Capítulo 18.- "Flores azules"
—Nashira... Nashira ¿me escuchas?
La mujer refunfuñaba escondiendo el rostro en la almohada y cubriéndose hasta la cabeza.
—Nashira Kitayaka, ya despierta.
—Déjame, tengo sueño.
La tía Madoka recogió la cortina para que la luz del sol entrara en todo su esplendor.
—Mira qué hermoso día, no puedes desperdiciarlo dormida.
—Tía, por favor... Quiero dormir.
Nashira se retorció bajo las sábanas y abrazó a su almohada.
—Hoy es tu cumpleaños, niña. ¿No piensas levantarte?
Nashira abrió los ojos de golpe y se destapó enderezándose. Sus cabellos estaban revueltos y un tirante de la blusa colgaba por su hombro.
—¡Mi cumpleaños! ¡Hoy viene Kakashi!
Ignorando a su tía, se puso de pie como pudo a pesar de que estaba tropezándose con las sábanas enredadas en sus piernas. Se dirigió al armario y lo abrió buscando desesperadamente algo de ropa.
—¿Y ahora qué mosquito te picó?
—Tía, necesito pedirte un gran favor —volteó con ella—. Maquíllame, peíname y asegúrate de hacerme lucir presentable.
A la tía Madoka casi se le paró el corazón de la sorpresa. Su sobrina jamás le había pedido tal cosa y comenzaba a creer que sus rezos habían sido escuchados.
—Es verdad, hoy cumples treinta años. Ya eres toda una mujer.
—Tre-tre... ¡¿Treinta?!
Las manos de Nashira volaron hacia sus mejillas mientras jadeaba sorprendida y temerosa. Se miró en el espejo para asegurarse de no tener arrugas.
—¡Ay no puede ser! ¿En qué momento me volví vieja?
—No digas tonterías, todavía eres una mujer joven. Ahora vamos, ve a tomar un buen baño mientras te busco un bonito atuendo.
—Espera un momento... Antes de eso, hay algo que no te he dicho —se mordió el labio y llevó un mechón de cabello tras su oreja.
—¿Qué ocurre? Me estás asustando.
—Bu-bueno... Es que hoy vendrá el Hokage.
La tía Madoka se quedó unos segundos procesando la información hasta que sus ojos se abrieron con asombro.
—¡¿Eh?! ¿Por qué tan repentinamente? Ahh... Ni siquiera he limpiado bien la casa.
—Tía, escucha-
—Tengo todo desordenado, debería apurarme. Tampoco he preparado la comida...
—Tía...
—¡Nashira debiste decirme antes!
—¡Tía, escúchame! —Logró hacer callar a la mujer mayor— No creo que venga a criticar la casa, de hecho... Sólo vendrá porque es mi cumpleaños —confesó con cierto rubor.
—¿Disculpa? ¿Me estás diciendo que el Sexto Hokage, Kakashi Hatake, vendrá a esta humilde morada simple y sencillamente porque tú cumples años?
Nashira asintió con su cabeza.
—¡Ay Santo Monje bendito! —La anciana se llevó una mano a la frente y empezó a rezar en voz baja—. Maravilloso y sabio Monje que nos guía a los débiles y pecadores, has oído las plegarias de tu sierva y has respondido a su llamado.
—Tía, por favor. Puedes rezar en otro momento ¿sí? No sé a qué hora vaya a llegar Kakashi por lo que...
La tía Madoka interrumpió su oración.
—¿Kakashi? ¿Lo llamas Kakashi?
Nashira parpadeó, había olvidado que frente a los demás se dirigía a él con respeto.
—Lo digo para que me entiendas —excusó.
—Ah, claro... Ya sería mucho milagro. Pero me conformo con esto.
Nashira sonrió, tomó una toalla y se metió a bañar. Mientras se enjabonaba los brazos pensaba en qué estaría haciendo Kakashi; si estaría planchando su ropa para ir a verla o posiblemente se estaría perfumando.
(...)
En otra parte de Konoha, un hombre de cabellos grises dormía plácidamente con un libro en sus mano izquierda y la otra mano metida dentro de su bóxer. Estaba roncando ruidosamente hasta que un mosquito se paró en la punta de su nariz y luego voló hacia su garganta haciéndolo toser y escupir.
—¡Agh! ¡Qué asco!
Kakashi traía unas enormes ojeras, la noche anterior se desveló leyendo una novela nueva que adquirió y el final no fue lo que esperaba.
—Tal vez la idea de dormir con la máscara puesta, no sea tan mala.
Se rascó la cabeza y se quedó sentado en la cama mientras veía hacia la puerta del baño con sus párpados pesados cubriendo la mitad de sus ojos.
—¿Qué día es hoy?
Su vista caminó hacia el calendario que colgaba en la pared y achicó los ojos para enfocar.
