Hace mucho, mucho tiempo, en la época del mito, en un lugar muy, muy lejano, existía un vasto, poderoso y hermoso reino, era llamado el reino blanco y su territorio se extendía más allá del horizonte, sus habitantes vivían en armonía y así había sido por varios siglos; era regido por una hermosa reina, de largo cabello negro tez blanca y hermosos ojos negros como la noche más oscura, la conocían como la reina negra, valiente e inteligente, gobernó a sus súbditos con la misma fuerza y sabiduría que sus antepasados; a su lado el rey fuerte y sagaz juro proteger con la vida misma a su reina y todo el reino de todo mal que se levantara sobre ellos.
Pasaron muchas lunas antes de que la reina tuviera descendencia, una hermosa niña idéntica a su madre pero con los mismos ojos verdes enigmáticos de su padre.
Su vida era bendecida por los dioses, quienes no permitieron que nada pasara por diez años más; pero un terrible mal se estaba formando en las entrañas de la tierra.
El dios miroku, cansado de ver la forma de vivir en el reino blanco de los humanos, su decidió hacer alarde de su gran poder destructivo, con ayuda de sus poderes se aprovecho e la codicia y envidia de los líderes de los reinos vecinos y los incitó a que iniciaran una guerra contra el reino más poderoso de todos, unidos por un solo objetivo, iniciaron un ataque sin cuartel contra el reino blanco; la reina, agobiada por la matanza de su pueblo y sus caballeros pidió ayuda a los dioses, sin embargo estos jamás respondieron, estaba escrito que ellos jamás podrían intervenir en el destino de los humanos; suplico y suplico pero fue en vano. Cuando parecía que todo se había perdido, un dios respondió a sus llamados, miroku, el dios oscuro, quien a cambio de brindarle un puente para habitar en el mundo terrenal, le otorgaría el mando de su ejército inmortal, un poderoso regimiento que no tenia enemigo alguno; a pesar de sus dudas, el afecto que la reina tenia por su pueblo y la desesperación que sentía en ese momento al no poder hacer algo, aceptó la proposición de dios miroku y sello el pacto con su propia sangre, brindándole un puente entre el mundo terrenal y el mundo místico.
De lo más profundo de la misma tierra, diferentes tipos de bestias comenzaron a emerger alrededor del castillo y con un simple movimiento de su mano, la reina ordeno a sus nuevas tropas embestir al enemigo; uno a uno los hostiles comenzaron a caer en manos de estos seres evitando en ese momento su inminente extinción.
Esa es una antigua leyenda abuela, muy antigua, porque me la estas contando, pensé que tenias algo importante que decirme –
- Tan impaciente como siempre mi niña, en efecto es una muy antigua leyenda, pero solo conoces esa parte de la misma –
- ¿A qué te refieres? –
- La segunda parte de la leyenda –
- ¿Eh? –
Era el amanecer del tercer día del levantamiento cuando todo hostil había perecido.
A pesar del alivio en esos instantes, lo peor estaba por ocurrir. En el sétimo día después de haber terminado la guerra, los seres que habían emergido de la tierra se rebelaron contra las órdenes de su nuevo maestro y comenzaron a atacar al propio reino blanco.
La misma reina vio amenazada su vida y la de sus seres queridos, el rey intento detener a las bestias pero fue inútil, fue abatido dentro del castillo frente a los ojos de su reina y su hija. Cuando una de las bestias estaba a punto de liquidar a sus presas, una gran flama roja lo golpeo en un costado, mandándolo volando fuera del salón del trono, segundos después, un gran remolino de fuego se formó frente a la reina negra, revelando a un enorme dragón blanco con alas que expulsaban fuego, seis ojos a cada lado de su cabeza y atravesando su hocico una enorme espada de oro.
- "Mujer, ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué aceptaste que el ejercito negro pisara estas tierras?" –
- ¡Kagutsuchi, mi pueblo estaba siendo aniquilado, mi ejercito sucumbía ante su ataque, suplique a los dioses por su intervención pero no obtuve respuesta, miroku fue el único que acudió a mi llamado y aunque sabía lo mentiroso y manipulador que era y sus riesgosos tratos, no podía permitir que se derramara más sangre, juré proteger estas tierras de cualquier mal –
Los dioses se habían dado cuenta demasiado tarde de las acciones de su igual, rompió el pacto entre humanos y dioses y en consecuencia las deidades abandonarían la tierra por mil años.
