Capítulo 23.- "Citas - Parte II"

Al aire libre en la terraza de un restaurante, Maya y Kakashi miraban el paisaje nocturno del pueblo. El cielo estaba estrellado y daba una vista espectacular.

La elegante mesa donde ambos compartían el momento, estaba decorada con dos velas aromáticas y servilletas finas; la kunoichi probaba los exquisitos bocadillos que habían sido seleccionados por el Hokage para que apreciara la calidad de los mismos. Sin embargo, Maya no pasó desapercibido el hecho de que el hombre con quien estaba en una cita, no tenía intenciones de bajar su máscara para mostrarle el resto de su cara, eso le decepcionó.

—Fue una agradable tarde junto a usted señor Hokage.

Kakashi dejó de mirar al cielo y volvió el rostro a ella quien sonreía discretamente pero con un semblante distinto. No de sensualidad ni coqueteo, más bien se le veía deprimida.

—Me gustaría pensar que también fue un buen momento para usted.

—Lo ha sido —dijo Kakashi.

—Ojalá —musitó ella y después bajó la vista hacia la llama de una de las velas—. ¿Sabe usted de quién ha sido la idea de conseguirle una esposa?

Kakashi apoyó los brazos sobre la mesa.

—Ha sido cosa de los Kages.

Maya chistó y miró a un lado.

—Ha sido ese Tsuchikage —confesó—. Él planeaba emparentar a su nieta con usted, pero las cosas se le salieron de control cuando el rumor corrió como pólvora y entonces todos creyeron que quería privilegios por sobre los demás, así que la Mizukage empezó a buscar una buena candidata para competir.

Kakashi se sobó el cuello como muestra de cansancio; saber que todo el estrés y problemas por los que había estado pasando eran obra de aquel anciano ocurrente le garantizaba dolor de cabeza.

—Vaya... Y pensar que se ha retirado de la competencia. Suena irónico ¿no?

Maya asintió.

—Dime algo, Maya... ¿Fue la Mizukage Mei quien te convenció de participar?

Finalmente Maya sonrió con soltura.

—No señor. Yo me ofrecí por mi propia voluntad. Puedo decir que no es como que estuviera buscando un marido, pero le he tenido admiración y respeto desde que soy una adolescente. Las leyendas e historias de Kakashi el ninja que copia fueron tan poderosas que me hicieron soñar despierta un largo tiempo. Presentándose una oportunidad así, simplemente no podía ignorarla.

Kakashi se frotó los ojos y la sonrisa del rostro de Maya, desapareció.

—Bueno, fue divertido intentarlo.

—¿Uh?

—Ziradia y Kurotsuchi se retiraron de esta competencia. Tuve la oportunidad de hablar con ambas y creo que ahora entiendo por qué lo hicieron.

Kakashi arrugó la frente no comprendiendo de lo que hablaba.

—¿Puedes explicarme?

—Son cosas de mujeres señor Hokage —le miró—. Es intuición femenina. Nosotras sabemos cuándo estamos siendo una molestia. Desde el momento en que la hija del Daimio se unió a esto, no hubo esperanzas de ganar la competencia, mas yo quise seguir intentándolo pero creo que hay un límite para todo.

Kakashi no pudo decir nada, simplemente veía las expresiones en el rostro de la pelirroja. No se veía feliz, se veía triste.

—Lamento haberlo hecho perder el tiempo en esta cita, he sido un poco egoísta, sólo quería atesorar el recuerdo de que alguna vez salí con el Sexto Hokage —dibujó una débil sonrisa.

—Maya... Lo siento —soltó con pena—. No soy bueno con las mujeres, no quise ser grosero contigo.

—Hmm... Me divertí, aunque no tanto como lo hubiera deseado.

—Discúlpame.

—Ya deje de pedir disculpas, no es el fin del mundo ¿verdad? —se puso de pie y Kakashi la miró sin moverse—. Suerte en su matrimonio, y gracias por la oportunidad.

(...)

Kakashi volvió a su casa a paso lento, desanimado y confundido. No encontraba el origen de su incomodidad ni de esa sensación de vacío por dentro.

