Capitulo 5 – DÍA UNO
La pequeña niña comienza abrir los ojos, han pasado dos días desde que fue llevada al castillo y es la primera vez que despierta después de un largo sueño. Está confundida, no reconoce el lugar, es una habitación grande, los muros son de piedra y varias vigas de madera ayudan a sostener el techo a varios metros sobre ella; hay hermosos muebles de madera alrededor de ella y un hermoso tocador con un gran espejo sobre él; hay varios cuadros colgados de las paredes. La luz de las velas en los candelabros da una buena iluminación a la habitación.
La niña trata de levantarse y se da cuenta que se encuentra en una enorme cama con sabanas de seda blancas, al final de la cama se encuentra un diván de madera tapizado en color blanco con detalles en color oro y plata, en la cabecera se encuentran unas cortinas a juego que se elevan un par de metros de la cama y caen sutilmente a los sus costados.
La niña trata de recordar cómo fue que llego a tal lugar, tal vez fue raptada en el camino, alguien la vendería como esclava al mejor postor o siendo un poco más optimista, alguien se apiado de su miseria; pero tales lujos no podrían ser de cualquier plebeyo, solo la realeza y familias adineradas podrían atreverse a tales beneficios.
Frente a ella se encuentra una enorme puerta doble de madera, con exquisitos grabados de plantas y flores en su marco y unas siluetas de animales en el centro. Por más que lo intentaba no podía distinguir a que animal hacía referencia.
De pronto la puerta se abre de par en par por dos custodios a cada lado del vano, una joven mujer hace su aparición, lleva puesto un vestido largo color perla que cubre todo su cuerpo, trae el cabello sujeto por una trenza dejando solo su flequillo al frente y sobre su cabeza una pieza de la misma tela y un velo que cubre el resto de su cabello. Trae consigo una bandeja blanca y algunas toallas y coloca todo sobre el tocador; al darse la vuelta se da cuenta que un par de ojos verdes la observan con curiosidad y temor.
- ¡Niña, ya has despertado, nos tenias muy preocupadas! – se acerco a la orilla de la cama para tratar de tocar la frente de la infante, pero esta se alejo inmediatamente, buscando refugio en lo profundo de la cabecera – no tengas miedo, no te haré daño, solo quiero saber si tu fiebre ya ha cedido –
La mujer intenta de nuevo acercarse pero la niña vuelve alejarse, quedando ahora en el otro extremo de la cama. La mujer se dirige al otro extremo pero antes de que alcance a llegar, la niña se ha bajado de la cama y se ha resguardado tras una mesa que se encontraba a un costado de la cama; la joven mujer se detiene a medio camino tratando de adivinar por donde intentara escapar esta vez.
- Por favor mi niña, no te hare daño, solo quiero ayudar –
- ¿Dónde están mis ropas, que quieren hacer conmigo? – la pequeña solo estaba usando un camisón blanco que le llegaba por encima de las rodillas.
- Tranquila, no te haremos nada… -
- ¡¿haremos?, ¿Cuántos son?, déjenme ir, quiero irme a mi casa! –
La mujer hizo un intento de acercarse por su lado derecho pero tropezó con las patas de una silla y cayó sobre la alfombra; al ver esta oportunidad, la niña salió corriendo en dirección de la puerta, esta se abrió de sorpresa y los dos guardias entraron confundidos por la conmoción; al ver a la niña corriendo hacia ellos, uno de los guardias se puso frente a su camino, bloqueándole el paso, la niña resbalo al tratar de evitar el choque con el nuevo intruso y cayó de espaldas; el segundo guardia raudo y veloz tomo a la niña de un brazo y la levanto, está tratando de liberarse de su agarre comenzó a jalonear y patalear pero el guardia la sujeto por la espalda con ambos brazos y la levantó del piso, mientras que el otro trataba de sujetar sus piernas para inmovilizarla un poco más.
En ese momento llega con premura la mujer que había abogado pos su cuidado ante el capitán de su guardia.
- ¡¿Qué está pasando aquí?! - preguntó con notable molestia en su voz - ¡bájenla inmediatamente! - los soldados obedecieron y se retiraron de la habitación, no sin antes recibir unos pequeños golpes en las piernas por parte de la infante.
- Discúlpeme Miladi, fue mi culpa, asusté ala niña con mi abrupta entrada - se apresuró a decir la joven mujer al acercarse y colocarse a su lado izquierdo con la cabeza inclinada.
