Capítulo 20.- "Un hombre valiente"
Nashira caminaba a paso lento tras Kakashi. Luego de una espantosa forma de iniciar la mañana, su jefe decidió que sería bueno ir a ver los sembradíos antes de perder más tiempo. Los hombres del pueblo tenían todas sus esperanzas puestas en él y estaban agradecidos de que no fuera egoísta y pensara únicamente en Konoha.
Kakashi había notado desde metros atrás, que su asistente no caminaba a su misma velocidad y no trataba siquiera de emparejarse para ir a su lado. Imaginó que seguía avergonzada por el incidente sobre el futón y no la juzgaba, pero tampoco había sido culpa de él que Nashira se expusiera así frente a sus ojos y le provocara excitación.
Agitó su cabeza queriendo reprimir el recuerdo, sabía que Nashira había sufrido mucho en el pasado por su amor fallido y pensaba que si se sentía cómoda a su lado era porque sólo eran amigos.
Pero la realidad era otra muy distinta. Nashira se sentía cómoda con él porque estaba enamorada, y si llevaba varios metros caminando detrás de él no era por vergüenza sino...
«¡Wow! Jamás había visto a un hombre al que le quedaran así los pantalones»
Kakashi miró a su derecha y observó un jardín lleno de bellas zinnias naranjas y amarillas, le pareció un paisaje encantador y quiso compartir su sentimiento con su asistente. Siguió caminando sin voltear atrás, sólo observando las flores.
—Son hermosas ¿verdad?
Nashira tragó saliva.
—Divinas, diría yo.
Kakashi sonrió creyendo que Nashira también veía el jardín.
—¿Sabes cómo se llaman?
—¿A caso tienen nombre? —Ella seguía inspirada observándolo.
—Deben tener uno, pero no recuerdo bien... Soy malo con esto de las flores.
—¿Eh? ¿Flores?
Nashira levantó la vista y miró a su lado derecho encontrando las bonitas plantas del jardín que brillaban con los rayos matutinos que atravesaban el rocío sobre ellas.
—Vaya... No recuerdo este lugar.
Kakashi la tomó del brazo y la hizo caminar a su lado, ella estaba sorprendida sin poder protestar, sólo sentía el agarre encima de su codo y sus pies seguían los pasos del hombre.
—¿Qué haces?
—Vas muy despacio y tenemos que llegar pronto.
No dijo nada más, ella tampoco volvió a hablar simplemente continuaron el trayecto hasta que llegaron a los famosos sembradíos. Había varios campesinos esperando y cuando vieron que el Hokage traía compañía femenina, se miraron de reojo sin comprender.
Kakashi se detuvo y saludó como de costumbre, luego aclaró la garganta para presentar a la mujer a su lado.
—Ella es mi asistente, Na-
—Nanako —interrumpió ella dejando a Kakashi estupefacto—, es un placer —hizo una reverencia.
Kakashi frunció el ceño pero no cuestionó nada, tuvo el presentimiento de que no sería bueno indagar frente a los campesinos.
—Ella y yo estaremos trabajando en una solución para la plaga que ha afectado a la mayor parte de los sembradíos de tomate. Así que solicito autorización para ingresar y revisar el terreno.
—Señor Hokage, usted no necesita pedir permiso —el hombre extendió su mano hacia otro lado—. Adelante.
Kakashi miró a Nashira y con un movimiento de su cabeza le pidió que lo acompañara. No necesitaron palabras, ella lo entendió rápidamente.
Se adentraron a la zona y Nashira miró con cuidado los cultivos. Kakashi se mantuvo a la espera de cualquier opinión que ella pudiera dar.
—Creo que no es tanto como lo pensé —habló—. Hay suficiente espacio entre las especies, sin embargo, el suelo está demasiado seco.
—¿Entonces la enfermedad es a causa de la sequía?
—Sí.
—¿Cómo eliminamos el hongo?
Nashira metió la mano dentro de su mochila y sacó un libro viejo con hojas amarillentas y tapas arrugadas.
—¿Qué es eso?
—Mi padre hacía anotaciones para sus cultivos. Siempre decía que era bueno aprender de los errores para no cometerlos dos veces —hablaba mientras buscaba una página en particular—. Me siento feliz de no haber perdido estos apuntes. ¡Ah! Aquí está.
Kakashi se puso de cuclillas junto a ella.
—Vamos a necesitar algunos componentes para esparcirlos por todo el huerto. Pero definitivamente hay que abrir más canales para el riego...
