Capítulo 15.- "Cita de ensayo"
—Ah... Sólo tengo ropa para estar en casa y un par de chalecos tácticos... ¿Puedo ir así a una cita?
Kakashi estaba revisando su armario para ver el tipo de vestimenta que podría usar para esa mañana. Eran las nueve y tendría que encontrarse con su asistente a las diez en punto. Se mantuvo unos minutos comparando una camiseta negra con una blanca.
—Ehh... Bueno, ésta es sólo una cita de ensayo así que no debería importar mucho la ropa que use. ¡Bien! Me pondré la camiseta negra.
Estaba buscando su toalla para ducharse cuando se oyó el timbre de la casa, cambió la dirección de sus pasos hacia la puerta principal; al abrirla vio a un rubio que le sonrió al instante, al cual le brillaron los ojos y que casi se abalanzaba sobre él.
—Naruto ¿qué haces aquí?
—Kakashi sensei, está madrugando.
Kakashi se rascó la cabeza y lo miró con aburrimiento.
—Eh... De hecho, ya es algo tarde para mí. Tengo cosas importantes que hacer así que por favor, sé breve.
—Usted no cambia, sigue siendo el mismo apático de siempre —rió—. Le traigo esto.
Naruto levantó una gran canasta con muchos dulces de arroz, su sonrisa se amplió aún más.
—¿Y eso?
—Hinata los ha preparado como regalo por su cumpleaños. Sé que ya pasaron varios días pero no pudimos entregarle un obsequio a tiempo así que decidimos que hoy era el día adecuado.
Kakashi tomó la canasta y se le quedó mirando.
—De verdad son muchos.
—Y están deliciosos.
—Dale a Hinata las gracias por mí. A ti también te agradezco, Naruto.
—Bueno, bueno no hablemos como si fuéramos unos ancianos —se cruzó de brazos e infló el pecho—. Me voy, tengo más tareas qué realizar.
Kakashi vio a su ex alumno alejarse y mentalmente hizo la comparación con Sasuke. A diferencia de éste último, Naruto hacía los mandados con una sonrisa en la cara y parecía disfrutarlo.
Volvió al interior de su vivienda y puso la canasta sobre la mesa, luego suspiró al ver que efectivamente, eran demasiados dulces de arroz y él no era particularmente un amante de lo dulce.
Vio el reloj y se apuró a conseguir una toalla.
(...)
Parada frente a la fuente del parque central, con un vestido azul oscuro, el cabello recogido y maquillaje ligero, Nashira veía el reloj de la plaza y su pie golpeaba el piso constantemente.
—Nueve y diez —dijo haciendo un mohín—, ese hombre nunca es puntual.
Se miró el vestido y lo acomodó del pecho, en cierta manera estaba arrepentida de habérselo puesto. Ella no era de usar vestidos y cosas lindas, pero ése lo había recibido de regalo en su cumpleaños número veinticinco cuando su tía estaba más insistente en que debería conseguirse marido. Decidió que era el momento adecuado de estrenarlo antes de que se pudriera en su armario.
Se pasó una mano por el cabello para asegurarse que ningún pelo se había salido. Sacó un espejo de su bolso y se miró la cara para ver si no se había manchado los dientes con el labial.
—¿Por qué estoy haciendo esto? —Se sintió estúpida intentando hallar una excusa— Es cierto, es una simulación de una cita real. Sólo estoy tratando de actuar como lo haría una chica enamorada.
Afirmó con su cabeza y guardó el espejo, se acordó de Maya y la entrevista que salió mal. Luego intentó actuar como lo haría la kunoichi en la cita con Kakashi.
Juntó sus brazos para resaltar su pecho y sumió el abdomen.
—Vamos a divertirnos, Gran Hokage —dejó caer los hombros y aflojó el cuerpo—. Qué asco, ella definitivamente hará eso.
Recordó a Kurotsuchi, la chica era muy guapa pero su actitud todavía era infantil en comparación con su jefe.
—Mi abuelo me permite coquetearle a un anciano como usted —habló con un tono agudo—, así que vamos a tener muchos hijos.
Se rió y comenzó a idear la manera en que Ziradia actuaría. Se subió más la parte frontal del vestido para disminuir el escote y empezó a hablar con desánimo y timidez.
—Si esta cita hace feliz a mi pueblo, entonces vamos a salir.
