Capítulo 22.- "Citas - Parte I"

Cuatro días juntos habían sido suficientes para compartir anécdotas y entenderse mejor; la cosa era que Nashira cada vez se convencía más de querer a su jefe y Kakashi no prestaba atención a las señales, sin embargo, ese afecto por su asistente se había acrecentado ya que nunca había vivido experiencias tan raras, divertidas o intensas con alguien más del sexo opuesto.

Volvieron a Konoha ese mismo día que abandonaron el templo. Kakashi pasó a visitar la Torre para asegurarse que todo siguiera en orden y en cuanto los subordinados lo descubrieron, casi saltaron sobre él para notificarle que su primera cita sería el siguiente día.

Sin otorgarle tiempo de descansar, comenzaron a darle todos los detalles del primer evento: el lugar, la hora, la candidata y otras cosas más. Le mostraron los atuendos para vestir e iniciaron con la organización rápida para todo eso. Pero entre todo el ajetreo, Shikamaru volvió de noche a la Torre para hablar con Kakashi de algo muy importante: Kurotsuchi y Ziradia se habían retirado de la competencia.

—¿Pero qué cosa?

Shikamaru extendió el comunicado para entregárselo al Hokage. Kakashi lo tomó y empezó a leerlo mentalmente.

El abuelo de Kurotsuchi decidió retirarla de formar parte de las candidatas debido a sus buenas relaciones con el Señor Feudal del País de la Tierra. Enterado de que Kazumi estaba en la competencia y explicando que le parecía injusto que dicho país tuviera dos oportunidades.

Por su parte, Ziradia solicitó al Raikage su retiro para competir. Aunque expresaba gran admiración y gratitud hacia Kakashi, sabía que ella no podría ser elegida su esposa y prefería mantenerse ejerciendo como médica ya que era su pasión desde niña. El Raikage ofreció sinceras disculpas a su homólogo.

Las citas se habían reducido a dos y la primer mujer para el encuentro se determinó por sorteo y se trataba de Maya.

Maya había llegado a Konoha junto con tres compañeros shinobis esa misma mañana y habían sido alojados en un departamento. Por su parte, a Kazumi y sus escoltas les darían hospedaje en la Torre gracias a la intervención de Koharu. El consejero Homura no había dicho ni pío debido a que prefirió descansar para cuidar su estado de salud.

Kakashi sentía una carga menos sobre sus hombros; ahora sólo tenía que lidiar con dos mujeres. Pero aunque era algo bueno también le preocupaba el hecho de que Maya era demasiado atrevida y coqueta y Kazumi lo intimidaba con sus ojos azules.

Dos mujeres que lograban ponerlo de nervios serían difíciles de manejar. Y apenas tendría tiempo para pensar en los consejos de su asistente ya que no podría llevarla con él a las citas y sólo le quedaría la opción de poner en práctica lo que aprendió.

Fue a casa para descansar antes de que le doliera la cabeza.

A la mañana siguiente mientras caminaba hacia la Torre se encontró con su asistente quien iba algunos metros por delante de él, ella ni siquiera se había dado cuenta que Kakashi la estaba observando.

Nashira saludaba a los niños que pasaban cerca de ella y que iban a la Academia Ninja, pocos de ellos la reconocían de aquella vez que fue con Kakashi a la ceremonia de ingreso y entre los pequeños estaba el hijo de Keito quien le sonreía con total inocencia. Kakashi veía que su asistente le devolvía el gesto y movía su mano en el aire para saludarlo; sabía que en el fondo ella podría estar experimentando cierto dolor, mas, no desquitaba sus frustraciones y heridas con alguien que no tenía la culpa de los errores de su padre.

La situación iba tranquila esa fresca mañana, pero el pantalón ajustado que Nashira se puso logró hacer que Kakashi perdiera el control de su mirada y se posara sobre ella sin siquiera despegar los ojos. Comenzó a analizar la forma de sus curvas y aprobó mentalmente que la prenda le venía de maravilla, aunque le causaba cierta gracia saber que ella seguro estaría usando ropa interior de abuelita.