—Sobre eso... Hablé con los campesinos, no hay una fuente que sea suficiente para el riego de los terrenos, la que les proveía el agua fue clausurada. Me temo que son asuntos ajenos a nosotros.
Nashira dejó de ver el libro y fijó sus ojos en Kakashi.
—Es cierto, sólo eres el Hokage y éste simplemente se hace cargo de las fuerzas shinobis para protección del país. Pero el inútil del Señor Feudal ha puesto sus esperanzas en ti haciéndote creer que si te casas con Kazumi, todos los problemas del país mágicamente se resolverán cuando la solución está en poner atención a problemas como éstos.
Kakashi fácilmente pudo darse cuenta que su asistente decía aquello con enojo, y estaba totalmente de acuerdo con ella.
—¿Qué debería hacer con esto? —Kakashi se puso a disposición de Nashira y ella lo notó— ¿Qué harías tú?
—Vamos a hablar con los campesinos, ellos te pidieron esta misión porque sin duda están desesperados. Necesitas saber qué problema origina que sea imposible conseguir el agua necesaria para el riego de los cultivos, aunque puede que no sea una solución inmediata pero mientras se espera a que eso se resuelva, tú y yo tenemos que hacer algo para matar el hongo antes de que empeore.
Nashira le mostró una hoja del libro a Kakashi.
—Hay que conseguir todos estos ingredientes y aunque puede resultar complicado, necesitamos agua, mucha agua, Kakashi. Es cierto, hay que esparcir la mezcla por todo el huerto pero el agua es necesaria para que se absorba también en la tierra.
La mirada de la mujer era de preocupación, Kakashi vio en ella esa pasión por ayudar a los demás y cómo se había metido en el asunto a tal grado de sentir la mortificación de los campesinos.
—Nashira... Sé que no es el momento pero me gustaría saber algo... ¿Por qué mentiste con tu nombre?
Nashira apartó su vista centrándose en el libro.
—Soy tu asistente, no soy una ninja y mi vida podría estar en peligro por la misma razón de ser cercana a ti ¿no es así? Es mejor que no sepan mi verdadera identidad.
Kakashi bajó la mirada a la tierra pensando en si tenía sentido su explicación. Y otra vez recordó a Rin.
—Puede ser que estés en lo cierto.
—Volviendo a lo del hongo... ¿Cómo podremos regar los cultivos una vez que hayamos cubierto todo con la solución?
El Hokage tomó un puñado de tierra seca y lo miró, luego volteó hacia el cielo.
—Tendría que llover.
Nashira bufó.
—Pues sí, pero como puedes ver, eso no ha sucedido aquí por mucho tiempo.
Kakashi volteó con ella.
—Puedo hacer que llueva.
Nashira pensó que él estaba bromeando.
—¿Qué?
—Sería difícil explicártelo, pero por el momento es mi única solución.
Tiró la tierra y se sacudió las manos para luego levantarse, Nashira hizo lo mismo.
—Espera... ¿Crees que soy estúpida, por eso nunca me cuentas nada? ¿Cómo es que puedes asegurar tal cosa de hacer llover?
Kakashi suspiró.
—No dudo de tu capacidad intelectual, sólo digamos que como ninja tengo la capacidad de hacer ciertas cosas que una persona normal no puede. Tengo una habilidad, la transformación de la naturaleza es una de mis especialidades.
—¿Transformación de la naturaleza?
Kakashi asintió.
—Mi elemento es el rayo —Nashira abrió mucho los ojos—. Puedo generar rayos —señaló hacia el cielo—, es muy probable atraer nubes con cierto grado de humedad, aunque sólo tengan un poco de agua, sé que puedo provocar una tormenta si impacto mi técnica a cinco mil metros de altura.
—Espera ¡¿qué?! ¡¿Cómo vas a subir tanto?!
Kakashi volvió la vista a ella.
—Estoy pensando en las aves de Sai. Puedo mandarle pedir una y de ese modo podré subir tan alto que alcanzaré las nubes.
Nashira tembló.
—¡Estás loco! Eso es muy peligroso, podrías caer y morir... O te afectaría en algo tanta altura.
—Es un riesgo que debo tomar.
Nashira sujetó el chaleco de Kakashi.
—¡No lo harás! Encontremos otra solución menos peligrosa.
Kakashi tomó las manos de Nashira.
—Los Hokages no deben ser cobardes. Y tú como mi asistente, tampoco.
Nashira no pudo ocultar su tristeza y miedo.
—Además, sé que le tienes miedo a los truenos, relámpagos y todo lo que provoque esos fuertes ruidos, pero ya verás que todo estará bien.
