Capítulo 14.- "Engaños"
Un cálido aliento recorría todo el cuello de Nashira erizándole la piel mientras unas fuertes manos acariciaban su cintura y espalda. El cuerpo le temblaba con cada toque y no pudo evitar suspirar cuando unos labios la besaron lentamente.
—Kakashi, detente...
Susurró, pero su petición fue ignorada. El hombre continuó haciéndola su presa, manteniéndola quieta bajo su torso desnudo.
Cerró los ojos de puro placer y jadeó estremeciéndose. Sus piernas se extendían y enroscaban mientras su respiración aumentaba el ritmo con cada beso.
—Kakashi...
Cuando sintió tocar el cielo, abrió sus ojos y vio la luz colándose por la cortina, tardó un rato en reaccionar pero el golpe fue más duro cuando llegó a la realidad. Se enderezó tomando aire y respirando fuertemente, se miró las manos y el cuerpo, estaba vestida con su pijama de lunares blancos y casi bañada en sudor. Luego, pasó al estado de negación.
—No, no... No, no no ¡NO! —Llevó ambas manos a sus mejillas— ¡No soñé eso! ¡No pude haber tenido un sueño erótico con Kakashi!
Se levantó rápido de la cama y se tropezó con la sábana, como pudo se arrastró hasta llegar al espejo de cuerpo completo y se miró.
—Ya no tengo quince años ¿qué diablos pasa conmigo?
Todavía no asimilaba lo que acababa de soñar, culpó a los escritos que estaban sobre su buró y que estuvo leyendo. Miró el reloj, aún le quedaba tiempo para bañarse y prepararse para ir a trabajar.
Se tallaba con fuerza los brazos y piernas con la esponja llena de jabón, como queriendo quitarse la sensación de unas caricias ficticias que se sintieron muy reales. Se enredó en la toalla y salió a secarse el cabello, cuando el aire caliente le rozó la nuca sintió cómo su cuerpo vibró y casi se le cayó el aparato hasta el suelo.
—Tranquilízate, Nashira —repitió en voz baja—, sólo fue un sueño tonto.
—¡Nashira! ¿Ya te levantaste? He preparado el desayuno.
Oyó el grito de su tía y apresuró el paso a vestirse.
—¡En un momento voy! —Miró a todos lados— ¿Dónde demonios dejé mi cepillo?
Apenas se había puesto la blusa y comenzó a buscar el cepillo para peinarse, estaba demasiado tensa para pensar con claridad. Se agachó para ver debajo de la cama, luego volteó la cabeza y lo vio tirado cerca del armario.
—¡Allí estás!
Comenzó a cepillarse y mantuvo su liga en los labios. Miró hacia la mesita y no encontró su bolso.
—¡Oh, por favor!
Abrió la puerta de su habitación y salió para ir donde su tía. Estaba bajando presurosa la escalera cuando devisó a la mujer sirviendo el almuerzo.
—¡Tía! ¿Has visto mi bolso?
Tras decir esas palabras se congeló, sus ojos fueron directamente al hombre castaño que estaba parado en la sala y que al verla, parecía asustado.
—Sukea...
—¡NASHIRA! —Gritó su tía— ¡Ve y ponte unos pantalones!
Ella reaccionó y miró hacia abajo para darse cuenta que sólo estaba usando bragas.
—¡AHH!
Sukea se volteó apenado y Nashira subió de nueva cuenta la escalera pero corriendo. La tía Madoka se disculpó por la imprudencia de su sobrina.
Apenas llegó a su habitación y cerró la puerta, se dejó caer hasta el suelo con el corazón acelerado y la cara casi al rojo vivo.
—Esto no me puede estar pasando, no puede estar sucediendo.
Miró sus pantalones y los agarró para ponérselos.
—Cálmate, cálmate... De todos modos él es gay ¿no? —Se subió la cremallera— Y a todo esto... ¿A qué vino?
Volvió a la sala pero con menos velocidad, el aroma de la comida que su tía Madoka preparó, le estaba llegando a las fosas nasales.