Evidentemente se sentía mal por haber arruinado la cita y decepcionar a Maya. Las palabras de la kunoichi eran claras y había hablado también por las otras dos candidatas que se retiraron. Todas sabían que Kazumi sería la mujer que se casaría con él aunque en un principio su respuesta era un rotundo no.

Entonces surgía la duda: ¿Por qué aceptar el matrimonio? ¿De verdad podría ser feliz junto a una extraña? Vacilaba en cuanto a eso, y pensaba que si ni siquiera había conseguido terminar con éxito una cita con Maya, mucho menos podría lograr hacer feliz por el resto de su vida a la hija de un hombre poderoso.

Se paró frente al espejo y se miró en el reflejo, bajó lentamente la máscara que le cubría el rostro y observó la extensa cicatriz. Cada vez que veía esa marca recordaba a Obito y el dolor de un pasado cruel, pero había algo más... De un tiempo a la fecha cuando veía la línea dibujada, en su pensamiento estaba Nashira. Intuyó que la relacionaba debido a que siempre estuvo ansiosa por conocer la historia de la cicatriz y además por el extraño número que miró en su espalda.

—Cero cuatro —dijo—... ¿Qué podrá ser eso?

Pensó que tal vez podría preguntarle, luego de unos segundos se retractó. Inmiscuirse en la vida de su asistente no era ético y ya bastante la había molestado con anterioridad. Caminó hacia su cama y se dejó caer de espalda extendiendo los brazos, se quedó mirando el techo y recordó que no había dado mantenimiento a la pintura.

Su mente divagó y vio esa escena otra vez, esa imagen donde Nashira y su amigo Renji sonreían sobre el puente...

—No, no, Kakashi —habló para sí mismo y se talló la cara—. No. Nashira es tu asistente, tú eres el Hokage.

Se puso de lado sobre el colchón y acurrucó sus manos bajo su cara; sus ojos vieron el libro de tapas rojas sobre el buró y estiró un brazo para alcanzarlo. Lo abrió al azar y comenzó a leer mentalmente un fragmento del texto para llenar su mente de otras cosas pero entonces se dio cuenta que la historia ya no le parecía lo mismo que cuando la leyó por primera vez.

«Sus palabras eran dulces y gentiles y ella sonreía con cada frase y mirada. Él era noble a sus ojos y procuraba su bien; él era como un cálido rayo de luz por la mañana o como una fresca brisa a la orilla del mar. Ella lo quería de verdad y se lo decía constantemente; él presentaba esa mueca de aceptación y acariciaba sus mejillas haciendo que sus ojos color miel la embriagaran de emoción.»

—Esto es una historia ñoña de amor para chicas —concluyó con cierto grado de amargura.

(...)

El día siguiente no fue mejor para Kakashi, continuaba enojado y no sabía por qué. Entró de mal humor a la Torre y se pasó de largo sin mirar a nadie, su aura oscura y fría fue detectada por todo el personal y evitaron hacer comentarios que pudiesen llegar a sus oídos.

Shikamaru estaba dudando de si debía entrar a su oficina y decirle que Kazumi había llegado a la Torre desde muy temprano y se había instalado en una de las habitaciones por órdenes de la consejera Koharu pero la cara de pocos amigos de Kakashi estaba peor que la de Sasuke y si podía evitar la manera de enfrentarse a esa molesta situación, lo haría.

Miró a su alrededor y vio a la asistente de su jefe sentada dentro de su cubículo quien estaba muy entretenida leyendo un folleto. Se acercó a ella y carraspeó antes de saludar.

—Buenos días Nashira.

—Ah, hola Shikamaru —Nashira cerró el folleto y lo guardó dentro de su bolsa—. ¿Cómo van las cosas?

—Pues, ya debes saber que estamos muy ocupados con los preparativos. De hecho, ahora mismo tengo que ir a inspeccionar los últimos detalles por lo que quería pedirte un favor.

—Claro ¿qué es?

—Necesito que vayas a la oficina del Hokage y le entregues este documento. Es el programa para su cita de hoy.

Nashira se quedó quieta unos segundos antes de tomar el papel. Cuando lo hizo, lo miró rápidamente alcanzando a leer el nombre de Kazumi en las hojas.