—Más te vale no morir —ella le miró a los ojos con pena—. No te lo perdonaría jamás.
La mano de Kakashi fue hacia la cabeza de su asistente y la sobó con delicadeza.
—No lo haré. Todavía no puedo hacerlo.
Se miraron sin decirse nada hasta que un carraspeo los sacó de la burbuja en que estaban. Un hombre mayor se puso junto a ellos.
—Lamento interrumpir.
—¿Qué pasa señor? —Kakashi quitó la mano de la cabeza de Nashira.
—Mi esposa quiere saber si tomarán la comida en la cabaña o irán a comer a otro lugar.
(...)
Nashira y Kakashi estaban sentados a la mesa tomando la comida del mediodía. La mujer seguía pensando en la arriesgada solución que el Hokage había planeado, y por más que tratara de hallarle un lado positivo, simplemente no podía.
Miró a Kakashi quien estaba con su máscara hasta el cuello y comía tranquilamente sin quitar su vista del periódico sobre la mesa.
—Kakashi...
—¿Uhm?
Nashira apretó los palillos.
—Hace rato hablaste de cosas que un ninja puede hacer... ¿A qué te referías cuando mencionaste a un clon?
Kakashi apartó los ojos de la lectura para verla a ella.
—¿Nunca has visto un clon de sombras?
Ella negó.
—¿Sabes qué es el chakra?
Nashira parpadeó y miró hacia un lado.
—Odio decir esto —hizo una breve pausa y dejó los palillos sobre la mesa—, pero solía oír a Keito hablar del chakra, sólo pudo decirme que es energía del cuerpo.
—Es energía física y espiritual que se adquiere con ejercicios y por supuesto, con la experiencia. Como ninjas, tenemos que aprender a dominar nuestro chakra ya que nos sirve para realizar técnicas. Los clones de sombra son una técnica de un grado muy alto, ésta consiste en distribuir chakra a cada uno de estos clones para hacerlos sólidos.
Nashira frunció el ceño queriendo imaginar de lo que hablaba Kakashi.
—O sea... ¿Es como hacer a otra persona?
—Creo que estoy haciendo mal en explicarte la teoría, es mejor si lo miras con tus propios ojos.
Kakashi hizo la posición de manos y creó un clon que apareció justo a su lado. Nashira abrió la boca totalmente sorprendida y se llevó las manos al pecho.
—¡Ay por todos los cielos! ¡Puedes aparecer más Kakashis!
Kakashi se rascó la frente y volteó con su clon. Nashira notó que el clon de sombras no se movía igual que su jefe y permanecía quieto observándola.
—¿Por-por qué él no hace los mismos movimientos que tú?
—Porque no es un espejo, es un clon —dijo Kakashi—, como tiene una parte de mi chakra, él puede pensar por sí mismo. Es una parte de mí, pero sin toda la esencia de mi ser, ¿me explico?
Nashira seguía fascinada, se levantó para ir a tocar al clon. Kakashi jamás había visto a alguien estar tan maravillado por algo como eso.
Nashira tocó las mejillas del clon, luego su cabello, después su pecho hasta que éste le detuvo las manos haciéndola voltear a su rostro.
—Fabuloso, eres como una persona.
—Soy una persona —contestó—, soy Kakashi.
Nashira casi sonreía imaginando cosas perversas.
—Es suficiente —dijo el Kakashi original—. Ahora que ya lo entiendes...
—¡Espera, espera! Aún no hagas que se vaya.
—Esto agota mis reservas de chakra.
—Lo siento señorita —habló el clon—, es hora de despedirnos. Gracias por tocarme así, lo disfruté.
Nashira se sonrojó y abrió mucho sus ojos, Kakashi impactado por la sinceridad de su clon, lo despareció haciendo que las manos de su asistente quedaran en el aire.
—Qué rayos, ¿esa parte de mí todavía existe? —Pensó el Hokage.
Nashira llevó las manos a sus mejillas calientes.
—¡Oh! ¿Por qué tu clon es más amable que tú?
Kakashi alzó una ceja.
—¿Disculpa?
Nashira suspiró y se mordió los labios. Kakashi volvió a comer con un poco de indignación.
—Debido a que estamos aquí —dijo él—, deberías seguir instruyéndome respecto a las mujeres.
Nashira regresó a su siento y tomó sus palillos, había cambiado su expresión y comenzaba a creer que su jefe tenía el don para matar los momentos mágicos.
—De hecho, estaba pensando que tal vez deberías despedirme.
