Capítulo 16.- "Cicatrices"
Su dedo índice recorría toda la superficie del escritorio para sentir el tacto liso del barniz que cubría la madera, pero su atención no se enfocaba por completo en la acción que estaba realizando sino en recordar una y otra vez el haber llorado frente a su jefe.
Ya habían pasado tres días desde entonces, y para Nashira, Kakashi seguía actuando como de costumbre y no había hecho ningún comentario al respecto por lo sucedido en la rueda de la fortuna; aunque eso no aliviaba su inquietante pena por dejarse llevar por los recuerdos.
Miró el reloj: Ya era su hora de comida.
Tomó su abrigo, el clima ese día era más fresco por la llegada del otoño. Luego, agarró su bolso y salió de la Torre para caminar un rato y así poder despejar su mente.
Las hojas de los árboles estaban tomando un color amarillento indicando que pronto comenzarían a caer. Sería la primera vez que mirara un otoño en Konoha y se preguntó si sería menor la tristeza que sintiera esa vez.
Se sentó en una banca de cemento que daba hacia el bosque, sacó de su bolso un jugo de manzana que compró esa mañana y se le quedó mirando. Extrañamente esos días no había tenido hambre y hasta su tía Madoka comenzaba a preocuparse por ella, ya que Nashira era de buen apetito pero cuando algo le preocupaba o se entristecía, simplemente dejaba de comer drásticamente.
Sus emociones desde aquel día en el parque la tenían confundida, y aunque habían pasado días desde esa vez, su cabeza no podía ponerse en orden para darle una respuesta concreta. Pero, en su mente había estado Kakashi y esa sonrisa que sólo pudo ver en sus ojos.
—¿Me gusta Kakashi?
Sus cejas se elevaron denotando tristeza, ella realmente no quería que fuera así. Dejó de acariciar la tapa de la botella y la abrió para beber el contenido. El sabor le recordó aquella vez cuando fingió embriagarse y terminó con su jefe encima de ella jugándole una broma cruel.
Sin embargo, también recordaba bien el perfume que él estaba usando y no era el mismo que le obsequiaron por su cumpleaños. No. Era una colonia distinta, un olor parecido a la vainilla y por supuesto, conociéndolo sabía que se trataba de algo barato.
Nashira pensó que posiblemente sentía apego hacia él porque en cierta manera su lado protector le recordaba a su padre, y nadie más la había cargado en brazos como él. Quiso creer que se trataba de eso.
Suspiró y en su mente de nuevo estaba el peliplata de ojos negros, aunque ya le había visto el rostro descubierto no podía pensar en él sin esa máscara oscura; y tampoco olvidaba el tacto de sus manos.
Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, respiraba hondo una tras otra vez para tranquilizar los latidos de su corazón. Tenía miedo de cometer el mismo error que tanto le costó en su adolescencia.
—Buenos días, Nashira.
Ella se enderezó y vio a Sakura, traía una carriola y sobre ésta estaba su pequeña hija la cual abrazaba a un conocido conejo; al mirarlo, no pudo evitar sonreír.
—Hola doctora —saludó de regreso.
—No me digas así, llámame sólo Sakura.
Sakura se sentó un lado de Nashira y colocó la carriola junto a la banca de manera que la pequeña Sarada pudiese verla de frente.
—¿Estás en tu hora de descanso? —Preguntó la pelirrosa.
—Sí.
Nashira acarició la cabeza de la niña haciendo una comparación mental de la pequeña con el pelinegro esposo de Sakura.
—Se parece a tu esposo.
—¿Eh?
—Tu niña, es idéntica a él.
Sakura se sorprendió.
—¿Conoces a Sasuke?
—Pa-pa —dijo Sarada repentinamente y ambas mujeres sonrieron.
—Lo vi una vez, estaba saliendo de la oficina de Kakashi.
—Ya veo.
Sakura regresó la mirada a Nashira y notó que ésta estaba demasiado pensativa, su expresión era una clara muestra de que estaba triste, pero antes de preguntarle por su situación emocional, la mujer habló.