Casi de inmediato imitó a Kazumi. Cambió su postura a una más erguida, levantó los hombros y colocó con elegancia sus manos sobre el bolso.
—Señor Hokage, qué cálido es el día con su exquisita presencia. Por favor, disfrutemos de este encuentro y aprovechemos para conocernos mejor, estoy a su total disposición para los temas que desee hablar, y recuerde —alzó su dedo índice—, soy una mujer independiente y capaz de hacerlo feliz, porque al final de cuentas yo seré la que se convierta en su esposa.
—Con que así es como preparas las clases que me impartes.
La espalda de Nashira se estremeció por completo provocándole una corriente eléctrica por toda la espina dorsal. Volteó hacia atrás y vio a Kakashi vistiendo de lo más simple. Se sintió avergonzada y decepcionada.
—Hola —Kakashi alzó su mano.
—Llegas tarde, te dije que a las diez.
—Sí, lo que pasa es que una ancianita me pidió que la ayudara a cruzar la calle.
Nashira resopló y luego detectó que Kakashi la estaba viendo muy minuciosamente, eso le causó incomodidad y sus orejas estaban calentándose.
—¿Qué tanto me miras?
—Lo siento, es que jamás te había visto con ropa así... ¿Por qué estás usando un vestido? Y... ¿Te maquillaste?
—Pu-pues sí, idiota. Recuerda lo de la cita de ensayo, se supone que las chicas se arreglan ¿no?
Kakashi se encogió de hombros y se metió las manos a los bolsillos del pantalón.
—¿Y tú por qué traes esa ropa? Pareces un vago.
—Es mi día de descanso, no suelo salir con nadie así que no tengo nada más que ropa de trabajo o pijamas.
—Era de imaginarse.
—Pero no es un problema, sólo estamos ensayando. Aunque —la barrió de pies a cabeza—, parece que tú te lo tomaste muy en serio.
A Nashira le temblaron las cejas y se consternó, por supuesto que se lo había tomado en serio. Se atrevió a usar el vestido que su tía le regaló y tenía años guardado, se puso unas zapatillas de piso que tenían un adorno cursi y se cambió el peinado de trenza que siempre llevaba. ¡Por supuesto que era algo serio! Y Kakashi estaba tan calmado como siempre.
—Mi trabajo es ayudarte —dijo con un toque de actuación digna para ocultar su molestia—, así tú seas una bestia para el buen gusto de vestirte, yo tengo que mostrarte lo que una mujer haría en una cita.
—¿Por eso estabas actuando como mis candidatas?
—¿Puedes olvidar eso?
—Y... ¿Qué haremos?
Nashira carraspeó.
—Bueno, no tengo idea de cuándo, dónde y a qué hora serán tus citas con esas mujeres, pero lo primero que debes saber es que es fundamental que tú llegues antes. Un caballero nunca hace esperar a una mujer.
Kakashi anotó en una libreta.
—¿Qué más?
—Recuerda vestirte para la ocasión, no llegues con esa ropa —movió su mano en el aire intentando señalar la vestimenta del Hokage—... No te pongas eso.
—De acuerdo. ¿Qué más?
—Tú debes caminar a un lado de la acompañante, nunca adelante de ella ni detrás. Siempre en un lado.
—Anotado. ¿Y qué haremos hoy?
—Vamos a tener una simulación de una cita promedio.
Kakashi arrugó la frente por la confusión.
—¿Qué es eso?
—¿Recuerdas la cita que menciona Icha Icha Tácticas?
—¿La del parque de diversiones? —Kakashi hizo un tono de sorpresa.
—No debería haber sido yo la que hiciera esto, pero tú jamás lo hubieras hecho —Nashira sacó dos boletos y se los puso en la cara—. Compré las entradas, así que vamos.
—¡Oh! —Kakashi tomó los boletos— Gracias.
—No me lo agradezcas, vas a reembolsarme ese dinero en mi próximo pago. Ahora, mueve tus piernas y vamos.
El parque de diversiones era un sitio novedoso en Konoha, la mayoría de los visitantes eran jovencitos, Kakashi lo notó cuando vio a su alrededor el tipo de personas que ingresaban.
—¿Es el Sexto Hokage? —Murmuraron cuando lo vieron entrar.
—Ah, tú nunca pasas desapercibido ¿eh? —Nashira le metió un codazo.
—Espero que esto no me cause problemas, no pensé que me traerías a un sitio como éste.
