Capítulo 24.- "El último entrenamiento"

El frío se colaba por la ventana, pero Nashira no sabía si era por causa del clima o por las palabras de su jefe que su piel estaba erizada y sensible.

Sus ojos veían casi petrificados al hombre frente a ella, con un rostro lleno de determinación. No parecía estar bromeando.

—¿Q-qué?

Fue lo único que se permitió decir. Kakashi parpadeó y avanzó un paso hacia ella, Nashira instantáneamente retrocedió la misma distancia.

—Dije que quiero que me enseñes a besar.

—Esto... ¿A caso estás ebrio?

—No.

Ella hizo una mueca parecida a una sonrisa nerviosa y se sentó en la cama mientras trataba de esconder el temblor de sus piernas. Quería tranquilizarse pero Kakashi no dejaba de verla de esa forma tan inusual.

—No soy una experta para enseñarte ese arte, y no entiendo a qué viene esa petición tan repentina.

—No hay más competencia, Nashira. Todas mis candidatas, excepto Kazumi, se han retirado.

Nashira apretó la sobrecama con una mano y sintió que se hundía.

—Y entonces tú quieres aprender a besar para no defraudar a Kazumi ¿verdad?

Kakashi no respondió, su mirada se había vuelto cautivadora a tal grado que su asistente comenzó a sudar de los nervios.

—¿Vas a hacerlo o no?

Nashira tembló.

—No puedo —dijo con pena y angustia, en su interior quería hacerlo pero temía que si cruzaba esa última barrera con su jefe, su corazón no tuviera reparo y la pérdida fuera más dolorosa.

—Bien.

Kakashi se subió la máscara, Nashira sintió ese vacío al no ser capaz de aprovechar la única oportunidad que tendría para besarlo.

—¿Cuándo... Vas a casarte? —Preguntó sin mirarlo.

—No lo sé.

Los labios de la mujer se abrieron a medias y sus cejas se fruncieron en un gesto de lamentación.

—¿Sabes? He estado pensando que la anciana Koharu tiene razón.

Kakashi volvió la vista hacia su asistente.

—Me refiero a que, debo dejar de trabajar contigo.

—¿Es algo que decidiste por tu propia voluntad o lo dices porque ella lo ha pedido?

Nashira bajó más la cabeza encogiéndose de hombros mientras sus manos se apoyaban con fuerza sobre el colchón.

—Mi trabajo era aconsejarte para entender a las mujeres. Si ya no hay candidatas, si ya está dicho que te casarás con Kazumi... Entonces mi trabajo ha llegado a su fin.

Kakashi observó con cuidado el rostro cabizbajo de Nashira, y sin que ella reaccionara a tiempo se arrodilló frente a su figura y le buscó la mirada. Nashira se estremeció al verlo tan cerca e involuntariamente su cuerpo se tensó apartándose ligeramente.

—¿Qué? —Preguntó nerviosa.

—Pero aún no entiendo a las mujeres —dijo él.

—Bueno Kakashi... No vas a entenderlas a todas. Será suficiente con que puedas llevarte bien con la mujer con quien te casarás.

—Sería bueno que pudiera entender a las mujeres que son cercanas a mí. Como a Sakura, a Shizune, incluso a la anciana consejera.

Por un instante sólo pudieron escucharse sus respiraciones. Nashira seguía inquieta por la cercanía entre ambos.

—O a ti.

Hicieron contacto visual.

—¿A mí? —Nashira soltó una risa de incredulidad— A mí no tienes por qué entenderme.

—¿Por qué no? Somos-

—¿Qué cosa? ¿Amigos? —Ella apretó los labios— No somos amigos, Kakashi. Tú eres el Sexto Hokage, el gran ninja de Konoha que todos admiran y respetan. Yo soy Nashira, una pueblerina del Valle Rocoso que no puede mantener su empleo por más de cuatro meses.

—No te estoy despidiendo, tú eres la que se quiere ir. Y ahora estás negando nuestra amistad.

Los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas y luchó con todas sus fuerzas para evitar que resbalaran por su cara.

—¿Qué está sucediendo, Nashira? ¿Por qué de un tiempo a la fecha estás tan triste y me miras de ese modo? ¿Te hice algo?

—No trates de comprenderlo —espetó—. No soy alguien de quien te debas preocupar. Enfócate en tu matrimonio y en la mujer a la que tienes que hacer feliz.

—Mírame.

—Kakashi, ya es tarde. Vete.

—¡Mírame!

Tomó su rostro con ambas manos y lo giró para que lo viera de frente, ella no pudo sentir otra cosa sino el calor de las palmas sobre sus mejillas y su corazón queriendo salirse del pecho.

—¿Qué quieres ahora?

—Dime una razón lógica por la cual quieres que te despida. Si me lo dices, entonces lo haré y no voy a cuestionarte nada.

Se mantuvo callada unos segundos, tragó saliva antes de hablar.

—El señor Renji me ofreció trabajo, y prefiero estar en un ambiente con gente que es más parecida a mí.

Las manos de Kakashi abandonaron el rostro de su asistente. Se levantó del suelo y puso sus brazos a los costados; ella alzó el rostro para verlo.

—Entiendo.

Se dio la media vuelta y apoyó una mano en el marco de la ventana pero se detuvo antes de saltar.

—Si así lo has decidido, entonces así será. Sin embargo... Hay un último entrenamiento en el que debes instruirme, y no firmaré tu despido hasta que cumplas con esa tarea.

—¿Qué es?

Kakashi volteó.