—Domingo...
Luego miró hacia el reloj que estaba sobre el buró.
—Dos de la tarde...
Bostezó y estiró los brazos. Se dejó caer sobre el colchón y se quedó mirando el techo, notó que la pintura se estaba desquebrajando.
—No le he dado mantenimiento a este lugar. Quizás deba aprovechar el día y...
Reaccionó y se enderezó para ir corriendo hacia el calendario y ver la fecha.
—7 de octubre ¡Hoy cumple años Nashira! Le prometí que iría y ya es tarde ¡maldición!
Abrió su armario y empezó a revisarlo con rapidez pero no había cambiado nada y tal como el día de su cita, sólo había ropa para estar en casa.
—¿Ella se molestará si visto informal? ¿O debería llevar el uniforme de shinobi?
Volvió a rascarse la cabeza.
—Tengo el traje que usé para la boda de Naruto, pero definitivamente no, sería muy llamativo.
Tras una discusión con él mismo, Kakashi terminó vistiendo una camisa blanca de botones con un pantalón negro. Recogió un paquete del peinador y fue directo al genkan para colocarse los zapatos y salir de su casa.
Corría a por la calle principal para dirigirse a la floristería Yamanaka. Bajó la intensidad de sus pasos cuando los transeúntes lo saludaban y entre actos de cortesía y pequeños retrasos por chocar su palma con la de los pequeñines que se le atravesaban, finalmente pudo entrar a la tienda.
Kakashi miró a su alrededor la gran cantidad de flores para escoger. Todas parecían bellas y se perdió mirando unos claveles.
—Así que después de todo aquí está, Kakashi sensei.
Kakashi volteó sorprendido ante una voz femenina, Ino sonreía divertida mientras apoyaba sus manos en las caderas.
—Ino... Cuánto tiempo.
—Sai me dijo que posiblemente usted vendría. Entonces... ¿Qué tipo de flor busca?
—La verdad no tengo ni idea.
Ino miró hacia el paquete entre el brazo y el costado de Kakashi y no pudo evitar reír por lo bajo. Luego caminó hacia unas flores azules.
—¿Son para una amiga?
—Sí.
—¿Muy cercana?
—Eh... Deja de jugar así, ya sé que Sai te ha dicho para quién son las flores.
Ino tomó un manojo de cebollín y comenzó a enredarlo entre las campanulas azules, Kakashi miraba curioso el excelente trabajo de la kunoichi.
—Las campanulas son bonitas, pero debe haber una flor principal en este ramo, por lo que utilizaré una rosa blanca para que esté en el centro mientras es rodeada de las flores azules y el cebollín ¿qué le parece?
—Ah, yo... Bueno tú eres la experta.
—¿Sabe qué significado tiene una flor azul? —Ino tomó las tijeras para cortar un pedazo de cebollín— Significa amistad y confianza. Si usted confía en su asistente, entonces este ramo es perfecto para ella.
Kakashi seguía atento a los movimientos de Ino.
—Estoy segura que le gustará.
Ino terminó de arreglar el ramo y le colocó un bello listón alrededor para después entregar el producto a Kakashi.
—No sé de flores pero este ramo se mira bien.
—Por ser el Hokage, voy a darle un descuento especial —susurró—. Así que más le vale no arruinarlo.
Kakashi parpadeó sin entender aquella frase. Una vez que pagó y salió del local, Ino apoyó su rostro sobre sus manos y sonrió mirando hacia la puerta; Sai apareció con Inojin en brazos y se colocó a su lado.
—¿Amistad y confianza? —Dijo él— Yo leí en un libro que...
—Lo sé —interrumpió Ino—. Pero si le decía el otro significado era capaz de ponerse nervioso y probablemente se arrepentiría de comprar las flores.
Sai apretó una mejilla de Ino haciéndola quejarse.
—¡Sai!
—¿Cuándo te volviste mi cómplice en este juego?
Ino cargó a Inojin y le dio un beso en la frente.
—Negocios son negocios, o al menos eso decía mi padre.
(...)
Kakashi avanzaba entre las calles escondido bajo un jutsu de transformación. No podía ir por allí mostrando que llevaba un ramo de flores sin ser cuestionado al respecto así que prefirió tomar la apariencia de un civil común y corriente.
Pensaba en qué debería decirle a su asistente una vez que le abriera la puerta, pero no podía hacerse una idea clara de la manera en que ella pudiera reaccionar.
—Hola Nashira feliz cumpleaños, ¡te traje esto!
Alzó el ramo y el paquete y se quedó inmóvil sintiéndose estúpido. Luego volvió a bajar los brazos.
—No, así no. Me veré mal... Veamos... ¡Bienvenida al club de los treinta! Toma tu ramo y esta cosa.
Sacudió la cabeza y respiró hondo.
