Capítulo 25.- "Sin salida"
La casa estaba silenciosa y el tiempo alrededor parecía haberse detenido; dos pares de zapatos descansaban en el genkan; dos tazas de té tibio estaban sobre la mesita de centro en la sala y en la habitación, Kakashi y Nashira seguían en lo suyo.
Kakashi nunca había sentido la fuerte necesidad de besar y acariciar a otra persona como lo estaba experimentando en ese momento.
Nashira nunca pensó que fuera posible sentirse tan bien luego de tanto sufrimiento.
En el poco tiempo que llevaban en esa alcoba, Kakashi ya se estaba haciendo experto en el arte de besar y Nashira había perdido todo control de su cuerpo.
Las cosas avanzaban quizás con demasiada prisa y todo era miel sobre hojuelas hasta que el Hokage, dejándose llevar por el placer que le causaban los roces, puso una mano en un lugar prohibido. Nashira abrió los ojos y retomó la fuerza de su voluntad para apartar ligeramente al hombre sobre ella y despegar sus labios.
—Bi-bien genio, tocarme el trasero no era parte del entrenamiento.
Kakashi reaccionó y en un movimiento rápido se enderezó y quedó de rodillas sobre el colchón. Observó a su asistente quien traía el cabello alborotado y la blusa un poco subida a tal grado que podía verle el vientre, ella la bajó enseguida.
—Disculpa, de verdad lo siento.
Nashira también se levantó y Kakashi se hizo a un lado para dejarle espacio. Ambos volvieron a la posición inicial que era estar sentados viendo al suelo.
—Bueno. Creo que ya aprendiste así que me voy.
—Espera.
El pie derecho de la mujer quedó a escasos centímetros de tocar el piso.
—Al menos podrías quedarte a cenar.
—¿Qué?
—Prepararé mi especialidad.
Nashira alzó una ceja.
—¿Sabes cocinar?
—Por supuesto. ¿Cómo crees que he sobrevivido en soledad tanto tiempo?
El hombre se levantó del colchón y encendió la luz de la habitación. Abrió su armario y sacó un pantalón de chándal para estar más cómodo, luego se quitó la camisa; debido a que estaba usando una de resaque debajo de la prenda, sólo sus brazos quedaron expuestos y Nashira observó un peculiar tatuaje en la parte superior del brazo izquierdo de su jefe.
—No sabía que... Tienes tatuajes.
Kakashi volteó y se miró por encima del hombro.
—Ah. Sólo tengo uno.
—No me digas que de adolescente fuiste un rebelde.
Kakashi cerró el armario y se giró con la ropa en el antebrazo derecho.
—Hay un escuadrón especial dentro del mundo ninja, se llaman cazadores ANBU, cada miembro debe hacerse este tatuaje para ser identificado como tal. Yo alguna vez formé parte del equipo por eso es que también poseo esta marca.
Nashira se levantó y caminó hacia él para echarle un vistazo al símbolo con forma de espiral. Sus dedos lo recorrieron cuidadosamente y a su vez pensó que esa marca significaba un rango importante, muy por el contrario a la que ella tenía en su espalda que sólo simbolizaba desprestigio.
—Es bonito —aseguró y apartó su mano—. Te da estilo.
Kakashi no supo qué responder y casi de inmediato recordó algo para abordar.
—Tú también tienes una marca ¿no?
Nashira se sobresaltó y le miró a los ojos.
—¿Cómo sabes eso?
—Cuando estuvimos en aquella cabaña, te dormiste y tu blusa se bajó un poco así que vi el número que tienes en la espalda.
Nashira se sujetó de las manos para evitar el temblor de ellas, tragó saliva y se apartó unos pasos hacia la puerta.
—Bueno, no es un tatuaje después de todo —dijo ella.
—¿Puedo saber qué es? O... ¿Qué significa? Por lo que aprecié, es una marca hecha al rojo vivo... Eso, dolió incluso más que este tatuaje de mi hombro.
Nashira escondió sus manos tras la espalda y sintió cómo tocaron la madera de la puerta.
—No es nada importante, fue un accidente de cuando era niña. Ya sabes, yo como cualquier otro de mi edad era traviesa y... Bueno, pasó esto.
Kakashi iba a volver a hablar pero ella se precipitó para no darle oportunidad de retomar el tema.
—Te dejaré a solas para que te cambies de ropa, así que estaré en la sala.
Kakashi ni siquiera lo volvió a intentar, sólo afirmó con su cabeza y vio cómo su asistente salió de la habitación.