—Ya veo... ¿Es todo?

—Sí por favor, te lo encargo.

—Cuenta conmigo.

Abandonó su cubículo y caminó para subir la escalera. Los papeles en sus manos le estaban dando un picor insoportable por la ganas que tenía de leer el contenido, quería saber qué era lo que habían planeado para la cita de Kazumi con Kakashi.

Se detuvo antes de llegar y abrió la carpeta para leer.

«07:30 p.m. - Caminata por el parque principal.

08:00 p.m. Cena en el jardín de Konoha»

—Consejera Koharu, buenos días —oyó a lo lejos y se detuvo en su lectura.

—Buenos días Ebisu, ¿cómo van las cosas?

La voz de la anciana Koharu estremeció a Nashira y cerró la carpeta rápidamente antes de mirar a su lado para ver que efectivamente la mujer estaba muy cerca de allí hablando con el shinobi de gafas oscuras. Recordó que Sai le advirtió que hiciera lo posible por no topársela, así que antes de tener que hablar con ella estiró la mano y giró el pomo de la puerta adentrándose a la oficina.

Cerró la puerta con cuidado y se volteó buscando a Kakashi, lo vio saliendo de la bodega anexa en la habitación, estaba acomodándose el haori blanco de su uniforme.

—Hola —saludó ella y Kakashi se le quedó mirando sin decir nada, luego sus ojos viajaron hasta la carpeta en sus manos.

—Buenos días —finalmente respondió y se sentó.

—Shikamaru me pidió que te entregara esto, creo que es... sobre tu cita de hoy.

Kakashi estiró la mano para agarrar la carpeta y la abrió para empezar a leer el contenido. Nashira seguía oyendo la voz de la anciana muy cerca de la oficina, y no tenía intenciones de salir mientras la mujer estuviera allá afuera. El Hokage notó que su asistente seguía allí de pie con los ojos hacia un lado y sin muestras de querer decir algo más.

—Puedes retirarte —pidió, Nashira volteó casi horrorizada.

—¿Eh?

Nashira negó con su cabeza y miró hacia todas partes, como queriendo encontrar alguna excusa para quedarse; fue entonces que la voz de Koharu se hizo más notoria y tanto ella como su jefe fueron capaces de oír que la anciana entraría a la oficina para hablar con el líder de la aldea.

Nashira jadeó, Kakashi se le quedó mirando y de un momento a otro se oyó el ruido de la chapa de la puerta que sería abierta. Kakashi apenas tuvo tiempo de ver cómo su asistente corría bajo su escritorio a esconderse, haciéndose caber entre la madera y sus piernas flexionadas. Un inmenso calor le recorrió el estómago y asomó la cara para verla, ella le indicó con una mueca que guardara silencio y él comprendió que su asistente no quería que la consejera supiera de su presencia.

—Kakashi.

El Hokage dio un respingo y aclaró la garganta, apoyó los brazos sobre el escritorio y vio en dirección a la mujer mayor que acababa de ingresar a la habitación.

—Consejera, qué sorpresa.

La mujer miró a su alrededor y caminó hacia la pared para acomodar la fotografía del Tercer Hokage que parecía haberse inclinado ligeramente.

—Esta oficina está muy descuidada.

—Lo lamento, he estado ocupado y no he tenido tiempo de ponerme a darle mantenimiento.

Koharu volvió la vista a él.

—Shikamaru ya debió haberte entregado el programa para las citas. ¿Lo has leído?

Kakashi tomó la carpeta y la abrió, en un repentino momento su rodilla sintió a su asistente y le dieron cosquillas en la espalda, el calor que ella desprendía estaba haciéndose cada vez más notorio. Cualquier otro ninja podría haberse percatado de la presencia de la mujer bajo el escritorio, pero Koharu ya era muy mayor y por tal razón no sospechaba lo que ocurría.

—Veo que se han esmerado más con la cita de Kazumi —dijo Kakashi.

—Así es, porque sabes que de todas las candidatas ella es la mejor opción.