—Lo estoy haciendo mal... ¿Cómo lo hago sin parecer un tonto?
Carraspeó y respiró una y otra vez.
—Aquí vamos. ¡Nashi-!
—¡Déjenme por favor!
Kakashi aguzó el oído al escuchar la exclamación de una mujer, miró hacia un lado y pudo ver que en un callejón cerrado estaban dos hombres acosando a una chica. La mujer se cubría el rostro con las manos y ellos forcejeaban con sus brazos.
Kakashi deshizo la transformación y corrió directamente a ellos.
—¡Oigan ustedes! ¡Déjenla en paz!
Los hombres voltearon y se quedaron petrificados cuando vieron a Kakashi.
—Ho-Ho... ¡Hokage!
Soltaron a la joven mujer casi en un instante.
—¿Qué rayos estaban haciendo? ¡Voy a castigarlos!
—¡Es un malentendido! ¡Por favor perdónenos!
Kakashi no quería seguir perdiendo tiempo así que movió su cabeza indicándoles que se marcharan rápido.
—Uno... Dos...
—¡Vámonos!
Salieron disparados para alejarse antes de que Kakashi los pusiera en su sitio por acoso a una mujer. El Hokage seguía mirando hacia la calle por donde escaparon y maldijo en voz baja.
—Gracias... señor Hokage.
—No tienes que agradecer, sólo hice lo correcto.
Kakashi se quedó callado cuando miró a la mujer que salió de la sombra descubriéndose el rostro. Ella sonreía tímidamente y juntó sus manos frente a su cintura antes de hacer una reverencia.
—Kazumi —logró pronunciar Kakashi.
—¡Ah! —Ella levantó sus manos hacia su pecho y se ruborizó— ¿Recuerda usted mi nombre? Qué alegría.
Kakashi tragó saliva y se puso nervioso, los ojos azules de Kazumi lo veían con un brillo que los hacían parecer más bellos que antes.
—Bueno... Es normal que lo recuerde. Tuvimos una entrevista hace poco.
—Cierto —rió ella con delicadeza—. Discúlpeme.
—¿Y qué estás haciendo aquí?
Kazumi levantó la mirada hacia el cielo.
—Vine acompañando a mi padre. Él tiene ahora una reunión con el Señor Feudal de la Tierra del Fuego, no quería estar allí así que decidí salir a conocer la aldea de Konoha.
Kakashi se recargó en la pared y Kazumi notó el ramo en la mano de éste.
—Eres la hija del Daimyō, no puedes andar por las calles sin protección —Kakashi habló con serenidad.
—Es verdad, discúlpeme.
Kazumi se posicionó a su lado y Kakashi sintió cómo su corazón comenzaba a acelerarse provocándole al mismo tiempo, un calor inexplicable en el estómago.
—¿Va a visitar a alguien?
—¿Eh?
Kazumi señaló las flores y Kakashi le siguió la mirada.
—Ah... Pues... Sí.
—¿Alguien importante?
Kakashi tardó un rato en asentir con su cabeza.
—Es una amiga cercana, hoy es su cumpleaños.
Kazumi expresó una sonrisa amplia y Kakashi no pudo ignorarla.
—Suena divertido.
—En realidad no es una gran fiesta, simplemente es una celebración pequeña.
—Debe ser bueno tener amigos ¿no?
Kazumi dio unos cuantos pasos y luego giró sobre sus talones para ver a Kakashi.
—Será mejor que se apure, o va a llegar tarde.
—Pero... No puedes quedarte aquí, es peligroso.
—Estaré bien.
Kakashi pensó en las posibles alternativas que tenía. Definitivamente no podía dejar a Kazumi sola por la aldea sin ningún guardaespaldas que le cuidara; ella no era su responsabilidad pero ya podía oír los regaños y quejas de los consejeros e incluso de los señores feudales si algo malo le pasaba a la muchacha.
Sus ojos miraron nuevamente a Kazumi, parecía emocionada de estar caminando por Konoha y su expresión cuando habló de amigos parecía indicarle que jamás había tenido uno.
«¿Se molestará si...?»
Dio un largo suspiro y luego habló.
—¿Por qué no vas conmigo a visitar a mi amiga?
Kazumi se quedó seria y posteriormente sus labios temblaron para dar paso a una sonrisa hermosa que dejaba al descubierto sus blancos dientes.
—¿De verdad?
Kakashi asintió.
—¡Sí! Sí quiero ir.
(...)
Nashira se miraba en el espejo una y otra vez, acomodándose el cabello que su tía peinó haciéndole una media trenza. Se había puesto una falda guinda que le llegaba un poco más arriba de las rodillas y una blusa gris de cuello redondo y de mangas largas.
—Ya no te mires tanto, y ayúdame a acomodar los sillones.
Nashira volteó con su tía y entre quejas fue a mover un sillón y a acomodar los cojines.
