Capítulo 27.- "Te quiero"

El timbre de la casa sonó una vez y volvió a escucharse después de siete segundos exactos. Con pereza y arrastrando los pies por toda la sala, Sasuke abrió la puerta y al ver al autor de los constantes llamados, la cerró.

—Sasuke, por favor —Kakashi insistió a pesar de que la madera impedía ver a su antiguo alumno.

Sasuke suspiró con resignación y nuevamente abrió la puerta. Miró con seriedad al Sexto y su mano quedó sobre el pomo, como si sólo esperara a que dijera a qué había ido para volver a cerrar la entrada a su casa.

—Sakura aún no llega del hospital —dijo esperando que así se fuera pronto.

—No vine por Sakura... En realidad quiero hablar contigo —se rascó la cabeza.

—¿Conmigo?

—Sí. ¿Puedes darme algo de tiempo?

Sasuke miró hacia atrás y vio a Sarada durmiendo plácidamente en el corralito.

—Hablemos afuera, no quiero que Sarada se despierte.

—De acuerdo.

Caminaron hacia el jardín y se detuvieron junto a un árbol. El cielo ya estaba oscureciendo y las estrellas poco a poco aparecían. El fresco de la noche otoñal erizó la piel de ambos.

—¿Qué quieres Kakashi? Es inusual que quieras hablar conmigo. ¿Acaso has venido a darme una misión?

—Sasuke... No sé qué hacer.

El moreno alzó una ceja al ver la preocupación reflejada en los ojos de su superior. No sabía bien cómo reaccionar a ese comportamiento pues no recordaba haberlo visto antes así.

—Sé claro.

Kakashi se recargó en el tronco del árbol y se cruzó de brazos.

—Sabes todo ese asunto de que me están consiguiendo esposa ¿no?

Sasuke asintió.

—Bueno... Yo al principio no quería aceptar porque me gusta estar soltero.

—¿Esto tomará mucho tiempo? —Sasuke arrugó la frente, Kakashi entendió que él no quería dejar sola a su hija por tantos minutos.

—Te dejaría usar el sharingan en mí para que vieras mis recuerdos pero hay cosas que no deseo que veas —aceptó.

—Entonces ¿qué es lo que te pasa?

Kakashi suspiró y se armó de valor para ser honesto con la única persona en quien confiaba que no diría nada.

—Los consejeros quieren obligarme a tomar por esposa a la hija del Señor Feudal del país de la Tierra, el daimyō me ha enviado una carta hace días pidiéndome una reunión para concretar una fecha para la boda. Su hija está entusiasmada por casarse conmigo, todo esto según la propia voz de los consejeros, es para beneficio de Konoha. Si no acepto, a estas alturas con lo avanzado que va la propuesta... Es posible que se tomen represalias contra la aldea.

—¿Y no quieres casarte?

—No.

—Entonces no lo hagas.

Kakashi miró al cielo.

—Podría terminar con todo este alboroto, pero temo por el bienestar del pueblo. La economía no va muy bien, cortar las pocas conexiones que tenemos con el país de la Tierra significaría un impacto negativo. Hay negocios que funcionan gracias a ellos.

—Hmm... Qué suerte tienes de haberte metido en este problema.

—Lo sé...

Sasuke observó el rostro de Kakashi y se recargó en otra parte del tronco. Presentía que había algo más que el Hokage no le había dicho.

—Conociéndote, eres uno de los ninjas que más pregonan la voluntad de fuego. Este sacrificio no te molestaría tanto pero... Existe otro asunto que te mantiene incapaz de resignarte a aceptar ¿no es así?

Kakashi tragó saliva.

—¿Eh?

—Esa mujer, la que es tu asistente... ¿No son muy cercanos ustedes dos?

Kakashi deshizo el amarre de sus brazos y volteó.

—Ella ya no es mi asistente.

—Oh. Te oyes afectado.

—¡No estábamos hablando de Nashira!

—Nashira, es cierto... Así se llama. Nashira Kitayaka ¿no?

Kakashi achicó sus ojos.

—¿Sabes algo de ella que yo no sepa?

—No lo creo, yo no soy el que anda detrás de ella todo el tiempo como otro shinobi que he visto.

—¿Hay un shinobi detrás de Nashira? ¿Quién es? ¿La está acosando?

Sasuke se talló la frente.