—Tal vez ni siquiera debamos hacer esta cita —dijo con sinceridad y la anciana y frunció el ceño—. Anoche Maya se retiró de la competencia.

Nashira llevó una mano a su boca al oír aquello, sabía que Kakashi terminaría quedándose con Kazumi pero había tenido la esperanza de que Maya diera más pelea para hacer un poco más de tiempo y así poder disfrutar de la soltería de su jefe.

—Esa es una buena noticia, Kakashi. ¿Ves cómo todo se alinea a la perfección? Debe ser una buena señal. Sin embargo, Kazumi ya está aquí así que aunque sea mera cortesía, ustedes dos tendrán esa cita. Procura tratarla bien y hacer que se sienta cómoda, ella es nuestra esperanza, este matrimonio es la esperanza de todos nosotros.

Nashira respiraba impotencia y miró con desdén las rodillas de su jefe.

—¿Qué departamento se le ha asignado a la señorita Kazumi? —Cuestionó él.

—Ninguno. Ella se instaló correctamente en una de las habitaciones de esta Torre así que es probable que la veas paseando por aquí. Es bueno que conozca este sitio ya que ella será la esposa del Hokage.

—Kazumi ¿está aquí?

Kakashi estaba conmocionado y Nashira sólo podía pensar con pena que él se sentía feliz de haber oído aquella noticia.

—Antes de retirarme, me gustaría pedirte un favor.

—¿Qué es?

—Despide a esa mujer.

Kakashi arrugó la frente queriendo estar equivocado acerca de su pensamiento.

—Sí, hablo de la señorita Kitayaka, tu asistente.

Nashira contuvo el aliento y se sintió miserable. Vio cómo el brazo derecho de su jefe se posaba sobre su regazo.

—Ella es una mujer responsable —habló Kakashi—. No voy a hacer tal cosa, la necesito aquí.

—¿Crees que no sé que ella y tú han ido juntos a la aldea del Manantial? Kakashi ¿sabes qué problema sería si la familia del Señor Feudal se entera de esto? Lo que menos necesitamos ahora es un escándalo de esta magnitud. No me gusta esa mujer, me da mala impresión.

Kakashi apretó el puño bajo el escritorio y los ojos violetas de Nashira fueron testigo de ello. Se preguntó si él estaba molesto con ella o con la anciana.

—Consejera Koharu, todos estimamos su preocupación por el bienestar de la aldea pero no voy a dejar sin trabajo a una mujer sólo porque usted tiene malas impresiones de ella.

Koharu resolló y caminó hacia la puerta, antes de abrirla, se detuvo y habló.

—No tienes idea de nada, Kakashi. La vida puede darte sorpresas y esa mujer podría resultar ser alguien muy distinta a lo que crees.

«¿Ella lo sabe? ¿Ella sabe algo de mí?»

Nashira se quedó confundida, luego escuchó que la anciana salió. Al momento de que Koharu abandonó la oficina, ingresaron Sai, Ibiki, Genma y Kotetsu. Todos guardaron silencio cuando la consejera pasó de largo e hicieron una reverencia como muestra de respeto.

Kakashi seguía pensativo por lo ocurrido y Nashira no los oyó entrar. Por lo que cansada de estar escondida bajo el escritorio, decidió que sería buena idea irse de una vez y dejar a su jefe en paz.

—Kakashi, tenemos algo importante de que hablar.

La voz gruesa de Ibiki sonó por toda la habitación, pero había sido muy tarde para hacer algo al respecto. Nashira ya había asomado la cabeza cuando él empezó a hablar y el repentino silencio vino después cuando las miradas de todos los hombres fueron sobre ella.

A Genma se le cayó el palillo de la boca, Ibiki parpadeaba sin detenerse, Kotetsu no se movía y Sai luego de analizarlo mentalmente, sonrió. Kakashi reaccionó y volteó con Nashira, ésta salió velozmente de debajo del mueble y se quedó de pie junto a él sin saber qué decir o hacer.

—Ah... Nosotros no sabíamos —Ibiki se rascó la frente y Genma tosió disimuladamente—. Tal vez debamos volver luego.