—Buenos días —saludó Sukea al verla aparecer.
—Hola —contestó sin verlo directamente—. Qué sorpresa verte de nuevo, pensé que habías muerto.
Sukea rió.
—Estaba ocupado editando la entrevista ¿lo recuerdas?
Ella afirmó moviendo su cabeza, su tía volvió a la sala con una bandeja.
—Y ¿a qué se debe tu visita?
—Bueno, quiero acompañarte al trabajo para hacer algunas entrevistas. Ya sabes, para complementar mi proyecto.
—Oh, supongo que antes debes pedir permiso ¿no?
—Ya hablé con el Hokage.
—¡¿Qué?! ¡No! ¡No debiste! —Nashira se volteó— Ahora él sabrá de mi entrevista —pensó.
—Vamos, será divertido.
(...)
Era una mañana fresca y esplendorosa. Ambos caminaban por las calles de la aldea, veían cómo algunas tiendas eran abiertas y se preparaban para los clientes.
—¿Te gusta vivir en Konoha? —Repentinamente preguntó Sukea.
—Supongo.
—Hmm... No eres de muchas palabras ¿verdad? Me pareces una mujer misteriosa.
—Soy normal.
La Torre se podía ver cada vez más cerca, Nashira estaba desesperada por llegar para evitar ese terrible ambiente entre ambos, aunque él parecía indiferente a lo sucedido con su accidente del pantalón, ella todavía estaba incómoda.
—¿Sabes? Estaba pensando... Ya que me dijiste que te gusta la lectura ¿por qué no vamos a la librería después del trabajo?
Nashira sintió un escalofrío y se puso tensa.
—Yo no... Por el momento estoy muy ocupada y no puedo dedicarme a ese pasatiempo, lo siento.
—¿Eh? ¿De verdad? Ah... Qué lástima.
—¿Puedo saber por qué quieres entrevistar a más empleados? Creí que antes de mí ya lo habías hecho.
—Recuerda que todos los que vi me dijeron que tú eras la más importante, así que primero fui contigo.
Nashira achicó los ojos dudando de la veracidad de sus palabras. No hubo otro interrogatorio y entonces llegaron a la Torre. Las puertas automáticas se abrieron y algunos trabajadores les miraron de reojo.
—Bueno, aquí nos despedimos —dijo ella volteando a verlo—, estoy segura que no me necesitas.
—Espera, ¿te sientes bien? Estás muy seria.
—Estoy bien, sólo son cosas de mujeres.
Le dio unas palmaditas en el hombro y se alejó de él.
—Ah... Ahora tengo que hacer esas entrevistas inútiles —pensó Kakashi y miró alrededor para buscar a su víctima.
(...)
En uno de los cubículos del baño, Kakashi reposaba su cuerpo cansado. Había consumido mucho chakra manteniendo el clon de sombra en su oficina, mientras el verdadero se paseaba por la Torre vestido de Sukea.
Pegó la cabeza a la pared de metal y cerró los ojos, estaba harto de llevar esa gabardina pesada.
—Ya tengo treinta y cinco años, no debería estar haciendo estas cosas...
Recordó el incidente en la casa de Nashira y visualizó aquellas piernas que miró escasos segundos antes de voltearse por pudor.
—Esa mujer tiene muy mala suerte... Ah, bueno... Es hora de volver al engaño.
Se quitó la gabardina antes de salir del baño, la dobló y la llevó donde Nashira trabajaba muy concentrada. Ella le escuchó llegar pero no volteó a verlo, siguió anotando en una libreta.
—¿Puedes cuidar mi abrigo? —Ella finalmente alzó la vista— ¿Por favor?
—Sí, déjalo sobre esa silla.
Sukea colocó la prenda donde le indicó y fue entonces que Nashira comenzó a prestar más atención. El cuerpo del reportero le parecía muy familiar, la manera en que la ropa le encajaba con la figura era de alguien que se ejercitaba.
—¿Haces ejercicio? —Soltó sin dejar de verlo.