—Mañana después del trabajo iremos a mi casa, tú y yo. Y vas a enseñarme cómo besar.

En un abrir y cerrar de ojos la cortina se movió con el viento y Kakashi desapareció de la vista de Nashira. Se quedó sin aliento y se puso sobre sus pies descalzos para correr hacia la ventana queriendo encontrar la figura de su jefe, pero él ya no estaba.

Cerró la ventana y corrió la cortina. Inhaló fuertemente y se limpió la cara con las manos. Su pecho subía y bajaba dolorosamente, se sentía acorralada.

Volvió el rostro hacia la puerta y miró que ésta estaba entreabierta, detrás de ella su tía le miraba con pena y se alarmó al descubrir que le había visto. Inmediatamente se preguntó qué tanto vio y escuchó pero no tuvo más tiempo de pensar porque la mujer mayor ingresó a la alcoba.

—Nashira, ¿qué es lo que está ocurriendo exactamente con el Hokage y tú?

—¿Qué... tanto escuchaste?

—He visto desde que se arrodilló. Me dijiste que eres su asistente... ¿Por qué son ustedes así de cercanos?

—Él dijo que somos amigos.

La tía Madoka se aproximó para tomarla por los hombros como una madre lo hubiera hecho.

—Mi niña... Dime la verdad. ¿Qué es lo que pasa?

Nashira arrugó la frente y sollozó al perder la poca voluntad que le quedaba.

—Kakashi se va a casar —dijo mientras abundantes lágrimas corrían por su cara—, y yo estoy enamorada de él.

La anciana la abrazó con ternura, sobó su espalda con delicadeza para amortiguar la pena que embargaba a su sobrina. Sintió el mismo dolor que ella y Nashira lloró desconsoladamente en los brazos de su tía.

—Sé que duele —le decía la anciana—, es muy doloroso. Pero tú no eres una mujer débil. ¿Has oído su petición? Él quiere que tú lo beses.

—Él es tan egoísta —Nashira jadeaba y se aferraba a la blusa de su tía—. Sólo pensando en él sin importarle lo que me pasa.

—Hija, te ha dicho que quiere entenderte y se lo has negado. ¿Por qué alguien se interesaría así porque sí por otra persona? ¿No te das cuenta? Tú eres alguien especial para él.

Nashira negaba con su cabeza.

—No puedo besarlo. Si lo hago no voy a querer dejarlo ir, va a ser más dolorosa mi despedida.

La tía Madoka se apartó de Nashira para mirarla a la cara.

—Entonces querida... No lo dejes ir.

(...)

La noche fue igual de larga para Kakashi, el sinnúmero de vueltas que dio sobre la cama y la incontable cantidad de veces que miró el reloj fueron una evidente muestra de que estaba mal.

Sus manos yacían sobre su frente y sus ojos aunque cerrados, no podían dejar de ver la escena que se repetía constantemente en su cabeza.

—¿Qué hice?

Soltó un sonido parecido a un gruñido y abrió sus ojos para encontrar simplemente oscuridad. Encendió la lámpara sobre su buró y se sentó sobre el colchón con sus piernas dobladas.

—Debo estar mal de la cabeza para haberle ordenado tal cosa.

Vio el teléfono.

—Quizás deba llamarle y decirle que era una broma...

Su mano quedó a centímetros de tocar el aparato pero no llegó a tomarlo y cerró sus dedos volviendo a su posición anterior. Permaneció inmóvil sin pensar en nada más, sólo abriendo y cerrando sus cansados ojos para luego tomar el Icha Icha Tácticas.

Buscó una página en específico y se detuvo al encontrarla, su vista recorrió el texto hasta llegar al fragmento anhelado. Comenzó a leer en voz baja.

«Quizás no me había dado cuenta antes porque mi forma de ver el mundo era completamente temeraria. Solía pasar el tiempo vagando en la rutinaria vida simplemente avanzando con los días sin nada nuevo, sin nada diferente. Había creído que ella era sólo una emoción pasajera como la brisa matutina que desaparece y se evapora, pero su esencia no se fue, y en cambio, socavó hasta las profundidades de mi ser dejándome expuesto a la vulnerabilidad.

¿Cómo podría decirle ahora que la quería si ella ya no creía en mis palabras? Pero lo más importante... ¿Cómo decirme a mí mismo que aquello no era un mero afecto caprichoso, sino, un sentimiento monstruoso que crecía sin parar?»

Kakashi observó la última pregunta y sintió que la frase la estaba plasmando él mismo. Antes había leído aquello, lo había hecho decenas de veces y comprendía que el protagonista de la historia de Jiraiya se había enamorado, pero, en ese momento él bien podría pensarse como el personaje de aquella novela.

Cerró el libro y lo puso en un lado, se dejó caer de espalda al colchón y llevó los brazos hasta su cabeza.

—En qué problema me he metido.

Suspiró.

—Papá... ¿Qué se supone que debo hacer? Eso no me lo explicaste.

Cambió de posición para estar de lado. Su brazo doblado bajo su cara y el otro sobre su abdomen; sus ojos abiertos mirando hacia la fotografía de su antiguo y primer equipo. Él jamás había entendido el amor romántico como tal, supo que Obito amó a Rin hasta su muerte y su compañera le quería a él, mas Kakashi nunca lo había experimentado en carne propia y no estaba seguro si era verdad o no.

—No sé qué tan cierta sea la historia, pero hay personas que creen en ti —empezó a hablar—. Incluso fui a tu santuario y te falté al respeto con mi oración.

Sonrió a duras penas.