—¿Un accidente? —Pensó— ¿Qué clase de accidente te deja una marca así?
(...)
Nashira estaba sentada en el sillón, con sus manos sosteniendo el peso de su cara y sus codos apoyados sobre el regazo. Cada cosa nueva que descubría de su jefe, era una puñalada para ella porque de alguna forma ambos parecían ser lo contrario. Mientras él era admirado y alabado, ella no experimentó la misma suerte.
—Incluso siendo así de diferentes, nos hemos encontrado en el camino —musitó mientras veía su taza con el té frío—. Definitivamente estoy perdida.
Se llevó un dedo a los labios recordando la caricia de Kakashi y sintiendo ese calor en su cuerpo. Sus dedos del pie tocaron con suavidad la alfombra del piso y entre tanto recuerdo echando a volar su imaginación de lo que pudo ocurrir, el Hokage volvió a la sala con su nuevo cambio de ropa casual haciendo que su asistente despertara de su sueño casi espantada.
—¿Te sientes bien?
—S-sí, yo sólo... Nada. ¿Por qué no te has puesto tu máscara?
—Estoy en mi casa, nadie me verá de todos modos. Tú ya me conoces así que supongo que está bien quedarme de este modo. ¿O te molesta verme el rostro?
—Puedes hacer lo que quieras, y bien ¿qué vas a cocinar?
Kakashi miró hacia un lado como si estuviera analizando el menú.
—Pescado a la plancha —concluyó—. Aunque también le llamo: Pescado estilo Kakashi.
Nashira frunció el ceño y se le quedó mirando así un rato.
—¿Qué?
—No eres bueno inventando nombres.
—Hmm... Pues no, yo no soy como tú, Nanako.
Nashira bufó.
—¿Quieres olvidar eso? Ya te dije por qué lo hice.
—¿Tú verdadero nombre es Nanako?
—No. Mi nombre real es Nashira Kitayaka. ¿El tuyo sí es Kakashi Hatake?
—Para ti soy: Señor Hokage.
—Apuesto a que te mueres porque te diga así sin que haya gente alrededor.
—Apuesto a que estás desesperada por hacerlo.
La mujer rodó los ojos provocando que Kakashi se riera.
—Bueno, iré a la cocina ¿quieres acompañarme?
—¡Oh! ¿El genio Kakashi le permitirá a esta pobre mortal ser espectadora de cómo cocina tan espléndido manjar de los dioses?
—Afirmativo, mi estimada mortal. Ahora, sígueme.
Sin hacer un sólo reproche, Nashira siguió a su jefe hasta la cocina donde le vio colocarse un delantal verde antes de empezar a preparar la cena. Miró sobre el fregadero los dos pescados y en un lado, las especias y demás ingredientes.
Kakashi se lavó las manos y tomó una pieza para abrirla con el cuchillo, inmediatamente hizo otro par de cortes de manera perpendicular. La técnica que empleaba parecía la de todo un experto y ella estaba asombrada observando casi sin parpadear.
Luego les colocó aceite de oliva, sal y algunas especias. Añadió rodajas de limón en el interior y pequeños trozos de cebolla finamente picada.
Kakashi estaba demasiado concentrado en su labor y Nashira seguía mirando cuan niña sorprendida, lo genial que lucía el platillo.
—¿Podrías ayudarme en algo? —Preguntó Kakashi.
—Claro, dime.
—Abre la ventana de la cocina para que se ventile, después la habitación se llenará de humo.
Nashira se dirigió hacia ella y corrió la cortina, luego movió el pestillo y levantó el vidrio. Una corriente fina de aire se metió haciéndola temblar; vio con detenimiento que el cielo estaba empezando a oscurecer, y que posiblemente llovería. El viento había traído consigo un fuerte olor a tierra húmeda.
—¿No habían dicho que el clima estaría bien?
Kakashi miró de reojo.
—¿Lloverá?
—Sí, eso es lo que parece.
—Hmm... Bueno, no tienes de qué preocuparte, puedes quedarte a dormir aquí.
Nashira empezó a toser tras casi atragantarse con su propia saliva. No había considerado la idea de que el Hokage le invitaría a quedarse.
—Esto está saliéndose de control —pensó y miró la espalda de su jefe. Recordar la sensación de sus labios sería lo único que tendría de él—. Maldición Kakashi... Ojalá pudieras quedarte conmigo —continuó hablando en su mente.