- No tienes por qué disculparte Akane, entiendo la situación - la mujer se acercó a la niña y trato de tocarle el rostro con su mano derecha - tranquila pequeña, no te haré daño, ¡ouch! - la infante mordió la gentil mano que se acerco de forma instintiva y retrocedió a esconderse en un rincón de la habitación, buscando desesperadamente alguna puerta, pasaje u objeto que pudiera usar en su defensa.
- ¡Como te atreves pequeño monstruo a tratar así a la princesa! - la mujer de nombre Akane se abalanzó contra la pequeña pero fue detenida inmediatamente por la mano adolorida de la princesa - está bien Akane, está asustada, fue una reacción normal -
La niña se encontraba en un estado muy agitado, el rápido movimiento de su pecho se notaba con facilidad y su respiración era audible; la princesa volvió a acercarse, esta vez la niña no tenía a donde escapar, solo podía esperar lo peor o atacar a la mujer como pudiera, pero corría el riesgo de ser atacada a su vez por los soldados.
- ¡solo quiero irme a casa!, ¡quiero a mi mamá! -
Al escuchar esas palabras, la princesa se detuvo en seco y un dolor punzante comenzó a sentir en su pecho. Unos segundos después prosiguió con su andar.
- Esta bien, te llevaré con tu madre, pero primero debemos hacernos cargo de tus heridas y de llenar ese estomago, has estado inconsciente por dos días, debes tener hambre -
- ¡no tengo hambre, quiero a mi mami! - las lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos mientras iba deslizándose hacia el suelo, abrazándose a sí misma, como tratando de aliviar el miedo que tenia; de pronto un se escucha un ruido proveniente del estomago de la niña, provocando una pequeña sonrisa en la princesa.
A pesar del dolor que sentía en ese momento, la princesa decidió hablar - está bien, te llevaré con tu mami, pero tienes que decirme donde está y yo personalmente te llevaré con ella -
- ¿En serio? - la niña levanto su mirada y los fijó con la persona que estaba frente a ella, se podía ver el brillo que se había encendido al escuchar dichas palabras.
- En serio, una princesa jamás miente - le dedicó una tierna sonrisa - ahora, ¿dónde está tu madre? -
- Ella está en... esta en... ella... - la infante bajo su mirada como si viendo el piso le hiciera recordar donde estaba su madre, la alegría que por un momento se había iluminado en su rostro se fue opacando por el no recordar lo que había pasado con su familia; de pronto imágenes de días anteriores comienzan a inundar su pequeña mente, imágenes que la aterrorizan; sujeta su cabeza con ambas manos y comienza a balbucear cosas inaudibles para el resto de las personas - mama... papa... hermano... mama... mami - levanta su mirada llena de angustia y dolor y sus lagrimas no cesan de caer - mamá está muerta, ¡mi mami está muerta!, ¡la mataron! -
La princesa no dudo un segundo y se arrodillo, abrazando a la pequeña con fuerza, acariciando su espalda para aliviar el dolor y susurrándole cosas al oído que la calmaran.
Pasaron un par de horas hasta que la niña se quedo dormida por tanta lagrima que había derramado, la princesa se levanto con cuidado de la cama evitando a toda costa hacer movimientos bruscos que molestaran a la pequeña, quien solo tomo una de las almohadas y la abrazo fuertemente contra su pecho.
- Miladi, no sé si deba seguir con esto, escucho a la niña, ella tiene padres y un hermano – Akane se le acerco por el costado y le dijo al oído, tratando de que los guardias no la escucharan – o al menos los tuvo, no puede ser la misma –
- Akane, tu viste la marca, esa marca roja solo aparece a quienes llevan la sangre de la reina negra y así como yo la herede de mi madre yo debí pasarla a mi hija –
- La entiendo pero esa no es prueba suficiente, tal vez algún oportunista se aprovecho de la pequeña y conociendo su secreto quiso embaucarla y por lo visto su plan no salió como lo previo; si realmente fuese ella, tendría que pasar esa prueba –
- Ya lo sé Akane y estoy consciente de ello, y llegare hasta el fondo de esto, iré hasta la tumba de su familia si es necesario – se volteo y tomo a la mujer por los hombros – he vivido y llorado todos estoy años por la angustia de no saber si mi hija está muerta o una alma bondadosa se apiado de ella y le dio refugio; esta niña me ha vuelto las esperanzas de que así haya sido, entiéndelo por favor –
La joven asistente vio en esos grandes ojos un destello de esperanza y muy en el fondo también deseaba que su ama por fin encontrara la paz a tanto sufrimiento, pero mas allá de sus deseos, se encontraba el temor de que su alteza las descubriera y algo terrible sucediera.