—No puedo considerarme un escéptico pero tampoco un fiel devoto a las creencias religiosas. Así que aunque no funcione, quiero intentarlo... Nashira dice que tú guías a las personas, y yo ahora mismo me siento perdido.

Cerró los ojos.

—Así que Santo Monje... Guíame. Llévame hacia donde sea mi destino.

El cansancio mental y físico fueron tales que al cabo de unos minutos de tranquilidad y meditación sobre el colchón, y tras su sincera y humilde oración, Kakashi por fin se quedó dormido.

El sábado por la mañana la Torre estaba muy tranquila, todos se presentaron a trabajar como de costumbre y ya se había expandido el rumor de que la prometida del Hokage estaba en aquel edificio hospedándose. Le habían visto pasear por el lugar con la consejera y compartir una taza de té en el patio.

Nashira estaba en su cubículo recordando la noche anterior mientras leía el folleto que el señor Renji le dio. Él y ella habían estado hablado de una nueva publicación, Renji se ofreció a ayudarle con la edición e impresión de una obra, y aunque Nashira ya había comenzado a escribir su historia tiempo atrás, no estaba segura si sería buena idea plasmar sus sentimientos en dicha novela.

Miró a todos los que pasaban frente a ella, su escritorio y el calendario pegado en la pared. Tenía poco tiempo allí, menos de medio año, quizá era el empleo en el que más tiempo había durado y sabía que lo extrañaría mucho.

Vio el reloj. A su mente llegó la frase una vez más, aquella donde Kakashi le decía que después del trabajo irían a su casa.

Se sentía emocionada por conocer el lugar donde su jefe vivía, pero también tenía miedo porque sin quererlo, todo eso le recordaba a Keito y su manera tan vil de engañarla con palabras bonitas para intentar que ella se entregase a él.

—Kakashi no es Keito —musitó—. Él es diferente.

—Señorita Kitayaka, buenos días.

Nashira contuvo el aliento y levantó la mirada, vio entonces a la consejera Koharu y a Kazumi de pie frente a su escritorio.

—Hola Nashira —saludó Kazumi con una sonrisa.

—Bu-buenos días.

—Señorita Kitayaka, sé que usted es la asistente del Hokage —dijo la anciana—. Sin embargo, ya debe estar enterada de que la señorita Igarashi será la esposa del Sexto, por lo que a partir de ahora le solicito que también atienda a las órdenes de ella.

Nashira se estremeció y miró con angustia a la joven mujer quien parecía avergonzada.

—No señora Koharu —dijo Kazumi—. ¿Cómo puede pedir tal cosa? No es necesario, además, no se ha anunciado oficialmente el matrimonio.

—El Sexto Hokage ha estado ocupado, pero pronto lo hará.

La mirada de la anciana volvió a Nashira y le sonrió frívolamente.

—Por favor señorita Kitayaka, contamos con usted.

Repentinamente Sai apareció interrumpiendo, se puso a un lado de Nashira atrayendo las miradas de las mujeres.

—Lo siento, no quiero interrumpir pero el Hokage me ha pedido que hable con Nashira acerca de algo importante.

Koharu miró a Sai de pies a cabeza y luego volvió con Kazumi.

—Te mostraré el resto del edificio y posteriormente hablaremos con el consejero Homura ¿te parece?

Kazumi asintió.

—Con su permiso —hizo una reverencia y se fue.

—¿Qué es lo que quiere el Hokage?

Nashira se hundió en el asiento y Sai se dio cuenta de que sus músculos se habían relajado.

—Mentí.

—¿Eh?

—Lo hice para que te dejaran en paz.

—Uhm... Ya veo.

Sai continuó observando a Nashira notando la incomodidad de ésta.

—De hecho... No es del todo una mentira.

—¿Cómo dices?

—Quizás puedas seguir trabajando para el Hokage pero lejos de aquí donde los consejeros no te puedan molestar. El Sexto Hokage ha estado pensando que sería bueno enviarte a la Academia Ninja.

Nashira se le quedó mirando a Sai en un intento por procesar aquella información.

—¿Qué cosa? ¿Y yo qué voy a hacer allá? Yo no soy ninja.

—Puedes fungir como secretaria o asistente del director. Él realmente ha estado haciendo algunas llamadas esta mañana, supongo que entiende tu incomodidad.

Nashira pensó que Kakashi creía que ella pedía ser despedida para no seguir siendo víctima de malos tratos. Pero le molestó en cierta manera que él hiciera las cosas por sí mismo sin antes preguntarle si quería cambiar de trabajo.

Se levantó de su silla casi de inmediato, Sai se sorprendió.

—Voy a ir a hablar con él ahora mismo.

—No puedes, él está en una junta importante.

Sus ojos violetas vieron la agenda.

—No hay nada programado.

—Ha sido de improvisto, es algo confidencial por eso es que no lo tienes anotado.

—Bueno, cuando termine por favor avísame.

Con el transcurrir de los minutos, llegó la hora de la comida. Nashira había considerado saltársela para hablar con su jefe, no obstante, Kazumi se le había adelantado y había sido demasiado tarde cuando abrió la puerta de la oficina encontrándola sentada frente al escritorio donde Kakashi estaba.

Ambos la miraron y se sintió pequeña.

—Hola Nashira ¿qué pasa?

Incapaz de mirarlo a los ojos, se enfocó en el portalápices de la mesa.

—Bueno... Sólo quería avisar que...

No podía pensar en ninguna mentira, estaba tan nerviosa que apenas se lograba mantener de pie sin tambalearse. Su mano seguía sobre el pomo de la puerta evitando así que ella perdiera el equilibrio.