—Un poco —contestó y se empezó a poner nervioso por la manera tan fuerte en que esos ojos violetas le miraban .
Nashira se levantó y lo observó con más detalle, él retrocedió discretamente.
—¿Pasa algo?
—Te pareces a alguien que conozco.
—¿Eh?
Sukea casi sudaba por el temor de ser descubierto, quiso salir de allí pero Nashira dejó atrás el escritorio para acercarse a él y mirar todo su cuerpo.
—Tengo que irme —dijo.
—Un momento —los ojos de ella terminaron conectándose con los del hombre, se mantuvo seria y después sonrió—. Olvidamos estrechar nuestras manos ¿no?
—¿Qué?
Nashira tomó la mano derecha de Sukea y la estrechó en un saludo, luego observó ambas manos juntas.
—Ya sabes, somos amigos.
—Ah, sí, sí, claro. El saludo.
Sukea agitó la mano correspondiendo.
—Debo irme.
—Haz bien tu trabajo —le volvió a sonreír y posteriormente le estiró las mejillas.
—¡Ouch! ¡Oye eso duele! —Se quejaba.
—Perdón, es que tu carita es tan tierna. Por cierto —se le acercó más para susurrarle—... ¿Qué te parece si después del trabajo, vamos a beber unas cervezas?
—Yo... No bebo.
Nashira le pegó un manotazo en la espalda y él apenas pudo quejarse.
—Siempre hay una primera vez. Por favor ¿sí? ¿Sí?
—De verdad no puedo.
—Sukea —lo tomó por los hombros—, necesito pedirte un consejo de amigos y tú eres mi único amigo en el mundo.
Sukea sonrió nervioso.
—De acuerdo, cuando salgas de trabajar iremos.
—¡Genial! Eres el mejor amigo gay del universo —lo abrazó con fuerza y Sukea arrugó la frente por la falta de aire.
—Na-shi-ra... No-pue...do...
Lo soltó.
—Ahora volveré a trabajar, ya puedes continuar con lo tuyo.
Lo empujó fuera del cubículo y regresó a sentarse mientras veía cómo él se marchaba sobándose el pecho.
La sonrisa de los labios de Nashira poco a poco se fue desvaneciendo y se miró la mano, luego, apareció un sentimiento extraño que no fue capaz de describirse pero se sentía como un ligero cosquilleo.
—¿Por qué estás jugando al disfraz, Kakashi?
Cerró la mano en un puño y suspiró.
—Bien, lo admito, me engañaste la primera vez —apoyó la cabeza en la superficie del escritorio—, por lo tanto llegó la hora de mi venganza.
Giró la cabeza y su rostro permaneció mirando las notas adhesivas que pegó en el pizarrón de su derecha, todas eran reuniones programadas para su jefe, las acomodó de manera que no le impidieran descansar lo suficiente entre una y otra; ella estaba consciente de la gran responsabilidad que Kakashi cargaba sobre sus hombros y también sabía que al final él terminaría casándose con Kazumi.
—¿Nashira?
Levantó la cabeza y miró a uno de los trabajadores, él cargaba en sus manos algunos catálogos que incluían restaurantes.
—¿En qué puedo ayudarte?
—Quiero hablar con el Hokage, ¿crees que pueda recibirme ahora?
La vista de Nashira se enfocó en los libros, presentía saber para qué eran. El hombre frente a ella era sin duda uno de los encargados de la planificación de las citas con las candidatas.
—Déjame revisar su agenda —tomó un cuaderno y lo abrió, con su dedo recorrió la hoja hasta que se detuvo—. Tienes diez minutos antes de su hora de comida.
—Perfecto. Gracias Nashira.
El hombre se fue y ella se quedó mirándole la espalda antes de que desapareciera de su vista.
—Me pregunto si tendrá tiempo de cambiarse antes de que ese sujeto suba a su oficina.
(...)
El reloj marcó las siete, Nashira se levantó de golpe y guardó sus cosas en el bolso, se lo colgó y salió apresurada del cubículo mirando a todos lados para localizar a Sukea.
