Capítulo 19.- "Juntos"

Desde el cumpleaños de Nashira, Kakashi y su asistente no pudieron conversar. El Hokage estaba ausente debido a una reunión fuera de Konoha y de eso ya habían transcurrido varios días.

Shikamaru se quedó a cargo de la Torre y las misiones mientras su superior regresaba y el trabajo siguió con total normalidad. Sin embargo, Nashira sentía ese vacío al imaginarse que Kakashi realmente estaba ocupado con otros asuntos.

Miraba desde su cubículo al moreno andar de un lado a otro dando instrucciones. Se preguntó si le diría qué estaba pasando con Kakashi o lo mantendría en confidencialidad; lo que le molestaba aunque no quisiera admitirlo, era el hecho de que el Hokage ni siquiera le avisó que se iría y la última vez que lo vio fue justamente el domingo en la tarde cuando ella le dio ese abrazo en un callejón oscuro.

Nashira pegó la frente en el escritorio, estaba comenzando a odiarse por haber despertado interés en su jefe a pesar de que luchó con sus impulsos para no caer en tentaciones. No quería volver a enamorarse, no quería ser lastimada otra vez y ya estaba consciente que su cariño por Kakashi no podría florecer más allá de un simple "somos amigos".

Aunque en momentos de ansiedad sentía que podía ir más allá de lo permitido e intentar como última medida desesperada el aprovechar su cercanía con él para ganar su corazón, sabía que nada bueno vendría con eso. Kakashi iba a casarse y ya estaba dicho, era su obligación con la aldea, así lo habían dictaminado los consejeros y su valor comparado con el de cualquiera de las candidatas era uno muy bajo.

Además, ¿Kakashi realmente se interesaría por ella? Es lo que constantemente se preguntaba. Él no era como Keito, que le enamoró con buenos tratos y diciéndole cosas bellas aunque posiblemente todas sus frases eran una farsa. Kakashi era sarcástico y burlón con ella, le gustaba molestarla y no leía el ambiente entre ambos; era tan despistado que no comprendía si estaba molesta o triste, pero a pesar de ser tan indiferente había algo en él que Nashira no podía entender, algo que le atraía fuertemente de su superior. Lejos de ser un mero deseo físico, Kakashi desprendía cierto aire de madurez y protección que la hacían suspirar emocionada cada vez que iba a trabajar; el simple hecho de mirarlo de lejos, o cruzar alguna palabra le causaba cosquillas en el estómago y aunque era una experiencia maravillosa, también dolía.

—Quiero verlo —musitó con tono de queja todavía con su frente en el escritorio—. ¿Por qué se va sin decir nada?

Nashira levantó la cabeza y a su frente se había pegado un papel, lo arrancó para verlo.

«25-07-00-16»

—¿Qué es esto?

Se mantuvo pensando sin dejar de observar el papel y dio un respingo cuando lo recordó. Era el número de Kakashi, aquel que le anotó cuando le entregó el teléfono. Se había salido de su bolsa con una carpeta y verlo le hizo tener una idea.

Tomó el teléfono de su bolso y lo contempló por varios segundos, lo apretó contra su pecho y respiró profundo. Se levantó y caminó hacia el patio trasero de la Torre pero en el camino oyó a Shikamaru hablar con un hombre, estaban dentro de una oficina aledaña a la salida al patio.

—Entonces las citas comenzarán en cinco días.

—Sí, Shikamaru. ¿Crees que el Hokage regrese antes de la fecha? Necesitamos preparar sus atuendos e indicarle los lugares y horas donde se llevarán a cabo los encuentros.

Nashira se pegó a la pared aún con el teléfono contra su pecho.

—Esto es problemático... Pero tengo confianza de que las cosas saldrán bien.

—Aquí entre nos —el hombre desconocido habló con un tono más bajo—... Creo que elegirá a la hija del Señor Feudal. Esto de las citas es mera pérdida de tiempo.

Oyó a Shikamaru suspirar como si estuviera cansado.

—Quién sabe, sólo nos queda obedecer.