—¿Estás muy entusiasmada de que venga el Hokage?
—No es eso —mintió y apretó los labios, desvió la mirada de su tía tanto como pudo.
—Nunca te había visto tan emocionada por algo. ¿Hay una fuerte relación entre ustedes dos?
Nashira acomodó la alfombra con su pie.
—Sólo somos amigos.
—¿Amigos? ¡Ah! ¡Eso es un avance!
—Tía, deja de hacerte ilusiones ¿sí? Él, posiblemente va a casarse pronto.
—¿Qué? ¿Qué estás hablando? Pero ¿cómo?
La mujer se arrepintió de haber dicho eso y se sentó en el sofá.
—No se lo cuentes a nadie, te lo estoy confiando porque eres mi tía. Sólo sé que él va a casarse.
La tía Madoka tomó el mandil que traía puesto y puso una mirada de decepción.
—Es una lástima que todo lo bueno esté ocupado.
Nashira abrazó un cojín y apoyó su barbilla sobre éste.
—Sí...
—¿Uh? —La tía Madoka le buscó la mirada, Nashira se percató.
—Quiero decir, sí pues... Así es la vida ¿no? La gente a veces quiere casarse, o prefiere estar soltera —rió nerviosa—. Hay de todo en este mundo.
Antes de decir otra cosa que la dejara en evidencia, se levantó del sofá dejando el cojín de lado y se acomodó la falda.
—Voy a subir a mi habitación, creo que olvidé cerrar la ventana. Si tocan el timbre no abras ¿oíste? Yo lo haré.
—Sí, sí —dijo la tía y caminó hacia la cocina—. Como usted diga.
Subió los escalones con total rapidez y entró a su pieza para cerrar la ventana. Luego se giró para verse en el espejo, sumió el abdomen y se puso de lado; ladeó la cabeza y estiró los labios frunciendo el ceño.
—Ya es tiempo de que me ponga a hacer abdominales o esto va a descontrolarse.
Se giró para verse de frente y se levantó un poco la falda, luego más y más hasta que era capaz de ver su ropa interior.
—Y pensar que ese tonto vio esto.
Sus orejas empezaron a arder.
—Supongo que no estoy tan mal. No, no lo estoy —se bajó la falda y escuchó el sonar del timbre. Su corazón latió con fuerza y corrió a la escalera— ¡Yo voy!
La tía Madoka ni siquiera contestó, estaba en la cocina riendo mientras llenaba unos vasos con té helado.
Nashira llegó a la puerta y se acomodó el cabello, luego la blusa y finalmente la falta. Tragó saliva y respiró hondo; la mano le sudaba de los nervios y no sabía en qué momento ella se volvió tan vulnerable a la forma en que su jefe pudiera verla.
Quitó el seguro, giró el pomo y lentamente abrió la puerta pensando en lo que le diría a Kakashi cuando sus ojos se conectaran a los de él. Fue así, por fin le vio y soltó la frase sin más.
—Llegas tarde.
Su sonrisa se congeló antes de ser expuesta en su totalidad, y sus ojos viajaron hasta la mujer de cabello oscuro que estaba al lado del Hokage. Sus miradas se encontraron en un silencio pesado y extraño; la reconoció tras varios segundos y como balde de agua fría sobre su cabeza, recordó las palabras de Koharu: Una esposa a su altura.
Kazumi hizo una reverencia y Kakashi rompió el silencio.
—Sí, tienes razón. Me disculpo por llegar tarde.
—Ha sido mi culpa —dijo Kazumi—, lo lamento.
Nashira parpadeó y movió su cabeza. Trató de sonreír pero no pudo hacerlo, sólo se hizo a un lado abriendo la puerta para dejarles pasar.
—Disculpa por venir a molestar —habló de nuevo la mujer de cabello negro—, sé que es una celebración privada...
—Yo le dije que podía acompañarme —interrumpió Kakashi—. Si no te molesta.
—Está bien, pasen por favor.
Kakashi y Kazumi ingresaron al interior de la vivienda. Nashira lentamente cerró la puerta haciendo el mayor tiempo posible por no tener que darse la media vuelta y enfrentarles cara a cara.
Su rostro era de decepción pero no quería incomodarles por ese motivo hizo un esfuerzo casi sobrehumano para parecer feliz de haber recibido una visita extra.
—No me he presentado apropiadamente. Soy Kazumi Igarashi, es un placer.
Ella extendió su mano y Nashira miró lo bonita que era.
—Nashira Kitayaka —contestó y estrechó su mano—. El gusto es mío.
La tía Madoka salió de la cocina y se quedó sorprendida al ver a Kazumi.
—Señora, ¿cómo ha estado? —Preguntó Kakashi.
—Señor Hokage, qué honor tenerlo por aquí otra vez —la anciana se acercó a saludarlo con gusto—. Gracias por venir.