—Kakashi... Tú lo conoces desde hace mucho tiempo ¿no?
—Sí, era mi sensei. Creo que por aquel entonces, él tenía veintiséis años.
—Vaya, pues son casi diez años de eso. Y... ¿cómo era en ese entonces? ¿Ha cambiado algo en él?
Sakura se sostuvo el mentón y se quedó pensando.
—Pues... Desde que lo recuerdo siempre ha sido apático y aburrido y casi nunca quita esos ojos de que se está durmiendo —rió—. Pero es un buen sujeto. Creo que nada en Kakashi sensei ha cambiado, excepto porque tiene unas pocas arrugas bajo los ojos.
Nashira juntó sus manos y su expresión se relajó al imaginarlo en su etapa de maestro.
—Disculpa la indiscreción pero... ¿Estás bien?
—¿Hmm?
Nashira volteó con Sakura y se dio cuenta que estaba mirándola raro, como si quisiera ver dentro de su alma.
—Ah... Estoy bien, estoy bien —sonrió y movió su mano en el aire—. Sólo que esta época me pone algo nostálgica.
Los ojos de Nashira miraron al conejo que Sarada abrazaba y al cual le estaba estirando una oreja.
—Kakashi ganó ese muñeco en un juego de lanzar dardos —expresó.
—¿Eh? ¿De verdad? ¡Me dijo que se lo encontró tirado!
Nashira empezó a reírse y Sakura seguía sin comprender.
—Demonios, no tienes idea de cuánto tuve que lavarlo para que Sasuke no lo tirara a la basura. ¿Por qué no me lo dijo?
—Quizás... Él no quería que supieras dónde lo obtuvo.
Sakura se cruzó de brazos y se recargó en el respaldo de la banca.
—De verdad ¿qué está mal con él? A veces pienso que sólo quiere molestar a Sasuke... Y a todo esto ¿cómo sabes que lo ganó en un juego?
Nashira cerró los puños con suavidad mientras sus ojos veían a Sarada.
—Porque yo estaba con él —hizo una pausa—, en el parque.
Sakura se le quedó viendo aún con su espalda recargada, articulando la frase en su mente y tratando de descifrarla hasta que creyó entender.
—¡¿EH?! ¡¿A caso tuvieron una cita?!
Nashira se estremeció y miró los verdes ojos de Sakura.
—Bueno... Sí pero... ¡No era una cita real!
Sakura abrió la boca y se cubrió con una mano para tapársela.
—¿Que no era una cita real? ¡Kakashi sensei jamás ha salido con nadie!
—Escucha, no es lo que estás imaginando. Soy su guía ¿lo recuerdas? Él-él pronto tendrá cuatro citas con sus candidatas y no sabía qué hacer así que hicimos una simulación de cita para que viera cómo funciona.
Sakura seguía boquiabierta sin parpadear y Nashira ya no sabía qué hacer ni a dónde voltear. Ella era astuta para mentir por los ajenos, pero para hacerlo por sí misma todavía necesitaba práctica.
—Nashira podría ser que... ¿te gusta Kakashi sensei?
—¡¿QUÉ?! —Se levantó de golpe retrocediendo unos pasos— ¡No! ¡No! —Movió sus manos— ¡Por supuesto que no!
Sakura también se puso de pie.
—¿Segura? ¿Ni un poquito?
—No, no, claro que no —rió—. Es un viejo amargado y aburrido.
Sakura achicó los ojos.
—Uhm... Puedes ser honesta conmigo, no voy a decírselo a nadie. Creo que estás triste por su culpa y considero que lo mejor para ti es que lo dejes salir todo para liberarte de ese peso que cargas.
Las mejillas de Nashira estaban tornándose rojas, bajó la mirada y juntó las manos. No sabía qué tan confiable era hablar de lo que sentía con la ex alumna de su jefe. Pero la mirada de Sakura transmitía seguridad y confianza; jamás había tenido una amiga por lo que no sabía si se podía tomar como una.