Al terminar de cocinar, Kakashi sirvió los pescados y decoró la presentación de modo que lucía como un platillo elaborado por un profesional. Nashira estaba boquiabierta saboreándose la perfecta imagen que proyectaba.
—¡Wow! ¡Kakashi se mira increíble!
Kakashi sonrió y estiró una silla para indicarle que se sentara. Nashira se avergonzó por tal acto pero no despreció su cortesía y tomó asiento; él se posicionó en la silla frente a ella.
—¿Dónde aprendiste a hacer esto?
—Leí varios libros de cocina, creo que esto es lo que mejor sé hacer.
—Bueno, vamos a probar qué tal te quedó.
Con los palillos, Nashira cortó un trozo y lo llevó a su boca para soplarle y después probarlo. Masticó despacio y sus ojos se abrieron admirada del espléndido sabor. Kakashi seguía expectante de su reacción.
—¡Kakashi! ¡Esto está delicioso!
Una inevitable sonrisa se le dibujó en el rostro al Sexto.
—¿Verdad?
—O tal vez sea el hambre.
—¡Nashira! —Reclamó y ella rió.
—Es broma, por supuesto que te ha quedado de maravilla. Tengo que reconocer que eres bueno en la cocina.
Kakashi también empezó a comer.
—Bien, eres un ninja habilidoso y con prestigio, eres el Sexto Hokage, las mujeres te adoran, sabes hacer llover, eres limpio y también eres bueno cocinando... ¿Hay algo que no sepas hacer?
Él se quedó en silencio mientras masticaba y pensaba en algo.
—No sé cómo mostrar mis sentimientos por los demás.
—¿Eh?
—Tú lo sabes, por eso te he pedido ayuda con esto del matrimonio.
Nashira recordó lo que Guy le había comentado. Que Kakashi era incapaz de entender las emociones de otras personas ni de comprender las propias.
—Bueno... Yo ya te he ayudado hasta donde he podido.
—No hablemos de esto, vamos a arruinar el ambiente —dijo Kakashi—. Mejor hablemos de... ¿A ti qué tan bien se te da cocinar?
Nashira escondió su mirada y dio un sorbo a su bebida.
—¿Nashira?
—Soy mala, muy mala cocinando ¿de acuerdo?
—¿Qué? ¿En serio? ¿No hay alguna receta sencilla que sepas preparar? Tu tía Madoka es muy buena con sus platillos.
—Sí, pero yo no soy así. Lo he intentado, pero siempre algo sale mal. Ni siquiera puedo preparar arroz decentemente, creo que los dioses no me bendijeron con ese talento.
Kakashi dio un trago a su vaso y se limpió la boca con la servilleta.
—No te sientas mal, no es como que todos seamos buenos en absolutamente todo.
—Tú bien podrías ser una excepción, ya que hasta donde sé, nada te sale mal. Incluso aprendiste a besar con una sola prác... —Nashira dejó de hablar cuando se dio cuenta de lo que estaba diciendo y Kakashi la miraba esperando que continuara.
—¿Qué? ¿Lo hice bien? ¿De verdad?
Las mejillas de la mujer se sonrojaron y dejó de hablar para terminar de comer, aunque el Hokage seguía inquieto por oír el resto de su discurso.
—Por favor, dime.
—No te creas tanto Kakashi. Tal vez fue un golpe de suerte o yo soy muy poco exigente.
—Pues me da gusto saber que no soy tan malo como esperaba —se cruzó de brazos y movió la cabeza—. Por eso, he decidido que debo seguir practicando.
—Ánimo.
Nashira terminó de comer y se levantó. Tomó sus trastes y los llevó al fregadero, luego volvió por los de Kakashi, él se quedó mirando.
—Ya que me has invitado la cena, lo menos que puedo hacer es lavar los trastes.
Ella le sonrió y se dio la media vuelta para realizar dicha tarea. Por su parte, Kakashi estaba observándole la espalda, se oyó el ruido del grifo y el agua salió.
Algo dentro de Kakashi estaba emocionándose por la escena, sintió que por primera vez su casa no estaba fría ni solitaria. Sintió el calor de un verdadero hogar.
Se puso sobre sus pies y cerró la ventana.
—Nashira —habló mientras veía a través del cristal.
—¿Hmm? —Ella no volteó.
—Voy a tomar un baño. Cuando salga, quiero que todavía estés aquí.
La asistente no se movió y se quedó viendo cómo sus manos se mojaban por el chorro directo de la llave.
—Aún no empieza a llover así que podría llegar a tiempo a casa —fue lo único que dijo.
—No quiero que te vayas.