Antes de hablar y decir cualquier cosa, escuchó una voz en el pasillo que le resultó familiar. De reojo miró y entonces pudo formular una idea casi al momento.

—Que estaré con el maestro Guy, lo llevaré al jardín.

Kazumi volteó con Kakashi, éste estaba serio pero no había expresión de molestia en sus ojos, sólo movió su cabeza para aprobar las palabras de su asistente. Nashira hizo una reverencia y cerró la puerta.

Caminó de regreso al pasillo topándose con Guy quien avanzaba despacio en su silla. Al verla, sonrió felizmente y paró el movimiento.

—Muchacha, qué bueno verte.

—Maestro Guy, ¿a caso quiere hablar con el Hokage? Él ahora está ocupado —dijo eso último con cierto grado de amargura.

—Uh, parece que Kakashi es un hombre sin tiempo —exhaló fuertemente—. Tendré que esperarlo.

—¿No le gustaría ir conmigo al jardín? Hay algo que me gustaría hablar con usted.

Bajaron hasta el patio trasero de la Torre, donde los árboles con sus hojas amarillas y cafés, adornaban el paisaje.

La Montaña con los rostros esculpidos podía verse claramente; Nashira dejó de mover la silla y se quedó observando un rostro de piedra en particular.

—Es un buen día ¿no es así? —Dijo ella.

—Lo es. Disfrutar de esta era pacífica ha sido el sueño de muchos de nosotros luego de tantas y tantas guerras.

—Maestro Guy... ¿Usted conoció al padre del Sexto Hokage?

Guy llevó una mano a su mentón y comenzó a hacer memoria.

—Bueno, yo era muy pequeño en ese entonces pero recuerdo vagamente su rostro. Se llamaba Sakumo Hatake y todos lo conocían como el Colmillo Blanco de Konoha.

Nashira dejó de ver la montaña y se sentó en la banca de cemento junto a la silla de Guy.

—¿Murió muy joven?

—Lamentablemente, sí.

Guy miró a Nashira quien a su vez estaba observando el asfalto.

—¿En una batalla?

—Él se suicidó.

Nashira miró a Guy.

—¿Suicidio? Pero... ¿Por qué?

—Hay situaciones en esta vida que a veces se nos salen de control. Todos manejamos dichas situaciones de distinto modo. No soy quién para contarte esa triste historia, sería una falta de respeto de mi parte ya que desconozco toda la verdad.

—Es cierto, disculpe mi imprudencia.

—Pero muchacha... ¿Por qué estás interesada en saber sobre eso?

—Bueno, nada en especial. Es sólo que no soy de Konoha y desconozco muchas cosas sobre las historias de ninjas, a veces quiero saber más sobre el Hokage para saber entenderlo pero, creo que eso es imposible.

—Kakashi sólo es Kakashi —dijo Guy muy seguro de sus palabras—. A veces parece actuar como que no pasa nada pero en realidad está preocupado o incluso feliz, él es así. Sé que te dije que era un despistado y sí, lo es; pero cuando se preocupa por sus amigos él de verdad pone todo su empeño por solucionar las cosas. No es indiferente ante el dolor ajeno.

Guy observó la dulzura que desprendían los iris violetas de Nashira y casi pudo palpar sus emociones.

—¿Tú qué piensas de él?

—Pienso que es un buen hombre —admitió—. Algo torpe en ciertos temas pero... Él es gentil. Ama tanto a su aldea que está dispuesto a todo por ella, sin importar lo que tenga que sacrificar. Así que creo que él ha elegido su camino desde hace mucho tiempo atrás por lo que sería imposible querer cambiar su visión y modo de vida.

Dentro de la oficina del Hokage, Kazumi estaba atenta viendo cómo el peliplata se estuvo levantando en repetidas veces a mirar por la ventana para luego volver a su asiento. Dejó de verlo cuando sintió la necesidad de prestar atención a la decoración de la habitación y se centró en las fotografías colgadas.

—Konoha ha tenido buenos shinobis ¿verdad? —Habló ella— Usted sin duda tenía que ser Hokage algún día.

—Eso ha sido decisión de los líderes de este país.

—Bueno, pero alguien con tanto talento como el suyo definitivamente tiene algo que se llama destino. Los caminos ya están trazados, y todos vamos por ese sendero aunque algunos no lo acepten.

—¿Estás diciendo que por mi capacidad shinobi era cosa de tiempo para convertirme en el líder de esta aldea?

Ella asintió.

—La gente no puede cambiar a dónde pertenece. Por eso estoy feliz de que usted haya sido merecedor de este cargo tan importante.

Kakashi no dijo nada para contradecirla, sólo que a su mente había llegado la imagen de Naruto, de Sakura y de Sasuke. Sus tres ex alumnos que lucharon, sufrieron y dieron todo de sí mismos para alcanzar el nivel del cual hoy estaban gozando. Si él se hubiese quedado de brazos cruzados esperando el momento de ser nombrado Hokage simplemente porque todos desde niño le llamaban genio, entonces fácilmente pudo haber sido superado por el resto de sus compañeros y el llamado destino del que hablaba Kazumi, se quedaría sin fundamento.

—Señor Kakashi, ¿le molesta que esté aquí?

—¿Por qué habría de molestarme?