—¡No, no, no! —Kakashi se levantó captando lo que todos habían malinterpretado— ¡Esperen! Puedo explicar esto.

—¡Se me cayó un lápiz! —Dijo Nashira queriendo salvar la situación.

—¡Sí! ¡Eso! Nashira, debes ser un poco más cuidadosa, ahora regresa a tus funciones ¿de acuerdo?

Kakashi le dio una ruta de escape y ella no la desaprovechó.

—Gracias su excelentísimo señor Hokage. Con permiso.

Casi salió corriendo de la oficina, mientras sus orejas ardían y le temblaban las piernas. Sabía que estaba siendo observada por los cinco hombres y se sentía espantosamente mal; todos ellos en sus mentes estarían pensando que ella era una depravada y eso alimentaría las sospechas de la anciana.

Luego de que Nashira se marchó, Kakashi tuvo que lidiar con el caos que se había creado allí dentro y quiso eliminar toda idea equívoca sobre él y su asistente. No quería involucrarla en algo así de imprudente ni mucho menos ensuciar la imagen de la inocente mujer.

—Ella sólo estaba escondida ¿de acuerdo?

Ibiki se sonrió aunque trató de reprimir el gesto. Genma no tenía ni idea de qué relación pudieran tener el Hokage y la mujer que acababa de ver salir bajo su escritorio.

—¿Esconderse? Esa es una nueva forma de llamarlo.

—Ibiki, Nashira no es ese tipo de persona. La consejera Koharu por algún motivo la detesta y al oír que pronto entraría a esta oficina... Bueno, sólo pudo pensar en esconderse bajo el escritorio.

Todos asintieron.

—Bueno, dejemos a la pobre asistente en paz. Queremos hablar de algo importante.

Ibiki le indicó a Sai con un movimiento de cabeza que extendiera el mapa sobre la mesa y éste así lo hizo. Kakashi se quedó mirando aquel papel viejo sin entender nada.

—¿Qué es esto?

—Sasuke lo encontró —dijo Ibiki—. Creemos que se trata de un mapa subterráneo de esta aldea, tanto Genma como yo estamos pensando que podría ser un antiguo mapa donde se localizan puntos importantes para colocar detonantes de bombas.

—¿Qué? ¿Dónde encontró esto Sasuke?

Kakashi se acercó más para ver los dibujos.

—Cerca de las puertas de la aldea —dijo Kotetsu—, enterrado de modo que alguien pudiera encontrarlo. Parece que eran opciones para destruir Konoha en caso de requerirse, pudieron haber sido antiguos enemigos y con el tiempo este mapa se quedó en el olvido.

—Lo que no sabemos —habló Genma—, es si las bombas están en los sitios marcados o simplemente eran puntos probables para colocar dichos artefactos. Es decir, no se sabe si existe el riesgo de que los detonantes estén establecidos hoy en día.

Kakashi se sobó la barbilla.

—Si ese fuera el caso... Entonces podrían explotar en cualquier momento.

—Necesitamos tu autorización para que los usuarios del byakugan nos ayuden a encontrar cualquier anomalía dentro de nuestros terrenos. No sabemos hasta qué punto esto se considere una verdadera amenaza.

—Tienen mi autorización. ¿Alguien sabe en dónde está Sasuke?

Sai habló.

—Está investigando por su cuenta, dijo que cuando reuniera la información suficiente hablaría con usted.

—Este mapa no debe caer en manos equivocadas, así que procuren cuidarlo bien —dijo Kakashi.

—Así será.

(...)

El día laboral transcurrió con aparente calma, Nashira estaba terminando de guardar sus cosas antes de retirarse. No había podido hablar con Kakashi de nada, la única vez que pudo verlo fue cuando el incidente con el escritorio.

Se llevó una mano al rostro sintiéndose avergonzada. Pero había además, algo distinto con el Kakashi que solía conocer, él había estado raro todo el día y se preguntaba cuál sería el motivo.

Cerró su bolso y se lo colgó. Miró el reloj y vio la hora.

«07:30 p.m.»

—He salido más tarde de lo normal —pensó y al darse la media vuelta para abandonar la Torre escuchó una alegre voz femenina junto a unas pisadas escandalosas y apresuradas bajando los escalones.