La comida se quedó a mediación de llegar a la boca de Kakashi; sorprendido por tal confesión no fue capaz de mirarla.
—¿Por qué dices eso?
—Porque no me necesitas. Ya conociste a tus cuatro candidatas, ya elegiste con la que te vas a casar, porque en el fondo aunque lo odies, deseas casarte con Kazumi —dio un sorbo a su bebida—. Entonces ¿qué función tengo yo? Ambos sabemos que soy tu asistente para encubrir el hecho de que en realidad te estaba dando consejos para tratar con el sexo femenino.
Kakashi regresó la porción a su tazón.
—Sigo siendo ignorante en muchos aspectos que tienen que ver con ellas. Pronto tendré que lidiar con el asunto de las citas y hasta ahora sólo comprendo que debo ser puntual, caminar a lado de ellas y comprarles comida.
—Qué caso tiene ser formal y educado si sabes que la que importa es la niña rica. Y Kazumi está más que dispuesta a entregarse a ti, así que ya no tiene sentido que te explique cosas que aprenderás por ti mismo.
Kakashi hizo un mohín.
—¿A caso estás intentado que te despida? ¿Eso es lo que quieres? ¿Por qué repentinamente?
Nashira respiró hondo y se pasó la lengua por los dientes.
—No es que ya no quiera trabajar contigo, pero tampoco me gusta ser una carga. Y no quiero tener que lidiar con comentarios despectivos hacia mí tanto por parte de las empleadas que se mueren por ti como por Brujaru.
Kakashi entrecerró los ojos y acercó su rostro.
—¿Brujaru?
—Sí, la anciana consejera. ¿No te lo dije? Ya tuve la desgracia de conocerla.
—Ah, tú te refieres a Koharu.
—Brujaru, Koharu ¿cuál es la diferencia?
Kakashi empezó a reírse despacio y después su carcajada fue imposible de ignorar.
—Tú tienes un don para crear apodos —decía entre risas y se llevó una mano a la frente.
—¿Qué te puedo decir? Es mi Kekkei genkai.
Kakashi dejó de reírse y se le quedó mirando, ella comía con tranquilidad. Él estaba entre reír a muerte por el chiste o preguntarle cómo conocía ese término, ella le leyó la mente.
—Keito.
Fue su única respuesta dejando a su superior libre de reír por más tiempo. Ella simplemente sonrió y volvió la vista al tazón, pero disfrutaba oír a Kakashi reír por algo que ella dijera.
Terminaron de comer y el Hokage se dispuso a lavar los trastes, Nashira se quedó limpiando la mesa mientras observaba a su jefe quien le daba la espalda muy concentrado en su tarea. Imaginó cómo sería un matrimonio con alguien como él y sólo atinó a sonreír con pena.
Kakashi reflexionaba sobre el comentario acerca de Koharu. El que la mujer hubiese enviado un ANBU a seguirlo era una prueba suficiente de que sospechaba algo de la relación que Nashira y él tenían, y seguro la veía como una amenaza a su plan.
Además, las palabras de su asistente respecto a que pronto dejaría de necesitarla no eran precisamente muy encantadoras; no había tenido tiempo para pensar en lo que sucedería después de que él se casara, pero si algo era definitivo es que no quería dejar de ver a Nashira; su compañía era cómoda y muchas veces le ayudaba a quitarse el estrés. La miró por encima del hombro mientras ella terminaba de limpiar la mesa.
Dudó de hacerle cierta pregunta, no quería incomodarla ni recordarle el pasado doloroso, pero realmente necesitaba oír su consejo y con nadie más había sentido el valor o la holgura para cuestionar aquello.
Siguió poniendo su atención en lavar los platos, y durante la tarea fue que decidió hablar.
—Nashira.
—Dime.
Kakashi puso un plato limpio sobre el escurridor.
—¿Alguna vez has besado a alguien en los labios?
Nashira se congeló y los recuerdos despertaron en su cabeza.
—¿A qué se debe tu curiosidad sobre mi vida privada?
Kakashi continuó dándole la espalda.
—Jamás he besado a alguien —confesó y Nashira contuvo la respiración—. Sé que alguna vez tendré que hacerlo, sobretodo si voy a casarme... No debería decirlo pero, me siento asustado.
—¿Por qué habrías de asustarte?
—Porque soy un hombre de treinta y cinco años, y muchos pueden pensar que soy perfecto en todo lo que hago.
—Kakashi —interrumpió Nashira—, me has jurado que ya no eres virgen. ¿Cómo vas a decirme ahora que jamás has besado?
Él dejó de moverse pero no la miró.