Ni siquiera hizo el esfuerzo por alcanzarle el paso, la dejó continuar y llegar primero a su mismo destino. Cuando entraron a la Torre, Kakashi pasó de largo hacia su oficina y ella lo miró subir los escalones.

Tenía pensado subir a saludarlo pero en el camino se le atravesó un shinobi que cargaba dos cajas, una encima de otra y que seguía las pisadas del Hokage. Se quedó quieta mirando la escena y sin quererlo comenzó a imaginar la razón de aquello y deduciendo que era por lo de las citas.

—Buenos días Nashira.

Ella miró hacia un lado y vio a Sai quien le sonreía amablemente y traía cargado a Inojin. Ella le devolvió el saludo y acarició la melena rubia del niño.

—Supongo que es tu hijo.

—Lo es. Se llama Inojin.

—Qué belleza de niño —le apretó una mejilla—, ya puedo ver cuántas admiradoras tendrá en un futuro.

—No creo que mi esposa lo vaya a permitir —Sai rió.

—Bueno, yo tampoco lo permitiría. Las mujeres somos celosas.

Nashira empezó a quitarse el abrigo y a doblarlo para ponerlo sobre una silla. Sai continuaba allí de pie sin decir nada, y comenzó a creer que él tenía algo de lo cual estaba dudando en hablar. Levantó la vista otra vez para incitarlo a expresar sus palabras y él volteó a hacia un lado y después volvió hacia ella.

—Nashira...

Los labios de Sai se entreabrieron provocándole ansiedad por saber qué tenía que decirle.

—¿Qué pasa? ¿Sai?

Se quedó mirándole sin decidirse a hablar y ella movió su cabeza más cerca de él queriendo escuchar lo que tanto guardaba.

—La consejera Koharu sabe que fuiste donde el Sexto. Trata de evitarla, es todo.

Parpadeó repetidas veces sin comprender, luego lo recordó.

—Ah... ¡Es verdad! Sólo te dije que me iría y necesitaba una ave de tinta —se sintió apenada—. Lo siento, no sé si debí solicitar permiso pero fue el Hokage quien me ordenó que fuera.

—Está bien si fueron sus órdenes directas, no estoy regañándote ni tengo ninguna autoridad para ello. Sólo quería que supieras que esa consejera está enterada de lo sucedido y la idea no le ha agradado mucho, procura evitar encontrarte con ella.

Nashira asintió.

—Lo haré. Gracias.

No dijo nada más y se marchó; Nashira por su parte estaba pensando que la gente a su alrededor comenzaba a darse cuenta que su relación con su jefe estaba volviéndose cada más más cercana y menos parecida a algo profesional. Aunque Kakashi parecía no darse cuenta que esos roces y palabras que los envolvían no eran nada normal para ser jefe-empleada ni tampoco se veía como esa supuesta amistad de la que él tanto hablaba.

Miró discretamente dentro del panorama oficinista y se dio cuenta que había miradas envidiosas y molestas de secretarias que pasaban o se posaban en sus cubículos. Pensó que seguramente ya todos sabían que ella y el Hokage habían pasado cuatro días juntos lejos de Konoha. Lo peor es que estaba siendo crucificada y ella ni siquiera había hecho algo malo.

Kakashi estuvo probándose la ropa que llevaría a su cita de esa tarde junto a Maya. La reunión consistiría en visitar el teatro del pueblo y presenciar el estreno de una obra. Además, la llevaría a caminar por las principales calles de Konoha y le explicaría un poco de la historia de su aldea. Luego, le invitaría a probar los típicos alimentos de su tierra y finalmente culminaría la velada.

No se escuchaba como algo que no pudiera manejar, sin embargo antes de su salida le mandó hablar a su asistente para pedirle un último consejo sobre cómo lidiar con la kunoichi sensual de artillería pesada.

Nashira subió hasta la oficina y en el pasillo se encontró a un hombre en silla de ruedas que andaba en sentido contrario, al mirarla le dio una amplia y blanquecina sonrisa que casi brillaba con determinación. Alzó su dedo pulgar y ella no encontró motivos para que el hombre hiciera tal cosa, mas no quiso verse maleducada y también alzó su pulgar intentando sonreír.

—Nashira ¿verdad? —Dijo él.