—Sé que lo he dicho varias veces pero estoy muy emocionada.

Las puertas automáticas se abrieron y a su lado pasaron Kazumi y Kakashi, ambos vestían ropas elegantes y la mujer se veía radiante. Todo ocurrió como cámara lenta, y mientras ella seguía quieta viéndoles salir, las miradas de ambas féminas se encontraron haciendo así que la hija del Señor Feudal se detuviera y por consecuente, Kakashi también lo hiciera.

—Nashira —alzó una mano sonriendo—. Disculpa, no te había visto.

Nashira miró a Kakashi casi por una milésima de segundo y después simplemente caminó hacia el exterior aferrándose al tirante de su bolso.

—¿Te vas a casa? —Preguntó Kakashi y ella sintió rabia en su interior.

—No —contestó sin verlo—. El señor Renji y yo vamos a salir.

Kakashi se guardó las manos en los bolsillos del pantalón. Con lentitud, Nashira volteó a verlos y tomó mucho valor antes de poder hablar.

—Pasen una buena velada. Me retiro.

No quiso dar más cabida a otra frase que pudiera herirla así que avanzó y avanzó para alejarse pronto. Había querido hablar con Kakashi una vez más para aconsejarlo pero... ¿Aconsejarlo de qué?

Kakashi ya lucía bastante cómodo junto a Kazumi y las charlas y situaciones entre ambos se daban de manera natural; aceptó entonces que lo único que había querido era intentar por última vez que él no se quedara con la niña rica.

Se detuvo en una parte del camino y se sentó en una solitaria banca para calmar sus emociones. Suspiró con pesar y sintió que estaba a punto de llorar, entonces tomó todo el aire que le podría caber a sus pulmones y exhaló sin precipitarse.

—Ya no eres una niña, deja de llorar.

Vio hacia el cielo y pensó en las crueles palabras que la habían atormentado en el pasado, un título del cual todavía le costaba deshacerse.

—¿Shirita? ¿Estás bien?

Nashira volvió la cabeza y miró a su amigo, de inmediato se levantó de su lugar.

—Lo siento, ya iba en camino hacia el punto de reunión pero quería tomar algo de aire.

Renji se puso a su lado y analizó sus expresiones. Luego, le sonrió con amabilidad y le palmeó la cabeza con cariño.

—¿Alguien te ha estado haciendo sufrir?

Ella negó.

—No es de importancia. ¿Nos vamos?

—Sí. ¿Leíste el folleto?

—Lo hice.

—¿Y qué piensas?

Nashira guardó silencio meditando su respuesta.

—No sé si pueda.

—Nashira... ¿Dudas de tus habilidades? Hace años te veías tan emocionada y ahora no quieres intentarlo de nuevo.

—Las cosas cambian, antes sólo quería sacar mi frustración de algún modo. Hoy, me arrepiento de haber hecho tal cosa, me siento estúpida con sólo recordarlo.

Renji se acomodó los lentes y se cruzó de brazos mientras veía el rostro de la mujer. Nashira parecía estar llena de cicatrices y marcas dolorosas, no sólo físicamente sino también de manera interna.

—Todos cometemos errores. Pero tú fuiste quien me dijo que una historia no se escribe si no hay emociones de por medio. ¿No era ése tu sueño?

Nashira arrugó la frente.

—Keito es un imbécil —se abrazó a sí misma—, no sé ni siquiera por qué ridícula razón me atreví a escribir aquella historia.

—Entonces... ¿Al final la publicaste? Jamás me enteré de ello.

Nashira se adelantó unos pasos, luego se dio la media vuelta para ver cara a cara a Renji.

—Digamos que lo intenté. Pero, al final ninguna editorial se interesó por ayudarme y terminé costeando la impresión de una única copia.

—¿Y qué fue de ella? ¿Aún la conservas? Me gustaría echarle un vistazo, así sabremos qué cosas corregir.

Nashira sonrió con pena.