Los ojos de la tía Madoka miraron a Kazumi y también la saludó de mano, la joven mujer sonrió y se presentó con ella. Sin embargo, las pupilas de la anciana vieron a su sobrina con una expresión de dolorosa decepción. Después de todo era sangre de su sangre y era tan transparente como cuando era una niña.
—Me da gusto que mi sobrina Nashira se rodee de gente tan amable. Gracias por cuidar de ella.
Kazumi se apenó y la voz le tembló antes de hablar.
—Ah, de hecho yo... Bueno, no tenía el gusto de conocer a su sobrina —se sonrojó—, lo siento. Tal vez yo no debería estar aquí.
—No, está bien —interrumpió Nashira—. Es mejor si hay más personas ¿verdad? —Sonrió, aunque no estaba feliz en lo absoluto— Gracias por venir.
—¡Ah! Kakashi, usted le ha traído un obsequio a Nashira ¿no es así? —Kazumi lo indujo a entregar el regalo.
—Oh, es verdad, sí, sí —Kakashi levantó el pequeño ramo de flores azules con una rosa blanca—. Para ti, feliz cumpleaños.
Las manos de Nashira se elevaron para tomar el ramo pero no fue capaz de mirar a la cara a su jefe. Sintió una opresión en su pecho muy similar a aquella que experimentó cuando supo que Keito era casado.
—Gracias —dijo casi en un susurro.
—Son muy lindas ¿verdad? —Kazumi miró a la tía Madoka y ésta lo aprobó.
—Sí, lo son —contestó Nashira—. ¿Qué tipo de flores son?
—Son...
Kazumi interrumpió a Kakashi.
—Si no me equivoco, son campanulas. Se dan en primavera, es sorprendente que todavía estén frescas en estas fechas. Debe ser una buena señal para ti, Nashira.
—Hmm —mantuvo su boca cerrada y miró a Kazumi—. Sí, puede ser. ¿Sabes mucho de flores?
—Bueno, mi madre tiene un jardín repleto de ellas. Crecí rodeada de estas cosas por eso me son familiares.
Nashira sólo podía pensar que la mamá de Kazumi debía ser una mujer maravillosa, y por lo tanto, ella también lo era. Miró su ramo pensando en qué podría significar el color azul en una flor, y la rosa blanca en el centro.
—Voy a poner las flores en un recipiente con agua —la tía Madoka tomó el ramo y miró a su sobrina—. ¿Por qué no los llevas a la cocina? Ya he puesto la mesa.
Nashira asintió y volteó con los dos visitantes.
—¿Vamos?
La mesa estaba decorada con un bonito mantel color crema y tapetes rojos. La tía Madoka se había esforzado mucho en lograr presentar una mesa digna de una celebración donde el Hokage pudiera sentarse a comer.
Kakashi colocó el paquete sobre uno de los muebles de la sala antes de entrar a la cocina. Nashira le indicó a Kazumi dónde podía sentarse, luego Kakashi tomó lugar junto a la mujer y finalmente Nashira se sentó frente a ellos. Les veía tratando de actuar con total naturalidad pero sin dejar de imaginar cosas.
«De verdad lucen como una pareja.»
—Qué agradable hogar —dijo Kazumi y veía fascinada a su alrededor—. Parece ser acogedor.
—Creo que es un hogar común —habló Nashira y destapó una bandeja dejando al descubierto un humeante lomo de cerdo relleno.
—¡Oh vaya! ¡Qué bien se ve!
Kakashi sonrió, Nashira lo supo porque vio la expresión en sus ojos. Kazumi parecía muy emocionada con todo lo que veía en la casa de su tía y sólo podía pensar que eran cosas que jamás había presenciado porque creció en el seno de una familia rica.
Empezó a servirles un trozo con otros acompañamientos, luego pensó en algo mientras lo hacía.
—Mi tía es muy buena cocinando, siempre he envidiado su excelente sazón.
La tía Madoka entró a la cocina y le ayudó a Nashira a repartir la comida.
—Creo, señor Hokage —habló Nashira sin ver a Kakashi—... Que en esta ocasión usted no podrá cubrir más su rostro.
—Es verdad.
Kazumi dejó de mirar al lomo para ver hacia él, Kakashi se sobó el mentón.
—Bueno, es su día de suerte —alzó su dedo índice—. Hoy van a conocer el rostro del Sexto Hokage.
Aunque Nashira ya conocía su cara, no contradijo sus palabras y las tres mujeres quedaron a la expectativa de ver la cara del hombre. Nashira notó que Kazumi estaba demasiado concentrada mirando sin parpadear y entonces Kakashi empezó a bajar su máscara hasta que tanto su nariz como sus labios y ese lunar estuvieron a la vista.