—Sí. Disculpe, no sé su nombre —admitió apenada.

—Maito Guy. Viejo amigo y rival de Kakashi.

—¿Rival? —Pensó Nashira.

—Nos hemos visto anteriormente en esta Torre. Tú eres la asistente del Hokage. Puedo ver esa pasión en tu mirada.

Nashira se puso roja creyendo que Guy sabía o sospechaba de su amor secreto por Kakashi.

—No hay tal cosa...

—Muchacha, no trates de esconder esa llama que arde con intensidad dentro de ti. Podría perjudicarte. La juventud es hermosa y no hay porqué desperdiciarla.

—Escuche señor, usted podría estarlo malinterprentando.

Guy negaba con su cabeza y no borraba la sonrisa malvada de sus labios. Sus enormes cejas comenzaban a incomodar a Nashira.

—Hay algo en ti, algo que a Kakashi le gustó, por eso te eligió.

El corazón de Nashira estaba aumentando la velocidad de sus latidos.

—¿Elegirme? ¿El Hokage? No, no, no hahaha qué va.

—Conozco bien a mi rival, él es un hueso duro de roer y casi nunca muestra interés por alguien o por algo, excepto por ese enfermizo pasatiempo de leer erotismo sin escrúpulos —Nashira casi se atraganta con su saliva—. Pero aún así, por favor cuida bien de él. Puede ser un hombre aburrido y distraído, generalmente pierde el tiempo en tonterías y no se toma nada en serio pero sé que en el fondo tiene buenos sentimientos.

Se oyó un carraspeo y Kakashi apareció en la escena vistiendo el traje casual para su cita y con los brazos cruzados. Guy volteó sin pena alguna y le alzó el pulgar.

—¿Aburrido y distraído? —Dijo Kakashi con indignación— ¿Por qué estás tratando de dejarme en mal frente a mi asistente?

—Ni siquiera tenía por qué decirlo, estoy seguro que ella ya lo sabe.

Nashira se rió por lo bajo y Kakashi se frustró.

—Guy, ¿no tienes que ir a tu revisión médica o algo así?

—A eso voy, ¿cuál es la desesperación? —Chistó.

Nashira miró las piernas de Guy y después su silla de ruedas. Había oído entre los rumores del pueblo que había un hombre que quedó con las piernas destrozadas por pelear en la guerra, así que llegó a la conclusión de que se trataba de él.

—¿Quiere que le ayude a bajar? ¿Tiene con quién ir a su cita médica? —Preguntó Nashira repentinamente haciendo que ambos hombres la miraran sorprendidos. Guy empezaba a parpadear confundido.

—Eh... Bueno, normalmente me acompaña mi ex alumno aunque —miró a todos lados—, no tengo idea de si vendrá hoy.

—Me he enterado por una muy buena fuente que Lee está viendo a una pueblerina muy guapa —Kakashi se recargó en la pared—. Podría ser que ha cambiado a su maestro por el romance.

Guy cerró los ojos y apretó el puño. Desbordantes lágrimas salían de sus ojos y Nashira se asustó creyendo que estaba muy dolido.

—Finalmente Lee ha encontrado la apasionante llama del amor. Me siento orgulloso.

—Maestro Guy —habló Nashira con un tono muy sutil y hasta tierno, Kakashi arrugó la frente y la miró espantado—. Si quiere, yo podría acompañarlo a su cita médica.

Los ojos de Guy se abrieron y un brillo hermoso adornó sus oscuros iris bajo las inmensas cejas negras. Sentía ese calor correr por su cuerpo y vio a Nashira más hermosa que antes, ella le sonreía con amabilidad y sin quererlo se dejó perder en el color violeta de sus ojos femeninos.

—Debe ser un sueño —musitó.

—Nashira, tu turno aún no termina —dijo Kakashi.

—Terminará pronto y no tengo más qué hacer. Además, usted tiene un cita con Maya ¿verdad? Haga su mejor esfuerzo señor —le miró de una manera extraña, Kakashi jamás había visto esa forma en sus ojos y no entendió de qué se trataba.

—Sí pero, antes quiero hablar contigo de algo importante. Guy, ya vete.

Guy lo miró con el ceño fruncido.