—Hice algo malo —bajó la mirada y juntó sus manos frente a su pecho—. La eché en una caja de otras obras sin que se dieran cuenta. Posiblemente mi libro quedó perdido en algún almacén así que ya no volveré a verlo nunca... Pero no me siento para nada mal ¿sabe? Porque ahora ese romance que soñé que alguna vez fuera verdad, ha quedado en el pasado.

—Y entonces Nashira —Renji avanzó hacia ella y le buscó una respuesta en la mirada—... ¿Has escrito algo últimamente?

Ella se mordió los labios y escondió sus ojos de los iris verduscos del hombre.

—Bueno... He escrito algunas cosas pero... Dudo que esta vez funcione.

—¿Puedo saber qué es esta vez? ¿Es una historia de otro género?

Comenzó a sonrojarse sin poderlo evitar.

—Señor Renji, esto va demasiado pronto ¿no cree? Me da... vergüenza.

Renji sonrió.

—Ah... Parece que alguien se ha enamorado ¿no es así? Ni siquiera tienes que decírmelo, Shirita, te conozco bien.

—No, no, señor Renji. Lo que pasa... Bueno es que...

—Sólo dime una cosa. ¿Esta vez la historia es real o es algo que deseas que ocurra?

Nashira se quedó callada. Su primera novela había sido una recopilación distorsionada de su historia romántica con Keito, de algo que siempre soñó que ocurriera pero que nunca pasó.

—Es... Creo que es la historia más rara que nunca creí escribir.

Renji notó la nostalgia en sus ojos y comprendió la situación.

—¿Ya pensaste en el final de tu historia?

Nashira le miró y la mueca de sus labios era penosa.

—Sí. Fue lo primero que planeé... No hay mucho sentido cuando sabes cómo terminará la historia, es como si quisieras cambiar algo que ya está destinado a ser.

Los ojos de Nashira miraron el cielo que oscurecía, ese mismo que Kakashi contemplaba junto a Kazumi mientras caminaban sobre las calles de Konoha.

Las hojas de los árboles se mecían con el viento ligero que soplaba y traía consigo los aromas más puros de los puestos de comida. Kazumi veía de reojo a Kakashi y sonreía, luego pasó su brazo entre el hueco que dejaba espacio el propio brazo del Hokage. Kakashi no dijo nada, y continuaron caminando.

—Señor Kakashi... Hoy es una buena noche ¿verdad?

Kakashi veía cómo los ojos de los transeúntes se iban sobre ellos, algunas caras eran de alegría, otras de confusión.

—Lo es.

—¿A dónde iremos esta vez?

Kakashi recordó las extrañas palabras de su asistente, respecto a que a Kazumi le gustaba el papel de sumisión y estaba expectante a que él le ordenara; pero al ver su rostro no sintió tal seguridad de que fuera cierto.

—¿Quieres cenar?

Ella sonrió.

—Me encantaría.

Cruzaron la avenida y se perdieron entre la multitud de personas. La noche ocurría de manera sencilla y apacible, muchas veces Kakashi pensó en su futuro junto a la mujer frente a él y se imaginó cenando con ella desde ese día en delante.

—¿Tengo algo en la cara? —Kazumi sacó un espejo de su bolso.

—No, no, lo siento por mirarte tan despreocupadamente. Te incomodé.

—Señor Kakashi... Tal vez no debería decirlo pero ya no le veo sentido a darle tantas vueltas. Me enteré que ya no hay más mujeres compitiendo para casarse con usted.

Kakashi pensó en la anciana Koharu y la imaginó contándole todo a la hija del Señor Feudal.

—Es cierto. Todas se han retirado.

Ella se sonrojó y puso ambas manos sobre el regazo.

—Eso quiere decir que —buscó la mirada de Kakashi—... Usted y yo...

—Tendrás que esperar un tiempo más —se adelantó él causando confusión en Kazumi—. Todavía no puedo hacerlo oficial.

—Creí que ahora que no hay nada que se interponga...

—Todavía tengo algo que hacer, es cierto que no hay más candidatas, y nada de esto era parte de la competencia pero si no mal recuerdo sería yo el que elegiría a su futura esposa ¿no?

—Eso significa que aunque no tengo más rivales, ¿aún así no me elegirá?