Oyó a su tía hacer un sonido de sorpresa pero su vista continuó en la hija del Señor Feudal. Vio cómo sus ojos azules brillaban y sus mejillas se coloreaban de un tono rojizo. Nashira lo sabía bien, era demasiado hermosa para pasar desapercibida y definitivamente estaba loca por su jefe. Conocer el rostro de Kakashi era el plus para que Kazumi no se rindiera frente a las otras candidatas.
—Bueno señor Hokage, es que usted es un hombre muy apuesto.
—¿De verdad? —Kakashi rió ante el comentario de la tía Madoka.
—Lo es —dijo con total seguridad Kazumi—. Definitivamente lo es.
Kakashi volteó con Kazumi notando su completa seriedad y se sintió intimidado por sus ojos con largas pestañas. Simplemente le dio una sonrisa y Nashira tomó el cuchillo para partir su trozo de carne.
Empezó a comer sin esperar a nadie más y Kazumi al verla se apresuró a tomar sus utensilios. Kakashi hizo lo mismo y pronto todos estaban probando el platillo especial.
—¡Está exquisito! —Elogió Kazumi— Señora, usted tiene un gran talento.
—Oh, por favor —la tía Madoka llevó una mano a su mejilla—. Qué cosas dice, señorita.
Nashira seguía comiendo sin hablar, concentrada en terminar su ración y sin mirar a nadie.
—La verdad es que Kazumi tiene razón —intervino Kakashi—. Hizo un buen trabajo, señora.
—Gracias, me siento realmente halagada.
Continuaron comiendo en silencio hasta que Kazumi volvió a hablar haciendo que Nashira no pudiera hacer nada para ser ignorada.
—Disculpa la imprudencia, simplemente es curiosidad... ¿Hace mucho que tú y Kakashi se conocen?
Nashira dejó el tenedor de lado y tomó el vaso de vidrio.
—No, es poco el tiempo que tenemos de conocernos.
—Mi sobrina trabaja con el Hokage —dijo la tía Madoka con orgullo captando el interés de Kazumi.
—Ya veo. ¿Entonces eres una ninja?
—Nashira es mi asistente —se adelantó Kakashi y sus ojos miraron a Nashira—. Ella es una mujer de confianza y muy responsable.
«Una mujer de confianza» Pensó Nashira.
—¿Y usted señorita? —Preguntó la anciana— ¿De dónde es?
—Soy del País de la Tierra —mencionó mirando hacia la mesa, luego vio a la mujer que hizo la pregunta—. Soy hija del Señor Feudal.
La tía Madoka se sorprendió y no pudo ocultarlo.
—¡Oh! ¡Pero qué noticia! Y yo en estas fachas.
—Usted está muy elegante el día de hoy —dijo Kakashi haciéndola sonrojar—. No se preocupe por eso.
—Bueno, creo que es hora de probar el pastel. Espero que les guste, es de vainilla.
—Me encanta la vainilla —mintió Kakashi— ¿y a ti, Nashira? —Kakashi le buscó la mirada pero ella parecía perdida— ¿Nashira?
Las manos de la tía Madoka se posicionaron sobre los hombros de Nashira haciéndola reaccionar y dar un salto.
—Ah, sí, sí —se levantó de repente—. También me gusta. Vuelvo enseguida, creo que dejé la ventana de mi habitación abierta. Tía por favor, sírveles de tu delicioso pastel en lo que regreso.
Sin decir nada más salió de la cocina directo a subir la escalera. Apenas entró a su cuarto y cerró la puerta, se quedó pegada a ella y respiró profundo. Caminó lentamente hacia el espejo y se miró de pies a cabeza.
«Hay un gran abismo entre nosotras, creo entender a lo que se refería la vieja bruja.»
Se sentó sobre el colchón de su cama y apoyó las manos a sus costados. Sus cejas se sentían tensas y sabía que estaba demasiado afectada para fingir que no pasaba nada; se preguntaba por qué razón Kazumi estaba con Kakashi si la fecha de la cita todavía no llegaba.
—Debo volver o me veré sospechosa.
Se miró otra vez en el espejo y se dio unas palmaditas en la cara.
—Vamos, Nashira. Quita esa cara, no estás celosa, no lo estás...
Regresó a la cocina y les encontró comiendo pastel. Kazumi casi se disculpó por haber empezado a comer sin ella pero Nashira le sonrió para calmar el ambiente.
—¿Y bien? ¿Qué tal ha quedado el pastel que hizo mi tía Madoka?
—Muy bueno ¿verdad, Kakashi?
Él movió su cabeza afirmando, pues su boca todavía estaba llena.
«A él no le gusta lo dulce, éste debe ser su castigo»
—Te serviré un poco más, linda.
—¡Oh no, gracias señora! De verdad, no puedo comer más. Además estoy a dieta.
—¿Eh?
