Capítulo 17.- "En busca de un obsequio"

Kakashi se mantenía quieto, firme y de pie mirando de frente a los shinobis que llenaban el gran salón de juntas. Vestía su túnica blanca y su emblemático sombrero de Hokage; odiaba usarlo, sí, pero de ese modo, llevando el uniforme completo podría proyectar una imagen con mayor peso autoritario.

Nadie entendía por qué habían sido llamados a una repentina junta, aunque no todos los shinobis pudieron asistir a causa de misiones y horarios de trabajo, pero buena parte de ellos se situaba a la espera de oír al Hokage hablar.

De reojo se miraban y algunos ninjas vieron a Naruto y Sasuke quienes también formaban parte de la reunión. Supusieron que si ninjas de gran peso como ellos de igual modo fueron citados, sólo podía significar que el asunto era importante.

Kakashi miró entre los asistentes a alguien en específico, ese hombre que lucía calmado y simple, el que había hecho llorar a Nashira. Entonces carraspeó para que guardaran silencio y todos obedecieron. No había nadie más que el Sexto Hokage sobre la tarima.

—Bien, ya que la gran mayoría está aquí vamos a empezar.

Shikamaru miró discretamente a su alrededor y fue el primero en darse cuenta que en ese salón sólo había hombres. Se cuestionó por qué Kakashi no citó a las kunoichis.

—Primero quiero agradecer al escuadrón B que completó satisfactoriamente la misión en el País del Viento. Buen trabajo.

Rock Lee, Kiba y otros ninjas se emocionaron por haber sido elogiados.

—Ahora, hay algo importante que deseo hablar con todos ustedes —Kakashi los recorrió con la mirada—. Es posible que se estén preguntando por qué no hay mujeres en esta reunión.

Naruto miró a todos lados moviendo bruscamente la cabeza, dándose cuenta de que Kakashi estaba en lo cierto; Sasuke le metió un codazo para que dejara de parecer un tonto.

—Generalmente, es mayor el número de varones que ejercen el cargo de ninja en comparación con las mujeres, además es sabido que gran parte de las kunoichis se retiran de su trabajo para dedicarse a su familia. No estoy diciendo que ellas no sean importantes para ser llamadas a esta junta, simplemente lo que quiero hablar con todos ustedes es un asunto entre hombres.

Kakashi comenzó a moverse sobre el estrado y se cruzó de brazos.

—Me gustaría recordarles a todos un requisito indispensable para ser shinobi —Kakashi se detuvo para mirarlos—. Hablo de la voluntad de fuego. Al convertirnos en shinobis somos hombres capaces de arriesgar o entregar nuestra vida por el bienestar de este país, por lo tanto siendo la fuerza que sostiene a los civiles y les protege del enemigo, tenemos una gran responsabilidad sobre nuestros hombros.

Lee apretaba el puño y sentía cómo su cuerpo reaccionaba a las apasionantes palabras de valor que Kakashi estaba recitando.

—Por eso mismo, al portar la bandana como parte de su uniforme, están demostrando al mundo que son la representación de una nación poderosa.

Sasuke achicó los ojos, estaba empezando a arrepentirse de haber asistido a la junta; sentía que Kakashi estaba divagando demasiado y no era directo al punto al que quería llegar. Shikamaru pensó que Kakashi primero les motivaría a sentirse parte de algo importante para después regañarlos por algo que pasó y Naruto se preguntaba por qué su ex sensei estaba actuando como Guy sensei. El resto de los shinobis estaban siendo inundados de orgullo e inflaban el pecho por las palabras de motivación que el Hokage expresaba.

—Quiero que sean ninjas dignos de reconocimiento y admiración.

Luego de una charla estimulante, Kakashi comenzó a cambiar la expresión de sus ojos volviéndolos fríos.

—Así que no avergüencen a esta nación con actos deshonrosos —la tensión comenzó a llenar la sala—. A donde quiera que vayan, ya sea que estén en servicio o estén descansando, siempre deben actuar con ética.

Kakashi miró los rostros de algunos miembros de espectadores, y entre ellos estaba Keito, le vio cara de aburrimiento y sintió una fuerte molestia recorrer su interior, así que sin pensar en lo que hacía, Kakashi levantó más la voz haciendo que todos excepto Sasuke, se sacudieran.