—Bueno, lo que ocurre es que... Mi padre quiere venir a conocerlo. Ya sabe, él se ha enterado que la competencia finalizó y ha asumido la idea de que yo seré su esposa —dijo avergonzada—. Lo siento —juntó sus manos—, a pesar de que le he dicho que no es algo oficial sin que usted lo autorice, él ha insistido y quiere organizar una cena para poder convivir.

Kakashi llevó una mano a su frente y se masajeó.

—No sé si sea buena idea, Kazumi. Verás... Ahora mismo tengo unos temas que tratar y es posible que no esté demasiado concentrado para hablar con tu padre.

—Lo sé, yo lo entiendo. Volveré a hablar con él para pedirle que cancele su visita.

—Kakashi.

La voz de Homura se oyó en el fondo, la pesadilla de Kakashi comenzó cuando al mirar en dirección a la puerta, se dio cuenta que los ancianos consejeros estaban allí.

—No puedes actuar de manera tan irrespetuosa.

—Coincido con Homura, ¿qué clase de imagen quieres proyectar a nuestros aliados? —Complementó Koharu.

Kazumi se encogió de hombros avergonzada.

—Señores consejeros, no tienen por qué sentirse apenados —habló ella—. Mi padre lo entenderá, él no es esa clase de persona.

—Querida, Kakashi será tu esposo —dijo Koharu—, y todos estamos muy felices por eso. Así que queremos que ésta también sea tu aldea.

Kakashi respiró profundo y se levantó.

—Kakashi, es hora de hacerlo oficial —dijo Homura.

Los ojos negros del Hokage se enfocaron en una Kazumi apenada que escondía el rostro. Odiaba lo políticamente correcto, todas esas reglas y normas de convivencia que a veces para lo único que servían era para destruir los sentimientos de otros.

Todo era un cuento de hipocresía.

—En estos momentos no es posible —dijo Kakashi con toda la serenidad que pudo reunir.

—¿Qué has dicho? —Koharu caminó unos pasos hacia el frente— ¿Crees que puedes tener a todo mundo esperando?

—Señora consejera —Kazumi se levantó de su lugar—, esto no está bien. Vamos a tranquilizarnos ¿sí? El Hokage es un hombre ocupado, y yo estoy de acuerdo con él, además... No podría convertirme en su esposa si no soy capaz de compartir esto ni de apoyarlo en sus decisiones.

Koharu miró a Kazumi y carraspeó queriendo reducir la tensión que se había creado en el ambiente.

—Bien Kakashi —Homura regresó a la puerta—, avísanos cuando estés listo.

Los consejeros abandonaron la oficina, Kazumi tomó su bolso y se lo colgó, entonces hizo una reverencia quedándose inclinada.

—Lo siento. Yo de verdad lo siento.

—Tú no eres culpable de nada.

Kakashi la enderezó por los hombros y se quedaron mirando fijamente.

—Pero a veces creo que no sería un buen marido.

—Yo... Sé que sin duda lo sería.

Los ojos azules de Kazumi se llenaron de cierto brillo y sus mejillas se colorearon rosadas. Abrió sus labios lentamente y Kakashi se dio cuenta que ella estaba usando un bálsamo humectante que le daba un ligero color rojizo.

—Por favor perdone que pida algo así pero... ¿Puedo... abrazarlo?

Kakashi tragó saliva y al no poder seguir mirándola a la cara sólo movió sus manos hacia los lados aceptando su solicitud. Ella pegó su cuerpo al torso de él y lo rodeó con sus brazos. Su oreja se apoyó en el pecho del Hokage y escuchó los fuertes latidos de su corazón.

Kakashi sólo podía sentirse extraño, el abrazo era tierno y hasta podría resultar dulce pero faltaba algo y no sabía qué.

La jornada laboral terminó. Todos empezaron a guardar sus pertenencias y a retirarse de la Torre. Nashira miró el reloj y sus piernas iniciaron un tembloroso trayecto hacia la puerta de salida.

Con el bolso colgado a su hombro y las miles de dudas surcando por su cabeza, no se había sentido tan vulnerable desde hace muchos años. Quería mirar atrás y ver que su jefe bajaba los escalones para llevarla a casa, pero también pensaba que quizás él se había arrepentido.

No sabía si era bueno o era malo, sólo estaba segura de que al final ella terminaría lastimada porque de alguna forma, siempre era así.

Kazumi estaba en la Torre y tenía el respaldo de los consejeros, ¿quién era ella para competir contra la mujer que se casaría con el Hokage?

Las puertas automáticas se abrieron y salió del edificio aún con sus pasos titubeantes manteniendo la ligera esperanza de que Kakashi apareciese, pero también deseando que no lo hiciera. La confusión de sus emociones se la carcomía de a poco y era peor que una tortura con fierro caliente.

Desde que lo conoció, toda su vida se había puesto patas hacia arriba y la Nashira segura de sí misma, aquella que con esfuerzo y dolor logró seguir adelante a pesar de todo, estaba tambaleándose en una cuerda floja sobre un abismo.

Luego de avanzar varios metros cayó en la conclusión de que Kakashi se había retractado de sus palabras y aunque sentía cierta decepción, pensó que había sido la mejor decisión.

Aunque... Al dejar de mirar el camino puso atención a lo que estaba frente a ella a unos metros de distancia y no supo si su cara tuvo reacción.

—Sukea...

Kakashi había decidido que sería bueno llevar a su asistente a su casa si se disfrazaba una vez más. La noticia de su matrimonio no tardaba en expandirse y no quería que Nashira se viera involucrada en escándalos; por tanto, ser vista acompañada de otro hombre era lo ideal.

—¿No me digas que esperabas que mi petición fuera broma?