Nashira huyó del lugar antes de que la descubrieran espiando y salió apresurada al patio; una vez lejos de las miradas se instaló en una banca de cemento que daba hacia un bosque, alzó la vista y contempló el monte donde estaban tallados los rostros de los Hokages. Su mirada se quedó quieta en el rostro de Kakashi, le divirtió notar cómo incluso la máscara estaba presente; supuso que había sido una buena idea pues él era conocido por ocultar su rostro.

Volvió los ojos al aparato en sus manos y lo despegó de su pecho, dudó. Ahora ya no estaba tan segura de llamarle porque no quería interrumpirlo ni causarle más molestias, quizás en ese momento Kakashi se encontraba en una junta muy importante o tal vez estaba descansando luego de días agotadores.

—¿Qué hago? ¿Le llamo? —Negó con su cabeza— No, eso podría molestarlo...

Iba a levantarse para volver pero no pudo hacerlo, su deseo de oír su voz era más fuerte que la dignidad que le provocaba una lucha interna por ganar terreno.

—A ver, Nashira —se habló— ¿qué es lo peor que podría pasar? ¿Que te odie? —Rió— De todos modos no siempre estaremos juntos y algún día tendremos que dejar de vernos —miró otra vez el teléfono—. Le llamaré, sí, y actuaré como que no pasa nada.

Con sus manos temblorosas marcó el número anotado en el papel y se colocó el dispositivo en la oreja sintiendo cómo su corazón se aceleraba y le palpitaba casi hasta en la cabeza.

Sonó tres veces y antes de desistir, Kakashi respondió haciendo que el alma casi se desprendiera de su cuerpo.

—¿Hola?

Los labios de Nashira temblaron sin poder emitir algún sonido.

—¿Hola? ¿Qué pasa?

—S-soy Nashira —por fin su lengua se movió y sus cejas temblaron.

—Ah, qué sorpresa. ¿Está todo bien? Es raro que me llames.

—Bueno, supongo que las cosas están bajo control —su voz estaba comenzando a tomar la confianza de siempre—. ¿Cómo estás?

Kakashi guardó silencio unos momentos.

—Estoy bien.

—Claro, debes estarlo. No has venido al trabajo desde hace días.

Oyó cómo Kakashi carraspeó, parecía incómodo y eso le hizo imaginar muchas cosas que en su mayoría eran los peores escenarios.

—He estado ocupado, lamento no haberlo informado sólo se lo comuniqué a Shikamaru.

—Entonces es algo confidencial después de todo ¿eh? —Aunque se esforzaba por sonar como la Nashira de siempre, había algo de dolor en sus palabras.

—Nashira —repentinamente Kakashi le cortó la frase, su tono de seriedad la estremeció.

—Dime.

—¿Está todo bien?

—Por supuesto, ya te lo he dicho.

—Entonces ¿por qué me has llamado?

Se sintió estúpida, insultada y devastada. Era un acto que jamás se hubiera atrevido a hacer y Kakashi parecía incómodo en lugar de estar agradecido. Tomó todo el aire que le pudo caber a sus pulmones y soltó con molestia sin pensarlo tantas veces.

—¿Cómo que por qué, idiota? ¡Porque estaba preocupada! Te fuiste de repente y no avisaste e incluso creí que ya te habías casado y estabas viviendo con Kazumi en su mansión!

Su respiración estaba agitada, le ardía el estómago y la cara, cerró los ojos con arrepentimiento cuando se hizo consciente de la barbaridad que había dicho. Se arrepintió mucho y un nudo se formó en su garganta, desde que conoció a Kakashi se había vuelto explosiva y vulnerable a todo lo que concernía a él.

Iba a terminar la llamada pero tras el silencio del hombre, vino una respuesta.

—Lo siento —dijo Kakashi.

—¿Eh?

—No pensé que me llamarías por algo como eso. La única llamada que me habías hecho fue para decirme que me quedé dormido y creí que esta vez también sería por una emergencia.

«Él recuerda esa llamada... ¿Por qué?»

—Yo... Bueno disculpa —dijo Nashira—, tal vez me precipité. Debes estar muy ocupado ahora, lamento haber interrumpido, voy a colgar. Fue bueno oírte.

—Espera, no cuelgues.

Su pulgar se quedó a punto de oprimir el botón. Tragó saliva a la espera de lo que diría su jefe.