—¿Ya te vas? —Oyó una voz femenina, volteó y miró a una de las secretarias.
—Ya es la hora de salida —dijo.
—Cielos, Nashira... Eres muy puntual para retirarte —dijo con un tono que la molestó.
—Bueno, es mi recompensa por terminar mi trabajo a tiempo —hizo una reverencia—. Te ayudaría con todo tu papeleo —miró las montañas de carpetas en el escritorio de la mujer— pero, ese no es mi problema.
Se ajustó el tirante del bolso y corrió hacia Sukea cuando lo vio bajando la escalera. Lo tomó del brazo y lo jaló para que bajara con más prisa.
—¡Hey! ¡Cálmate! No tienes por qué jalarme —dijo con su voz temblando por el movimiento de su cuerpo.
—¡Nos van a ganar la mesa que me gusta!
Lo arrastró hasta fuera de la Torre y corrió sin soltarlo para llegar al bar. Sukea estaba arrepentido de haber aceptado la invitación. Todavía no se podía reponer del esfuerzo que hizo porque su clon no desapareciera cuando tuvo esa reunión con el hombre de los catálogos. Ni siquiera recordaba de qué hablaron.
—Bienvenidos —dijo el dueño del local cuando los vio entrar.
—Por favor, queremos dos cervezas de trigo.
—Nashira yo no beb-
—Como ordene, señorita.
—Vamos, vamos Sukea. Mi mesa favorita está disponible.
Lo empujó hasta llevarlo al lugar predilecto, se sentaron frente a frente y ella apoyó ambos codos en la mesa para sostener su rostro mientras lo veía con una expresión de emoción. Estaba aprovechando el momento para verle bien el rostro, saber que su jefe tenía ese aspecto le resultaba divertido por algún motivo.
—¿Estás bien? —Preguntó quitándose la mascada— Te miras algo... Feliz.
—¿Y no puedo serlo?
—Bueno, sí... ¡Ah! Dijiste que querías pedirme un consejo.
—Uhm... Es cierto.
El dueño del local llegó hasta la mesa y les colocó dos tarros con cerveza de trigo, a Nashira le brillaron los ojos y agradeció con una extensa sonrisa. Kakashi respiró profundamente.
—¿Y qué consejo necesitas?
Nashira bebió un gran trago y se llenó el labio superior de espuma.
—Justo lo que necesitaba.
—Nashira, me estás ignorando... Y tienes la boca llena de espuma.
—Sukea, tengo un jefe horrible —expresó y él se quedó callado al saber que se refería a su persona—. Se la pasa gritándome y burlándose de mí, me explota en el trabajo y todavía tiene el descaro de pagarme una miseria.
—Te... ¿Te refieres al Sexto Hokage?
—¿A quién más? —Volvió a beber— Sé que es un hombre responsable y comprometido con su trabajo pero desquita su frustración conmigo. A veces llego a casa y me pongo a llorar por lo miserable que me hace sentir.
—¡¿Qué?! ¡¿Lloras?!
Kakashi estaba comenzando a sentirse culpable con la sinceridad de su asistente.
—Pero no hablemos más del amargado de mi jefe, hablemos de ti. Quiero saber más sobre ti, Sukea.
Se rascó la frente y dio un trago a su cerveza antes de contestar, no sabía qué responder. Los ojos violetas de la mujer lo observaban casi sin pestañear y eso lo ponía muy inquieto.
—Soy sólo un reportero.
—Sí pero... ¿Cuándo descubriste que eres gay?
—¡Shh! No digas eso tan fuerte —miró a todos lados—. No sé cómo has llegado a esa conclusión.
—Sé que eres gay, lo dice tu cara. Y justamente porque eres así —se acercó más—, es que confío en ti y quiero contarte todos mis secretos.
La oreja de Kakashi tembló con interés, eso sonaba fenomenal.
—¿Todos tus... secretos?
Ella asintió moviendo su cabeza y bebió.
—Sí, todos, todos mis más oscuros secretos.