—Verás... He estado con él por varias semanas y trato de entenderlo para hacer que se case con la mejor candidata, la que sea de beneficio para él y no para los demás —se detuvo cuando recordó que Kakashi iba a casarse, por un momento lo olvidó y de alguna manera acordarse le provocó dolor de estómago.
—¿Eso qué significa?
—Me parece que él y yo somos amigos —expresó tratando de sonreír—, sólo es eso. Kakashi y yo tenemos un lazo de amistad.
Sakura suspiró y levantó la cabeza para darse cuenta que Kakashi las observaba desde el ventanal de su oficina. Sonrió y levantó el brazo para saludarlo, tal acción hizo que Nashira volteara también hacia arriba y lo viera.
—Creo que él es demasiado despistado —dijo Sakura y bajó su mano, luego tomó la carriola—. Me disculpo por lo que sea que te haya hecho, estoy segura que no lo hizo a propósito.
—No... me hizo nada —Nashira seguía apenada—. Hablo con sinceridad.
Sakura sólo sonrió.
—Cuando quieras puedes ir a visitarnos a Sarada y a mí, ahora descanso los fines de semana. Te daré mi dirección, así no tendrás ningún problema.
Nashira buscó en su bolso un bolígrafo y una libreta para que Sakura anotara sus datos.
—Gracias, Sakura.
—Nos vemos —Sakura miró a su hija—. Sarada, despídete de Nashira.
Nashira acarició la cabecita de la niña y se quedó de pie viéndolas marcharse. Permaneció de esa manera mientras aprovechaba para pensar en las palabras de Sakura respecto a su jefe.
—¿A caso ya... He superado mis sentimientos?
Dijo en voz baja sin dejar de mirar en dirección a donde ellas se habían ido. Un mechón de su cabello bailaba con el viento ligero y le hacía cosquillas en la mejilla, sus ojos vagaban en los recuerdos.
—Parece que tú y Sakura se llevan bien.
—Sí, ella es una buena mujer.
Bruscamente Nashira reaccionó y miró a un lado al autor de aquella frase, Kakashi volteó y le sonrió.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí? ¿No estabas en tu oficina?
—Hay un evento en La Academia Ninja y es mi responsabilidad como Hokage asistir —dijo—, tendré que saltarme la hora de la comida para ir.
—Oh, entonces parece que voy a tener un rato más de libertad —estiró los brazos y relajó los hombros.
—Nop. De hecho, tú vas a ir conmigo.
Nashira frunció el ceño.
—¿Qué? ¿Por qué? Tú eres el Hokage.
—Exacto —la señaló—, por lo tanto te ordeno que me acompañes.
(...)
Kakashi miraba despreocupado a su alrededor, quería estar seguro de que nadie los estaba siguiendo pero no pudo detectar ninguna amenaza. Nashira seguía mirándolo de reojo y sintiendo cómo su corazón latía fuertemente cuando lo veía.
«No debería sentirme así, él es alguien aburrido»
—¿Hmm? —Kakashi volteó a verla— ¿Me hablabas?
—¿Eh? —Nashira se espantó y negó con su cabeza— ¿A caso lee mis pensamientos? —Dijo en su mente.
—Lo siento, últimamente he estado muy estresado.
Nashira suspiró aliviada.
—Nunca has visto La Academia Ninja, ¿verdad?
—No. Sólo he oído de ella pero jamás me interesé.
Kakashi señaló hacia el frente para mostrarle el gran edificio que estaba siendo modernizado, Nashira no pudo ocultar la sorpresa de su rostro, era un lugar más grande de lo que se había imaginado.
—Ésa es la famosa academia para formar ninjas.
—¿Tú estudiaste allí?
—Sí.
—¿Muchos años?
Kakashi se rascó la mejilla.
—Digamos que... Me gradué a los cinco años.
Nashira parpadeó varias veces intentando comprender.
—¿Y entraste a qué edad?
—A los cinco.
—¡Pero qué dem-! ¡¿EH?! —Se paró en seco y Kakashi no tuvo más opción que hacer lo mismo— ¡¿Eres un monstruo o algo así?!
—Oye, oye... La gente suele decirme genio, jamás me habían dicho monstruo.