—¡No he escuchado su respuesta!

—¡S-sí señor! —Exclamaron.

Kakashi bajó un escalón del estrado y arrugó la frente, todos estaban inmóviles.

—Si van a ir a bares, no molesten a los demás clientes y tampoco ocasionen problemas a los propietarios de estos establecimientos. Dejen de presumir que son shinobis si no van a actuar como tales.

El hombre que molestó a Nashira en el bar, tragó saliva imaginando que Kakashi sabía algo de él.

—¡No quiero recibir una queja más sobre malas conductas! No me avergüencen delante de los demás. ¿Entendieron?

—¡Sí señor!

El Hokage se dio la media vuelta y subió de nueva cuenta a la tarima.

—Una cosa más —se giró y volvió a encararlos—. Cada quien puede hacer de su vida privada lo que más le plazca, pero si quieren vivir una aventura o desliz ¡no se les ocurra acudir a jovencitas! ¡Queda estrictamente prohibido mantener relaciones amorosas y/o sexuales con menores de edad!

Kakashi no pudo soportarlo más e hizo contacto visual con Keito, pero el hombre no pudo sostener la mirada de su superior.

—Si es posible —dijo Kakashi—, eviten cometer la desfachatez de una infidelidad. Ustedes son hombres fuertes que lograron convertirse en shinobis porque pueden controlar sus emociones, porque aman a este país —sus ojos continuaron viendo al ninja—... Amen a sus esposas, amen a sus hijos, no destruyan algo que con mucho esfuerzo se construyó —a su mente llegó la imagen de sus asistente cuando estaba llorando, sintió cómo se le estrujó el corazón—, y tampoco lastimen los sentimientos de aquellas personas que confían en ustedes.

—¡Sí señor!

—Espero que todos sin excepción, acaten mis órdenes. Si cometen una falta me enteraré, créanme que lo sabré casi de inmediato y entonces voy a castigarlos y en el peor de los casos —dio un recorrido lento con su mirada a todos en el salón—, los destituiré de su cargo y no podrán volver a ser shinobis. Es todo, retírense.

Se rompieron filas y empezaron a abandonar el salón, Naruto y Sasuke se miraron con seriedad antes de empezar a caminar hacia la puerta de salida.

—¿Qué fue todo eso? —Soltó el rubio— ¿Le pasa algo a Kakashi sensei?

Sasuke mantuvo el silencio antes de dar una respuesta, pero no encontró ninguna razón lógica para que Kakashi estuviera así de molesto.

Todavía seguía pensando en algo cuando escuchó un par de murmullos de dos hombres jóvenes que iban saliendo.

—Habla de ser rectos y él asesinó a su compañera de equipo.

—Sí. Yo he oído que quiere conseguir una esposa y le han ofrecido varias jovencitas, espero que no se haya mordido la lengua cuando dio todo ese sermón.

Naruto apretó el puño, estaba a punto de ir a reclamarles a los dos hombres pero Shikamaru lo tomó del brazo impidiéndole avanzar.

—¡Suéltame! ¡Voy a decirles unas cuantas cosas a esos inútiles malagradecidos!

—No te alteres, no vale la pena pelear con inferiores.

Finalmente lo liberó y Naruto miró hacia donde se había ido el par de ninjas. Frunció el ceño al ver que ya no estaban.

—Ellos no conocen a Kakashi sensei en lo absoluto —Naruto seguía visiblemente enojado—. ¿Cómo se atreven a hablar mal de él?

—Me parece extraño que Kakashi estuviera tan molesto —Sasuke miró a Shikamaru—. ¿Qué le sucede?

Shikamaru se encogió de hombros.

—Ni idea. Ha estado así desde el jueves.

—La mujer que es su asistente... ¿Es ninja?

Naruto los miró a ambos, no estaba comprendiendo la charla.

—Hasta donde sé, sólo es una civil común y corriente. ¿A caso tú sabes algo de ella, Sasuke?

—¿Quién, quién? ¿Qué, qué? —Preguntó Naruto pero fue ignorado.