De repente Nashira dejó de caminar y Kakashi también lo hizo.
—¿Qué pasa?
Ella se giró y lo vio directamente a la cara.
—Señor Hokage, ¿podemos subir a ese juego?
La actitud de una Nashira tierna y dulce le provocó escalofríos a Kakashi.
—¿Qué te está sucediendo?
Ella cambió la cara y rodó los ojos.
—Estoy actuando ¿no entiendes? Cualquiera de las tipas que andan tras tus huesos harían algo así.
—¿De verdad?
—Claro —le dio palmaditas en el hombro—, actuar como damiselas en peligro es su especialidad. Para ganar tu corazón van a querer verse frágiles y sumisas.
—Oh... Ya veo.
—Pero lo de subir a la montaña no era parte de la actuación, así que —le agarró la mano y le sonrió con malicia— ¡andando!
—¡No! ¡Nashira, espera! ¡NO!
Corriendo entre la gente pasaron agarrados de la mano, Kakashi sabía que podía soltarse pero temía que si lo hacía, Nashira perdiera el equilibrio y terminara en el suelo por su culpa. Llegaron con el encargado del juego y Nashira entregó unos boletos, el muchacho se quedó mirando estupefacto a Kakashi quien sonrió de compromiso aunque la expresión sólo pudo ser vista por la forma en que sus ojos se cerraron.
—Ho-Hokage...
—Está asegurándose de que todo el parque de diversiones esté operando de acuerdo a las normas establecidas de seguridad del contrato pactado anteriormente para el funcionamiento legal del mismo sin hacer daño a los visitantes —dijo Nashira impresionando a Kakashi por la manera tan veloz de elaborar una mentira.
—Oh... Ya veo —el muchacho se emocionó e hizo una reverencia— ¡Gracias Señor Hokage! ¡Contamos con usted!
Kakashi miró a Nashira con sus ojos medio cerrados y ella en cambio le sonrió y sacó la lengua.
Se sentaron y se abrocharon los cinturones, una barra metálica los aseguró para estar firmes y la sonrisa de la mujer no desaparecía de sus labios, estaba completamente emocionada. Kakashi empezaba a sentir miedo de ver esa cara.
La máquina empezó a funcionar, primero avanzaron lento y casi de inmediato la velocidad aumentó considerablemente haciendo que varios gritos fueran escuchados. Kakashi se sujetó fuerte de la barra metálica y apretó los ojos, Nashira se estaba riendo mientras el aire le pegaba en la cara.
—¡Esto es lo mejor! —Gritaba— ¡¿Verdad Kakashi?!
Sus cuerpos eran estrujados por la fuerza del movimiento brusco, Kakashi abrió los ojos un poquito y los volvió a cerrar. Sintió que el corazón se le iba a detener y apretó fuerte el metal en sus manos. Sólo podía oír el aire golpeándolos y los gritos ensordecedores de su asistente.
Cuando por fin la máquina se detuvo, Nashira estaba jadeando y riendo mientras se acomodaba el cabello. Kakashi respiraba hondo y sentía que iba a desmayarse.
—¿Qué demonios fue eso?
—Señor Hokage —el encargado corrió a ayudarlo a levantarse—, ¿todo está en orden? ¿Detectó algún problema?
Kakashi estaba recuperando la compostura.
—Le encantó —se adelantó Nashira y le pegó un manotazo a la espalda de Kakashi, éste sintió cómo el aire fue expulsado de sus pulmones.
—¡Gracias Señor Hokage!
Se alejaron unos pasos y Kakashi se dejó caer en una banca de madera.
—¿A caso planeas asesinarme? Eso fue horrible.
—No seas aguafiestas, Kakashi. Admite que te gustó.
—No creo que mis citas vayan a ser así, ¿podrías bajar la intensidad de esto?
—Kakashi —Nashira chistó—, tienes treinta y cinco años, un hombre divertido siempre es un hombre joven. Ahora, vamos a otro juego.
Kakashi la sujetó de la muñeca impidiéndole avanzar.
—No más cosas raras que podrían provocarme un infarto.
—Bueno, vamos a hacer esas cosas aburridas de viejitos. Creo haber visto un local donde puedes lanzarle dardos a las figuras.
—¡Ah! En eso sí tengo experiencia.
—Lo sé, casi me matas con esa cosa afilada —hizo mención al kunai.
—Fue un accidente.