- Fuiste débil y descuidada, vivirás con las consecuencias, ahora que hiciste un pacto de sangre con él, nada impedirá que camine entre ustedes y destruya todo a su paso –
La reina no podía creer lo fácil que la había engañado y ahora su pueblo amado estaba por desaparecer.
- Debe existir una forma de detenerlo -
- Solo hay una forma de detenerlo y es rompiendo el puente que has formado con él, ¿sabes lo que significa? –
- Que tengo que terminar con esta vida terrenal -
La pequeña niña que se escondía tras su espalda, se aferro fuertemente al vestido de su madre, al escuchar esas palabras.
- ¿Qué pasara con las bestias? –
- El ejercito regresara a dormir a las profundidades de la tierra –
- Eso no evitaría que la historia se repitiera, aquí o en cualquier otro lugar –
El dragón no respondió a dicha afirmación y un silencio incomodo se sitúo a su alrededor; se podían escuchar los gritos de las mujeres y niños que suplicaban por sus vidas, lo que estrujaba mas el corazón de la reina.
- Yo inicie esto y solo yo puedo detenerlo – la reina se volteo hacia su hija y se arrodillo frente a ella – escucha Odette, a partir de ahora tendrás que seguir tu camino sola, tengo que responsabilizarme de mis acciones y no podre seguir contigo, tendrás que ser fuerte de ahora en adelante –
- ¡Pero mami! –
- ¡Escúchame bien! Tendrás que cumplir con mi mandato de proteger el reino, pase lo que pase – con lagrimas en los ojos, la reina trataba de hacer entender a su pequeña de diez años de la responsabilidad que estaba a punto de llevar sobre sus hombros – prométemelo, prométeme que cumplirás con este cometido, prométemelo –
- Lo prometo - la reina se abrazó de su hija fuertemente por última vez antes de pedir al dios del fuego que la ayudara.
Alejo a su pequeña del sitio, resguardándola tras una columna de piedra, le dio un beso en la frente y se retiro. Una vez frente al kagutsuchi dijo unas palabras y el dragón escupió una gran flama que la cubrió, formando una columna de fuego que destruyó el techo del salón, inmediatamente todas las bestias comenzaron a aullar de dolor y desvanecerse en aire formando una enorme nube de polvo negro sobre el castillo, se precipitó sobre la flama que había expulsado el dragón, introduciéndose en el cuerpo de la reina, entonces su cuerpo se lleno de marcas negras en forma de grecas y símbolos de un lenguaje antiguo y una luz brillante comenzó a emanar de su pecho hasta cubrirla por completo, la luz se disparó hacia el cielo, cegando a todo aquel que estuviera cerca; segundos después la luz se disipó y la llama se apago, dejando solo una pequeña llama que se solidificó en una simple perla negra.
La pequeña que se encontraba escondida se acerco a la joya y la tomo entre sus manos, levanto su mirada hacia el dios y ante el prometió proteger esa gema de cualquier mal que osara obtener su poder hasta su regreso. El dios dragón satisfecho con la voluntad de la niña, levanto sus alas como flamas y se elevó por los cielos perdiéndose en el horizonte.
El sol casi se ponía cuando, abrumada por la destrucción que observaba alrededor del castillo, la niña decidió encerrarse tras sus puertas e iniciar una vida de reclusión protegiendo la gema negra que su madre había dejado; con el poder de kagutsuchi, utilizo su cuerpo para crear una prisión para el ejército negro y su comandante miroku.
Pocos fueron los sobrevivientes de tan devastadores acontecimientos y pocos fueron los que decidieron permanecer al lado de la princesa Odette, hija de la reina negra, ahora protectora de la perla negra.
Durante los siguientes siglos el lugar fue conocido como el reino maldito, y ningún hombre cuerdo se atrevía a pisar esas tierras.