—Hmp. Supongo que no es nada preocupante.

Sasuke no dijo nada más y se fue dejando a un rubio lleno de dudas y a Shikamaru con inquietud.

—¿De quién hablaba Sasuke?

—Eh... No, no era nada en especial.

—¡¿Por qué nadie me quiere decir?! —Dijo con frustración.

(...)

Kakashi caminaba por el largo pasillo hacia su oficina, seguía pensando en su discurso anterior y reconoció que exageró un poco en el tono alto de su voz. Sin embargo, estaba convencido que fue lo mejor para que de ese modo sus palabras taladraran las mentes de los shinobis en caso de que quisieran hacer algo indebido.

En el trayecto vio a un hombre sentado sobre una silla de ruedas, le estaba esperando con una sonrisa y mirada determinante.

—Estás aprendiendo de tu viejo rival ¿no es así, Kakashi?

Kakashi se detuvo frente a él.

—Guy... No pensé que te presentarías a la reunión.

—¿Cómo ignorar el llamado del Sexto? —Alzó su pulgar— Me enorgulleces, esa manera de hablar con tanta pasión hizo que recordara buenos momentos.

Kakashi ladeó la cabeza y se rascó la mejilla.

—Bueno... Sólo quería dejar en claro que reglas son reglas y aplican igual para todos.

—¿Cómo vas con tus candidatas? ¿Ya escogiste una buena mujer?

—La verdad, no he pensando en ellas desde hace unos días —reconoció y se recargó en la pared cruzándose de brazos—. Quiero despejar mi mente, ni siquiera he tenido tiempo de leer mis novelas.

Guy empezó a reír ruidosamente.

—Tú no cambias. Sigues igual de desabrido como siempre.

—Gracias por el apoyo —el sarcasmo fue evidente en su frase.

—Sólo espero que la decisión que tomes sea la correcta, Kakashi —los ojos de Guy casi ardían en llamas cuando miró a su rival, Kakashi lo notó—. No sé muy bien sobre mujeres, pero si hay algo en lo que pueda ayudarte sabes que siempre puedes recurrir a mí.

—Ya que estás disponible... ¿Algo que puedas aconsejarme para obsequiar a una mujer?

—¿Eh? —Guy parpadeó— ¿Piensas comprar un regalo para una chica?

—Bueno, ya es una mujer adulta.

La sonrisa seductora se dibujó en los labios de Guy, y miró a Kakashi de un modo pícaro logrando incomodarlo.

—Esa llama arde fuerte dentro de ti, amigo mío.

—No es lo que piensas. No es para una de mis candidatas, es para una amiga —Kakashi movió su mano en el aire de arriba a abajo—. Su cumpleaños es mañana y no tengo ni la más remota idea de qué puedo regalarle.

Guy apoyó la barbilla sobre su dedo índice.

—Creo que depende de sus gustos ¿hay algo que le guste mucho a tu amiga?

Kakashi miró al techo y arrugó la frente.

«Leer»

Imaginó un escenario donde le regalaba a Nashira un libro erótico.

¡Eres un puerco! ¿Cómo te atreves a regalarme algo así? ¡Soy una dama! Es cierto que me gusta leer estas cosas pero ¡es mi privacidad, Kakashi!

Kakashi sacudió la cabeza saliendo de su sueño.

—Eso definitivamente no funcionaría.

—¿Kakashi?

El Hokage volteó con Guy quien seguía a la espera de una respuesta.

—Hmm... Pues, no conozco todavía mucho sobre ella.

—Entonces puedes regalarle ropa.

Kakashi imaginó otro escenario donde llegaba con algunas prendas nuevas para su asistente.

¡¿Qué?! ¡¿Bragas sensuales?! ¡Eres un degenerado, Kakashi! ¡Llévate tus sucias bragas y póntelas tú!

Volvió a sacudir la cabeza negando la posibilidad de eso.

—No creo que sea buena idea.

—¿Qué tal si le regalas flores? Es algo común y seguro no se negará. No hay mujer que yo conozca a la que no le gusten las flores.

—Guy ¿cuántas mujeres puedes conocer, tú? —Kakashi lo miró con los ojos medio cerrados.