Nashira tuvo que dar la misma explicación falsa sobre el Hokage visitando el parque para que nadie malinterpretara las cosas. En el puesto de los dardos, Kakashi atinó a todos los tiros mientras ella sólo pudo tirar una figura. Al final, el premio quedaba a elección del ganador y Kakashi eligió un muñeco de peluche con forma de conejo.
Nashira se mantuvo viendo cómo los negros ojos de su jefe veían el premio y luego se achicaban indicando que estaba feliz.
—No sabía que te gustaban esas cosas.
—¿Eh? No, no es para mí.
—¿Entonces?
—Es para una pequeñita que aprecio mucho.
Nashira hizo memoria y abrió más los ojos por instantes.
—¿La hija de la doctora?
—Así es.
—Ehh... De modo que la quieres mucho ¿no? —Kakashi volteó a verla— Me refiero a la niña, como es la hija de tu ex alumna le tienes cariño como un abuelo ¿verdad?
—Algo así.
Siguieron caminando mientras su vista se llenaba de otras atracciones, había locales de juegos y comida por todos lados. Parejas de jóvenes enamorados tomados de la mano, niños corriendo y denotando su clara felicidad.
Nashira se mantuvo observando a los pequeños, le parecían inocentes criaturas sin el conocimiento de lo cruel e injusto que era el mundo para otros niños de su misma edad.
—¿Quieres cuidarme esto?
Kakashi la sacó de sus pensamientos y le entregó el muñeco de peluche, ella lo tomó entre sus brazos y se quedó viendo a su superior.
—Voy a buscar un baño —dijo.
—Uhm... Bien. Estaré sentada en la banca que está cerca de ese estanque —señaló.
—Perfecto.
Kakashi se dio la media vuelta y miró a todos lados, luego caminó discretamente entre la multitud para posteriormente alejarse del resto y esconderse detrás de un árbol. Se aseguró de que nadie lo observara y entonces se cruzó de brazos para recargarse en el tronco.
—Bien, ya dime qué es lo que quieres.
El viento sopló meciendo sus cabellos plateados, repentinamente un remolino hizo aparecer a un cazador ANBU sobre una rama del árbol; Kakashi alzó la cabeza para verlo.
—Me has estado siguiendo desde que llegué aquí ¿quién te envió? No te di órdenes de nada.
—Tengo órdenes de asegurarme de su bienestar.
—¿Mi bienestar? ¿Ahora tengo guardaespaldas? —Dijo molesto— Dime quién te envió.
—Los Consejeros quieren saber quién es la mujer que lo acompaña.
Kakashi apretó los dientes y exhaló con fuerza, deshizo el amarre de sus brazos y llevó las manos a sus costados.
—Sólo es una asistente.
—Tiene usted una cita con su asistente —afirmó el hombre enmascarado y eso molestó a Kakashi haciéndolo levantar la voz.
—Dije que no te di órdenes, y los Consejeros no están sobre mi nivel de Kage para mandar a los Cazadores ANBU a espiarme, así que márchate ahora antes de que te sancione por esto.
El hombre desapareció en un abrir y cerrar de ojos, Kakashi apretó el puño con fuerza; estaba harto de que los ancianos se inmiscuyeran en su vida y lo trataran como a un niño que no sabía tomar decisiones.
Respiró hondo una y otra vez, comenzaba a fastidiarse de ser el líder de Konoha y no poder ejercer sus acciones y decisiones con total libertad sin que ese par de ancianos entrometidos cuestionaran sus palabras y decidieran ignorando su rango.
Iba a volver con Nashira, la miró desde lejos sentada en la banca acariciando al conejo mientras veía al muñeco con una mueca de felicidad.
Le había sorprendido que ella fuera así de espontánea y alegre cuando entraron al parque. Parecía una chiquilla que sólo quería divertirse jugando y eso lo hizo soltar una risita al recordar sus gritos en el juego mecánico que casi le saca el corazón.
—Es una buena mujer —pensó—, si se lo propone puede conquistar el corazón de un hombre... Ah... Pero todavía no me hago bien a la idea de que sea lesbiana, actúa muy bien como una joven heterosexual.
Kakashi empezó a imaginar el tipo de mujeres que le gustarían a su asistente y luego sacudió la cabeza.
—No Kakashi, este asunto no es tuyo.