La ceja de Kakashi se levantó al igual que su tarro y brindó con Nashira.
—Por nuestra amistad sin secretos.
—¡Salud! —Dijo ella sonriendo y se bebió todo el contenido— Ahh... Tan bueno. Necesito otra —se levantó— ¿Quieres que te traiga otra cerveza?
—No, descuida, aún no termino con la que tengo.
—Bien.
Ella avanzó hasta la barra mientras tarareaba una canción, Kakashi la observó sobre el hombro y una malévola sonrisa se le dibujó en los labios.
«Pronto estará tan ebria que la lengua se le soltará»
Nashira volvió a la mesa con dos tarros de cerveza y se sentó para tomarlos mientras Sukea la veía con aparente calma tratando de no sonreír demasiado.
Ella siguió con su trabajo y Sukea de vez en cuando le daba pequeños tragos al líquido que aún quedaba en su recipiente. Estaba a la expectativa del momento en que Nashira perdiera el control y empezara a hablar incoherencias.
Al término del tercer tarro, Nashira se limpió la boca con el dorso de la mano y sus ojos adormilados lo miraron tratando de enfocarlo.
—Sukea —dijo ella con su lengua dormida—, eres el mejor amigo gay que he tenido —rió—, de hecho... Eres mi primer amigo.
—¿Cómo te sientes Nashira? ¿Puedes pensar con claridad?
Ella movió la mano en el aire.
—Por supuesto, por eso iré a la barra por otra cerveza.
Se levantó balanceándose y casi se hubiera caído al suelo si Kakashi no la sostenía antes, ella empezó a reír sin control.
—Creo que ya bebiste suficiente, es hora de irnos.
—No seas aburrido —le apretó las mejillas—, la noche es joven y hoy es viernes.
—Mañana tienes que ir a trabajar así que —se levantó y la sostuvo de los hombros con fuerza—, vámonos.
—Sukea, no, espera —persistía y ponía resistencia a caminar—, todavía no quiero irme.
El dueño del local estiró el cuello para ver lo que sucedía y sonrió para después continuar limpiando unos vasos.
—Nashira, no es de buena educación hacer escenas de este tipo en público. Anda, hay que irnos.
Lo tomó del cuello y se puso de puntillas para alcanzar su oreja.
—No he pagado la cuenta —sonrió y Kakashi puso los ojos en blanco—. Puedes sacar unos billetes de mi monedero.
—Está bien, yo pagaré.
Ella seguía aferrada a su cuello poniendo mucho peso sobre su cuerpo.
—¿De verdad lo harás? Eres el mejor —lo abrazó.
—Sí, sí... Ahora déjame caminar.
(...)
Andar por las calles nocturnas con una mujer ebria no era lo que Kakashi tenía en mente cuando Nashira lo invitó a beber. Él apenas había tomado un sólo tarro pero no se dispuso a terminar igual que su asistente porque lo que quería era inmiscuirse en asuntos que a él no le correspondían.
Llevaba a la mujer sujeta de un brazo y ella tarareaba canciones raras, parecía muy alegre y verla en ese estado le causó cierta gracia. Nashira balanceaba su bolso una y otra vez, hacia adelante y hacia atrás.
—¿Qué consejo quieres pedirme? —Preguntó Kakashi aún disfrazado de Sukea.
—No puedo decirlo —lo miró con sus ojos medio abiertos—, aquí... en la calle... está prohibido.
—No te entiendo.
—¿Me llevarás a casa?
—No tengo otra opción. Ah, si seguimos así tardaremos más.
Sukea se puso de cuclillas y le pidió que se subiera a su espalda, ella lo miró por instantes y al final se trepó sobre su cuerpo rodeándole el cuello con los brazos y él sujetó sus piernas para evitar que se cayera.
—¿Te importa si camino más de prisa?
—¡Corre Sukea, corre!