—Maestro Guy, por favor espéreme quince minutos —pidió juntando sus manos y adelantándose con Kakashi—. Volveré enseguida y lo ayudaré a bajar la escalera y visitar al médico.

—Eres una buena mujer, ahora que lo pienso... Kakashi no merece a una asistente como tú.

Kakashi puso los ojos en blanco y empujó de los hombros a Nashira para que entrara a la oficina. Cerró la puerta detrás de sí y ella se giró sobre los talones para verlo.

—¿Y bien? ¿Qué se le ofrece al supremo rey?

—¿Qué tontería es esa de llevar a Guy con su médico? Tú eres mi asistente, no la de él.

—Será fuera de mi horario de trabajo y además es lo menos que puedo hacer por uno de los héroes de la Cuarta Guerra. ¿Ves sus piernas? Son la prueba de que dio lo mejor de sí.

Kakashi bufó.

—Yo también soy un héroe.

—Pues no te veo en una silla de ruedas.

—Son cosas muy distintas. Nuestras maneras de combatir son diferentes por lo que mientras el fuerte de Guy es el combate cuerpo a cuerpo, yo utilizo técnicas ninjutsu.

—Uy pues genial señor perfecto. Qué bueno que tu fuerte sea aventar lucecitas y energía... ¿Viste esos músculos de sus brazos? Son trabajados con fuerza.

Kakashi no podía evitar pensar que Guy sin quererlo le estaba derrotando en una de sus tantas competencias.

—¿Por qué le llamas Maestro Guy y a mí me dices idiota?

—Porque eres un idiota.

Kakashi bufó con más fuerza y puso sus manos en las caderas. Nashira lo imitó.

—Eres la mujer más grosera que he conocido en mi vida. Casi nunca me das las gracias por nada de todo lo que he hecho por ti.

—Perdón gran Hokage todopoderoso, por si no lo sabes yo he hecho también mucho por ti y lo único que haces es burlarte de mí.

—No me burlo de ti, tú te burlas de mí.

—¿Quién es el que husmea maletas ajenas y mira la ropa interior de otros?

—¿Quién me ha estado viendo el trasero todo este tiempo?

Nashira se sorprendió y sintió un calor inexplicable pensando cómo es que él no sabía.

—¿Crees que no me di cuenta?

—Era simple morbo. Dale gracias al cielo que no tuve el descaro de tocar tus glúteos como tú retallaste tu cara sobre mis senos.

Kakashi no pudo argumentar nada contra eso y simplemente se quedó con el dedo índice levantado.

—¿Qué? ¿Era parte de tu entrenamiento para hacer lo mismo con los senos de Maya en tu cita de esta tarde? Pues bien, tócaselos si quieres pero dile que al final te casarás con Kazumi.

—A ver ¿por qué estamos discutiendo? Vamos a tranquilizarnos.

—Tú empezaste. No sé por qué te molesta tanto que quiera llevar a tu compañero a ver al doctor. Hasta podría pensar que estás celoso de que lo haga.

Kakashi guardó silencio y suspiró, caminó hacia el ventanal y le dio la espalda a Nashira para ver por el cristal.

—Bueno... Sí, estoy un poco celoso.

Nashira se quedó helada, no pensó que fuera verdad.

—Creo que estoy siendo egoísta. Eres la primera amiga así de cercana que tengo y no he sabido manejar mis emociones, por eso no quería compartirte con nadie.

—No entiendo cómo piensas tú que funciona la amistad.

—Es verdad, eres una buena mujer. Perdona que te haya incomodado con mis actos, no quiero que pienses que soy un pervertido, siempre te he dicho que te respeto y así lo haré —volteó.

—No te estaba mirando el trasero por pervertida —dijo con pena—. Sólo... Estaba sorprendida de lo bien que te quedaba el pantalón. Si puedes tomar eso como un cumplido, adelante.

Kakashi sintió cierta felicidad al oír eso y agradeció estar usando la máscara para que ella no le viera sonreír como tonto.

—Bueno... No quiero sonar tampoco así pero si puedo decirte un cumplido también... Tienes bonitos ojos y buenas caderas.