El corazón de Nashira comenzó a latir velozmente.
—¿Por qué?
—Porque... Bueno —Kakashi se masajeó el cuello—... La verdad es que nunca había tenido visita y de cierta forma... Me siento feliz de que estés aquí.
A Nashira le tembló el labio inferior y lo mordió para detener su movimiento. Continuó enjuagando el plato y contestó lo más serena posible.
—Está bien. Me quedaré.
Kakashi respiró aliviado.
—Gracias.
(...)
Nashira se lavaba los dientes y se limpiaba con un enjuague bucal. Había terminado de bañarse y estaba frente al espejo del baño de su jefe. Estaba fascinada con lo reluciente de cada parte de la casa; y pensaba en lo grandioso que era el Sexto.
—No debería ser así, pero ahora siento más celos de ti Kazumi —masculló viendo sus ojos en el reflejo del espejo—. ¿Qué puedo hacer para ganarme el corazón de Kakashi?
Llevó su mano sobre su hombro y estiró un poco más para alcanzar a tocar la marca en su espalda. La odiaba, era una marca maldita que le había causado sufrimiento no sólo el día que la recibió sino desde ese día en delante.
—Hoy será un sueño —musitó mientras colocaba su mano en la perilla de la puerta—. Mañana volveré a mi realidad y me iré.
Giró el pomo y salió, cerró la puerta a su espalda y caminó por el pasillo. Vio la luz encendida en la habitación de Kakashi y caminó hacia allí, dio dos golpecitos al muro y después oyó su ronca voz.
—¿Terminaste?
Lo encontró sentado sobre la cama con un libro en sus manos, no tardó en darse cuenta que era Icha Icha Tácticas.
—Sí, ya terminé. ¿En dónde dormiré?
Kakashi soltó el libro de un extremo y con su mano golpeó el colchón de su lado izquierdo. A Nashira casi se le paraliza el corazón al ver eso.
—¿Qué? ¿Estás loco? ¿Cómo crees que dormiré a un lado tuyo?
—¿Por qué no? Ya hemos dormido juntos antes.
—Fue porque estabas enfermo.
Kakashi cerró el libro y lo puso en un lado, se levantó y la tomó de los hombros empujándola suavemente hacia su sitio.
—¡Kakashi!
—Nashira, necesito que hagas esto.
—¿Por qué? —Se quejó y Kakashi la sentó sobre la cama.
—Porque es el entrenamiento.
—Ya nos besamos —reclamó.
—Exacto, dormir juntos será pan comido.
Nashira se indignó y vio cómo Kakashi apagaba la luz y sólo se quedaba la lámpara encendida.
—No, tú dijiste que después del beso me podía ir si quería.
—Pero aún no soy bueno.
—Kakashi, no volveré a besarte, además... ¿Pa-para qué demonios tenemos que dormir juntos? Esto no era parte del trato, se llama acoso sexual.
—Se llama ser bondadoso el uno con el otro —corrigió.
—No hagas esto, vas a casarte pronto y...
—Justamente por eso Nashira, porque voy a casarme es que quiero hacer esto.
Nashira frunció el ceño.
—¡¿A caso me estás usando como tu despedida de soltero?!
—Por supuesto que no, estás ayudándome a entrenar para cuando yo tenga que hacer estas cosas con mi esposa.
—Uy sí señor —se puso las manos en las caderas—. Entonces ¿yo soy con la que ensayarás todo lo que le harás a Kazumi? ¿Qué? ¿También quieres que tengamos sexo para el día que tengas que ponerlo en práctica?
Kakashi se quedó callado mirándola. Había pensando en responder algo interesante pero se abstuvo.
—Sólo te estoy pidiendo que te quedes aquí, no haré nada que no quieras que haga.
Nashira dejó su pose defensiva y relajó los hombros, bajó la mirada.
—Tú de verdad eres malo entendiendo los sentimientos de los demás —dijo con tristeza, luego sintió la mano de Kakashi en su mejilla y volvieron a mirarse.
—No sé Nashira, tal vez no debería sentirme así pero...
Ella se quedó quieta escuchando, repentinamente su jefe había cambiado su tono.
—Me gustó besarte.
La cara de la mujer comenzó a arder y sintió que se le escapaba el aire. Aprovechando tal muestra de distracción, Kakashi la estiró y la rodeó con sus brazos apoyando su pecho en la espalda de su asistente. Ella estaba temblando y él lo notó.
—¿Por qué haces esto, Kakashi? ¿Por qué?