—Ahora mismo estoy en una cabaña, sólo estoy acostado. He tenido un día pesado y quise descansar, quería entretenerme para matar el tiempo pero no pude traer ningún libro.

Nashira sonrió al oír eso.

—¿Es un trabajo muy difícil? quiero decir, ¿sólo para genios como tú?

Oyó que Kakashi rió y sin darse cuenta, estaba jugando con sus pies moviéndolos cuan niña feliz.

—Estoy pensando en darle solución a un problema con una plaga que está afectando varios sembradíos en la Aldea del Manantial.

—Ah... Conozco esa aldea. He ido con mi tía cuando era más joven. Pero ¿qué haces tan lejos? Creí que tu trabajo sólo era en Konoha.

—Debido a la crisis económica, muchos están emigrando de este pueblo a la aldea y eso puede causarnos inestabilidad. Acepté la misión personalmente para ayudar a los campesinos con sus trabajos.

—Ah, ya entiendo. El Señor Feudal debería hacerse cargo de esas cosas y no querer obligarte a contraer matrimonio. Pero Kakashi... ¿De verdad tenías que ir tú o fue tu pretexto para alejarte de todo por unos días?

Kakashi nuevamente se quedó callado.

—Acerté ¿no?

—En parte.

—¿Y qué vas a hacer para solucionar el problema de la plaga?

—No lo sé. Quería pedirle ayuda a un shinobi que controla insectos pero esta plaga es distinta, es un hongo que se está comiendo todo.

—Uhm... Kakashi, hay algo que debes entender —Nashira dejó de mover los pies—. Lo primero: No eres un sabelotodo. Tú no cultivas por lo que sería difícil para ti entender estas cosas y darles solución.

Kakashi cerró los ojos recargando su cabeza sobre la mano izquierda. Ella tenía razón.

—Segundo: te van a salir arrugas si te sigues exigiendo demasiado aun tratándose de asuntos que no puedes resolver y no quieres delegar por el bien de la aldea.

Kakashi continuó con sus ojos cerrados y pensó en posibilidades para salir del problema, pero seguía a la espera de lo que su asistente pudiera decirle.

—Y tercero —Nashira se mordió el labio haciendo una breve pausa y miró hacia el suelo—... Los hongos en esos sembradíos deben ser por lo mal que cultivan esos campesinos. Desde que el señor Hakuro se adueñó de los grandes campos para la siembra es que apareció todo este problema. Contrata hombres desesperados por trabajo y ni siquiera se preocupa por si tienen conocimientos de cultivo. Mi padre siempre decía que las cosas iban a terminar mal si no se ponían a investigar y a informarse antes de sembrar a lo tonto. No dejan mucha distancia entre sus semillas y las plantas crecen casi pegadas además esta temporada fue muy seca para ellos ¿no es así? Lo leí en el periódico.

Kakashi abrió los ojos y se enderezó quedando sentado sobre el borde de la cama.

—¡Nashira! —Exclamó— ¿Cómo sabes todo eso?

—Ya te lo dije, mi padre me lo contó. Él era agricultor y he estado en esa aldea varias veces. Lo vi con mis propios ojos antes de venir a Konoha, sabía que esto pasaba por eso nunca producen tanto.

Kakashi quería hablar pero no sabía cómo formular su frase, estaba en medio de dos emociones: Se sentía contento y desesperado.

—¿Sabes cómo eliminar una plaga?

—Sí, bueno... Claro que depende del tipo de plaga. Dices que es un hongo, tendría que verlo para estar segura si—

—¡Ven ahora mismo!

Nashira tembló y se le cortó la respiración.

—¿Eh? ¿Qué?

—Dije que vengas ahora mismo, a la Aldea del Manantial. Si tú tienes conocimiento de esto, es posible que juntos podamos encontrar una solución.

«Juntos»

—Nashira ¿sigues ahí? ¿Me oyes?

—Kakashi no puedo, estoy trabajando.

—Nashira, tú trabajas conmigo y para mí. Si tu jefe te ordena que vayas a alguna parte, debes ir. Enviaré a un clon para que te encuentre en la salida de la aldea, de allí partirán y entonces—

—¿Dijiste clon? ¿Qué significa eso?