—Es cierto. No soy virgen. Uno no necesita besar para dejar de serlo ¿verdad?
A Nashira casi se le paralizó el corazón, no sabía cómo sentirse con esa confesión. Estaba celosa, estaba dolida y se preguntaba quién había sido la mujer con quien Kakashi tuvo su primera vez.
—Bueno... Tienes razón. Pero no me imagino qué tan vacía fue tu relación íntima al grado de no querer siquiera besar a tu pareja.
—No era mi pareja, nunca me he enamorado, lo que hice no es algo de lo que me sienta orgulloso —volteó con su asistente pero ella determinó no verlo a la cara, no se sentía capaz—. Digamos que fue sólo curiosidad.
—¿Cómo puedes decirlo así como así? Es repugnante —había tristeza en su forma de hablar—. Uno debería hacer esas cosas sólo con la persona que ama.
—¿Tú lo has hecho?
Ella tardó en responder y al final negó moviendo su cabeza.
—Admito que he besado antes, estaba enamorada de Keito y creí que teníamos una relación real pero me negué a dar el siguiente paso porque tuve miedo y —tragó saliva y miró a Kakashi—... Se puede decir que eso le molestó.
Kakashi formó una hipótesis en su cabeza y no pudo mantenerla oculta.
—Y por eso terminaron ¿verdad?
Ella asintió.
—Bueno. Parece que tanto tú como yo tenemos cosas en común.
Nashira dejó el trapo húmedo sobre el fregadero.
—Quieres saber besar para que Kazumi no se burle de ti ¿verdad?
Kakashi sintió calor en las orejas. El ambiente repentinamente se había vuelto inestable.
—Yo... No exactamente, pero...
Nashira volteó a verlo, estaban a menos de un metro de distancia, ella miraba hacia arriba por la diferencia de alturas y un rayo de luz que entraba por la ventana le iluminó el rostro haciendo que Kakashi apreciara el intenso color violeta de sus ojos.
—No puedes engañarme —dijo ella—, es un temor común en los hombres. Más si ya superan los treinta. Pero no diré tu secreto, Kakashi.
Kakashi bajó el rostro para ver más de cerca sus ojos y ella se quedó rígida por la poca distancia y la forma en que él la estaba mirando.
—¿Q-qué?
Las pupilas en los ojos oscuros de Kakashi fueron fácilmente vistas por ella, ya que la luz permitía notar los pequeños detalles.
—Tienes lindos ojos.
Nashira no sintió su respiración y una sensación fría la recorrió desde los pies hasta la cabeza logrando que sus propias pupilas se dilataran.
—¿Uh? —Soltó.
Kakashi se enderezó poniendo nuevamente distancia.
—Lo siento, me distraje viendo el color de tus ojos ¿qué me decías?
No pudo responderle porque tocaron la puerta y su jefe fue a abrir, ella siguió recordando el momento y la sensación.
«¿Por qué? ¿Por qué no fui antes a Konoha?»
(...)
El resto del día, los campesinos estuvieron recolectando los elementos necesarios para crear la medicina que mataría el hongo de los sembradíos. Nashira se encargó de explicarles los métodos más efectivos para la siembra y cómo cuidar para que no volvieran a llenarse de plagas.
Kakashi por su parte estuvo hablando con algunas autoridades de la aldea para saber el motivo que impedía que llegara el agua a los canales de riego. Según le dijeron, se trataba de un terrateniente que había comprado la tierra que poseía el manantial para los cultivos, y mandó clausurar la salida del agua hacia esa dirección a menos que se le pagara una cuota que excedía en su costo.
Las cosas no serían tan sencillas y pasó la mayor parte de la tarde ideando un plan para conseguir el abastecimiento del líquido sin perjudicar a nadie.
Esa noche luego de tomar un baño, entró a la habitación notando que su asistente no apagó la luz y ya estaba profundamente dormida. Caminó hacia la cama y la cubrió con la manta; su pulgar rozó la piel del brazo de Nashira y aprovechó su inconsciencia para verle.
De pronto, un extraño calor surgió en su estómago y llevó su mano hacia el vientre para entender que estaba encariñándose de más con la mujer.
Sus ojos volvieron a la figura femenina y percibió una marca en una parte de la espalda. Nashira estaba usando una blusa de tirantes, por lo que era fácil notar que tenía una especie de cicatriz. Su dedo índice viajó hasta el borde de la blusa y bajó la tela un poco para descubrir aquella distintiva marca.