—No lo sé. ¿Está mal?
—Sí. Está muy mal.
Permanecieron así un momento, luego Nashira empezó a sentirse más relajada y recostó la espalda en el pecho de él.
—Kakashi...
—¿Hmm?
—¿Por qué decidiste ser ninja?
—Mi padre era un excelente shinobi —explicó con un tono tranquilo—, era muy reconocido. Yo quería ser como él.
—¿Y lo lograste? Quiero decir, claro que lo lograste. Eres el líder de una aldea.
Los brazos de Kakashi apretaron más el cuerpo de Nashira.
—No. Mi padre era más sensato que yo; él entendía los sentimientos de los demás por eso se casó con mamá.
—¿Y tu mamá?
—Ella murió cuando yo era más pequeño, por lo que no puedo recordarla.
Nashira imaginó a un Kakashi creciendo en soledad sin el amor y cariño de una familia. Aunque su padre estuvo allí sus primeros años, el resto de su vida había sido ausencia pura.
—Kakashi...
—Dime.
—¿Crees que cuando te cases con Kazumi... Vas a ser feliz?
Él se tomó su tiempo para responder. Nashira sintió cómo la respiración de su jefe era lenta y el calor que desprendía su cuerpo era todo lo que le bastaba en ese momento.
—Creo que estoy confundido.
—¿Confundido?
—Kazumi es una buena mujer, es amable, inteligente y bondadosa... Pero, no creo ser capaz de complementar lo que ella es. Quiero decir, sé que sería una buena esposa pero yo no soy un hombre amoroso.
Nashira prestó atención a la escena que en esos momentos se vivía, él la "obligó" a quedarse, le preparó la cena y la tenía rodeada por sus brazos mientras estaban sentados sobre el colchón de su cama mirando hacia la pared, ambientado con la luz de la lámpara y la tranquilidad de la noche.
Si eso no era ser amoroso ¿entonces qué era?
Carraspeó y se acomodó sobre la cama para estar un poco más a la altura de su jefe. Lo sabía, ella no se quedaría con él y no había manera de que sucediera. Ni siquiera entendía lo que Kakashi sentía por ella, pero estaba convencida de algo, y eso era su amor por él. El cariño que alguna vez sintió por Keito no se comparaba a lo que experimentaba con el hombre de cabellos plateados, él era alguien imponente, supremo y sencillo. Su mundo se puso de cabeza de un modo repentino y cuando menos se había dado cuenta ya tenía sentimientos por él.
Kakashi sería su único y último gran amor y ella aprovecharía esa noche porque tenía el presentimiento de que no habría más, nunca jamás.
—Sai me dijo que quieres que vaya a trabajar a la Academia Ninja.
—Es cierto. Estuve hablando con el nuevo director y creo que sería bueno para ti estar allí.
—Sí, sería lo mejor. Sólo me quedaré poco tiempo.
—¿Piensas irte de Konoha?
Ella asintió.
—¿Por qué?
—Tal vez porque no hay un sólo lugar que conozca donde quiera quedarme por siempre.
Pero mentía, porque en ese momento lo único en que podía pensar era que quería quedarse en la casa de Kakashi para siempre, mientras él también estuviera allí.
—A partir del lunes puedes empezar. Te llevaré personalmente para que conozcas a Iruka, él es el director.
—Te lo agradezco. Bueno, vamos a dormir.
Kakashi apagó la luz y ambos se acostaron boca arriba, se cubrieron con una manta acolchada y se quedaron callados oyendo cómo el viento se intensificaba por lo que parecía que llovería pronto.
—Si truena, puedes abrazarme —ofreció Kakashi.
—¿Puedo abrazarte aunque no suceda?
Los dedos de Nashira apretaron el borde de la cobija por la pena de su interrogante, Kakashi ni siquiera le contestó, sólo le pasó un brazo por debajo de la cabeza indicándole que estaba bien hacerlo.
—No volveremos a vernos como antes —dijo ella—. Ahora estaremos trabajando en distintos lugares.
—Es verdad. ¿Vas a extrañarme? —Se rió esperando que ella dijera algo para molestarlo.
—Sí.
Kakashi dejó de reírse. Comparó la sensación del abrazo de Kazumi con el tacto de su asistente, entendió por primera vez que le resultaba más cómodo estar cerca de la mujer de cabellos azules y flexionó su brazo para acurrucarla a su cuerpo.
—¿Qué haces?
—Es para que no tengas frío.
Nashira levantó la cara y aunque no podía ver del todo el rostro de su jefe, sentía su respiración pegándole en la frente.