Dejó de caminar y aclaró su garganta, volteó hacia atrás y no vio a nadie.

—Estoy hablando contigo, Nashira.

—Ka-

—Sukea —corrigió él.

—No puedo hacer esto.

—¿Por qué no?

—Un beso no es cualquier cosa, al menos no lo es para mí. Es algo que compartes con alguien a quien quieres.

—Uhm... Lo sé —dijo él—. Pero aunque no me quieras como hombre, al menos ¿me quieres como amigo?

Nashira seguía mirando a cualquier lado antes que a su jefe.

—¿No sería mejor que tu primer beso fuera con tu futura esposa? Piénsalo, ella estaría feliz de saber que ninguna otra persona antes ha besado los labios de quien ama.

Kakashi se cruzó de brazos y miró las nubes blancas.

—En realidad, quiero que mi primer beso sea con la persona a la que yo elija y esa eres tú.

Nashira sintió que dejó de respirar pero aún así no pudo mirar a Kakashi.

—¿Puedo... saber por qué me elegiste a mí?

—Porque soy el Hokage —rió, pero ella no.

—¿Me prometes algo, Sukea?

Por fin lo miró y sus labios temblaron dejándolo expectante de lo que estaba por solicitar.

—Dime.

Nashira no podía decirlo y Kakashi vio cómo sus cejas se fruncían involuntariamente como si quisiera llorar.

—¿Nashira?

Ella respiró hondo y luego soltó una risa nerviosa.

—Sólo quiero pedirte que cuando me beses, no pienses en Kazumi. Quiero decir, hay una cosa muy importante para nosotras las mujeres y esa es —alzó su dedo índice—: Un hombre no piensa en otra persona cuando está con su pareja.

Kakashi parpadeó.

—Sé que en este caso suena ilógico porque tú y yo no somos pareja —rió—, pero por respeto a mí como persona y por todo lo que he pasado por tu culpa —le picó el pecho—, concéntrate, Kakashi.

Kakashi asintió.

—Bien... Vayamos a tu casa y terminemos con esto de una buena vez.

Avanzaron por las calles sin hablar mucho, sólo de temas triviales y hasta del clima. Nashira quería romper esa horrible tensión que se había formado entre ambos y Kakashi sólo estaba más confundido que antes.

Entre avenidas y senderos, la casa de Kakashi se divisó entre los demás inmuebles. Aunque Nashira esperaba ver una vivienda lujosa y grande, se sorprendió al descubrir que su jefe vivía en una modesta morada de un piso y con una vista sencilla.

Kakashi sacó la llave de su bolsillo y abrió la puerta, luego encendió la luz del recibidor y se empezó a quitar los zapatos. Nashira también lo hizo y respiraba el aroma de un hogar solitario y frío.

—Ya llegué —dijo Kakashi al entrar y ella se preguntó si había alguien en la casa.

—¿Tienes visita? —Preguntó siguiéndolo.

—No. Vivo solo.

—Ah, es que como has dicho...

Kakashi se quitó la peluca.

—Siempre lo digo, es una vieja costumbre. Incluso cuando voy a salir de casa doy el aviso.

Nashira sintió pena por él, miró a su alrededor y se sorprendió cuando notó lo limpia que estaba la casa. Incluso el piso estaba radiante.

Kakashi caminó hacia la cocina dejando a su asistente en la sala. Nashira se acercó a una repisa donde reposaba una fotografía de quien parecía ser Sakumo Hatake y un Kakashi pequeño. Su corazón casi se derritió cuando la ternura la invadió al ver al Hokage en su etapa de infante.

Estaba todavía admirando el retrato y sintió un cosquilleo extraño en el tobillo, luego algo húmedo la tocó. Volteó inmediatamente hacia abajo y vio a un perro orejón y usando una bandana de shinobi.

—Aww ¡Kakashi, tienes un perrito!

Emocionada se agachó y lo cargó abrazándolo con suavidad, le acarició la cabeza y Kakashi salió de la cocina con dos tazas llenas de té. Ya se había quitado el resto del disfraz aunque había algunas marcas moradas de pintura sobre sus párpados.

—¿Pakkun?

—¡Se llama Pakkun! —Nashira lo abrazó aún más— Hasta le pusiste un trajecito como de ninja, ¡qué bonito!

Kakashi dejó las tazas sobre la mesa de centro y se acercó mientras rodaba los ojos.

—Pakkun —insistió con un tono serio—, no deberías estar aquí. La invocación era para que siguieras a Ibiki.

Pero el perro no contestaba y sólo disfrutaba de las caricias de la mujer.

—¿Quieres que te rasque la panza?

Nashira empezó a hacerle cosquillas y Kakashi se cruzó de brazos mirando con severidad al cachorro.

—¿Eres niño o niña?

Nashira buscó en el cuerpo del canino y éste reaccionó.

—Soy macho.

—¡Ah!

Ante las palabras del perro, Nashira lo soltó y Pakkun salió volando.

—¡Habló! ¡El perro habló!

Kakashi se aguantó la risa.

—¡Tú lo escuchaste también!

—Nashira, Pakkun es un perro ninja.

La ceja de la mujer tembló.

—¿Perro ninja?

Miró al animal que estaba en el suelo.

—¿Los perros ninja hablan?

—Sólo algunos. Pakkun es un poco diferente.

—Soy por mucho, el mejor perro ninja que existe —alardeó—. ¿Quién es ella Kakashi? No sabía que traías a tus novias a tu casa.

Kakashi carraspeó y Nashira se puso roja.