Kakashi le obedeció y emprendió vuelo, Nashira estaba emocionada riendo y aferrándose a él. Sentía cómo el viento le pegaba en la cara y movía su cabello, sentía que estaba volando. Por su parte, Kakashi al oírla tan feliz empezó a reírse también; dentro de su aburrida y rutinaria vida jamás imaginó que a su edad todavía podría llevar a alguien en su espalda mientras corría por las calles de Konoha.
Bajó la velocidad cuando subieron la colina llena de árboles, desde arriba podían verse las luces de la aldea. Kakashi se detuvo cuando algunas luces los rodearon.
—¿Luciérnagas en esta fecha? —Pensó.
—¡Oh! ¡Mira, mira Sukea! ¡Son lamparitas!
—Se llaman luciérnagas.
—Lamparitas —se abrazó más a Kakashi para decírselo al oído.
—Luciérnagas.
—Lam-pa-ri-tas.
Kakashi rió de nueva cuenta sin poder detenerse haciendo que su espalda subiera y bajara por la risa, Nashira casi se cae al suelo cuando sus manos aflojaron el agarre de sus piernas pero él de inmediato la volvió a sujetar con fuerza.
—Vamos, tu casa está cerca.
Bajaron la colina sin prisa alguna y Kakashi miró de reojo el sitio donde estaba la lápida en memoria de su padre. Sintió como si él estuviera allí mirándolo y dedicándole una sonrisa.
—Sukea, no entremos por la puerta —dijo con la lengua dormida—, mi tía me regañará si me ve en estas condiciones.
—No veo otra manera de que puedas entrar.
—La ventana —señaló hacia su habitación del segundo piso—, hay una ventana en mi cuarto.
—Pero... Está muy alto.
—¿A caso estoy muy pesada?
Kakashi miró el balcón y calculó la altura aproximada. Saltar por sí mismo no era complicado pero temía lastimar a Nashira por llevarla en su espalda.
—Agárrate fuerte ¿sí?
Ella obedeció y él dio unos cuantos pasos hacia atrás antes de impulsarse para saltar. Aterrizó sobre el balcón frente a la ventana del cuarto de su asistente y la bajó con cuidado.
—¡Eso fue muy divertido!
—¡Shh! —Le tapó la boca— Tu tía debe estar durmiendo ahora.
Ella movió la cabeza aceptando y corrió despacio la ventana para abrirla, luego tomó el brazo de Sukea y lo jaló dentro de la habitación oscura.
—¿Qué haces? Debo irme.
—¿Recuerdas que... Te pediría un consejo?
Lo empujó sobre el colchón de su cama y Kakashi cayó de espalda rebotando ligeramente antes de que Nashira se subiera a su cintura a horcajadas. Los ojos del Hokage estaban bien abiertos y su corazón empezó a latir velozmente. La única luz que había dentro de la habitación era la luz de la luna y podía ver que ella estaba desabrochándose la blusa.
—Na-Nashira ¡detente! —Agarró sus manos— ¿Qué crees que estás haciendo?
—Eres mi amigo gay y yo soy muy mala con los hombres —dijo—, así que quiero que tú seas mi primera vez.
Kakashi sintió que el alma se le salía del cuerpo, y estuvo apretando las muñecas de su asistente para que no intentara quitarse nada de ropa, luego ella se dejó caer sobre su pecho y sus rostros quedaron a escasos centímetros de distancia. Ambos podían sentir las respiraciones del otro.
—Estás ebria, no estás pensando con claridad.
—Suelta mis brazos.
—No lo haré.
Nashira estrujó sus brazos intentando liberarse y finalmente logró soltar una mano para llevarla al rostro de Sukea. Lo acarició poniéndole la piel de gallina, y se acercó aún más a su cara para hablarle en un murmullo.
—Deberíamos besarnos.
—Nashira, basta.
—Vamos, bésame Sukea... O debería decir... Kakashi.
Los dedos de Nashira entraron bajo la peluca y la quitaron de un jalón dejando descubierto el cabello grisáceo del Hokage. Kakashi estaba inmóvil incrédulo de lo que acababa de acontecer. Nashira se enderezó aún sin bajarse de su cintura y estiró un brazo para encender la lámpara del buró.