—Kakashi.
—¿Sí?
—Todo lo que ha pasado, lo que está sucediendo y lo que resulte... Olvidémoslo mañana.
—¿A qué te refieres?
Nashira pasó una mano por el pecho de Kakashi y se puso de lado, él se estremeció.
—Somos jefe-empleada ¿lo recuerdas? No deberíamos estar así.
—No deberíamos —contestó él—. Tienes razón Nashira.
—Dime maestra Nashira.
Kakashi rió.
—¿Y a qué viene eso tan de pronto?
—Yo soy quien te está enseñando ¿no? Por eso estoy aquí.
—Pero hace rato dijiste que el alumno había superado al maestro.
—No dije tal cosa. Dije que aprendías rápido, pero aún no me has superado.
Kakashi puso su mano libre sobre la de su asistente y atrapó sus dedos.
—¿Hay algo más que me debas enseñar antes de que amanezca?
El calor que les invadía los hizo decir cosas que jamás hubiesen dicho en una situación normal, y ambos lo sabían.
—Señor Hokage —susurró y a Kakashi se le puso la piel como carne de gallina—, pido su autorización.
—Pa-para ¿qué? —Kakashi tragó saliva y sintió cómo la nariz de su asistente le hacía cosquillas tras la oreja.
—Para besarlo.
Kakashi cerró los ojos sintiéndose culpable por lo que su cuerpo estaba manifestando. Ese calor insoportable que le corría de pies a cabeza y sus deseos de hacer cosas prohibidas, tuvo que poner mucho esfuerzo para no caer en la tentación.
—Tiene usted mi permiso —dijo en un susurro.
Nashira se arrastró un poco más hacia arriba y buscó sus labios, lo cuales le esperaban con impaciencia. Tras haber roto la barrera del contacto en aquella tarde, esa noche resultaron más fáciles las muestras de afecto entre ambos.
—Sólo una cosa —pidió ella entre besos.
—¿Qué? —Apenas pudo contestar Kakashi.
—No me toques partes indebidas o me detendré.
—De acuerdo.
Aunque la tensión sexual era fuerte, ambos supieron mantenerse lejos de llegar a la siguiente fase. Para Nashira era un momento mágico, que aunque la hacía sumamente feliz, también le recordaba que el costo por esa noche de besos sería tan trágico y cruel, incluso más doloroso que lo vivido en su juventud.
Para Kakashi, no era el simple entrenamiento del que habló y habló para convencerse. Era la prueba definitiva que tanto buscó para saber si estaba en lo correcto; Nashira era una mujer maravillosa y ni Kazumi podría reemplazarla.
(...)
El día llegó, estaba nublado todavía y las calles llenas de charcos pues la noche anterior llovió muy fuerte. Kakashi vio la claridad a través de la cortina y sintió la respiración de la mujer que descansaba en sus brazos.
La observó quieta mientras dormía y llevó un mechó de su cabello tras la oreja. Aturdido de sus pensamientos, sintió ese temor que quería evitar aunque era demasiado tarde.
Su pulgar acarició la mejilla de Nashira y la recordó en el primer día que se conocieron. Seguía pensando que si no hubiese ido a ese mercado en esos momentos ella no estaría en la misma habitación que él y le resultó paradójico cómo el destino cruel le había jugado esa sucia broma. Ella le ayudaría a entender a las mujeres pero él ahora sólo quería entenderla a ella. Nashira sería su guía para escoger a la mejor esposa y él, él quería que fuera ella.
Abrumado por sus sentimientos y lo catastrófico que era haberse dado cuenta tan tarde, pensaba una y otra vez qué pasaría si renunciaba a todo. ¿Qué pasaría si Nashira también lo quisiera a él?
Pero él conocía poco de la vida de su asistente, ella le contó de su amor fallido y lo mucho que sufrió por ese engaño. Él no sería por mucho diferente a Keito si también terminaba lastimándola.
«Siempre, por alguna razón termino hiriendo a los que me aman. No quiero ser un monstruo para ti, no me lo perdonaría nunca.»
Aprovechando su inconsciencia, Kakashi abrazó a Nashira y apoyó su cara en la cabeza de ésta oliendo el perfume del shampoo de su baño.
Debatiéndose en qué debería hacer, si decirle o no de sus sentimientos, pensó en las diversas posibilidades y cerró los ojos al caer en la cuenta de que no había una salida.
«No hay manera de que estemos juntos.»