Kakashi suspiró. Olvidaba que Nashira no era kunoichi y no podía entender muchos términos utilizados entre los ninjas.

—Mira, cuando tenga más tiempo te lo explicaré con calma. Por el momento quiero que entiendas que iré a recogerte, no seré yo... Bueno, una parte de mí irá por ti ¿de acuerdo?

—Ah... Una parte de ti... Suena un poco raro.

—Tengo una mejor idea. Ve con Sai y dile lo siguiente: "El Hokage quiere que hagas un ave de tinta para que me lleve hacia la Aldea del Manantial".

Nashira parpadeó queriendo comprender.

—¿Lo tienes?

—Supongo.

—Bien. Estaré a la espera de tu llegada, ve y prepara un equipaje para tres días, procura que sea algo ligero.

«Tres días con Kakashi»

—¿Nashira?

—¿Hmm? —Fue incapaz de hablar por estar pensando en sus palabras.

—Ten cuidado de no caer del ave, pide a Sai que sea un viaje tranquilo, tampoco quiero que pase una desgracia.

—Estaré bien —sonrió ligeramente y luego se mordió las uñas—. ¿Algo más?

—No, es todo. Nos vemos.

—Sí. Nos vemos.

Terminó la llamada y su sonrisa se expandió, no pudo hacer nada para ocultarla. Casi saltaba contenta por todo el patio pero se mantuvo en el suelo lo más que pudo. Besó el teléfono y luego lo abrazó, se dio la media vuelta y su emoción se esfumó cuando sus ojos vieron en el tercer piso a la anciana Koharu, quien le observaba desde lo alto con sus manos apoyadas sobre el barandal del balcón.

—Ella no oyó nada, no sabe por qué estoy feliz —se repitió y dejó de verla para entrar a la Torre buscando a Sai.

Kakashi había puesto el teléfono sobre la mesita de la habitación y caminó de un lado a otro queriendo descifrar por qué repentinamente se sentía tan animado. Miró el reloj, si Nashira era rápida estaría llegando un poco antes de que cayera la noche.

Oyó que tocaron la puerta de la cabaña, fue a abrir y vio a una anciana, la esposa del campesino que le prestó techo.

—Señor Hokage, disculpe que lo moleste. Vengo a preguntar como en días anteriores si querrá cenar aquí o irá a alguna parte.

—Cenaré aquí, gracias señora...

—De acuerdo —la mujer sonrió haciendo una reverencia—. Si hay algo más que se le ofrezca, por favor no dude en decírmelo.

—Sobre eso... ¿Podría prestarme un futón?

—¿Cómo? ¿Hay algún problema con la cama?

Kakashi se masajeó el cuello.

—Lo que pasa es que he pedido a uno de los miembros de mi equipo de trabajo, que venga. Va a ayudarme con el problema de la plaga.

—Ah, señor. En ese caso le traeré un futón y prepararé más comida para la cena.

—Se lo agradezco mucho.

—No, no. Es un placer servir al Sexto Hokage. Es usted un buen hombre y siempre se esfuerza por ayudar al prójimo por eso, pediré al Santo Monje que le guíe en su camino.

La oreja de Kakashi tembló.

—¿Usted dijo... Santo Monje?

La anciana sonrió con dulzura.

—La aldea del Valle Rocoso está muy cerca de aquí, allí está el templo de piedra donde se le dejan ofrendas y se reza al Santo Monje que guía nuestros pasos.

Kakashi no pudo evitar recordar a la tía Madoka, y aunque Nashira no parecía tan devota como su tía, utilizaba la misma expresión cuando estaba muy sorprendida.

—Ya veo.

—Debería aprovechar que está aquí, señor Hokage, para que visite el templo.

Kakashi sonrió.

—Lo haré antes de volver a Konoha, lo prometo.

La anciana volvió a hacer una reverencia.

—Es usted un hombre sabio. Más tarde enviaré a mi nieto para que le traiga el futón y prepararé la cena para usted y su ayudante.

—Se lo agradezco profundamente.

La anciana se marchó y Kakashi volvió al interior de la cabaña. Miró a todos lados para pensar dónde podría poner el futón.