Nashira sacudió la cabeza.
—¿Cómo lo hiciste?
—Bueno... Digamos que tuve el talento necesario para aprobar el examen de graduación.
—¿Cuáles son los rangos ninjas?
—Genin, Chūnin y Jōnin. El rango más alto es el de Kage, pero ése sólo lo pueden ejercer pocos, como sabrás, en esta aldea sólo han habido seis Hokages.
Nashira continuó arrugando su frente y mordiéndose los labios.
—Entonces, para subir de rango deben presentar exámenes.
—Así es.
—Entiendo entonces que te haya resultado sencillo alcanzar el primero, ¿cuándo te convertiste en Chūnin?
—Cuando pasé el examen.
Nashira rodó los ojos.
—Sí Kakashi, me refiero a la edad ¿qué edad tenías?
Kakashi hizo el acto como si estuviera pensando.
—A los seis.
—¡¿QUÉ?!
Nashira retrocedió y se abrazó a sí misma, Kakashi la miró con confusión.
—¿Qué tienes?
—A sólo un año de haberte graduado, alcanzaste el segundo nivel ¿qué clase de persona eres? ¿Puedes leer la mente?
Kakashi le puso ambas manos en los hombros y la miró fijamente haciéndola contener la respiración.
—Sí, y estás pensando que...
Nashira entreabrió sus labios sin dejar de verlo directamente, estaba nerviosa por el repentino acercamiento. Sonaba ilógico, pero de verdad creyó que Kakashi podía leer su mente.
—Tu corazón se ha acelerado —dijo y ella sintió que efectivamente, estaba latiendo de prisa—, y ahora mismo piensas que yo...
Sus oídos estaban expectantes a su respuesta.
—Piensas que yo soy un genio —la soltó—. Ahora lo piensas ¿no?
Aunque sintió decepción también había alivio en su alma, respiró por fin y asintió con su cabeza. De todos modos, Kakashi estaba en lo cierto: ella ya pensaba que él era un genio.
Siguieron el camino hasta llegar a las puertas de La Academia Ninja. Kakashi fue recibido con total respeto y elogios, y los niños que lo veían se emocionaban y sus ojos brillaban; Nashira fue capaz de notarlo y entender un poco la clase de persona que era su jefe.
Se estaba familiarizando con la idea del tipo de ninja que era, y el porqué lo respetaban tanto, no sólo por ser el líder de una aldea sino por lo que había logrado. Según oyó, Kakashi fue un elemento importante para ganar la Cuarta Guerra y por sus habilidades y conocimientos fue elegido para ser Hokage. Se estaba esforzando día con día para mantener la paz y que los niños pudieran crecer sanos y salvos en un mundo tranquilo.
Caminaron hacia el patio de la academia donde varios niños estaban formados, ella simplemente era una espectadora. Se mantuvo silenciosa en una orilla mientras veía cómo Kakashi se encargaba de dar una palabras de bienvenida a todos los niños. Fue entonces que se dio cuenta que era una ceremonia por el nuevo ingreso de estudiantes, los vio a todos y no les calculó más de seis años, todos eran unos pequeñines que se prepararían para ser shinobis.
Algunos estaban asustados, lo pudo ver en las expresiones de sus rostros. Se imaginó cómo hubiera sido Kakashi cuando se presentó a su ceremonia de ingreso, sonrió ligeramente a pensar que pudo haberse visto realmente tierno.
Sus ojos siguieron el trayecto hasta percatarse que había adultos aguardando en un extremo del patio, sólo les dio un recorrido rápido cuando entendió que posiblemente eran los padres de familia o tutores de los infantes.
Kakashi por su parte había terminado de hablar, hacer ese tipo de actos ya no eran tan complicados como en un principio y se estaba acostumbrando. Bajó de la tarima y varios profesores se acercaron a él para agradecerle por su participación, algunos niños también se aproximaron para saludarlo y entonces él simplemente les sobó la cabeza como si fueran cachorritos.