Su mano acarició la espalda de la mujer y en ese último tacto, se despidió del único momento a solas que tendría con ella en sus brazos. Resignado a vivir con el secreto por lo que le quedaba de vida.
La despedida en la puerta fue silenciosa y ya no podían verse como antes, no podría ser igual nunca jamás.
Nashira alzó la vista titubeante para ver a Kakashi y trató de sonreír para él, hizo una reverencia y Kakashi se le quedó mirando.
—Gracias por todo hasta ahora —dijo él haciendo que ella se enderezara.
—Lo mismo digo.
—El lunes, te esperaré a la misma hora y después iremos a la Academia.
Ella asintió.
—Sobre lo que pasó anoche...
—Podemos olvidarlo —expresó Nashira—. No tiene caso retener esa información.
Kakashi se rascó la sien.
—Bien.
—Hasta el lunes Kakashi —ella alzó su mano—. Nos vemos.
No pudo decir nada más, simplemente se dio la media vuelta para marcharse y Kakashi se quedó con ganas de ir tras ella.
(...)
Cada paso lejos de allí era doloroso, y Nashira estaba poniendo todas sus fuerzas en no mirar atrás. La noche anterior había sido tan feliz, pero la felicidad y ella no eran cosas que pudieran estar relacionadas; siempre que le pasaba algo bueno, rápidamente ocurría algo malo.
Se detuvo cuando la casa de Kakashi estuvo lo suficientemente distante, y aunque no miró en dirección a ésta, se quedó observando el cielo gris.
Sus ojos estaban cristalizados y el frío de la mañana era todavía más helado que cualquier otro día.
—Te quiero, Kakashi —dijo en voz baja con profundo sufrimiento—. ¿Por qué?
Se limpió los ojos y entonces vio a lo lejos a una pareja que caminaba. No tardó en darse cuenta que se trataba de Keito y su esposa; iban platicando de algo y el niño que corría jugando a brincar sobre los charcos, era el hijo menor de ambos.
Nashira se abrazó a sí misma, descubriendo que de lo que alguna vez que sintió por ese hombre, no quedaba nada. La única sensación existente al verle a él y a su mujer, era quizás rencor por el dolor que vivió y la amargura de sus días de juventud.
Si de algo estaba segura, era que aunque Kakashi no se quedaría con ella, podría recordarle con cariño cuando de anciana se sentara a ver el cielo.
Sonrió amargamente y sintió ese nudo en su garganta. Salió del trance emocional en que se encontraba cuando oyó la voz del niño.
—¡Señorita! ¡Señorita!
Ella volteó y notó que el pequeño le saludaba muy animado agitando sus manos en el aire, ante el asombro y el temor de ver que Keito y su esposa estaban a punto de mirar hacia ella, se cubrió el rostro con el bolso y salió corriendo lejos de allí.
El niño se detuvo cuando la vio huir, en su inocente pensamiento, creyó que posiblemente Nashira no lo reconoció.
(...)
Había sido el fin de semana más largo que Kakashi jamás llegó a sentir. Parado frente al cubículo donde Nashira trabajaba, seguía a la espera de que ella llegara. Los demás empleados se preguntaban por qué el Hokage había estado tan callado y con una expresión de duelo.
Oyó el sonido de las puertas automáticas y miró atrás, vio que Nashira entraba muy sutilmente queriendo esconder el rostro de todos como si hubiese cometido un crimen.
Ella finalmente se acercó y se quedaron mirando el uno al otro sin decirse nada hasta que Kakashi comenzó a hablar.
—¿Estás lista?
—Supongo.
Kakashi miró a Sai y a Shikamaru que estaban a lo lejos y les hizo una señal para que se aproximaran. Ellos obedecieron y se acercaron a ambos.
—Señor Hokage —dijo Shikamaru.
—A partir de hoy, Nashira estará trabajando en la Academia Ninja —les explicó—. Así se ha decidido.
Ella tímidamente extendió su mano para despedirse de los shinobis.
—Fue un gusto poder trabajar estos meses con todos ustedes.
Sai estrechó su mano.
—Lo mismo digo.
—Nos ayudaste mucho —habló Shikamaru—, gracias. Vamos a extrañarte.
—Bueno, la llevaré con Iruka —Kakashi caminó—. Vamos Nashira.
Nashira se despidió por última vez haciendo una reverencia. Sai y Shikamaru les observaron cuando se retiraron del edificio, y detrás del barandal de la escalera, Koharu también.
Kakashi hubiera deseado que el camino fuera más largo, pero en esa ocasión sintió que fue más corto de lo habitual a pesar de que no apresuró sus pasos.