(...)

Cuando la tarde se puso, Kakashi se dirigió al campo abierto donde estaba seguro que llegaría el ave de Sai. Esperaba que Nashira no estuviera temblando de miedo por volar a tal altura sin tener de dónde sujetarse con fuerza.

Estaba imaginando cómo sería su cara de terror cuando escuchó el sonido del ave y miró hacia el cielo de donde la figura de tinta descendió cuidadosamente. Ya estaba a la espera de que su asistente bajara gritando, la vio asomándose, estaba un poco despeinada pero su cara era muy distinta a la que creó en su cabeza.

—¿Estás bien?

Nashira sopló un mechón de cabello que le cubría el rostro.

—¡Eso fue asombroso! —Sonrió mostrando sus dientes, Kakashi alzó una ceja— ¡Jamás había volado! Y-y- ¡Me encantó!

—¿No estás asustada?

—¡Oh, Kakashi! ¡No! Debiste ver lo bello que luce todo desde arriba, y el cielo ¡el cielo es divino!

Kakashi rió y extendió sus brazos para ayudarla a bajar del ave. Nashira se le quedó mirando sin moverse y se sintió avergonzada. Estiró sus manos para alcanzar las de Kakashi y cuando sintió el fuerte apretón, dio un salto hacia el suelo.

El ave volvió a elevarse y se marchó volando lejos.

—Pues menos mal que no estás lastimada ni asustada. No esperaba menos de mi asistente.

—Bueno... ¿Y ahora qué?

Kakashi metió las manos en los bolsillos de su pantalón.

—Iremos a la cabaña, no hay nada que podamos hacer hoy porque ya casi oscurece, pero mañana temprano visitaremos los campos de sembradíos.

—Estaba pensando... ¿Tres días serán suficientes?

Kakashi bajó la vista para encontrarla con la de su asistente. Nashira apretaba los labios y se aferraba a la mochila que colgaba en su espalda.

—¿Crees que nos faltará tiempo?

—Pu-pues... Sólo es una pregunta. Tan poco me mires así.

—Vamos —le dio palmaditas en el hombro incitándola a caminar—. Debes estar hambrienta.

(...)

Nashira miraba a su alrededor, la cabaña era más pequeña de lo que se había imaginado. Apenas tenía una habitación para dormir, un baño diminuto, un ofuro y la sala sólo tenía un sillón.

—Puedes dejar tu mochila en la habitación, allí dormirás.

Se giró sobre sus talones para ver a Kakashi.

—¿Y tú?

—Dormiré en el futón.

—Pero...

—Soy un shinobi, he dormido en el suelo bajo un árbol tantas veces que no podría contarlas. Además, ya he dormido en la cama los días anteriores.

—¿Ya dormiste allí? —Nashira estaba incrédula.

—Si te incomoda puedo pedirle a la dueña de la cabaña que cambie las sábanas.

—¡No! Quiero decir... No hace falta, no incomodes a la pobre mujer. Debe estar cansada de tus exigencias así que dejémoslo así. No me importa tanto.

Kakashi se encogió de hombros.

—Como gustes. Bueno, ve y deja tu equipaje, voy a servir la cena.

Nashira se giró otra vez para caminar hacia la habitación, estaba tan emocionada que le costaba trabajo ocultar dicha faceta. Respiraba hondo una y otra vez, y cerraba sus ojos.

«Vamos a cenar juntos... Veré su cara de nuevo... Kazumi está tan lejos»

Dejó la mochila sobre una mesita y miró la cama.

—Soy una sucia pervertida.

Musitó segura de que Kakashi no podía escucharla, pues él se oía al fondo moviendo unos platos. La mano de Nashira recorrió el colchón con delicadeza y se dejó caer en la cama abrazando la almohada.

—No debería estar haciendo esto, no debería —se puso de lado viendo hacia la puerta mientras la almohada se pegaba a su boca—. Me odio tanto —sonrió con pena—. Juré que no sería como mamá y aquí estoy de nuevo, enamorada de un hombre ajeno.

Durante la cena, Nashira no podía dejar de mirar los labios de Kakashi y se preguntó cómo se sentiría besarlos.

—¿Qué pasa? ¿Tengo algo?