- Sabes que tienes mi apoyo y nunca te abandonaré – fueron las palabras que pronuncio Akane.
- Gracias querida amiga – la princesa abrazo con fuerza a su asistente mientras dejaba que las lagrimas rodaran por sus mejillas.
Horas más tarde se encontraban sentadas en la mesa de la habitación observando como la pequeña devoraba todo lo que le ponían frente a ella; la princesa la miraba con asombro pues jamás había visto niño alguno que comiera tanto, incluso las verduras pero con los días que había pasado sin probar bocado alguno era de esperarse.
- Dime pequeña, ¿Cómo te llamas? –
- Natsuki… Natsuki Wolff – respondió la niña con la boca llena de comida.
- "¿Natsuki? Nadie conocía ese nombre, ese nombre proviene de las tierras del norte, fue una vez que viaje en términos diplomáticos, era el nombre de una joven artista que tuve la oportunidad de conocer en esa ocasión y me gusto tanto el nombre que decidí que sería el nombre de la pequeña que tuviera algún día; cada vez más me convenzo que eres mi pequeña que me fue arrebatada recién nacida" – pensó la princesa tratando de disimular su asombro.
- Qué bonito nombre Natsuki, y ¿sabes de donde proviene ese nombre? –
- No lo sé, mi mama me dijo una vez que el espíritu del bosque le dijo que así me llamara, de hecho mi mama siempre decía que yo había sido un regalo del espíritu del bosque –
- Ya veo – sorpresa tras sorpresa la princesa no podía creer lo que estaba pasando.
- En realidad ¿me llevara a ver la tumba de mi mamá? –
- Claro que si, te lo prometí ¿no es así? –
- Si, solo que creía que todos los de la realiza eran un grupo de malévolos y mentirosos, eso decía mi padre –
- Pues te aseguro que la princesa Saeko no lo es –
- ¿ese es tu nombre? –
- Así es, ¿te gusta? –
- Es un bonito nombre –
- Gracias pequeña Natsuki – la princesa le dedico una sincera sonrisa – dime Natsuki, ¿tienes algún otro pariente que pudiera darte un techo? –
- Natsuki dejo toda la comida que tenía en sus manos y retiro el plato – no tengo a nadie más, ellos eran mi única familia – agacho su rostro como si la hubieran reprendido.
- No te preocupes Natsuki, yo me ocupare de ti, no te voy a dejar – tomo la mano de la pequeña entre las suyas – "no te alejaran de mi otra vez mi pequeña, mi linda Natsuki" – pensó Saeko mientras Natsuki solo asentía con la cabeza.
Unos minutos después la puerta se abrió de golpe, revelando a un rey furioso.
- ¡¿Que significa esto?!, ¡Saeko, exijo una explicación! – el rey se apresuro hacia donde se encontraban reunidas
- ¡Padre!, ¡¿Qué haces aquí?! – la pequeña Natsuki salto de su asiento y se refugió en los brazos de Akane, mientras la princesa se levanto y se interpuso entre ellas y su furioso padre.
- ¡¿Qué hace esa pequeña bastar…?! –
- ¡silencio padre, no permitiré que te dirijas de esa manera hacia ella! –
- ¡¿Qué acaso has perdido la cabeza?, esa asquerosa hibrido no puede estar en este palacio, no lo permitiré! –
- Esa decisión que ya no puedes tomar – sentenció la princesa mientras veía a su padre con determinación en sus ojos y un destello verde salía de ellos – no permitiré que me vuelvas alejar de ella –
Por primera vez en su vida, el gran Shin sentía temor de su propia hija y de lo que podría llegar hacer. No tuvo más opción que salir de la habitación, dio media vuelta y se marcho a paso veloz.
Después de unos segundos, Saeko se tranquilizó, dejo escapar el aire que había contenido y se volvió a ver a la pequeña que aun se aferraba a la tela del vestido de Akane.
Después de haber establecido los términos de su estadía con la anciana, Natsuki se retiro de la habitación; cuando abrió la puerta, tres espías cayeron al suelo, se trataba de Shizuru, Anh y Nina, que habían tratado de escuchar la conversación entre la abuela y su invitada. Natsuki las miro con curiosidad por unos segundos y volvió su mirada hacia la anciana.
- Tal vez deberías comunicarles las buenas nuevas, parece que están impacientes por conocerlas – Natsuki salto sobre ellas para salir de la habitación, le tendió la mano a cada una de las nietas para ayudarlas a levantarse y tomo a Nina por el cuello de su vestimenta, como un pequeño cachorro que ha sido atrapado infraganti.