Nashira sintió que se le derretirían las piernas, no pudo levantar la vista del suelo y las orejas le ardían.

—Hmm... Gracias, supongo.

Un silencio incómodo apareció, en la cabeza de Nashira seguían sonando aquellas palabras mientras que Kakashi pensaba que su trasero era el mejor de todos los traseros masculinos.

—Bueno, te he hablado porque necesito que me des consejos para mi cita con Maya. Mira —tomó una hoja del escritorio y se la entregó—, éste es el programa. Serán cuatro horas, la cita finaliza a las once y media de la noche en la terraza de un restaurante.

Las manos de Nashira estaban temblando y trató de disimularlo.

—¿Qué quieres que te diga?

—Siendo sincero, deseo evitar por todos los medios, otra erección. No sé qué ropa llevará ella, ni con qué cosas me vaya a salir pero dime ¿cómo puedo evitar sentirme extraño?

—No le mires el pecho. No imagines escenas eróticas con ella. Así.

—No imagino nada de eso y sin embargo mi cuerpo reacciona.

—Bueno, háblale del Monje del Valle Rocoso, invéntale algo que enfríe toda insinuación. No des paso a la calentura y verás cómo podrás sobrellevar el encuentro sin caer en la tentación. Si ella se agacha frente a ti a propósito, mira hacia otro lado y recuerda mis bragas de estrellas.

Kakashi sonrió.

—De hecho, pensándolo bien... No son una bragas tan malas.

Nashira movió su cabeza.

—Eres un cochino. ¡Ah! —Exclamó al recordar algo importante— Una cosa más Kakashi... No se te ocurra besarla.

—¿Eh? ¿Besarla?

—Me confesaste que jamás has besado y Maya se mira como una mujer experimentada. Sólo harías el rídiculo Kakashi.

Kakashi nunca había pensado en esa situación y empezó a imaginar que Maya se reiría en su cara y esparciría el chisme por todas partes. Pasaría de ser Kakashi el ninja genio, a ser Kakashi el que no sabe mover los labios.

—N-no haré nada de eso. Definitivamente no habrá besos.

Nashira asintió aliviada de que él le hiciera caso.

—Perfecto. Ahora déjame acomodarte esa camisa que se nota que no sabes de cuidado personal.

Le acomodó el cuello tomándose su tiempo sólo para poder disfrutar de ese momento con una buena excusa. Pudo oler la fragancia que Kakashi estaba usando, se había convertido en su favorita.

—Bien, ya quedó. Bueno, si no tienes nada más que decirme entonces me retiro y suerte con tu cita.

—Nashira...

Ella se volteó antes de salir.

—Guy puede ser muy inoportuno con sus comentarios así que no te tomes muy en serio lo que te diga.

—No seré prejuiciosa así que, prefiero tratarlo por mí misma.

Movió su mano en el aire para despedirse y después cerró la puerta. Estaba celosa, claro que lo estaba; saber que Kakashi pasaría la tarde y parte de la noche con Maya, quien se caracterizaba especialmente por su voluptuopsidad, era como un cuchillo caliente atravesándola.

(...)

Kakashi llegó al departamento donde Maya estaba alojada, fue por decisión propia y porque Nashira le había enseñado que un caballero no hace esperar a su dama.

Tocó el timbre y uno de los shinobis que la acompañaban fue quien abrió la puerta; sorprendido de ver que el mismísimo Hokage había ido a recoger a la kunoichi se quedó sin habla.

—Hola, vine por la señorita Maya.

—M-Ma-Maya... El Hokage está aquí.

La mujer se asomó y en su rostro se dibujó una amplia sonrisa. Kakashi vio que ella estaba usando ropa discreta y eso le hizo sentirse muy feliz ya que no tendría problemas de nuevo con las reacciones involuntarias de su cuerpo.

—No pensé que usted vendría.

—Bueno... Es mi deber ¿no?

Maya miró de reojo a sus compañeros y se mordió los labios queriendo ocultar otra sonrisa.

—¿Vamos? —Preguntó Kakashi.

—Sí señor, vamos.

(...)

Nashira estaba esperando fuera del consultorio a Guy, él le pidió que por favor no se tomara la molestia de entrar para oír al doctor y sus sermones puesto que sería muy aburrido. De ese modo optó por quedarse sentada en un pequeño sofá blanco mientras leía una revista.