—¡Ugh! ¡Aunque lo dudes!

—Me parece que la idea de las flores es muy acertada.

Ambos hombres voltearon para ver a Sai, quien caminaba acercándose mientras les sonreía.

—Muy buenas palabras, señor Hokage.

—Ah, también estuviste ahí, Sai.

—Sí, su discurso me hizo pensar en Ino y en mi hijo y estoy seguro que a otros hombres les pasó igual. Es bueno recordar de vez en cuando que tenemos una familia que confía en nosotros.

Kakashi se sintió complacido con aquellas palabras, queriendo creer que el resto de los shinobis pensaban como él.

—Volviendo a lo del regalo, estoy seguro que a Nashira le encantarán una bonitas campanulas y lirios azules.

—¿Nashira? —Guy miró a Kakashi que estaba comenzando a sudar.

—¿Qu-qué? —Rió por los nervios— Eres muy bueno en sacar conclusiones, Sai.

—¿Por qué no pasa por la floristería Yamanaka? Ino estará feliz de preparar un hermoso ramo para su asistente, señor Hokage.

Guy seguía mirando a Kakashi.

—Sa-sai, ya entendí.

—¿Asistente? ¿Estás saliendo con tu asistente, Kakashi?

Un hombre castaño apareció junto a ellos, Kakashi se estremeció.

—Yamato ¿qué estás haciendo aquí? ¡Tienes que vigilar a Orochimaru!

—Tuve que venir a la reunión que convocaste, dejé un relevo en mi lugar. Pero no cambies el tema, ¿es cierto que ya tienes novia? ¿Cancelaste lo de las candidatas?

—¡No! ¡No! ¿Por qué están sacando conclusiones?

—Dijiste algo de querer dar un regalo a una mujer por su cumpleaños —habló Guy—, nunca te había visto tan entusiasmado.

—Me sorprendes, Kakashi —Yamato intervino—. No sé si es algo bueno o malo pero te ves feliz.

—¡¿Qu-qué?! ¡No! ¡Basta! ¡Sólo es una amiga!

—Ahora se les llama así ¿eh?

Ibiki apareció en la escena mientras sonreía burlonamente, Kakashi quería que la tierra se lo tragara.

—No he tenido el gusto de conocer a la desafortunada mujer que atrapó tu corazón, pero debe ser bella.

—Ibiki, ¿tú también? ¡Ya les dije que es sólo una amiga!

—¿Una amiga con derechos?

—¡No! ¡Sólo una amiga! ¿De acuerdo? No estoy saliendo con ella.

Se oyó un carraspeo y todos miraron a un lado. Nashira sonrió de compromiso e hizo una leve reverencia, Kakashi sintió que el corazón le explotaría.

—Lamento interrumpir su reunión, señor Hokage. Pero, tiene una visita de la doctora Sakura. Le dije que podía esperarlo en su oficina.

Ibiki, Guy y Yamato miraron a Nashira de pies a cabeza sin ningún tipo de discreción. Ella sintió que le ardía la cara pero trató de mantener su postura firme.

—Ah, sí, sí. Enseguida voy. Gracias Nashira.

—Con su permiso.

La mujer se alejó y cuando desapareció de la vista de los hombres, todos se giraron a Kakashi y éste palideció.

—Bueno, ya oyeron. Tengo trabajo esperándome.

—Es guapa, Kakashi —dijo Yamato—. ¿Por qué no nos habías contado de ella?

—Gu-¿guapa?

—Se ve que es una mujer astuta, me gusta esa postura de firmeza en una mujer —confesó Ibiki.

—¿Firmeza?

—Me parece que tu amiga tiene el potencial para domar a cualquier bestia salvaje.

—¿Domar? ¡¿A caso ustedes están deseándola?!

Sai sonrió cuando vio que todos los demás shinobis levantaban sus manos negándolo.

—Entonces señor Hokage —habló atrapando la atención—... ¿Irá a la floristería?

(...)

Kakashi cargaba a Sarada y la elevaba con sus brazos, la niña reía emocionada contagiando su alegría al hombre.