Más niños siguieron llegando para por lo menos mirar de cerca a Kakashi, pronto había casi una multitud de estudiantes de nuevo ingreso y de grados más altos para hablar con él. Kakashi sólo atinaba a chocar sus manos y felicitarlos.
Nashira caminaba a paso lento para acercarse mientras sus ojos seguían viendo a Kakashi; su corazón latía con aparente calma pero había algo más... Una sensación cálida en su pecho al verlo rodeado de pequeños que sentían admiración por él.
No supo en qué momento algo se estampó contra su cuerpo y entonces miró a un niño caer de rodillas al suelo por el impacto del choque. Rápidamente se agachó para darle una mano y el niño la tomó mientras se sacudía las rodillas, luego se miraron a los ojos y ella vio algo familiar en ellos.
—Lo siento, señorita —dijo el niño.
—¿Estás bien?
Él asintió con su cabecita.
—No deberías correr sin precaución, ten más cuidado.
—Sólo quería saludar al Hokage.
—¡Kuroyi! ¡Kuroyi!
Gritaba una voz masculina la cual se oía cada vez más cerca, pronto un hombre tocó los hombros del pequeño y lo volteó para verlo, Nashira se enderezó viendo la espalda del sujeto.
—Ten cuidado, si vas a ser un shinobi debes poner atención y estar alerta —le dijo con un tono de preocupación.
Kakashi pronto dejó a la multitud de niños y caminó junto a Nashira pero ella no volteó a verlo porque siguió observando la escena en silencio.
—Ya me disculpe con la señorita —dijo el niño y el hombre volteó para hacer una reverencia.
—Lo lamento, no volverá a pasar.
Cuando su cuerpo se enderezó, el corazón de Nashira dio un vuelco y todo el cuerpo se le endureció haciéndola incapaz de sentir o moverse. Lo único que podía advertir dentro de sí, era lo fuerte que latía el corazón en su pecho.
El hombre por su parte se quedó casi del mismo modo, pero su mirada titubeó, miró a Kakashi y al suelo, luego volvió a ver a Nashira.
—¿Es su hijo? —Preguntó Kakashi al hombre.
—Sí, es mi hijo menor —respondió él y el niño miró emocionado a Kakashi.
—¡Sexto Hokage! —decía él con notable alegría y levantó su mano para saludarlo, acto que Kakashi correspondió.
—Sé un buen ninja.
—Quiero ser como usted —sonrió.
Los ojos de Nashira seguían viendo al padre del niño y cuando menos se lo esperó, ya se habían llenado de lágrimas. Kakashi volteó para decirle algo pero se quedó aturdido cuando la miró en ese estado.
Ella no podía controlar su visible dolor y aunque sus ojos se movieron de lugar viendo al Hokage, no pudo decir nada, simplemente hizo una reverencia y se dio la media vuelta para caminar alejándose y sus pasos tomaron mayor velocidad conforme avanzaron.
Kakashi miró al hombre junto al niño y vio en los ojos de éste seriedad y pena.
—¿Papá? —El niño lo llamó y él volteó sin expresar nada.
—Me retiro, por favor disculpen.
Kakashi salió casi corriendo detrás de su asistente, pero entonces Iruka y otras autoridades de la academia lo detuvieron para hablar de asuntos referentes a la escuela. Aunque intentó zafarse de la charla, no pudo hacer más que ver cómo Nashira escapaba frente a sus ojos.
Ella finalmente se detuvo fuera de la escuela y se apoyó en el tronco de un árbol para respirar y llevar una mano a su pecho queriendo amortiguar lo que estaba sintiendo pero aunque se estaba esforzando, no pudo evitar sentir cómo sus mejillas se mojaban con desbordantes lágrimas.
Sollozó y respiró otra vez para no llorar fuerte, sus ojos nublados miraron hacia las copas de los árboles y se mordió los labios queriendo evitar hacer ruido. Constantemente se limpiaba la cara y añadió a su sufrimiento la carga y remordimiento de haber expuesto sus lágrimas una vez más a Kakashi.
—¿Por qué?
Dijo con voz entrecortada cerrando su puño con la tela de su abrigo.