Quería distraerse pensando que nada de lo negativo que llegaba a su mente, estaba sucediendo en aquella cita. Maya no era especialmente un problema, sabía que la forma de su cuerpo era exuberante y Kakashi no pasaba desapercibido aquello, sin embago; era Kazumi la que lograba ponerla más que celosa porque esa era la mujer en la cual Kakashi tenía interés.

—Amigos... Ese idiota cómo puede considerarme su amiga.

Cerró la revista con frustración y la puso sobre el anaquel.

—Tengo que pensar en algo bueno para evitar que su próximo encuentro sea romántico. Estoy segura que esa vieja bruja hará todo lo posible porque Kazumi la pase fenomenal... Debo aconsejar a Kakashi —chocó su puño sobre la palma de su mano izquierda—. Vamos Santo Monje, dame una mano aunque sea una sola vez en mi vida.

La puerta del consultorio se abrió y Guy salió, el médico iba tras él empujando su silla.

—Recuerde que no debe sobre-esforzar su cuerpo y tómese los medicamentos que le he dado. Es bueno que de vez en cuando haga terapia pero no quiera volver a sus rigurosos entrenamientos.

—Lo haré bien, soy un hombre fuerte después de todo.

El médico asintió y mientras buscaba al pelinegro Rock Lee se llevó la sorpresa de que a Guy lo estaba esperando una mujer. Nashira se puso de pie y se colgó el bolso antes de ir hacia el hombre de la silla de ruedas.

—¿Terminó? Déjeme ayudarle a mover la silla.

—Vaya señor Guy, no tenía idea de que usted tuviera novia.

Guy se empezó a reír fuertemente y Nashira estaba anonadada por tan repentina y alocada conclusión.

—No doctor, no es mi novia. Ella es una amable mujercita que trabaja con el Hokage.

—Ah, ya entiendo. Discúlpeme —hizo una reverencia.

—Es-está bien, no tiene que hacer eso. Maestro Guy, es hora de irnos...

Salieron de la clínica, Nashira empujaba la silla de ruedas sobre la banqueta de piedra que daba hacia un parque de juegos, a esa hora varios niños volvían a casa con sus padres y la escena era conmovedora.

—Muchacha...

La voz de Guy sacó a Nashira de sus pensamientos.

—¿Sucede algo?

El hombre pidió que detuviera el movimiento de la silla y ella obedeció.

—¿Cómo es que tú y Kakashi se conocieron? Sé que no debo preguntar algo así, pero tengo la curiosidad por saber cómo es que mi rival decidió contratar como asistente a una civil. No estoy menospreciándote, he de aclarar.

Nashira seguía detrás de Guy mirando a los niños irse con sus padres.

—Yo era la encargada de un puesto de frutas, Kakashi logró que me despidieran de mi trabajo y tras verse envuelto en el problema me ofreció disculpas y me contrató. Creo que simplemente le di lástima.

—¿Kakashi?

Nashira reaccionó un poco tarde.

—Quiero decir, el señor Hokage —se apenó y Guy sonrió.

—Sé que ustedes dos son muy cercanos, posiblemente no te has dado cuenta pero la gente alrededor ya nota la fuerte relación que ambos tienen.

—No hay tal cosa, sólo somos amigos —dijo amargamente, odiaba esa palabra.

Pero Guy los había oído discutir en la oficina, aunque para su fortuna no hubo más presentes que pudieran escuchar las cosas que decían.

—Bueno... Kakashi es muy buen ninja por eso es Hokage. Desde que éramos niños la gente lo consideró un genio ya que todo lo hacía perfecto. Pero como todo genio, tiene puntos débiles.

—Supongo que será su gusto por la lectura erótica.

—Creo que Kakashi es incapaz de percatarse de los sentimientos de los demás, eso es lo que le pasa. Ni siquiera entiende sus propias emociones.

Hubo un intermedio sin voces ni ruidos, Nashira pensaba que lo que Guy decía era verdad. Unos pasos desquebrajando hojas secas hicieron que Nashira mirara hacia atrás y sus pupilas se contrajeron al ver a cierto hombre acercarse. Renji caminaba con un maletín colgado al hombro y se paró junto a ambos pasa saludar.