Nashira dejó a mitad de camino el trozo de pan que iba hacia su boca.
—Pero si ya estás tan delgada, necesitas comer más —dijo la mujer mayor.
—Lo que pasa es que... Bueno... Después no me va a quedar bien el vestido —dijo con pena y bajando el volumen de su voz cuando culminaba la frase. A Kakashi casi se le atoró el pedazo de pan.
—¿Vas a casarte?
Nashira desistió de comer pastel y puso el platito sobre la mesa.
—Eh, bueno —Kazumi movía sus manos y sonreía con vergüenza—... Tal vez si tengo suerte.
—¡La tendrás! —Dijo la tía Madoka y Nashira dio un trago a su vaso al igual que Kakashi— Eres una joven muy hermosa y educada, debes tener toda una fila de hombres muriendo por ti.
—Qué linda es usted —Kazumi apretó los labios y de reojo miró a Kakashi—. Espero que mis sentimientos sean correspondidos.
Las miradas de Kakashi y Nashira se encontraron.
(...)
La visita fue más rápida de lo que Nashira hubiese deseado si únicamente Kakashi se presentaba, mas le pareció eterna desde que entró a la casa con Kazumi.
Finalmente ambos estaban a la puerta a punto de marcharse.
—Feliz cumpleaños, Nashira —dijo Kazumi con una sonrisa y tomó las manos de Nashira entre las suyas—. Me agradó conocerte.
—Sí, a mí también.
Kazumi volvió al lado de Kakashi y éste titubeó al levantar su mano para estrecharla con su asistente.
—Gracias por la invitación, la comida estuvo deliciosa.
Nashira hizo una mueca parecida a una sonrisa y asintió para luego juntar su mano con la de él.
—Gracias a ustedes por venir.
—Por favor, vuelvan cuando gusten —dijo la anciana.
—Gracias señora —Kazumi se despidió y salió, Kakashi miró de nueva cuenta a Nashira antes de ir tras los pasos de la hija del Señor Feudal.
—Te veo mañana.
—Claro.
Kakashi sabía que algo no andaba bien con su asistente, no esperaba que ella le hablara como de costumbre porque había más personas presentes, sin embargo, su actitud desinteresada y poco animada le preocupaba.
Nashira les veía desde la puerta mientras ellos avanzaban alejándose, y recargó la cabeza en el marco entretanto su mente no dejaba de pensar.
«Ni siquiera me dio un abrazo.»
Volvió al interior de la vivienda y cerró la puerta, su tía Madoka la miraba fijamente con los brazos cruzados.
—Ahora me vas a decir ¿qué te pasa?
Nashira sonrió con pena sabiendo que no había podido engañar a su tía.
—Creo que es normal que lo deduzcas... No esperaba que ella viniera.
—Es cierto, parecías muy feliz antes de abrir la puerta... ¿Quién es? Quiero decir ¿qué relación tiene con el Hokage?
Nashira caminó hacia uno de los sillones y se dejó caer.
—Es una candidata a casarse con el Hokage —echó la cabeza sobre el brazo del sillón—. Y creo que es seguro que ella será la elegida para el matrimonio.
—¡¿Qué!? ¡¿Para casarse con el Sexto?!
Nashira se mordió la uña del pulgar y sus ojos vagaron por la sala hasta que vio algo raro sobre un mueble. Enderezó la cabeza mientras escuchaba cómo su tía hablaba de lo inaudito que ese matrimonio resultaba.
—No puede ser, el Hokage va a casarse —lloriqueaba la mujer y Nashira se levantó para acercarse al mueble donde encontró un objeto.
—¿Y este paquete?
Lo miró por ambos lados y leyó la etiqueta: «Nashira Kitayaka»
Comenzó a quitar la cinta adhesiva con cuidado para no romper la envoltura. Luego levantó la pestaña de la caja y sacó una tarjeta.
«Nashira Kitayaka. Me complace felicitarte en tu cumpleaños. Hay un pequeño obsequio para ti dentro de esta caja. Bienvenida al club de los treintones.
Kakashi Hatake.»
Nashira metió la mano dentro del paquete y sintió algo frío, pronto sus dedos estiraron un marco dorado de portarretrato para luego mostrar una fotografía que le resultó familiar.
—Idiota —masculló con una diminuta sonrisa.
La fotografía era la que tomó cuando se disfrazó de Sukea. Y sí, tal como lo temió, la expresión de su rostro en esa imagen no era la mejor.
Acarició el vidrio que cubría la fotografía y se detuvo en el pecho de Kakashi. Contempló el retrato en silencio por un buen rato antes de colorar la foto sobre la repisa junto a la imagen de su padre y su hermano.
(...)
Kakashi volvió de dejar a Kazumi a la casa del Señor Feudal del País del Fuego, la noche había caído pero el cielo aún no estaba completamente negro. La sonrisa que vio en Kazumi cuando se despidieron, le agitó el corazón de una manera extraña.