—Es mi asistente.

—Novia y asistente, bien jugado.

—Pakkun, te daré de comer después. Ahora deberías estar con los demás, especialmente buscando ya sabes qué.

—Tranquilo, estoy consciente de mi misión sólo vine a avisarte que seguimos buscando por toda la aldea y aún no tenemos pistas.

—Entiendo.

—Bueno, me retiro. Los dejos solos, un placer conocerla señorita.

Pakkun saltó por la ventana y Kakashi frunció el ceño a darse cuenta de que había olvidado cerrarla.

—Soy un despistado.

—Hay muchas cosas que desconozco de los ninjas —habló con pena—. Debo verme realmente estúpida.

—No te preocupes por eso, es normal que no lo sepas. Toma —le entregó la taza con té.

—Tú de verdad eres un hombre pulcro ¿eh? Había pensado que tu casa estaría sucia y apestaría pero veo que me equivoqué.

—Bueno, mi padre no me crió de esa forma.

Nashira dio un sorbo a su té y se quedó contemplando el líquido humeante.

—Creo que ambos entendemos el dolor de perder a un padre —comentó haciendo que Kakashi le mirara.

—Supongo que así es.

Quería preguntarle acerca del suicidio de Sakumo pero al final desistió creyendo que sería imprudente y de mal gusto remover las heridas en Kakashi.

—¿Me mostrarás también tu habitación? —Bromeó.

—¿Quieres verla?

—¿Eh?

Kakashi se levantó y estiró la mano para que ella la tomara, la mujer creyó que estaba soñando pero sin meditarlo mucho, la aceptó.

Kakashi caminaba por delante suyo en el pasillo y Nashira sólo podía ver su espalda. Se detuvieron y escuchó el ruido de una puerta abriéndose, entonces él encendió la luz y le dio espacio para que entrara.

—Como puedes ver, es una habitación normal.

—¿Dónde escondes el porno?

Kakashi arrugó la frente y Nashira se rió.

—No lo escondo, está sobre el buró.

La sonrisa de Nashira desapareció y en su lugar, Kakashi fue el que empezó a divertirse. Caminó hasta el buró y tomó un libro.

—Te quiero mostrar-

—¡No, no! No hace falta, Kakashi, ya entendí.

—No es lo que piensas, se trata de una novela.

Nashira se destapó los ojos.

—¿Icha icha?

—Uhm... No. Es una novela que compré hace varios meses. Estaba aburrido y necesitaba algo lo más parecido posible a las novelas del maestro Jiraiya y entonces encontré esto.

Kakashi puso frente a él su libro de tapas rojas, en ese instante las pupilas de Nashira se contrajeron y su boca se abrió.

—Do-¿Dónde encontraste eso?

—En una librería. Era la única copia, me pareció interesante así que la compré.

Nashira ni siquiera hablaba, sus ojos seguían sobre el libro.

—¿Nashira?

—No puede ser... ¿Leíste eso?

Kakashi bajó el libro.

—Sí.

—¿Completo?

—...Sí... ¿Por qué? ¿No me digas que también lo has leído?

Nashira negó casi con desesperación.

—¿Quieres leerlo? Es una novela extraña, me gustaron las escenas pasionales pero... Bueno, el final es algo... En fin, no voy a contártelo porque no tendría sentido ¿verdad?

Kakashi le extendió el libro.

—No, no gracias yo... No quiero leer otra cosa que no sea parecido a Icha Icha.

—Pues esto es lo más cercano que hay —aseguró Kakashi—. Sí, la historia es algo cursi al principio pero después se torna interesante. Yo le doy un siete de diez.

Nashira estaba palideciendo y se llevó una mano a la frente.

—¿Te sientes mal?

—De repente me mareé.

Kakashi puso el libro sobre el buró y tomó a su asistente por los hombros para dirigirla hacia la cama, allí la sentó y él se puso a su lado.

—¿Quieres descansar un poco?

—Estoy bien, estoy bien —respiró hondo—. Sólo fue un mareo pero ya se me está pasando.

—Creo que has trabajado mucho estos días, lo siento.

—Kakashi... ¿Y si te beso de una vez para irme a casa?

El hombre concentró su vista en el suelo y se cruzó de brazos.

—¿Hay algo que te molesta de mí? Entiendo que siempre nos molestemos, pero no sé por qué de pronto he sentido que me tienes odio.

—No es eso. Es sólo que vas a casarte y si yo fuera Kazumi, estaría furiosa si mi futuro esposo pasa tanto tiempo cerca de "la asistente" —enfatizó—. Creo que por el bien de una sana relación, es preferible que mantengamos distancias.

—Nashira, dijiste que no hablaríamos de Kazumi.

Ella apretó los labios y volteó lentamente a ver a su jefe. Kakashi ya estaba mirándola.

—Es cierto. Lo lamento.

—Bien, entonces maestra Nashira, soy todo suyo.

Un calor repentino invadió el rostro de la mujer y su corazón latía más fuerte paulatinamente.

—Bueno... Lo primero que debes hacer es... Es —se empezó a poner nerviosa.

—¿Es?

—Tú tomas el rostro de esa persona —movió sus manos temblorosas—, lo tomas y te acercas despacio y luego rozas tu nariz con la de ella... Te-te acercas un poco más y cierras tus ojos para-para sellar tus labios.

Nashira se cubrió el rostro.

—¡No puedo! Me estoy muriendo de vergüenza.

Kakashi se levantó del colchón, apagó la luz y cerró la cortina de la habitación logrando que ésta se oscureciera ligeramente. Luego regresó y se volvió a sentar.