No hablaron entre ellos, dejaron que los sonidos de la calle hicieran lo propio y las pisadas de sus zapatos ambientaran la caminata.
El gran edificio estaba frente a ellos, entraron y Kakashi la dirigió hasta la oficina del principal. Tocó la puerta y oyó la voz de Iruka desde el interior, Kakashi giró el pomo y asomó la cabeza.
—Señor director...
—Sexto, qué bueno verte.
—Vine a dejar a su nueva asistente.
Tras esa frase, Kakashi se hizo a la idea de que en efecto, Nashira pasaría de ser su asistente a ser la de Iruka. La sonrisa en sus labios se borró, aunque nadie pudo darse cuenta de ello debido a la máscara.
—Déjame conocerla.
Nashira entró a la oficina y saludó con cortesía.
—Buenos días señor, soy Nashira Kitayaka.
Iruka se acercó a estrechar su mano.
—Iruka Umino. Es un placer poder conocerte, Kakashi me habló mucho de ti.
Kakashi se avergonzó y movió su cabeza en negación sin que Nashira lo viera, Iruka rió al mirarlo.
—Espero que te sientas cómoda aquí.
—Gracias.
—Nashira, Iruka es el director de esta academia, él está a cargo de todos los alumnos de la institución. También es un shinobi, es muy reconocido por sus buenas enseñanzas.
Iruka se apenó y rió.
—Qué amable —contestó—. Aunque trabajar directamente con el Sexto Hokage debió ser asombroso, aquí no tendrás tantas tareas por hacer. Pero aún así, es un trabajo importante y contamos contigo.
Nashira hizo una reverencia.
—Daré lo mejor de mí.
Kakashi e Iruka conectaron miradas, el castaño asintió y Nashira no comprendió qué tanto se dijeron con ese gesto.
—Será bueno que ustedes dos se despidan.
Nashira se sonrojó y caminó fuera de la dirección con el Hokage, avanzaron por el pasillo y se pararon. Kakashi no sabía exactamente qué debía decir, estuvo inquieto moviendo su pie.
—Es hora de que vuelva a la Torre.
Ella entrelazó sus manos frente a su vientre.
—Sí, tienes mucho trabajo por hacer.
—Gracias por... Tus consejos. He aprendido gracias a ti.
—Lo mismo digo. Antes odiaba a los ninjas, debido a que estuve cerca de tantos comprendí cosas que en mi vida creí poder experimentar.
—Nashira... Si alguna vez quieres, puedes ir a la Torre y visitarme.
Nashira sonrió apenada.
—Los demás verían mal que yo vaya a verte. Tomando en cuenta que ahora eres un hombre comprometido y tu futura esposa está tan cerca.
Kakashi se metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó una pulsera tejida de color azul con dos cuentas rojas y un par de plumillas blancas de ave. Tomó la mano de Nashira y se la colocó, ella se quedó pasmada observando.
—¿Y esto?
—Es un obsequio.
—¿Por qué?
Kakashi terminó de poner la pulsera y retiró su mano.
—Por agradecimiento.
Nashira se miró la muñeca y apreció los detalles del objeto.
—No tengo nada para darte —expresó avergonzada.
—De hecho, ya me has dado demasiado. Por favor, consérvala.
Ella quiso abrazarlo por última vez pero en esos momentos dejaban de ser jefe - empleada, terminaban la única relación que los mantenía cerca y poco a poco cada quien tomaba su camino.
—Gracias... Señor Hokage.
Kakashi rió por lo bajo, más amargamente que contento.
—Por alguna razón, esa expresión ahora es penosa.
—Es así como debo llamarte ahora.
Kakashi puso su mano sobre la cabeza de la mujer.
—Cuídate.
Nashira lo miró a sus ojos negros y brillantes.
—También tú.
Sin más palabras qué decirse, Kakashi apartó su mano y giró los talones para retirarse. Nashira sintió que el corazón se le partiría en mil pedazos, y respiró resignada a un hecho que tarde o temprano sucedería.
«Las cosas buenas duran tan poco, y uno las empieza a disfrutar hasta que están por llegar a su final»
La figura de Kakashi desapareció cuando dobló por el pasillo a la derecha. Iruka observó desde la ventana de su oficina, cómo su nueva asistente permanecía viendo hacia un sitio donde ya no había nada ni nadie.
—Kakashi —pensó—... Estoy seguro que ésta ha sido una decisión difícil para ti.