Sakura le observaba desde el asiento imaginándose a su sensei como padre de familia. Si él iba a casarse pronto, podría significar que tal vez quisiera tener un hijo.

Kakashi se sentó con la niña en su regazo y Sarada estiró la mano para tomar un bolígrafo del escritorio.

—No, no, Sarada —Kakashi se lo quitó—, esto podría ser peligroso.

La niña empezó a hacer pucheros.

—Hey, hey, mírame Sarada —la puso frente a su cara—. No llores, las niñas fuertes no lloran. Bueno, sí pero no por estas cosas.

Sakura empezó a reír.

—Kakashi sensei, usted sería un buen padre.

—Es por comentarios como estos que haces que Sasuke me odie ¿lo sabías? Por cierto ¿puedo saber el motivo de tu visita?

Sakura se acomodó en el asiento y apoyó sus codos sobre el escritorio.

—Me sorprendió que a la reunión no fuéramos invitadas las kunoichis ¿que fue lo que ocurrió dentro de la sala de juntas?

—Ah, estás preocupada por lo que pudimos hablar ¿no es así? No te preocupes, sólo les di algunos consejos.

—Espero que haya sido algo positivo, sensei. Usted siempre ha sido muy ocurrente.

Kakashi le entregó la niña a Sakura.

—Sólo estoy buscando lo mejor para la aldea y para el país —se puso serio.

—Sensei... ¿Todavía está dispuesto a casarse con una de las mujeres propuestas?

Sus miradas se encontraron pero Kakashi la desvió casi al momento.

—Puede sonar como una locura pero, no tengo otra opción. Este país necesita ayuda y es lo único que está en mis manos para darle solución.

—¿Entonces ya está decidido que se casará con la hija del Señor Feudal?

Kakashi recostó la espalda sobre su silla y echó los brazos tras su cabeza.

—Es lo más probable.

—Pero usted no va a ser feliz, si no siente nada por esa mujer ¿cómo podría casarse?

—Puede ser que con el tiempo, logre sentir cariño por ella.

Sakura frunció el ceño.

—Pues yo lo dudo. ¿Qué hay de su asistente Nashira?

Kakashi alzó las cejas.

—¿Qué hay con ella?

—Me refiero a que... ¿Qué le ha dicho? Usted dijo que era su guía, pues bien ¿a qué dirección lo ha llevado?

Kakashi recordó algunos momentos que había experimentado con su asistente, ella siempre le decía que buscara su propia felicidad aunque también era clara cuando le expresaba que era seguro que él terminaría casándose con Kazumi.

—Creo que por el momento, Nashira me ha permitido tener la libertad de seguir el camino que yo he elegido. Sólo continúa aconsejándome para no parecer un tonto.

Sakura suspiró.

—Kakashi sensei, es usted un despistado. Mire bien a su alrededor, fíjese en las personas que lo rodean y no pase por alto ningún detalle.

—¿De qué hablas? Siempre estoy atento a todo.

—Pues ahora lo hará con mayor concentración. Busque dentro de usted lo que siente cuando está cerca de determinadas personas, y haga una comparación. Deje de centrarse en lo que según dicen "es su deber" y hágale más caso a sus sentimientos.

Kakashi entrelazó los dedos de sus manos y apoyó los codos en la superficie del mueble.

—¿A caso estás intentando decirme algo que desconozco?

Ella dio un respingo.

—Dime qué es.

—Nada, sensei. Sólo que usted es muy lento para algunas cosas. Por eso le pidió ayuda a Nashira ¿no es así? Haga caso a todo lo que ella le diga, es una mujer muy sabia.

—Hablando de ella... Mañana es su cumpleaños y no sé qué debería regalarle. Tú eres una mujer así que podrías darme algún consejo. ¿Qué cosas te ha regalado Sasuke por tu cumpleaños?

Sakura se mantuvo en silencio y luego sonrió con pena.

—Él nunca me ha dado nada.

Kakashi casi se cae de la silla.

—Sasuke no es del tipo que regale cosas materiales a los demás, pero con el tiempo que pasa con Sarada y conmigo creo que es más que suficiente.

—Sí pero, yo no puedo simplemente regalarle mi tiempo a Nashira. Ella me ve casi todos los días y no sería nada especial tener que verme más tiempo.