—Sí, es un viejo rabo-verde sucio y pervertido.

Kakashi apretó el puño.

—¿Cómo es?

—¿Te importa tanto?

—Bu-bueno... Soy el Hokage. Mi deber es velar por el bienestar de los aldeanos. Dime, ¿cómo es ese viejo?

Sasuke relajó la pose y una sonrisa ladina apareció en su cara. No podía creer que alguna vez vería a Kakashi actuar de ese modo, y ciertamente lo estaba disfrutando.

—Es feo, torpe, aburrido ¿qué te puedo decir? Es el tipo de hombre acosador.

—Físicamente, Sasuke.

—Alto, mirada vacía, ojos negros, su cabello es como color grisáceo y por cierto, tiene un mal corte.

Kakashi hacía una nota mental de la descripción.

—¿Alguna seña en particular?

—Tiene una cicatriz en el ojo izquierdo que se extiende desde su ceja hasta su mejilla.

—Perfecto, voy a revisar en los expe...

Se detuvo y miró la cara del pelinegro quien parecía disfrutar de su preocupación.

—Un momento... ¡Ése al que describiste soy yo!

—Qué observador. Felicidades.

Kakashi frunció el ceño.

—Yo no estoy acosando a Nashira, por si no lo sabes es normal que un jefe y su asistente pasen tiempo juntos, es parte del trabajo.

—Pero me has dicho que ya no es tu asistente, y si no mal recuerdo... Ayer en la mañana te vi siguiéndola.

—¿Me estabas espiando?

—No, iba de pasada y tú que te llamas a ti mismo ninja y alcanzaste el nivel de kage, eres tan torpe para esconderte.

Kakashi estaba muriendo de vergüenza, se masajeó los ojos con una mano y respiró fuertemente.

—Haz lo que tengas que hacer, Kakashi —dijo Sasuke con un tono serio y despegó su cuerpo del árbol para caminar dos pasos al frente—. No dejaremos que Konoha se vea afectada por cortar una o dos conexiones ¿verdad?

El Hokage volteó con Sasuke, estaba sorprendido por sus palabras, era como si Sasuke lo apoyara.

—¿Estás diciendo que...?

—Sí, justamente eso estoy diciendo. ¿O vas a esperar a que pase más tiempo para sentirte más presionado? ¿Desde cuándo el Hokage se tiene que doblegar a sus súbditos?

—Sasuke...

—Ahora que ya tienes una idea clara de lo que debes hacer, vete antes de que Sakura llegue. Es capaz de quererte invitar a cenar y ya no quiero estarte viendo la cara.

Se dio la media vuelta y caminó hacia la puerta de su casa.

—¡Sasuke!

Se detuvo sin voltear.

—Gracias.

(...)

—¡Arriba! ¡Izquierda! ¡Arriba! ¡Derecha! ¡Alto!

Nashira se dejó caer del rodillas al suelo y jadeó intentado retomar el aliento, su cuerpo estaba casi bañado en sudor y su piel enrojecida. Apoyó las palmas de sus manos sobre sus piernas y respiraba con rapidez.

—Vas bien, no te rindas.

—Ya no puedo —dijo entre jadeos de cansancio—, de verdad.

—Guy sensei, quizás estamos exigiéndole demasiado. Nashira no es una kunoichi con previo entrenamiento.

—¡Ustedes dos! ¿Qué están haciendo?

Los hombres miraron a la mujer que entró al salón. Ella rápidamente se acercó a Nashira y le ofreció una toalla.

—¿Estás bien?

—Tenten, llegas en buen momento. Estamos enseñándole algunas técnicas de defensa personal.

—¡Ustedes son los menos indicados! Siempre con sus entrenamientos exagerados ¿a caso quieren matarla? ¡El Sexto se enfadará si lo descubre!

Nashira miró de reojo a la castaña, parecía ser la mamá regañona en el equipo y eso le causó cierta gracia. Ver cómo los fuertes hombres se avergonzaban por sus palabras era una clara muestra de quién llevaba los pantalones en el grupo.

—Déjame ayudar a levantarte —le ofreció y Nashira aceptó.

—Gracias, no te preocupes, estoy bien sólo un poco cansada.

—Señorita Nashira lo siento mucho —Rock Lee se inclinó para disculparse.

—Basta, no hagas eso. Estoy aquí por mi propia cuenta ¿no? —Seguía agitada— Pero tengo que admitirlo... Ustedes son asombrosos.