—¿Por qué sigue doliendo tanto?
Lloró en silencio ahogando un grito de amargura. Bajó la cabeza y se sentó en el suelo mientras abrazaba su bolso y se recargaba en el tronco.
«—Señorita, déjame acompañarte hasta tu casa, sólo para asegurarme de que nadie te hará daño.
—Estaré bien, gracias, pero soy una mujer fuerte.
—Perdona que lo diga tan directamente pero... Te ves como una frágil rosa.»
El llanto de Nashira cesó, pero su rostro no tenía remedio. Sus ojos habían enrojecido por las lágrimas y su pecho dolía. Tenía la sensación de que había sido derrotada y despertada de su sueño, de uno donde ella por fin había superado esa cruel etapa de su vida.
—Me dijiste que siempre me amarías —apenas pudo pronunciar—. Y yo te creí.
Nuevas lágrimas cayeron pero esta vez no rompió a llorar, simplemente se mantuvo sentada abrazando su bolso mientras su mirada se perdía en la nada.
Permaneció un rato en el suelo y elevó las piernas para abrazar sus rodillas, apoyó su mentón sobre éstas y siguió espirando.
Una calidez extraña apareció sobre su cabeza, quiso levantar la cara para ver de quién se trataba pero la presión que se ejercía sobre ella le impidió hacerlo. Luego, una voz le dio la respuesta a su pregunta.
—Calma —dijo él—, soy yo.
Nashira reconoció la voz y dejó de luchar para levantar el rostro.
—¿Estás bien?
Ella movió su cabeza sin hablar.
—¿Puedo saber qué fue lo que sucedió?
Ella realmente no quería contar esa parte de su vida, pensaba que para alguien más sería una tontería la causa de su sufrimiento. Kakashi se sentó a su lado con una pierna flexionada sobre la que apoyó su brazo.
—Conoces a ese hombre ¿no es así?
Ella continuó callada sin mirarlo, y abrazó con más fuerza sus rodillas.
—¿Quién es?
Nashira abrió sus labios que estaban temblando y dudó varios segundos antes de contestar. Ni siquiera estaba segura de lo que quería decir.
—Keito Kurosawa...
Kakashi inclinó la cabeza para verla.
—¿Hmm?
—Él fue mi primer amor.
El tono tan triste con que lo pronunció causó estragos en el interior de Kakashi, como si pudiera conectarse con Nashira y sentir lo que ella estaba experimentando. Aunque quería darle palabras de aliento, no sabía qué debía decir para hacerla sentir mejor, simplemente continuó mirando su perfil y lo cansados y tristes que estaban sus ojos. Comparado con su llanto anterior, esa tristeza era distinta.
Kakashi le acarició la cabeza como muestra de apoyo, todavía no lo entendía bien pero ya estaba seguro de que no le gustaba ver a su asistente llorar.
—No sé lo que ocurrió entre ustedes, no tenía idea de que alguna vez estuviste enamorada de un ninja.
La voz de Kakashi era tranquila y aunque Nashira estaba severamente afectada por el encuentro con su pasado, sintió que la suavidad de esa voz la relajaba.
—Pero, sea lo que sea... Estoy seguro de que todo lo ocurrido ha sido por tu propio bien.
—Yo tenía diecisiete años cuando lo conocí —dijo y Kakashi le prestó atención—. Sólo había pasado un año desde el fallecimiento de mi hermano. Estaba sola y con un inmenso vacío.
Hizo una pausa recordando los hechos y podía ver las imágenes claramente.
—Ese día, yo salí tarde de mi trabajo. Nunca cruzaba el bosque porque era peligroso, pero era un atajo a mi casa y me urgía regresar.
Repentinamente, en sus ojos melancólicos apareció cierto brillo que Kakashi no pasó desapercibido pero se mantuvo callado para seguir oyendo el pasado de su asistente.
—Mientras lo cruzaba asustada de que algún animal o persona pudiera atacarme, escuché un ruido sobre la rama de un árbol y me espanté... Estuve a punto de gritar de miedo pero entonces un hombre saltó y se puso frente a mí.