—Quiero conocerte más, Kazumi —dijo con serenidad—. No podemos casarnos sólo porque sí. Debe haber un sentimiento de por medio.

Kazumi estiró su mano y la colocó sobre la mano de Kakashi, le miró de forma determinante y sonrió mostrándole sus dientes.

—Yo ya he dicho que le quiero, pero si para casarse conmigo tengo que hacer que usted también me quiera... Entonces así será.

Kakashi miró la mano de Kazumi y sintió el contacto de su piel sobre la suya. Sus manos eran cálidas, y sin quererlo estaba recordando que las manos de Nashira casi siempre estaban frías.

«¿Por qué no he podido sacármela de la cabeza?»

Su cita con su asistente había sido todo lo contrario a lo que estaba experimentando. En lugar de ir por ahí hablando tonterías y disfrutando del ambiente, la presión de no equivocarse y hacer que Kazumi se sintiera cómoda, era más fuerte que cualquier sentimiento de emoción.

La cita terminó antes de lo planeado, Kakashi ni siquiera quiso cumplir con todo el programa y bajo el criterio de que Kazumi no lo sabría, la llevó de regreso a la Torre para que descansara.

Antes de despedirse, ella lo abrazó sorpresivamente y le dio un beso en la mejilla cubierta por la tela de su máscara. El peliplata se quedó inmóvil ante tal muestra de afecto y vio cómo las comisuras de los labios de Kazumi se curvaban en una tierna sonrisa, casi instantáneamente vio que ella se acercaba para besar sus labios pero colocó su mano entre ambos para evitar el beso.

—Lo... Lo siento —ella se disculpó—. De verdad, perdóneme. Me he dejado llevar por el momento. Debe usted pensar que soy una mala mujer.

—Descansa, has tenido un largo viaje y debes estar agotada.

—¿Mañana podré verlo? Es decir, sé que estará trabajando como de costumbre pero... Si puedo visitarlo en su hora de comida, sería suficiente.

Kakashi no dijo nada, sólo asintió con su cabeza.

—Te veré mañana, entonces.

Se dio la media vuelta y se marchó. Kazumi se mantuvo mirándole la espalda hasta que desapareció de su vista.

Con pasos despistados y pateando piedras que se atravesaban en el camino, Kakashi había caminado un largo trayecto mientras pensaba constantemente en qué estaba sucediendo con él. Se sentía mareado y sus hombros pesaban, la cita no había sido especialmente buena y lejos de relajarse, estuvo estresado cuidando no cometer un error.

Con su pulgar y su dedo índice, frotó el puente de su nariz y cerró los ojos queriendo encontrar calma. Surgió una idea descabellada cuando miró en dirección a otra calle y lo meditó repasándolo mentalmente antes de dejarse influenciar por su estado de ánimo.

«Ella debe estar con ese hombre... ¿O ya habrá vuelto a casa?»

Pensó que para esa hora, Nashira posiblemente estaría dormida o a punto de. No quiso darle más vueltas y se dirigió a la casa de su asistente. Vio la ventana del segundo piso, la cortina indicaba una tenue luz y una silueta se dibujaba tras ella, dedujo que había llegado momentos antes de que Nashira durmiera.

Saltó al balcón sin hacer mucho ruido, y observó con escasos detalles tras la tela la figura femenina de la mujer quien acomodaba la cama para acostarse. Fue entonces que con dos golpecitos tocó el vidrio de la ventana y Nashira volteó asustada aumentando su temor cuando vio que alguien estaba parado allá afuera.

Corrió la cortina despacio y contuvo el aire al ver a su jefe allí sobre el balcón de su ventana, a las once de la noche como si fuera lo más normal del mundo.

Abrió la pestilla y deslizó el marco de madera, Kakashi se quedó igual.

—¿Pasó algo? Es tarde, pensé que estabas en una cita.

—También tuviste una cita ¿verdad?

Nashira frunció el ceño.

—Estás asustándome, dime qué ocurre.

Kakashi saltó dentro de su habitación y miró a su alrededor para matar el tiempo.

—¿Kakashi?

—Nashira...

Giró la cabeza y se bajó la máscara.

—Enséñame a besar.