Volvió con ella luego de haber comprado un algodón de azúcar, Nashira volteó cuando detectó sus pasos acercándose. Él se sentó a su lado y le entregó la golosina sin siquiera decir nada por lo que Nashira dudó de si debería tomarlo hasta que casi se lo pegó en la cara y no tuvo más opción que agarrar la nube de caramelo.
—¿Es para mí?
—Sí.
—¿Y el tuyo?
—No me gustan mucho los dulces, pero supuse que tal vez a ti sí.
Nashira miró los hilos de azúcar de un tono azulado, la última vez que probó un algodón así fue cuando tenía diez años.
—No te le quedes mirando y cómetelo o las abejas se harán cargo.
—Gracias —soltó repentinamente y tomó un trozo para luego llevarlo a su boca y sentir cómo se deshacía casi de inmediato—. La verdad éste es un algodón de azúcar muy bueno, deberías probarlo.
—La verdad es que tengo casi cinco kilos de dulce de arroz en mi casa así que no creo poder ingerir más azúcar —Nashira lo miró extrañada y él entendió que ella no comprendía esa frase—. Verás, hoy un ex alumno y su esposa me regalaron dulces de arroz por mi cumpleaños.
—No tenía idea de que no te gustaran tanto las cosas dulces.
Kakashi recordó el pastel que Nashira le había comprado y sintió culpabilidad casi al instante. Aclaró su garganta y dejó de verla para mirar hacia los infantes que corrían tras un globo.
—Es normal que no lo supieras, jamás te lo dije.
—Uhm... De verdad eres un poquito anormal ¿alguna vez fuiste alguien feliz?
—Soy un hombre feliz, pero expreso mi felicidad de un modo distinto.
—¿Puedo saber de dónde nació tu gusto por la lectura erótica?
Kakashi estiró las piernas y se recostó más en el respaldo de la banca entretanto su asistente seguía comiéndose el algodón de azúcar.
—Estaba solitario y quería despejar mi mente —empezó a relatar con un tono distinto—... Desde pequeño tuve que presenciar escenas trágicas. Perdí a mi padre cuando sólo era un niño y mis primeros y mejores amigos murieron.
Nashira se arrepintió de haber cuestionado eso pero Kakashi parecía querer contarle un poco de su vida.
—Aunque había mucha gente a mi alrededor, la soledad no se iba y el vacío que sentía no podía ser llenado con nada. Empecé leyendo historias cortas de viajeros, novelas ligeras sobre historia hasta que un día encontré Icha Icha Paradise; era algo inusual y mi adolescencia había comenzado por lo que era una lectura perfecta para entretenerme y olvidaba mis problemas. No me di cuenta en qué momento me hice un fiel seguidor a la trilogía.
Nashira miró su caramelo y apretó los labios, trató de imaginarse a un Kakashi adolescente tirado sobre la cama leyendo el libro de tapas naranjas.
—¿Y tú? —Dijo y ella dio un respingo— ¿Cómo empezaste también con este tipo de lectura?
Nashira parpadeó y rió con nervios.
—Bueno... Era joven, y quería descargar mis frustraciones.
—¿Frustraciones sexuales?
—¡No! —Casi le gritó en la cara pero se detuvo al ver que Kakashi estaba riéndose mientras mostraba esa postura relajada y sus manos sobre su estómago.
—¿Entonces?
Nashira volvió la cara al caramelo y tomó un pedazo más grande.
—También me sentía sola, nunca tuve amigos y —frenó sus palabras antes de decir algo que no quería—...
—¿Y?
—Sólo eso, quería algo para despejar mi mente. Una historia romántica con un toque de erotismo era perfecta para imaginar otro mundo antes que el mío.
—¿Tienes planes para el próximo domingo?
—¿Eh? ¿Planes?
Kakashi se incorporó en el asiento y apoyó sus brazos en las piernas.
—Es tu cumpleaños.
Los ojos de la mujer se abrieron y un brillo apareció en ellos.
—¿Cómo lo...?
El Hokage la interrumpió a sabiendas de lo que iba a decir.
—Me lo dijiste cuando te entrevisté.
—Ah, sí... Es cierto. Hay muchas cosas que sabes de mí gracias a que te disfrazaste de reportero gay.
—En realidad no son tantas, tú no eres alguien que se abra fácilmente... Aunque —se sobó el mentón cubierto por una tela oscura—... Te vi las bragas el otro día.
Nashira se puso roja y fue incapaz de moverse, no recordaba eso y caer en la realidad de lo sucedido fue peor en ese momento.