Guy se limpió los ojos en un acto dramático y Rock Lee alzó la cara apretando los puños mientras sus ojos brillaban como si tuvieran ardientes llamas.

—Es usted tan buena, el Sexto hizo una elección maravillosa.

Nashira se rió por las ocurrentes palabras del muchacho.

—Tenten —habló Guy—, tú también podrías ayudar a Nashira en este entrenamiento.

—¿Eh? —Se señaló la nariz— ¿Yo?

—Sí Tenten —secundó Lee—, tú eres buena con las armas ninja.

Nashira se sobresaltó.

—¡No, no! Armas no, por favor —arrugó la frente—, les tengo pavor.

—¿Qué? —Dijeron los tres al unísono.

—He tenido malas experiencias con las armas ninja así que no me pongan cerca de esas cosas, se los suplico.

—Está bien, entonces te ayudaré también con tus movimientos —Tenten sonrió con gentileza.

(...)

Los días pasaron, de distinto modo para todos. Los árboles se habían quedado sin hojas que los adornasen y el ambiente era gélido. Kakashi se mantuvo ocupado trabajando en sus decenas de reuniones y revisiones de contratos; Nashira, en su trabajo con Iruka y su entrenamiento con el equipo de Guy.

Kazumi volvió a su país natal aún a la espera de que Kakashi diera el anuncio oficial de su matrimonio. Él quiso hablar con ella respecto al tema pero como cosa del destino, no pudo verla y ella se marchó con sus hombres sin que se diera cuenta. Había querido enviarle una carta para explicar que no podía casarse con ella pero, prefirió hacerlo personalmente en cuanto tuviera la oportunidad.

La misión de la localización de las bombas no había sido completada, no se podía encontrar rastro de los objetos por ninguna parte, el mapa no era muy conciso y hasta se pensó que probablemente no había nada y sólo se trataba de una estrategia enemiga que al final no se llevó a cabo.

Cada vez que Kakashi cortaba una hoja del calendario, recordaba a Nashira y el tiempo que tenía sin verla desde el incidente con el beso en la academia. La frialdad de sus palabras y el tono molesto con que le pidió que se fuera se marcaron en su corazón dejándolo sin posibilidad de olvidarlo.

Al no saber que su asistente estaba enamorada de él, Kakashi sentía por primera vez lo que era no ser correspondido.

Leía una vez más las novelas de Jiraiya queriendo encontrar un enfoque distinto que pudiese ayudarlo a manejar sus sentimientos. El protagonista de la novela también sufrió penas en el amor y Kakashi sólo ansiaba hallar una salida a su malestar.

Pensaba si serviría tratar de conquistar a Nashira a esas alturas de sus vidas. Ella, con cicatrices en su alma y él, sin experiencia. Pero antes de dar un paso, quería terminar de una vez por todas con la relación que pudiera existir entre él y Kazumi.

Mandó llamar a Shikamaru y le pidió que le programara un encuentro con la hija del Señor Feudal. Si las cosas tenían que ser formales y serias, él iría por cuenta propia hasta el país de la Tierra para acabar con los malentendidos.

El escrito fue enviado y sólo quedaba esperar una respuesta.

(...)

Cierto día, visitó la librería para buscar nuevo material y llenar el vacío que experimentaba otra vez. Estuvo revisando los anaqueles y mientras leía reseñas, oyó que un hombre hablaba con el joven encargado del negocio. Al resultarle familiar la voz, asomó la cabeza y vio al amigo de Nashira. Él vestía muy formal y sus anteojos lograban darle un aura de madurez y masculinidad envidiable, su mirada era intensa y profunda. Kakashi recordó que algunas veces le dijeron que su mirada era de aburrimiento total y aunque le dolía aceptarlo, era verdad.

Oyó cómo hablaban de cifras de ventas y Renji anotaba en una libreta de cuero. Estaba tan concentrado mirándolo que no se percató que el hombre castaño volteó a verlo.

—Oh, Hokage —expresó. Kakashi parpadeó volviendo en sí—. Qué sorpresa encontrarlo aquí.

El Sexto no tuvo más remedio que salir del escondite.

—Lo mismo digo.