Kakashi dejó de acariciar la cabeza de Nashira pero no apartó su mano.
—Me preguntó si vivía lejos y me ofreció su compañía para asegurarse de que nadie me interceptara en el camino. Yo me negué pero él insistió, me dijo su nombre y me preguntó el mío... Sentí que el corazón se me saldría del pecho.
Nashira soltó sus rodillas y arrugó la frente.
—Estuvo acompañándome a casa todas las tardes, siempre siendo respetuoso y amable. Me decía cosas lindas y me hacía olvidar el vacío que me dejó el perder a mi hermano y a mi padre —Nashira miró a Kakashi con una expresión de dolor que le atravesó el alma, aunque ella sonrió, su gesto estaba lleno de amargura—. Me enamoré de él, y él me dijo que también sentía lo mismo.
Kakashi quería decir lo que su mente maquinaba en esos momentos: Que los amores de adolescencia son bellos pero fugaces y ese sentimiento era algo que Nashira debía superar hasta que ella continuó con su relato matando toda idea absurda que se le pudo ocurrir.
—Por primera vez en mucho tiempo, me sentí plena. Creí que duraría para siempre, que nos casaríamos y formaríamos una familia.
—¿Qué ocurrió?
Nashira estuvo a punto de contar algo más pero se abstuvo, pensó que Kakashi no lo comprendería por lo que decidió darle fin a su historia.
—Él... Ya estaba casado —confesó, Kakashi quedó helado con las palabras—. Sólo estaba haciendo una misión en mi pueblo, una misión lo suficientemente larga para lograr hacerme tener sentimientos por él —bajó su mirada—. Al final descubrí que no sólo estaba casado desde hace tiempo, sino también que su esposa estaba embarazada.
Nashira respiró hondo.
—No sabes lo doloroso que fue. Aunque han pasado muchos años desde entonces, y yo creí que ya no me afectaría... Mírame, aquí estoy llorando como niña —rió—. Debo ser patética... Sí, así es como soy.
—No lo eres —Kakashi miró hacia el cielo cubierto casi en su totalidad, por las hojas verdes y amarillas de los árboles—. Eres una mujer fuerte, por eso eres mi asistente.
Nashira sonrió con pena y se limpió los ojos.
—¿Todavía lo quieres?
Ella meditó bien esas palabras antes de dar una respuesta. Lentamente movió su cabeza y suspiró.
—No. De hecho, hubo un tiempo en que lo odié por lo que me hizo. Si estoy llorando ahora es... Porque verlo de nuevo removió todos esos recuerdos que quise borrar y me sentí igual de miserable que la última vez que nos vimos.
—Ah... El amor es complicado ¿no es así? —Kakashi metió su mano en el bolsillo de su chaleco pero no encontró ningún pañuelo, maldijo internamente por olvidarlo.
—Lo siento —dijo Nashira y se puso sobre sus rodillas para inclinarse frente al Hokage—, de verdad me disculpo.
—¿Eh? ¿Qué pasa tan de repente?
Sus puños se cerraron arrastrando tierra, la cabeza de Nashira seguía hacia abajo siendo incapaz de mirar a los ojos de su superior.
—Me disculpo por los problemas que te he causado con mi actitud, no pretendí llorar frente a ti, no me gusta llorar frente a nadie porque eso sólo denota debilidad.
—Llorar no es malo —Kakashi la obligó a levantar el cuerpo con sus manos, sujetó su rostro y lo miró detenidamente—. Llorar no es de cobardes. Es normal que te duela, las heridas a veces tardan en sanar, dependiendo de la profundidad de las mismas.
Nashira sintió que su corazón latía de nuevo, pero sin ese peso doloroso y frustrante que la sofocó cuando vio los ojos de su antiguo amor. Las manos de Kakashi sostenían su cara y ambos pulgares se mantenían firmes sobre sus mejillas.