—¿Ahora?

—Kakashi, esto es muy difícil.

—Es el último entrenamiento —dijo y logró que su asistente se descubriera el rostro—. Después de esto, podrás irte si quieres.

Nashira sintió escalofríos y sus ojos vagaron hacia el dichoso buró, vio entonces el libro rojo y lo tomó. Buscó entre sus páginas aquel fragmento que escribió de cómo soñó su primer beso con Keito. Aunque la realidad había sido muy distinta y desabrida, todavía tuvo la imaginación y deseo suficiente para relatar algo que pudo haber sido un momento mágico para toda su vida.

—¿Qué haces?

—Busco algo que nos sirva —su dedo recorrió cada párrafo hasta detenerse—. Aquí, esto es bueno.

Kakashi estiró el cuello para leer.

—Vamos a hacer lo que aquí dice.

—Es el primer beso de la protagonista —dijo Kakashi—. ¿Eso servirá?

—Será tu primer beso así que sí, servirá.

—Bueno.

—Toma, léelo.

Kakashi movió sus manos.

—No, léelo tú.

—Kakashi.

—Nashira, tú eres quien me enseñará así que —le empujó el libro—. Cuento contigo.

Finalmente suspiró y tomó todo el valor que había dentro de ella.

—Bien, aquí voy.

«La delicada doncella descansaba en el regazo de su amado, él la miraba con tanta ternura que provocaba en la joven mujer un sinfín de emociones. Acarició sus mejillas con suavidad pasando sus pulgares por sobre ellas y poco a poco acortó la distancia que impedía que respiraran el mismo aire.

Sus narices chocaron levemente y antes de cerrar los ojos se miraron con ese fuerte deseo de sus corazones. Sus alientos hacían cosquillas en la piel de ambos y poco a poco se dejaron llevar por el momento. Sus labios rozaron tiernamente y entonces sucedió el tan esperado encuentro donde sus labios se unieron en ese mágico beso haciéndolos descubrir que estaban hechos el uno para el otro.»

Nashira tragó saliva y parpadeó para eliminar las lagrimillas que se formaron en sus ojos. Le había costado trabajo volver a pronunciar aquellas palabras que escribió cuando su inocente y lastimado corazón se atrevió a redactar desde una habitación oscura.

Cerró el libro y lo puso sobre el buró, Kakashi estaba como hechizado mirándola y pensando que la manera en que Nashira leyó ese fragmento había sido única. Todos los sentimientos narrados le atravesaron los poros y sintió en carne propia la lectura.

Nashira respiró hondo una vez más antes de ponerse de pie y dirigirse a su jefe para sentarse sobre su regazo. Kakashi estaba poniéndose frío al ser espectador de una interpretación fiel a la lectura. Sintió el peso de su asistente sobre su cuerpo y ambos se miraron sin decirse nada, no sabía si había memorizado el fragmento o estaba actuando bajo sus propios impulsos pero sus manos se levantaron casi sin darse cuenta y empezó a acariciar el rostro de Nashira.

Tacto a tacto veía con detenimiento la forma de sus ojos, su nariz, sus mejillas y sus labios. ¿Estaba bajo alguna especie de embrujo? Por un momento creyó que nada era real.

Nashira se estremecía con cada toque pero no podía ni quería dejar de verlo. Su pecho subía y bajaba de los nervios y sus ojos se cristalizaban por la emoción.

Kakashi lentamente acercó su rostro hasta que sus narices se encontraron, permanecieron acariciándose cuidadosamente como si fueran un par de gatitos. Entonces la calidez de sus respiraciones aumentó golpeándoles el rostro, sus labios como imanes de polos opuestos se reunían poco a poco hasta que el bello tacto se hizo partícipe.

Un suave beso selló en aquel momento los sentimientos de ambos. Sus ojos permanecían cerrados y sólo podían concentrarse en lo que sus bocas experimentaban. Nashira sintió el lunar de Kakashi y sus dedos se enroscaron en el cuello de su camisa; a Kakashi le hizo cosquillas un mechón del cabello de su asistente y tras varios segundos, se separaron sólo unos cuantos centímetros.

Nashira iba a hablar pero se rindió y Kakashi sin dar oportunidades ni espacios, giró sobre el colchón para recostar a su asistente y continuar con lo que dejaron pendiente.

El cálido aliento de Kakashi le estaba recorriendo todo el cuello logrando hacer que su piel se erizara. Con sus fuertes manos acarició la cintura y espalda de Nashira y ella empezó a temblar en el momento que sus labios volvieron a encontrarse.

Tal como aquel sueño que había tenido, y que no podía dejar de recordar, Kakashi estaba haciendo las mismas cosas pero la sensación de un mero sueño a la realidad era asombrosa. Ni siquiera era importante que los besos fueran torpes, no hacía falta un experto en la materia para estremecer su cuerpo de esa forma, lo único que importaba para ella es que se trataba de la persona a quien amaba.

Kakashi se desconocía a sí mismo y una parte de él estaba consciente de que sus acciones estaban rebasando el límite de lo permitido pero no podía dejar de besar a Nashira y ella tampoco parecía resistirse, todo eso le hizo pensar que posiblemente aunque fuera sólo un poco, Nashira le quería como a un hombre.

La última frase del párrafo resonó en sus mentes taladrando y dejando una marca perpetua.

«Entonces sucedió el tan esperado encuentro donde sus labios se unieron en ese mágico beso haciéndolos descubrir que estaban hechos el uno para el otro.»