Ladeó la cabeza al ver dos números, parecía una marca hecha con hierro caliente. No era muy grande, más bien podría medir cerca de dos centímetros pero no podía evitar sentir escalofríos, pensó en mil formas en que ella pudo terminar con algo tan ruin en su cuerpo.
Su dedo acarició el número: 04.
Nashira empezó a reírse, por un microsegundo Kakashi se espantó creyendo que fingía dormir pero verdaderamente ella estaba perdida en sus sueños y hablaba entre ellos.
—Eres un idiota, Kakashi.
Kakashi suspiró aliviado y sonrió al descubrir que incluso en sueños, su asistente era grosera con él.
Apagó la luz y se acostó en el futón, estuvo observando el techo hasta que se quedó dormido.
«—Rin, Obito te quería. Te amaba, y tú significabas el mundo para él. Por eso es que sacrificó su vida para salvarte.
—¡Entonces Kakashi, deberías saber mis sentimientos hacia...!
—Yo... Yo una vez fui basura que te abandonó.»
Con el recuerdo vino también la imagen de su amiga siendo atravesada por su mano. Kakashi abrió los ojos espantado y se enderezó para tomar aire; esa pesadilla era algo que había creído superar y tras la Cuarta Guerra todo parecía haber solucionado sus penas, pero allí estaba nuevamente ese sentimiento doloroso y lleno de culpabilidad.
Miró hacia la cama, Nashira ya se había levantado y el sol iluminaba la habitación pero en el cielo había más nubes a comparación de días anteriores, lo que le hizo creer que habría esperanza de cumplir su misión para hacer llover.
Se comunicó con Shikamaru y le dio órdenes claras: Necesitaba un ave de Sai antes de que cayera la noche. Nashira había preparado la medicina para las plantas y luego de que la esparcieran por todo el huerto, sólo haría falta que Kakashi consiguiera que la tierra se bañara en agua.
Esa mañana, Kakashi prefirió no almorzar nada más que jugo de naranja. Nashira se dio cuenta de lo extraña que estaba su actitud; parecía pensativo y preocupado por algo. Intuyó que a Kakashi le inquietaba la hazaña que debía realizar pero no quiso decir nada para no quebrar su confianza y seguridad.
—Los campesinos están encargándose de administrar la mezcla de ingredientes —dijo a su superior mientras caminaban por el sendero a los huertos—. Deberían terminar en media hora, aproximadamente.
Kakashi volteó al cielo y Nashira también lo hizo.
—Nashira —habló con tranquilidad—, ¿cuál es el origen real de tu miedo a los truenos?
Ella estuvo callada, Kakashi no era tonto como para no saber que ella tenía una razón para detestarlos y temblar cada vez que los oía.
—La tarde que mi madre nos abandonó, el cielo se puso oscuro antes del anochecer... Mi padre fue tras ella —bajó la mirada recordando cada escena—. Me quedé sola en casa con Armus. Así se llamaba mi hermano —explicó—. Entonces, tras un fuerte trueno, la luz se fue y mi hermano empezó a llorar; yo me estremecí y lo abracé intentando tranquilizarlo pero yo también estaba asustada. Papá volvió triste y mojado por la lluvia.
Kakashi dejó de ver al cielo para concentrarse en la historia.
—El día que papá murió, también hubo una tormenta eléctrica. Comencé a creer que todas mis desgracias siempre ocurrirían en esta clase de días y los truenos eran un mal augurio. No me gusta escucharlos, recuerdo todo y me da mucho miedo de volver a sufrir de esa manera.
Kakashi levantó el rostro de Nashira desde su mentón y se le quedó mirando.
—Sé que puede sonar egoísta de mi parte pedir esto pero... ¿Puedes quedarte cuando tenga que subir en el ave?
—Pero... Voy a estar aterrada. Tendré miedo si caes, tendré miedo si veo los relámpagos y escucho los truenos.
—No voy a caer —soltó su rostro y se cruzó de brazos—. Vamos a curar tu temor a las tormentas. Esta vez, no pasará nada malo.
La tarde había llegado, Nashira estaba tan nerviosa como lo estaba Kakashi, mas él controlaba mejor sus emociones y era bueno mostrando seguridad en sus acciones para no asustar a nadie.
El ave de Sai llegó y aterrizó sobre un campo abierto. Los campesinos no sabían lo que Kakashi estaba tramando simplemente lo vieron subir a la gran a figura emplumada y antes de que ésta comenzara a ascender, Kakashi volteó con su asistente y movió su mano derecha cerca de su frente para decirle que no tuviera miedo.