—Sólo eras una jovencita inexperta en el amor, él se aprovechó de tu vulnerabilidad por la pérdida de tus seres amados y quisiste reemplazar ese vacío con el cariño y atención que él te estaba ofreciendo. Eso es lo que pasó, no te sientas miserable por haber amado aunque él haya sido una basura contigo por mentirte de esa forma.
Las manos de Kakashi abandonaron el rostro de Nashira y fueron hacia la tela de su máscara para bajarla, exponiendo una vez más su cara.
—Esta cicatriz nunca se irá —señaló su ojo—, y siempre me recordará un pasado trágico y doloroso. Pero a pesar de que antes me lastimaba, hoy lo recuerdo con calma y entiendo que al final me ayudó a crecer emocionalmente.
La mirada de Nashira recorrió la cicatriz y después viajó hasta el lunar bajo sus labios.
—Hay cicatrices físicas y cicatrices internas. Algunas son más dolorosas que otras pero siempre nos sirven para ser más fuertes. Bien, ya has descargado toda tu tristeza por hoy —Kakashi se levantó sacudiéndose el pantalón y le tendió una mano para poner de pie a su asistente—. No quiero verte con esa cara otra vez, quiero que seas la Nashira grosera y arrogante que me trata mal ¿entendido?
Nashira sonrió débilmente y se sacudió las manos. Momentáneamente miraba el rostro descubierto de Kakashi, pues él aún no se había dignado a cubrírselo.
—¿Sabes? —Kakashi se cruzó de brazos— Pensé que eras lesbiana.
Nashira abrió más los ojos con tales palabras.
—Pero creo que al igual que tú creíste que Sukea era gay, yo también me equivoqué contigo. Perdón —puso su mano firme frente a su propia cara para disculparse.
—¿Cómo podría ser lesbiana? —Masculló— Idiota.
Kakashi empezó a reír y se subió la máscara ocasionando cierta decepción en su asistente.
—Bueno, no puedes volver a la Torre con esa cara, así que ve a casa y tómate el resto del día.
—No, regresaré a trabajar.
—Pero tus ojos...
—¿Crees que me importa lo que piensen de mí los demás? A estas alturas, ya nada podría lastimarme más.
Kakashi le puso una mano en el hombro.
—De acuerdo, volvamos entonces...
Caminaron juntos de regreso, quizás ella con un peso menos sobre su cuerpo. Su pensamiento se había hecho un caos cuando vio a aquel hombre a poca distancia de ella, y entonces una comparación mental surgió casi de inmediato.
En una balanza pesaba más la imagen de Kakashi que la de Keito. Su corazón palpitaba distinto y un calor más agradable la inundaba cuando veía al Hokage. Su vista se mantuvo en la nuca de él mientras caminaban para entrar al edificio, y se detuvo antes de ingresar.
—Bien... No puedo negarlo —pensó y Kakashi volteó cuando se percató de que ella no lo seguía—. Me gustas, Kakashi... Lamentablemente me gustas.
(...)
La luz de la habitación de archivos estaba encendida, ya casi todos los empleados se habían marchado y unos pocos shinobis resguardaban la entrada principal. Kakashi estaba de pie frente a un archivero que tenía un cajón abierto. En sus manos sostenía una carpeta y sus ojos estaban fijos leyendo el contenido de las hojas.
En la esquina superior izquierda estaba la foto de un shinobi y sus datos se extendían por toda la hoja blanca.
—Keito Kurosawa —leyó y miró la imagen de aquel hombre, luego sus ojos se dirigieron al rango actual del shinobi y una mueca de burla apareció en su cara antes de pronunciarlo—. Chūnin, desde hace doce años.
Vio las estadísticas de sus misiones y determinó mentalmente que Keito era un ninja promedio, no era alguien que destacara en ningún ámbito y presentó el examen de graduación dos veces.
Se acordó del rostro de su asistente, aquel que estaba lleno de dolor y fue como visualizarse a sí mismo cuando sufría por los errores cometidos. Sus manos apretaron la carpeta y miró con molestia la fotografía del shinobi.
—No puedo permitir esta clase de actos.
Por primera vez, Kakashi sintió que quería abrazar a su asistente y decirle que todo estaría bien.