—Y a todo esto sensei... ¿Por qué está tan interesado en regalarle algo a su asistente?

Kakashi comenzó a contarle a Sakura la historia del pastel que Nashira le había comprado por su cumpleaños. Le explicó que no había podido dejar de sentirse culpable porque estaba seguro que ese gesto era algo muy puro por parte de la mujer, ya que su carácter duro y desconfianza con los demás la hacían un poco similar a Sasuke. Por lo que cualquier muestra de afecto de Nashira era considerado algo muy valioso.

—Bueno... Es posible que las flores no estén mal, pero también hay que añadir un regalo extra.

—Algo ¿cómo qué?

—Algo que simbolice ese lazo de amistad, como usted dice.

(...)

Nashira preparaba su bolso para retirarse a su casa; el día laboral había concluido. Todavía podía sentir la incomodidad cuando fue a hablar con Kakashi y estaban esos ninjas mirándola. No pudo escuchar la conversación completa pero por lo que alcanzó a oír, estaban hablando de ella.

«Tal vez quieran despedirme»

Se colgó el bolso al hombro izquierdo y caminó hacia la puerta de salida, mas, detuvo sus pasos cuando una voz femenina la llamó; miró hacia un lado y apreció a una anciana con el cabello recogido que estaba de pie junto al pasillo. Parecía ser alguien importante en aquella Torre, aunque jamás la había visto.

—Ven aquí un momento —ordenó la anciana y Nashira se acercó. La mujer caminó unos pasos al interior del largo pasillo para impedir ser vistas, la asistente de Kakashi le siguió—. ¿Cómo te llamas?

Nashira tardó en responder, estaba tratando de descifrar quién era la mujer mayor.

—Te he preguntado tu nombre.

—Nashira... Kitayaka. ¿Y usted es?

—Soy la consejera Koharu Utatane.

«Con que esta mujer es una de las que quieren que Kakashi se case con la niña rica.»

—No recuerdo tu rostro, y para ser franca jamás te había visto. ¿Trabajas aquí?

Nashira se ajustó el tirante del bolso.

—Sí.

—¿En qué?

—Soy sólo una simple asistente.

—¿De quién?

«Qué demonios le interesa»

La mujer siguió presionándola. Nashira comenzaba a tener un mal presentimiento de toda esa charla.

—¿Estás sorda?

—Soy asistente del Hokage, señora.

El tono molesto de Nashira despertó más interés en la anciana, según lo que le informó el cazador ANBU, Kakashi y su asistente parecían tener una relación demasiado cercana para ser considerada simplemente profesionalismo.

—Escucha esto, muchacha —Koharu le miró fijamente—: Kakashi es un hombre ocupado y como líder de esta aldea, tiene un trabajo muy importante que cumplir. Tú sólo haz bien tus labores como asistente y no vayas a entorpecer su trabajo.

—Yo cumplo con mis labores al pie de la letra —contestó Nashira sin quitarle la vista, siguiendo el reto de su mirada y queriéndole demostrar que no le temía a sus amenazas—. No hay ni habrá una sola queja de mí.

Koharu dio la media vuelta para marcharse, avanzó un par de pasos y se paró sin voltear atrás.

—Kakashi es un ninja excepcional —pronunció—, y como tal, merece una esposa a su altura.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo, señora?

—Sólo quiero que lo tengas en mente y no vayas a cometer el error de creer que el trato amable que Kakashi pueda darte, es algo especial. Él es así con todo el mundo. Que tenga buena tarde, señorita Kitayaka.

Nashira apretó los puños, la anciana había logrado amargarle la tarde haciéndola enojar. Restregándole en la cara que su nivel a comparación de su jefe, era uno muy bajo y ni siquiera tenía posibilidad alguna de conquistar su corazón.

—Yo sé que Kakashi simplemente ha sido amable conmigo —musitó mirando el sitio por donde la mujer se marchó—. No es como si estuviera esperando algo más de él —sus cejas se plegaron a sus ojos en una mueca de molestia—. Maldita vieja bruja.


Muchas gracias por sus comentarios. Los aprecio bastante.