Kakashi había notado la intensa mirada de su asistente y se limpió con una servilleta. Nashira todavía sostenía su tazón con arroz intacto.

—No, ya no —mintió—. Era un grano de arroz pero ya te lo has limpiado.

—¿Le avisaste a tu tía que vendrías?

Ella asintió moviendo su cabeza y empezó a comer.

—Me pidió un favor —confesó sin mirar a su jefe—. En realidad no tenía que pedirlo, de todos modos yo iba a solicitarte el permiso.

—¿A qué te refieres?

Nashira cambió la expresión de su rostro.

—En cuatro días es el aniversario luctuoso de mi padre, yo quería ir a su tumba para dejarle flores y aprovechar también para de igual modo, llevar unas a mi hermano.

Kakashi dejó de comer.

—Entonces por eso me preguntaste si sería suficiente tiempo ¿no?

Ella afirmó con pena.

—Está bien, no nos pasa nada si nos quedamos un día más.

Kakashi se enfocó en comer y Nashira se sintió aliviada pero había un pequeño sentimiento de culpa naciendo. En cinco días serían sus citas, retrasarlo era egoísta y Kakashi ni enterado estaba.

Terminaron de cenar y Nashira decidió tomar un baño primero, Kakashi se quedó preparando su futón. El único espacio donde cabía era junto a la cama de la habitación, era un poco molesto y él quería darle privacidad a su asistente por lo que se mantuvo observando de nueva cuenta dónde podría colocarlo.

—Hmm... ¿Dónde estará bien?

Arrastró el futón y sin querer chocó con la mesita del cuarto haciendo que se cayera la mochila de Nashira. Volteó y se agachó a recogerla y a guardar las cosas que se habían salido.

Detuvo sus acciones cuando vio una prenda. La extendió para apreciarla con cuidado y se empezó a reír.

—Bragas con estampado de estrellitas.

Mientras se reía, guardó la prenda dentro de la mochila y la puso de nueva cuenta sobre la mesita.

Se quedó un rato pensando en lo que había visto y visualizó cómo luciría la ropa interior en su asistente.

—Tiene un gusto particular por las cosas raras.

La puerta del baño se abrió y miró por encima de su hombro a Nashira con el cabello mojado y una toalla alrededor de su cuello. Ella se sintió apenada por su aspecto y evitó mirarlo a los ojos, pasó un lado de él y guardó unas cosas en su equipaje.

—El baño está libre —expresó—, puedes entrar.

Notó que Kakashi seguía de pie sosteniendo el futón.

—¿Qué haces?

—Estoy pensando dónde debería ponerlo, pero creo que no cabe en la sala.

—Pues déjalo ahí, junto a la cama ¿cuál es el problema?

—¿No te incomoda que duerma a tu lado?

Nashira sintió un escalofrío por lo bien que sonó la frase.

—A menos que hagas muchos ruidos, puedo soportarlo —fingió ser indiferente.

—Bueno... Entonces lo dejaré aquí. Si quieres, puedes apagar la luz.

Kakashi tomó una toalla del closet y unos pantalones antes de dirigirse al baño. Cuando cerró la puerta, Nashira miró el futón y se agachó para acomodarlo correctamente.

Luego, apagó el interruptor y se acostó sobre la cama cubriéndose con la manta. La llevó hasta la mitad de su cara y se quedó mirando el techo; lo único que podía oír eran los grillos y los latidos de su corazón.

—Cálmate Nashira, sólo concéntrate en dormir.

Cerró los ojos y se mantuvo así por varios minutos en vano, el nerviosismo no le permitía conciliar el sueño.

De momento, oyó el ruido del pomo de la puerta y los pasos de Kakashi para ingresar a la habitación. Se cubrió un poco más la cara dejando libre un ojo, y aunque la luz estaba apagada su vista estaba lo suficientemente adaptada a la oscuridad para percibir que el Hokage no llevaba más que pantalones.

—¡Cálmate, cálmate, cálmate! Recuerda los rezos, recuérdalos —dijo en su mente—. La tía Madoka te los enseñó bien: Santo Monje del Valle Rocoso que guía nuestros pasos y aclara nuestros pensa-mien... tos —volvió a mirar a Kakashi, que estaba acomodándose en el futón—... Que nos lleva por un camino de luz —su corazón estaba agitado—, que nos bendice... Nos rodea de-de... Nos rodea de bellos paisajes...