Y así fue como se originó la leyenda de la princesa fantasma, nadie la había visto pero suponían que se encontraba en las ruinas del castillo, custodiando la perla negra aun después de su muerte –
- ¿De dónde sacaste todos esos disparates anciana? Jamás había escuchado dicha leyenda –
- El hecho de que no la hayas escuchado no significa que no exista –
- Ok anciana, creeré en tus cuentos de hadas locos, ahora dime porque estamos encerradas en este salón solas tu y yo – comento la viajera mientras miraba por el ventanal de la habitación hacia uno de los hermosos jardines que rodeaba la residencia.
- No eres nada divertida niña, podrás tener más años que yo, pero no has aprendido nada –
- Tal vez sea de lento aprendizaje y soy por lejos mucho mayor que tu. Ahora sabes que no me gustan los rodeos, dime lo que me ibas a decir desde hace dos horas –
La anciana dio un suspiro largo y se acomodó en su lugar.
- Estoy muriendo Natsuki y quiero pedirte un último favor –
Cuando escucho esas palabras, la sangre se le heló, y no es porque no conociera el término muerte, de hecho había visto morir un gran número de conocidos ante sus ojos, pero en ninguna ocasión se había encariñado tanto con una persona o mejor dicho, romper las barreras que había construido e ubicarse en un rincón de su corazón. Esa anciana se había convertido en una figura cariñosa y comprensiva que le enseño grandes cosas que jamás había pensado en conocer, como el amor por la vida, comprensión y la alegría, entre muchas otras.
- ¿Qué estás diciendo anciana? – preguntó Natsuki con una risilla nerviosa - no puedes estar muriendo, tus ojos aun los veo llenos de vida -
- Tal vez mi espíritu aun no ha perdido el brillo, pero no puedo decir lo mismo de mi cuerpo, ya cumplido su cometido, tuve una vida plena, vi crecer a mis hijos y nietas y pude conocerte al fin, ya estoy lista para partir -
- ¡tonterías Naomi!, solo estas abrumada por la edad, dirigir un imperio tampoco es algo fácil –
- No son tonterías mi querida niña, mi cuerpo está muy enfermo y quiero pedirte un favor antes de que sea muy tarde –
- Estoy segura que con los avances médicos te podrán ayudar, no hay motivo para que te des por vencida –
- Aun si es así, necesito pedirte este favor –
- Está bien Naomi, tu familia ha cuidado muy bien del nombre de mi familia que sería una falta de respeto negarme –
- Quiero que cuides de mis nietas, Anh y Shizuru –
Afuera de la habitación, unos oídos estaban pegados a la puerta de madera tratando de escuchar la conversación que se sostenía en el interior de la habitación, pero el grosor de la puerta les hacia la misión casi imposible.
- ¿acaso tengo cara de niñera o algo por el estilo? – pregunto Natsuki con una risa burlona.
- Temo por su seguridad, yo ya no puedo hacerlo y tu eres la única persona en quien podría confiar en estos momentos - Natsuki le dedico una mirada de confusión al no entender lo que Naomi quería decirle
- Aunque quisiera cumplir con tu deseo, sabes que no puedo quedarme mucho tiempo –
- No puedes o no quieres. Creo que es tiempo de que te enfrentes a tu destino y vivas una vida que se te negó hace mucho tiempo, mereces ser feliz aunque será una vez –
Natsuki escucho un pequeño ruido y se dirigió hacia la puerta y se coloco a un lado, dándole la espalda a la anciana – además, creo que hay quienes a parte de mi están felices por tu regreso – la joven abrió la puerta de madera de sorpresa, dejando caer a los espías que se encontraban recargadas en ella, primero cayo Nina y encima de ella Anh y Shizuru; esta ultima levantó la mirada hacia Natsuki quien le respondió con una mirada confusa y por unos segundo logro ver el sufrimiento, dolor, angustia y una pizca de esperanza que se escondían en esas esmeraldas, incluso su brillo se veía opacado por esas emociones.
Pasados un par de minutos, Natsuki se decidió a hablar – esta bien abuela, cumpliré tu deseo, pero solo hasta que recuperes tu salud, después me iré –