Nashira juntó las manos en su pecho y movió su cabeza aceptando. Los pocos hombres que estaban cerca de ella le preguntaron qué era lo que estaba sucediendo, ella sólo contestó brevemente.
—Una hazaña de un hombre valiente.
Kakashi subía por el cielo mientras concentraba su chakra y respiraba profundo, poco a poco la altura empezó a acelerar su corazón y a hacerlo sentir que el aire no estaba llegando a sus pulmones; pero mantuvo la calma y evitó mirar hacia abajo.
Comenzó a sentirse mareado y aún tuvo el valor para llevar toda la energía a su brazo derecho, se puso de pie aunque presentía que las piernas le temblarían. La base de las nubes había quedado muy abajo de él desde kilómetros atrás, estaba llegando al punto perfecto para aplicar su técnica.
—Nubes llenas de aire caliente y humedad —pensó—, una fuente de energía para precipitar esa masa de aire y provocar una tormenta...
Una luz púrpura destelló de su mano, y poco a poco incrementó su tamaño. El sonido chichirrante del rayo era imposible de ignorar; el corazón de Kakashi latía a mil por hora y en su cabeza sólo podía pensar que si las cosas resultaban mal, Nashira jamás podría superar su fobia a los truenos.
Pensaba en tantas cosas y a la vez miraba el momento oportuno para lanzar la energía que desprendía su mano.
Cerró los ojos dos segundos y al abrirlos frunció el ceño, su mano fue directamente hacia el cielo y liberó el ataque.
—¡Raiton shiden!
La energía del rayo eléctrico corrió por todo el aire atrayendo nubes y volviéndolas pesadas provocando que chocaran entre sí y emitieran ese fuerte sonido que tanto asustaba a su asistente.
Nashira tembló luego de ver el fuerte relámpago que alumbró la aldea como si fuera de mañana, los campesinos estaban atónitos observando lo que parecía ser una gran tormenta.
La mujer se abrazó a sí misma sintiendo ese temor inevitable y sin dejar de estremecerse. El viento se volvió intenso y otro relámpago fue visto, las nubes definitivamente estaban cargadas de agua.
Kakashi se mareó más de lo normal y resbaló del ave cayendo en picada. Estaba en un estado de trance, el fuerte sonido del trueno lo había aturdido de tal manera que no pudo equilibrarse y la falta de su propia energía lo debilitó. Simplemente veía cómo su plan de hacer llover había funcionado mientras las nubes se alejaban de su vista y gotas de agua empezaban a mojar su rostro.
«Nashira, lo logré... Perdona por no cumplir la promesa completamente»
Cerró los ojos resignándose a una muerte segura. Los campesinos estaban maravillados abrazándose mientras llovía, Nashira alzó la vista y el corazón le saltó cuando percibió una figura cayendo del cielo.
«Kakashi...»
Hizo a un lado a un hombre que estaba frente a ella y salió corriendo asustada; sus piernas le temblaban y la tierra comenzaba a mojarse tanto que los charcos y el lodo le impedían avanzar con la rapidez que hubiera deseado.
Jadeaba y sentía opresión en su pecho, estaba viendo en su mente lo que era inminente y se negaba a aceptar el hecho de ver morir a Kakashi.
«¡No, por favor!»
Las lágrimas amenazaban con salir pues era más que lógico que no podría llegar a dónde él. Ni siquiera sabía con precisión dónde caería pero no quería detenerse, simplemente no podría hacerlo.
Estiró un brazo como si eso pudiera servir de algo; todo se movió en cámara lenta y en un gemido de angustia sus ojos pudieron ser capaces de presenciar cómo un gran halcón tomaba con su pico el chaleco de Kakashi y lo rescataba de una muerte segura.
Nashira cayó sobre sus rodillas sin dejar de mirar al cielo donde volaba el halcón, apenas pudo ver que sobre el ave iba una figura masculina de atuendo oscuro. No había podido levantarse del suelo cuando el halcón pisó tierra, ella se anticipó al hecho de que el pico estaba abriéndose para soltar a Kakashi y corrió para atraparlo entre sus brazos; el peso del hombre no era ligero y la hizo caer al suelo pero así evitó que él se lastimara.
Sus ojos volvieron al hombre que seguía sobre el gran halcón.
—Sasuke...
Pronunció en voz baja. El Uchiha les miraba con seriedad, él también se estaba mojando por la intensa lluvia pero parecía no importarle.
—Gracias por salvarlo.
—Llévalo a un sitio seguro y cuando despierte dile que deje de hacer cosas tan estúpidas.