Si de algo estaba seguro, era de que había podido charlar con ella sin titubear y la conversación fue natural y relajada haciéndolo sentir cómodo. Pensó que los consejos de su asistente realmente habían funcionado y ahora podía comprender mejor a las mujeres.
Antes de irse a casa pasó a comprar algo para la despensa. Iba por la calle con su bolsa de plástico caminando con tranquilidad y asimilando el día que había tenido. Sus ojos miraban a los pocos transeúntes que iban y venían, y pensó en su responsabilidad de mantenerlos en una era de paz.
Kazumi parecía ser una buena mujer. Amable, educada, tímida y sincera. Eran buenas cualidades y cualquier hombre estaría feliz de casarse con ella.
Se detuvo antes de continuar porque escuchó una voz femenina en una calle oscura y se dirigió allí rápidamente.
—¡Déjenme en paz!
Kakashi estuvo a punto de gritarles a dos hombres que zarandeaban a una mujer pero repentinamente uno de ellos gritaba con fuertes quejidos.
—¡Maldito infeliz! ¡Tú suéltame!
—¿Nashira?
—¿Eh?
Nashira se distrajo cuando oyó la voz de Kakashi, entonces el Hokage fue capaz de mirar a un hombre tirado en el suelo quejándose por el dolor en su entrepierna y a otro que mantenía a Nashira sujeta de sus brazos detrás de la espalda, impidiéndole moverse a pesar de que ella se esforzaba por liberarse.
—¡Ustedes! —Gritó Kakashi haciendo que los hombres voltearan— ¡¿Qué fue lo que les dije?!
—¡Hokage!
Kakashi dejó a un lado la bolsa de plástico y pescó de la camisa a uno de los sujetos antes de que escapara y lo noqueó, el otro tipo se arrastraba en el suelo queriendo huir pero de igual forma terminó inconsciente.
Nashira se quedó sobándose las muñecas sorprendida de la habilidad y rapidez con que su jefe actuó.
—No vuelvo a darle oportunidad a nadie —expresó—. ¿Estás bien?
—S-sí...
—Bien, he de reconocer que para ser una simple civil sin entrenamiento eres una mujer fuerte. Ahora llevaré a este par a la comandancia.
Nashira continuó mirando a Kakashi haciendo que él también la viera.
—¿Qué haces a estas horas en esta calle oscura? —Preguntó él.
—Vine a comprar unas cosas para el almuerzo de mañana. ¿Y tú?
Kakashi se rascó la cabeza.
—Sí, yo también.
Hubo un silencio entre ambos.
—Pensé que estabas con tu futura esposa.
Kakashi chistó.
—Me sorprendió encontrarla en las calles de la aldea, estaba sola y estos tipos intentaron hacerle daño.
—Entiendo.
Nashira se agachó a recoger su bolsa para marcharse.
—Ah ¿viste el paquete que te dejé?
Ella levantó la cabeza para verlo a través de las pocas luces.
—Sí, lo vi. Es una buena foto.
—¿Verdad?
Kakashi sonrió, lo pudo ver en sus ojos y sintió que el corazón le pesaba. Antes de arrepentirse y enfriar sus emociones, caminó hacia él y pasó sus brazos alrededor de su cuerpo para abrazarlo con fuerza. Kakashi se desorientó por tal acto tan repentino de su asistente y se quedó tieso sin saber qué hacer, sólo podía sentir la calidez del rostro de Nashira que se pegaba a su pecho.
—Na-Nashira... ¿Pasa algo?
Ella seguía aferrada a su cuerpo cerrando los ojos para sentir los latidos del corazón del Hokage y concentrándose en el aroma de su perfume barato.
«Sólo dame uno de los tantos abrazos que le darás a Kazumi»
—Hoy es mi cumpleaños, idiota —expresó sin despegar su rostro del torso de Kakashi—. ¿No se supone que los amigos hacen esto para felicitarse?
Poco a poco Kakashi llevó sus manos hacia la espalda de su asistente y le correspondió al abrazo. Sus latidos aumentaron la velocidad y sin darse cuenta, el agarre de sus manos se fortaleció en la blusa de la mujer.
El perfume del cabello de Nashira llegó hasta las fosas nasales de Kakashi inquietándolo.
«¿Así se siente el abrazo de una amiga? Tan cálido... ¿Tan reconfortante?»
Un libro sobre el mostrador de la floristería Yamanaka quedó abierto con un separador perfumado, en él se podía leer claramente un párrafo subrayado con rotulador amarillo.
«Las flores azules cuentan con un significado romántico muy especial. Se trata del amor eterno hacia una persona, ya que el color azul representa la infinidad del cielo o del mar; pero también representa la esperanza de lograr un amor que parece inalcanzable.»
