorable niña—. ¿Piensan inscribirla a La Academia Ninja cuando tenga los seis años?
—¿Seis años? Cuando yo ingresé tenía cinco —dijo Sakura.
—Hablé con Iruka y otros administradores, llegamos a la conclusión de que sería bueno cambiar la edad mínima para ingresar. Estoy trabajando duro para que esta generación crezca en un periodo de paz así que no veo por qué apresurarnos a formar shinobis.
Sakura miró a su hija.
—Sarada es una Uchiha después de todo, ella definitivamente será una gran kunoichi.
Sasuke relajó los hombros y caminó hasta la sala para tomar asiento.
—¿A qué has venido, Kakashi?
El Hokage dio un sorbó al té de limón que Sakura le sirvió, haciendo tiempo para contestar.
—Vine a hablar con Sakura.
Sasuke alzó una ceja y su esposa se sentó junto a Kakashi haciéndolo indignarse aún más.
—Dígame sensei, ¿qué ocurre?
—He estado pensando que tal vez debí pedirte ayuda desde un principio con el asunto de las candidatas.
Sakura miró de reojo a Sasuke y luego sonrió al verle la cara de amargado.
—Pero sensei, usted tiene a Nashira.
—Sí pero... Bueno, sé que sólo debería preocuparme por las candidatas y ahora también quiero saber cómo tratarla a ella.
Sakura levantó sus palmas y se encogió de hombros.
—¿Qué no es lo mismo? Ella también es una mujer.
Kakashi dejó la taza sobre la mesa y se acercó más a Sakura para hablar en un tono más bajo, aunque era completamente inútil ya que todos en la habitación podían escuchar su voz.
—Creo que ella es lesbiana.
Sakura alzó las cejas y abrió la boca.
—¿Qué? ¿Está seguro de eso?
—Bueno... Es a la conclusión que he llegado. Sabes, ella siempre es ruda conmigo y hay otros comportamientos que me resultan confusos.
—Kakashi sensei, posiblemente usted esté malinterpretando las cosas. Las mujeres también pueden ser rudas, míreme a mí.
—Sakura, tú eres un frágil pétalo de una rosa.
Sasuke frunció más el entrecejo y no les quitó la vista de encima, Sakura empezó a reír con nerviosismo.
—Quiero decir, es cierto que eres fuerte pero cuando Sasuke aparecía frente a ti te ponías toda nerviosa y temblabas como gelatina.
Sakura se sonrojó.
—En cambio Nashira parece traer algo contra toda forma de cariño.
—¿Por qué mejor no te casas con ella, Kakashi?
Tanto Sakura como Kakashi voltearon con Sasuke quien estaba recargado en el brazo del sillón y con una mirada de pocos amigos.
—¿Qué? —Kakashi expresó con desconcierto.
—Pareces más interesado en tu asistente que en las candidatas.
—Eso es porque trato con ella a diario y sólo quiero una relación más amena.
—Kakashi sensei no se altere, Sasuke sólo está bromeando.
—Creo que ya es hora de que me vaya a casa —se levantó.
—¡Kakashi sensei!
—Estoy de acuerdo con eso —el Uchiha lo imitó.
—¡Sasuke!
—Buenas noches —dijo Kakashi sin dejar de ver a Sasuke.
—¡Ya basta ustedes dos!
Sakura empujó a Sasuke y lo regresó al sofá, tomó a Kakashi del chaleco y lo llevó afuera de su casa cerrando la puerta de golpe.
Sasuke se quedó un par de segundos asimilando lo que su esposa acababa de hacer y volteó con Sarada quien le dedicó una tierna sonrisa.
—¿Qué rayos le pasa a tu madre?
Afuera, Sakura soltó a su maestro y lo hizo tambalearse.
—Kakashi sensei, lamento el comportamiento de Sasuke. Aunque usted ya sabe cómo es él. Ha estado más irritable estos días por un asunto en particular.
—Ah, está bien, no te preocupes.
—Sólo quiero aconsejarle algo sensei. No vaya por el mundo etiquetando a las personas sin conocerlas, usted a veces puede ser un poco insolente con sus comentarios.
—¡Ah! —Exclamó Kakashi.
—¿Sensei me está escuchando?
—¡Me bajé la máscara frente a Sasuke cuando tomé el té!
Sakura rió.
—¿Qué tiene de malo que le haya visto el rostro? No es una gran sorpresa.
—Bueno, me gusta mantenerlo oculto. Ah... En fin. Iré a casa a descansar. Buenas noches Sakura.
Dio unos cuantos pasos antes de ser detenido por la voz de su alumna.
—Sensei... Recuerde esto: sea cuidadoso con sus acciones y palabras, Nashira también es una mujer.
Él alzó su pulgar antes de desaparecer, Sakura se mantuvo viendo hacia el cielo y luego sonrió al recordar la cara de Sasuke.
—Él definitivamente estaba celoso.
(...)
«Él tenía los ojos como miel clara y hermosa, y su sonrisa era la más encantadora. Su suave tacto la estremecían toda completa y los segundos sin estar a su lado parecían eternos.
—Quédate conmigo esta noche.
Ofreció él, y ella no pudo resistirse a la tentación de sus palabras.»
Kakashi dejó Romance prohibido sobre su abdomen, y se quedó mirando hacia arriba mientras descansaba sobre su cama. Estaba releyendo la más reciente y última novela que compró para llenar su vacío interno.
—¿Sería grosero si le presto este libro a Nashira?
Miró la portada y acarició las letras brillantes con sus dedos.
—Es lo más cercano al tipo de historias que el maestro Jiraiya solía escribir, supongo que si ella también es amante de este género, esta novela podría gustarle.
(...)
Nashira estaba acostada abrazando una almohada, no había tenido apetito cuando volvió a casa y decidió tomar un baño para descansar.
Su mirada estaba perdida vagando en los recuerdos, se sentía extraña y su mente no descansaba en absoluto. Llevó su pulgar a sus labios y vio esa escena cuando a Kakashi se le pegó la tela del pantalón. Una risa inmediata apareció y sintió que le ardía la cara.
Luego, observó su mano y se acordó del cálido tacto y la comparación de tamaños de ambas manos: la de ella y la de él.
—Kazumi será la mujer a la que esas manos protejan —dijo en voz baja sin dejar de ver su propia extremidad—. Él no será grosero con ella, la cuidará siempre.
Bajó su brazo y respiró hondo mientras se aferraba a la almohada. Sus ojos se cristalizaron y luchó por no sentirse débil.
—¿Por qué tuve que ser tan estúpida? —Una lágrima resbaló por su cara y la limpió con la sábana, se giró para estar de frente con la pared—. Si tan sólo no me hubieras mentido... Si yo no hubiera cruzado ese bosque —suspiró y más lágrimas mojaron su cara, sollozó en silencio—... Te odio, maldito ninja.