No dijo nada más y le indicó a su halcón que era tiempo de volver. Nashira se preguntó cómo Sasuke sabía lo que pasaría y cuánto tiempo tenía allí.
Kakashi estaba inconsciente y Nashira observaba su rostro. Cuando éste fue iluminado ella supo lo que vendría y cerró los ojos asustada. Al momento que el trueno sonó con fuerza, sintió la mano cálida de Kakashi sujetando su muñeca, lo que la obligó a abrir sus ojos y ver que él la miraba con sus un gesto de cansancio y ojos medio cerrados.
—¿Por qué tiemblas? —Preguntó con débil voz— ¿A caso ha pasado una tragedia?
La vista se le nubló a causa de las lágrimas que se confundieron con gotas de lluvia.
—Eres un idiota —sollozó—. Te dije que era peligroso.
—Pero sigo vivo —Kakashi cerró sus ojos y aflojó su agarre—. Hierba mala nunca muere.
Las pisadas apresuradas de varios hombres se escucharon tras ellos dos. Pronto miraron que Kakashi estaba en los brazos y el regazo de su asistente.
—¡¿Qué le pasó?!
Nashira intentó aclarar su garganta.
—Hizo llover —les dijo con aparente calma—. ¿No se los dije antes? Es la hazaña de un hombre valiente.
Un campesino ayudó a levantar a Kakashi quien parecía haber perdido la conciencia por segunda vez. Lo llevaron a la cabaña y lo recostaron sobre el sofá, Nashira fue a buscar ropa para él buscando entre el equipaje de su jefe.
—Él es un buen hombre —oyó a un campesino—. Se ha arriesgado a tal grado para ayudarnos.
Volvió con el cambio de ropa y lo dejó sobre el respaldo del mueble.
—Yo también iré a cambiarme —dijo ella.
—Nosotros nos haremos cargo.
Ella se dio la media vuelta y fue a ponerse ropa seca mientras los dos hombres se encargaban de vestir al Hokage. Nashira se miró en el espejo y se limpió la cara. Era evidente que se asustó demasiado imaginando lo peor y estaba totalmente agradecida con Sasuke por salvar al hombre que ella quería.
Kakashi estaba sobre la cama, aún sin despertar. Nashira estaba sentada en el borde del colchón y tocaba la frente de su superior dándose cuenta que estaba ardiendo en fiebre.
—Genial Kakashi, haces algo y te enfermas —musitó y fue a buscar una pastilla en su mochila. Volvió con un vaso con agua y lo puso sobre la mesita— Kakashi ¿puedes oírme?
Le zarandeó un brazo.
—Kakashi, debes tomarte esta medicina.
Volvió a zarandearlo y él abrió los ojos con debilidad. Ella le mostró el vaso y la pastilla y Kakashi se enderezó ligeramente para tomar la tableta, luego, volvió a recostarse. Nashira puso el vaso otra vez sobre la mesita.
—¿Sigue lloviendo? —Preguntó Kakashi, pero sus ojos ya estaban cerrados.
—Sí... Parece que conseguiste una gran tormenta. Espero que después de todo, tanta agua no vaya a afectar los sembradíos.
Kakashi estaba temblando y Nashira lo cubrió más con la manta.
—Duerme —dijo ella con suave voz—. Como hiciste un buen trabajo, estaré cuidándote.
El silencio se hizo cómplice entre ellos dos. Habían pasado varios minutos, Nashira apoyaba su rostro sobre el colchón mientras sus piernas descansaban sobre el suelo. Kakashi seguía estremeciéndose.
—Tengo frío —dijo.
—Pronto se te pasará, no tarda en hacer efecto la pastilla.
—Abrázame.
Nashira levantó la cabeza y le miró, él estaba con sus ojos cerrados y titiritando como si la manta no fuera suficiente. Su petición había sonado como un ruego desesperado y seguía haciendo eco en la cabeza de ella.
—Estás... ¿delirando? Tal vez deba ir a buscar a un médico.
Estuvo a punto de levantarse para salir pero Kakashi volvió a hablar.
—No estoy delirando —jadeó—. Abrázame, Nashira.
Ella no lo quiso pensar más veces y se subió a la cama para rodear con sus brazos la cabeza y los hombros del peliplata. El rostro de Kakashi quedó entre el cuello y el pecho de su asistente, luego, sus brazos la rodearon por la cintura. Los cabellos de Kakashi hacían cosquillas al rostro de Nashira.
«Va a darse cuenta de mis latidos... Kakashi va a oírlos»
Nashira cerró sus ojos y deseó que ese momento se volviera eterno.
«Kakashi, te quiero»