—Bueno, éste es mi trabajo después de todo —explicó Renji y Kakashi se llenó de incógnitas— Soy director de una editorial, pero aún estamos faltos de personal es por ello que me he tomado el tiempo de venir personalmente a revisar las ventas de nuestras publicaciones.

—Ya veo. Espero que las cosas mejoren —dijo sin muchos ánimos.

—¿Le gusta leer, Sexto?

Kakashi observó el libro que tenía en su mano y rozó su pulgar con la portada.

—Es uno de mis pasatiempos. Aunque últimamente no he encontrado obras que me llenen.

Renji apretó los labios como en una sonrisa.

—Nashira me dijo que, usted le ofreció trabajo —soltó Kakashi.

—Ah, es verdad. Ella se veía agotada emocionalmente y tuve el atrevimiento de proponérselo, aunque me dijo que lo pensaría. Pero ahora ella está trabajando en otro lugar.

«Siguen en contacto.»

—Consideré que era lo mejor para ella —argumentó el Hokage—. El trabajo en la Torre puede resultar muy sofocante y temí que su salud se viera afectada; además, yo no soy muy buen jefe después de todo.

Renji vio la mirada triste en el líder de la aldea. Buscó dentro de su maletín y sacó un cuadernillo de diez hojas, lo extendió hacia el peliplata con la intención de que lo tomara.

—No es un libro terminado, pero mi editorial trabajará duro para su publicación. Siéntase honrado de ser el primero en leer las primicias de esta gran obra.

Kakashi dudó unos segundos antes de tomar el fascículo, luego lo aceptó y vio que no tenía un título todavía. El trabajo, sin duda, estaba en su inicio.

—Sólo le pediré de favor que no lo muestre a nadie, ni a las personas de confianza —dijo Renji.

—Descuide... No tengo intenciones de hacer tal cosa.

Renji sonrió.

Esa noche, Kakashi volvió a casa y después de una larga estancia en la bañera, se recostó en su cama dispuesto a leer el texto que recibió.

Lo abrió cuidadosamente, no estaba muy ansioso por sumergirse en nuevas historias aunque una parte de él deseaba escapar un poco de su realidad.

Comenzó la lectura mentalmente a la luz de su lámpara.

«Hay historias que se cuentan desde una perspectiva de admiración y las leyendas de los héroes se transmiten por generaciones. Cada uno tiene una historia especial y sus más grandes hazañas siempre serán recordadas. Sin embargo, yo conocí a un héroe más allá de los relatos pueblerinos y los efectos mágicos de sus logros; conocí al hombre detrás del glorioso protagonista; aquel que cargaba sobre su espalda el peso de una fuerte reputación y que no dormía por cuidar de los demás... Aquel que a pesar de ser fuerte también tenía debilidades y aunque no lo admitía, deseaba ser comprendido. Deseaba libertad.»

El primer párrafo taladró el alma de Kakashi, no era el tipo de obra que esperaba pero el texto logró atraparlo de tal modo que esa noche leyó las hojas por completo quedándose con ganas de más.

Al transcurso de la semana, Shikamaru le notificó que el Señor Feudal había aceptado su visita y lo esperaría lo más pronto posible. Kakashi sabía que el poderoso hombre había llegado a la conclusión de que la reunión era para hablar del matrimonio.

—Lo acompañaré —dijo Shikamaru.

—Es mejor que te quedes.

—Usted no puede presentarse solo, sería peligroso.

—Sasuke irá conmigo, dale el aviso.

(...)

La tarde estaba yéndose para dejar paso a la noche fría. Nashira caminaba despacio subiendo la colina y aunque su cuerpo se movía por inercia, su mente estaba ajetreada.

Había considerado esa mañana que el tiempo en Konoha había sido suficiente para ella, que era tiempo de marcharse para superar sus sentimientos. En cualquier momento se correría la noticia de que el Hokage se casaría y sabía bien que sería amargo y doloroso soportarlo. Ella era una mujer fuerte, pero también tenía sus propios límites.

Su corazón aunque triste, también estaba lleno de paz y agradecido de haber conocido a Kakashi. Él pudo ayudarla a olvidar los agrios momentos de su juventud y experimentaron situaciones divertidas, y fuera de lo común.

Siguió avanzando, como no queriendo llegar a casa y sus pasos frenaron cuando vio la silueta de una persona frente a la tumba de Sakumo Hatake.