—¿Qué... acaba de pasar? —Finalmente pronunció Kakashi sin dejar de ver al techo.
—Bonito disfraz, señor Hokage.
—¿Cómo es que tú...? ¿No estabas borracha?
—No. No soy tan fácil de emborrachar.
—Pero... Bebiste tres tarros de cerveza.
Nashira tomó la peluca y la observó.
—Sólo bebí uno, los otros dos eran jugo de manzana.
A Kakashi le tembló la ceja, todavía estaba tumbado sobre la cama con una mujer de cabello azul sentada sobre sus caderas.
—Te llevé en mi espalda —pronunció de manera que parecía estar herido.
—Fue divertido ¿verdad? —Nashira hizo a un lado la peluca y puso sus manos sobre los hombros de Kakashi— Es mi venganza por haberme engañado fingiendo ser un reportero. No debes jugar de esa manera, Kakashi.
Los ojos grises -a causa de los lentes de contacto- de Kakashi, miraron a Nashira quien estaba riéndose con burla de la situación.
—Entonces... ¿Lo planeaste todo? Lo de fingir embriagarte para traerme a tu habitación y pedirme que te besara.
—Debiste ver tu cara, Kakashi.
—Te daré un consejo no como amigo, sino como tu jefe.
Nashira seguía riéndose.
—¿Qué?
Las manos de Kakashi tomaron la cintura de su asistente.
—Nunca lleves a un hombre a tu habitación y menos a altas horas de la noche.
En una maniobra rápida, Kakashi cambió la posición con ella dejándola bajo su cuerpo completamente prisionera de su pecho y sus brazos. Ella abrió los ojos sorprendida y asustada, no supo en qué momento perdió el control de la situación pero estaba siendo aplastada por el peso de su superior.
—Kakashi ¿qué demonios estás haciendo? —Quiso empujarlo pero sus brazos no podían salir.
—Regla número diecisiete del código de combate shinobi —empezó a recitar—: Cuando un ninja se ve atrapado en un ataque de cuerpo a cuerpo, es necesario que espere cautelosamente y detecte el momento en que su enemigo esté con la guardia baja para someterlo.
Nashira empezó a mover las piernas, ya sabía que sus brazos no podrían soltarse pero no podía dejar de ver los ojos de Kakashi.
—Kakashi, detente...
—Regla número veinticinco del código de obtención de información shinobi.
Nashira trató de librarse de los brazos de Kakashi pero él apoyó más su propio cuerpo inmovilizándola.
—Si el prisionero se niega a dar información, hay que obtenerla por la fuerza. ¿Quieres jugar a los ninjas, Nashira? —Acercó su rostro— De tú y yo ¿quién crees que es el mejor en esto?
—Está bien, ya entendí, tú ganas Kakashi ahora ¡suéltame!
—¿Eh? ¿no decías que querías que fuera tu primera vez?
Nashira empezó a sentirse avergonzada por recordar eso, ni siquiera planeó decir aquella frase simplemente lo hizo para molestar a Kakashi y tratar de intimidarlo.
—Era una broma, ¿quién querría estar contigo?
—Tal vez Maya, quizás Kurotsuchi —le susurró en el oído—, o la hija del Señor Feudal.
—Sí, es cierto, ellas aceptarían pero yo no ¡ahora déjame!
—Entonces... ¿Quién es la virgen después de todo?
Entre risas Kakashi se levantó y se puso de pie, Nashira se incorporó y se acomodó la blusa. Sus ojos veían con molestia al Hokage y recogió la peluca para aventársela, éste la atrapó en un sólo movimiento.
—En primer lugar, no debiste venir aquí y decir mentiras. ¿Por qué has creado a este personaje llamado Sukea?
Kakashi se cruzó de brazos y se recargó cerca de la ventana.
—Mera diversión.
—Eso es infantil. Creí que eras un hombre admirable.
—A todo esto ¿cómo es que descubriste el engaño? Parecías muy convencida cuando nos vimos esta mañana.