—Pero, para ser franco... Pensé que una mujer de tu edad luciría algo más sensual que esa ropa interior de viejita.
El movimiento de Nashira fue veloz, le bajó la máscara y le metió un pedazo de algodón en la boca haciendo que Kakashi se desconcertara visiblemente.
—¡Para tu información, esa ropa interior es cómoda y no la uso para darte gusto!
Kakashi tragó haciendo un gesto.
—Yo nunca dije que fuera malo, sólo dije que no era sensual.
—Apuesto a que tú no usas ropa interior sexy y todavía te pones a criticarme.
Kakashi se subió la máscara.
—No vuelvas a bajarme la máscara ni en privado ni en público, la gente no debe conocer mi rostro.
—Ni se pierden de nada —tiró el palo del caramelo en un bote de basura y se sacudió las manos—. Eres un hombre común.
—Sí, pero me incomoda que me vean.
Nashira observó la cicatriz en el ojo de Kakashi y cuando menos se lo esperó sus dedos ya estaban tocándole bajo el ojo con una caricia suave que conmocionó al hombre.
—¿Qué haces?
—¿Puedo saber el origen de esta cicatriz?
—Eres demasiado curiosa —él se levantó.
—Oh vamos Kakashi, cuéntame algo de ti —Nashira tomó su camisa evitando que escapara.
—¿Qué es eso? —Señaló a otra parte para evadir el tema.
—Bien, ignora mi petición pero te aseguro que Kazumi te hará la misma pregunta.
Kakashi volteó a verla.
—¿Por qué sigues insistiendo con Kazumi? También están otras tres mujeres.
—A Kurotsuchi le importa poco lo que tengas en la cara, Maya sólo quiere sexo y Ziradia te tiene miedo. Kazumi es la única que puede hacer este tipo de preguntas y puedo deducir que te pondrás tan nervioso que le vas a contar la historia.
Una expresión rara apareció en Nashira, Kakashi ladeó la cabeza examinándola e intentando descifrar su pensamiento.
—¿A caso estás celosa de que a ella le cuente y a ti no?
Nashira se puso las manos en las caderas.
—Yo nunca me pongo celosa, señor Hokage.
—Eso es bueno —le palmeó la cabeza—, además somos amigos así que tal vez te cuente después la historia de esta cicatriz.
Nashira se masajeó el cuello y movió la cabeza, comenzaba a sentirse abrumada con ese tipo de comentarios.
—Continuemos con esta cita. Te doy un punto por comprar ese algodón de azúcar, fue un buen acto. Ahora ¡vayamos a esas canoas!
—¿Eso para qué?
—Kakashi, es importante que si en una cita hay una canoa y un lago, la pareja tome un paseo en ésta.
—¿Por qué es importante?
—Porque el agua tiene que servir de algo y no estar de adorno. Y si ofrecen el servicio de pasearte sobre el agua pues es necesario que aprovechemos.
—¿Por qué presiento que sólo me estás usando para divertirte?
(...)
Kakashi remaba despacio mientras Nashira veía emocionada el precioso paisaje y rozaba sus dedos con la superficie del agua. El Hokage no dejaba de suspirar y sus ojos se veían complemente cansados y aburridos.
—No encuentro lo emocionante en esto.
—Ah, olvidé decirte. En esta parte de la cita, cuando todo parece relajado es cuando la pareja se sincera y empieza a hablar cursilerías como "eres tan linda, mi amor" —fingió el tono de su voz— prácticamente es para ser melosos.
—Qué horror —pronunció Kakashi—. ¿Y cuándo me vas a ayudar a remar?
—¿Qué?
Kakashi le puso el remo en la mano y Nashira lo miró desorientada, no podía creer que él no tuviera ni la más mínima cortesía de portarse como un caballero. Todo lo estaba haciendo como si fuera su obligación estar allí.
—No puedo creerlo, Kakashi —ella empezó a remar—. Y así quieres conquistar a una chica.
—No es divertido viajar en esto, ya lo he hecho antes y no me trae buenos recuerdos.
Recordó las veces que tuvo que atravesar lagos para llegar a otros pueblos, todas las veces habían sido para cumplir misiones.
—Voy a darte otro consejo —habló la mujer—. ¿Has oído el dicho "cuando un ninja cruza el mar sin remar, es un ninja al que jamás podrán amar"?