Parpadeó varias veces y achicó los ojos, por más que hubiese deseado engañarse creyendo que era cualquier otra persona, sabía que era Kakashi.

Su mano apretó el bolso que colgaba de su brazo izquierdo y comenzó a idear qué decir o hacer cuando pasara cerca, porque definitivamente se encontrarían y no quería momentos o silencios incómodos.

«El teléfono»

Miró dentro del bolso y agradeció cargar con el aparato. Respiró hondo y siguió avanzando; Kakashi estaba de espalda viendo hacia la piedra con el nombre de su padre y al escuchar pasos aproximarse, miró en dirección al sonido.

Sus ojos se encontraron casualmente con los de Nashira y ella se mordió los labios intentando no verse nerviosa.

Bien pudo haber pasado de él, pero se paró cuando estuvieron casi de frente. Kakashi no decía nada y ella tampoco; para matar tal tensión sacó el teléfono.

—Esto... Olvidé entregártelo antes —su mano temblorosa se alzó para mostrar el objeto.

Él vio la pulsera que le regaló, todavía la usaba.

—No tienes por qué devolverlo, yo te lo he dado.

—Ha sido porque teníamos que estar en contacto, yo era tu asistente. Ahora, ya no me sirve.

Kakashi empujó su mano con cautela y con sus acciones le indicaba que no estaba dispuesto a aceptar el teléfono de vuelta.

—Quédatelo.

Nashira vio a través del ánimo de Kakashi, se veía más flaco y sus ojos estaban apagados. Por momentos se sintió culpable creyendo que el trabajo lo estaba consumiendo gracias a que ella ya no estaba allí.

No reprochó nada y guardó el aparato otra vez.

—Entonces, me voy.

—Lo siento —repentinamente él habló y el talón de Nashira quedó en el aire al verse interrumpido su andar.

—¿Por qué lo sientes?

Kakashi no la estaba mirando a la cara, en su lugar veía al horizonte que oscurecía.

—Por lo que te dije sobre la tentación.

Nashira recordó el beso y se hundió dentro de su abrigo.

—Sólo olvídalo ¿quieres? —Pidió ella.

—Era mentira —Nashira lo miró, él seguía perdido en algún punto del panorama—. No eran las palabras correctas, no fue por tentación. Pero te enojaste tanto que no supe cómo reaccionar.

—Yo... Recordé a Keito —confesó con pena—. Él me dijo eso también —sonrió con amargura al revivir la escena en su cabeza—. No es algo agradable de oír cuando tus sentimientos están de por medio.

Kakashi la miró.

—Bueno, es hora de irme a casa.

Nashira hizo una reverencia y al querer continuar, la mano del hombre la sostuvo del brazo. Los labios de Kakashi temblaron bajo la máscara y sintió que sería imposible poder hablar. Sus cejas vibraban involuntariamente y algo dolía en su pecho; Nashira no se movió ni hizo por verlo a la cara, sólo se quedó quieta sintiendo el calor que desprendía la mano del Hokage.

—No soy bueno con la forma en que expreso mis emociones a pesar de que la gente me llama genio. Los poderosos deciden mover las piezas sobre el tablero y eligen a quienes fungirán como líderes; es casi como si pudieran decidir sobre el destino de las personas.

Nashira oyó la voz triste con que Kakashi le decía aquello.

—Lo sé —afirmó ella—. Y te sientes impotente al no poder cambiar ese destino ¿verdad? —Lo dijo por la propia experiencia de su vida.

Kakashi sintió un nudo en su garganta y sus ojos se humedecieron. Tragó saliva para componer su voz antes de hablar. Su mano seguía sujetando el brazo de Nashira.

—La verdad es que... No soy un genio... Soy sólo un ser humano.

Nashira se mordió los labios y sus cejas se curvaron con dolor al sentirse tocada por la pena que embargaba el tono de su ex jefe.

—Toda mi vida he puesto empeño en mejorar mis habilidades y conocimientos, y me he equivocado tantas veces. No espero que las cosas se solucionen por sí mismas, pero a veces... A veces deseo que alguien me diga que puedo cometer errores como los demás y no ser juzgado por ello.

El agarre de Kakashi se aflojó, Nashira pudo sentirlo.

—Cuando decidí seguir la voluntad de un ninja, juré por mi vida que protegería este país y aldea, y cuando me nombraron Hokage me dispuse a conseguir una era de paz para todos. Hemos sufrido tantas pérdidas que merecíamos un poco de felicidad.