—Nashira ¿sigues despierta?

Se quedó inmóvil creyendo que había rezado en voz alta, pero no fue así.

—Creo que no.

—Sí estoy despierta.

Se descubrió la cabeza pero se puso a mirar el techo.

—¿Qué quieres? ¿Tengo que obedecerte incluso cuando trato de dormir?

—Lo siento, sólo quería conversar.

Se arrepintió por lo que le había dicho a Kakashi.

—Está bien... ¿De qué quieres hablar?

—Estaba pensando... Que arruiné tu cumpleaños.

Nashira dejó de ver al techo y bajó su vista a la silueta de Kakashi. Se posicionó de lado y apoyó una mano bajo la almohada.

—¿Por qué piensas eso?

—Porque no te veías feliz en lo absoluto. Yo... No me sentí capaz de verte luego de lo que pasó, puede que no lo creas pero...

—¿Pero?

Kakashi titubeó.

—Me dio vergüenza.

—¿Te dio vergüenza verme?

—Haberte hecho pasar un mal rato. Lo lamento. No esperé encontrar a Kazumi en las calles siendo atacada; estaba muy asustada y no quería dejarla sola. Pero tampoco fue buena idea llevarla a tu casa.

Nashira comprendió que Kakashi se sentía responsable por lo que le sucediera a la hija del Señor Feudal y sintió celos. Era como si él ya tuviera esa conexión con la joven mujer.

—¿Te gusta mucho? —Preguntó, aunque no quería oír la respuesta.

—¿Eh?

—Hablo de Kazumi... Ella se casará contigo ¿verdad?

Kakashi se quedó sin habla meditando las palabras. Recordando a la mujer que lo hacía sentir cosas extrañas en el estómago y lo bonita que era.

La tardía respuesta era una afirmación para Nashira, y el silencio era más doloroso que las palabras que pudiera decirle.

—Olvídalo, no tienes que responderme. Ése no es asunto mío.

—¿Crees que esté mal que la elija a ella?

Nashira arrugó la frente y se mordió los labios con tristeza, pero Kakashi era incapaz de ver su reacción.

—¿Alguna vez te has enamorado, Kakashi?

—No. No sé cómo debe sentirse.

Los ojos de Nashira se humedecieron.

—Es bonito —confesó atrayendo toda la atención de su superior—. Sientes cosquillas en todo el cuerpo cuando ves a esa persona especial y podrías pasar horas mirando su rostro —tragó saliva antes de dejar en evidencia su pena—. Es como si flotaras pero también es doloroso.

—¿Doloroso?

Kakashi recordó a su ex alumna cada vez que lloraba por Sasuke.

—No sé si pasa igual con los hombres —dijo Nashira—, pero desde mi experiencia puedo decirte que estar enamorado te vuelve torpe. Ríes, lloras... Todas tus emociones están al límite.

Una ruidosa inhalación enteró a Kakashi de que su asistente estaba triste, pero no dijo nada sobre eso. Él ya la había visto llorar y comprendía que la herida no había sanado por completo.

—Cuando estaba junto a Kazumi —habló Kakashi—... Yo... Sentí algo en mi estómago. Ella es bonita y parece tan frágil e inocente.

Nashira apretó la almohada.

—Lo es —secundó con pena—. Es muy bonita.

—No sé si esté bien o mal elegirla, no quisiera lastimarla.

—Kakashi —interrumpió—. ¿Crees que puedas enamorarte de alguien más? ¿Alguien que no sea Kazumi?

—Para eso tendría que conocer más personas ¿no?

Nashira se limpió los ojos.

—Tienes razón, qué tonta —rió—. Eres un hombre sumamente ocupado y no puedes perder el tiempo conociendo gente —se volteó dándole la espalda y cerró los ojos.

—Nashira.

—¿Uhm?

—¿Me odias?

Abrió los ojos viendo hacia la ventana, Kakashi hacía preguntas extrañas como si de pronto supiera lo que ella sentía.