—Señor Renji, qué sorpresa verlo otra vez y tan pronto.

—Lo sé, vengo de mi nuevo trabajo así que estoy conociendo las calles pero creo que me he perdido.

Los varones se miraron y Guy recorrió a Renji de pies a cabeza para luego alzar una ceja y empezar a maquinar en su mente qué relación podría tener con la asistente de Kakashi.

—Ah, maestro Guy él es un amigo mío. El señor Renji —el hombre de cejas pobladas levantó su mano para estrecharla con la de él.

—Maito Guy.

—Lo sé, es usted muy conocido por todos. Gracias por su participación y heroico acto en la guerra.

Guy sonrió llevando una mano bajo su mentón, sintiendo el placer de ser llamado héroe.

—Me halaga usted, señor Renji.

Antes de que Guy pudiera decir algo más, una lejana voz gritaba su nombre con desesperación y todos miraron a un muchacho delgado que lucía casi igual al hombre en silla de ruedas. Nashira y Renji llegaron a pensar que se trataba del hijo de Guy.

—¡Guy sensei! ¡Guy sensei!

Finalmente Rock Lee se paró frente a él y se dispuso a recuperar el aliento mientras apoyaba sus manos sobre las rodillas.

—Lee te miras muy mal ¿qué sucedió?

El muchacho tenía una cara de angustia terrible y sus ojos albergaban lágrimas.

—Guy sensei hice algo muy malo.

—Tranquilo Lee, déjale saber a tu maestro las precarias de tu alma.

Lee apretó los puños y cerró los ojos antes de casi gritar lo que estaba pasándole.

—¡Embaracé a mi novia! ¡Guy sensei le fallé!

Nashira y Renji se miraron de reojo, Renji tosió ante el incómodo momento y Nashira se rascó la mejilla pensando en cómo huir de aquel drama.

—Lee, acércate a mí.

El joven obedeció y se puso de cuclillas frente a su maestro. Guy alzó la mano y le plantó una bofetada que sorprendió a los otros dos espectadores. Luego, vieron cómo Guy tomó por los hombros al muchacho y lo abrazó con fuerza.

—Eres un hombre Lee. No hay nada malo siempre y cuando actúes con responsabilidad.

—¡Guy sensei!

Ambos derramaban lágrimas y Nashira estaba en un estado de shock. Renji se puso a la altura de su amiga y le susurró al oído.

—Deberíamos dejarlos a solas.

—Maestro Guy —interrumpió—, no-nosotros nos retiramos. Por favor, hablen con tranquilidad.

Lee se limpiaba las lágrimas mientras veía a Nashira.

—¿Ella es la novia de Kakashi sensei? —Le preguntó a Guy, Nashira sintió un apretón en el estómago.

—Shh... Cállate y empuja mi silla, tengo que darte algunos consejos de la vida —volteó con la mujer y alzó su pulgar—. Gracias amable señorita, disfruté su compañía, espero que nos volvamos a ver.

Nashira sólo asintió y les vio alejarse. Cuando estuvieron lo suficientemente apartados, su viejo amigo suspiró.

—Qué extraños son.

—Ni que lo diga. ¿Quiere que lo lleve a conocer las calles de Konoha? Claro, no es como que me sepa el mapa de memoria, pero puedo mostrarle sitios de interés.

—Me parece que es una buena idea.

Nashira sonrió y ambos emprendieron marcha hacia el centro de la aldea. La tarde estaba cayendo y el clima refrescaba, pero todavía así se sentía un ambiente agradable.

—Señor Renji ¿de qué está trabajando?

—Soy el director de una casa editorial.

Nashira lo miró sorprendida y él se acomodó los lentes.

—¡Felicitaciones!

—Gracias. ¿No crees que deberíamos celebrarlo?

—¡Por supuesto! —La sonrisa de Nashira se desvaneció— Pero hoy no puedo, tengo que ayudar a mi tía con unas cosas.

—Descuida Shirita, no tiene que ser hoy. Podemos celebrar mañana después de que salgas del trabajo.