Nashira siguió en silencio, la mano de Kakashi se retiró por completo de su cuerpo y el frío la invadió.

—Pero, aún si todos son felices, yo no podré serlo.

—Kakashi... A veces debemos apartarnos de las cosas que nos hacen daño —expresó Nashira aún dándole la espalda—. No se puede sacrificar tanto por nada. Tu cariño desmedido por Konoha va a destruirte.

Kakashi sintió que su mejilla se humedeció al igual que la tela que cubría la mitad de su cara. Nashira respiró hondo y exhaló sonoramente, con resignación pronunció una oración.

—No hay que ser tan pesimistas —su voz era suave—, el amor llega para todos y cuando menos te lo esperes... Tendrás una familia amorosa —apretó el tirante de su bolso—, te habrás enamorado de Kazumi y Konoha será un lugar próspero. Y entonces te acordarás de mis palabras y dirás: Ah, aquella mujer tenía razón.

La voz de Nashira se cortó y se limpió los ojos rápidamente para que Kakashi no la descubriera en su pena.

—La verdad es que... He hecho cuanto he podido por Konoha —expresó y se tomó su tiempo para continuar—. He dado siempre lo mejor de mí y seguiré haciéndolo hasta donde me lo permitan.

Nashira sonrió, aunque estaba triste. Con pesar levantó la cara y dejó que el frío le golpeara el rostro, sus ojos vieron las luces de las casas bajo la colina.

—Sí. Sé que lo harás porque tú quieres mucho a Konoha ¿verdad?

Kakashi volteó y vio su espalda.

—Quiero a esta aldea, quiero a sus habitantes...

Su boca se entreabrió queriendo encontrar valor suficiente para seguir hablando. Vio la figura femenina frente a él y lo dijo con calma y sinceridad.

—Pero... A ti te quiero más.

Nashira estaba inmóvil, sus ojos no veían en dirección a Kakashi pero podía sentirlo detrás de ella y ese calor que emanaba su cuerpo y que era tan poderoso como para invadirla a pesar de no tocarla.

Sus cejas temblaron al igual que sus labios, todo le parecía irreal y aunque en su mente todavía sonaba preciosa aquella oración, no podía convencerse de que era cierta.

—¿Qué? —Murmulló.

—Dije que te quiero.

Su cabeza se movía en negación.

—Esto no es gracioso.

—No estoy bromeando, de verdad te quiero.

Nashira tragó saliva y pensó que rodaría por la colina cuesta abajo al sentir que sus piernas se aflojaban.

—Me quieres... ¿C-cómo? ¿Como amiga? ¿Como asistente?

Kakashi puso sus manos en los hombros de la mujer y la giró despacio hasta que estuvieron frente a frente. Nashira seguía con la mirada baja y se sentía pequeñita entre las imponentes manos del Hokage.

—Como mujer —le dijo.

Nashira no pudo evitarlo y empezó a llorar, Kakashi estaba aturdido sin saber qué hacer ya que no comprendía por qué estaba metida en llanto.

—¿Nashira?

Ella escondió la cara mirando al suelo.

—Eres un... Tú de verdad eres —sollozó—. Después vas a decirme que todo fue un malentendido —jadeó—, que esto no era cosa seria.

—Yo no diría tal cosa —Kakashi levantó su rostro—. Nunca he dicho algo como esto, si lo digo es porque es cierto.

—No me veas —dijo ella con tristeza—, me pongo más fea cuando lloro.

Kakashi le limpió las lágrimas con sus pulgares, aunque inútilmente ya que seguían desbordándose.

—Pero Kazumi es hermosa, y tiene dinero.

—Tú eres más hermosa, y más inteligente ¿a que sí?

El pecho de Nashira subía y bajaba.

—Kakashi...

Él la miró fijamente esperando a oír lo que tenía que decir.

—Kakashi, yo también te quiero.

Si le hubiesen dicho que alguna vez se volvería loco por el amor a una mujer, no lo hubiese creído. Sus brazos la rodearon con ternura y ambos sintieron que el tiempo se había detenido.

El frío se había ido dejándolos rodeados de calor, y aunque no querían separarse nunca, lo hicieron.

—Bueno, vamos a dejar las lágrimas.

Nashira se limpió los ojos con un pañuelo mientras trataba de recobrar la compostura.