—Odio tu poca voluntad para negarte a cosas que no quieres hacer.

—¿Te refieres al matrimonio?

—Ah, es cierto... Ya no va en contra de tu voluntad el querer casarte ¿eh? Siempre y cuando sea Kazumi.

—A veces pienso que no podría ser yo mismo si me caso. Esas mujeres me admiran pero desconocen cosas de mí, actitudes que no puedo ni quiero reprimir.

—¿Te refieres a tu gusto por la lectura erótica, disfrazarte de reportero, ser impuntual, sarcástico, grosero, y mandón?

—Si lo dices así suena mal.

—No encuentro otra forma menos ofensiva de decirlo, señor Hokage.

—Me conoces lo suficiente, Nashira. Quizás tú podrías casarte conmigo —rió esperando que su asistente le siguiera la broma pero ella se quedó tiesa —¿no vas a decirlo?

—De-decir ¿qué?

—Que jamás vas a casarte y menos con un pervertido como yo.

—Uh... Sí, es cierto. Me alegra no estar en tu lista.

Kakashi observó la silueta de la espalda de Nashira.

—Hace mucho tiempo que no tenía una amiga con quién hablar tranquilamente —dijo con voz serena—. Es bueno tenerte, Nashira.

—Kakashi —pronunció con un tono similar—, como tu única y mejor amiga ¿puedo pedirte un favor?

—¿Qué es?

Los ojos de Nashira se fueron hacia la luna que se miraba desde la ventana.

—No me invites a tu boda... Buenas noches.

Kakashi no dijo nada más y se giró para cerrar los ojos y dormir. Por alguna razón a su mente llegó el recuerdo de Rin y su amable sonrisa. No hubo más palabras entre ellos, y fue Kakashi quien concilió el sueño primero.

A la mañana siguiente, Nashira abrió los ojos y se estiró. Volteó hacia un lado y se dio cuenta que su jefe todavía estaba dormido. Gracias a la luz que entraba por la ventana, fue capaz de ver con claridad su rostro.

Aunque la noche anterior lo detestó, dormido lucía como un ángel. Se quedó un rato contemplando su cicatriz, se dio cuenta que era más extensa y seguro fue muy profunda.

«Para tener tal marca Kakashi tendría que haber perdido el ojo»

No se explicaba cómo entonces parecía no tener ningún problema con su visión.

Sigilosamente se enderezó para no hacer mucho ruido, se quitó la manta despacio y con cuidado se levantó de la cama. Movió una pierna para brincar a Kakashi, se extendió hasta que logró tocar el otro extremo del futón y cuando quiso hacer lo mismo con la pierna derecha, su pie izquierdo resbaló haciéndola caer sobre el Hokage y sacándole el aire.

—¡Perdón, perdón!

Se levantó apoyándose con sus brazos pero todavía estaba sobre él, Kakashi bajó el rostro y abrió los ojos de golpe, luego giró la cabeza ruborizándose.

Nashira no pasó desapercibida esa acción y miró hacia abajo para darse cuenta que su blusa estaba dejando espacio para que se le viera el sostén. Sintió tanta vergüenza que al cubrirse el pecho cayó otra vez sobre el torso desnudo de Kakashi.

—Na-shi-ra no puedo res-pi-rar.

—¡No me mires! —Ella pegó su cara en el pecho de su jefe, tocando la piel de éste en su mejilla sólo pudo sentir cosquillas en su vientre.

Kakashi apoyó ambas manos en los hombros de su asistente y la hizo a un lado con cuidado. Nashira se quedó en la misma posición que cuando estaba sobre él. mas esta vez, acostada sobre el futón.

—Tú definitivamente no podrías ser ninja —se burló Kakashi—. No eres buena siendo sigilosa.

Estiró los brazos y bostezó para luego levantarse e irse a lavar la cara y los dientes. Su asistente rodó sobre el futón para alcanzar la orilla y se mantuvo un rato sentada para tranquilizarse. Luego, oyó que su jefe cerró bruscamente la puerta del baño.

—Debe estar molesto.

Kakashi se miró en el espejo. Una gota de sangre le había resbalado por la nariz hasta la boca.

—Genial. Lo que me faltaba.