—Me parece una excelente idea.

(...)

La obra de teatro culminó, Maya estaba muy emocionada aplaudiendo y Kakashi repasaba mentalmente el programa en que consistía la cita mientras se preguntaba cómo iban las cosas con su asistente y su rival.

—Señor Hokage —Maya volteó con él—. Fue muy divertida la obra, ¿qué haremos después?

—Bueno... Me gustaría mostrarte las calles de Konoha y contarte acerca de nuestra historia. Tal vez suene aburrido pero...

—No creo que sea aburrido si voy en compañía suya.

Kakashi arrugó la frente y asintió. Se pusieron de pie y abandonaron el recinto para salir al aire libre.

Los transeúntes miraban que el Hokage caminaba con una mujer muy guapa y se cuchicheaban especulaciones. Kakashi trataba de ignorar el hecho de que eso sucedía pero Maya parecía disfrutarlo.

—Debo confesar que me agrada esta aldea, es tan colorida y pacífica. La arquitectura de los edificios tiene una forma muy peculiar.

—Sí, creo que es una característica que nos distingue.

—Me he enterado que dos candidatas han abandonado la competencia —dijo Maya y se abrazó a sí misma resaltando su pecho—. Parece que ahora mi única rival es la hija del Señor Feudal del País de la Tierra.

Kakashi se rascó la cabeza.

—Ha sido una decisión abrupta, ni siquiera yo me lo esperaba.

Maya lo miró de un modo provocativo y Kakashi recordó las palabras de su asistente. Intentó cambiar el tema de conversación y le señaló un puesto de comida.

—¿Ves esa tienda de ramen? Allí es donde Naruto solía comer casi a diario. Ahora es un sitio muy popular porque el héroe de la Cuarta Guerra frecuentaba ese lugar.

—Ehh... Con que ahí está el famoso Ramen de Ichiraku.

—Nuestra aldea también tiene aguas termales, el Monumento a los Hokages, y diversos sitios de interés.

—Podríamos ir a su casa.

—Mi casa no es un sitio de interés —Kakashi rió nervioso.

—Para mí lo es.

—¡Ah! ¿Por qué no vamos al puente que conecta los dos extremos del pueblo? Estoy seguro que te gustará.

Caminaron hacia la construcción subiendo los escalones, Maya miraba asombrada el paisaje y al llegar, se apoyaron sobre el barandal para ver cómo poco a poco la aldea se iluminaba con las luces de las viviendas.

—Qué bonito —Maya estaba fascinada mirando.

—¿Verdad?

Kakashi suspiró y se masajeó las sienes. Miró hacia un lado y achicó los ojos para enfocar a dos personas que se situaban a metros de ellos y que veían también el panorama. Parpadeó una y otra vez al descubrir que era su asistente y el hombre de lentes que conoció en el templo.

Se preguntó qué estaban haciendo juntos y luego vio que ambos reían. Se sintió extraño y no podía quitarles la vista de encima hasta que su acompañante le distrajo.

—Señor Hokage, creo que tengo hambre.

Kakashi asintió y de reojo miró hacia un lado para ver a Nashira.

—Te llevaré a un buen lugar para que comas. Vamos.

—Es usted un caballero.

Bajaron los escalones sin ser vistos por Nashira, aunque Renji al final se dio cuenta de que Kakashi había estado allí, mas no dijo nada.

—Es un buen paisaje ¿verdad señor Renji?

—Nashira... ¿Qué tan cercana es tu relación con el Hokage?

Nashira despegó la mano de su mejilla y alzó la vista hacia el mayor, desconcertada por la interrogante.

—Sólo una relación normal, de profesionales.

—¿Le has contado sobre tu pasado?

Ella entreabrió los labios y dejó de verlo.

—Él sabe lo de Keito.

—¿Sólo eso?

—Sí. No tengo por qué darle más información de mi vida, es una parte de mí que quiero olvidar aunque siempre lleve en mi espalda esta horrible marca.

Nashira miró hacia abajo y vio a su jefe caminando con Maya, instintivamente sus manos apretaron el tuvo de metal del barandal frío.

—No volveré a ser cero cuatro Kitayaka nunca más.