Han pasado diez años desde la última vez que la vio y parece que los años no pasan por ella, y en verdad no pasan por ella, es la misma como la recuerda, aunque solo tenía 5 años, pero su recuerdo está muy presente en su memoria. La primera vez que llego a la casa proyectaba un aura oscura y su semblante era triste, melancólico y lleno de confusión e ira, una fuerte mezcla de emociones negativas.
Jamás había visto a su abuela interactuar de esa manera con alguien más, cuando estaba con ella la expresión de la visitante cambiaba, era más amable y gentil, podía ver pequeños indicios de sonrisas formarse en la comisura de su boca y aunque siempre cuestiono a su abuela el porqué de su estrecha relación con ella, jamás obtuvo una respuesta adecuada, lo único que le decía era que un día no muy lejano lo entendería; no es que no aceptara esa amistad estrecha entre las dos, simplemente me intrigaba el hecho que pareciera que se conocían de hace años, casi desde la infancia, lo cual era algo imposible.
La anciana era una persona serena y reservada, alguien que merecía respeto y el hecho de verla en un estado mas "alegre" en presencia de alguien ajeno a la familia era impresionante.
Desde la primera vez que la vio, sintió una extraña atracción hacia ella, y aunque al principio se había comportado como una niña tímida y temerosa, algo totalmente extraño de su persona, durante el periodo que permaneció en la residencia, logró penetrar dentro de esas murallas que la morena había construido a su alrededor, sabía que muy dentro de ese remolino de emociones que se formaba dentro de su corazón, permanecían ocultos los sentimiento del amor y la esperanza, y a esa temprana edad se había propuesto alcanzarlos.
Ese pequeño instante cuando sus miradas se cruzaron por primera vez después de tanto tiempo hizo que su corazón se acelerar, no sabía porque pero cuando le dedico una pequeña sonrisa el tiempo pareció detenerse, jamás había visto una sonrisa tan hipnotizante y hermosa; pero su ilusión se opaco al ver algo extraño en su rostro, una extraña marca oscura que cubría parte de su rostro, comenzaba en la parte superior de su ojo izquierdo, a través de su nariz y perderse bajo la línea de su mandíbula; sin embargo lo más desconcertante era el hecho que dicha marca parecía moverse, después de analizarlo por unos segundos, parecía la forma de un ciempiés recorriendo sus facciones. Sus ojos se abrieron hasta donde pudieron, y así como llego esa aterradora imagen, así se fue, en un parpadeo esa extraña marca se había esfumado; acaso su cerebro ¿le estaba jugando bromas bizarras o necesitaba anteojos?, sería una pregunta que le rondaría la cabeza en los subsiguientes días.
Fue despertada de su trance cuando escuchó la voz de su abuela que la llamaba.
Los pocos minutos que estuvo cerca de ella parecieron eternos, desde el momento que bajaba las escaleras hasta el momento que la morena la reconoció, desde las pocas palabras que intercambiaron en el vestíbulo hasta que su abuela solicito su presencia en el salón para una conversación privada; durante ese corto lapso de tiempo se respiración pareció acelerarse, sus sentidos agudizarse y su visión enfocarse en un solo objetivo, sus piernas parecían pesadas y sus movimientos algo torpes, ¿Qué le estaba pasando?, no lo sabía, al menos no en ese momento.
Convencida por su hermana, fueron al salón de reuniones y se acercaron lo mas que pudieron a la puerta para escuchar la conversación que en el interior se llevaba a cabo, pero la gruesa puerta de madera no lo permitía y no escucharon cuando la morena se acerco a la puerta hasta que fue demasiado tarde; al abrirse la puerta las tres cómplices cayeron al suelo a los pies de la invitada, esta pronuncio unas palabras a la más vieja y le tendió la mano para ayudarlas a levantarse. En el momento que sus dedos tocaron su piel, una corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo y cuando de pie estuvo a centímetros de su rostro, pudo oler su aroma, una mezcla de bosque fresco y seco del desierto, algo salvaje emanaba de cada poro y solo ella era capaz de detectarlo; pudo haberse perdido en esa agradable sensación si no hubiera sido por esa extraña marca negra que cubrió sus ojos por un instante.
Los ojos de la morena detectaron un pequeño cambio en la expresión de la morena y se atrevió a decir a su oído:
- Shizuru, ¿te encuentras bien? –