—Lo siento, el llanto ha surgido involuntariamente —argumentó. Kakashi le sobó la cabeza.

—Te he extrañado tanto, Nashira.

—Kakashi, dices que me quieres pero... ¿Qué hay de Kazumi?

El hombre se masajeó el cuello.

—Voy a romper este compromiso. No pienso casarme por intereses económicos, no estoy dispuesto a arriesgar mi propia felicidad para satisfacer a otros.

Nashira guardó el pañuelo.

—¿No te lo dije? —Lo regañó— ¡Te lo dije desde el principio! Que no dejaras que esos ancianos te hicieran esto.

—Bueno sí... Pero si vemos el lado amable, este tiempo nos sirvió para conocernos mejor. Si yo hubiese renunciado a todo desde el principio, quizás no nos habríamos conocido.

Nashira se apenó.

—Odio que siempre tengas razón. Entonces... ¿Qué va a pasar a partir de ahora? Quiero decir... ¿Entre nosotros dos?

Kakashi sonrió.

—Creo que es lógico ¿no?

—¿Uh?

—Irás a vivir conmigo.

Nashira se quedó sin aire.

—Espera, espera ¡¿qué?! ¡¿Vivir juntos?!

—Sí.

—Es algo precipitado.

—¿Por qué? Ya somos adultos, no es cosa del otro mundo.

Nashira se puso roja y comenzó a respirar con aceleración.

—Hace menos de diez minutos todavía nos veíamos como extraños —indicó con su voz temblorosa—. No pretendas que así como así vaya a vivir contigo, yo... No soy una mujer muy hogareña. ¡No sé cocinar! Ya te lo dije.

—No tienes que saber cocinar, bueno... Podrías aprender algunas cosas pero aun así, yo siempre puedo hacerme cargo.

Nashira estaba temblando.

—¡Cállate, Kakashi! ¡Deja de ser tan lindo!

Se cubrió el rostro.

—¿Lindo? —Él parpadeó— ¿Soy lindo? —Se señaló con el dedo índice.

—Basta, ¿cuántas veces quieres escucharlo? —Se quitó las manos de la cara— Dame tiempo para aceptar la propuesta —dijo con timidez—. Es inesperado y aunque te he confesado mis sentimientos, todavía tengo miedo.

—Hmm... Bueno, está bien. Pero podemos salir más seguido ¿estás de acuerdo? Quiero decir, ya sabes... Lo que hacen las parejas.

Nashira se apretó las mejillas, estaba tan sorprendida como emocionada al escucharlo hablar así.

—Como... Una pareja —repitió intentando creerlo.

—También de vez en cuando puedes quedarte en mi casa.

—Oye ¿por qué insistes en llevarme a tu guarida?

Kakashi rió.

—Creo que es obvio.

La rodeó desde atrás con sus brazos y le habló al oído.

—Porque dejamos un asunto pendiente.

Nashira sintió ardor por todo su cuerpo y se apartó de él.

—Eso es tan sucio, no me hables de esa forma. Estoy comenzando a pensar que toda esa declaración ha sido sólo para acostarte conmigo.

—No, no, no, nada de eso —movió sus manos en el aire—. Sólo bromeaba.

—Bueno... Entonces... ¿somos oficialmente una pareja?

Kakashi carraspeó y empezó a sentir vergüenza.

—Creo que es el término correcto.

Nashira sonrió pero evitó hacerlo con total plenitud, no quería verse muy entusiasmada.

—¿Será un secreto? —Preguntó ella— Es decir... Si nos ven juntos la gente empezará a hablar.

—Bueno, no tenemos por qué dar explicaciones. Que piensen lo que quieran. Vamos, te llevaré a tu casa.

La empujó por los hombros para hacerla caminar.

—Kakashi...

—Dime.

—¿Puedo darte un beso?

Kakashi sonrió.

—No.

—¿Qué? Mira ¡no te vuelvo a pedir-!

—Mejor que sean dos —interrumpió y se bajó la máscara—. Vamos, estoy esperando.

—Eres un egocéntrico.

—Hmm... Pues sí pero aún así me quieres.

El silencio se hizo cómplice y la luna fue testigo de los dos besos que se dieron antes de continuar. Nashira no dejaba de pensar que todo parecía un sueño y Kakashi no podía creer que estaba experimentando tanta felicidad.