Nashira recordó la situación que la llevó a descubrir su verdadera identidad.
—Fue cuando te quitaste el abrigo.
—¿Eh?
—Quiero decir, fue cuando te saludé ¿recuerdas? Nos habíamos saludado de mano en tu oficina cuando prometimos trabajar seriamente.
—De modo que hiciste la comparación... Muy astuta.
Kakashi caminó hacia el armario de Nashira, donde estaba el espejo de cuerpo completo y se miró con la escasa luz que la lámpara proyectaba en la habitación.
—Bien... Pareces ser una mujer normal, de verdad creí que tenías más secretos.
—Y lo dices tan casualmente, ¿qué clase de adulto eres? Debería darte vergüenza jugar a los disfraces a tu edad... Después de todo parece que el que tiene secretos eres tú.
—No —Kakashi volteó y tomó su mochila—, no soy el único.
Sacó el ejemplar Icha Icha Paradise y se lo puso en la mano a Nashira, ella se quedó callada mirando.
—Tú también tienes este secreto... Lees cosas eróticas ¿verdad?
Ella jadeó asustada y lanzó el libro al suelo, luego miró a Kakashi, la cara le empezó a arder.
—No, yo no leo eso.
—No quieras engañarme, ya encontré mi propio libro por lo que ése que está en el suelo es de tu propiedad. ¿Por qué quieres ocultarlo? No tiene nada de malo.
—¡Por supuesto que lo tiene! Esto... Sólo era curiosidad.
Los ojos de Kakashi vagaron por todo el dormitorio, miró el buró y abrió la gaveta de golpe. A Nashira se le iba a salir el corazón, quiso detenerlo pero fue muy tarde.
—¿Eh? ¿Qué es esto? Son los otros dos volúmenes de Icha Icha.
—¡Deja eso! —Casi gritó si no hubiera recordado que su tía estaba dormida— No abras mis cajones.
—Entonces... ¿Admirabas al maestro Jiraiya?
La boca de Nashira tomaba muchas formas intentando decir algo pero no lograba articular ninguna frase, jamás se había puesto tan nerviosa y avergonzada. Leer géneros eróticos era uno de sus grandes secretos y nadie en el mundo lo sabía hasta que Kakashi la descubrió.
—No pongas esa cara, no te estoy juzgando. De hecho —cerró el cajón y la miró con una sonrisa amable—, me siento feliz de conocer a alguien con quién compartir mi afición.
La expresión en el rostro de Kakashi perturbó la paz dentro de Nashira, se quedó viendo su cara con fascinación y tragó saliva cuando sintió que no estaba respirando.
—Bueno, me voy. A partir de ahora, seamos buenos amigos ¿sí?
—Yo...
Kakashi le dio palmaditas en la cabeza como si se tratase de un cachorro.
—Te veo mañana en la oficina, discutiremos sobre la cita y sobre el segundo volumen de Icha Icha, tengo mis inquietudes respecto a por qué la protagonista se puso histérica cuando el héroe le acarició los hombros y le dijo que se veía radiante.
Nashira seguía perdida en una dimensión desconocida, pero había escuchado bien su frase. Sus ojos ya no veían a Kakashi, sino que estaban fijos en algún punto del horizonte.
—¿Nashira?
—Ella estaba avergonzada —habló sin verlo—, porque... El tacto de las manos del muchacho era suave y... No quería sentirse débil frente a él.
—¡¿Eh?! —Kakashi se emocionó y se sobó la barbilla— ¡Era eso!
Nashira movió lentamente su cabeza afirmando.
—Qué increíble es haberte conocido, Nashira —le puso la mano en el hombro—. Cuento contigo. Bien, ¡nos vemos!
Sin decir nada más, Kakashi tomó su mochila y saltó por la ventana cayendo sobre sus dos pies. Nashira continuó quieta y lentamente su mano subió hasta el hombro donde Kakashi le tocó.
«—Debo ser muy afortunado por conocerte, Nashira.»
—Esto no me está pasando. No otra vez...
Gracias por sus comentarios.