Kakashi empezó a pensar en ese dicho.
—Nunca lo había escuchado.
—Por supuesto que no porque lo acabo de inventar —confesó muy concentrada en mover el remo—. Pero significa que si eres un shinobi debes demostrar que tu entrenamiento rindió fruto y no acobardarte porque algo no te gusta. Esto es como una misión, Kakashi.
—A ver, ¿y qué tiene que ver lo de que "jamás podrán amar"?
—Ah, eso era sólo para la rima.
Kakashi bajó la cabeza y de repente sus hombros subían y bajaban, su cuerpo estaba temblando. Nashira le prestó atención y repentinamente se comenzó a escuchar una risotada pues estaba en un ataque de risa y llevó sus manos a la cara.
—¿Qué es tan gracioso?
Ni siquiera podía hablar, sólo estaba riendo sin parar y casi contagió a la mujer con sus acciones. Ella apretó los labios y miró a un lado. Luego de unos momentos, Kakashi recuperó el aliento y le quitó el remo.
—¿Te has dignado a remar?
—No, ya estoy harto de estar aquí así que hagamos algo divertido.
Dejó el remo abajo y cargó a Nashira entre sus brazos, ella por instinto se sujetó de su cuello con una mano y con la otra se bajaba el vestido mientras el conejo de peluche descansaba apoyado entre ambos cuerpos.
—¡¿Qué rayos haces?!
—Los ninjas no necesitamos remar cuando podemos hacer esto.
Concentrando el chakra en su planta del pie, Kakashi dio un paso al agua y comenzó a caminar sobre ésta, Nashira no sabía que ellos podían hacer eso y estaba temblando hasta que vio la determinación con la que su jefe cruzaba el lago como si fuera tierra.
—¡Wow! ¡Wow! —Decía emocionada mirando a todos lados— ¿Cómo lo haces?
Kakashi volteó a verla, sus rostros no estaban tan separados.
—Con magia de shinobi.
—¿Eres una sirena, Kakashi?
Ella sonrió mostrándole los dientes y siguió viendo cómo avanzaban hasta llegar a la orilla. La puso sobre sus pies y ella se ajustó el bolso y abrazó el muñeco.
—¿Cuántos puntos me das esta vez? —Preguntó Kakashi.
—Tienes tres puntos. Ahora, si no te molesta... Iré a buscar un baño, ver tanta agua me provocó esto.
(...)
El día pasó demasiado rápido, entre juegos, bromas e insultos, pronto cayó la tarde y los visitantes al parque se estaban retirando.
Kakashi y Nashira caminaban de regreso hasta que los ojos negros de él miraron la rueda de la fortuna, la cual se movía despacio y no tenía una larga cola de espera.
—¿Vamos? —Preguntó y Nashira siguió su mirada para ver de lo que hablaba.
—¿Tienes tiempo?
Kakashi tomó su antebrazo y la llevó donde le había indicado. Subieron a una de las cabinas y se sentaron de frente, cada uno miraba por la ventana cómo se elevaban sobre la tierra y eso les brindó una vista panorámica de la aldea.
—Qué bonito —dijo Nashira al ver los colores rojizos y azules del cielo.
Kakashi recordó un texto que leyó años atrás, sus ojos continuaron disfrutando del bello paisaje del atardecer.
—¿Sabes por qué se llama rueda de la fortuna?
—No... ¿Tú lo sabes?
—Porque hace referencia a la vida y sus ciclos —Nashira volteó a verlo pero él seguía mirando por la ventana, una luz naranja le iluminaba la cara—: El pasado, el presente y el futuro. Cada uno influye en la vida. También se dice que se basa en las posiciones del Sol, de la Luna y los signos del zodiaco, la conexión entre estos tres elementos es lo que se conoce como rueda o punto de la fortuna.
Nashira seguía mirándolo con calma, se abrazó más al conejo cuando una emoción extraña le invadió el pecho.
—¿Y por qué fortuna? ¿Por qué habría de ser una rueda de fortuna? ¿Trae buena suerte? —Preguntó.
—Sí, eso es lo que dicen, que es un nuevo comienzo.
—Uhm... Ya veo —sus ojos seguían fijos en Kakashi quien no despegaba la vista de la ventanilla, ella notó que se situaban en el punto más alto para comenzar a descender.
—Es raro —Pronunció la mujer—, hablar de suerte cuando en mi vida no ha habido nada de ella.
Kakashi cambió la dirección de sus ojos para verla, pero en esos momentos Nashira estaba viendo hacia el suelo y tenía una expresión triste, quiso decir algo pero no lo hizo porque notó en ella la intención de abrir su corazón.
—Cuando tenía siete años, mamá nos abandonó —acarició al muñeco en sus brazos—, discutió con papá y le dijo que ya no lo quería así que escapó con un hombre. Mi papá se puso muy triste —los ojos de Nashira estaban brillando y Kakashi estaba viéndolos casi sin pestañear—... Aunque él sonreía todos los días y procuraba el bien de mi hermano y el mío, lo vi muchas veces a escondidas cuando estaba triste mirando hacia el cielo. Sé que extrañó a mamá hasta el último día de su vida porque él —un nudo se formó en su garganta y se detuvo para calmarse—...Él la amaba de verdad.
Kakashi sintió pena en su interior y suspiró.
—Él era un buen hombre, jamás vi a nadie amar como mi papá lo hacía por mi hermano y por mí. Sé que donde quiera que su alma esté, todavía sigue queriéndonos.
—¿Y tu hermano? —Finalmente se atrevió a preguntar, ella siguió con sus ojos en el suelo mientras abrazaba al conejo.
—Él también se fue con papá —expresó con melancolía y el pecho de Kakashi se comprimió ante la tristeza de sus palabras, dándose cuenta que Nashira en verdad perdió a quienes tanto amaba—. Él tenía once años, una rara enfermedad terminó con su vida —sus lágrimas no pudieron contenerse y resbalaron mojándole la cara.
«—Cuando sanes iremos a jugar al parque ¿sí?
—¿Lo prometes, Nashira?
—Sí, lo prometo.»
Nashira se limpiaba las lágrimas pero no terminaba de secarlas y Kakashi sacó un pañuelo de su pantalón.
—Si existe la suerte... Dudo mucho que venga por mí.
Kakashi tomó su mano y le colocó el pañuelo, ella se limpió la cara sin preguntarle de dónde lo había sacado.
—¿Sabes qué significa tu nombre? —Repentinamente habló Kakashi— Significa "afortunada". Además, Nashira es...
Nashira dejó de limpiarse los ojos y se quedó mirando el pañuelo recordando a su papá.
«—¿Sabes por qué te nombré 'Nashira'? Porque tú eres portadora de buenas noticias... Además, Nashira es... Una estrella brillante.»
—Una estrella brillante —dijo Kakashi y Nashira lo miró mientras él le ofrecía una sonrisa que sólo podía verse en sus ojos—. La vuelta se ha completado —dijo poniéndose de pie y le extendió una mano—, es hora de ir a casa.
«No sé si estoy flotando o estoy caminando, pero papá, Armus... ¿Por qué siempre se siente tan cálida la mano de Kakashi?» Pensó.
Salieron del parque sin decirse nada, no había mucho ruido en las calles y el corazón de Nashira estaba latiendo a gran velocidad que temía que Kakashi pudiera oírlo. Su grande mano seguía sosteniéndola y ella no dejaba de verlo por encima del hombro.
—¿Por qué? —Preguntó rompiendo el silencio— ¿Por qué me diste un pañuelo?
—Porque estabas llorando —contestó sin verla—, y no soporté ver tu tristeza.
—¿Te vas a burlar de mí? —Miró de frente al camino.
—No tengo porqué hacer algo como eso, los amigos estamos para apoyarnos ¿verdad?
La mano de Kakashi la fue soltando despacio y ella sintió el peso de la ausencia de su calor. Luego, se detuvieron.
—Aquí es donde nos despedimos —dijo él—. Te veré mañana en la oficina.
Nashira asintió sin hablar y le entregó el conejo, él se mantuvo mirándolo.
—Estoy segura que la niña se pondrá muy contenta.
—Lo estará.
El suave viento movió los cabellos de ambos y se quedaron mirándose fijamente a los ojos.
—El domingo que viene, puedes ir a casa de mi tía —Nashira trató de sonreír pero no pudo hacerlo de manera decente.
—Allí estaré.
Kakashi se despidió y caminó apartándose, Nashira se quedó mirándole la espalda hasta que sus ojos perdieron rastro de él.
Llevó una mano a su pecho para sentir lo rápido que estaba latiendo.
—Tal vez mentí un poquito —masculló—, si estoy celosa de ti, Kazumi.
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